jueves, 7 de septiembre de 2023

ENEMIGOS ÍNTIMOS























Escribe: Juan Carlos Serqueiros

No digo que Sáenz Peña sea un mal candidato; pero no es mi amigo personal ni pertenece al partido. (Julio A. Roca)

Roca es el anfitrión perenne en el festín de la decadencia. (Roque Sáenz Peña)

Fracasado que fue el intento de impedir la candidatura presidencial de Manuel Quintana proclamada el 12 de octubre de 1903 en la llamada "convención de notables" convocada a instancias de Julio A. Roca para decidir la renovación presidencial en 1904 (en que terminaba su propio período) con el propósito de frustrar a como diese lugar y sin parar en medios la postulación de Carlos Pellegrini; el íntimo amigo y socio de este último: Roque Sáenz Peña, organizó, en el elegante Café de París, situado en la calle Cangallo (actual Teniente General Juan Domingo Perón) entre San Martín y Florida, un banquete de desagravio.
En dicho evento, Sáenz Peña pronunció un durísimo discurso en el cual, con frases ingeniosas e hirientes como sables de filo, contrafilo y punta, condenaba acre y severamente la actitud de Roca. Lo acusaba de haber "concebido una presidencia sin partido (en alusión a un futuro mandato de Manuel Quintana, quien en efecto, carecía de partido político y a quien Roca esperaba manejar a su antojo —predicción esa de Sáenz Peña que no se cumpliría, en cabal demostración de que lo de profetizar no se constituía en la más destacable de sus aptitudes—) para ejercer desde afuera el gobierno caudillesco". Y finalizaba: "El triunfo estaba asegurado para nuestra agrupación, lo afirmo bajo mi palabra, pero ante las cifras reveladoras del triunfo (se refería a la candidatura de Pellegrini, obstaculizada, como cité antes), el señor general Roca desnudó a un candidato (Felipe Yofre, ministro del Zorro) y vistió al otro (Quintana) con los ropajes del muerto". (sic)
No sería esa la primera ni la última vez que Sáenz Peña cruzara fuerte a Roca; ya mucho tiempo atrás le había zampado un lapidario "es un napoleón de azúcar rubia", por el postre así llamado.
Y no era para menos; porque hay que tener en cuenta que once años antes, esto es, en 1892, Roca (en sociedad con Mitre —y dicho sea de paso, también anduvo Pellegrini en el enjuague—) había "matado" la candidatura modernista de Roque Sáenz Peña, levantando la del padre de éste, don Luis.
Así las cosas, entre aquellos dos hombres había existido hasta allí una larga la lista de desinteligencias y desencuentros, cuyo origen venía de los tiempos de la presidencia de Juárez Celman. El general Julio A. Roca y el doctor Roque Sáenz Peña no eran meramente adversarios políticos; eran directamente enemigos. Y además; enconados.
En el Zorro se resumía, para Sáenz Peña (quien había sido, paradojalmente, subsecretario de Relaciones Exteriores en la primera presidencia de aquél), todo aquello que de nocivo, corrupto, vergonzante y repudiable podía encontrarse y aún imaginarse en la política vernácula. Veía en Roca al réprobo, al caudillo, al (según sus propias palabras) "dictador oscuro que ha oprimido como el otro (refiriéndose a Juan Manuel de Rosas), por más años; aunque con menos sangre, pero con más concupiscencia".
En tanto que para Roca, hombre pragmático, reservado y cínico; Sáenz Peña era el ícono de todo aquello que en materia de política reputaba de pueril, ingenuo, inconducente, ineficaz y más aún; pernicioso: el idealismo "excesivo", el romanticismo. Veía en él a un "porteño carente de instinto político".
No es objeto de este opúsculo intentar establecer cuál de los dos estaba más acertado en cuanto se refiere a las opiniones sobre el otro, o si lo estaban ambos o ninguno, ni tampoco hasta qué punto eran justas o injustas las imputaciones que se hacían recíprocamente; pero sí, en obsequio a la verdad histórica, diré que Sáenz Peña no medía a todos con la misma vara, pues toleraba en otros, especialmente en su íntimo amigo y socio, Carlos Pellegrini, aquellas mismas cosas que condenaba en Roca. Y diré también que éste, por su parte, tampoco se privó de incurrir en una inconsecuencia idéntica a la que le achacaba a Sáenz Peña, toda vez que no sostuvo el proyecto de unificación de la deuda externa que él mismo había alentado. La verdad es que ni Roca era el caudillo venal que suponía Sáenz Peña; ni éste era el romántico carente de astucia y de voluntad que se figuraba el Zorro.
Fueron presidencias trascendentales las de los dos, a punto tal, que esta Argentina nuestra está marcada con la impronta que dejaron a sus pasos por la primera magistratura de la Nación. Y ambos a su turno, prestaron al país señaladísimos servicios: Roca fue el creador del Estado moderno, y merced a sus iniciativas se lograron: la ocupación real y efectiva de todo el territorio nacional, la ley de Educación Común y la de Registro Civil; y a Sáenz Peña debemos: la ley de Sufragio Universal que transformó el sistema político y electoral, la de Fomento de los Territorios Nacionales y la reserva exclusiva para la administración estatal de la explotación petrolera.
Pero lo que me interesa poner de manifiesto en este breve artículo, es que cada vez que así lo demandó el provecho del país, estos dos ilustres argentinos tuvieron la grandeza de hacer a un lado sus profundas, abismales, diferencias, y de subordinar cualquier oportunismo político a los intereses supremos de la Nación. Veamos si no:
A mediados de 1912, Sáenz Peña, por entonces presidente de la República, designó a Roca ministro plenipotenciario ante el Brasil, en el marco del convenio al que se había arribado con dicho país para limitar ambas naciones la adquisición de nuevos acorazados, luego de superar una etapa especialmente difícil y de gran tensión en las relaciones bilaterales. Así, no trepidaron, el uno en llamar a su mayor enemigo político para encomendarle una muy alta misión; y el otro, en aceptar y cumplirla porque así lo requería el deber para con la patria.
Y cuando en 1913 Sáenz Peña, ya muy aquejado de la enfermedad que lo llevaría a la tumba, pidió al Congreso licencia por tiempo indeterminado; Roca, en un gesto que enaltecerá por siempre su memoria, pidió a los senadores y diputados que respondían a su orientación política que la concedieran, destacándose incluso el discurso en tal sentido de su propio hijo, Julito, a la sazón, diputado por Córdoba.
El 9 de agosto de 1914 falleció el presidente Roque Sáenz Peña, y en sus funerales, que se realizaron el 11, uno de los que llevaban los cordones de la cureña que transportaba el féretro, era el general Roca. No terminaría ese fatídico año sin que muriera también éste, apenas dos meses después, el 19 de octubre. La República Argentina perdía, en aquellos aciagos momentos, dos estadistas de enorme dimensión.
En esta hora de la vida nacional tan escuálida de valores y ejemplos en la política, tan carente de heroísmos como abundante en cobardías, tan plena de miserias y egoísmos como vacía de virtuosismos y generosidades; figuras históricas insignes como la del general Julio A. Roca y la del doctor Roque Sáenz Peña deberían servirnos para tratar de mover a los hombres y mujeres públicos del hoy a que al menos intentaran reflejarse en los espejos del ayer.
Amén.

