sábado, 30 de marzo de 2013

LA EFIGIE DERRETIDA


























Escribe: Juan Carlos Serqueiros
Antes de que continúen leyendo, me parece de estricta obligación de honestidad advertir: este no es un libro que puedan conseguir mediante el sencillo trámite de adquirirlo en una librería común y corriente; ya que -hasta donde sé- no se ha reeditado. Pero eso no significa que no sea de relativamente fácil consecución, al contrario; está abundantemente disponible y basta con buscarlo en cualquier librería de viejo de esas de las que (¡por suerte!) tantas hay en este nuestro amado país (que inclusive muchas de ellas o la mayoría, tienen catálogo y operatoria vía Internet), o a través de esas redes de compra-venta por la web (Mercado Libre y similares). Así que, si lo quieren; el que busca encuentra y no es excusa para no leerlo el que no se haya reeditado. Cumplido mi deber de conciencia con haber avisado a priori; entro en materia:
Este libro forma parte de la Colección El Séptimo Círculo (de hecho, es el Nº 272 de ella), aquella famosísima selección de novelas policiales que iniciaran Jorge Luis Borges y Adolfo Bioy Casares para Emecé, iconizada con el característico caballo de ajedrez y con título derivado de La Divina Comedia, del Dante (aquel Séptimo Círculo del Infierno en el que Alighieri ubicaba a los violentos bajo la estricta cancerbería del Minotauro, ¿se acuerdan?). ¿Por su autor, me preguntan?: El prolífico Victor Canning (Inglaterra, n. 1911-m. 1986), quien lo escribió en 1968 bajo el título original en inglés The Melting Man; editándose en nuestro país en 1975 por Emecé para, como cité antes, El Séptimo Círculo. Victor Canning es el creador de novelas tan notables como Peón dama (Queen's Pawn); La marca de los Kingsford (The Kingsford Mark); o La cara oculta (The Hidden Face), entre otras muchas; varias de las cuales han sido llevadas a la televisión y al cine, como por ejemplo El patrón Rainbird (The Rainbird Pattern), basado en la cual el genial Alfred Hichcock filmó en 1976 su última gran película: Family Plot (que en nuestro país se estrenó como La trama).
La efigie derretida es la cuarta (y última) de la saga de novelas de Canning protagonizadas por el personaje de su creación Rex Carver, un detective londinense que en esta oportunidad, es contratado por un millonario para recuperar un automóvil Mercedes Benz 250 SL rojo que su hijastra ha perdido conjuntamente con su memoria. ¿Qué hay oculto en ese coche, cuya pérdida desvela a su dueño, y que es tan importante como para atraer el interés de Interpol, de un gigoló y de una organización delictiva? Carver recién lo sabrá después de recorrer Europa en pos de develar el misterio y de arrostrar mil peligros.
Consíganlo y regálense el placer que les dará su lectura. Les garantizo que vale la pena.

-Juan Carlos Serqueiros-

viernes, 29 de marzo de 2013

ARBOLITO Y RAUCH: SUMANDO MENTIRA TRAS MENTIRA




















Escribe: Juan Carlos Serqueiros


En el contexto emergente del golpe que el 1 de diciembre de 1828 había dado Juan Lavalle al gobierno de Manuel Dorrego, fusilándolo poco después en Navarro, el 28 de marzo de 1829 a eso de las dos de la tarde se enfrentaron en la batalla de Vizcacheras las tropas unitarias destacadas por Lavalle al mando del coronel Friedrich Rauch; y las federales del Comandante General de Campaña de Buenos Aires, Juan Manuel de Rosas, al mando del por entonces teniente Prudencio Arnold (que después llegaría al grado de coronel). 
La victoria correspondió a los federales y en la acción cayeron, del bando unitario, tanto el coronel Rauch como el coronel Nicolás Medina -quien era hermano por parte de padre del famosísimo Anacleto Medina, aquel oficial de Pancho Ramírez que se hizo cargo de lo que quedaba de las tropas de éste después de su derrota y muerte en Río Seco y que habiéndolo autorizado caballerescamente Juan Felipe Ibarra a cruzar Santiago del Estero, había llegado, después de atravesar el Chaco y Corrientes, de vuelta a la villa del Arroyo de la China en Entre Ríos escoltando a La Delfina (ver en este ENLACE mi artículo al respecto)-. 
Después, la historiografia impuesta como oficial, erigió en héroe y víctima de la "barbarie federal" a Rauch, y por ello, un partido de la provincia de Buenos Aires y su localidad cabecera llevan su nombre. 
Y en la actualidad, el escritor Osvaldo Bayer ha pintado con ribetes romancescos la muerte de Rauch, la cual atribuye al "indio justiciero Arbolito" (?), quien supuestamente, habría emboscado y matado a Rauch en "justa represalia" por la matanza de indios que éste había perpetrado. En efecto, Rauch (un mercenario alsaciano que había traído al país Rivadavia, contratándolo para actuar en la represión a los indios que maloqueaban por la campaña bonaerense) había perpetrado en ese empeño espantosas atrocidades las cuales están descriptas por él mismo en las comunicaciones que dirigió al gobierno. Así que en función de esa "justicia vengadora" que -según él- habría aplicado Arbolito; Bayer está empeñado en una campaña tendiente a que se reemplace en el partido y el pueblo el nombre de Rauch por el del indio.
Pero veamos (hasta donde nos sea dable conocer a través de la documentación que hay al respecto) cómo fueron en realidad las cosas: 
El coronel Prudencio Arnold en sus memorias, las cuales narra en su libro Un soldado argentino, describe la acción de Vizcacheras y la muerte de Rauch, y dice que "el cabo de blandengues Manuel Andrada le boleó el caballo y el indio Nicasio lo ultimó". Y agrega que Rauch murió "víctima de su propia torpeza militar" y que "se le cortó la cabeza".
Hubo dos partes militares de la batalla de Vizcacheras: el de los vencedores federales que expidió Arnold y envió a Rosas; y el de los vencidos unitarios que escribió -o mejor dicho, hizo escribir, porque era analfabeto- el coronel (que después llegaría a general) Anacleto Medina, y dirigió a su superior jerárquico, el Inspector General coronel Blas Pico, en el cual al referirse a su hermano, dice que "el señor coronel D. Nicolás Medina se infiere que es muerto". Y con respecto a Rauch, dice: "ignorando el que firma cuál habrá seguido el comandante general", es decir, Medina desconocía, al momento de escribir su parte, la suerte corrida por Rauch y el rumbo que había tomado éste. 
El de Medina difiere del de Arnold en cuanto a la relación entre las tropas que se enfrentaron: según el de Arnold, eran similares en número, y según el de Medina, sus enemigos eran "el doble" (probablemente lo suyo fuese para disminuir el valor de la victoria federal y atenuar la derrota unitaria). El parte de Medina dice textualmente:

