viernes, 30 de marzo de 2012

LA PALETA DE PINTAR LA VIDA


















Escribe: Gabriela Borraccetti

Si una paleta de pintor fuese la vida, cada color sería una persona. A medida que avanzamos en el tiempo, vamos mezclando cada vez más colores de acuerdo a los momentos en que nos encontramos con seres significativos.
De este modo, con el arribo de cada nuevo vínculo a nuestra experiencia, el lienzo del trayecto fue cambiando de color: todos hemos dibujado campos de blanca inocencia, con delantales y margaritas llenas de pétalos translúcidos; y agregado más tarde, con la llegada del amor, esos rojos de pasión que, mezclados con aquel blanco, crearon atardeceres muy rosados. 
Más tarde, pudo aproximarse alguien que parecía ser un sol, y nacieron amaneceres en tonos cálidos, que le dieron al horizonte un nuevo motivo para brillar de alegría. 
 Quizá en el medio, llegaron muchos colores más; pero hemos perdido la memoria de las leves tonalidades que fueron aportando a la obra en general.
Lo que sin dudas no hemos olvidado, son los tropiezos; esos que llegan junto a las obligadas pinceladas en negro y que convierten en masacote gris a nuestra obra de arte. Es allí en donde nos hemos detenido con amargura y murmurado lágrimas, al ver cómo una pequeña gotita, había transoformado todo en tan sólo un momento. De allí, para atrás o para adelante; no servían los recuerdos azules, ni los violetas o los verdes. La belleza se había borrado, y de allí en más, seguramente nada podría cambiar.
¿Será por eso que solemos decir que la vida es en su mayor parte dolor?  En realidad, y siguiendo con la teoría de la paleta de pintor; no creo que muchos de nosotros pudieran decir que se han cruzado con una mayoría de personas que representaran al óleo negro; y quizá  el hecho de que sólo nos hayan enseñado a apreciar lo vistoso, haya colaborado con ver en esos momentos algo realmente espantoso. 
Sin embargo, hay un factor más, y es que nuestra vulnerabilidad al dolor, suele hacer que llevemos a cuestas la paleta enlutada durante mucho más tiempo del que debiéramos haberla sostenido en tal situación. Nuestras emociones y nuestra mente suelen jugarnos malas pasadas, cuando no podemos soltar situaciones de dolor.
A prestar atención: con seguridad has tenido más pinceladas de bellos colores, que de aquellas que después de todo, con su oscuridad, te hicieron más tarde apreciar la luz y los tonos. Todo es cuestión de recordar, para dar a las pinceladas negras su justo lugar en el espacio y el tiempo; pero no para eternizarlas.

Lic. Gabriela Borraccetti
Psicóloga Clínica

GRICEL: UNA HISTORIA DE AMORES TURBULENTOS


















Escribe: Juan Carlos Serqueiros

Susana Gricel Viganó había nacido en Buenos Aires en 1920, en el seno de una familia de ascendencia franco-alemana, trasladándose -llevada por sus padres, obviamente- de muy niña a Guaminí (los pagos de mi viejo); y posteriormente, a Capilla del Monte, en Córdoba.
Antes de cumplir 15 años, recibió una invitación de Gori Muñoz (pseudónimo artístico de quien fuera en la vida real Elena Gorizia Vattuone), hermana de Nilda Elvira Vattuone, esa extraordinaria cantante que conocemos como Nelly Omar y que tiempo después, se convertiría en la esposa del insigne poeta (¡de pie todo el mundo para aplaudir a este genio, hincha de Huracán, por supuesto!) Julián Centeya (Amleto Vergiati, en la cédula de identidad), para pasar unos días en Buenos Aires.
Y allá fue Gricel, acompañada por su madre. Cierto día, las hermanas Omar llevaron a Gricel a Radio Stentor, y le presentaron a un locutor llamado José María Contursi, que era hijo del archifamoso Pascual Contursi, y ya por entonces, él mismo un reconocido poeta.
La hermosura de la bellísima Gricel y la pinta y labia de Contursi, se flecharon mutuamente; pero había varios impedimentos para ese romance en ciernes: Contursi era casado, le llevaba a la adolescente Gricel 9 años y... ella debía volver a Capilla del Monte. No obstante, José María comenzó a escribirle, y se inició así una relación amorosa epistolar (Alicia Contursi, hija de José María, contaría en un reportaje muchos años después, que ella vio una foto de su padre, dedicada a Gricel, que databa de 1935). Luego, por prescripción médica debido a una afección intestinal según algunos y a un problema bronquial según otros, ya sea verdadera o inventada como excusa la enfermedad; Contursi viajó a reponerse a las sierras cordobesas. Y precisamente ¿a dónde imaginan ustedes que se dirigió? ¡Sí!, a Capilla del Monte, a encontrarse con "su" Gricel. Casi cinco años duró esa relación...
Pero circa 1940, a la esposa de José María, Alina Zárate, le fue diagnosticada una grave dolencia, y Contursi decidió volver a su hogar en Buenos Aires. Gricel quedó estragada, y él también, destrozado; pero de ambos, ella sería la más fuerte, superando aquel amor contrariado; mientras que Contursi se hundiría cada vez más en su dipsomanía, volviéndose su vida un infierno de alcohol. Nunca dejó de escribirle a Gricel, y sus cartas, llenas de dolor, expresaban los tormentos que sufría.
De ese período, datan las letras de sus tangos más memorables, todas inspiradas en su amor por Gricel y en las que narra la pena que arrastraba: En esta tarde gris (para mí, un himno), Quiero verte una vez más, Sin lágrimas, Cristal, Tabaco, y por supuesto, Gricel, que dice:

