sábado, 26 de noviembre de 2011

LAS BANDERAS "DE MACHA"




















Escribe: Juan Carlos Serqueiros

Recientemente, la legislatura de Tucumán dispuso que se adopte como bandera de la provincia una de igual configuración a la llamada “bandera de Macha”. Pero veamos, ¿de qué se trata eso de “la bandera de Macha”? Sigue habiendo misterios respecto de este tema y se han tejido a su alrededor una serie de mitos.
En primer lugar, no es "la" bandera sino las banderas; porque las encontradas "en Macha" (Bolivia, ex Alto Perú) fueron dos; no una.
En segundo lugar, puse "en Macha" así, entrecomillado; porque no fueron encontradas en Macha sino en Titiri. Macha, que está en Potosí, es una especie de "cabecera departamental eclesiástica", es decir, un curato con una iglesia principal, del cual dependen varias capillas, en una de las cuales -la ubicada en Titiri, a 3 leguas del campo de batalla de Ayohuma por el camino trazado, y a 11 kilómetros en línea recta- fueron encontradas las banderas en 1883. El párroco de esa capilla emprendió la tarea de limpiar los cuadros ubicados en el altar, y al descolgarlos, aparecieron las dos banderas, clavadas a la pared y ocultas tras ellos. Ambas eran trifranjas, una de color azul celeste-blanco-azul celeste; y la otra, aparentemente rojo-azul celeste-rojo.
Dos años después, en 1885, otro párroco notificó a su arzobispo sobre el hallazgo, y éste dispuso que las banderas fueran enviadas a la ciudad de Sucre. En 1896, el gobierno boliviano, a petición del gobierno argentino, entregó a nuestro país una de las banderas: la azul celeste-blanco-azul celeste, que actualmente se conserva en el Museo Histórico Nacional y que fuera restaurada en 2008, quedando la otra en el Museo Casa de la Libertad de Sucre.
De esta última (que es la erróneamente llamada bandera "de Macha"), se comprobó luego que sus colores no eran rojo-azul celeste-rojo, sino blanco-azul celeste-blanco; ya que el rojo correspondía a un sobrepaño, forro o funda que se había colocado sobre la tela original, que era blanca, y que presentaba manchas de sangre.
Mucho se ha especulado acerca de estas banderas, y asimismo, muchos mitos fueron cayendo. El primero es ese por el cual se consideraba que alguna de las dos se trataba supuestamente de la bandera que Belgrano izó en Rosario el 27 de febrero de 1812, lo cual obviamente no podía ser cierto, ya que como nos consta, el Triunvirato, a través de Rivadavia, desaprobó la iniciativa de Belgrano. Y además, éste luego fue a hacerse cargo del mando del Ejército del Perú sin haber recibido todavía por esa fecha la negativa de Rivadavia. Y como sabemos, las banderas no son una propiedad de los comandantes de los ejércitos sino de las guarniciones o regimientos; así que obviamente, Belgrano no iba a llevarse consigo la bandera de Rosario, la cual debe de haber quedado allí.
Lo único que se sabe sobre la bandera de Rosario es que fue confeccionada por María Catalina Echevarría de Vidal, con cuyo hermano, Vicente Anastasio; Belgrano tenía una antigua amistad. El general se alojó en Rosario en la casa de Vicente Anastasio y encargó a su hermana que hiciera la bandera.
También consta la comunicación que Belgrano elevara al Triunvirato el mismo 27 de febrero, en la cual dice: "Siendo preciso enarbolar bandera, y no teniéndola, la mandé hacer blanca y celeste, conforme a los colores de la escarapela nacional; espero que sea de la aprobación de V.E.".