Chascomús, Marzo 29 de 1829.
El coronel que suscribe pone en conocimiento del Señor Inspector General, jefe del estado mayor, que habiéndose reunido en el punto de Siasgo al señor coronel Rauch, en virtud de órdenes que tenía, marchó toda la fuerza en persecución de los bandidos que habían invadido el pueblo de Monte, y ayer a las 2 de la tarde fueron alcanzados, como cuatro leguas de la estancia de los Cerrillos, del otro lado del Salado, en el lugar llamado de las Vizcachas. Una y otra división se encontraron, y, cargándose, resultó flanqueada la nuestra por los indios, que ocupaban los dos costados del enemigo. Después del choque, cedió nuestra tropa a la superioridad que, en doble número, tenía aquél, y se dispersó a distintos rumbos; ignorando el que firma cuál habrá seguido el comandante general del Norte. Se me ha incorporado parte del regimiento de húsares con todos sus jefes, hallándose heridos el comandante Melián, el ayudante Schefer y el teniente Castro del regimiento 4. El señor coronel D. Nicolás Medina se infiere que es muerto; y no será posible detallar la pérdida que habrá resultado, por no saber si se ha reunido por otro rumbo a otro jefe. La pérdida del enemigo debe ser bastante. Me he replegado a este punto con 72 húsares y 48 coraceros del 4. En él pienso permanecer, y defender esta población, que tengo probabilidad de que va a ser atacada, y se halla en gran compromiso el vecindario que se declaró por el orden.
El que suscribe saluda al Señor Inspector con su acostumbrada consideración.
Anacleto Medina
En realidad, se ignora quién fue Arbolito, ya que de ninguna manera está comprobado que haya sido Nicasio Maciel. Hay historiadores (José María Rosa entre ellos) que afirman que el tal Arbolito era un "capitanejo apellidado Basualdo". Y Prudencio Arnold no dice en su libro que Nicasio fuera Arbolito; dice solamente "el indio Nicasio", y agrega que "su apellido cristiano era Maciel", y que se trataba de "un valiente cacique que murió después de Caseros". 
Esa es la verdad. Y lo del "querido y apuesto cacique Arbolito, de grueso pelo largo", que habría "notado que siempre Rauch se adelantaba a sus tropas y por eso lo emboscó, le boleó el caballo y le cortó la cabeza", son invenciones novelescas de Bayer, vuelos de su imaginación calenturienta y sin ningún basamento documental. Ya vimos que no fue Arbolito -que no es mencionado por Arnold- el que "boleó el caballo de Rauch"; sino el cabo Manuel Andrada (quien de hecho, fue ascendido a alférez por esa acción, a instancias del propio Arnold, que fue quien lo recomendó en el parte de la batalla que envió a Rosas), y que no lo “emboscó Arbolito” como divaga Bayer; sino que por imprevisión militar y por haber arrollado el centro de las fuerzas federales, se creyó vencedor; sin percatarse de que ambas alas de sus tropas habían sido derrotadas. Así, se encontró de golpe con que lejos de ser triunfador; estaba rodeado. O sea que de “emboscada de Arbolito” como sostiene Bayer, no hay nada por aquí, nada por allá, nada de nada.
Como puede usted apreciar, estimado lector, este caso de "Arbolito vs. Rauch" tiene aristas que son, además de una invención; absolutamente ridículas.
Por otro lado, y si bien es -por decirlo amablemente- poco serio lo de Bayer; no por eso es menos grotesco lo de haber dado a un pueblo el nombre de Rauch, siendo que fue éste un mercenario extranjero y un personaje absolutamente menor, y encima; irremesiblemente manchada su memoria histórica por los hechos aberrantes que cometió y por haber sido conchabado para pelear contra los indios que maloqueaban, terminando por enredarse en nuestras guerras internas. ¿Cuáles fueron entonces los méritos de Rauch para que un pueblo lleve su nombre? La respuesta es: ninguno.
En suma, se trata de un dislate tras otro: ponerle a un pueblo el nombre de un mercenario extranjero, y después pretender cambiárselo por el de otro personaje, tan menor como el anterior y del que se desconoce todo. Ciertamente, es difícil en estos casos decidir cuál de ambos es menos delirio, cuando los dos lo son igualmente.
Por mi parte, creo que sí habría que cambiarle el nombre a la localidad y al partido de Rauch; no precisamente por el de Arbolito, que ni siquiera sabemos quién fue; pero sí habría que cambiárselo, toda vez que lo de que se llame Rauch es un completo disparate tan ideologizado e inmerecido como lo que propone Bayer a modo de "remedio".

-Juan Carlos Serqueiros-

TRISTEZA
































Para saber como es la soledad, / tendrás que ver que a tu lado no está...

jueves, 21 de marzo de 2013

LA PROYECCIÓN, LOS BUENOS Y LOS MALOS

 

 
Escribe: Gabriela Borraccetti
 
Solemos leer cada tanto, que lo que observamos en los demás como detestable, es algo que no toleramos ver en nuestro interior. Sin embargo, la pregunta que se sobrepone es: ¿entonces qué hacer? ¿Podremos criticar lo que vemos? ¿Está mal juzgar? ¿Debemos considerarnos ladrones cada vez que destilamos ira contra alguno que ha robado a un anciano? O, ¿sería acertado considerarnos violadores en potencia cada vez que deseamos castrar a alguno que ha arremetido contra la inocencia de un niño? 
Por supuesto, al reflexionar y equiparar situaciones, nos parece totalmente irracional vernos en el lugar del condenado, cometiendo alguna de esas aberraciones de las que nuestros educadores se han cuidado bien de no inculcar; y es por ello que muchas veces descartamos de plano un análisis un poco más exhaustivo, queriendo creer que esta aseveración es simplemente la exageración de un mecanismo psicológico llamado "proyección". No obstante, -y aunque nos encantaría que se tratara de una forma de defensa utilizada por "los demás"-, no solemos caer en la cuenta de que para desear cortar los genitales al violador, o arrancar a un ladrón su botín a pura trompada; necesitamos poseer el mismo tipo de energía de la que están hechas las acciones de quienes condenamos.
El bien y el mal se rozan en sus métodos; y el problema es que por lo general, el argumento que esgrimimos para salir en nuestra propia defensa, se supone basado en la bondad y el bien, en tanto que adjudicamos la valoración negativa al otro. En este caso, la castración de un violador o la trompada a un malhechor, son nuestros pensamientos automáticos e instintivos; y en lugar de preguntar si está bien o mal juzgarlos, deberíamos darnos cuenta de que ya lo hemos sentenciado desde el momento en que pensamos instantáneamente: "a este habría que matarlo o colgarlo de los genitales en un árbol".
Somos casi incapaces de darnos cuenta de que somos capaces de actuar y sentir con la misma furia de un matón; con la diferencia de no anirmarnos a actuar. Pasar al acto, llevar una acción a término; implica que se han caído los "diques de contención" de las defensas, y que la consciencia de culpa, la responsabilidad y el miedo, -sobre todo el miedo a la autoridad-, han quedado desbordados por la furia. Si hay algo que diferencia entonces al bueno del malo, no es ninguna escencia, sino la calidad de sus mecanismos de defensa que por supuesto, están en directa relación con la educación recibida.
En sí, nada sería ni bueno ni malo; excepto los juicios de valor que respaldan nuestros fines. De hecho, un cirujano atraviesa los tejidos de alguien para salvarlo; en tanto que una navaja en manos de un delincuente,  daña. Sin embargo, ambos precisan sangre fría, y es ese el hecho que salteamos a la hora de evaluar las diferencias entre buenos y malos.
Para pensarlo un rato, antes de seguir preguntando qué hacer, cuando ya nuestras vísceras han dado la respuesta instintiva y muchas veces, inconsciente.
 
Lic. Gabriela Borraccetti
Psicóloga Clínica

domingo, 17 de marzo de 2013

VINO MARIANI
















Escribe: Juan Carlos Serqueiros

DEDICATORIA
De un extraterrestre a otro, ese, mi hermano de un redondo planeta hecho de ricota y perdido en ignorada galaxia, habitado por hembras que no son dulces, no; donde mi dios no juega dados y no es todo lo que reluce; donde a Nueva Roma se viaja en toxi-taxi; donde armar algún puto full cuesta lo mismo que el boleto a Finisterre; donde un chancho puede comer jamón; donde garchan las virgencitas; donde Rulo y Lupus se juegan al truco la caja de los truenos; donde ella baila con todos; donde una divina T.V. führer te jode con el espejismo de pasarte las noticias de ayer; donde flacas gimnastas de América y secas austeras soviéticas te dan un poco de amor francés; donde manejar una vieja pick-up puede hacer que terminen por ponerte una etiqueta negra en el dedo gordo del pie; y donde un angelito que está frito, borracho con patero de la costa, y un antiguo amor que acarrea sangría en termos de telgopor, te traen los diarios que vas a leer en un baño turco: Marcelo Furtivo.
A él le dedico esta noche en el ghetto, que es la primera... y la última.

CHAGASAU 
A los patéticos viajantes compañeros de esta ruta que vamos a andar hoy: todos los trips, hasta el que lleva a Reputalandia, tienen un final en el que creemos que la línea se cortó. Yo sé que la estación esta, la de Vino Mariani, tiene que ser la New York de mi Flight 956.
No nací para que ningún boludito de la luna sea el ladrón de mi cerebro. Si cualquier idiotonto que no sabe hacer un cero con el culo porque hasta eso tiene cuadrado, puede chorear impunemente y abrir sitios en la web a los que llevar lo que se afanó; para qué entonces, seguir perdiendo el tiempo... Ya no hay más propina, no, no! Caníbal de opereta, pedazo de pendejón. Por lo visto, nunca hay terreno sagrado y Dios no está en los detalles de hoy; así que... esto es to-to-todo, amigos!
Decido darle vacaciones a mi corazón..., el zumba se va, bye bye! En manos de pavotes todo el sueño quedó. Llorarás con un ojo y con el otro te reirás.
No sirvo y nunca serví para tristes despedidas; así que simplemente, un enorme ¡gracias! y ¡Adieu! ¡Bye bye! ¡Aufwiedersehen!

