domingo, 5 de abril de 2015

LA CONSPIRACIÓN DE ASHWORTH HALL








































Escribe: Juan Carlos Serqueiros

Escribo mirando a la vida, mis obras reflejan lo que siento y lo que hace la gente. Y lo que intento con mis libros es que todos comprendamos que una persona, en ciertas circunstancias, puede llegar a extremos, y que debemos pensarlo dos veces antes de juzgar a los demás. Que mis lectores sean conscientes de que todos somos moralmente ambivalentes y se enfrenten a ello. (Anne Perry)

Anne Perry es la actual identidad de la escritora Juliet Marion Hulme (n. Londres, Inglaterra, 28.10.1938), una prolífica autora de historias policiales.


Su vida, que hoy por hoy transcurre plácidamente a pesar de la celebridad y el éxito que ha alcanzado como autora de thrillers; tuvo en sí misma mucho de novelesca y dramática, pues hallándose en Nueva Zelanda y siendo una adolescente de 15 años, en complicidad con su amiga y compañera de escuela, Pauline Yvonne Parker, asesinó a ladrillazos en la cabeza a la madre de ésta, pues la mujer planeaba separarlas; mientras que ellas habían proyectado vivir juntas en Sudáfrica con el padre de la primera, una vez terminado el divorcio entre éste y su esposa, la madre de Juliet.


Como eran menores, en lugar de condenadas a muerte, lo fueron a prisión, hasta que al cabo de cinco años y alcanzada la mayoría de edad, ambas jóvenes fueron liberadas imponiéndoseles como condición judicial que en adelante y mientras viviesen, jamás podrían tomar contacto entre sí en forma alguna. Luego de ser indultada, Juliet vivió alternativamente en Inglaterra y Estados Unidos, se hizo mormona y a los 21 años trocó sus nombres y apellido originales por los de Anne Perry.


Estudió historia, griego y latín (ha traducido no pocos clásicos), para ganarse la vida trabajó de azafata y de empleada de comercio en distintos rubros, y se radicó en Escocia (donde también vivía su madre), país en el cual continúa residiendo en la actualidad, en una apacible aldea de las highlands. En 1979 logró publicar -recién diez años después de escribirla- su primera novela: Los crímenes de Cater Street (The Cater Street Hangman, en el inglés original), que tuvo gran suceso y representó el inicio de su ascendente carrera literaria, la cual se compone de sesenta títulos editados (muchos de los cuales fueron llevados al cine), con más de veinticinco millones de ejemplares vendidos.