Asimismo, y por tradición oral (ya que en su nota al Triunvirato no aclara el formato de la bandera ni cómo estaban distribuidos los colores), se cree que la bandera de Rosario era de dos franjas verticales; blanca la del lado del asta (o sea, el color principal) y azul celeste la otra. Lo más probable es que la bandera de Rosario haya quedado allí y que luego, una vez recibida la desaprobación del Triunvirato, haya sido destruida.
Acerca de la disposición de los colores y su distribución tenemos otro indicio: el de la bandera de Los Andes que a pedido de San Martín confeccionarían su esposa Remedios y otras damas de Mendoza, para hacerla jurar el 5 de enero de 1817,  la cual tenía el mismo formato que la de Belgrano (con más el agregado del escudo bordado sobre ella), seguramente por indicación de éste a San Martín en el tiempo que pasaron juntos a partir de la transmisión de la jefatura del Ejército del Norte, en la Posta de Yatasto primero, y después en Tucumán.
Sabemos también que Belgrano mandó exhibir la bandera en el cabildo de Jujuy el 25 de mayo de 1812, oportunidad en que la hizo bendecir por  el canónigo Gorriti y jurar por sus tropas, a consecuencia de lo cual recibiría una nueva desaprobación de Rivadavia, esta vez, con reprimenda incluida; a la cual Belgrano, dolido, respondió: "... la desharé para que no haya ni memoria de ella... si acaso me preguntan responderé que se reserva para el día de una gran victoria... y como ésta está muy lejos, todos la habrán olvidado".


Por lo tanto, en la batalla de Tucumán no hubo en el bando patriota bandera; pero Belgrano exactamente un mes después, el 24 de octubre, ordenó la celebración religiosa por el Día de la Virgen de la Merced -que era el 24 de setiembre y no había podido festejarse a raíz de la batalla-, a la que había nombrado generala de su ejército, y sacó a relucir la bandera, que luego llevaría a Salta, batalla en la cual se daría el bautismo de fuego de la misma. 
Pero tampoco pudo ser la bandera de Salta ninguna de las dos halladas en Titiri, porque en el retrato que en 1815 Belgrano se hizo pintar en Londres por el artista francés François Casimir Carbonnier, puede apreciarse perfectamente que la bandera patriota de la batalla de Salta (particularmente, creo que la escena del cuadro corresponde a ese suceso bélico) es mitad blanca y mitad azul celeste, lo cual tiene que haber sido un detalle indicado personalmente por Belgrano a Carbonnier, o si no ¿de dónde iba a sacar éste la forma y los colores de la bandera? De manera que es altamente improbable que la utilizada en Salta tenga algo que ver con las de Titiri.
La creencia más difundida y aceptada (con la cual no concuerdo en todo; sólo en parte) es que esas banderas corresponden a las batallas de Vilcapugio y Ayohuma (1 de octubre de 1813 y 14 de noviembre de 1813 respectivamente) y que luego de esta última, Belgrano -o algún oficial-, en previsión de que pudieran tomarlas los realistas, las entregó al cura Juan de Dios Aranívar (sacerdote patriota) para que las ocultara en la capilla de Titiri. De los registros parroquiales se desprende que Aranívar inscribió los bautismos hasta los días de Ayohuma, después de lo cual pasó a hacerlo otro cura, signo inequívoco de que él se alejó de la región, presumiblemente siguiendo al ejército en su retirada. También el hecho de que una de las dos banderas (la que se conserva en Sucre) esté notoriamente manchada de sangre, pareciera indicar que quien la portaba participó de una lid en la cual resultó herido. 
Pero quedan cuestiones sin respuesta:
1) En una bandera bicolor de tres franjas, el color del medio es el considerado principal, entonces ¿por qué en una de ellas -la que está en el Museo Histórico Nacional- el blanco (color argentino, o sea el de la plata en heráldica) está en el medio; y en la otra (la que está en Sucre) es al revés? Chi lo sa...
2) El 26 de mayo de 1813 Belgrano informa desde Jujuy por nota al gobierno (Asamblea General Constituyente llamada del Año XIII), que "el día anterior (o sea el 25.05.1813) deseando este Cabildo (se refiere al de Jujuy) sacar una bandera, le franqueé una blanca en que mandé pintar las armas de la Soberana Asamblea General Constituyente que usa su sello". Esa a la que se refiere Belgrano en su carta, se conserva actualmente en el cabildo de Jujuy, de modo que por supuesto, no es ninguna de las dos halladas en Titiri. Queda en pie el interrogante de -suponiendo que las banderas de Titiri hayan estado efectivamente en Vilcapugio y Ayohuma o por lo menos en la última- en qué momento Belgrano, en plena campaña militar, decidió cambiar la bandera blanca con el escudo de la Asamblea; por otras azul celeste-blanco-azul celeste una y blanco-azul celeste-blanco la otra. La Asamblea del Año XIII no oficializó la bandera azul celeste y blanco (ni la utilizó en sus sesiones ni la izó en el Fuerte de Buenos Aires), pero sí consintió en que se usara. Por ejemplo, el fiscal Agrelo, en su Autobiografía dice: "El año XIII se mandó quitar de todas partes la bandera española y se sustituyó de hecho por el nuevo escudo y la bandera azul celeste y blanco" (lo cual no es del todo cierto, porque en el fuerte de Buenos Aires siguió flameando la bandera española hasta el 22 de enero de 1815 en que Alvear la hizo arriar, pero sin poner ninguna otra). Y Gaspar de Vigodet, al mando de los realistas en Montevideo, le informa el 14 de octubre de 1813 al ministro español en Río de Janeiro: "Los rebeldes de Buenos Aires han enarbolado un pabellón con dos listas azul celeste a las orillas y una blanca en el medio". De manera que es raro que siendo Belgrano tan cuidadoso de las formas, no haya cita alguna suya respecto de las banderas halladas en Titiri, si es que éstas realmente correspondían a su ejército en campaña al Alto Perú.