-Juank-

VINO MARIANI
(Solari)

Vas a invitar a los notables
y a las celebridades underground
van a sonar aplausos para todos hoy
Oh-Oh-Oh!
Tu pulgar va aprobando en el bar
que atenderá un amigo fiel
vas meneando tu cabeza con satisfacción (OK!)
si en las mesas estelares nada falta
Oh-Oh-Oh!
Un lugar allí y una oferta más
(no vas a bromear con eso)
lucirás la risa más ingenua sin dudar
tu corazón vacilará la noche de hoy
Oh-Oh-Oh!
Tipas y cronistas muy mal pagos
y unos "pelusas" cuidando el jardín
toda la gran oferta de un fino anfitrión
Oh-Oh-Oh!
Luces y el mejor DJ atronador
y premios en un escenario
el culo que valés es tu secreto una vez más
total no es más que el mundo de plateas de hoy
Oh-Oh-Oh!

El perfume de la tempestad no es un disco. Bah... sí, es un disco, pero lo que quiero significar es que no es solamente un disco; sino que es "arte siglo XXI", es decir, una obra que conjuga en un mismo packaging distintas disciplinas: poesía, música y arte gráfico.
Dr. Saturno ya nos "alertaba" sobre el hartazgo que sentía Solari. Producida la disolución de la banda, el Indio inició un proceso creativo con un proyecto sumamente ambicioso que trasciende lo estrictamente musical y que abarca otras manifestaciones artísticas. En ese orden de sus ideas, el arte gráfico pasa a ser parte integrante de la obra, no ya como el mero viejo y cansado arte de tapa; sino concebido como íntimamente concatenado con el resto, es decir, con lo lírico, con lo musical y hasta con el "envoltorio", todo configurando un novedoso formato de unicidad estética.
A punto tal es así, que es imposible afirmar que se ha entendido El perfume de la tempestad si previamente no se comprendió eso.
En ese contexto, no podía estar ausente la alusión a ese mundo pretendidamente visible y audible en el cual la fantasía, los deseos y la realidad (inducidos deseos aquellos y engañosa realidad esta, mejor expresado) se confunden peligrosamente: el publicitario. Y para eso, nada mejor que traer al escenario al amigo Angelo Mariani: un fulano que fue un verdadero tigre a la hora de promocionar lo suyo, tanto, que así como Peter Drucker es considerado el gurú del marketing moderno; Angelo Mariani es, sin quizá, el gurú de la publicidad moderna. Este ñato Mariani era un francés, corso el quía, nacido en el pueblo de Pero-Casavecchie en 1838, que laburaba en París -oh la la, París!- como aprendiz de boticario en una afamada farmacia que tenía entre su clientela a varios famosos de la época. Un día de 1868, una célebre actriz cayó a la farmacia diciendo que necesitaba algo que le "infundiera ánimo", y Mariani le elaboró un tonificante preparado a base de vino tinto (en aquel entonces, muchos de los remedios eran recetados para que fuesen diluidos en vino, de modo de atenuar el mal sabor) y hojas de coca. Fue una pegada. A partir de la rápida aceptación que tuvo su vino de coca, al cual "bautizó" con su propio apellido, Mariani se independizó y llegó a amasar una considerable fortuna. El secreto de su éxito económico residió no sólo en sus aptitudes para la ciencia farmacológica (aún está en discusión si él sabía de las propiedades de la coca, o si las conoció por habérselas dicho su primo Charles Fauvel, que era un prestigioso otorrinolaringólogo que la utilizaba en sus pacientes); sino en su extraordinaria habilidad comercial: diseñó un envase exclusivo para su producto: el frasco de vin Mariani que lo distinguía, hizo confeccionar afiches con refinados diseños artísticos de los más cotizados publicistas, organizaba tenidas de haute cuisine en selectos restaurantes a las cuales invitaba a las celebridades, y sobre todo; ponía especial énfasis en enviarles muestras gratis a personalidades famosas de todo el mundo, cuyos comentarios utilizaba  luego como propaganda en sus catálogos, con lo cual fue nada menos que un precursor en eso que hoy llamamos feed back with the customer. Así, llegó a tener una cartera de clientes entre los cuales estaban el Shah de Persia, Sigmund Freud, Jules Verne, la reina Victoria, Emile Gautier, José Martí, Sarah Bernhardt, Thomas Alva Edison, Alexandre Dumas, el Papa León XIII, Charles Gounod, Robert Louis Stevenson, Herbert George Wells, el rey Alfonso XIII, los hermanos Lumiére, Emile Zola, Louis Bleriot, sir Arthur Conan Doyle, Henrik Ibsen, etc. En síntesis, e independientemente de sus virtudes y/o defectos; un capo Mariani a la hora de promocionar su tónico.
Y por eso lo recuerda Solari en el título: le saca el polvo que sobre su memoria acumuló la noche de los tiempos y lo trae hasta el aquí y ahora, para presentarle a ese tipito Mariani del siglo XIX un álter ego suyo; pero del siglo XXI. De eso se trata Vino Mariani
Tenemos entonces a alguien que elabora y vende -con gran suceso y éxito económico- un producto determinado, y que puede ser (el tipito, digo), lo que a cada uno se le ocurra imaginar que sea: el CEO de una compañía discográfica, el cerebro mandamás de una corporación de biotecnología, el dueño de un multimedios, un politicastro, el director de una multinacional, etc.). Por mi parte, en ese multiple choice me incliné a inferir que el chabón en cuestión no es otro que... el inefable Patricio Rey.
Sí, tengo para mí que se trata de él, que al igual que antes en sus tiempos lo hacía Mariani; va a "invitar a los notables", es decir, a esas personalidades relevantes y famosas, a una festichola de aquellas en la cual les va a sobar -y bien sobado- el lomo, adulándolos y alimentándoles aún más sus ya de por sí infatuados egos, anunciando a toda voz su "estelar" presencia y pidiendo para ellos el cerrado aplauso de aquellos otros invitados que no son tan famosos; pero que sí están chochos y orgullosos de estar ahí y de sentir que pertenecen a ese círculo selecto ("van a sonar aplausos para todos hoy").
Y trascartón nomás, se viene una metáfora monumental, de finísima ironía solariana; porque nos dice que al evento, también van a asistir como invitadas aquellas "celebridades del underground". Genial el oxímoron, porque es indicativo tanto de la tremenda intuición del que organiza la fiesta, al anticiparse al conocimiento de quiénes de los que están hoy en el underground se harán famosos después; como de la tilinguería de los invitados para los cuales esos artistas que están en el underground son ya, hoy por hoy, ahora mismo, "celebridades". Para ellos, claro... Es un poco como ciertos grupejos "selectos" que estaban entre el primer público de Los Redondos, iconizados en la minita aquella a la que le decían "Mariposa Pontiac", ¿te acordás? Bueno, eso.
Por enésima vez: El perfume de la tempestad es autorreferencial. Todo en él está ligado a Solari, a sus amigos, ex amigos y no tan amigos; a sus fobias y miedos, a su familia, a sus vivencias, a sus creencias y a su falta de creencia... Y Vino Mariani no constituye una excepción a esa regla, por lo contrario; en alguna medida (buena medida, diría) el Indio es un poco Mariani; porque en definitiva, al igual que el franchute aquel; también Solari puede diseñar un envase exclusivo para su producto y también puede ilustrar lujosamente su catálogo.
Y si él, por puro pudor nomás, no se atreve a eso de montar un pantagruélico evento en el cual "captar y fidelizar clientes"; su patrón, Patricio Rey, sí es perfectamente capaz de hacerlo, ¿por qué no? Es Patricio quien inspecciona el bar y lo aprueba levantando su pulgar, ese bar que "atenderá un amigo fiel", es decir, alguien digno de toda la confianza como para encargarle la tarea de satisfacer el caprichito de todos y cada uno de los invitados, dándoles lo que se les ocurra pedir además de los tragos; hasta cierto polvito blanco, si cuadra; o compañía femenina de esas "tipas", o quizá una condescendiente, elogiosa nota de alguno de esos periodistas ("cronistas"), que después de todo, también para eso fue oportuna y convenientemente invitado a la fiesta ¿o para qué más?
Es asimismo Patricio quien controla que nada falte en el vip ("las mesas estelares"), que esté atenta y en sus puestos la gente para la seguridad del lugar ("unos pelusas cuidando el jardín"), que la música y la iluminación ("luces y el mejor DJ atronador") estén perfectas y funcionen eficazmente, que los premios a entregar estén convenientemente dispuestos ("premios en el escenario"), y es, en fin, el que se da cuenta del detalle de que a uno de los invitados hay que ubicarlo en el vip ("un lugar allí"), de manera de captarlo como cliente ("una oferta más"); porque al final de cuentas, che, esto es una fiesta, sí, pero de laburo, de conveniencia, y como es sabido, donde se come, no se caga ("no vas a bromear con eso").
Y a la hora de elegir los lugares en los que sentar a cierta parejita feliz, Patricio será todavía capaz de esbozar "la risa más ingenua" y su corazón "vacilará la noche de hoy". ¡Minga su risa será ingenua y su corazón vacilará! Él sabe perfectamente cómo fueron las cosas; pero bueh, la vida sigue y the show must to go on...
Dicen que el francés se llevó a la tumba el secreto de la fórmula de su vin Mariani. Macanas. El "secreto" de su éxito no estaba sólo en la receta (que por lo demás, era simplemente un litro de tinto de Burdeos y hojas de coca que entregasen entre 150 y 300 mg de cocaína); sino en los métodos que usó para propagandizar su producto. Eso era lo que valía ("el culo que valés es tu secreto"). Y entonces ahora ("una vez más"), se utiliza, por parte de Patricio una de las herramientas publicitarias a las que en su momento apeló Mariani: una fiesta con celebridades invitadas. Porque después de todo, lo que fue eficaz una vez y hace tiempo; bien puede serlo también ahora, ¿no? Y, sí... "total, no es más que el mundo de plateas de hoy". De plateas vip, claro, obvio, ¿o creías que a los camerinos te iban a invitar a vos?
Y como El perfume de la tempestad no es sólo un disco, lo metafórico no se agota en la poesía, en la lírica; sino que está también en el arte. ¿Te fijaste en la ilustración de Vino Mariani? ¿No? Harías bien en contemplarla minuciosamente. Mirá:


