lunes, 16 de enero de 2012

MI PERRO DINAMITA





















Escribe: Juan Carlos Serqueiros

MI PERRO DINAMITA
(Beilinson - Solari - Bucciarelli)

¿Por qué, si es su rock'n roll?
Yo no sé si a tu perro le gusta ladrar a lo bobo
mi perro ¬No! no quiere ¬No!
con el hocico afiebrado ¬No!
recuperando palitos, corriendo a lo bobo
¿Por qué, si es su rock'n roll?
No más culo mojado
No! quizá algún fueguito...
aquí y allá algún fueguito ensaya mi perro
¬Porque este es su rock'n roll!
Mi perro dinamita está fiero como un tártaro
y gruñe ¬No! rechaza ¬No!
no mueve el rabo con docilidad
ni da la patita, ni hace el muertito
y aúlla este rock'n roll!
Y dice ¬No! y me desobedece
¬No! es lo mejor que hace
aqu¡ y allá el muy zorrito
la va de Rififí 
¬Porque este es su rock'n roll!

Creo que muchas veces se ha ninguneado a esta canción, minimizando su contenido lírico. No sé si se deberá a que desde lo musical es un roquito de los bien ortodoxos, a la espectacular difusión que se le dió en la tele poniéndola como cortina de los más variados géneros televisivos, propagandas, etc.; o a qué carajo se deberá. Para mí, en una letra a primera vista sencilla, se diría cuasi liviana (todo en apariencia, nomás), el Indio está haciendo una analogía entre algo que podría parecer trivial, como las explosivas (“dinamita”) corridas de un perro que se sale del esquema que se supone tradicional para una mascota canina; y los cánones a los que el orden sistémico pretende ajustar el rock. Y para colmo del desafío al sistema, el Indio los golea jugando "de visitante": se florea dentro de la “cuadratura esquemática” del más puro estilo rock´n roll: MI perro no se sujeta a la misma disciplina que el tuyo; MI rock lo entiendo diferente al tuyo; MIS reglas, MIS paradigmas, son distintos a los tuyos.
"¿Por qué, si es su rock'n roll? / Yo no sé si a tu perro le gusta ladrar a lo bobo / mi perro -No! no quiere -No!  / con el hocico afiebrado -No! / recuperando palitos, corriendo a lo bobo": Se está dirigiendo a un interlocutor imaginario, al cual le pregunta el por qué de su extrañeza frente a un fenómeno que no comprende: ¿por qué su rock es distinto? (Notar que el Indio lo escribe en inglés original "ROCK´N ROLL" y no en la manera usual nuestra, argenta: "ROCANROL". El motivo de ninguna manera es menor; al contrario, es expresivo de una intención concreta del Indio, de un mensaje subliminal: está marcando la diferencia entre género: "ROCK´N ROLL"; y cultura -asimilada a nuestro propio tiempo y lugar-: "ROCANROL"). Y bajo la metáfora de comparar a su propio perro -indisciplinado y que hace lo que el bicho quiere y no lo que el amo le manda-; y el de su imaginario interlocutor, que se ajusta a los "cánones establecidos"; plantea una dicotomía en la cual tanto él como su imaginario interlocutor presentan sus argumentos: el otro no entiende la manera de hacer rock de Patricio Rey, así como no entiende qué le puede encontrar de atractivo Patricio Rey a un perro desobediente; y Patricio Rey no entiende qué carajo le encuentra de atractivo el otro a un rock cuadrado, encasillado, mecanizado, que es "más de lo mismo", así como tampoco entiende qué puede tener de atrayente un perro que hace todo tal cual le mandan, ladra cuando tiene que ladrar, corre a buscar el palito que le tiran, y todas esas boludeces...
"¿Por qué, si es su rock'n roll? / No más culo mojado / No! quizá algún fueguito... / aquí y allá algún fueguito ensaya mi perro  / -Porque este es su rock'n roll!": Que deje tranquilo a su perro hacer lo que quiera, es decir, que deje a PR hacer el rock que quiera, que lo deje en libertad de crear anárquicamente (conceptos que el Indio torna más abarcativos y explícitos en el texto que acompaña al arte del disco "La mosca y la sopa" en el cual se inserta "Mi perro dinamita" -remember la frase "Ciertos FUEGOS no se encienden frotando dos PALITOS").
"Mi perro dinamita está fiero como un tártaro": Su perro (su rock) "está fiero", o sea, está osado, atrevido, es capaz de cruzar los límites "como un tártaro" (tártaro era un guerrero mongol de Gengis Khan, famoso por arrasar todo a su paso; pero también tártaro es una especie de infierno en la mitología griega -y de hecho, es una palabra griega-); puede desatar un infierno...
"y gruñe -No! rechaza -No!": Su perro (su rock) lanza gruñidos, rechazando del sistema, todo aquello que no le gusta.
"no mueve el rabo con docilidad / ni da la patita, ni hace el muertito / y aúlla este rock'n roll!": Su perro (su rock) no es obediente a los dictados del amo (el sistema), no hace lo que se espera de él; hace lo que quiere (su propio rock tal como lo entiende)
"Y dice -No! y me desobedece / -No! es lo mejor que hace": Su perro (su rock) es tan anárquico que no se sujeta ni siquiera a los propios designios de PR, su libertad creativa no tiene límites, ni siquiera los límites de PR.
"aquí¡ y allá el muy zorrito / la va de Rififí": Su perro (su rock) es astuto como un zorro, y el otro no debe confundirse: el hecho de que sea anárquico en cuanto a sus pretensiones de libertad para hacer lo que quiera, no debe entenderse como que no tiene un plan; al contrario, tiene un plan y sabe perfectamente lo que hace y hacia dónde va (Rififí es una palabra del argot francés para referirse a un bardero, a un camorrista; pero que dentro del lío, del bardo, sabe muy bien lo que quiere hacer, tiene un objetivo y  todo planeado para conseguirlo).
"-Porque este es su rock'n roll!": Final de la argumentación de PR para hacerle comprender a su imaginario interlocutor de lo que se trata: es su manera de entender el rock; y el otro debe captar su idea.