GRICEL
Tango (1942)
Letra: José María Contursi - Música: Mariano Mores

No debí pensar jamás
en lograr tu corazón
y sin embargo te busqué
hasta que un día te encontré
y con mis besos te aturdí
sin importarme que eras buena...
Tu ilusión fue de cristal,
se rompió cuando partí
pues nunca, nunca más volví…
¡Qué amarga fue tu pena!
No te olvides de mí,
de tu Gricel,
me dijiste al besar
el Cristo aquel
y hoy que vivo enloquecido
porque no te olvidé
ni te acuerdas de mí...
¡Gricel! ¡Gricel!
Me faltó después tu voz
y el calor de tu mirar
y como un loco te busqué
pero ya nunca te encontré
y en otros besos me aturdí…
¡Mi vida toda fue un engaño!
¿Qué será, Gricel, de mí?
Se cumplió la ley de Dios
porque sus culpas ya pagó
quien te hizo tanto daño.

ENLACE A "GRICEL" EN YOU TUBE: http://www.youtube.com/watch?v=aMOkbXsqqXM&feature=related

En 1955, Contursi enviudó. En 1949, Gricel se casó en Capilla del Monte con un señor que se llamaba Jorge Camba, viajante de comercio él, unión esta de la cual nació una hija: Susana Jorgelina Camba.
En uno de sus viajes a la provincia del Chaco, Camba se enamoró de una señora, Vilma Rabez, que también era casada, y ella le correspondió; originándose de ese modo un drama pasional que pudo haber terminado en tragedia, ya que el marido de Vilma le disparó un tiro a Camba, alojándose la bala en uno de sus pulmones. Salvó su vida de milagro, pero obviamente su matrimonio con Gricel quedó deshecho a partir de allí, y en adelante, él formó pareja con Vilma, residiendo ambos en la ciudad de Resistencia.
Después, algunos dicen en 1962, y otros -como por ejemplo Alicia, la hija de Contursi- en 1961; Gricel, anoticiada -se cree que por el bandoneonista Ciriaco Ortiz- de que José María estaba totalmente entregado al alcohol, viajó a Buenos Aires, lo buscó y se lo llevó con ella a Capilla del Monte. 
De ahí en más, ya nunca se separarían. Se casaron en 1967 -sólo por iglesia, recordar aquí que la ley de divorcio, promulgada por Perón, había sido derogada por los golpistas del 55-. A todo esto, la pareja formada por Jorge Camba y Vilma Rabez se había consolidado.
Y llegó el momento de decir por qué conozco yo toda esta historia: ocurre que ellos eran tíos míos, tíos postizos, sí; pero tíos al fin. ¿Vieron que entre nosotros los argentinos, es costumbre llamar tíos a quienes tienen una relación tan estrecha con nuestros padres, que pasan muchos momentos en nuestra casa o viceversa? Bueno, esa era exactamente la situación; había tanta amistad y era tanto el tiempo que pasaban Jorge Camba y Vilma Rabez en mi casa paterna y tan frecuentes las visitas familiares a la casa de ellos; que para mí fueron siempre tío Jorge y tía Vilma. 
Mis sentimientos hacia mi tío Jorge eran encontrados: por una parte, yo ansiaba, buscaba afanosamente su compañía, porque el tipo tenía una conversación amena, atrapante, ingeniosa, y un finísimo humor; pero por otra -y debo reconocerlo-, yo le tenía algo de bronca, bronca "cariñosa" si se quiere, pero de todos modos, bronca; porque el chabón, de historia sabía un paquete, la tenía re-clara, y el pendejo petulante y presuntuoso que era yo por entonces, sencillamente no podía admitir mansamente tal cosa. A más, él tenía una cualidad que yo no poseía: una prodigiosa memoria, la cual le permitía, entre otras cosas, citar la fecha exacta en que había sido fundada tal ciudad, quién lo había hecho, en qué día, mes y año había tenido lugar tal batalla, quiénes la habían protagonizado, las tropas de cada bando, etc. ¿Cómo podía yo licuar esa enorme ventaja que él tenía? No, imposible, era dar demasiado handicap...