3) Belgrano, en una proclama a los pueblos altoperuanos, comunicó que la bandera del ejército la entregaría a San Martín. Y asimismo, en carta a éste, aludió a dicha circunstancia.
Hay un libro escrito por un historiador militar, el coronel Juan Beverina: La titulada bandera de Ayohuma, en el cual este autor expone su tesis de que las banderas de Titiri no corresponden a las utilizadas por el ejército de Belgrano en la campaña al Alto Perú. Lamentablemente, no me ha sido posible encontrarlo, como para saber en qué basaba su afirmación.
Mi interpretación particular es que las banderas halladas en la capilla de Titiri, podrían haber correspondido al Ejército Auxiliar del Perú, pero a algún regimiento en particular, es decir, sin que necesariamente hayan sido la enseña principal; la cual Belgrano entregó a San Martín luego de traspasarle el mando. 

El prócer deseaba fervientemente la independencia y tuvo que lidiar siempre con gobiernos que daban marchas y contramarchas, viéndose así obligado a esconder las banderas que iba ordenando confeccionar. Ni el Primer Triunvirato, ni el Segundo ni La Asamblea del Año XIII declararon la independencia, de modo tal que Belgrano tuvo necesariamente que ir adecuando sus impulsos patrióticos hasta el punto en que se lo toleraran los sucesivos gobiernos.
Pero, es nada más que mi opinión personal, por lo menos; hasta que aparezcan más datos y documentos, si ello alguna vez sucede. 
Ojalá así sea.