-Juan Carlos Serqueiros-

miércoles, 6 de septiembre de 2023

DESPUÉS DE TODOS LOS "ISMOS" Y SISMOS



















Escribe: Gabriela Borraccetti 

Hay "chistes" que corren por internet y terminan "aguados" por la protesta de mujeres que, al ver en una página “graciosa” el dibujo de un hombre abriéndose el sobretodo, con la pelvis inclinada hacia adelante frente a una señora horrorizada y al lado de una leyenda que dice "vení a vernos, que te mostramos todo", que lejos de hacer reír; mueven a la indignación.
En lugar de sumarse al show del “ingenio”, el “festejo” y la “chanza”; esas mujeres levantan una queja, explican su desaprobación y tiran por la borda el clima festivo del resto, que se toma revancha por ese acto “irrespetuoso” de poner el grito en el cielo. Unos las insultan, otros las destratan, otros las mandan al psicólogo, otros defienden al autor del post, otros las descalifican, otros se burlan de ellas, y de vez en cuando alguno, allá a las cansadas, intenta entender… aunque no entienda, pero al menos; procura.
La reflexión es: ¿acaso puede una mujer reírse de lo que le viene pasando en un tren o un subte desde que asomó su cabeza al mundo? ¿Puede quedar impávida ante esos tipos que la acosaron desde pibita diciéndole obscenidades o mostrándole los genitales en plena calle? Y si es madre, ¿puede vivir tranquila al ver a su niña frente a la pantalla de una computadora? ¿Puede ella quedarse como si nada cada vez que su hija sale del hogar aunque sea a comprar un caramelo? ¿Puede alguien tener el corazón en paz a sabiendas de que si antes esto sucedía, ahora, como si fuera poco; puede costar la vida?
Pero para los hombres (que no han tenido que sufrir el ser acosados y bombardeados a groserías acerca de su cuerpo, franeleados en el transporte de pasajeros ni han sentido jamás en su cuerpo el friegue de los genitales de nadie), eso es "sólo un chiste".
Para quien lo vivió o vio alguna vez (todas nos hemos encontrado con algún pajero de esa calaña), sabemos muy bien del terror que causa, y de la impotencia y la indefensión que se siente. Y es obvio que quien más presente lo tiene, es la mujer, que por lo visto, sigue bastante sola el camino que le toca transitar. 
Mientras el hombre considera la calle como un espacio común, la mujer lo transita en medio de una balacera de agravios a los que se llamó "piropos", donde su cuerpo fue objeto de observación, calificación y guarangada, y junto con ello, aprendió que el hombre podía avasallarla y tratarla como a una cosa, una inferior, un objeto. 
Y lo más terrible es haber tenido que llegar a este extremo para pedir por favor que no nos maten ni nos maltraten. 
En muchos casos, aún no somos conscientes de hasta qué grado esta sociedad nos ha condenado al lugar de la falta. De hecho, "ellos tienen lo que nosotras no". Así es el tema del poder en un psiquismo falocéntrico.
Muy lentamente iremos encontrando nuestro lugar: después del feminismo, después del machismo y después de tantos sismos e ismos que quizá nos dejen arribar al territorio de lo femenino.

Lic. Gabriela Borraccetti
Psicóloga Clínica
M. N. 16814

jueves, 31 de agosto de 2023

LLUVIA Y SERENATA



















LLUVIA Y SERENATA
(Poema de Gabriela Borraccetti) 

Canta un grillo en mi ventana
Mientras del cielo se descuelgan
Hilos plateados de lluvia.