¿Qué percibís en lo que ves? De fondo está la tempestad, simbolizada en los rayos; al frente, en primer plano, lo tenemos a Patricio Rey con lentes oscuros, una gorra Nike, una campera o un buzo Adidas y levantando los dos pulgares en señal de conformidad, dando el OK. Atrás de todo, aparecen jets privados, en clara alegoría de las celebridades, de esos invitados vip que llegan a la festichola provenientes de todo el mundo. Y en el medio, detrás de Patricio, la imagen de una mujer. ¿Y qué mujer? Pues Marilyn Monroe, de ella se trata, como podés apreciar mejor al principio de todo en la ilustración que armé yo y que encabeza este artículo.
Pero no es una imagen cualquiera de Marilyn Monroe, no; es una imagen, una en particular, y cuya inclusión en el arte del Indio tiene un por qué: es que se trata, esa estampa, de un ícono publicitario por excelencia. ¿Cómo? Sí, así como lo escribí.
Ocurre que el 1 de julio de 1962, Marilyn había hecho una sesión de fotos para el fotógrafo George Barris, en las que aparecía en las playas de Santa Mónica, "vestida" tan sólo con un grueso suéter de lana tejido artesanalmente en Guadalupita, México. Un mes más tarde, el 6 de agosto, Marilyn moría en circunstancias poco claras. Y lógicamente, las imágenes de esa su última sesión de fotos, fueron muy difundidas.
Tanto, que a partir de ahí, los suéters artesanales de Guadalupita tejidos por Juan Martínez Nava (el diseño había sido de su hermana, Rosario), adquirieron súbitamente una impensada fama. Todo el mundo quería tener el suéter de Marilyn.


 Igualito a lo que había pasado con el vin Mariani: si en los afiches aparecían el rey de España, la reina de Inglaterra, el zar de Rusia, el Shah de Persia, el Papa, actores y actrices, escritores y científicos tomándolo; y bueno, pues entonces, había que tomarlo, ¡qué joder!

 
   
 Y hasta aquí viajamos juntos por esta ruta solariana, ojalá lo hayas disfrutado; yo me bajo acá.
Que el éxito te acompañe siempre y tengas una buena vida. Chau.

-Juan Carlos Serqueiros-

viernes, 15 de marzo de 2013

DOÑA BÁRBARA








































Escribe: Juan Carlos Serqueiros

"Doña Bárbara se detiene y escucha:
-Las cosas vuelven al lugar de donde salieron." (Rómulo Gallegos, Doña Bárbara)


