sábado, 21 de noviembre de 2015

EL MEDIO PELO VERSIÓN 2015







































Escribe: Juan Carlos Serqueiros

Uno admira muchísimo a don Arturo Jauretche y lo relee constantemente. Pero por desgracia, se ve obligado, por fuerza de las circunstancias, a releerlo como fuente, a seguir abrevando en ese manantial inagotable de su infinita sabiduría; y no como debiera hacerlo: como un disfrute, como sucedería si -felizmente- sus perspicaces enunciados hubiesen perdido actualidad.
Reitero: lastimosamente no es así, y Jauretche está tan vigente como lo estaba... ¡hace más de medio siglo!
Tener que leer a Jauretche así, en este contexto oprobioso, es sufrirlo; porque aprendizaje y dolor son sinónimos. Y uno quisiera regalarse el goce de leer a ese maestro con el respeto profundo de los grandes cariños (Miguel Cané dixit) y con la paz anidada en el alma; no de tener que recurrir a él una y otra vez. Y otra, y otra, y otra... Que lo parió.
Es que el medio pelo sigue, deplorablemente, gozando de buena salud. Vastos sectores de las clases medias, que siempre fueron la víctima propiciatoria, el "cliente" predilecto, de la colonización cultural de la que somos objeto, lo son hoy más que nunca antes. Infección esta que ahora parece haberse extendido, por desgracia, a algunos segmentos más bajos de la sociedad argentina, que otrora eran inmunes a esa peste y que constituyeron el subsuelo de la patria sublevado (Scalabrini Ortiz dixit) y el basamento y razón de ser del movimiento que fue a la vez su redención: el peronismo.
Que la oprobiosa tilinguería vernácula no sólo tolere, sino que además; aplauda y celebre a una despatriada en tanto renegada de su país, inmunda y desfachatada, a una escoria bancada por el sionismo, empleaducha a su servicio y obediente a sus negros designios, a una mentirosa, cínica e hipócrita como esa laucha repugnante que lleva por iniciales Pilar Rahola; es el indicativo certero e inconfundible de que el medio pelo argentino se ha expandido hasta niveles inéditos.
Que semejante bazofia ose venir, con el beneplácito de la genuflexa intelligentzia, a este nuestro país -por supuesto, contratada y pagada por el establishment que en mala hora ha conseguido encaramar como candidato presidencial al hijo de Griesa, el cipayo Mauricio Macri- a darnos lecciones tratando de convertir en héroe a un traidor y corrupto como Nisman que estaba al servicio de la CIA y el Mossad, y se atreva a hacer juicios de valor sobre nuestra política interna, es una afrenta que el medio pelo, complacido... ¡festeja alborozado!
Mire usted en este ENLACE, si no.
Don Arturo Jauretche descansaría por fin en paz, si el medio pelo fuera nada más que un vergonzante recuerdo, pero así las cosas; el pobre se debe estar revolviendo en su tumba.

-Juan Carlos Serqueiros-

sábado, 14 de noviembre de 2015

JORGE NEWBERY A BORDO DE SU ANASAGASTI CON SU PERRO KING, c.1911



















Escribe: Juan Carlos Serqueiros

La foto -que según cuenta la tradición familiar de los Newbery, estaría tomada desde la casa de Carlos Delcasse en Belgrano- es probablemente, de 1911, a lo sumo 1912. En ella aparecen Jorge Newbery sentado en su automóvil Anasagasti, y a su lado, su perro King, un bull dog inglés al que adoraba.
El ingeniero Jorge Alejandro Newbery fue un argentino que prestigió a nuestro país en el mundo entero. Patriota y emprendedor incansable, funcionario público eficiente y ejemplar, deportista cabal y destacado en múltiples disciplinas, mecenas y presidente honorario del club Huracán, personalidad principalísima de su época, y hombre de mundo, de ciencia y de progreso. Valiente y arrojado, podría decirse de él que se bebió la vida como suelen hacerlo los héroes que nos dejan temprano: apurándola a grandes tragos. Se lo llamaba "el poeta de la energía", por la voluntad que ponía en todo lo que acometía; para él, una vez adoptada una decisión, no había paz ni descanso hasta planear y ejecutar lo que se había propuesto. 
En 1908 concretó un matrimonio poco feliz con la bellísima Sarah Escalante (separándose los cónyuges en 1912), del cual nació, en 1909, un hijo: Jorge Wenceslao Newbery, que falleció antes de cumplir los diez años al caerse de un caballo. 
Decidido partidario de la gestión estatal para los servicios y de la propiedad estatal de los recursos naturales, escribió y publicó un libro relativo al petróleo de Comodoro Rivadavia, que fue para la época una obra de consulta y referencia. 
Jamás quiso saber nada con la politiquería partidista y electorera; sus desvelos eran para la patria que amaba y no para ninguna divisa. Su obsesión era que no nos ganaran de mano los chilenos en el cruce de los Andes en avión, y en ese cometido murió trágicamente, el 1 de marzo de 1914. Sus exequias fueron imponentes y todo el país lo lloró. 
¡Gloria a Jorge Newbery!