Despacio, se cierran algunas flores,
Pero otras se van abriendo
A la pecosa cara de la luna.

Inspirado por ella,
En el cristal de mi ventana
Me sigue obsequiando el grillo
Con esa, su serenata.

Enciendo algún pensamiento
Y quedo al fin en silencio,
Para acunarme en el cuenco
Que luminoso flota en el cielo.

Canta un grillo
Que no oye la lluvia
Y vuela un hombre
Que no escucha su duda.

-Gabriela Borraccetti-

miércoles, 30 de agosto de 2023

UN CUADRO MAGNÍFICO Y CONMOVEDOR
























Escribe: Juan Carlos Serqueiros

En esta obra de Daniel Santoro, titulada “Evita protege al niño peronista”, ejecutada en 2002 con técnica óleo, acrílico y dorado a la hoja, el artista nos pinta una Evita “sencilla”, despojada absolutamente del glamour de los vestidos de Jamandreu o de Dior, como así también de sus joyas; al tiempo que la sitúa en una dimensión, digamos… mítica, incluso con aura (asimilada al sol incaico de nuestra bandera), como inmersa en un universo onírico, cobijando y protegiendo a eso que para el Estado Peronista de Bienestar, se constituye en lo único que ha de ser privilegiado: la niñez, es decir, la corporización en el presente de lo que será el ciudadano argentino del futuro.
Es un cuadro sin dudas magistral en tanto en él se significa el cambio de destino que Evita concede a un niño pobre al igualarlo, equipararlo, al de un niño rico. Si los bíblicos magos de Oriente citados en el evangelio según San Mateo, guiados por la estrella de Belén llevaron al Niño Jesús su ofrenda de oro, incienso y mirra; esa Evita Protectora dispone que el niño peronista duerma en una cama de oro, con sábanas pulquérrimas de una blancura inmaculada, en una habitación que en magnificencia nada tiene para envidiarle a la de un palacio, mientras ella se dispone a arroparlo con un manto celestial estrellado. ¿Puede alguien imaginar una riqueza tan inconmensurable?
En contraste con todo eso, por detrás de la ventana aparece, contemplando la escena, una figura icónicamente opuesta a la de Evita: la de la escritora Victoria Ocampo, representada con sus anteojos negros de armazón blanco y sosteniendo libros, los cuales confrontados a las alpargatas blancas que se muestran en primer plano junto a la cama de oro del niño peronista, remite a aquello de “alpargatas sí, libros no”, esgrimido como respuesta contestataria a la concepción elitista de quienes se consideraban a sí mismos como depositarios en exclusiva de la cultura, haciendo gala de su desprecio por lo popular y masivo.
Me encantan todos los cuadros de Santoro, pero este en especial, conmueve mis sentidos y me labura planos altísimos de la psique.

-Juan Carlos Serqueiros-

domingo, 27 de agosto de 2023

ELECCIONES




































Escribe: Gabriela Borraccetti

Hay cosas en la vida que parecieran no ser comparables, pero haremos el intento de dejar una imagen gráfica respecto del proceso que llevas a cabo cuando buscas algo que haga más satisfactoria tu jornada.
Por ejemplo, cuando eliges un libro: en el primer instante, miras la tapa, la contratapa, y si puedes, ojeas el prólogo. Quizá, si tienes un poco más de tiempo, buscas en la solapa algo que te dé indicios sobre su autor. Y con un poco de intuición, compras el ejemplar y te lo llevas a tu casa.
Con la tranquilidad que sólo encuentras en tu rincón preferido, como si fuese un ritual sagrado, vas descubriendo el mundo que desde la portada se abre ante tus ojos, y con la mirada expectante y feliz como la de un niño, lees los primeros renglones.
Por lo general, desde el comienzo sabes si te va a gustar aquella aventura, aquel relato, aquel estilo; y como si fuese una pareja que durará hasta el final de la lectura, llevas contigo el libro a donde sea que vayas.
Cuando elijas estar con alguien, puedes recordar los pasos que llevaste para elegir tu libro: presta atención a la primera impresión, siéntete dispuesta/o a disfrutar de la aventura del descubrimiento, y por sobre todo, no la/o elijas para toda la vida. La búsqueda de lo duradero suele tender trampas que provienen del miedo, contaminándolo todo con los fantasmas del temor, del fracaso y del aburrimiento; y ya sabes que a nadie le gustaría una de esas lecturas reiteradas de “siempre lo mismo”, que terminan abandonando el proceso por la mitad.
Por último, y como para diferenciar un objeto, de un ser que escribe sus propios renglones y libretos, tienes que tener presente que, a diferencia del libro; una persona no tiene una sola lectura sino miles, y si la primera que hiciste te ha gustado, es posible que intentes reiterarla una y otra vez, buscando esos significados que sólo se abren a quien sabe que ha encontrado una fuente de disfrute y significado.
Si este fuera el caso, es casi seguro que te encuentras frente a uno de esos seres que terminan siendo de cabecera y para toda la vida, pues alguien se convierte en importante para nosotros, no cuando pensamos en cuánto va a durar; sino cuando hallamos un ser significativo.

