miércoles, 14 de diciembre de 2011

SALANDO LAS HERIDAS




















Escribe: Juan Carlos Serqueiros

Salando las heridas
(Beilinson - Solari)

Saliste ya mil veces
de la pista a respirar
a reclutar, bien maquillado
y ocultando tu lunar.
Un día el bote volcó
y el premio a pique se fue.
Todos te daban por muerto
y vos allí en mi remolque
sin luz, como un polizón.
Mirá qué tipo espeso
sumiso como un guiso más
un vago de mil caravanas
a punto de quedar a pie.
Fundiendo plomo lográs
chorros de oro cochino
en besos de lo más desnudos
pero el café con tu suerte
se enfría en mi mesa fría.
Apuntamos a tu nariz
hundimos tus pómulos
y vos resplandecías
no te quedó sueño por vengar
y ya no esperás que te jueguen limpio
nunca más.
Salando las heridas
jodiste a todo Cristo y más...
a boluditos de la luna
y tipas porno-nazi look.
Tu lengua se derrite
en modas de la rabia de hoy
cuando enfermás con tanta gana
cerrás las filas del dolor.
Apuntamos a tu nariz
hundimos tus pómulos
y vos resplandecías
no te quedó sueño por vengar
y ya no esperás que te jueguen limpio
nunca más.

Uno más de los palazos del Indio a Enrique Symns. “Casualmente”, está inserto en el disco La mosca y la sopa, en el cual también hay un tremendo garrotazo para éste, bajo el sugestivo título de “Blues de la artillería”, canción de la cual “Salando las heridas” vendría a ser algo así como una especie de “segunda parte”, una continuación de la vendetta del Indio.
El título menciona lo de “salar las heridas” en el sentido de agravarlas, de volverlas más dolorosas, de hacerlas arder todavía más de lo que por sí arden (obviamente, con lo de las “heridas” se refiere metafóricamente a las “heridas” infligidas a la íntima amistad que existía entre el Indio y Symns, hasta que se pelearon y a este último no se le ocurrió mejor idea que buchonear una serie de cosas de las cuales tenía conocimiento por su cercanía a la banda).
"Saliste ya mil veces / de la pista a respirar / a reclutar, bien maquillado / y ocultando tu lunar.": Alusión a la vida de dealer-adicto que llevaba Symns. “Reclutar”, en lunfardo, es ganar adeptos para el consumo de drogas. Es el laburo de un dealer (uno de los curros de Symns era vender merca): conseguir (“reclutar”) nuevos clientes adictos a la droga que vende. Y por supuesto, ese no es un “trabajo” que se pueda hacer a cara descubierta, digamos, al contrario; el dealer tiene que estar “bien maquillado” de modo de “ocultar su lunar”, es decir, tiene que pasar lo más desapercibido posible.
"Un día el bote volcó / y el premio a pique se fue. / Todos te daban por muerto / y vos allí en mi remolque / sin luz, como un polizón.: El chabón venía bien con su curro de dealer, ganando un buen billete; pero un día la cosa se le puso fulera: se le “volcó el bote” y perdió (“se le fue a pique”) el premio (la guita que ganaba con eso). El Indio está referenciando alguna vivencia conocida sólo por él y por el otro, en la cual a Symns le fue como el orto (“todos te daban por muerto”), y Solari en esa oportunidad lo ayudó, lo “remolcó”, le “tiró una cuarta”, digamos, y lo cobijó en su casa -"mi remolque", pone, asimilando un derpa a una casa rodante ("remolque")- para resguardarlo, ocultándolo de los peligros que lo acechaban (“sin luz, como un polizón”). Es una “factura” que el Indio le está pasando al otro, recordándole una circunstancia en la cual él lo “salvó”.
"Mirá qué tipo espeso / sumiso como un guiso más / un vago de mil caravanas / a punto de quedar a pie.": Estrofa irónica hacia Symns. El Indio lo compara en esta situación adversa para Symns: derrotado, hecho pelota, convertido en un “guiso” (guiso en lunfardo = idiota, imbécil); con el winner que siempre había sido Quiquito antes, en la apariencia: un tipo que “se las sabía todas”, uno corrido en todo, un piola bárbaro, bah, “un vago de mil caravanas” (las “caravanas”, eran pasarse muchos días seguidos sin dormir y casi sin comer, consumiendo cocaína en cantidades indescriptibles).
"Fundiendo plomo lográs / chorros de oro cochino / en besos de lo más desnudos": Alta metáfora solariana. Los alquimistas en la antigüedad perseguían el sueño de encontrar la piedra filosofal, que tenía la propiedad de transmutar los metales, como por ejemplo, el plomo; en oro. El Indio está aludiendo a que Symns, a través de los “balazos”  (“plomo”) que le tiró en un montón de notas y reportajes (y después, hasta en un libro), logró ganar una moneda, que obtuvo buchoneando, guita “sucia”, digamos (“chorros de oro cochino”), con la que pudo seguir bancando sus gustos sexuales: esos “besos de lo más desnudos”.
