miércoles, 28 de noviembre de 2012

LA MARIPOSA DE OBSIDIANA






































Escribe: Juan Carlos Serqueiros
 
Por este mismo mes del pasado año me tomaba yo el atrevimiento de sugerirles la lectura de otro título (cliquear sobre este ENLACE para ver aquello) de este mismo autor sobre el cual vuelvo hoy: Juan Bolea, un escritor español, gaditano para más datos, que ha creado un personaje que es el protagonista central de sus novelas: la inspectora Martina De Santo, una mujer policía bella, inteligente, audaz e inquietante.
En esta oportunidad, Martina debe investigar, en la región norte de España, el asesinato de una stripper cometido de modo de replicar los sacrificios rituales aztecas: con un cuchillo de piedra, de obsidiana.
Un libro ameno, atrapante, un thriller que sin golpes bajos; transporta al lector al mundo de la mejor ficción policial.
Que lo disfruten.

viernes, 23 de noviembre de 2012

UNA FOTO POST MORTEM



























Escribe: Juan Carlos Serqueiros

Fotografía del cadáver de Justo José de Urquiza tomada en Concepción del Uruguay cerca de las 15 hs. del 12 de abril de 1870, día siguiente al de su muerte, acaecida el 11, sobre las siete y media de la tarde en el Palacio San José.
La imagen la tomaron dos tucumanos: Augusto y Guillermo Aráoz, quienes por entonces estudiaban en el Colegio Nacional de Concepción del Uruguay y habían instalado un pe
queño negocio de fotografía en esa ciudad.
Esa misma tarde los Aráoz tomaron también una de Ricardo López Jordán e hicieron 500 copias de cada una de las fotografías con el propósito de venderlas.
Pueden distinguirse nítidamente la herida de bala en la cara y las cinco puñaladas en el torso que presentaba el cadáver de Urquiza.
Al historiador tucumano Carlos Páez de la Torre le corresponde el mérito de haber establecido que la fotografía había sido tomada por los estudiantes tucumanos Aráoz, uno de los cuales dejó registrada su memoria del suceso en un documento que estaba en poder de la también tucumana María Elisa Colombres de De la Rosa, al cual tuvo acceso Páez de la Torre, que lo copió parcialmente, a mano.
Sin embargo, Páez de la Torre incurre en groseros errores de interpretación, como por ejemplo, afirmar que “se nota perfectamente la sangre que mana de la nariz y de la boca -donde impactó la bala- así como los orificios del puñal” (sic).
Cualquiera que pensara un poco sobre el particular se habría dado cuenta de que lo que se distingue en la imagen no puede ser sangre que “mana”, ya que el cadáver de alguien que había sido muerto a las siete y media de la tarde-noche del día anterior; no podía estar sangrando todavía transcurridas veinte horas, a las tres de la tarde del día siguiente, cuando fue tomada la foto. Y si fuera sangre que “mana” de esa herida de bala, como dice Páez de la Torre; también debería haber sangre “manando” de las puñaladas, y claramente se ve que no es así, que el cadáver está exangüe. 

Tampoco debe ser sangre seca; porque se nota perfectamente que el cuerpo había sido limpiado y lavado, seguramente por la esposa e hijas de Urquiza, quienes según sus propias afirmaciones -que constan en el expediente judicial-, habían pasado toda la noche junto al cadáver en la sala donde Urquiza fue muerto, bajo la vigilancia de quienes lo mataron. ¿La esposa e hijas de Urquiza iban a limpiar del cadáver la sangre de las heridas de puñal en el pecho e iban a dejar la sangre del balazo en la cara? Ridículo.
En cuanto al balazo, no fue como dice Páez de la Torre, en "la boca, donde impactó la bala"; sino que fue debajo de la nariz, en el espacio que media hasta el labio superior, como consta en el expediente judicial y como se ve en la imagen.

domingo, 18 de noviembre de 2012

LAS PISTOLAS DEL GENERAL BELGRANO: EL ESTADO AUSENTE













Escribe: Juan Carlos Serqueiros

Creo que el comprador inevitable será un argentino, alguien que las quiera devolver a su tierra; si no para exhibirlas o donarlas a un museo, para que al menos estén en una colección argentina. Son piezas vinculadas de manera íntima a la historia argentina que lamentablemente no han estado en ese país por más de 150 años. Deberían estar en algún museo allí, son un tesoro nacional. (Conor FitzGerald, asesor y apoderado del coleccionista norteamericano que subastó en Christie's las pistolas que pertenecieron al general Manuel Belgrano)