YA NADIE VA A ESCUCHAR TU REMERA





















Escribe: Juan Carlos Serqueiros

Ya nadie va a escuchar tu remera
(Beilinson-Solari)

Esto es efímero
Ahora efímero
Como corre el tiempo!
Tic... Tac efímero
Luces efímeras
(Pero te creo...)
Es casi hipnótico
(El tic no alcanza a tac)
Ni me moja el paladar
El ritmo efímero!
El grito efímero!
(Pero te creo...)
Un último secuestro no!
El de tu estado de ánimo, no!
Tu aliento vas a proteger
En este día y cada día.
Al reloj lo del reloj!
Y alrededor del reloj tu estado de ánimo!

Veamos: ¿quién puede "escuchar" una remera? Y... obviamente el público que asiste a recitales musicales, especialmente de rock (con "especialmente", me refiero a los 80, porque la canción es de "Oktubre", es decir, 1986; hoy en día es mucho más común usar remeras que identifiquen a un artista o grupo determinado, independientemente del género musical que cultive; pero en aquella época, el lucir una remera con el nombre o el logo de una banda, estaba casi exclusivamente limitado al ámbito del rock).
La letra (por favor, tomar en cuenta que a los efectos de la interpretación, escribo como si estuviese situado en un contexto en el cual Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota, aún existieran; pese al tiempo transcurrido desde la disolución de la banda) alude a esos “hits” musicales que sólo representan en definitiva “éxitos” de efímero suceso, que se agotan al escaso tiempo de producidos y que son reemplazados rápidamente por otro hit (que a su vez será también tan efímero y de tan corto plazo como el anterior).
En las dos primeras estrofas Solari comienza “confesando” su expectativa: él entiende que el éxito que Los Redondos habían alcanzado por ese entonces (1986), bien podría ser ser un éxito pasajero, uno en el cual el tic de un reloj no alcance a transformarse en tac; pero a la vez esboza una “protesta” de su honestidad artística, una reafirmación de la misma. Es esa autenticidad del Indio la que el público redondo premia asistiendo persistentemente a las misas. En resumen, los redondos de abajo sí creen en la banda a la cual siguen; lo cual se define simplemente en una frase: “pero te creo”. Y el "pero te creo", es en realidad un feed back, una especie de proceso de ósmosis; porque se da en ambos sentidos: público - banda - público - banda...; en un ciclo que se repite permanentemente.

Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota jamás fueron una banda “efímera”, de hits pasatistas y de "gritos" momentáneos que después, al pelechar un mango, se transformaron en tímidos susurros (pensemos: ¿a cuántos músicos y bandas pseudo combativos vimos pasar?... Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota nunca "secuestraron" a nadie ni se aprovecharon vilmente del suceso que provocaron en el público, explotando miserablemente el "estado de ánimo" -o sea, el impacto que su música provocó en la psique de cada uno de nosotros-; como sí lo hicieron otros...).
Al Indio nunca le ocurrió eso de “ya nadie va a escuchar tu remera”. Es una suerte de contrato no escrito: Los Redondos jamás traicionaron sus postulados, y a la vez; su público jamás abandonó al grupo (“tu aliento vas a proteger / en este día y cada día”).

ENLACE A LA CANCIÓN EN YOU TUBE: http://www.youtube.com/watch?v=cNyeTAVPliM

-Juan Carlos Serqueiros-

LA MARCHA SAN LORENZO Y SU AUTOR: UNA HISTORIA DE MISERIA Y OLVIDO







































Escribe: Juan Carlos Serqueiros

La marcha San Lorenzo (y no “de” San Lorenzo, como habitual e incorrectamente suele escribirse), fue compuesta en Venado Tuerto (provincia de Santa Fe) por Cayetano Alberto Silva el 8 de julio de 1901 y oficialmente estrenada el 28 de octubre de 1902 en un acto militar en cercanías del histórico convento de San Carlos (erróneamente llamado por muchos, “convento de San Lorenzo”), sitio en que tuvo lugar el combate. Ese mismo día, el por entonces ministro de Guerra Pablo Riccheri, dispuso que la obra de Cayetano Silva se adoptase como marcha oficial del Ejército Argentino. Dos días después, se inauguró en la ciudad de Santa Fe el monumento a San Martín, acto al cual asistieron el presidente Julio A. Roca y su ministro de guerra Pablo Riccheri, y también en esa ocasión, una banda militar dirigida por Silva, ejecutó la marcha.
Existen dos versiones acerca de su origen: una sostiene que se trató de un encargo de Riccheri a Silva, para presidir un homenaje al Libertador General San Martín; y la otra afirma que se produjo como consecuencia de un obsequio de Silva a Riccheri. Según esta segunda teoría (que sería a la postre la que prevaleciera generalmente por sobre la otra), Cayetano Silva envió la partitura a Riccheri, sin título y con una dedicatoria personal; y el ministro respondió que agradecía y aceptaba el homenaje, pero que solicitaba al autor le pusiese el nombre “San Lorenzo” (Riccheri era nacido en esa ciudad, 26 km al norte de Rosario).
La tradición dice que Cayetano Silva compuso la marcha en una sola tarde, sentado en un banco de la plaza San Martín, de Venado Tuerto, y que esa noche se la hizo escuchar a su esposa y a su hija, tocada por él mismo en violín. Particularmente, me inclino por la primera hipótesis; creo que debió de tratarse de un encargo oficial de Riccheri a Silva, y que éste en modo alguno debió de componerla en un banco de plaza; sino que lo más probable (y razonable) es suponer que lo hubiera hecho en su casa.