"pero el café con tu suerte / se enfría en mi mesa fría.": Alusión al enfriamiento (“mesa fría”) de la amistad entre ambos, el Indio y Symns. Se refiere a que después de todo lo que anduvo boqueando Quiquito, ya no hay punto de retorno, su suerte ya está echada (“con tu suerte”) y la amistad que había está irremediablemente rota; no se puede reanudar con, por ejemplo, una charla en la cual se comparta un café y se recompongan las cosas.
"Apuntamos a tu nariz / hundimos tus pómulos / y vos resplandecías / no te quedó sueño por vengar / y ya no esperás que te jueguen limpio / nunca más.": Lo está “poniendo en su lugar" a Symns. Con lo de “apuntamos a tu nariz, hundimos tus pómulos” se refiere al supuesto “ataque” del cual Symns se sintió objeto por parte de los Redondos (los culpaba atribuyéndoles intenciones de “barrer con todo” lo que no fuese solamente ellos tres: el Indio, Skay y Poli; mientras se absolvía a sí mismo de cualquier culpa que pudiera tener en el entredicho; de allí lo de “y vos resplandecías”, aludiendo a que Symns echaba culpas sobre los demás, y él se presentaba como “el bueno de la película”). Con lo de “no te quedó sueño por vengar”, el Indio está aludiendo al rencor que le quedó a Symns hacia los Redondos, y su deseo de vengarse por supuestos agravios que le habrían hecho (todo en la imaginación febril de Symns solamente). De allí lo de “sueños por vengar”, queriendo decir que sólo en la imaginación, en los sueños de Symns; los Redondos se portaron mal con él. Y termina diciéndole que seguramente, en su paranoia esperará que ya nadie le vaya a “jugar limpio nunca más” (es clavado que a alguien que juega sucio (como lo hizo Symns en esa oportunidad y circunstancias) no se le cruza por el magín la posibilidad de que le jueguen limpio a él; da por descontado que la pelea se desarrollará sin fair play alguno. Es lo de siempre, bah, la vieja costumbre de inferir en los demás, las mismas actitudes que puedan tenerse.
"Salando las heridas": Symns boqueando cosas que pertenecían al ámbito de la privacidad de los demás, “saló las heridas”, o sea, las agravó, se embarcó en un viaje del que no hay retorno.
"jodiste a todo Cristo y más...": “jodiste a todo Cristo y más” = “cagaste a Dios y María Santísima”, "cagaste a medio mundo". O sea, Symns mandó al tefren a un montón de gente, no se detuvo ante nada. No solamente los garcó a ellos, a los Redondos; sino también a muchos otros a los cuales jodió con su laburo de dealer, convirtiéndolos en adictos a las drogas. Toda esa gente que en lugar de tomar a los alucinógenos como una experiencia puntual en una etapa de sus vidas; terminó hecha mierda…
"a boluditos de la luna": Los “boluditos de la luna” son la gente del "habitat nocturnal" (noche = luna), que pasa las noches boludeando en la bohemia, pero no la bohemia creativa; sino la bohemia pelotuda, improductiva, del chusmerío barato, de lo trivial, de pasar la vida al pedo, digamos. Son quienes no tienen conciencia de la realidad, quienes “viven en la luna”, en Babia. Es un poco alguna de la gente (y reitero para que no haya generalizaciones ni malos entendidos: ALGUNA de la gente; no toda) que era el primer público de los Redondos, fundamentalmente pseudo intelectuales y giles que “se la creían”, para los cuales Symns era un especie de semidios. En fin...
"y tipas porno-nazi look.": Lo mismo que los “boluditos de la luna”, pero en versión femenina. Se refiere a las minitas del palo ese de la pseudo bohemia nocturna, hueca e intrascendente, que adoptaban para sí un look “porno-nazi” (aludiendo a la pilcha de cuero que se usaba en esa época). Se “producían” vistiéndose con pilchas de cuero en una onda mezcla de trola con reminiscencia pesuti de “ama sádica”. Unas boludas totales, digamos.
"Tu lengua se derrite / en modas de la rabia de hoy / cuando enfermás con tanta gana / cerrás las filas del dolor.": Más misiles dirigidos a Symns. Su “lengua se derrite” (en alusión a todo lo que anduvo boqueando) en “modas de la rabia de hoy” (Symns dijo todas las barbaridades que dijo de los Redondos, movido por la bronca –“la rabia de hoy”- que sintió cuando lo alejaron de la banda). Y el Indio le dice “cuando enfermás con tanta gana”, refiriéndose a esa rabia que el otro tiene adentro, está “enfermo” de odio, de bronca, y un poco esa bronca Symns la vomita en todas las giladas que anduvo desparramando y conventilleando, por despecho (“cerrás las filas del dolor”).
"Apuntamos a tu nariz / hundimos tus pómulos / y vos resplandecías / no te quedó sueño por vengar / y ya no esperás que te jueguen limpio / nunca más.": Y buscando el cierre -dijo Mónica Lewinsky-, el Indio termina la canción con ese estribillo interpretado antes.