Lic. Gabriela Borraccetti
Psicóloga Clínica
M. N. 16814

viernes, 25 de agosto de 2023

LA GNOSIS, LA IGLESIA Y EL AGNOSTICISMO























Escribe: Juan Carlos Serqueiros

Puesto que la Totalidad buscó a Aquel del que habían salido, y la Totalidad estaba dentro de Él, el Incomprensible, el Impensable, que está sobre todo pensamiento, ignorar al Padre produjo angustia y terror. (Valentinus de Alejandría, Evangelio de la Verdad, I. Surgimiento de la ignorancia. Frustración de la búsqueda y creación ilusoria)

Una vez rebatidos los valentinianos, todo el resto de los herejes queda también derrocado. (Irenaeus de Lyon, Adversus haereses, Libro II, 5.4. Refutación de otras teorías)

“En el principio Dios creó el cielo y la tierra”. Esa frase bíblica atribuyendo la Creación a un Dios único, omnisciente y omnipotente, constituye el basamento en que descansa la tradición judeocristiana hecha religión, o mejor dicho; religiones.
Sin embargo, no siempre fue o se creyó así. Habían, desde la más remota antigüedad, quienes pensaban que sólo la creación del mundo material era obra de una deidad, el Demiurgo; por encima de la cual se hallaba la verdadera Divinidad, origen de todo, el Ser Supremo, incognoscible, caracterizado por una pronunciada dualidad y que reinaba sobre el auténtico Universo, el espiritual; constituyendo así el otro universo, el exterior, el material; tan sólo una apariencia engañosa. A ese sistema filosófico místico, hermético, esotérico, reservado sólo a aquellos que estaban iniciados en él; es a lo que los griegos llamaron Gnosis, es decir, etimológicamente, LA sabiduría, EL conocimiento.
En apretadísima síntesis (y quédese tranquilo usted, mi querido lector, pues no voy a abrumarle —no es mi intención, y además; no estoy ni por asomo formado, versado y preparado para ello—) con abundancia de detalles acerca de Pléroma, Kénoma, Eones, Pneumas, Hylis, Ogdóada, Hebdómada, Arcontes y demás etcéteras-, digamos que los gnósticos perseguían el Conocimiento Absoluto (Gnosis) que habría de asegurarles la vida eterna, a través del estudio de la ciencia de las cosas divinas.
El más notable de entre los gnósticos fue Valentinus de Alejandría, quien vivió en el siglo II y concibió, desde el sincretismo, un sistema místico filosófico que concatenaba elementos tomados de las mitologías egipcia, griega y persa; los pitagóricos; el platonismo; el judaísmo y el primer cristianismo, expresando una cosmovisión en la que súbitamente, todo parecía adquirir un prístino sentido. De manera sucinta, digamos que Valentinus explicaba la contradicción entre la coexistencia del Ser Supremo y la del Mal, atribuyendo la de este último en el mundo, a la imperfección del Demiurgo, que por soberbia y envidia e imitando mal al Theos agnostos, había creado tres clases de seres humanos: los materiales o hylicos, irremisiblemente condenados a la muerte eterna; los psíquicos o animales, que podían salvarse a través de la Gnosis; y los espirituales o pneumáticos, que por serlo intrínsecamente, estaban salvados de antemano.
A Valentinus salió a cruzarlo Irenaeus de Lyon, san Ireneo, quien vivió entre los siglos II y III, y escribió circa 180 una obra a la que tituló Adversus haereses ("Contra los herejes") en cinco Libros. En el primero de ellos, Ireneaus detalla qué es lo que pretende atacar y cuáles son las doctrinas que se propone refutar; lo cual efectivamente, hace en el segundo; el Libro III lo dedica a demostrar (desde su óptica, claro), lo que él entiende por basamentos de la fe cristiana, la tradición apostólica, la unicidad de Dios, y la Verdad (que atribuye a lo escrito en la Biblia, en los evangelios, que limita a los cuatro que después serían establecidos como canónicos: Mateo, Marcos, Lucas y Juan); en el Libro IV se empeña en establecer la unidad y coherencia entre el Antiguo Testamento y los cuatro evangelios citados; y en el Libro V fundamenta su escatología milenarista.
La confrontación entre Valentinus e Irenaeus fue en sustancia la de un filósofo versado en teología, contra un teólogo versado en filosofía; el contraste entre alguien que profesaba una fe surgida desde lo racional (esa que emerge de lo que hoy por hoy y a partir de Leibniz llamamos teodicea); y alguien a quien sostenía e impelía la otra fe, la religiosa per se. Valentinus tildaba de "ciega" a esa fe que poseían quienes pensaban como Irenaeus, por estar fundada en un creer que no le bastaba como soporte y al que reputaba como cándido; mientras que para Irenaeus la fe estaba en la aceptación de que la verdad revelada residía en las Escrituras y los apóstoles, y lo que no se encuadraba en eso, era pura herejía y blasfemia. Posturas tan encontradas tenían necesariamente que chocar. Y por supuesto, chocaron nomás.