-Juan Carlos Serqueiros-

LA MADRE DE LA PATRIA



Escribe: Juan Carlos Serqueiros

Es muy poco lo que se sabe acerca de María Remedios del Valle o Remedios Rosas (nombre y apellido estos últimos que terminaría por usar, por propia determinación y a lo cual me referiré más adelante). No hay retrato alguno de ella y se ignoran tanto la fecha como el lugar de su nacimiento (muy posiblemente, éste haya sido en Buenos Aires; pero al no haberse –hasta ahora- hallado antecedentes al respecto, no hay tampoco certeza absoluta). Sí se sabe que era de raza negra, ya que ha sido descripta como "parda" en la documentación oficial existente y probablemente haya sido una esclava manumitida o hija de esclavos.
Si yo viviera en Buenos Aires o tuviera los medios necesarios para encarar una investigación histórica allí, rastrearía por el lado de la familia Del Valle, ya que era común por ese entonces que los esclavos –y por ende, los hijos de éstos- tomaran el apellido de las familias en cuyas casas servían. En función de esa circunstancia, tal vez María Remedios tuviera por apellido Del Valle debido al haberse criado en casa de dicha familia. Y de ser así, entonces también quizá sabiendo en qué parroquia se registraban los bautismos de los Del Valle; se lograse hallar su fe de bautismo (lógicamente, suponiendo que haya sido bautizada, lo cual infiero debe de haber ocurrido) y encontrarse los datos relativos a su nacimiento.
Se sabe también que su familia estaba integrada por su esposo y dos hijos, uno propio y otro adoptivo (o "entenado" como se les decía por entonces a los que se criaban en casas que no eran las de sus padres, y por personas que no eran los mismos).
María Remedios del Valle actuó durante las invasiones inglesas, o por lo menos; durante la segunda de ellas. Esto lo sabemos a través de una certificación emitida por el comandante del Tercio de Andaluces, José Merelo; en la cual consta que durante la campaña de Barracas, asistió y guardó las mochilas para aligerar su marcha a los Corrales de Miserere. Esta documentación se halla en el Archivo General de la Nación: “Acuerdo del Extinguido Cabildo de Buenos Aires”, serie IV, tomo II, libros LIX, LX, LXI y LXII, años 1805 a 1807. El Tercio de Andaluces integró, durante la Defensa, la División Centro, al mando de Javier de Elío y dotada con 9 piezas de artillería; conjuntamente con los tercios de Gallegos, de Castas (integrado por pardos, morenos e indios, en el cual seguramente estaría el esposo de María Remedios), y de Catalanes (dos compañías), más un escuadrón de caballería. La campaña de Barracas mencionada por Merelo, consistió, como lo detalla Carlos Roberts en su libro Las invasiones inglesas publicado en 1938, en la concentración ordenada por Liniers de las fuerzas precedentemente descriptas, con más el agregado de las Divisiones Derecha, Izquierda y Reserva, en un punto situado en Barracas, a eso de unas tres cuadras al sur del Riachuelo. En cuanto a la marcha a los Corrales de Miserere, consistía en dirigir ese ejército al matadero de hacienda de Miserere (situado en el actual barrio Once), vadeando el Riachuelo por el paso de Burgos (actual puente Alsina).
Nada más conoceremos de María Remedios del Valle ni de su esposo e hijos, durante los siguientes tres años, hasta la Revolución de Mayo.