Y para colmo, él sabía de música..., y mucho. Recuerdo aquellos mediodías en que me iba a los piques para asistir a las juntadas de mi viejo y sus amigos, entre los cuales estaba, obvio, mi tío Jorge, al grill "La Ideal", de los Bosch, donde se encontraban para el sacrosanto vermucito, amenizado con jugosas charlas y anécdotas que yo escuchaba extasiado. Allí estaban mi tío Renato (un groso, un gran hombre), el Gallego Suñé, el Gringo Bonetto; ocasionalmente caían el Flaco Pernía y su inseparable ladero, del cual nunca supe su nombre, al que le decían La Vieja porque era igualito a la vieja del juego del sapo; Palermo, que vendía guitarras y tocaba la viola como los dioses; alguno de los Fonda, ora Augusto, que era un bacanazo, esnifaba de la buena y siempre tenía a su lado alguna fémina -por lo general, actriz- que rajaba la tierra; o el otro, Alfredo, un señor con mayúsculas, siempre con su escudero a la zaga, el Negrito Aldo, que hablaba al vesre; a veces iba Mariscal, el famoso escultor; en alguna ocasión, mi tío Renato lo llevó allí al discípulo del gran Marechal, el poeta José María Castiñeira de Dios, el que escribió Réquiem para Juan Domingo Perón...
Generacionalmente, soy del palo del rock, y ellos, mucho mayores que yo, eran todos tangueros. Así las cosas, el conflicto entre opiniones lírico - musicales era inevitable. Me acuerdo de una tenida de aquellas, en la cual yo defendía encarnizadamente lo que los de mi generación llamábamos música progresiva: Los Gatos, Manal, Almendra, Vox Dei, etc., y el maestro Torcuato Wermout, violinista eximio el hombre, que tenía una orquesta típica, dale que te dale con el tango; y en eso salta mi tío Jorge y me dice: "¿Vos leíste la nota a Enrique Cadícamo y Litto Nebbia juntos en la revista tal del mes tal? Leela, que ahí vas a saber, por fin, lo que es eso de 'música progresiva'. Toda la buena música es progresiva, nene, independientemente del género".
Directo al mentón, me noqueó... Mascando lo que yo creía la humillación de la derrota y con toda la rabia concentrada, lo odié, en ese momento lo odié... Y sin embargo, buscaba cada vez más su compañía, sus charlas... ¡Cuántas veces me habrá relatado, y de primera mano, la historia de este tango Gricel y la de sus protagonistas, él incluido! Pero por supuesto, mi orgullo herido me impedía creerle; hasta que después, con el tiempo, comprobé que lo que me contaba era absolutamente cierto. 
Pasaron los años, crecí, y la vida me fue llevando por otros caminos; perdí el contacto con mi tío Jorge y nunca pude decirle personalmente que lamentaba no haberle creído en su momento.
Mucho después, me enteré de que la hecatombe nacional producida por el Gran Depredador, el califa de Anillaco en los 90, lo había conducido a perder su nivel de vida, y que se había visto obligado a irse con mi tía Vilma a Villa Allende, Córdoba, a vivir en la casa de la hija que él había tenido con Gricel: Susana Jorgelina Camba. Y pegado a la casa de Susana, donde habían recalado Jorge Camba y Vilma Rabez, vivía por entonces Gricel. Las vueltas de la vida, ¿no? 
José María Contursi murió en 1972, dejándole a Gricel en legado un porcentaje de sus derechos de autor. Gricel falleció en 1992. Mi tío, Jorge Camba dejó de existir en 1996. Al morir, todavía llevaba alojada en un pulmón aquella bala que los matasanos no pudieron o no supieron extraerle. En cuanto a mi tía Vilma, pude enterarme que vive en Reconquista, llevando orgullosa sus ochenta y pico de años, y que al presente integra aún el Coro Municipal de la Tercera Juventud de esa ciudad, del cual además, es su abanderada. Es una de las personas que más sabe, quizá la que más sepa, acerca de tango; una verdadera enciclopedia en eso. Aquí pueden ver una imagen suya:


Ya ni me acuerdo por qué y para qué les conté todo esto... Será que me puse evocador y melancólico por algo, no lo sé... Pero bueno, ya está hecho. Vaya mi emocionado recuerdo para los protagonistas de esta historia de amor y de vida.
Y colorín colorado, este cuento ha terminado.

-Juan Carlos Serqueiros-

LA MAGIA DE TU VIDA



















Con la suficiente perspectiva, puede que se nos vea bellos, etéreos e incluso mágicos. Con lo tangible que vuelve a las cosas la cercanía, no esperes que obvien tus defectos.
Sin embargo, si aquel que está cerca de titrata tus oscuridades sin amor, hará que termines pensando que tu vida, no tiene magia. En ese caso, recupera la distancia: tus luces merecen igual respeto que tus sombras.

Gabriela Borracetti
Psicóloga Clínica