-Juan Carlos Serqueiros-

jueves, 12 de noviembre de 2015

EL LOBBY DE LA NECEDAD


















Escribe: Juan Carlos Serqueiros

El 3 de noviembre de 1902, Zenón Gonsales desde Santa Fe; les enviaba a Atanasio Rodríguez y Vicente Suárez que estaban en La Plata, acerca del objetivo de nacionalizar la Facultad de Derecho que perseguían, esta carta de su puño y letra:

Santa Fé, Noviembre 3 de 1902
Sres. Atanasio Rodriguez y Vicente A Suárez
La Plata

Estimados compañeros:
De acuerdo a lo indicado por Uds. en telegrama del 29 del mes pasado, fuimos en corporación a ver al General Roca con el objeto de pedirle incluyera entre los asuntos a tratarse en las sesiones de prórroga, el referente a la nacionalización de nuestras facultades. Desde el principio se mostró enemigo de la nacionalización, diciendo que él no creía que fuera una necesidad para nuestro país: que había un exceso enorme de abogados sobre las demás profesiones, y que él desearía que la juventud se dedicara a profesiones más prácticas, tales como el comercio, industria, etc.
Le manifestamos que si bien es cierto que existe un exceso de abogados sobre las demás profesiones, no lo era menos que esto constituyera un peligro, como él parecía dar a entender; que había que tener en cuenta que estos últimos tiempos las industrias y los progresos materiales habían recibido un impulso poderoso y que había que equilibrar dichos adelantos con los progresos morales e intelectuales, promoviendo la cultura superior y creando las clases dirigentes por medio de las universidades. Abundamos en otra serie de consideraciones para fundar nuestro pedido y demostrar la justicia del mismo pero fue inútil; insistió el Gral. Roca hasta el último que no era una necesidad la nacionalización de nuestras universidades.
Como se ve, hay que perder toda esperanza de parte del PE para que consigamos nuestros deseos, solo nos queda el recurso de acudir al Congreso; pero para ello sería bueno que Uds. desde esa y nosotros desde acá, veamos al mayor número de diputados y comprometamos su voto a favor de nuestro asunto.
Sin más y aprovechando la oportunidad de ponerme a sus órdenes, se despide su compañero.
Zenón Gonsales
Facultad de Derecho Sta. Fé.
P.D. Voy a permitirme solicitar de Ud un servicio, del que le estaré muy agradecido. Como esta facultad ha adoptado el programa de derecho civil de la facultad de Bs. Aires, le ruego tenga a bien enviarme el correspondiente al primer libro.