Celosa guardiana de su intimidad, lo que de trágico y azaroso había en su pasado era ignoto para el gran público, hasta que en 1994, el estreno de una película: Criaturas celestiales (Heavenly creatures), de gran repercusión, llevó a que el caso Hulme-Parker fuera mundialmente conocido y salieran a la luz circunstancias de su vida las cuales Anne hubiera querido, lógicamente, que permanecieran en el mismo olvido al cual ella las había relegado. Pero eso no influyó en modo alguno en su carrera, ni para bien ni para mal; sus libros continuaron vendiéndose en forma sostenida, sin variaciones ni en más ni en menos. Así, quienes somos sus lectores, seguimos aguardando las dos novelas a que cada año nos tiene habituados: una de la serie de Thomas Pitt y la otra de la de William Monk, los personajes que ha creado como protagonistas principales de sus thrillers, todos ambientados en la Inglaterra victoriana. Dado que la novela que comentaré es de la saga del primero, me limitaré a dar una semblanza suya; dejando la del segundo para la oportunidad de abordar una que sea protagonizada por él. 
Thomas Pitt es un inspector de la policía londinense altísimo, desgarbado y desaliñado, de humilde y plebeyo origen (hijo del guardabosques de la extensa propiedad de un lord, y éste, que vio en el muchacho condiciones excepcionales de inteligencia y responsabilidad, costeó sus estudios en el mismo exclusivo colegio al que mandaba a su hijo; merced a lo cual Pitt es poseedor de una esmerada educación), que en el transcurso de su primer caso (Los crímenes de Cater Street), conoce a una bella aristócrata, Charlotte Ellison, de la cual se enamora y con la que termina casándose. Charlotte, una hermosa pelirroja, es todo un carácter, un espíritu libre: apasionada, rebelde y con una lengua filosa que es capaz de herir como un estilete, no se ciñe a los convencionalismos y prejuicios que le prescriben un matrimonio con alguien de su misma condición y posición social, y al casarse con Pitt, se ve obligada a renunciar a su anterior estilo de vida marcado por el lujo y la abundancia; para adoptar el de una esposa que debe necesariamente limitarse al magro sueldo de su marido en la policía, cuidando los centavos, zurciendo la ropa y haciendo las tareas hogareñas. Pero pese a todas las predicciones de su familia, que se resigna forzosamente a que se haya casado con ese policía; ella y Pitt se aman y son felices, aún entre privaciones. Charlotte no sólo es una mujer preciosa y desprejuiciada, sino que posee además en grado sumo lo que se llama sentido común y unas sagacidad y perspicacia asombrosas, que utilizará para ayudar a su esposo a resolver hasta los casos más complicados. Para ello, necesariamente debe volver en ocasiones a frecuentar los círculos de la nobleza y la clase alta, apelando a la ayuda de su hermana Emily, ventajosamente casada con un acaudalado lord, quien le presta los vestidos y carruajes necesarios para desenvolverse en ese ámbito, y sobre todo; a la de una pariente lejana: lady Vespasia Cumming-Gould, una anciana aristócrata de gran fortuna, proveniente de una de las familias inglesas de más rancio abolengo, quien había sido, según la pluma de la autora, "una de las mujeres más hermosas de su tiempo, capaz de conversar con filósofos, cortesanos y dramaturgos", "duques y príncipes se habían sentido honrados con una sonrisa suya" y a la que ahora, a sus ochenta años, "por su edad y su riqueza, no le importaba ya en lo más mínimo lo que la alta sociedad pensase de ella".
Bien. Descritos los personajes, pasemos al libro, La conspiración de Ashworh Hall. En esta oportunidad, la acción no transcurre en las elegantes avenidas de los barrios londinenses que habitan las clases altas ni en los tenebrosos callejones del puerto, sino en una fastuosa mansión campestre propiedad del esposo de Emily, en la cual tendrá lugar una serie de conferencias encaminadas a la resolución de la espinosa Cuestión Irlandesa. Políticos de esa nacionalidad, de ambos bandos, los nacionalistas católicos y los protestantes, tratarán, con la mediación de un alto funcionario del Home Office inglés, lord Aisley Greville, de lograr acuerdos mínimos que posibiliten la aprobación de leyes relacionadas con la propiedad de la tierra en Irlanda, de modo de avanzar en la emancipación de la comunidad católica. El fracaso de las negociaciones (que se desarrollarán en secreto) supondría el recrudecimiento de las luchas intestinas que desgarran aquella nación, y Greville ha sido amenazado por grupos extremistas y ya ha sufrido un atentado del que milagrosamente logró salir ileso; de manera que el ministerio encarga a Pitt (quien en esta historia ya es comisario), tanto por su discreción y sus exitosos antecedentes, como por la coincidencia de que es el concuñado del anfitrión; que proteja a Greville. No obstante los cuidados de Pitt, el mediador aparece asesinado en su cuarto de baño, y entonces el comisario deberá emprender una concienzuda investigación para esclarecer el crimen, en el transcurso de la cual saldrá a la luz lo turbulento y miserable de la vida paralela que el occiso llevaba a espaldas de sus esposa e hijo. Para colmo de las dificultades, el concuñado de Pitt, Jack Radley, ha sido designado por el ministerio para reemplazar al asesinado Greville en la moderación de las negociaciones; de manera que recaerá sobre las ya muy cargadas espaldas del comisario la responsabilidad de cuidar de que nada malo le ocurra. La fría lógica y la incansable laboriosidad de Pitt, aunadas a la extraordinaria percepción de su inestimable esposa Charlotte, conducirán al fin a desentrañar la verdad.
En resumen, una muy lograda novela, con una trama atrapante que, a pesar de no ser lo que llamaríamos ágil ("escribir es como andar en bicicleta -dice la autora-, si vas demasiado rápido, puedes caerte; pero si vas con extrema lentitud, puede pasarte lo mismo"); fluye con una continuidad que no da tregua al lector, en la cual se entremezclan personajes de variada condición social y moral y se abordan temas como el debate en torno a la teoría de Darwin, la situación de las masas populares, los derechos de la mujer y el voto femenino, las virtudes y miserias de la aristocracia inglesa, los convencionalismos sociales aún los más ridículos, la hipocresía de la clase alta, los afanes y desventuras de la clase trabajadora, la independencia de Irlanda y las culpas de Inglaterra en el drama de esa nación, todo tratado por la pluma magistral de Anne Perry llevando al papel los frutos de su vasta cultura y su tenaz labor de investigación y recopilación de datos sobre la época victoriana. Un libro para disfrutarlo intensamente de principio a fin. 
Y usted, si todavía no lo leyó, ¿qué espera para hacerlo? No se prive de ese placer.