La "pelea" la "ganó" Irenaeus, pero póstumamente, más de un siglo después. Sin embargo, Valentinus tendría "revancha", aunque también póstumamente, y mucho más tardía; porque hubo de esperar hasta el siglo XVIII para que se descubriera su Pistis Sophia, y hasta el XX para que volviera a la luz su Evangelio de la verdad, que estaba entre los manuscritos coptos hallados en Nag Hammadi, Egipto.
El debate entre la fe, las ideas y convicciones de estos dos hombres geniales continúa hasta nuestros días; bien que desvirtuado por un crecido número de chantapufis de uno y otro "bando", que sólo buscan acercar agua a sus molinos, algunos por intereses creados y otros, simplemente por prejuicios y estulticia.
Así por ejemplo, la iglesia de Roma no puede negar la manipulación de que hizo objeto a los textos bíblicos; la cual es fácilmente comprobable y basta la simple comparación del Nuevo Testamento de una Biblia de la actualidad, con el Nuevo Testamento de la Biblia llamada “de Sinaí” descubierta en 1859 en el monasterio de Santa Catalina al pie del Monte Sinaí, que data del siglo IV, se halla en el Museo Británico de Londres y que la ex URSS de Stalin vendió a Inglaterra en 1933 por la suma de 100.000 libras; para notar que los textos de hoy, contienen casi 15.000 variaciones (la mayor parte de las cuales son agregados, de modo de hacer coincidir los evangelios con los preceptos eclesiásticos); con respecto a los contenidos en el códice sinaítico. Tampoco tiene la iglesia vaticana manera alguna de torcer las palabras que en marzo de 2007 fueron vertidas por el papa Benedicto XVI refiriéndose a Ireneo, atribuyéndole a éste ser un mártir, cuando no hay, no ya una prueba de que ello fuera cierto, sino tan siquiera un indicio de tal cosa; y ser "el campeón de la lucha contra las herejías" (sic). Y desde ya, no se privó el bueno de Benedicto (¡justo él!) en esa oportunidad, de definir al gnosticismo como la "amenaza" de un "cristianismo de élite, intelectualista" (sic). Pero claro, se entiende, el papa Benedicto XVI es el mismo que cuando era el cardenal Ratzinger, dijo en 1990: "En la época de Galileo la Iglesia fue mucho más fiel a la razón que el propio Galileo. El proceso contra Galileo fue razonable y justo" (sic). En fin...
Pero también es cierto que por "la vereda de enfrente" las cosas no estaban ni están mejor; al contrario. El gnosticismo, lejos de consolidarse, fue paulatinamente desgranándose en una serie de sectas, las cuales han ido degenerando en grupúsculos que las más de las veces son orientados y dirigidos por impresentables, y fogoneados por mercachifles que hacen increíbles mescolanzas metiendo en un caldero la Gnosis; con la risible (y desde lo estrictamente literario, pésima) novela El código Da Vinci, los rollos del Mar Muerto, ciertos programejos televisivos pseudo científicos emitidos por Discovery Channel, Nat Geo o History Channel, los templarios, los cátaros y un montón de etcéteras más, como si algo tuviesen que ver entre sí el tocino y la velocidad de la luz.
En resumen, no es legítimo desde el punto de vista histórico, equiparar a Irenaeus, que fue sin dudas un gran teólogo; con el oscurantismo y el fanatismo en que habría de caer la iglesia de Roma con los horrores perpetrados por el flagelo de la tenebrosa Inquisición, la quema de "brujas", las persecuciones a moros, judíos y protestantes, y los intentos por frenar los avances de la ciencia so pretexto de que contrariaban el dogma religioso. Así como también es ilícito desde la perspectiva histórica, meter en la misma bolsa a un extraordinario filósofo como Valentinus (¡tan luego a él, que propiciaba —a mi juicio, erróneamente la renuncia a los goces de la carne!), junto con otros que desde la metafísica gnóstica, interpretaron que si la salvación estaba asegurada desde la consecución de la sabiduría; entonces eso los autorizaba a perder toda ponderación ética, y así se entregaron a bajas pasiones y excesos de todo tipo, aún los más aberrantes y hasta cayeron en la amoralidad misma, como por ejemplo, Marcos el Mago, o más acá en el tiempo, Aleister Crowley (sí, ese mismo, el que aparece en la tapa del disco “The Sgt. Pepper's Lonely Hearts Club Band”, de los Beatles).
Particularmente, no he hallado en la gnosis de Valentinus las respuestas que satisfagan los interrogantes que me he planteado siempre, ni tampoco encontré en el dogmatismo apostólico de Irenaeus solución para mi absoluta carencia de fe religiosa; lo cual por supuesto, no me inhibió para leer a uno y otro con sumo placer, ni para enriquecerme intelectual y espiritualmente con ambos.
Consecuentemente, sigo "militando" (por desgracia y muy a mi pesar) entre los millones de personas que, como pobres e insignificantes seres humanos arrojados azarosamente y sin consulta previa sobre un planeta perdido en la infinitud del Universo, optamos por refugiar nuestra propia ignorancia en el agnosticismo, esto es; en la ausencia de conocimiento, en el no sé.
Y en eso andamos... ¿Andamos? Y... qué sé yo si en verdad andamos... pero bueh, eso espero, por lo menos.