LA AGRESIÓN: SU EXCESO Y SU FALTA; DOS CARAS DE LA MISMA MONEDA

 











Escribe: Gabriela Borraccetti

Cualquier tipo de retaliación física jamás puede ser la solución a ningún problema; hubo tantas masacres, guerras, torturas, castigos... Y  aquí, en pleno desarrollo de la ciencia que puede curar casi cualquier enfermedad, seguimos pensando en castigos y mano dura sin prestar atención al mensaje. Seguimos matando al mensajero, al síntoma, pero sin buscar el origen de la enfermedad; mientras vamos constituyéndonos en una sociedad violenta por la violencia misma.
No estaríamos 24 hs. en estado de alerta y llenos de estrés, si no estuvièéamos dispuestos a atacar a quien nos ataque. No hay un momento del día en que no se alimente nuestra violencia con la violencia transmitida por varios medios masivos de comunicación, más películas, revistas y diarios.
El miedo genera violencia y el primer disparo es dado por quien más la padece. ¿No creés que aquel a quien  no mirás no está registrando un acto  de violencia, esa con la que lo declarás inexistente?  ¿Que sentís cuando tu pareja, tu hijo, tus padres o tus amigos te ignoran? Ni qué decir si lo hicieran abiertamente como lo hacés todos los días con los que pasan a tu lado mal vestidos, sin comer, sin techo, sin futuro y sin tus mismas posibilidades. No comprendés por qué al otro le duele lo que a vos también te duele, ¿no es cierto? ¿O creés que una cosa es que te declaren inexistente a vosi, a tu pequeño ego; y otra muy diferente es que seas vos quien declare inexistente a otro corriéndole la mirada? Pues ése es en realidad el primer disparo. Esa mirada que se fuga, ese declarar invisible a alguien, es el primer acto de violencia. Entonces, ¿quién se puede declarar libre de culpa y cargo? Lo que ves afuera, te pertenece.
Si queremos seguir mejorando la tecnología y las leyes pero no la consciencia, no vamos a erradicar la insanía en la que vivimos.
Sin embargo, hemos surpimido el modo sano de "descargar nuestras baterías", nuestra bronca, nuestro excedente de furias. Y suprimir y enterrar semejante impulso, que por otro lado es el encargado no sólo de defendernos sino de impulsarnos a la acción; es algo que con el tiempo, comienza a despedir olor desde el sótano de nuestra inconsciencia; tanto como el dejarlo libre para convertirse en una furia inaudita, inmanejable, sin otro propósito que el de agredir porque sí. Marte, el dios de la guerra, hace que no seamos pájaros indefensos. Es el encargado de obedecer al "me gusta", "no me gusta", "quiero", "me realizo", "gano", "compito", "me dirijo a...", "voy en pos de..."; y sin ello, estaríamos estancados en una silla a base de racionalizaciones que quedarían en un "veremos". En esto habrá más de uno que se identifique, ya que estamos en una época en donde a causa justamente de la violencia, se ha detenido en seco nuestro movimiento; ya sea para comprar un kilo de pan como para ir a degustar una pizza, ver cine o comprar una golosina. Hoy nos quedamos sentados en casa, esperando que el delivery (que viene en moto y a toda velocidad), nos traiga lo que nosotros ya no vamos a buscar por temor a salir a la calle. Claro que lo que no buscamos, puede encontrarnos a nosotros, y muchas veces, del modo menos deseado.
Es muy usual en las grandes ciudades sentir que uno ya no es dueño de salir sin estar temeroso de las consecuencias, volver con algo arrancado, robado, asaltado, y en el peor de los casos, muerto;  se ha convertido en un temor generalizado a casi cualquier cosa. Y como sabemos, el temor no es ningún buen consejero. Es así como comienza a generarse un círculo vicioso, pues al vernos confinados al miedo y al encierro generamos reacciones más violentas en cuanto se da la más mínima oportunidad de pegar un grito; por ej,. en la calle, manejando un vehículo y frenando pegados a la cola del auto de adelante. Esto nos muestra cómo la furia que se reprime trabajosamente en el acto de "deber" quedarnos enclaustrados, quietos, y bajo el mandato de los temores, genera una reacción opuesta y de igual fuerza que la que se utilizó para sojuzgar el instinto.
Como nada aparece de un momento para el otro, habría que pensar que hace unos 30 años, al menos en mi país, Argentina, hubo una brutal matanza de personas en campos de concentración a manos de una tiranía militar. De este extremo de cosas, sangriento y vil, se pasó al contrario, en donde se comenzó a ver como escandaloso  darle un reto a un niño; hasta que, en el día de hoy, los padres se quejan de su impertinente desobediencia, poco respeto y control, como correlato de la pérdida de autoridad; que por otro lado, atribuyen al poco tiempo que pasan con ellos, dedicados al trabajo. Si bien este es un tema complejo, no creo que antaño, los hijos tuvieran tantas horas de un padre bien dispuesto a llevarlos de paseo y dedicarles calidad y cantidad de tiempo. Puede que hayan tenido una madre en el hogar a tiempo completo, pero incluso aquellos que carecían  del apoyo afectivo que da una madre, no salían rebeldes, mal educados y agresivos, faltos de todo freno como tradicionalmente se encargaba poner el padre. De este modo se fué afianzando una cultura que, si bien tuvo de positivo el impedir salvajadas, como por ejemplo las que se cometían en el trato durante el servicio militar;  recurrió a la supresión del mismo en lugar de penar el trato que dejó a más de un conscripto al borde de la muerte y a otros directamente muertos. Para eliminar la rabia, no hay que matar a todos los perros. Sin embargo, esta fué la política que, para eliminar un extremo de la agresión caprichosa y en mano de quienes ejercían autoridad, eliminó todo aquello que podría haber sido, como en el caso mencionado, un rito de pasaje de adolescente a adulto. También se sancionó la ley del dos por uno, reduciendo penas a la mitad de su duración, dejando así que quien cometía un crimen, se viera en libertad en la mitad del tiempo al que había sido condenado.  
Sé que muchos criticarán alguna de estas posturas, pero en todas las épocas y en toda la historia han habido "ritos de pasaje" en los cuales  alguien deja un estado para pasar a otro. Los rituales marcan cambios en la vida de una persona, y sin ir más lejos, festejar un cumpleaños, es un rito por el cual una persona va dando vuelta las hojas de su vida y tomando consciencia de los cambios que va experimentando con el transcurso del tiempo; ya sean físicos, psíquicos, sociales, etc. Nadie podría llegar a determinada etapa de su vida, despertando una mañana con el papel de la jubilación en la mano sin saber por qué, ese día, lo están declarando "de vacaciones" por el resto de sus días, ¿no es cierto?
Quien no tuviere consciencia de sus cambios y del paso del tiempo, haría un revuelo gigante para averiguar por qué lo quitan de la vida laboral. Sería algo realmente traumático. Entonces, allí está el ritual al que sólo valoramos como una fiesta, y no por su verdadera función. Los ritos sirven para ir tomando consciencia, y si los eliminamos, lo que queda libre es la parte sin consciencia, oscura e instintiva del hombre, arremetiendo contra todo y sin ningún otro objetivo que aniqulilarlo todo motivada por la sin razón. Alimentar la sin razón, como por ej. dejar libre a alguien en la mitad de su tiempo porque no hay cárceles, es tan peligroso como eliminar el servicio militar por no sancionar a quien corresponda.
Como todo, el irse a los extremos genera una reacción opuesta. El ejemplo sería un tubo inflable. Si sostengo la presión sobre un extremo, el aire irá tratando de salir hacia el extremo contrario. Pero al no haber salida no le queda otra que reventar o romperse el lado por el cual se está presionando. Es así como funciona la auto asertividad, en el caso de ser sojuzgada. Si no dedicamos tiempo para incursionar acerca de nuestras motivaciones verdaderas, y nos empeñamos en seguir negando y sojuzgando nuestro natural institno agresivo, observaremos que tarde o temprano, como la vida se comporta tal como el tubo inflable: lo que intentamos suprimir apretando un extremo, lo veremos reventando en el lado contrario, en la vereda de enfrente, fuera de nosotros, en nuestra pareja, en los otros.
Para no llevarnos tantas sorpresas, sería bueno anotar una serie de actividades en donde ir registrando qué es lo que nos lleva a realizarlas. Quizá encontremos que muchas de nuestras acciones se encuentran motivadas por deberes y no por el auténtico deseo de conseguir lo que realmente anhelamos. La lanza debe ser orientada con la certeza de alcanzar algo que realmente nos hace falta para vivir una vida significativa. Tengamos cuidado entonces, de no haber suprimido de nuestra naturaleza, algún motivo que por diferentes cuestiones, (morales, religosas, educativas, etc.), hayan entrado en conflicto con el entorno.
Ya sabemos que suprimir no es la mejor manera de quedarnos cómodamente sentados, juntando bronca, en la supuesta tranquilidad de nuestras cuatro paredes; pues algún día saldremos de allí, no por la puerta, sino derrumbando alguno de sus muros.
 
