sábado, 19 de abril de 2014

LA PAJARITA PECHIBLANCA (SCHERZO)




Escribe: Juan Carlos Serqueiros
La canción (duodécimo tema y no bonus track como leí por ahí) que cierra el disco Pajaritos, bravos muchachitos es La Pajarita Pechiblanca y dice: 
La Pajarita Pechiblanca (scherzo)
(Letra: Solari - Música: Bucchiarelli - Dawi - Sidotti)
Podés creer?
Yo, que maté unos pajaritos y fui muy feliz
Canté a grito pelado:
"... ojalá llueva napalm"
Pido a gritos por mi pajarita pechiblanca

Tengan piedad!
Soy cacique, un héroe ambiguo más,
jefe Toro Fumado, opiáceo y regalón
y pido a gritos por mi pajarita pechiblanca!
Yo le prometí mi amor
a la bella Mandolina
(mendigando como un perro roto y llorón)
Y no cumplí, nunca cumplí, jamás…
con mi bella heroína
con la honesta Mandolina
Mai dire mai, mai dire mai, mai piú...
Al rey del bajo fondo un mal día le grité
que era un guanaco feo con suerte
en el querer!"
Le rogué por mi pajarita pechiblanca
Tengan Piedad!
Vagabunda! los mocos me sonó!
Fracasó como lesbiana y así me profanó
Y aquí estoy pidiendo por mi pajarita
pechiblanca
Solari lo cataloga (y de modo explícito; porque así tal cual lo consigna en el título) como un scherzo. ¿Y qué es un scherzo? Literalmente, un vocablo italiano que quiere decir broma; pero musicalmente, es una especie de relax, un momento festivo en una obra musical seria, pretenciosa, de cierta envergadura, como por ejemplo, una sinfonía.
El encuadre en el que sitúa el Indio la canción compuesta por él mismo en la letra y por sus ex músicos Dawi, Sidotti y Bucciarelli en la melodía es atinadísimo; porque es simple y exactamente eso: un scherzo, es decir, unos minutos divertidos, descomprometidos, en el contexto de una obra mayor, o sea, el resto del disco.
Y es a la vez una broma. Pero... ¿por qué una broma? ¿Y a quién o quiénes está dirigida?
Desde el vamos, con sólo escuchar la canción, aún sin tener la letra a la vista; puede notarse que Solari canta como en joda, lo cual se rubrica con las risas y aplausos del final. La Pajarita es un guiño de complicidad entre él y sus viejos músicos.
¿Y quién o quiénes son los destinatarios de la broma? Y... como suele ocurrir; los que son considerados -con estricta justicia- como los más boludos del batallón, ese fatalmente supernumerario segmento de imbéciles que desde su escaso bagaje neuronal pontifican sobradores y cancheros: "habla de la merca". No importa que el tema en cuestión gire alrededor de una obra cumbre de la literatura universal, o trate acerca de la engañosa y frágil paz de la Guerra Fría que asustaba a un cineasta brillante, o aborde la cuestión que nos desvela a los mortales desde el puto instante en que llegamos a este mundo al cual no pedimos venir: qué hay más allá en el supuesto caso de que haya un más allá; para ellos habla de la merca y punto, ya está.
Entonces Solari dice: "Ajá... así que para vos este tema habla de la merca, aquel otro también habla de la merca y todos hablan de la merca. OK, ahora te voy a hacer uno que sí habla de la merca, que de verdad y en verdad habla de la merca; pero ¿sabés qué?: no te vas a dar cuenta, seguro que no te vas a dar cuenta; y me voy a reír mucho de que no te des cuenta. Y les compuso La Pajarita Pechiblanca.