Uno no puede menos que asombrarse ante la imprevisión, la impertinencia, la necedad y la carencia de tacto, de sentido de la oportunidad y de sentido de las proporciones en las que incurrió Zenón Gonsales en ocasión de reunirse con Julio A. Roca. 
Mientras que el presidente de la Nación tuvo la deferencia de atenderlo personalmente - porque convengamos en que podría haber derivado la cuestión a un ministro, a un secretario o a un funcionario de segundo orden, y sin embargo; lo recibió en persona- (quizá haya sido un pedido del gobernador de Santa Fe, Rodolfo Freyre, porque desde los tiempos de Simón de Iriondo, esa provincia era un baluarte del autonomismo y lo seguía siendo: el antecesor de Freyre en el cargo, José Bernardo Iturraspe, había estado entre los primeros en adherir en 1898 a la candidatura presidencial del Zorro); él -Gonsales, quiero decir- ni siquiera tomó la más elemental precaución de interiorizarse, antes de la reunión, acerca de cuál era el pensamiento del presidente con respecto al asunto que iba a exponerle, y cuáles podrían ser los argumentos más efectivos a utilizar ante él, conducentes al objetivo que se proponía. Es decir, prepararse para la entrevista. Se nota que Gonsales no sabía ni siquiera servir a su propia conveniencia. 
Además; se mostró como un impertinente y un mal educado, porque nótese que ante la categórica afirmación de Roca en el sentido de que no consideraba el asunto como de interés nacional; Gonsales, en lugar de apelar al "sí, pero (y a continuación, la consideración sobre la que se quiera llamar la atención del interlocutor)", se puso a discutirle. 
Y como lo que empieza mal, termina mal, culminó la sucesión de barrabasadas evidenciando su soberbia, ya que escribía: “pero fue inútil; insistió el Gral. Roca hasta el último que no era una necesidad la nacionalización de nuestras universidades". O sea, quien fue a ver al presidente de la República, le planteó el asunto y se puso a discutirle, había sido él; y después resulta que para Gonsales... ¡el que “insistió hasta el último” fue Roca! En fin, el hombre aquel fue allí la vívida expresión de la fatuidad y el engreimiento
Y la cereza del postre la ponía cuando se manifestaba dispuesto a iniciar un lobby en el Congreso, para lo cual recababa el concurso de los otros, esos a quienes escribía la carta. Pensemos, Gonsales, intentando hacer un lobby contra el Zorro Roca, nada menos… ¿cómo cree usted que le podría haber ido? Si hasta provoca risa hoy, ciento trece años después, el sólo imaginarlo.
Hay que decir que era absolutamente coherente la postura asumida por el presidente Roca ante el despropósito del planteo y la forma de encararlo, y que era impolítico e inoportuno el pedido que se le hacía, sencillamente porque obviaba la consideración de tiempo y circunstancias y más aún; les importaba tres velines las necesidades de la nación en su conjunto. Veamos.
El año anterior, el Congreso (la oposición mitrista e incluso algunos roquistas) había impedido la concreción en ley de la iniciativa de 1899 del ministro de Justicia e Instrucción Pública, Osvaldo Magnasco, con su Proyecto de Ley de Enseñanza General y Universitaria, el cual combinaba elementos del positivismo en boga con otros del utilitarismo, con el objeto de "imprimir a la enseñanza las direcciones prácticas que el problema de la educación y la índole de nuestro país exigen", poniendo a los argentinos "en aptitud de enfrentar la realidad con sentido práctico" y estipulando "desechar del plan todo conocimiento abstracto cuyas virtudes de aplicación no sean una necesidad bien comprobada". El rechazo del proyecto, y un enfrentamiento personal entre el ministro y Bartolomé Mitre, desencadenaron la renuncia de Magnasco.
Por otra parte, el presidente Roca y su ministro Joaquín V. González (que era una especie de comodín dentro del gabinete), venían observando con preocupación el hecho incontrastable de que cada vez mayor cantidad de jóvenes abogados recién recibidos llegaba desde el interior a Buenos Aires para engrosar la creciente burocracia estatal medrando en empleos públicos, como antesala de los cargos a los que se creían de antemano con derecho a aspirar, convirtiéndose así en parásitos que mamaban de la teta del Estado; mientras que en las provincias faltaban ingenieros, técnicos y peritos formados con programas que se ajustaran a las características geoeconómicas de cada una de ellas.
Entonces, ir a pedirle la nacionalización de una facultad de derecho a Roca, que había visto frustrarse una iniciativa que consideraba de fundamental importancia y que además, eso le había costado nada menos que tener que prescindir de un ministro que reputaba como de lujo (y Magnasco lo era, sin dudas), encima esgrimiendo argumentos que desde el vamos debería haber sabido Gonsales como fuertemente objetados por el presidente; era no solamente impolítico e inoportuno, sino que además reflejaba una falta de comprensión de las problemáticas nacionales rayana en el desinterés y la imbecilidad.

-Juan Carlos Serqueiros-

domingo, 8 de noviembre de 2015

EL DELANTERO CENTRO FUE ASESINADO AL ATARDECER







































Escribe: Juan Carlos Serqueiros

Porque habéis usurpado la función de los dioses que en otro tiempo guiaron la conducta de los hombres, sin aportar consuelos sobrenaturales, sino simplemente la terapia del grito más irracional: el delantero centro será asesinado al atardecer. (Manuel Vázquez Montalbán, El delantero centro fue asesinado al atardecer)