-Juan Carlos Serqueiros-

martes, 22 de agosto de 2023

INICIANDO SESIÓN






































Escribe: Gabriela Borraccetti

Me apresto a iniciar sesión con un paciente. Entro a mi consultorio y enciendo las luces: una de cada lado y otra más sobre mí.
Pareciera algo casual, y lo fue… en tanto no se trató de algo meditado, pero ahora que me detengo a ver y reflexionar, creo que nunca nada lo es; ni siquiera el orden en que están puestos los cuadros, ya que justo delante de mí hay una niña con su perro, que sentada a orillas del agua, hunde su pie en eso profundo que nada muestra en la superficie salvo una margarita, usualmente la cara más bella de lo que dejamos ver de nuestra personalidad. A la izquierda, un árbol contra un fondo oscuro, quizá más allá de la tarde, con muchas ramas y colores, tal vez simbolizando la posibilidad de alcanzar lo mejor y lo más alto de nosotros; aunque hayamos pasado la mitad o más de nuestros luminosos y jóvenes años. A la derecha, tengo representada en yeso la escena de "La creación de Adán", de Miguel Ángel. Y ahora me doy cuenta de por qué hace días la mudé de hábitat, puesto que no hay nada más necesario que tener presente que trabajo frente a alguien irrepetible, única/o e individual, sin posibilidad de hallar su solución en un libro, para ayudarla/o a descubrir su propia y creativa luz.
Detrás, y a mis espaldas, un niño pintado sostiene un Sol elevado, una Luna en su otra mano, mientras apoya un pie sobre la tierra y el otro en lo desconocido e inmenso del universo. Ese es, también, un cuadro que pinté hace muy poco, sin saber que iba a ser el representante de la astrología que tanto guía al alma y que me da la herramienta de entrada directa al mundo profundo de las personas.
Nuevamente a mi izquierda y otra vez detrás, un niño que pinta un graffiti en la pared escribiendo la frase "hasta el cielo", junto con una mujer que a la derecha emerge como una flor.
Todos los personajes están allí con el mensaje oportuno, con su luz y su oscuridad, y con mi gran amor por lo que hago.

Lic. Gabriela Borraccetti
Psicóloga Clínica
M. N. 16814

lunes, 21 de agosto de 2023

BORGES Y MANZI: LA BIFURCADA























Escribe: Juan Carlos Serqueiros

Ambos poetas mantenían una muy cordial relación. Basta con recordar que en 1934, Borges quiso prologar los versos del genial Arturo Jauretche: "El paso de los libres", y que tal petición se la hizo a don Arturo, justamente —¡oh, casualidad!— por mediación de... Homero Manzi.
Por aquel entonces, Borges compartía con éstos —al menos, en el discurso— una evidente postura de admiración hacia Hipólito Yrigoyen.
Posteriormente, se produciría "la bifurcada" (Adrián Otero dixit), y el inefable Georgie tomaría el rumbo por todos conocido: el de antiperonista acérrimo; mientras que Manzi y Jauretche seguirían firmemente situados junto a las mayorías populares. Por más que esas mayorías populares hayan sido las mismas que primero idolatraron al Peludo y después lo voltearon en 1930.
No se los perdonaría Borges, ni a Jaureteche ni a Manzi, tanto así, que en junio de 1965, en un reportaje que le hizo la revista Confirmado, se refería de este modo a la lírica del segundo:

Periodista: —¿Admitiría usted que, si muchas grabaciones de Gardel son sensibleras, también se le deben otras como “Milonga del 900”, que no tienen par?
Borges: —Es cierto. Es muy buena. Me ha sucedido discutir con alguien si la expresión "soy hombre de Leandro Alem" aludía al más reciente nombre del Paseo de Julio o a la condición radical del parlante.
Periodista: —Evidentemente se trata de la segunda acepción. Además, Homero Manzi, autor de la letra, era entonces un fervoroso yrigoyenista.
Borges: —Sí, pero después, antes de morir, fue peronista.

¡Ay, Georgie, Georgie querido! Eras, sin duda, un genio. Y quizá por eso, tenías la misma característica que nos achacabas a los peronistas. Sí, esa: la de incorregible. En fin...
No obstante, no debemos extrañarnos de aquella adhesión borgeana al yrigoyenismo, considerándola contradictoria con su anti peronismo; porque de ningún modo se le ocurrió nunca a Borges considerar la existencia de similitud alguna entre Yrigoyen y Perón. Muy por el contrario (y bien mirada la cosa, por utilizar sus propias palabras), no es que su admiración por el Peludo de la cueva de la calle Brasil pasara por un fugaz estadio transitorio de efervescente populismo; sino que —como lo enunciara él mismo en carta a Enrique y Raúl González Tuñón fechada en marzo de 1928— veía en Yrigoyen —a quien llamaba “nobilísimo conspirador del Bien” (sic)— al “caudillo que con autoridad de caudillo ha decretado la muerte inapelable de todo caudillismo; es el presente que, sin desmemoriarse del pasado y honrándose con él se hace porvenir” (sic).
No es lícito enrostrarle a Borges haber pasado del populismo con Yrigoyen al anti populismo con Perón; simplemente percibió en el primero la síntesis histórica de una patria tal cual él la concebía o anhelaba, y en el segundo el retorno a una “tiranía” —pues así consideraba al peronismo— que execraba y que le provocaba la misma repulsión e idéntico espanto que sentía por la “tiranía” de Rosas.
Por otra parte, y aún cuando no concuerdo en lo más mínimo con la opinión de Borges sobre Perón y el peronismo (soy peronista desde los huevos de mi viejo y la panza de mi vieja, y seguramente moriré siéndolo); suscribo sin reservas la nítida diferenciación que él establecía. Por más que muchos compañeros crean distinguir lo que se empeñan en llamar “continuidad histórica” (?) entre yrigoyenismo y peronismo; debo decir que no es ese mi caso ni remotamente.
Si el venerado Georgie era visceralmente anti peronista; yo —sin pretensión alguna de compararme con él, pero ejerciendo el mismo derecho— soy visceralmente anti radical. Y estoy convencido de que el surgimiento del radicalismo en 1891 es el suceso maldito de la política argentina.