¡Cuánto debe de haberse reído allá en la intimidad de su Luzbola entre martinis  y tafiroles, y cuánto habrán reído sus ex compinches de ruta cuando les participó de qué venía la cosa! ¿Vieron cuando en alguna guitarreada, tipo 5 de la matina y con muchos tintillos arriba, después de haberle entrado a himnos de todos los géneros como Muchacha ojos de papel, o Cambalache, o Que seas vos; por ahí nos da por agarrar la viola y encarar scherzi tipo... qué sé yo... La Cagada Internacional, o La leyenda del Mojón versión pornográfica, por ejemplo, digamos? Bueno, La Pajarita Pechiblanca es eso. It-Eso (Stephen King dixit). Un momento de distensión del Indio y sus ex músicos, creado musicalmente por estos últimos a partir de una letra del primero inspirada en hechos y circunstancias risueñas conocidas por todos. Bueno... por todos... por todos ellos, quiero decir: Solari-Sidotti-Bucciarelli-Dawi... y también el que falta y la que falta. Y por algunos viejos redondos del camino que tenemos algo más que sospechas de saber de qué se trata. En fin...
Por supuesto, y dado que los pajaritos, bravos muchachitos son sus clientes de hoy y es entre sus filas que están ¿contenidos? los ¿infelices? (particularmente, descreo de que sean infelices; la estulticia suele erogar felicidad aunque sea engañosa -porque la otra, la buena felicidad dicen que no se nota-) del habla de la merca; un tipo de vasta cultura como el Indio no va a apelar, a la hora de darles con un caño, a la puteada soez (y merecida) que le dio -entre otros- al idiotín de Polimeni, el Carlitos del Sur. No, lo hace educada, sutil y risueñamente en lo que mejor maneja: su poesía. Con el bonus de que encima; no se dan cuenta; así como no se dieron cuenta cuando les encajó aquel en manos de pavotes todo el sueño quedó.
Este tema sí que habla, jocosa y festivamente, de la merca, la frula, ese polvito blanco que no deja dormir a quienes se lo zampan encima y les dilata las pupilas en ojos ciegos bien abiertos. Habla, en fin, de la mandanga; la bella y honesta Mandolina; esa pajarita pechiblanca por la que pido a gritos aún hoy (porque el mono todavía está y siempre estará); esa misma que lo llevó a la temeridad de gritarle al rey del bajo fondo (un dealer pesuti) y a implorarle por un gramo; esa a la que le sacude un vagabunda! (en el sentido de puta); esa a la que le prometí mi amor y no cumplí, nunca cumplí, jamás (porque obviamente, hay amores que han de ser socializados so pena de quemarse en ellos, y resignados en aras de otro amor, ese que surge del mandato imperioso del cuore, ¿no, Indio?, y al fin de cuentas, ella ¿por suerte? chi lo sa... fracasó como lesbiana). Aunque ella debe estar tan linda... Y qué vas a hacerle... es la inexorable ley existencialista: toda elección implica un renunciamiento. Agua y ajo.
Solari puede estar tranquilo (de hecho, lo está): le van (vamos) a perdonar que haya sido muy feliz matando unos pajaritos y que haya imprecado que llueva napalm sobre ellos. Después de todo, él es, por derecho propio, el jefe Toro Fumado, el Santo Fumador de allá, de La Plata, opiáceo (te lo creo, Indio) y regalón (esto, la verdad, se me hace un cachito más difícil de tragar, qué querés que te diga; pero bueh, tanto confío en tu honestidad intelectual, que vaya y pase también); harán caso a su pedido de tengan piedad! y se la van (vamos) a tener. Por otra parte, muchos ni se enterarán de que tienen algo que perdonarle, y por eso, precisamente por eso; se les mea de risa. Entérense.
Y festejo con vos la broma, Indio; es de innegable buen gusto y además, se la tenían (tienen) largamente merecida. Tanto la  celebro que, aún cuando soy un seco y no puedo, con la frecuencia que sería de desear, darme semejantes lujos; hasta descorché un Don Cadorna para brindar con vos: ¡à votre santé!
Me había propuesto cortarla de una vez con esto de la lírica solariana y quebranté -y por dos veces- mi promesa (la carne es débil, vaya si lo es): una fue cuando les regalé a unos pibes que me parece que le ponen mucha pila a lo que hacen, mi interpretación de Beemedobleve; y la otra, esta, porque fui incapaz de abstenerme de mi adhesión al festejo de la broma made by Indio.
Ahora sí, adieu! bye bye! aufwiedersehen! Buena vida.

-Juan Carlos Serqueiros-