El delantero centro fue asesinado al atardecer es la novela número 14 de la Serie Carvalho, y esa ubicación en la saga de ninguna manera es casual; el genial Manolo así lo determinó, y no es muy complicado deducir los porqués: catorce fueron los años que llevaba el Fútbol Club Barcelona sin salir campeón de la Liga Española, cuando en 1973 llegó al equipo Johan Cruyff (el ídolo futbolístico de Vázquez Montalbán, quien por supuesto, era hincha fanático del Barça) para sacarlo de esa prolongada sequía de títulos; 14 era el número que solía llevar el holandés en su camiseta, y catorce fueron los goles que anotó para el Barcelona en la temporada 1976-1977.
Escrita y editada en 1988, en la novela se narra, en el marco de esa época de la historia peninsular (la España de Felipe González y el PSOE), un nuevo caso de Pepe Carvalho, un detective privado nacido en Galicia que vive en Barcelona, en el coqueto y aristocrático barrio de Vallvidrera, en las faldas del Tibidabo. Ex comunista, ex agente de la CIA norteamericana, y gourmet exquisito que se regala manjares preparados cuidadosamente en selectos restaurantes o por él mismo en su casa, en tanto consumado chef, regados con los mejores vinos y licores; Carvalho es contratado en esta oportunidad por la directiva del "club más poderoso de la ciudad, de Cataluña, del universo" (sic), en alusión implícita (que no explícita; pues el autor no lo menciona específicamente en ninguna de las páginas) al Fútbol Club Barcelona. La institución ha fichado a la estrella del balompié europeo, al jugador más cotizado del mundo: el goleador inglés Jack Mortimer, y desde su llegada al club, se han recibido retóricos e inquietantes anónimos en los cuales se afirma que "el delantero centro será asesinado al atardecer"; por eso se le encomienda al detective investigar el asunto, para lo cual tendrá que asumir el rol de psicólogo deportivo, haciéndose pasar por tal.


Paralelamente a todo esto, otro club catalán, el Centellas, que si bien posee una antigua y valiosa cancha ubicada en un barrio de Barcelona que se ha tornado muy apetecible para los grandes consorcios (¿mafias?) dedicados a emprendimientos urbanísticos millonarios, y ostenta un pasado pleno de pretéritas (y cuasi olvidadas) glorias deportivas; está en franca decadencia, por lo cual, en un aparentemente denodado y supremo esfuerzo por evitar la venta de su estadio y sus consiguientes liquidación y desaparición, ha contratado a un centro delantero: Alberto Palacín, quien otrora fuera un renombrado futbolista español y que tras haber sufrido una grave fractura y haber pasado por el fútbol mexicano, se halla, a sus treinta y seis años, en el ocaso de su carrera deportiva.
Vázquez Montalbán ha plasmado una intrincada trama en la que, so pretexto de abordar y tratar -lo cual hace magistralmente, dicho sea de paso- la temática del fútbol, tanto el de élite como el de divisiones menos favorecidas e infinitamente más modestas; se mete en los entresijos mismos de la sociedad de aquella Barcelona preolímpica, para volcar en las páginas de esta novela (que muy apropiadamente abre con un párrafo de Carl Gustav Jung en El hombre y sus símbolos) su particular visión sobre ella. Los personajes, una joven puta y su chulo, Marta y Marçal, ambos drogadictos y delincuentes de poca monta; doña Concha, una ex trotacalles que tras haber sido la querida de unos cuantos, ha escalado, a expensas de los cuartos que les sacó a esos cuantos, hasta convertirse en una respetable matrona (a la que todavía de cuando en cuando le acomete la urgencia del deseo sexual), dueña de una pensión en la calle San Rafael a la cual va a dar con sus huesos Alberto Palacín, aquel crack que en sus tiempos supo hacer enronquecer las gargantas de los aficionados que festejaban sus goles; el aristocrático Basté de Linyola, mandamás del club poderoso, un empresario y ex político acerca del cual Vázquez Montalbán estampa que "había hecho de la presidencia del club una cuestión de penúltima significación social… le convertía en un poder fáctico y amaba el poder como único antídoto contra la autodestrucción"; y el presidente del club modesto y en riesgo de desaparición, Juan Sánchez Zapico, un comerciante en chatarra y pequeño fabricante de peladillas y garrapiñadas que bajo su apariencia de benefactor y mecenas del bastión deportivo de la barriada, está metido hasta el cuello en la mafia de los especuladores de tierras, son maravillosamente descritos, sueltan parrafadas imperdibles y podría merecer, cada uno de ellos, un sesudo tratado de psicología.
En cuanto al protagonista principal, José Pepe Carvalho Larios, el autor nos lo representa más viejo, hastiado, escéptico, egocéntrico y cínico que nunca, a punto tal que en todo el desarrollo de esta novela, sólo tiene sexo una vez con Charo, su ¿novia?, y no lo intenta con ninguna de las mujeres que aparecen en la trama, y más aún -¡inaudito!- ya ni siquiera se masturba en el baño como solía hacerlo antes; limitándose ahora a engullir cantidades industriales de exquisitos manjares y trasegar hectolitros de finísimos vinos. Su familia está compuesta por Rosario Charo Garcia López, una call-girl, una puta de citas por teléfono, que recibe a sus clientes en su pisito del barrio Chino de Barcelona, que ahora en El delantero centro fue asesinado al atardecer, tiene cada vez menos trabajo, las carnes más pesadas, las formas más macizas, el cuerpo más relleno, y que es la ¿novia? de Carvalho, quien la conoce desde 1971, la única mujer hacia la cual experimenta una especie de afecto mezclado con atracción, costumbre, paciencia y compasión, mélange esa que, dada su índole egoísta, es lo más aproximado al amor que él es capaz de sentir; José Biscuter Plegamans Betriu, "un feto rubio y nervioso condenado a la calvicie", con "facciones de hombre que no ha crecido demasiado" y con "cabeza de hijo de fórceps", en las poco amables palabras del propio Vázquez Montalbán (que ha volcado, inadvertidamente o adrede, vaya uno a saber, mucho de sí mismo en el personaje) a quien Carvalho conoció en los 60, en la cárcel a la cual habían ido a dar él por comunista y Biscuter por ratero, y a quien años después, en 1974 o 1975, reencuentra en Barcelona, saca de las calles para que no se convierta nuevamente en víctima propiciatoria para la prepotencia policial y en carne de prisión, y lo hace su devoto y fiel ayudante; Enric Fuster, persona cultísima, solitario empedernido y de profesión gestor, combinación de abogado y contador, que tiene su casa situada también en el exclusivo barrio de Vallvidrera, a pocos metros de la del detective, de quien es amigo, asesor legal y contable -el único contacto que mantiene Carvalho con el ámbito de las leyes comunes y los impuestos, esos de los que reniega y que invariablemente tarda hasta la morosidad en pagar), y compinche de juergas gastronómicas y etílicas que invariablemente culminan en memorables borracheras; y Francisco Bromuro Melgar, un personaje insólito, falangista y fascista enragé, xenófobo, ex soldado de Franco y ex legionario, devenido en lustrabotas y confidente de Carvalho, a quien le suministra preciosos datos referidos al submundo de la marginalidad y el hampa de Barcelona, que vive con la obsesión de que los poderes de turno le echan bromuro (de ahí su apodo) al agua como estupefaciente destinado a adormecer las entendederas y reprimir la sexualidad de la gente.
Precisamente, la muerte del pobre Bromuro, acaecida sobre el final de la compleja trama, es uno de los indicadores que nos ponen de manifiesto a las claras que El delantero centro fue asesinado al atardecer no es simplemente una novela más de entre las de la Serie Carvalho; sino que el autor la considera uno de los hitos fundamentales de la saga.
En resumen, una viñeta crudelísima (quizá demasiado), una novela extraordinaria que, pese a las casi tres décadas transcurridas desde su concepción y publicación; conserva una sorprendente actualidad, con un desenlace (no se preocupe, que no voy a contárselo) inesperado y... descorazonador, desesperanzador, dirán algunos, tal vez. El genio del bueno de Manolo Vázquez Montalbán (al que sólo puedo encontrarle un par de defectos: haber sido comunista y no haber nacido argentino -que largamente merecía serlo-), raya aquí a gran altura, palabra de honor.


