En la tarde del 15 de abril de 1953, en ocasión de un acto peronista durante el cual hablaron el secretario general de la CGT, Eduardo Vuletich y el presidente de la Nación, Juan Domingo Perón; los radicales terroristas (perdón por la redundancia) Roque Carranza (alias "el Ingeniero") y Arturo Mathov (alias "el Jefe"), colocaron bombas en el Hotel Mayo (Hipólito Yrigoyen y Defensa), en el Nuevo Banco Italiano (Rivadavia 409) y en la estación de subte Plaza de Mayo.
La que habían puesto en el banco no estalló debido a una falla en el mecanismo de relojería adosado a ella, pero cerca de las 17,30 hs., mientras hablaba Perón desde el balcón de la Casa Rosada, explotó la del Hotel Mayo y cinco minutos después la de la estación de subte. El saldo trágico fue de seis muertos y adicionalmente hubo que lamentar más de cien heridos, muchos de ellos horriblemente mutilados.
A partir de las investigaciones realizadas (que fueron bastante sencillas, porque según su inveterada costumbre, los radicales siempre dejan todos los dedos marcados y si entran a robar le pisan la cola al gato), fueron apresados Mathov y Carranza —quien declaró que para perpetrar el atentado, habían contado con el apoyo de Ricardo Balbín (alias "el Chino")—. Se los enjuició, condenó y encarceló, pero tras la caída de Perón en 1955, ambos fueron indultados por la revolución fusiladora.
Después, el terrorista Mathov sería electo diputado nacional (y a instancias de Balbín, designado vicepresidente del bloque radical). De paso, digamos que su hijo Enrique, en tanto fiel continuador de la tradición delictiva del padre, fue secretario de Seguridad de otra "estrella" del firmamento radical: el presidente Fernando de la Rúa, y resultó enjuiciado y condenado por la salvaje represión de diciembre de 2001. En cuanto a Carranza, durante el gobierno de Arturo Illia, alias "la Tortuga" (sí, ese en el que estás pensando: el "demócrata" que accedió a la presidencia con el 20% de los votos y el peronismo proscripto, el gorila visceral que atrasó nueve años el reloj de la historia argentina impidiendo el retorno de Perón, el que en su despacho tenía un retrato de Churchill) sería nombrado secretario técnico de la CONADE, y años más tarde, durante la presidencia de Raúl Alfonsín (otro "prócer" del panteón radical y van...), designado ministro de Obras y Servicios Públicos, primero; y de Defensa, luego. Para mayor vergüenza, la estación del ferrocarril Mitre en el barrio de Palermo, aún lleva el nombre de "Ministro Carranza".
Desde 1891 hasta hoy, infamia y UCR son sinónimos.
-Juan Carlos Serqueiros-

