Estoy releyendo "Soy Roca", de Félix Luna. Debe ser la tercera o cuarta vez que lo hago, y me sigue pareciendo un libro entretenido (Luna escribe bien en prosa); aunque de escaso —y hasta si se quiere, nulo— valor histórico, debido a lo cual está más que apropiadamente catalogado en ese rubro del contrasentido conocido como novela histórica. Y digo "del contrasentido" porque no jodamos: si es novela, entonces no es historia, ¿estamos de acuerdo?
Hace unos cuantos años me había percatado de no pocos errores groseros en "Soy Roca", lo cual me condujo a citarlos en un opúsculo que titulé Los errores (¿u horrores?) de Félix Luna en "Soy Roca" y que puede leerse cliqueando en este ENLACE; pero seguramente debido al mil veces maldito curso ILVEM de lectura rápida que gané de pibe con 12 años en un concurso televisivo de preguntas y respuestas, y que vengo cargando como un estigma, en aquella oportunidad se me escapó el párrafo que cito a continuación y en el cual acabo de reparar. En su imaginación, a menudo afiebrada, Luna le atribuye a Roca estas palabras acerca de sí mismo: "No fui ni soy un jefe de partido. No tengo pasta de caudillo. No soy un tribuno. No se dan en mi persona esos mágicos atributos como los que hicieron de Mitre o Alsina (o años más tarde, de Alem) figuras idolatradas por las masas." (sic)
Obviando el hecho indisputable de que se necesita poseer el don de una portentosa fantasía para aceptar que Mitre haya calado en las "masas"; yo diría más bien que si Mitre o algún mitrista tomó en cuenta alguna vez la palabra "masa", eso debe de haber sido en el contexto de un libro de física o de la visita a una panadería o confitería; porque de otro modo... Vaya y pase lo de Alsina (siempre y cuando aceptemos como "masas" a algunos grupos aislados de orilleros y compadritos encorsetados en el lumpenaje de los comités autonomistas a fuerza de asado, naipes, taba y vino; pero bueno...). Y vaya y pase también lo del fundador de esa crónica de la infamia que fue y sigue siendo la UCR: Alem, de innegable popularidad (aunque particularmente, yo deba confesar que la misma me jode bastante y que la acepto sólo porque la evidencia en tal sentido es abrumadora: el tipo —en mi opinión, un incurable romántico, borrachín y maníaco depresivo que vivía en una realidad paralela habitada por sus propios fantasmas—, era incuestionablemente muy popular y eso es un hecho histórico innegable e insoslayable; por más que a mí me hubiera gustado que la cosa fuese muy distinta).
Pero lo que más me llamó la atención de ese párrafo, es lo de "figuras idolatradas por las masas"; porque a ver: es exacto, exactísimo. El que Luna haya escogido el verbo idolatrar, es decir, adorar a un ídolo, esto es, a una deidad (por más que se trate de una “deidad política" como Bartolomé Mitre) FALSA; tiene forzosamente que haber sido un sincericidio que su inconsciente estimó imprescindible.
No obstante, si en su faceta de historiador son más que deplorables los errores, los “olvidos” y las manipulaciones en que Luna incurrió —de todo lo cual el párrafo que cité es sólo el botón de muestra o apenas la punta del iceberg—; sería absolutamente ilícito y además reñido con la honestidad intelectual negarle méritos a los que resulta más que justo acreedor en su condición de fundador, editor y director de la revista Todo es Historia, en la cual escribieron historiadores de distintas corrientes interpretativas y se publicaron los trabajos de muchísimos de ellos que en tanto provincianos, no habían tenido hasta entonces en la gran urbe capitalina la difusión que largamente merecían.
Por lo demás, en todo cuanto se refiere al Félix Luna poeta, qué quiere usted que le diga... Me conmueve su lírica, la cual considero bellísima. Poemas como Juana Azurduy, Alfonsina y el mar, Zamba de usted, La peregrinación y tantos otros… me parecen magistrales, maravillosos y me laburan planos muy altos de la psiquis.
Qué sé yo… volvé, Falucho, dale. Al fin de cuentas, por más que en tu rol de historiador te haya re puteado (¿y quién no?) hasta en chino mandarín; a la hora de compararte con espantos tales como Romero, Canale, Balmaceda, O'Donnell, Pigna, Chumbita y demás especímenes de similar laya que andan pululando por ahí, debo admitir que sos Heródoto.
Extraño tu poesía, y más aún si es musicalizada por tu correligionario Ariel Ramírez.
-Juan Carlos Serqueiros-