-Juan Carlos Serqueiros-

viernes, 18 de agosto de 2023

FORMAS DE NO HACERSE RESPONSABLE































Escribe: Gabriela Borraccetti 

Existen varias formas de no hacerse responsable:

-Involucrar a terceros deseando que ellos hagan el cambio que yo quiero que se manifieste.
-Soñar con que lo que yo quiero, el destino me lo va a brindar si persevero en mis intenciones "que son siempre las mejores".
-Recurrir a rituales diversos (blancos o negros), cuyo objetivo es conseguir que el otro se "aclare" o ilumine, ya que se lo cree "confundido por no pensar o sentir igual que yo".
-Alimentar un narcisismo como si mi deseo fuese la representación del BIEN.

En síntesis, manipularlo todo antes de conocer y reconocer los propios límites y las propias responsabilidades, lo cual habla de un ego de tamaño exorbitante cuya magnitud tapa las bocas, pensamientos, razones y los deseos de los demás.
Este síndrome está muchas veces alimentado y aprovechado por estafadores que en nombre de la espiritualidad, engrandecen aún más a estas personas siempre dispuestas a aceptar de buen grado que ellas son el amor y la verdad encarnada ante cuya petición, la divinidad no tiene más que acceder por la pureza de su santificada alma.
Al final, lo contrario de la responsabilidad es un ego gigante.

Lic. Gabriela Borraccetti
Psicóloga Clínica
M. N. 16814

miércoles, 16 de agosto de 2023

LAS AVENTURAS DE TINTÍN























Escribe: Juan Carlos Serqueiros

Quiero esbozar aquí un grato recuerdo al personaje de historieta que me conmovió y me hizo vivir horas y más horas de intensa y tierna emoción: Tintín, el reportero.
La inmortal creación de Hergé (pseudónimo empleado por el belga Georges Remi), publicada entre 1930 y 1976, ocupará siempre un sitial de privilegio en mi memoria; porque ¿cómo olvidar a su compañero inseparable: el fiel perro Milú, al gruñón capitán Haddock, a la insoportable soprano Bianca Castafiore, al genial profesor Tornasol y a los detectives Hernández y Fernández?
Las aventuras de Tintín en la Unión Soviética, en América, en el Congo, en Egipto, en la China, en el Tibet y hasta en la Luna, lo transportan a uno a ese mundo donde reina la fantasía, no se soslaya; al contrario, lo esotérico y lo onírico, y donde siempre triunfa el bien por sobre el mal.
Frecuentemente, aún hoy, con frecuencia, a mis 67 años de edad y siempre con renovado placer, me pongo a mirar en YouTube los distintos capítulos de la serie televisiva franco-canadiense dirigida por Stéphane Bernasconi, cuya intro puede usted, mi querido lector, ver y escuchar a través de este ENLACE.
Maestro Hergé: ¡gracias por tanta magia!

-Juan Carlos Serqueiros-

lunes, 14 de agosto de 2023

AMOR E INCONSCIENCIA



























Escribe: Gabriela Borraccetti

El amor es una relación de afinidad que se establece entre dos personas bajo el manto de la mutua correspondencia. Cuando uno ama y el otro no, alguien se miente, y en general es el no correspondido; puesto que por no amarse a sí mismo ni creerse merecedor de tal sentimiento, no conoce lo que es el amor.
No por nada, la frase inscripta en el frontispicio del templo de Apolo: "Conócete a ti mismo", es algo así como una receta para muchos males, y el mayor de todos ellos es la inconsciencia, de la que NADIE está a salvo y a la que sólo se llega a conocer con trabajo especializado.

Lic. Gabriela Borraccetti
Psicóloga Clínica
M. N. 16814

sábado, 12 de agosto de 2023

UNA PUBLICIDAD GENIAL EN UNA REVISTA GENIAL. LA POSIBILIDAD DE GUERRA CON CHILE Y LA “GUERRA DE LA CERVEZA” EN ARGENTINA























Escribe: Juan Carlos Serqueiros

En 1897, al influjo del comerciante, industrial y financista Ernesto Tornquist, se constituyó en Buenos Aires la razón social Cervecería Palermo S. A., con sede en avenida Santa Fe n° 3253 (donde actualmente se alza el centro comercial Alto Palermo Shopping).


En 1898 la firma, con fábrica y oficinas situadas en un imponente edificio cuya fachada daba a la calle Coronel Díaz, inició la producción de cerveza con las marcas Victoria (blanca) y Salvator (negra), galardonadas ambas con Diploma de Honor y Medalla de Oro en Hamburgo, Alemania.