-Lic. Gabriela Borraccetti-

DONDE ESTÁ ANDRESITO





















Escribe: Juan Carlos Serqueiros

Andrés Guacurarí  y Artigas, conocido popularmente en nuestro país y el Uruguay como Andresito y como Artiguinhas o Andrés Tacuarí en el Brasil, nació en San Borja, uno de los treinta pueblos de la Gran Provincia de las Misiones, que por entonces pertenecía al Virreinato del Río de la Plata y que hoy día corresponde al estado de Río Grande do Sul de la República Federativa del Brasil, el 30 de noviembre de 1778 (fecha y año comúnmente aceptados; a pesar de la falta de documentación respaldatoria que los certifique indubitablemente ).
El apellido es así: Guacurarí, tal como él mismo lo escribía; y no “Guazurary” o “Guaçurary”, como se empeñan en llamarlo con engreída y grandilocuente sapiencia quienes se arrogan como desde un pedestal la condición de “expertos” en el idioma guaraní bajo el argumento de que la grafía correcta es esa y que la “máxima concesión” que puede hacerse es la del empleo de la cedilla en lugar de la “z” castellana. Parafraseando a Julio Verne en su genial Veinte mil leguas de viaje submarino, aclaro que siento un profundo respeto hacia los sabios que de verdad saben, pero a la vez; me inspiran un soberano desprecio los “sabios” que en realidad no saben nada; porque uno podría contestarles que, aún considerando lo de la “grafía correcta” y el resto del bla bla bla; así como Juan Manuel Ortiz de Rozas eligió llamarse Rosas y Manuel Do Rego eligió llamarse Dorrego; con idéntico derecho, Andrés Guazurary eligió llamarse Guacurarí, ergo, así debe escribírselo).
Su filiación es incierta, pero hay aquiescencia generalizada en convenir en que era hijo de padre desconocido, europeo o criollo; y de la india guaraní Taboirá, hija de Antonio Lazo (el famosísimo Pay Miní Antoñito); quien era a su vez, hijo de Lucas Marton (el muy mentado Pay Guazú o Pay Tayú, un irlandés ex jesuita, historiador, maestro, lingüista y botánico que fundara en plena selva el mítico pueblo de Nazareno), habido de sus relaciones con la guaraní Maymboré (la llamada Guazú Virá). No puede afirmarse con absoluta certeza que ése sea el linaje de Andresito, pero por el momento, y a falta de pruebas concluyentes en contrario; aceptémoslo.
Ante un ataque de los bandeirantes (delincuentes lusitanos que armaban bandeiras, es decir, gavillas que tenían por objeto saquear los pueblos misioneros y apresar guaraníes para venderlos como esclavos en el Brasil), él, en compañía de su madre y del resto de los pobladores de San Borja que escaparon a la matanza, se vio obligado a cruzar el río Uruguay para refugiarse en Santo Tomé, del lado occidental de las Misiones, donde sería educado por el cura del lugar, el padre Céspedes.
A partir de allí, esa cerrazón densa y pertinaz que frecuentemente cubre a la historia con un velo en la forma de ausencia de documentación y de referencias; nos impide saber qué fue de Andresito hasta 1811, ya producida en Buenos Aires la Revolución de Mayo el año anterior. Tiene cierta lógica, dadas sus propias y abundantes citas respecto a “mi padre” y al “responsable de mi educación” (como Andresito llamaba a Artigas); el inferir que ya sea en su adolescencia o en su juventud  haya conocido a don José Gervasio. El escritor Jorge Luis Lavalle sitúa el encuentro entre Andresito y Artigas cuando el primero contaba –según dicho autor- 14 años, en un escenario constituido por la enorme extensión geográfica abarcada por la zona ubicada al norte del río Negro en la Banda Oriental, las Misiones Orientales, y Santa Catarina; y en el cual Artigas y los suyos actuaban como arreadores de ganado cimarrón o reyuno, para contrabandear sus cueros en el Brasil. En ese marco, Lavalle nos describe la llegada al sitio de la noticia del “indulto”, es decir, una suerte de amnistía dictada desde Montevideo para quienes “no tuviesen delitos de sangre”, a fin de invitarlos a enrolarse en el cuerpo de Blandengues que se creaba con el objetivo de “proteger las fronteras” (la frase era un eufemismo utilizado por el Cabildo para no decir directamente que los que se buscaban eran hombres rudos, habituados a la vida en la campaña oriental, conocedores profundos de la misma, a fin de luchar contra los intentos expansionistas y esclavistas de los portugueses y el contrabando). Pero hay un problema: según nos relata Lavalle, Andresito tendría en ese momento 14 años; mientras que el “indulto” y la creación del cuerpo de Blandengues está probado y documentado que se produjeron a principios de 1797, más precisamente el 7 de enero, por disposición del virrey Pedro Melo de Portugal; y para esa fecha, ya tenía 18 años, no 14. Por supuesto que nada de esto que escribí debe tomarse como tendiente a invalidar o criticar el libro de Lavalle Andresito y la Melchora. La historia de un amor en guerra, obra a la que considero excelente, de gran mérito literario y que he leído y releído en reiteradas oportunidades, y en cada una de ellas con mayor placer aún que en la anterior; es sólo que el libro, al ser una especie de crónica novelada, no persigue obviamente como meta el rigor histórico (por otra parte; no tiene por qué hacerlo). Personalmente, me siento inclinado a inferir como probable que Andresito haya conocido a Artigas en 1797 o 1798, actuando a su lado en el cuerpo de Blandengues, y después se hayan reencontrado en 1811 o tal vez en 1812 en el campamento del Ayuí.
Sea como haya sido, la cuestión principal es que el afecto que mutuamente se profesaban, llevó a que Artigas adopte a Andresito como su hijo y en consecuencia éste usara en adelante el apellido del Jefe de los Orientales. De ahí en más, pasaría a firmar simplemente como Andrés Artigas.
El contexto general era el siguiente: el gobierno de Buenos Aires había concertado un armisticio con el virrey de Montevideo,  Javier de Elío. Disgustado por tal medida, tomada a contramano del proceso revolucionario independentista, de los intereses y de la voluntad del pueblo oriental; Artigas, por entonces teniente gobernador de Yapeyú, produjo la epopeya conocida como Éxodo Oriental (que la gente llamaba la redota, corrupción oral cometida al querer pronunciar la palabra “derrota”). Andresito, que a esa altura ya era una figura destacada entre el pueblo guaraní, se sumó a Artigas. Ya tenemos allí indisolublemente unidos los destinos de ambos y prefigurados los bandos en pugna: por un lado, la revolución popular, independentista y federalista encarnada en Artigas y los suyos; y por el otro, el realismo español, representado por Javier de Elío, aliado circunstancialmente al expansionismo imperial luso - brasilero, ambos alentados y apoyados más o menos desembozadamente por la oligarquía porteña que fluctuaba en permanente contradicción entre el independentismo y la sujeción a los dictados de las potencias extranjeras (entre otros, aquellos a quienes San Martín llamara acertadamente “Rivadavia y sus satélites”).
