Es muy bueno habilitar los espacios para la ternura, los personales, los compartidos, los exclusivos y en general; todos los destinados a poder reconocer con mayor naturalidad los deberes y los derechos, los sí y los no, la obediencia y la transgresión, y todo lo que conforma un crecimiento pleno y saludable.
Cuando en psicología hablamos de límites y espacios, no estamos hablando de prohibiciones, retos o castigos; sino del modo más sano y natural de poder establecer diferencias que sirvan para no crear un ser lleno de caprichos, con dificultad para aceptar frustraciones y una gran labilidad que le impida saber dónde terminan sus derechos - espacio - cuerpo -sentimientos - privacidad, y dónde comienzan los de los demás.
El colecho llena agujeros en los padres o entre ellos; pero no ayuda al niño a crecer, dado que su llegada a la Tierra implica el comienzo del aprendizaje de un modo de vivir independiente del útero que lo contenía y lo alimentaba dentro de mamá. Una vez afuera de ese mundo acuático y nutritivo, mamá seguirá haciendo lo mismo pero sin "cordón". Ya no habrá una unión física sino una puramente cercana y afectiva que irá notando como una "separación". Separación muy necesaria para ir creando consciencia de ser un individuo aparte y no parte de otro cuerpo.
Gabriela Borraccetti
Psicóloga Clínica
M. N. 16814
