miércoles, 25 de marzo de 2026

LIANE DE POUGY: PUTA, ESCRITORA, PRINCESA Y MONJA
























Escribe: Juan Carlos Serqueiros

¡Básicamente, las mujeres y las flores son como hermanas! (Liane de Pougy, "Idilio sáfico", 1901)

Más fiel en su inconstancia que otros en su fidelidad. (Natalie Clifford Barney, “Cinco pequeños diálogos griegos”, 1901)

En la imagen de portada (una fotografía tomada en 1899 en París y conocida como “la foto del escándalo”), aparecen besándose la bailarina, cortesana, escritora, editora y princesa Liane de Pougy —de nacionalidad francesa y cuyos verdaderos nombres y apellido eran Anne-Marie Olympe Chassaigne (n. La Flèche, Sarthe, 02.07.1869 - m. Lausana, 26.12.1950)—; y la poetisa, escritora, feminista, pacifista y mecenas norteamericana Natalie Clifford Barney (n. Dayton, 31.10.1876 - m. París, 02.02.1972). La primera era bisexual, mientras que la segunda se asumía como exclusivamente lesbiana. La breve y turbulenta relación pasional entre ellas fue, por lo sonada y desprejuiciada, el comentario escandalizado de tout Paris por esos años de la Belle Époque. Aquel romance lésbico llevó a la francesa a escribir, durante el año siguiente, su novela “Idylle Sáphique” (“Idilio sáfico”), editada en 1901; mientras que paralelamente, la norteamericana escribía, bajo el pseudónimo Tryphé, su “Cinq Petits Dialogues Grecs” (“Cinco pequeños diálogos griegos”), libro que sería publicado ese mismo año.


Con una vida propiamente de novela, Liane de Pougy se había criado en un convento del que fugó en 1886, cuando contaba tan sólo 16 años, para luego casarse con un oficial de marina: Armand Pourpe. Al año siguiente, tras el nacimiento de un hijo, Marc, y hastiada de un matrimonio infeliz; Anne-Marie se procuró un amante, y descubierta que fue en pleno adulterio, su esposo le descerrajó un tiro hiriéndola levemente en el culo, tras lo cual ella huyó a París donde dos años después se le notificó la sentencia de divorcio que disponía conceder a Armand la tenencia de Marc y la condenaba a pagar las costas judiciales.
Siendo amante del vizconde de Pongy, la hasta entonces Anne-Marie Chassaigne (que previamente había pasado como “pupila” por un oscuro burdel —fichada como prostituta por la Brigade mondaine de la Préfecture de Police de París—, el cual más temprano que tarde abandonó para ejercer la prostitución por su propia cuenta) trocó la “n” por la “u” para convertirlo en el Pougy que, precedido por un “de” en señal de distinción y puesto a continuación del nombre que había elegido para sí: Liane (forma abreviada de Éliane, o sea, “liana”, “enredadera”, por su flexibilidad), compuso su nom de guerre, el pseudónimo que adoptó y bajo el cual alcanzaría la fama.


Rápidamente, se transformó en la bailarina que era atracción principal en el cabaret Folies Bergère, tuvo numerosísimos amantes tanto hombres como mujeres, y amasó como hetaira una inmensa fortuna en dinero, piedras preciosas, joyas, obras de arte e inmuebles. Alta, andrógina, hermosa, divertida e ingeniosa, se caracterizaba por complacer todas y cada una de las fantasías y perversiones de sus clientes, incluidas sesiones de sadomasoquismo (ella misma contaría cómo en Londres se prestó para ser “esclava sexual” del egiptólogo Lord Carnarvon, accediendo a que éste la azotara cruelmente a cambio de recibir una perla valuada en cien mil francos, y cómo en San Petersburgo satisfizo los juegos masoquistas del conde ruso Wladimir Miatlef, a quien flageló a cambio de joyas por valor de un millón de francos).
Tanto ella como Émilienne d'Alençon (su aliada y amante ocasional pero frecuente) y Carolina La Bella Otero, eran consideradas las diosas de París, las bellezas rutilantes de la época, y popularmente las llamaban Las Tres Gracias, por la archiconocida pintura de Rubens. En la Salle Blanche del Casino de Montecarlo puede admirarse la obra del artista francés Paul Gervais, pintada en 1903 y titulada, precisamente, “Les Grâces Florentines” en la cual aparecen representadas, desnudas, las tres.