Uno de esos libros que se consideran infaltables en toda antología de literatura iberoamericana. 
Su autor, Rómulo Gallegos (02.08.1884 - 05.04.1969), fue un escritor, educador y político venezolano que llegó a ocupar en 1948 la presidencia de su país, tras haber sido sucesivamente ministro de educación y diputado.
Gallegos fue un autor prolífico, pero sería esta, su magistral novela Doña Bárbara, la que editada en 1929 en Barcelona, España, le traería fama y reconocimiento mundiales.
La trama, que está dividida en tres partes, se desarrolla en Venezuela, en los Llanos del Apure, allá en el cajón del bravío Arauca, y gira en torno a tres personajes principales.
Uno de ellos es la dominante Doña Bárbara, una hermosa mujer que ha acrecentado cuantiosamente la ya de por sí enorme extensión de su estancia El Miedo, y que odiando a los hombres por haber sido abusada y violada en su temprana juventud; en venganza los envuelve en la telaraña de su rara hermosura, sus notables dotes amatorias y conjuros brujeriles de los que la superstición y el atraso le atribuyen ser capaz (y en los que ella misma cree); los maneja como a peleles, los esclaviza y los lleva a la ruina despojándolos de la riqueza y bienes que éstos tengan y quedándoselos para sí misma; todo ello sin desdeñar métodos más... expeditivos, digamos, como algún que otro asesinato. 
El extremo opuesto de Doña Bárbara es el doctor Santos Luzardo, un joven abogado que se había marchado de la hacienda familiar, Altamira, para estudiar en la ciudad, y que regresa a la región con el objeto de vender sus tierras, abrigando la intención de no retornar jamás a ellas una vez cumplido el trámite; pero que atrapado por el renacer del amor que sentía por las mismas, pronto cambia de opinión y decide establecerse definitivamente en el lugar, entablando a partir de allí una enconada lucha con Doña Bárbara en defensa de lo suyo, que ésta pretende arrebatarle apelando a las mismas tácticas que había empleado con otros hombres. 
Y el tercero es el que compone Marisela, la jovencísima hija de Doña Bárbara, a quien ésta, odiándola por considerarla un triunfo del hombre sobre ella, había abandonado apenas nacida y se había negado a verla siquiera y mucho menos, a amamantarla.
Los demás personajes son, entre otros, el taimado Balbino Paiba, capataz infiel de Santos Luzardo que  traiciona a éste en beneficio de Doña Bárbara; ño Pernalete, un tiranuelo venal que "imparte justicia" en el lugar con la "ayuda" de Mujiquita, que es un pobre infeliz con veleidades de avechucho leguleyo y embrollón, y que acomoda la ley según la  antojadiza voluntad de aquél; Mr. Danger, el infaltable oportunista extranjero, que no pierde oportunidad de trapichear tierras ajenas y de llenar su hucha mediante el abigeato; Lorenzo Barquero, el padre de Marisela, que cuando joven tenía ante sí un futuro promisorio y que ahora, perdida toda dignidad luego de haber sucumbido a los encantos de Doña Bárbara, lo cual significó su ruina moral y material, está sumido en el vicio del alcoholismo; Melquiades Gamarra, "el Brujeador", cómplice de la tremenda Doña Bárbara y ladero de ésta en sus hechicerías; María Nieves y Carmelito López, peones de Santos Luzardo leales a su patrón; etc.
La novela, inscripta decididamente en el realismo y el costumbrismo, es una genial viñeta de la antítesis civilización y barbarie, hasta en el marcado simbolismo de los nombres de quienes la protagonizan: Doña Bárbara es, obvia e indisimuladamente, lo segundo, la barbarie; y Santos LUZardo es la luz que por sobre el oscurantismo de ésta, esparce la educación como motor del progreso. 
También los demás personajes remiten a distintos aspectos y particularidades de la Venezuela de esa época: ño Pernalete y Mujiquita representan todo lo que de malo, ineficaz, envilecido y corrupto hay en la politiquería despótica y autoritaria; Juan Primito es en sí mismo una alegoría de la superstición; Mr. Danger es la encarnación del imperialismo norteamericano con todo lo que implica; María Nieves y Carmelito López significan el esfuerzo y la lealtad; Lorenzo Barquero es la patentización del fracaso producto de una débil voluntad; en Marisela se simboliza el progreso derivado de la educación; y todo así...
Muchos han querido ver en la novela de Gallegos un paralelismo con el Facundo de Sarmiento. Opino que hay cierta semejanza en cuanto a la dicotomía entre civilización y barbarie que ambos escritores plantean; pero partiendo desde muy diferentes ideas, paradigmas y postulados. Sarmiento denosta y execra al Quiroga que pinta en su Facundo porque ve reflejadas en él "las creencias, necesidades, preocupaciones y hábitos de una nación"; Gallegos, en cambio, no rechaza a Doña Bárbara, no abjura de ella sino que la percibe como una etapa a trascender, y nos muestra, al final, a aquella brutal marimacho redimida por el amor. Sarmiento deplora que "la nacionalidad que es patrimonio del hombre desde la tribu salvaje", le haga percibir "con horror al extranjero"; Gallegos, por lo contrario, ilustra en su personaje Mr. Danger (vaya con el nombrecito: Sr. Peligro) qué es lo que puede esperarse del extranjero: nada más que desprecio y expoliación. Y en fin, Sarmiento reputó él mismo a su Facundo como "lleno de inexactitudes a designio"; mientras que Gallegos fue a los llanos del Apure a indagar en la historia de Francisca Vásquez, que fue quien le inspiró a su Doña Bárbara, y conoció en persona a muchos de aquellos a quienes haría protagonistas de su novela, manifestando taxativamente que "no podía limitarme a una pintura de singularidades individuales que compusieran caracteres puros, sino que necesitaba elegir mis personajes entre las criaturas reales que fuesen causas o hechuras de mi país". Tan claro como el agua clara. Un abismo tan hondo como el que media entre Doña Bárbara y el Facundo, entre la valoración de lo propio y la admiración sin reservas hacia lo extranjero; es el que separa a Gallegos de Sarmiento.
Doña Bárbara fue llevada al cine en dos películas. La primera de ellas data de 1943, dirigida por Fernando de Fuentes, con libreto del propio Rómulo Gallegos secundado por el mencionado director, y con el rol protagónico principal a cargo de la gran María Félix:



La segunda es una coproducción argentino -española-estadounidense de 1998, con el guión y la dirección de Betty Kaplan, y con las actuaciones de Esther Goris encarnando a Doña Bárbara; Jorge Perugorría en el papel del doctor Santos Luzardo; Ruth Gabriel protagonizando a Marisela; Víctor Laplace haciendo de Lorenzo Barquero y Ulises Dumont personificando a ño Pernalete.


-Juan Carlos Serqueiros-

jueves, 14 de marzo de 2013

ZURDOS Y DIESTROS: HOMENAJE AL HEMISFERIO DEL ALMA














 









Escribe: Gabriela Borraccetti
 
Algunas cosas me resultan asombrosas por la deformación de que son objeto, y por ser dicho "retorcimiento" llevado a cabo por gente perteneciente a las mismas "ciencias". Hace mucho tiempo se conocen las distintas funciones de los hemisferios cerebrales y su regencia sobre  el lado opuesto del cuerpo, es decir, que el hemisferio izquierdo comanda el lateral diestro del mismo; y que el hemisferio derecho gobierna el lado izquierdo del nuestra corporalidad. 
Por lo tanto, es conclusión obligatoria relacionar el tipo de comportamiento básico de las personas según el predominio de uno u otro hemisferio, y deducir sin mayores problemas, que las personas con predominio del hemisferio derecho (zurdas), serán más creativas, más espontáneas y menos afectas a dejarse llevar por las normas que las dominadas por el hemisferio izquierdo, ese al cual se dirige la información que levantamos e incorporamos de los padres, las figuras encargadas de la educación, los gobernantes, medios de comunicación, la escuela, etc.
Para hacer un breve repaso de las funciones que tiene cada lado de esta unidad, diremos que el hemisferio izquierdo es el más conocido por la mayoría del planeta: es el cerebro racional, el que lleva a ordenar y conocer el mundo bajo las leyes de la lógica, y el que hace posible que comprendamos lo circundante según una secuencia de tiempo y espacio. El cerebro izquierdo pone en juego la temporalidad, dándonos la convicción de que existe un pasado, tenemos un presente y avanzamos hacia un futuro; dándonos status legal de viejos o jóvenes de acuerdo al tiempo que llevamos vivido con los pies en esta tierra.

Por otra parte, el espacio, también introduce sus leyes, impidiendo con ellas aparecerse ante nuestra mente como un revuelto incomprensible en el que no podamos distinguir un abajo de un arriba, o un adentro de un afuera.
El poder distinguir lugares, hace que por ej., sepamos que nosotros somos nosotros y no otros; dejando en claro las diferentes identidades y entidades que podemos llegar a CONOCER. En síntesis, este hemisferio, lleva implícito el concepto de "ORDEN" u "ORDENAMIENTO" de las cosas bajo las LEYES DE LA LÓGICA, que permiten, -entre otras cosas-, que vos podamos entendernos través de este escrito, (que tiene un órden, tiempos de verbos, reglas gramaticales, etc).
Por contrapartida, el hemisferio derecho, está FUERA de toda esta LEGALIDAD, y no repara en absoluto en orden alguno. Podría llamárselo cerebro ILÓGICO, pero su denominación quedaría demasiado acotada en esta sola palabra, dado que es mucho más que ello, extendiéndose más allá de lo que implica asirnos a referencias y parámetros que en esta porción del cerebro, no existen. El hecho de funcionar por fuera de toda ley, hace que su ley sea la a-nomia, promoviendo más bien a nuestra parte "salvaje" que por no saber que es lo que debe y no debe hacer, hace lo que le place sin tomar a su vez en cuenta, si esto es a favor o en contra de...  En este rincón diestro de nuestra anatomía, no puede existir esto "O" aquello, ni el estar a favor o en contra de, ni arriba ni abajo de, ni nada que implique 1°, 2°, 3°... Aquí, sólo es posible que esto "Y" aquello, principio y fin o el par antitético que fuera; conviva pacíficamente sin entrar en contradicción. Pertenece a este hemisferio la noción de INFINITO, dado que este sólo podría ser apreciable si nos saliésemos de absolutamente todo lo que aprendimos a través del hemisferio que está del otro lado de la cisura interhemisférica; y también la creatividad que sólo se hace posible cuando uno puede utilizar la imaginación, alejándose de "las reglas" y de lo aprendido.
Dicho todo lo anterior, expongo aquí una lista de cosas que ha dicho la CIENCIA respecto de los zurdos (predominio de hemisferio derecho), según una lista publicada por la Dra. Anna Beremo Turchi, en su artículo:


-En 1991, investigaciones de los psicólogos Halpern y Cohen, acuñaron la frase: "Los diestros viven 9 años más que los zurdos". En esta investigación, no se sabe o no se dice exactamente por qué, hubo falseamiento de datos que luego fueron corregidos. No obstante, dicha corrección, no tuvo la necesaria difusión, dejando intacto el estigma que persigue a los zurdos, desde que las madres y los maestros castigaban a sus hijos si los veían usar su mano izquierda para escribir.
-Dos investigadores Saba Ghayas y Adil Adnan paquistaníes midieron el nivel de inteligencia de estudiantes universitarios por medio del efecto del uso de las manos (izquierda-derecha); y no hallaron grandes diferencias.

