lunes, 19 de diciembre de 2011

HISTORIA ARGENTINA: ¡DEJEN DE CURRAR, DEJEN PENSAR A LOS PIBES!






















Escribe: Juan Carlos Serqueiros

"Quien controla el pasado controla el futuro; quien controla el presente controla el pasado." (George Orwell)


Después de Caseros y Pavón al orden sistémico triunfante se le creó una lógica e impostergable necesidad: la de contar la historia argentina a los inmigrantes que el gobernar es poblar traía a estas playas, a los hijos de esos inmigrantes que vendrían y a los hijos de los pocos criollos que quedaron.
Pero los popes de ese sistema tenían entre manos un grave problema: el de qué historia iban a contar; entonces inventaron una, acomodada al orden de ideas que los guiaba y a los intereses que defendían. Así se creó la historia oficial alimentada y custodiada por la sacrosanta Academia Nacional de Historia inspirada por Mitre, instaurada como pensamiento único y continuada hasta nuestros días por tanto amanuense cagatinta, alcahuete y acomodaticio a sueldo en su gran mayoría del diario La Nación. Y al único liberal al cual se le ocurrió la idea de contar la verdad, el pobre Adolfo Saldías, ya sabemos cómo le fue: le cayeron encima con toda la artillería pesada Mitre y los suyos, defenestrándolo.
Luego, coincidentemente con la irrupción en Europa de la puesta en planta de ideologías totalitarias, se inició en nuestro país el proceso revisionista cuyos íconos principales estuvieron (salvo excepciones) teñidos inevitablemente de un matiz fascistoide. Reivindicaban y admiraban a Rosas, pero no por su patriotismo y su férrea defensa de los intereses nacionales y populares, no por su Ley de Aduanas, no por sostener y mantener la integridad territorial; sino porque (según ellos) era un patricio que había venido a "salvarnos", tal como un führer pretendidamente salva y conduce a la nación alemana a los destinos de preeminencia que se autoarroga. Posteriormente, devino el revisionismo "de izquierdas", para el cual (salvo también las consabidas excepciones que confirman la regla) los malos de la película eran otra vez (al igual que para el revisionismo "de derechas") Mitre, Sarmiento y compañía; pero con la "novedad" de que ya Rosas no había sido el defensor heroico de la soberanía nacional como sostenían los revisionistas "de derechas"; sino un oligarca demagogo y mentirosamente federal. En fin, cosas veredes que non crederes...
Y llegamos a estos nuestros días, en los que el kirchnerismo determinó la creación del Instituto Nacional de Revisionismo Histórico Argentino e Iberoamericano (con los consabidos lamentos, críticas, maldiciones y execraciones de los de la "vereda de enfrente", es decir, los de la Academia Nacional de Historia, expresados profusamente en el diario La Nación), con los objetivos de  "profundizar el conocimiento de la vida y obra de los mayores exponentes del ideario nacional, popular, federalista e iberoamericano... el estudio, la ponderación y la enseñanza de la vida y obra de las personalidades de nuestra historia y de la Historia Iberoamericana... que... obligan a revisar el lugar y el sentido que les fuera adjudicado por la historia oficial, escrita por los vencedores de las guerras civiles del siglo XIX (subrayados míos), y  de propender a "los estudios... referidos a la acción pública y privada de Manuel Dorrego y de todas y todos aquellos que, como él, abogaron por una Patria de raíces nacionales, populares, democráticas y federalistas". Lo de "la historia oficial escrita por los vencedores de las guerras civiles del siglo XIX" (por si algún colgado no se dió cuenta), es un eufemismo para no escribir derechamente "Mitre y sus continuadores".
El historiador Juan Manuel Palacio, muy acertadamente, en mi humildísima opinón, dijo, refiriéndose a las críticas emanadas de la corriente mitrista:

Tres son los argumentos centrales de esta reacción: que los agrupados en el nuevo instituto no son verdaderos historiadores y escriben textos ensayísticos de poca o nula calidad; que el diagnóstico que hace el decreto sobre la producción historiográfica académica es injusto, ya que subestima y caricaturiza la rica y variada agenda de investigación de las últimas décadas, y que el Estado no debería tomar partido ni financiar una visión determinada de la historia, mucho menos una tan sesgada. Yo quisiera terciar en este debate proponiendo un punto medio, siempre tan aconsejable pero tan difícil de sostener en casi cualquier tema en esta Argentina kirchnerista... Tampoco me agrada -aunque no me sorprende- que el Gobierno elija a ciertos escritores amigos para alentar una visión dicotómica y simplista de nuestra historia... Pero tampoco me gustan nuestras defensas... Nuestros pataleos no derivarán en que los historiadores amateurs dejen de existir ni en que el Gobierno deje de preferirlos. Por otro lado, si sabemos.... que el Estado nunca ha sido una entidad unívoca, que responde a una única racionalidad, ¿por qué iba a serlo ahora entonces? ¿Por qué nos sorprende tanto que a la vez que financie nuestras investigaciones a través del Conicet o la universidad pública, apoye también a estos historiadores 'profanos' (en este instituto o en tantos otros similares, que también existen y desde hace mucho tiempo)? El de los miembros del Instituto Dorrego y el nuestro no son mundos que se toquen. Escribimos cosas muy distintas para públicos distintos y sostenemos visiones del pasado diferentes, fundamentalmente, porque lo abordamos con instrumentos diferentes. Sería algo parecido a los relatos que un poeta y un astrónomo pueden construir sobre las estrellas fugaces: si bien el objeto es el mismo, ¿es necesario que ambos se traben en una guerra de posiciones sobre cuál discurso es el más apropiado, valioso o ajustado a la realidad? ¿Tendrá sentido que el segundo se empecine en demostrarle al primero que éstas no aparecen cuando uno pide un deseo, sino cuando un meteoro atraviesa la atmósfera terrestre? O'Donnell, así como buena parte de sus colegas del instituto de marras no pertenecen a la comunidad científica de los historiadores, en buena medida porque sus trabajos no pasarían los controles de calidad vigentes (los jurados de concursos, los referatos anónimos de las revistas, las admisiones... Y no hay ninguna razón para ocultar que somos nosotros mismos, los historiadores profesionales... los que hemos establecido esos controles... (subrayados míos).
 
