sábado, 10 de diciembre de 2011

UN CUENTO CURSI





Escribe: Gabriela Borraccetti

Ella era una mujer muy terrenal. Sabía exactamente para qué servía cada uno de sus cinco sentidos y tenía la capacidad de venerarlos como madre natura manda, sin ningún otro dios. Llevaba en sus ojos el verde lluvioso de la selva, y en su piel el rocío de los pétalos cuando florecen; estiraba como un árbol sus brazos hacia el sol y cada día podía comprobar que el cielo de algún conocimiento se hacía acequible a sus pupilas.
Nunca pudo utilizar como arma el perfume de sus flores, porque jamás reconocióo como algo milagroso y supremo lo que la naturaleza le había brindado, según pensaba, tan sólo como vehículo para poder apoyar sus pies sobre la tierra y tener acceso al frío, al calor y a las caricias.
Amaba jugar con el viento furioso, y en señal de desafío, soltaba sus cabellos para darle la cara, mientras; en contra de todo lo que fuese definición y opinión ajena, abrìa los ojos clavándolos de frente al sol, justo cuando èste llegaba al cenit. Quizá, tan solo quizá, por confundir el desparpajo terrenal con lo exótico, ninguno se atrevió a ganarla desde el llano, y fueron muchos los que creyeron que un buen mercader, un rey o un gobernante, eran adjetivos más valiosos que ser cabal e íntegramente hombre. Sin embargo, ella jamás se vendió, jamás fuè un adorno, una joya ni un símbolo de poder. Destestó con todas sus fuerzas los insultos de quienes pretendieron honrarla, y supo que había estado mirando la vida con ojos demasiado inocentes, creyendo que el valor de las personas era superior a cualquier otro atributo; y que su género, erróneamente llamado débil, era digno de ser considerado par.
Despiadado e inclemente, el tiempo fue pasando y su primavera se volvió verano, y el verano la llevó al otoño, llegando a la puerta del invierno infierno. Miró hacia atrás y vió una larga cadena de semillas perdidas, de pétalos desperdigados y de gestos rebeldes fuera del modelo estándar, tan dócil, tan ficticiamente independiente, tan disimuladamente ambicioso y tan desconectado de la fragilidad y la ternura que, como última oportunidad; decidiò emprender el camino con tan sólo una valija llena de dolor, de amor sin dar y con una sola muda de esperanza.
Llegó a una cueva, en la mitad de una montaña y allí volvió al viejo y abandonado hábito de escribir. Tomó su mejor poesía, la introdujo en una botella y la arrojò al mar, como quien apuesta la vuelta en un juego de azar.
Un dia, la vuelta tuvo lugar, y dentro de esa botella, se leía este mensaje: EXISTO.

Lic. Gabriela Borraccetti
Psicóloga Clínica
 


¿REHABILITACIÓN DE GALILEO Y ARREPENTIMIENTO DE LA IGLESIA? ¡LAS PELOTAS!





















Escribe: Juan Carlos Serqueiros

Como sabrán, el científico Galileo Galilei fué perseguido y castigado por la iglesia católica a través de la siniestra "santa" Inquisición.
Fue obligado así a retractarse de su teoría heliocéntrica, so pena de morir en la hoguera o pasar lo que le quedaba de vida en alguna tenebrosa mazmorra.
Galileo era un genio, ergo, no tenía nada de estúpido; así que antes de dejarse quemar vivo por una sarta de idiotas, retrógrados, imbéciles, mesiánicos y asesinos; prefirió retractarse públicamente. Sin embargo, en la intimidad, afirmó siempre que estaba en lo cierto y que la Tierra y los demás planetas giraban en torno al Sol; no como sostenía erróneamente la iglesia católica, la cual por decreto divino establecía que la Tierra era el centro del Universo y que todos los planetas giraban alrededor de ella.
No hace mucho, en 2010, pudimos ver en un programa televisivo propalado por el canal engañabobos The History Channel, la afirmación de que la iglesia católica había admitido su culpa en 1979 y que el papa Juan Pablo II había asumido el error en que se incurrió al perseguir a Galileo, y que en razón de ello; pedía públicamente perdón e instaba al arrepentimiento por las malas acciones cometidas por la iglesia a lo largo de siglos y siglos.
Dejando de lado el "pequeño lapso" de... ¡trescientos sesenta y tres años! que se tomó la autoridad máxima de la iglesia católica para reivindicar a Galileo; lo afirmado por The History Channel es sólo una verdad a medias. Si bien es cierto que Juan Pablo II hizo eso; lo que no se aclaró en el programa es que el "arrepentimiento" de la iglesia católica expresado a través del papa, se limitó en los hechos sólo a una acción individual de éste; ya que el resto de los santos varones que la componen... ¡minga arrepentimiento! 
No sólo se cagaron olímpicamente en las instrucciones del papa, sino que además; al requerimiento de efectuar, en el caso de Galileo, "una revisión honrada y sin prejuicios" (tal fue taxativamente el pedido de Juan Pablo II efectuado en 1981, para lo cual designó una comisión especial dedicada a ese tema específicamente); dicha comisión (cuánta verdad había en lo que sostenía Perón, aquello de que cuando se quiere evitar hacer algo, lo mejor es formar una comisión) resolvió... ¡en 1992! (bueno, tampoco protestemos tanto; al fin y al cabo se tomaron "solamente" once años) lo siguiente: "Repetir una vez más la tesis de que Galileo carecía de argumentos científicos para demostrar el heliocentrismo y sostener la inocencia de la Iglesia como institución y la obligación de Galileo de prestarle obediencia y reconocer su magisterio, justificando la condena y evitando una rehabilitación plena". 
¿Rehabilitación de Galileo y arrepentimiento de la iglesia? ¡Las pelotas!
Pero la película no termina ahí; falta la cereza del postre: el actual papa, el ex nazi Ratzinger, devenido ahora en "Su Santidad Benedicto XVI", afirmó en 1990, siendo cardenal: "En la época de Galileo la Iglesia fue mucho más fiel a la razón que el propio Galileo. El proceso contra él fue razonable y justo" (sic).
Después de esta perlita, aparece como muy aventurado (por lo menos) albergar alguna esperanza de que pueda producirse una actitud de cambio y arrepentimiento en una iglesia que arrastra siglos y siglos de oscurantismo, que procuró hacer desaparecer todos los evangelios que se dieran de patadas con los considerados canónicos de Marcos, Lucas, Mateo y Juan, y que en el devenir del tiempo se ha evidenciado como tenazmente conservadora.
Infiero que ya debe estar harto el consabido pobre olmo de que le pidan peras.

-Juan Carlos Serqueiros-

NUNCA HAY MÁS QUE UNA SOLA OPCIÓN


























Nunca hay más que una sola opción: la verdad. Es por las buenas o por las malas; sólo que por las malas, se da una vuelta más en el carrusel antes de llegar al auto descubrimiento.

Lic. Gabriela Borraccetti
Psicóloga Clínica