El autor de la iniciativa era un empresario inquieto y sagaz, que no por nada mantenía una estrecha relación de amistad con el general Julio A. Roca, a la sazón, presidente (por segunda vez) de la Nación. Si éste era llamado el “zorro” de la política; sin dudas Tornquist merecía largamente ser el “zorro” de los negocios.
La consolidación del estado moderno y la ocupación y el desarrollo de los territorios nacionales, trajeron aparejada la expansión de la economía, y en ese contexto, Tornquist amplió sus actividades comerciales y financieras con una creciente participación en las industriales, llegando así a formar un holding de veinticuatro empresas. Cervecería Palermo S.A. era una de ellas.
Para 1898, el mercado argentino de la cerveza estaba liderado por la Quilmes, de Otto Bemberg, que acaparaba las preferencias mayoritarias; repartiéndose las minoritarias entre la Bieckert y otras marcas de la capital y del interior del país. Tornquist apuntó, pues, a “pelearle” ese sitial de privilegio. Más temprano que tarde, estalló la “guerra” entre ambas firmas, la cual se materializó en una puja por ver cuál de las dos era capaz de establecer mejores condiciones para la reventa por parte del comercio minorista: almacenes, bares, restaurantes y hoteles; por la promoción, a través de la entrega de material de propaganda: carteles, afiches, almanaques, etc.; y obviamente, también por la publicidad en los principales periódicos.
En este último ítem, Tornquist, siendo él mismo un innovador, buscaba algo “distinto” en ese último rubro. Sus biógrafos son coincidentes en resaltar su gran capacidad para absorber información, decantarla extrayendo de ella lo que constituía una oportunidad, para después manejarla adecuadamente traduciéndola en beneficios económicos, y eso es exactísimo. Percibo en ese aspecto un claro paralelismo entre él y Nicolás de Anchorena, otro excepcional hombre de negocios. Tornquist sabía que estaba próximo a lanzarse un semanario (posiblemente a través de Bartolito Mitre y Vedia, el hijo mayor de Mitre, que en principio iba a ser socio en él y después no lo fue porque el padre no se lo permitió) que era exactamente eso que él buscaba: distinto, y su extraordinaria perspicacia, su intuición y su olfato, lo llevaron a “ponerle una ficha”. Se trataba de Caras y Caretas. Puede decirse que, como en todas las demás veces que encaró algo; la pegó.
El 15 de octubre de 1898 apareció el segundo número de Caras y Caretas, y entre el 25% del espacio dedicado a publicidad (sobre un total de veintitrés páginas de la revista), venía esta de la cerveza Palermo:


Por entonces, los argentinos soportábamos otro de los tantos conflictos limítrofes desatados por la insaciable voracidad de nuestro ingrato vecino trasandino, conflicto este que se había creído resuelto definitivamente con el tratado de 1881. Pero ocurrió que al encararse en 1888 los trabajos de demarcación de límites por parte de los peritos: Octavio Pico el argentino y Diego Barros Arana el chileno; éste último sostuvo que la línea no corría por las altas cumbres de la cordillera nevada como siempre se había aceptado; sino por la divisoria de aguas, divortium aquarum, en latín.
La propaganda apuntaba a instalar en el imaginario colectivo argentino una similitud entre el expansionismo prusiano y el chileno. Como podemos ver en la imagen, bajo el título DIVORTIUM AQUARUM aparece una botella de cerveza Palermo al centro, entre los retratos de Otto von Bismarck y de otro que no alcanza a distinguirse muy bien de quién se trata, pero que pareciera ser Klemens von Metternich. Y debajo, el káiser Guillermo II, rey de Prusia y emperador de Alemania, junto a una mesa con soldaditos en miniatura, sentado en un sillón con una jarra de chopp recién tirado de un barril de Palermo, mirando un mapa de Argentina y Chile y diciendo: “O la frase latina confundo / o este pleito que en Chile se fragua / nos demuestra de un modo rotundo / que hay que estar divorciado del agua / mientras haya Palermo en el mundo”.
No había ni decía nada más, ni hacía falta. La publicidad estaba así genialmente concebida y era directa y eficaz. Fue sin dudas un acierto de Tornquist el haber elegido a Caras y Caretas, y por supuesto; un mérito innegable de quienes la crearon.
Y dicho sea de paso, se ignora a quién pertenece específicamente la autoría; aunque el campo de posibilidades está acotado a cuatro personas: el propio Tornquist quien, particularmente, me parece el más improbable por cuanto era hijo de alemanes y cuatro años después sería el gestor principal de los Pactos de Mayo entre Argentina y Chile, con lo cual es difícil imaginarlo diseñando una publicidad basada en la analogía entre el expansionismo de Alemania y el de los chilenos; Eustaquio Pellicer, creador y fundador del semanario; José Sixto Álvarez (Fray Mocho), socio de Pellicer, cofundador y director de Caras y Caretas; y Manuel Mayol, que fue el artista que la dibujó (podemos distinguir nítidamente que la ilustración está firmada por él). Personalmente, me hallo inclinado a la hipótesis de que se trató de un ménage à trois en el que Pellicer esbozó la idea, Mayol la plasmó en el arte y Álvarez puso los versos al pie.
Sea como haya sido, esa propaganda tuvo una notable repercusión, fue un boom publicitario de resultas del cual miles de argentinos orientaron sus preferencias hacia la Palermo.
Aunque veinte años después, ya fallecido Tornquist, el holding Bemberg obtendría para la Quilmes una tardía revancha (que marcaría a la postre el triunfo definitivo sobre su competidor): en 1918 absorbió a Cervecería Palermo S.A., adquiriendo la totalidad de su paquete accionario.
En fin… cosas de las altas finanzas. Y del proceloso mar de la publicidad.

-Juan Carlos Serqueiros-