Traducido al criollo básico, Juan Manuel Palacio está hablando del justo medio, es decir, ni tan peludo que no se le vean los ojos, ni tan pelado que se le vean los sesos.
Y si bien el Instituto todavía no comenzó sus producciones, sí tenemos una suerte de avant premiere por parte de algunos de sus integrantes, "casualmente" los que más baten el parche. Por ejemplo, el sostenimiento de que San Martín no era hijo de Gregoria Matorras y de Juan de San Martín, sino de Rosa Guarú y de Alvear, criterio basado sólo en la "incontrastable prueba documental" de... ¡un chisme familiar! También tenemos la afirmación del "asesinato de Mariano Moreno a manos de sicarios contratados por Saavedra", eso sí, sin aportar no ya una prueba tangible; sino tan siquiera un indicio serio y confiable. Y no para ahí la cosa; porque continúa con la incontestable estipulación (por decreto pigneano) de que Mariano Moreno fue... ¡"el primer desaparecido de nuestra historia"! Pero el último estreno, la frutilla del postre, la tenemos a través de la exaltación hasta el paroxismo de la figura histórica cuyo nombre lleva el recientemente creado Instituto Nacional de Revisionismo Histórico: Manuel Dorrego, al cual se presenta como alguien  a quien poco le faltaba para ser el primer estadista iberoamericano, supuestamente "olvidado" por la historia y no solamente "olvidado", sino además; "el gran olvidado". ¿De dónde habrán sacado que Dorrego es el "gran olvidado" de nuestra historia, Dios mío? Si hasta la historiografía oficial lo ensalza, hay monumentos, plazas, calles y avenidas con su nombre y se resaltan inclusive propuestas suyas que -quiero ser benévolo absteniéndome de tildarlas de delirio-eran absolutamente inviables, como esa de unir a Buenos Aires y Santa Fe en una sola provincia (como si los santafesinos hubiesen estado dispuestos a permitir que se los anexione a Buenos Aires así sin más y como si su larga lucha por la autonomía no hubiese tenido lugar); a Entre Ríos, Corrientes y Misiones en otra (como si los conflictos territoriales entre ellas hubieran sido cosa de un quítame de allí esas pajas), etc. Y en el colmo de los colmos, afirman que el que depuso a Dorrego fue el "primer golpe de estado organizado por el ejército" (de lo que me vengo a desayunar a mis 55 años... y yo que siempre creí que el primer golpe de estado -y mil veces feliz golpe de estado, por otra parte- había sido el que, encabezado por San Martín acabó con el nefasto Primer Triunvirato), todo rematado con   una ucronía sosteniendo que muy otro hubiera sido el destino de "este país" (¿no queda mejor poner "nuestro", en vez de "este"? qué sé yo, digo..., si tanto cacarean los panegiristas del Instituto con el nacionalismo; me parece que corresponde referirse a la Argentina como nuestro país" y no como "este país"; pero bueh...), que "años después se deshizo en guerra intestinas". ¡Ah!, mirá vos... Así que "años después" del asesinato de Dorrego comenzaron las guerras intestinas... Claro; debe ser porque para ellos las anteriores a la muerte de Dorrego seguramente no eran conflictos "intestinos"; sino estomacales, pulmonares, cerebrales, cardiovasculares o vaya uno a saber qué...
Muchachos, si el "revisionismo" que propugnan va a ser este, más vale que vayan pensando en levantar la puntería; a menos que (¿por qué misteriosos procesos mentales o del cuore me vendrán estos pensamientos malos, me cacho en die?) el "revisionismo" que pregonan sea simplemente gatopardismo (perdonalos, Lampedusa; no saben lo que hacen).
No creo que la mejor manera de hacer revisionismo sea imitar las actitudes y artimañas de la historiografía mitrista; del mismo modo que no me parece que lo más efectivo para acabar con el canibalismo sea devorarse a los caníbales.
Qué sé yo... Colijo que el mejor revisionismo que puede haber es aquel que tienda a establecer fehacientemente los hechos históricos, sus causas y consecuencias; para trasladarlos fielmente a los jóvenes e instarlos a inducir sus propios racocinios e interpretaciones.
Pero claro, se sabe; eso sólo puede sostenerlo un "zurdo" o un "facho" como yo (dependiendo el calificativo que me pongan, del sector de "pensamiento" al que pertenezca el que me lo endose).
No se gasten muchachos; yo, ni yanqui ni marxista; ¡peronista!
-Juan Carlos Serqueiros-