El 6 de julio de 1810, se terminó de reunir en el Monte de Castro (actual barrio de Floresta) la tropa que integraría la Expedición Auxiliar al Alto Perú, que sería denominada luego Ejército del Perú. Tal hecho, se producía en el marco de la disposición de la Junta de fecha 29 de mayo de 1810 por medio de la cual se reorganizaba el ejército y fundamentalmente, de la del 14 de junio, a través de la cual se urgía la conclusión de los trabajos de formación de dicha fuerza militar (ya se tenían noticias de los preparativos contrarrevolucionarios de Liniers en Córdoba). Como consecuencia, la tropa, originalmente formada sobre la base de las milicias regladas, pagada por medio de suscripción pública (“contribuciones patrióticas”, para lo cual la Junta comisionó a Miguel de Azcuénaga a fin de que recibiese donativos, ya sea en metálico o en esclavos); se engrosaría por medio de una rigurosa leva de todos los vagos y hombres sin ocupación conocida desde la edad de 18 años a 40, y también apelando a la compra de esclavos a sus amos. Se formó así un ejército de 1.150 efectivos, que fueron puestos al mando del comandante de Arribeños, coronel Francisco Ortiz de Ocampo, con el teniente coronel Antonio González Balcarce como segundo jefe, y enviados a Córdoba a reprimir la contrarrevolución de Liniers, y luego a proseguir la campaña al Alto Perú.
A ese ejército, que iniciaría su marcha el 7 de julio de 1810, era al cual se incorporarían María Remedios del Valle, su esposo y sus dos hijos. Posteriormente, ya sofocado el intento de Liniers, el mismo ejército con Antonio González Balcarce al mando de su vanguardia, se dirigiría al Alto Perú con el nombre de Ejército del Perú, quedando Ortiz de Ocampo en Córdoba, Santiago del Estero y Tucumán, para ir reclutando los contingentes con que sucesivamente se aumentarían sus efectivos, y sería puesto luego al mando de Castelli por resolución de la Junta de fecha 6 de setiembre de 1810. Después del desastre de Huaqui, quedaría al mando Pueyrredón, quien posteriormente lo entregaría a Belgrano en Yatasto el 26 de marzo de 1812.
Consta la participación de María Remedios del Valle en las batallas de Huaqui (Bernardo Anzoátegui atestiguó que por orden de Viamonte, condujo a María Remedios del Valle hasta Potosí, haciéndole entrega de veinte pesos); de Tucumán (en la víspera de la cual María Remedios del Valle le solicitó al general Belgrano autorización para asistir a los heridos en las primeras filas, denegándole éste dicho permiso; no obstante lo cual ella conseguiría confundirse entre las tropas de reserva y luego acceder al campo de batalla, donde su comportamiento fue tan heroico y abnegado socorriendo a los heridos, que el general Belgrano la designó capitana y los soldados y oficiales comenzaron a llamarla “Madre de la Patria”); de Salta; de Vilcapugio y de Ayohuma.
Fue herida gravemente varias veces, recibiendo sablazos y balazos, estos últimos, en seis oportunidades. Estuvo en capilla a punto de ser ejecutada por el enemigo. En la derrota de Ayohuma, herida de bala, no pudo escapar y cayó nuevamente en poder de los realistas. María Remedios del Valle fue una más entre los quinientos prisioneros que el enemigo logró capturar, siendo condenada por el general español Joaquín de la Pezuela, a ser azotada en público durante nueve días consecutivos por conducir correspondencia e influir a tomar las armas. Pero María Remedios del Valle, pese a los atroces castigos que recibió; consiguió fugar.
A esas alturas su frenesí patriótico, su dedicación, su coraje y su abnegación eran ya legendarios. No había sacrificio o penuria pasados o por pasar, capaces de hacerla cejar en su lucha, curando heridos, remendando uniformes de soldados y oficiales y derramando amor a raudales en una tierra que pugnaba por su libertad. Era, para todos, la Madre de la Patria.