En 1813 las Misiones (las occidentales, porque las orientales, debido a la desidia, el desinterés y aún la complicidad del centralismo porteño,  estaban en poder de los portugueses) eran gobernadas por un personaje que actuaba como delegado del poder de Buenos Aires: Bernardo Pérez Planes. Las milicias de Yapeyú, apoyadas desde Mandisoví por el artiguista guaraní Domingo Manduré, y por la entusiasta adhesión popular de La Cruz; se rebelaron contra Pérez Planes, que se ganaría la repulsa y el odio generalizados por la acción represiva que intentó. Terminaría derrotado en La Cruz por las fuerzas artiguistas el 19 de marzo de 1814 y fusilado en Belén el 30. Los pueblos de las Misiones se pronunciaron en masa por el artiguismo, y lo mismo ocurriría con Entre Ríos, Santa Fe y también con Corrientes, donde un levantamiento de las milicias iniciado por Juan Bautista Méndez concluiría en su proclamación como gobernador y en la declaración de la autonomía provincial. En apretadísima síntesis, así se constituyó la llamada Liga de los Pueblos Libres, que tendría a Artigas como Protector. La cabal comprensión de ese statu quo es fundamental para distinguir lo que representó Andresito. No puede interpretarse su figura histórica si no se entiende clara e inequívocamente el cuadro de situación en que se desenvolvió su accionar.
En 1815 Artigas, como Protector de los Pueblos Libres, tenía la responsabilidad sobre una extensísima zona geográfica. Esta circunstancia le produjo la necesidad de contar en las Misiones con alguien de su entera confianza, dotado de las imprescindibles condiciones de liderazgo, valentía y conocimiento profundo de las particularidades locales y regionales de los hombres y de la tierra; todo lo cual lo movió a designar en el carácter de Comandante General de las Misiones a su hijo adoptivo Andrés. Si las responsabilidades de Artigas eran grandes y agobiadoras; no lo eran menos las de Andresito, que debía, además de recuperar para las Misiones el control sobre los pueblos al este del Paraná invadidos por el Paraguay aislacionista del doctor Francia (ver mi nota Luces y sombras de Francia); asegurar la región frente al expansionismo portugués, ya que de otro modo, si éstos conseguían militarmente traspasar el río Uruguay, ello posibilitaría seguramente su avance hasta el Paraná, con el consiguiente peligro para los Pueblos Libres de caer bajo el dominio luso-brasilero.
Andresito demostraría largamente estar a la altura de las graves y críticas circunstancias en las que le tocaría desenvolverse. Acompañado por su amigo y consejero espiritual fray José Leonardo Acevedo y llevando como todo tesoro el par de pistolas que le había enviado como obsequio su padre adoptivo José Artigas, iniciaría su campaña. En marzo de 1815, Andresito estaba en Santo Tomé y para abril ya había logrado recuperar los pueblos del departamento de Concepción. Siguiendo las instrucciones de Artigas, llamó a asamblea general para elegir, por medio del voto popular libre e irrestricto, a los diputados que habrían de enviarse al Congreso de Oriente o de Arroyo de la China (la actual Concepción del Uruguay) convocado por el Protector (nótese que había sufragio popular en los Pueblos Libres; cuando en Norteamérica sólo votaban unos pocos). El Congreso de Oriente declararía la independencia el 29 de junio de 1815, más de un año antes de que lo hiciera el Congreso de Tucumán.
Entiendo importante destacar la conducta prudente y el espíritu conciliador y americanista de Andresito, que antes de recurrir a las armas, intentó convencer al delegado del doctor Francia en Candelaria, comandante José Isasi, de que accediera a retirarse pacíficamente de los territorios ilegítimamente ocupados por el Paraguay; pero ante la actitud dilatoria y evasiva de Isasi, en una acción fulminante, Andresito conquistó Candelaria; y trascartón Loreto, Santa Ana, San Ignacio Miní y Corpus.
Durante los preliminares de la acción de recuperación de los pueblos misioneros invadidos por los paraguayos, Andresito contraería la viruela en San Carlos, pero su fortaleza física lograría prevalecer, restableciendo su salud sin más consecuencia que las cicatrices imborrables que dejaría en su rostro la terrible (y por entonces, en la mayoría de los casos de quienes no estaban vacunados, mortal) enfermedad.
También por esa época, conoció a la mujer que sería el amor de su vida: Melchora Caburú. La “china rubia” o la “querida del cacique”, como la llamaría despectivamente la oligarquía correntina; era paisana de Andresito,  nacida como él en San Borja, de padres europeos. Producido el ataque de los “mamelucos” a ese pueblo, sus padres perecerían en él, siendo salvada y adoptada a partir de su infortunio por el guaraní Felipe Caburú y su esposa, que se fueron con la niña a vivir a Santa Lucía. Para la época de la reconquista por parte de Andresito y sus tropas de los pueblos misioneros invadidos por el Paraguay; Melchora Caburú, ya una hermosa amazona rubia de azules ojos, acudió a sumarse a quienes consideraba sus hermanos: los indios del ejército guaraní. A partir de allí, compartiría la azarosa vida de Andresito.
Llegamos a 1816. En junio se produjo la invasión portuguesa a la Banda Oriental. ¿El objeto?: concluir con los Pueblos Libres, ya que el monarca del Reino Unido de Portugal, Brasil y Algarve, Juan VI, temía (y no le faltaban razones) que las ideas artiguistas prendieran en Río Grande, desbaratando el orden imperial esclavista. Artigas contestaría a los portugueses con la contraofensiva, y ordenó a Andresito entrar en las Misiones Orientales. Éste derrotó a los portugueses en La Cruz y emitió un manifiesto a los habitantes de los siete pueblos de las Misiones Orientales, que rezaba:

Siendo constante que por un favor del Cielo he sido llamado al mando de las Misiones, como para el efecto, he tenido la dicha de quitar los pueblos gobernados por Buenos Aires y rescatando los otros que se hallaban en el año anterior bajo el yugo del Paraguay, colmándome el Dios de los ejércitos de todos aquell0os beneficios que son necesarios para la empeñosa empresa de rebatir todo enemigo de la justa causa que defiendo, por tanto atendiendo, inteligenciado que las mismas, o aún mayores razones concurren en mi para libertar los siete pueblos de esta banda del tiránico dominio del portugués bajo el cual han estado quince años los infelices indios gimiendo la dura esclavitud. He puesto mi ejército delante del portugués sin recelo alguno, fundado en primer lugar que Dios favorecerá mis sanos pensamientos, y en las brillantes armas auxiliadoras y libertadoras, solo con el fin de dejar a los pueblos en el pleno goce de sus derechos, esto es para que cada pueblo se gobierne por si, sin que ningún otro español, portugués o cualquiera de otra provincia se atreva gobernar, pues habrán ya experimentado los pueblos los grandes atrasos, miserias y males en el gobierno del español y portugués: ahora pues, amados hermanos míos, abrid los ojos y ved que se os acerca y alumbra ya la hermosa luz de la libertad, sacudid ese yugo que oprimía nuestros pueblos, descansad en el seno de mis armas, seguros de mi protección, sin que ningún enemigo pueda entorpecer vuestra suspirada libertad, yo vengo a ampararos, vengo a buscaros, por que sois mis semejantes y hermanos, vengo a romper las cadenas de la tiranía portuguesa, vengo por fin a que logréis vuestros trabajos, y a dar lo que los portugueses os han quitado en el año 1801 por causa de las intrigas españolas, no tengáis recelo en cosa alguna, sí, temed las fatales resultas que pueden originarse de vuestra dureza y obstinación. Acordaos de aquel famoso pasaje de la Sagrada Escritura, en que se dice que Moisés y Aarón libertaron el pueblo de Israel de la tiranía del Faraón. Así yo siguiendo este apreciable ejemplo, he tomado mis medidas para el mismo fin, de las cuales una es la de dar comisión al Capitán ciudadano Miguel Antonio Curaeté, para que como representante mío corra los mencionados pueblos haciendo os entender mis ideas, y la sagrada causas que defendemos, y por la que estoy pronto con todas mis tropas a derramar las últimas gotas de sangre si se ofrece, como también de juntar todos los Naturales, para que los portugueses no los arreen para adentro, debiendo reunirse con él todos los que penetrados de la dulce voz de la libertad que os llama, quieran seguir el pabellón de la Patria: el se entenderá conmigo. Ea pues, Compaysanos míos, levantad el sagrado grito de la libertad, destruir la tiranía y gustad el deleitable néctar que os ofrezco con las venas del corazón que lo traigo deshecho por vuestro amor.

Acto seguido, el 3 de octubre de 1816 sitió San Borja; pero aparentemente movido por la compasión y por el dolor ante tanta sangre hermana derramada, incurrió en vacilaciones y demoras innecesarias; y los sitiados, que estaban al mando del brigadier Francisco das Chagas Santos, recibieron refuerzos comandados por Abreu, con los cuales pudieron repeler el ataque de Andresito y sus tropas. Esto motivaría que Artigas, muy dolido, lo reconviniera en paternales pero duros términos (de paso, en esta carta del Protector se estipula inequívocamente que Andresito era nacido en San Borja y no en Santo Tomé como afirman algunos):

Siendo usted alto objeto de mi estimación, con alto dolor mío dígole que usted no ha observado celosamente las repetidas y terminantes órdenes que le dirigí… Debió usted atacar y tomar San Borja sin lástima… la clemencia… debe empezar recién después del momento en que esas armas fueron rendidas y no antes… Confié a usted la recuperación de los siete pueblos misioneros para que así se allanasen mis pasos… Pero usted no lo hizo y me ha puesto con ello en grandes dificultades… No le será difícil calcular los sentimientos que arrancan de mi corazón estas expresiones y espero que en lo sucesivo sea usted más inexorable… No protesto de que usted sea particularmente el responsable de los irremediables contrastes sufridos… hago un llamado a su corazón y espero que sabrá recuperar con valentía la espada que perdió frente a su pueblo de San Borja, su amada cuna y la de sus padres.
José Artigas