Se equivocaba usted, señor FitzGerald, todos quienes admiramos y veneramos la figura histórica del general Belgrano, hubiésemos deseado con toda el alma que se cumpliera su vaticinio; pero lamentablemente, no fue así.
En efecto, como usted suponía, hay muchos argentinos poseedores de considerables fortunas a quienes no les hubiera significado ningún esfuerzo económico desembolsar 374.400 dólares para que las pistolas regresaran a esta patria nuestra de la que el general Belgrano fue artífice y a la cual dio nada menos que su independencia; pero, ¿sabe?, a esos argentinos multimillonarios no es precisamente el amor a nuestra historia y a nuestros héroes lo que los conmueve y guía.
Debería haberlas comprado el Estado, porque al fin de cuentas, para un gobierno 374.400 dólares son una nadería; pero ¿cree usted que un estado que no sirvió ni para custodiar eficazmente su reloj y que cuando éste fue robado, no atinó ni siquiera a dar pasos elementales en pos de recuperarlo para el acervo histórico de los argentinos; arbitraría las medidas y recursos tendientes para que las pistolas se reintegren al patrimonio cultural de nuestra nación? Impensable, directamente.

Esta es la historia de esas pistolas narrada por el mismísimo Instituto Belgraniano:

21 de agosto de 1814: Belgrano recibe por parte del Cabildo de Buenos Aires un par de pistolas en reconocimiento por su triunfo en Salta.Belgrano se hallaba retirado en el pueblo de San Isidro y el Cabildo de Buenos Aires, le remitió, con oficio de 21 de agosto de 1814, un par de riquísimas pistolas de arzón “con los emblemas e inscripciones que realzan su mérito”; en justo reconocimiento, le decía, del triunfo de Salta; pidiéndole que las aceptase “como una fineza de un padre para con un hijo a quien ama tiernamente.”Se evidencia el reconocimiento del Cabildo a los méritos de Belgrano a poco que había sido sobreseído del proceso que se le había seguido en virtud de sus derrotas en Vilcapugio y Ayohuma; alejado temporariamente el prócer de la escena política, restableciendo su salud en la quinta de Perdriel, propiedad familiar.En el Acuerdo del Extinguido Cabildo de Buenos Aires del 25 de noviembre de 1814 se registra la cuenta del costo de las pistolas encargadas a Londres para obsequiar al Gral. Belgrano por ser “Vencedor en Tucumán y Salta”, ascendiendo a 637 pesos 7 reales (abonada por el Ayuntamiento en pagos sucesivos).Con respecto a la cuestión de las características de las pistolas en sí, y en cuanto a detalles de su manufactura se conoce, pues, que fueron hechas por Henry Tatham & Joseph Eggs, de Londres, el fabricante más destacado del momento. Llevan el sello de los plateros de Londres correspondiente al año 1813 y están montadas en plata. Como podrá observarse en las fotografías, todas las incrustaciones de plata están doradas. El encendido es a chispa y las colas de disparador “al pelo”. Las cazoletas y los oídos están dorados y los cañones son de 10 ½ pulgadas. Incrustadas en oro en las caras visibles de los octógonos de los cañones se lee:"la Ciudad de Buenos Ayres al General Belgrano, vencedor de Tucumán y Salta. La libertad de la patria establecida", las pistolas presentan incrustaciones de oro y plata cincelado, y vienen en un estuche de madera, en cuya tapa aparece grabado el nombre de Manuel Belgrano.En las empuñaduras aparece grabado el escudo de la Asamblea del año 1813 y la inscripción Provincias Unidas del Río de la Plata. Los ornamentos de las pistolas de presentación de Belgrano poseen lujosa artesanía (de plata incrustada en el arma) con detalles tales como diseños de viñas y trigos (representando la riqueza agraria de las Provincias Unidas del Río de la Plata). Consisten en hojas de parra y enredaderas y los guardamontes están ricamente decorados. Las pistolas están contenidas en la caja original de palo de rosa, con todos los accesorios, las balas y el equipo originales. El estuche tiene un anillo externo para transportarlo y en la tapa de caoba se lee la siguiente inscripción: “A su amigo Jn. Ml. de Rozas, J. N. Terrero”.Tras el deceso de Belgrano en 1820, las armas pasaron a manos de su albacea, Juan Nepomuceno Terrero, quien en 1834 se las regaló a su consuegro y ex gobernador de la provincia de Buenos Aires, Juan Manuel de Rosas.Años más tarde, el ex gobernador se las legó a su hija Manuelita Rosas y Terrero, quien las pasó a sus descendientes.Tras un viaje que duró más de un siglo, las pistolas reaparecieron en manos de William Simon, secretario del Tesoro de Estados Unidos durante la presidencia de Gerald Ford (1974-1977).Fue el propio Simon quien se las vendió al propietario que las puso en subasta, un estadounidense de la costa este de EE.UU., del que sólo se sabe que es coleccionista de autos y un gran conocedor de la historia latinoamericana.
No, señor FitzGerald, lastimosamente, su pronóstico era erróneo: las pistolas del general Belgrano seguirán en el extranjero… HASTA QUE VENGA EN ESTA TIERRA ALGÚN CRIOLLO A MANDAR.