Mire, no se lo pierda, es un buen libro, ¿sabe? Y por si usted -Dios no lo permita- pertenece al club de los miserables que se resisten a gastar unos pocos pesos en una de esas obras que hay que leer sí o sí; siempre le queda el recurso de delinquir en complicidad conmigo, pidiéndome que se lo mande por e-mail en formato electrónico.
Como sea, empéñese en ser bueno consigo mismo: regálese el placer de disfrutarla. Amén.

-Juan Carlos Serqueiros-

domingo, 1 de noviembre de 2015

MIS ÚNICOS HÉROES EN ESTE LÍO






















Escribe: Juan Carlos Serqueiros

Hay hermosas, loables y dignas de imitar actitudes individuales que no van a cambiar el mundo; pero que seguramente sí van a cambiar el mundo de aquellas personas que se beneficien con ser los destinatarios de ellas. 
El niño al que el centro de los All Blacks, Sonny Bill Williams, le regaló su medalla de oro; y el joven rugbier con síndrome de Down con quien el head coach de los Pumas, Daniel Hourcade, se sacó una foto, jamás en sus vidas olvidarán esas muestras de amor en forma de distinciones que recibieron de parte de quienes son sus héroes deportivos.




Mientras haya rugby, habrá esperanza. ¡Salud, Campeones de la Vida!

-Juan Carlos Serqueiros-