Pero ya estaba sola en el mundo: su esposo y sus dos hijos habían perecido en la Guerra de la Independencia, y María Remedios del Valle emprendió el regreso a Buenos Aires, a vivir pobre y olvidada en un mísero ranchito de los arrabales de la ciudad, tan humilde y relegada como el general que la había hecho capitana: Manuel Belgrano.
Así, transcurrieron siete largos años que pasó vendiendo pastelitos y tortas fritas en la Recova y pidiendo limosna en los atrios de las iglesias para subsistir. 
Hasta que un día, el general Juan José Viamonte, al salir de su casa, tropezó con una anciana negra, encorvada, desdentada y llena de horribles cicatrices, reconociéndola instantáneamente. “-¡Pero… si es la Madre de la Patria!”- exclamó. A partir de allí, el general Viamonte, tomó a María Remedios del Valle bajo su protección, e hizo que ésta reclamara al gobierno por el otorgamiento de la pensión a la que era más que justicieramente acreedora.
Luego de una primera presentación, que fue rechazada, subsiguió otra en la que, tras larguísimos debates, se resolvería favorablemente la pensión a Remedios del Valle y la erección de un monumento en su homenaje. En el Diario de Sesiones de la Honorable Junta de Representantes de la Provincia de Buenos Aires: tomo VI, sesión del 18 de julio de 1828, puede leerse la intervención de Tomás de Anchorena, que cerraría la discusión y tras la cual se votarían la pensión y monumento a la Madre de la Patria: “Yo me hallaba de secretario del general Belgrano cuando esta mujer estaba en el ejército y no había acción en que pudiera tomar parte, que no la tomase y en unos términos que podían ponerse en competencia con el soldado más valiente. El general Belgrano no permitía a las mujeres que siguieran al ejército en campaña. Al pasar el río Pasaje sólo admitió en sus filas a la Madre de la Patria. Una mujer tan singular como ésta debe ser el objeto de la admiración de cada ciudadano de todas estas provincias y adonde quiera que vaya de ellas, debía ser recibida en brazos y auxiliada con preferencia a un general”.
Pero todo quedaría en expresiones de buenos deseos e intenciones y nada más; porque María Remedios del Valle jamás llegaría a cobrar su pensión, postergada invariablemente por otras “urgencias” y sepultada en una laberíntica burocracia. 
En 1829 vino un criollo en esta tierra a mandar: don Juan Manuel de Rosas, quien reintegraría a María Remedios del Valle a la nómina del ejército con rango y sueldo de sargento mayor. Agradecida al general Rosas, María Remedios del Valle decidio llamarse Remedios Rosas.
Y sería gracias a la escrupulosa y férrea contabilidad de la administración rosista, que hoy podemos saber cuándo murió la Madre de la Patria, ya que de otro modo; seguramente ese dato permanecería tan ignorado como el de su nacimiento. En efecto, en la Lista del Ejército de Rosas, correspondiente al 8 de noviembre de 1847, se consigna la baja por fallecimiento del Mayor de caballería Dña. Remedios Rosas (sic).
Estimado lector, ya le conté quién era la Madre de la Patria, y ahora que lo sabe; espero que en cada 9 de Julio, la enorme dimensión de su figura histórica le despierte un emocionado recuerdo.
Particularmente, soy de la idea de que así como en muchas de nuestras ciudades se elevan monumentos en honor a la memoria de los Padres de la Patria, generales Manuel Belgrano y José de San Martín; debieran asimismo levantarse en homenaje a Remedios Rosas, la Madre de la Patria.