-Juan Carlos Serqueiros-

jueves, 15 de noviembre de 2012

FIESTA EN LA SEDE DE HURACÁN


















Escribe: Juan Carlos Serqueiros

Esta fotografía forzosamente tiene que haber sido tomada entre junio de 1943 y principios de 1944. Me inclino por la primera posibilidad, porque si fuera en 1944; entonces no pudo haber sido más allá de febrero, ya que el 25 de ese mes, Ramírez delegó el poder en Farrell, y el 29 se produjo, en apoyo del primero, el levantamiento del Regimiento 3 de Infantería con cuarteles en Parque de los Patricios por parte del jefe de esa unidad, que era el teniente coronel Tomás Adolfo Ducó; hecho ese que pondría término definitivo a la íntima amistad que hasta entonces había entre él y Perón.
El acontecimiento tuvo lugar en la vieja sede social de Huracán (la nueva la construiría tiempo después Ducó).
Y con respecto a Ducó, esta es la primera imagen suya de cuerpo entero que veo. Vaya uno a saber por qué (tal vez por la enorme significación y trascendencia que a su obra fecunda, inmensa, le otorgamos los huracanenses), yo lo hacía mucho más alto; pero observo que era medio petiso (nótese que Perón, aún inclinado, le lleva media cabeza).
El entonces presidente de la Nación, general Pedro Pablo Ramírez, es el que está de civil, de traje oscuro. 
A su izquierda (derecha de la imagen) aparece el general Edelmiro Farrell.
El que podemos observar sonriéndole al presidente Ramírez, a la derecha de éste -centro de la imagen-, es el general Anaya. En 1973, Perón, disgustado con el hijo de este Anaya (que también se llamaba Elbio como su padre), celebró que se proyectara en todo el país la película La Patagonia rebelde, porque Anaya (padre) había sido, cuando tenía el rango de capitán, el segundo del teniente coronel Benigno Varela, aquel de la represión de obreros en Santa Cruz durante el gobierno de Yrigoyen. Fue una pequeña "venganza" de Perón hacia Anaya, tanto como pa' que aprenda que el agua no se masca
Y el que aparece entre Perón y Ducó, que se estrechan las manos, es el coronel Emilio Ramírez.
 
-Juan Carlos Serqueiros-

martes, 13 de noviembre de 2012

NOS TAPÓ EL AGUA



 












Escribe: Juan Carlos Serqueiros

Definitivamente, nos tapó el agua: acabo de recibir por e-mail el newsletter mensual de EL HISTORIADOR - GACETA HISTÓRICA, que dirige el mediático Felipe Pigna. 
Según él, "12 de noviembre 1863: Muere fusilado el caudillo riojano general Ángel 'Chacho' Vicente Peñaloza" (sic). 
Se ve que para Pigna, un lanzazo mortal en el abdomen, seguido del acribillamiento a balazos de un cuerpo en el suelo en irreversible agonía o ya muerto (lo más probable), y la posterior decapitación; equivalen a "fusilamiento".
En fin...