-La literatura de investigación psiquiátrica sugiere que el zurdo es más propenso a tener ciertos trastornos mentales. Durante los años 1970 y 1980 se observó que un gran porcentaje de zurdos tenían problemas de autismo, dislexia, tartamudez o trastornos neurológicos más a menudo que otros grupos. Informe publicado en el Journal of Abnormal Psychology (1994)

 
-Quizás lo más sorprendente lo encontramos en la literatura médica, es relación de los zurdos con el trastorno mental, considerado más psicosocial que biológica en su origen con la Pedofilia; investigación realizada por el Ph.D. James Cantor, Profesor asistente de Psicología de la Universidad de Toronto en Canadá, realizó una investigación a 400 delincuentes sexuales, concluyendo que las probabilidades de ser zurdo son mayores entre los pedófilos que entre los delincuentes sexuales (investigación dirigidas a adultos como a sus víctimas). De hecho, más del 30 % de los pedófilos eran zurdos, es decir, tres veces la tasa en la población general. Los resultados fueron publicados en agosto de 2005 en Archives of Sexual Behavior.

Como se puede deducir, pareciera que la misma ciencia pierde su hemisferio izquierdo a la hora de razonar. Si existe predominio de nuestro costado ilógico, es posible que exista un modo distinto, -menos condicionado, más inspirado, más espontáneo, menos reglado, anticonvencional, y por ende único- que el habitual o mayoritario de procesar la información que proviene del medio.

No obstante, para que una persona resulte por ej. -y según se concluye más arriba según la investigación científica para la cual se invirtió mucho dinero- "pedófila"; no sólo tendría que exaltarse la parte indomable y anómica del hemisferio derecho; sino que debería fallar el izquierdo, donde se graban e introducen las normas culturales. De lo contrario, cada descubrimiento y cada acto creativo -que surgen del proceso del hemisferio derecho-, estaría indicando el peligro potencial de convertir a un genio en un depravado.
Por otra parte ¿en cuál de los dos hemisferios podría quedar inscripto que se puede sentir atracción sexual por alguien que aún no ha desarrollado siquiera los caracteres sexuales secundarios? Esto suena a que se trata de algo más bien "cutural" o absorbido del medio o el entorno parental (hemisferio izquierdo); más que a algo proveniente de la naturaleza o la anomia del hemisferio derecho; puesto que si así fuera, deberíamos encontrar mínimamente que en el mundo animal -cuyo hemisferio izquierdo o racional no tiene prácticamente insidencia-; los adultos se aparean con sus crías antes de que estas estén en condiciones de engendrar, cosa que por el momento, pareciera no existir, apareándose normalmente, después de su primer celo. Esto contrasta notablemente con el "racional humano", que puede tomar como objeto sexual a un bebé que apenas acaba de nacer.
Me pregunto a quién le hacen falta inversiones tan grandes en investigaciones tan tontas como para "encerrar" en una jaula a la creatividad, declarándola peligrosa, indeseable, enfermiza, loca, y hasta factible de morir 9 años antes que un diestro.
Por todo esto -y con cierta tristeza-, creo que como un reflejo del dominio del cerebro izquierdo por sobre el derecho, la ciencia intenta suprimir el concepto de Psique o Alma, intentando llevar al mundo a una tabla en la que todo pueda ser dimensionado, pesado, medido, tocado y sobre todo CONTROLADO.
Todo aquello que se salga de este control, representa para la ciencia una amenaza con consecuente caída de su poder; y es por ello que sus "descubrimientos" estigmatizan a todo aquello que en nuestra naturaleza, se encuentra por fuera de las normas, y se escapa de su dominio; incluyendo a lo psíquico, a lo espiritual y a lo metafísico.
Algún día -y ojalá pueda verlo; aunque lo dudo-, se podrá llegar a detener esta carrera en la cual se banalizan los estudios acerca de la psique humana, llevándolos a una denigración tal, que cualquiera que haga un cursito sencillo, pueda especializarse en cuestiones del alma. Un counselor, un coaching o cualquiera de esos estudios no matriculados y divorciados de la biloogía, el cuerpo o el soma; reemplazan los años de estudio de una ciencia como la psicología, tan combatida, desprestigiada y estigmatizada como lo es el hemisferio que rige a los zurdos; tan sólo por no ser funcional a la medicación y la subordinación a los criterios médicos y medibles en efectivo, de los intereses de las grandes corporaciones farmacéuticas.
Aquello que no se toque, no se mida y no se medique; aquello que no se deje gobernar por la fría lógica y que no se preocupe por recaudar millones, aquello que se llame o se relacione con el alma, la libertad, la creatividad y lo espontáneo, intenta ser abolido y crucificado. Lo izquierdo, lo zurdo y lo siniestro, son tres palabras que suenan a destierro, cada vez que asoma esa capacidad maravillosa de poner patas para arriba la frialdad de una lógica que no comprende nada de la diversidad del alma.


Nota: Ref. científica escrita en negrita, extraída del artículo de la DRA. ANNA BERMEO TURCHI
CPP 3504

A continuación, les dejo esta joya que no se arrepentirán de ver!:

PARTE I

PARTE II

Lic. Gabriela Borraccetti
Psicóloga Clínica

sábado, 9 de marzo de 2013

NUNCA HE SIDO AMIGO DE ESE TIPO





















Escribe: Juan Carlos Serqueiros

La Argentina se parece a un importante dominio británico. (Guillermo Leguizamón)

No sé si después de esto podremos seguir diciendo ¡Al gran Pueblo Argentino, salud! (Lisandro de la Torre)

En el recinto de sesiones del senado de la Nación, lo que se dio en llamar el debate de las carnes había empezado mal. Y seguiría (y terminaría) peor.
La cosa venía como resultante del convenio entre nuestro país e Inglaterra, enmarcado en lo que se conoce como Pacto Roca-Runciman, suscripto en Londres el 1 de Mayo de 1933 por Julio A. Roca (h), vicepresidente del gobierno encabezado por Agustín P. Justo, y sir Walter Runciman, presidente del British Board of Trade.
Las condiciones de dicho acuerdo eran en extremo deprimentes para nuestro país. En apretada síntesis, en los hechos significaba que Inglaterra "nos hacía el favor" de seguir comprándonos carne enfriada en lugar de hacerlo en países del Commonwealth como Australia o Canadá; pero a condición de que el precio fuera menor al que podía obtener en otros mercados (que ni remotamente podían compararse con el nuestro en calidad), fijar unilateralmente la cuota, y administrarla y asignarla a su antojo, que la carne fuera faenada y procesada en frigoríficos ingleses y transportada a Europa en barcos ingleses asegurados en compañías inglesas, que no se permitiera la instalación de frigoríficos de capitales argentinos, que se mantuviera la no imposición de aranceles a la importación de carbón inglés, que no se rebajaran las tarifas de los ferrocarriles y tranvías ingleses y que se entregaran a empresas de capitales ingleses los colectivos argentinos.
Tan contentos quedaron los británicos, que después del convenio, nombraron caballero del reino... ¡al catamarqueño Guillermo Leguizamón!, abogado de los ferrocarriles ingleses e integrante de la comitiva argentina, quien obtuvo así el dudoso privilegio de poder antedatar un sir a sus nombre y apellido. Ignoro si después de eso Leguizamón habrá exigido que en adelante lo llamaran sir William, o si condescendió en un "puede decirme dotor don Guillermo nomás, m'hijo". En fin...