Su extraordinaria belleza musical hizo que fuera elegida como favorita por ejércitos de numerosas naciones de los cinco continentes, a tal punto, que es la música marcial más ejecutada. Así por ejemplo, el gobierno inglés solicitó autorización al gobierno argentino para que la marcha San Lorenzo sonara en la coronación del rey Jorge V el 22 de junio de 1911, lo cual se repetiría en la coronación de la reina Isabel. Asimismo, la marcha San Lorenzo es, aún hoy en día, ejecutada en los cambios de guardia del palacio de Buckingham. Cuando el ejército alemán, durante la segunda guerra mundial, entró en París, lo hizo a los compases de la marcha San Lorenzo, y cuando Eisenhower entró al frente de las tropas aliadas en esa ciudad, lo hizo también al son de la misma.
Cayetano Alberto Silva era oriental. Se sabe que nació el 8 de agosto de 1868 en San Carlos, departamento de Maldonado,  que fue bautizado el 17 del mismo mes y año (se conserva su fe de bautismo en los registros parroquiales de esa localidad), y que era hijo natural de una esclava negra, Natalia, que había tomado el apellido de la familia en cuya casa se había criado. Cayetano mostró desde pequeño inclinación por la música, y un prestigioso médico uruguayo, el doctor Francisco Vidal, lo apadrinó y facilitó sus estudios de teoría, solfeo, composición y ejecución de diversos instrumentos. Posteriormente, siempre con la profesión de músico, se trasladó al estado brasilero de Río Grande do Sul, para luego recalar en Buenos Aires, donde en 1889 completó y perfeccionó sus estudios musicales. Desde allí se dirigió luego a San Juan y Mendoza, donde se desempeñó como director de bandas militares, para arribar por fin a Rosario, provincia de Santa Fe, en 1896. En dicha ciudad, contrajo matrimonio con una inmigrante italiana, Filomena Santanelli, con la cual tendría ocho hijos.
En 1899 la Sociedad Italiana de Venado Tuerto contrató a Cayetano Silva como maestro de la Escuela de Música de dicha localidad, y él y su familia fueron a vivir en la casa situada en la calle Maipú 966, hoy convertida en Museo Casa Histórica Cayetano A. Silva. Fue allí, como cité precedentemente, que Cayetano creó su inmortal marcha San Lorenzo. También por esas épocas, compuso la música para dos obras teatrales de Florencio Sánchez, estrenadas con extraordinario suceso en Rosario: “Canillita” y “Cédulas de san Juan”. Pero… la familia seguía creciendo y a raíz de ello su situación económica, siempre precaria, tornó a convertirse en gravísima; por lo cual el maestro resolvió ingresar como empleado en la policía de Rosario. No obstante ello, no consiguió poner remedio a sus penurias monetarias, y acorralado por la miseria, vendió los derechos de la marcha San Lorenzo al representante de una casa musical de Buenos Aires en la exigua suma de 50 pesos. Aquejado de diversas enfermedades y sumido en la más absoluta pobreza, Cayetano Silva falleció en Rosario el 12 de enero de 1920 a la edad de 51 años.
Pero faltaba aún el colmo de la ingratitud: como era de raza negra, la policía de Rosario se negó de plano a que sea sepultado en el panteón policial, por lo cual sus restos fueron enterrados en una tumba sin nombre en el cementerio de la Piedad, donde permanecieron hasta 1997, en que merced a la gestión de la Asociación Civil Amigos de la Casa Histórica Museo Cayetano A. Silva, fueron exhumados y trasladados al cementerio Municipal de Venado Tuerto, donde hoy descansan.
En fin, otro de los tristes y deplorables episodios de ingratitud y olvido de los que tanto abundan, lamentablemente, en nuestra historia.

-Juan Carlos Serqueiros-