Alentados por su triunfo en San Borja los portugueses atacaron los pueblos de Yapeyú, La Cruz, Santo Tomé, Mártires y Santa María, todos los cuales saquearon e incendiaron; además de Apóstoles, San José y San Carlos, a los cuales “solamente” saquearon. Luego reiterarían el ataque; pero Andresito conseguiría derrotarlos el 2 de julio de 1817 en Apóstoles  obligándolos a repasar el Uruguay. Con heroísmo ejemplar y conmovedor lucharon los misioneros y orientales; pero la magnitud de fuerzas en su contra (los lusitanos habían trasladado y concentrado en el Brasil  todas las tropas portuguesas veteranas de las batallas contra Napoleón, y las lanzaron contra la Banda Oriental y las Misiones), resultaría imposible de vencer. Andresito estableció su cuartel general en la Tranquera de Loreto (actual Ituzaingó), y desde allí mantendría a raya a portugueses y paraguayos.
Para 1818 el gobierno de Buenos Aires (Pueyrredón), instigó, por medio de Elías Galván, una sublevación en Corrientes, la cual encabezada por el capitán  José Francisco Vedoya, derrocó al gobernador Juan Bautista Méndez. Inmediatamente Artigas ordenó a Andresito que se dirigiera a Corrientes y la recuperase para los Pueblos Libres. Luego de una escaramuza en Caá Catí, Andresito derrotó a los rebeldes de Vedoya en Saladas y el 21 de agosto entró triunfalmente en Corrientes, cuya gobernación asumiría por un corto período con el objeto de reponer y afianzar la autoridad depuesta (Méndez). Lamentablemente, las limitaciones propias de un artículo me obligan a sintetizar, con la consiguiente necesidad de omitir detalles y de obviar la descripción de la importantísima participación de personajes históricos tales como (por citar sólo un par de ejemplos), Peter Campbell, un marino irlandés que había llegado al Río de la Plata con la Primera Invasión Inglesa, y que se afincaría en Corrientes desde la cual serviría fielmente a la causa de los Pueblos Libres; y la familia inglesa integrada por John Postlethwaite y sus hijas Jane y Anne. Entiendo importante destacar un detalle: en los dos siglos transcurridos desde la Revolución de Mayo hasta nuestros días, Andrés Guacurarí y Artigas sería el único hombre perteneciente a alguna de las etnias que se hallaban en América antes de la llegada de los españoles, que llegaría a gobernar no ya una, sino dos provincias: Misiones y Corrientes.
En la campaña emprendida en pos de la recuperación de Corrientes para los Pueblos Libres, Andresito, a su paso por Caá Catí, anduvo enredado en una relación amorosa con María Mercedes Esquivel (cuyos hermanos habían estado involucrados en la revolución que depuso a Méndez), fruto de la cual nacería un niño bautizado como José Mariano Esquivel, a través de cuya descendencia se prolonga hasta hoy día su estirpe.
Durante su período de gobierno en Corrientes, Andresito aplicaría a rajatabla los postulados igualitarios del artiguismo (sistema exagerado de libertad popular, lo llamaría Manuel José García, ministro destacado por las Provincias Unidas ante la corte portuguesa), liberando de la servidumbre y la esclavitud en que la clase alta correntina los había sumido, a los guaraníes y negros, repartiendo tierras entre ellos y favoreciendo a los humildes y desposeídos;  y rigoreando a los señorones y copetudas de la oligarquía correntina (a los primeros los haría –además de cobrarles compulsivamente los impuestos que debían- cortar los yuyos y barrer la plaza; y a las damas de la “alta sociedad” las obligaría a bailar con los soldados guaraníes, molesto por el desprecio que aquellas habían evidenciado al no concurrir a las representaciones teatrales en las que actuaban niños guaraníes, y a las celebraciones dispuestas por él).
Y voy a decirlo sin ambages y con todas las letras: sí, a Andresito le gustaba empinar el codo. ¿Y qué? ¿Tan terriblemente escandaloso puede considerarse eso de tomarse unos tragos de caña en quien estaba sometido a enormes tensiones, en constante peligro y en pelea continua con mortales enemigos externos e internos? Pavadas, voceo de otarios, como sin duda los calificaría Carlos de la Púa de haberse enterado de las durísimas descalificaciones y peores dicterios lanzados contra el “atroz cacique” por la oligarquía correntina de la historiografía sectaria.
La ciudad de Corrientes y la pesada carga del ejercicio diario del gobierno estaban asfixiando a Andresito,  habituado a la existencia al aire libre. El consumo de alcohol, que durante la dura y austera vida de las campañas militares mantenía controlado; se le había exacerbado hasta el punto de convertir en frecuentes las borracheras que se agarraba. Todo eso, más los chismes aldeanos, las intrigas, etc., le provocaron no pocos roces con Melchora Caburú (a quien María Mercedes Esquivel había visitado, siendo evidente su avanzada preñez, avisándola de que esperaba un hijo de Andresito), los cuales degenerarían en ruptura, ordenando Andresito que la Melchora fuese llevada a casa de sus padres en Santa Lucía.
Así las cosas, no es de extrañar la malquerencia de la élite correntina hacia Andresito, expresada profusamente por el historiador Manuel Florencio Mantilla a partir de las Memorias de su suegro, Fermín Félix Pampín; por Pedro Ferré y también por los británicos hermanos Robertson. Pero como para muestra basta un botón, veamos lo que decía Pampín en sus memorias, y a continuación, lo que opinaba su yerno Mantilla sobre el ejército guaraní:

 … se le harían familiares el asesinato, el robo con descaro, la tiranía y la despotiquez, la desdeñosa y soberbia altivez, la embriaguez consumada, la vida disoluta y escandalosa… Se puede decir sin exageración que sumisión más absoluta que la que se le tributó en Corrientes, jamás se dio a hombre alguno, ni jamás hombre alguno la mereció menos que el indecente indio Andresito Artigas.
 “Era un conjunto aterrador y repugnante, una indiada poco menos que desnuda, sucia, fea y de aspecto feroz; unos llevaban harapos, otros, raídos chiripaes tan sólo, y otros se cubrían con pedazos de cuero.”