  
Tan lesivo para los intereses nacionales fue considerado el Pacto Roca-Runciman, que el 28 de julio había renunciado, disconforme, el ministro de Hacienda Alberto Hueyo, en absoluto desacuerdo con las concesiones que se les hacían a los ingleses en materia cambiaria y arancelaria. El presidente Agustín P. Justo lo reemplazó el 24 de agosto por Federico Pinedo, quien actuaría en tándem con otro recién designado ministro (éste en la cartera de Agricultura y en sustitución de Antonio de Tomaso): Luis Duhau (que venía de presidir la Sociedad Rural y de integrar la comitiva enviada a Londres como gestora del Pacto Roca-Runciman).
Los nombramientos de Pinedo y Duhau eran indicadores y representativos per se de una suerte de reafirmación del rumbo que le imprimía Justo a su gobierno surgido del fraude electoral que dio el triunfo en comicios amañados a la Concordancia (alianza entre conservadores y radicales alvearistas), y signado por una marcada anglofilia que se traducía en la subordinación política y económica del país a Inglaterra y el alineamiento a ultranza con ésta.
¿Por qué ocurría esto; porque eran traidores a la patria Justo, Roca, Pinedo, Duhau y demás, empeñados en privilegiar intereses foráneos por sobre los de nuestra nación? No; lo que pasaba era que ellos confundían el interés común, el de la nación toda, con el de la clase social a la que pertenecían. Aterrados ante la perspectiva de que Inglaterra dejase de adquirir nuestras carnes, no se les ocurrió otro arbitrio que ir a implorar al imperio británico que nos impusiese las condiciones que se le antojaran, aún las más vergonzantes, con tal de que siguiese comprando la carne de las vacas argentinas que "producían" los grandes ganaderos latifundistas nucleados en la Sociedad Rural. Obraban (y así lo creían) por patriotismo, ufanos de ello y convencidos de que de ese modo "salvaban al país". Lo que en realidad salvaban (y acrecentaban), eran sus fortunas.





No pararon allí las exigencias inglesas: trascartón, vendría la forzada y artificiosa creación del Banco Central por parte de Pinedo y Prebisch, a inspiración (léase imposición) inglesa de sir Otto Niemeyer, con preponderancia inglesa en la composición de su directorio y que regularía a satisfacción inglesa, la moneda y el crédito argentinos.
La voz opositora a toda esta enajenación de lo argentino y a la abdicación de la defensa de los intereses nacionales que más resonaba en el Congreso, era sin dudas ni quizás, la del senador por la provincia de Santa Fe, Lisandro de la Torre. En ese contexto fue que se produjo el denominado debate de las carnes. El cielo argentino, enlutado por nubarrones de mal agüero, hacía presagiar la tormenta que se cernía, implacable y funesta sobre el amado suelo.
El 1 de setiembre de 1934, a solicitud de Lisandro de la Torre, el Senado designó una comisión investigadora para determinar si en efecto, tal como lo había denunciado el senador por Santa Fe, existían por parte de los frigoríficos ingleses preferencias en favor de ciertos ganaderos vinculados al gobierno, como así también los márgenes de ganancia que obtenían.
Un poco por la biografía escrita y publicada por Raúl Larra: Lisandro de la Torre. El solitario de Pinas, y otro poco por esa manía que solemos tener los argentinos de generalizar peligrosamente en la búsqueda afanosa de nuestra tan ansiada y aún no conseguida síntesis histórica, se ha ido instalando en el imaginario colectivo la idea de que De la Torre fue un acendrado nacionalista que guiado por un supuesto anti imperialismo suyo, combatió por todos los medios a su alcance la "servidumbre odiosa en que nos tenían los ingleses" bla bla bla. Macanas. La verdad histórica (por lo menos, la mía, tan relativa como cualquier otra) es que el doctor De la Torre, si bien es cierto que lo hizo con patriotismo; actuó en esa coyuntura impelido por distintas motivaciones éticas, ideológicas y partidarias. Veamos, si no.
El caudal electoral del partido Demócrata Progresista estaba constituido principalmente por los pequeños y medianos productores agropecuarios entre los cuales encontraba predicamento, para quienes el statu quo emergente del Pacto Roca-Runciman no sólo no representaba beneficio alguno, sino que además; significaba un notorio perjuicio. Fueron precisamente ellos quienes elevaron la queja a De la Torre, quien la planteó en el Senado: "Han llegado a mí informes sobre preferencias a personajes vinculados a la política oficial", dijo, tal como consta en el Diario de Sesiones. Por otra parte, esas componendas repugnaban al sentido de la honestidad pública que sustentaba De la Torre en tanto sincero liberal, y de su ética en lo privado, jamás desmentida ni puesta en tela de juicio. Máxime, si quienes entraban en ellas eran los mismos que le habían infligido, en elecciones fraudulentas encima, una derrota electoral difícil de digerir. Lisandro de la Torre era todo él pura pasión y fuego. Extraordinariamente dotado en lo intelectual, era sin embargo capaz de enceguecerse cuando esa pasión y ese fuego nublaban sus entendederas y se imponían a su raciocinio. Era ardorosamente liberal, principista, y por ello rechazó lo que expresaban Julio y Rodolfo Irazusta, sinceros amigos y admiradores suyos (quienes además, colaboraron activamente en la investigación y aportaron a la misma datos emanados del frigorífico Gualeguaychú, de capitales nacionales) en su libro La Argentina y el imperialismo británico, publicado en 1934 y llamado a tener gran suceso. Eligió ser impermeable a la percepción del imperialismo, y con la misma rigidez con la que manejaba su partido; se centró tenazmente en el ataque al gobierno de Justo, focalizándolo en sus ministros Pinedo y Duhau.
El celo evidenciado por de la Torre y los contadores designados en la investigación, más la colaboración valiosa y eficacísima de los sindicatos de la carne y los estibadores, y de los hermanos Irazusta; llevaron a que la tarea estuviera concluida para junio de 1935. Las pruebas obtenidas de que los frigoríficos extranjeros habían manejado a voluntad la cuota abonando precios según quién fuera el ganadero al cual le compraban, evadido impuestos y sacado márgenes de ganancia exorbitantes, eran incontrastables.
De la Torre, firmante del despacho en minoría al no querer suscribir el que habían producido en mayoría los otros dos integrantes de la Comisión Investigadora, senadores Carlos Serrey y Laureano Landaburu; concentró su artillería en Duhau y Pinedo. Fue el desencadenante de la tragedia.
Con magistral elocuencia, iba acorralando a sus adversarios, ridiculizándolos, poniendo en evidencia sus torpezas y miserabilidades y demoliendo los argumentos que esgrimían en su defensa. Llegado el turno del ministro de Agricultura Duhau de hablar, lo hizo apelando a la cita de cifras y más cifras, con un estilo insoportablemente tedioso y aburrido. No obstante, De la Torre lo escuchaba atentamente, presto a saltar ante cualquier inexactitud, y al querer intervenir para discutirle un dato, desde la presidencia del Senado se le advirtió que Duhau había aclarado que no permitiría interrupciones; a la par que el otro ministro, Pinedo, le gritaba: "¡Que aprenda a oír!" y otro senador golpeaba su pupitre para acallar su voz. De la Torre adoptó entonces una actitud socarrona e histriónica: aparentó desentenderse del debate, sumergiéndose, durante las diez sesiones que duró la soporífera intervención de Duhau, en la lectura de la por entonces recientemente publicada novela El Kahal, de Hugo Wast (pseudónimo literario de Gustavo Martínez Zuviría, con quien De la Torre mantenía una antigua amistad). Entiendo menester consignar también que él y Pinedo ya habían protagonizado antes un encontronazo serio producto del cual había entre ellos especial inquina: en oportunidad de debatirse en el Senado la ley de bancos, Pinedo había llamado gaucho malo a de la Torre, y éste lo había destrozado respondiéndole, en una pieza de la más brillante oratoria, con una dialéctica en la que abundaba el uso de la ironía como un finísimo y letal estilete.
El 20 de julio, De la Torre tomó otra vez la palabra para replicar la exposición de Duhau, y el 23 (presidía la sesión el senador por Santiago del Estero Carlos Bruchman, del partido Radical Unificado), se produjo el desenlace fatal. Así quedó asentado en el Diario de Sesiones del Senado:

Señor ministro de Agricultura (Duhau, golpeando la mesa): ¡No permito eso, señor Presidente!
Señor Presidente (Bruchman): Ruego al señor senador que guarde estilo en sus expresiones.
Doctor de la Torre: Y a lo que no es cierto, ¿cómo se lo llama?
Señor Presidente (Bruchman): Se lo llama inexacto
Señor ministro de Hacienda (Pinedo): Se lo llama de la Torre. (Aplausos en las galerías)
Doctor de la Torre: ¡El ministro de Hacienda dice eso porque es tan insolente como cobarde! (Suena la campana de orden)
(A continuación el senador De la Torre y el señor ministro de Hacienda pronuncian palabras que no se pueden reproducir).
(Nota mía: "palabras que no se pueden reproducir" es una perífrasis para no tener que poner derechamente que se insultaron. Sobre los epítetos que se intercambiaron de la Torre y Pinedo hubo distintas versiones, pero todas coincidentes en que directa o indirectamente se usó el término "cornudo" (algunos sostendrían después que de la Torre no dijo "cornudo"; sino "cotudo", por el bocio que afectaba a Pinedo; pero no parece muy probable tal cosa. Lo concreto es que Pinedo aludió, dado lo avanzado de la edad -66 años- y la soltería de De la Torre, a una presunta impotencia sexual suya ("viejo impotente", le habría dicho); y éste le respondió con algo así como "pregúntele a su mujer, cornudo, cobarde", y trascartón, lo retó a duelo).