-Juan Carlos Serqueiros-

GUALICHO



Escribe: Juan Carlos Serqueiros

Gualicho
(Beilinson - Solari - Bucciarelli)

El "zumba" se colgó
del bondi a Finisterre
rajando del amor
detrás de un beso nuevo
Con lo que cuesta armar un full
armar algún puto full
y jugarlo en este paño, Dios!
Gualicho de olvidar
apretado en las manos
Las despedidas son
esos dolores dulces.
Con lo que cuesta armar un full
armar algún puto full
y jugarlo en este paño, Dios!
Caldos de Venus que
son como agua bendita
y un par de rounds de amor
con la tele encendida.
Gualicho de olvidar!

El título alude a un talismán o amuleto usado para conseguir algo que se anhela fervientemente. 
Gualicho es un vocablo indio -en realidad se escribe walichú, en lengua pampa- para designar al dios del mal; y después con el correr del tiempo, su acepción fue cambiando y se aplicó el término a cualquier hechizo, conjuro o talismán que podía servir tanto para cosas buenas como para cosas malas. Podía servir, por ejemplo, para evitar la muerte en un combate, para que una mujer "atrape" a un hombre ("la mina esa lo engualichó", se decía popularmente), etc. 
En este caso puntual, el Indio se refiere a un chabón que, engualichado por una fémina que se le cruzó en una relación extra matrimonial, extra pareja; necesita, anhela un gualicho que sirva para que consiga olvidar el amor por una mujer (su esposa, su pareja) y todo lo que ese amor significó para el tipo.
En las dos primeras frases, “el ‘zumba’ se colgó / del bondi a Finisterre” ,el tipo toma de apuro, de una, en un arranque súbito (se "colgó del bondi"); una decisión desesperada: la de mandarse mudar cuanto más lejos mejor; a un sitio remoto e ignoto que designa como Finisterre. Finisterre (finis terrae) era en la antigüedad, el confín de la Tierra, el Fin del Mundo conocido en ese entonces. Para los antiguos romanos, en el faro situado en el Cabo de Finisterre, en la costa de Galicia, terminaba la Tierra y más allá estaba lo desconocido, el Arcano.
El Indio al protagonista de la canción lo tilda de "zumba", que en lunfardo quiere decir testaferro, alguien que tiene a su nombre lo que en realidad es propiedad de otro (probablemente esté aludiendo a que el tipo tiene un papeo interesante, cierta posición económica ganada a través de su laburo, como si se tratara de algún gerente o director de una empresa importante digamos; o si queremos mirarlo por el lado de lo marginal, vendría a ser alguien que se encarga de una actividad delictiva, pero obedeciendo los planes y dictados de un tercero). Pero también en lunfardo se aplica lo de "zumba" a alguien que está con una gran paliza encima o muy drogado; así que el Indio le pone lo de "zumba" en el sentido de su profesión, de su medio de vida, y también de que el tipito viene muy golpeado por la vida en un sentido existencial: llegó a un punto en el que está harto y con unas tremendas ganas de mandar todo al carajo, pero a la vez; con muchísimo miedo de tomar una decisión incorrecta para el rumbo de su vida. Lo de “rajando del amor / detrás de un beso nuevo”, significa que "huye" de la mujer que ama en lo formal y en lo cotidiano, o sea, su pareja (“rajando del amor”); y se va detrás de una aventura, de un "beso nuevo"; y por supuesto, no sabe cómo le va a ir a partir de esa decisión que adopta...
“Con lo que cuesta armar un full / armar algún puto full / y jugarlo en este paño, Dios!”: Un full es una figura del juego de naipes de póker, que consiste en tener dos cartas iguales entre sí, y las tres restantes también iguales entre sí. No es la jugada más alta, pero sí una de las más altas (por encima del full están el póker, la escalera y la escalera real, que es lo máximo). Con esa metáfora se refiere a que el tipo tiene una pareja conformada -la jermu y él, o sea, dos "cartas iguales"- y tres hijos -las otras tres cartas iguales entre sí- ("con lo que cuesta armar un full"), y consiguió cierto nivel, cierto status. No está en la cúspide de todo; pero sí llegó bastante alto en la vida ("este paño"). Y con lo que le costó llegar a esa posición, tiene miedo de estar mandándose una terrible cagada, abandonando todo.
“Gualicho de olvidar / apretado en las manos”: Quiere vencer sus propias prevenciones, jugársela y rajarse "tras el beso nuevo", encomendándose, con la ayuda de su gualicho, a la posibilidad de olvidar todo lo que deja atrás.
“Las despedidas son / esos dolores dulces”: Si bien experimenta dolor por dejar todo, también tiene expectativas de que superada esa sensación de tristeza, de dolor; pueda esperarlo algo mejor. De esa manera, una despedida que en principio es un "dolor"; se convertirá en algo “dulce” después.
“Caldos de Venus que / son como agua bendita / y un par de rounds de amor / con la tele encendida": En la rutina tediosa en que se había convertido su vida matrimonial, “soportar” la relación sexual con su mujer sólo le era posible tomándose un “caldo de Venus” (en triple alusión: a la mitológica diosa del amor sensual, erótico; al "monte de Venus", o sea el pubis femenino; y al canal televisivo porno Venus). Y precisamente, las pelis del canal Venus son las que lo “motivan” a la hora de tener que echarse un par de polvos con su jermu (“un par de rounds de amor”).
“Puede ser chaparrón / pero también tormenta”: La mina con la cual se raja a “Finisterre”, el “beso nuevo” tras el cual se va, la aventura a la que se juega, puede ser algo pasajero (un "chaparrón"); pero también puede ser algo trascendente, que lo dé vuelta, que lo cambie, es decir, puede ser una "tormenta". Obviamente él espera que sea lo segundo. Y paralelamente, la pena y el resquemor que lo agobian por dejar todo atrás, puede ser un "chaparrón"; pero también una "tormenta" que lo afecte definitivamente, para siempre. Y por supuesto, él se juega a que se dé lo primero.
“No quiero verte más! / Será así mi ceguera?”: No quiere ver más a su pareja, a la mujer que va a abandonar; así como tampoco quiere seguir con la vida que llevó hasta ese momento. Pero se pregunta si no se estará mandando un terrible moco, si no estará ciego abandonando todo.
“Gualicho de olvidar!”: Y bueno, ya está: superó todas sus dudas y temores por lo que le espera en adelante y tomó una decisión: se va. Y se encomienda a la efectividad de su gualicho para lograr el olvido de todo lo que deja atrás.