Queda así ilustrado el parecer de la oligarquía correntina con respecto a Andresito.
En marzo de 1819, éste se despojó del gobierno de Corrientes, reponiendo en su anterior cargo a Juan Bautista Méndez y marchó a ocuparse nuevamente de la campaña contra los portugueses. En Santo Tomé  se le reunió Melchora Caburú, que le había perdonado los agravios que él le había inferido, su poco caballeresca conducta para con ella y hasta su “desliz” con María Mercedes Esquivel ¡Y qué no le perdonaría la rubia amazona guaranítica al hombre amado, a ese hombre extraordinario que guiaba a su pueblo hacia la redención y el desquite! Andresito dejó a Melchora en la relativa seguridad de Santo Tomé, y cruzó el Uruguay a enfrentar una vez más a los portugueses.
Pero su estrella declinaba, y sería derrotado en  Itacurubí el 6 de junio de 1819, y tomado prisionero el 24 del mismo mes. Atado en cuero fresco, que se iba endureciendo en el trayecto produciéndole indecibles tormentos, fue llevado hasta Porto Alegre, desde donde el 30 de setiembre sería conducido a Río de Janeiro y encarcelado en la lóbrega prisión de la Lage, frente a la bahía de Guanabara.


En tan terrible sitio, Andresito se encontraría con los jefes artiguistas Antonio Lavalleja, Fernando Otorgués, Bernabé Rivera, Leonardo Olivera, y hasta el mismísimo hermano del general José Artigas; Manuel Francisco, tan prisioneros como él, quienes le refirieron el triste final de los Pueblos Libres: nada de estos existía ya, la Banda Oriental estaba totalmente ocupada por los portugueses y bajo control absoluto de los mismos, la mayoría de los jefes artiguistas (Fructuoso Rivera, Estanislao López, Francisco Pancho Ramírez y hasta el guaraní Sití) había defeccionado, pasándose a los invasores lusitanos o transando con los directoriales de Buenos Aires, los demás jefes (ellos mismos) estaban presos de los portugueses y el Protector estaba asilado en el Paraguay del doctor Francia.
Y de allí en más, el misterio... ¿qué pasó con Andresito?
Dos autores franceses, naturalistas ambos: el reverendo padre Juan Pedro Gay, y Martín de Moussy, afirmarían a su tiempo que murió en prisión, ya sea a consecuencia de la abusiva ingesta de alcohol o por haberlo envenenado los portugueses. Promediando el siglo XIX, las hermanas Anne y Jane Postlethwaite, escribirían: “cayó prisionero y llevado a Río de Janeiro. No permaneció mucho tiempo en prisión, pero Andresito murió tiempo después".
En razón de todo esto, durante muchísimo tiempo se creyó que había sido un desaparecido político, tesis esta que se afirmó y perduró hasta nuestros días (y por extraño que parezca, todavía muchos creen eso); pese a que ya en 1936 el investigador oriental Enrique Patiño publicó que Andresito, junto con los demás jefes artiguistas, había sido liberado merced a las gestiones de Don Francisco de Borja y Magariños, un español-oriental radicado en Brasil, y del ministro español ante la corte portuguesa, el conde de Casa Flores, y devuelto a Montevideo en fecha 3 de julio de 1821; todo en función del hallazgo de la lista de pasajeros del barco Francis, en la cual estaba incluido su nombre. Asimismo, en 1955, otro historiador uruguayo, Flavio García, encontró una carta de dicho conde de Casa Flores al ministro de guerra portugués datada el 23 de junio de 1821, por medio de la cual requería la liberación de Andresito, involucrado en una trifulca con marineros ingleses. Así, pudo saberse entonces que Andresito, liberado conjuntamente con el resto de los jefes artiguistas, no había podido embarcarse en el Francis a raíz de una pelea callejera de resultas de la cual había sido encarcelado nuevamente. Posteriormente, la prolija investigación y recopilación efectuada por los historiadores misioneros Jorge Francisco Machón y Oscar Daniel Cantero, determinó que Andresito había caído prisionero en compañía de su consejero espiritual fray Acevedo, que había sido puesto en libertad, que había solicitado, con fecha 11 de mayo de 1821, su pasaporte en una nota en la cual consignaba que su destino sería el pueblo de Arroyo de la China,  y lo más importante: el hallazgo de un documento oficial de capital importancia, de fecha 6 de julio de 1821, en el cual se estipula claramente que al producirse la riña con los marineros ingleses, Andresito se hallaba en compañía de un paraguayo de nombre José Domingo Palacios, que los dos fueron recluidos nuevamente y que la investigación judicial demostró la inocencia de ambos; por lo cual se ordenaba su liberación. El documento dice en su conclusión:

O mesmo Augusto Señor ordena que sejão postos em plena libertade os Hespanhoes Artigas e Palaços mandados reter na Ilha das Cobras, por iso que pelo sumario de testemunhas a que procedeo o Auditor Geral das tropas se conhece não estarem criminosos.

Como se puede apreciar, se avanzó muchísimo en la tarea de esclarecer la suerte corrida por Andresito luego de su liberación; resta aún establecer las circunstancias de su fallecimiento, la fecha del mismo, y el sitio en que fueron inhumados sus restos; para así proceder a su repatriación. Hoy, más que nunca, la figura de Andresito emerge desde la noche de los tiempos, desde el fondo de la historia; gigantesca, heroica, libertaria, justiciera y reparadora.

-Juan Carlos Serqueiros-