Señor Presidente (Bruchman): Si me permite el señor senador, la Presidencia va a...
(Hablan simultáneamente varios senadores)
Señor ministro de Hacienda (Pinedo): ¡Pido la palabra para poner al embustero en su lugar!
Señor Presidente (Bruchman): Adelante, señor ministro.
(Nota mía: a esta altura, creo que a nadie se le escapará que Bruchman era evidentemente tendencioso y que no estuvo ni remotamente a la altura que las circunstancias demandaban).

Señor ministro de Hacienda (Pinedo): Si la dignidad y la honra de una persona estuvieran expuestas a desaparecer y a ser lastimadas por lo que digan irresponsables, podría ser que mi honra estuviera al alcance del señor senador.
Doctor de la Torre: ¡Ya he dicho que es tan insolente como cobarde!
Señor ministro de Hacienda (Pinedo): ¡Insolencia y cobardía me atribuye! El senador por Santa Fe es capaz, señor presidente, de retarme a duelo porque sabe que por mis convicciones, yo no me bato.
Doctor de la Torre (de pie y acercándose a la mesa de interpelaciones): ¡Y usted es capaz de no batirse por cobardía!
(El doctor De la Torre se cae y se escuchan disparos de revólver).
(Nota mía: "de la Torre se cae y se escuchan disparos de revólver" es un breve circunloquio para evitar consignar lo que pasó en realidad: de la Torre no se cayó al suelo por las suyas; sino que al acercarse éste a Pinedo, lo empujó Duhau; quien a su vez, trastabilló en los escalones y cayó, fracturándose una o más costillas. A todo esto, Enzo Bordabehere, senador electo por Santa Fe y dilecto amigo, discípulo y correligionario político de De la Torre, se levantó de su asiento y fue a ayudar a éste a incorporarse. En esos momentos, un matón al servicio de Duhau, Ramón Valdez Cora, extrajo un revólver y le disparó dos tiros por la espalda a Bordabehere y un tercero en el pecho, al volverse éste a consecuencia de los impactos. Un cuarto y un quinto disparos de Valdez Cora, erraron a Bordabehere y dieron en una mano del propio Duhau y en el senador Rafael Mancini, herido levemente. Bordabehere fue inmediatamente trasladado al hospital Ramos Mejía, pero falleció apenas llegado al mismo. Valdez Cora aprovechó la confusión para huir mientras atendían a Bordabehere, y se refugió en la sala de los taquígrafos, donde fue aprehendido por el senador Alfredo Palacios, quien lo entregó a la policía).


Al día siguiente, miércoles 24, Duhau y Pinedo desafiaron a duelo a de la Torre, quien rechazó batirse con el primero, al cual le negó la condición de caballero, esencial para tal lance; y aceptó el reto del segundo, para lo cual designó padrinos suyos en la emergencia a Lucio López y Jorge Robirosa. Pinedo, por su parte, nombró padrinos a Robustiano Patrón Costas y Manuel Fresco. Se convino en que el duelo sería a pistola, se realizaría a las 8 de la mañana siguiente en el Colegio Militar y el director sería el general Adolfo Arana. Y efectivamente, a la hora señalada de ese 25 de julio de 1935, luego de oír las tres palmadas que dio Arana, los duelistas, separados unos 20 o más metros entre sí (según se aprecia en la fotografía publicada por Caras y Caretas en su edición Nº 1922 del 3 de agosto de 1935) dispararon sus pistolas. Se dijo  que De la Torre tiró al aire (y era verdad, la imagen precitada lo certifica), en inequívoca muestra de desprecio hacia su contrincante, como si deplorara matarlo por considerar que el otro no valía la pena (todo eso ya es subjetivo e interpretativo de quienes lo dijeron), y que Pinedo, en cambio; apuntó a la cabeza de De la Torre (y en efecto, en la foto pareciera ser así) pero erró el tiro. De todos modos, y aún cuando los duelistas hubiesen querido matarse el uno al otro; se infiere como altamente probable que los padrinos de ambos hayan estado contestes en atenuar las condiciones del duelo, alargando la distancia entre los contendientes e instruyendo al armero (que fue un tal Domingo Schettini) para que preparara las pistolas de modo que los tiros no dieran en el blanco y que en caso de hacerlo, no fueran necesariamente mortales. En abono de esa creencia, se citó un comentario que se le atribuyó a de la Torre dirigido a unos amigos suyos mucho tiempo más tarde: "Jamás tiré con una pistola de tan pésima calidad como esa". Esto último me parece escasamente cierto, porque si de la Torre tenía decidido tirar al aire ¿para qué, entonces, iba a quejarse mucho después de la mala calidad del arma que usó en la ocasión? En fin, como canta Larralde: "Que uno a veces dice cosas / de a dieces como de a cientos / y ande quiere fantasiar / le va poniendo el acento".
Al término del lance, ambos rehusaron reconciliarse: Pinedo, con una seca negativa; y De la Torre, con un rotundo, expresivo y lapidario ninguneo: "¿Reconciliarme? ¿Cómo podría? Si nunca he sido amigo de ese tipo".
Duhau, que venía acumulando una cuantiosa fortuna, acrecentada seguramente en "algo" con los sobreprecios que le pagaban los ingleses en agradecimiento a su "amabilidad ministerial", erigió, al 1600 de la coqueta avenida Alvear, la mansión donde hoy por hoy funciona el hotel Park Palacio Duhau de la cadena internacional Hyatt.



En cuanto a Pinedo, tendríamos los argentinos que soportar dos rentrées suyas al frente del ministerio de Hacienda: en 1940, bajo la presidencia de Roberto M. Ortiz y en 1962, bajo la de José María Guido.
En 1998, Roberto Azaretto le dedicó abundantes ditirambos en su libro biográfico Federico Pinedo, político y economista, que fuera prologado por Domingo Cavallo. 


Lisandro de la Torre se suicidó en Buenos Aires el 5 de enero de 1939 disparándose un tiro de revólver en el corazón, en el modesto departamento de dos ambientes que alquilaba en el segundo piso de la calle Esmeralda Nº 22. Estaba quebrado, abrumado por las deudas que una persistente sequía de cinco años, las pestes que diezmaron su ganado y un socio estafador habían arrojado sobre su campo de Pinas en forma de lluvia... de calamidades.
El mayordomo de su estancia le ofreció sus ahorros para ayudarlo en su economía, los hermanos Irazusta quisieron hacer una vaquita rosista para juntar plata destinada a él, y hasta un comunista, el dirigente sindical José Peter, del gremio de la carne, le propuso que su sindicato adquiriera el campo de Pinas para dejarlo en propiedad de don Lisandro, como lo llamaba con unción y respeto.
Dejó una carta mecanografiada en su vieja máquina de escribir, dirigida a sus amigos, en la que les pedía hicieran cremar su cadáver; y agregaba: "Si Vds. no lo desaprueban desearía que mis cenizas fueran arrojadas al viento. Me parece una forma excelente de volver a la nada, confundiéndose con todo lo que muere en el Universo. Me autoriza a darles este encargo el afecto invariable que nos ha unido. Adiós".

-Juan Carlos Serqueiros-