En su faceta de escritora, además de la precedentemente citada “Idylle Sáphique” (“Idilio sáfico”); en 1898 había publicado “L' Insaisissable” (“La escurridiza”), y en 1899 “Myrrhille, ou la Mauvaise part” (“Mirrilla o la parte menor”), novelas ambas en las que asumía una encendida defensa de las cortesanas. Subsiguieron “L'Enlizement” (“El atolladero”), en 1900; “Ecce homo: d’ici, de là” (“Este es el hombre: de aquí y de allá”), en 1903; “Les Sensations de Mlle de La Bringue” (“Las sensaciones de la señorita de la Bringue”), en 1904; “Yvée Lester”, en 1906; y finalmente “Yvée Jordan”, en 1907. Asimismo, como la avezada mujer de negocios que demostró ser, en su arista como editora lanzó y dirigió el semanario para mujeres L’art d’être Jolie (El arte de ser bonita).
A todo esto, gozando ya de una desahogada y sólida posición económica, hacia 1903 experimentaba cada vez más intensamente el hartazgo que le producía su condición de cocotte y comenzó a caer con frecuencia en períodos depresivos (los cuales desde mucho antes se evidenciaban en sus fraguados “intentos de suicidio”).
Cuando contaba 40 años, introdujo en el lujoso petit hôtel que habitaba como residencia particulier, a un efebo quince años más joven que ella: Georges Ghika, príncipe de Rumania, perteneciente a una familia noble pero económicamente muy venida a menos, con quien se casó el 8 de junio de 1910. “Moría” así la demi-mondaine Liane de Pougy, y “renacía” Anne-Marie, sólo que ahora con el apellido Ghika y detentando el título nobiliario de princesse consort de Roumanie. El matrimonio así concertado parecía satisfacer a ambos cónyuges: el empobrecido Georges podía seguir su parasitaria existencia codeándose con la alta sociedad, gozando de viajes, placeres y veraneos en sitios paradisíacos —todo sufragado con la fortuna de ella, claro; porque al tipo lo daban vuelta y no se le caía una moneda—; mientras que Anne-Marie dejaba atrás la promiscua vida de cortesana, cultivaba relaciones más… intelectuales y espirituales, digamos; disfrutaba de largas temporadas en su propiedad Le Clos-Marie en Roscoff, Bretaña; adquiría (y estimo pertinente aclarar que con lo de adquiría no pretendo sonar peyorativo) estabilidad afectiva y expandía su sexualidad para abarcar aspectos psicológicos, emocionales y sociales; a la par que limitaba su genitalidad al ocasional débito conyugal, aunque sin por ello privarse de escarceos y aventuras pasajeras con alguna que otra fémina, porque siempre prefirió las mujeres antes que los hombres —al fin y al cabo, ella se había comprometido a ser fiel a su esposo, más aclarándole a éste que sólo lo sería “de la cintura para abajo” (sic)—. En todo caso, ella evitó cuidadosamente que su conducta frente a su marido se tiñera de apetencia por el desquite, pues si hasta entonces su genitalidad, como la de todas las mujeres, estaba sujeta al control masculino mediante la relación dineraria que retribuía la prestación del “servicio” carnal; Anne-Marie, si bien en cierta forma lo había “comprado”; se abstuvo de exigir lo mismo de él y toleró que continuase siendo el pajero que siempre había sido en tanto onanista compulsivo desde su más temprana adolescencia.
Así las cosas, en apariencia todo marchaba sobre ruedas, pero acaecieron dos hechos aciagos: uno que impactó de lleno en el alma misma de Anne-Marie, dejándola devastada, y doce años después; otro que ensombreció su vida llenándola de frustración, despecho e ira. Primero debió sufrir la tragedia de perder a Marc. su único hijo, quien en el contexto de la Primera Guerra Mundial murió al precipitarse a tierra el avión de combate que tripulaba. Y en 1926, a su marido el príncipe le agarró el viejazo, es decir, la tan mentada crisis de los 40 o de mitad de la vida: se enamoró de una veinteañera que, para colmo de los colmos, también era la amante de su esposa: Manon Thiébaut, marchándose con ella a Rumania.
Mientras lamía sus heridas, Anne-Marie buscó apoyo, comprensión y consuelo en sus dos amigos más íntimos, leales depositarios de sus confidencias: Max Jacob y Jean Cocteau. Y trascartón, una rentrée en París con el amor de su vida: Natalie Clifford Barney, quien por entonces tenía una aventura —término que ella misma empleó— con la baronesa italiana Maria Mimy Franchetti, a la cual compartió  con Anne-Marie para conformar un apasionado, volcánico, ménage à trois. Pero (¿tal vez, para "vengarse" del abandono de que había sido objeto por parte de Natalie en 1900? chi lo sa...), el caso es que Anne-Marie se la “robó”. Paralelamente, astuta y eficaz como era a la hora de defenderse, dejó trascender en la prensa (y hasta el New York Times se hizo eco) que se disponía a divorciarse de su esposo, tras lo cual efectivamente contrató a los mejores abogados e inició el juicio tendiente a tal fin. Dado que en el acuerdo previo al matrimonio, en una prolija y detallada división habían quedado estipulados claramente los bienes de la una y del otro; aterrado ante la posibilidad cierta de quedarse sin la rumbosa vida que hasta entonces llevaba gracias a la fortuna de Anne-Marie; Georges Ghika se apresuró a abandonar a Manon Thiébaut y volver contrito a Francia, implorando a su esposa que lo perdonase. Ella accedió a no romper la sociedad conyugal, pero el amor entre ellos, si es que alguna vez lo hubo; estaba irremisiblemente acabado y se limitó en adelante a una relación pour la galerie, estrictamente formal y más o menos cordial.
Durante un viaje que hicieron apenas “reconciliados”, el 15 de agosto de 1928, en las inmediaciones de Grenoble, vieron y visitaron una institución para discapacitados mentales: el Asilo Santa Inés, el cual era dirigido por una monja: la madre superiora Marie Xavier. Hondamente conmovida, Anne-Marie decidió ayudarla aportando económicamente en forma particular y también instando a sus relaciones a colaborar, logrando así juntar 300.000 francos.
A pesar del deterioro de su matrimonio, Anne-Marie nunca dejó de cuidar la salud de su marido y de costearle la atención médica (por demás onerosa en tanto fue prestada por los mejores especialistas y requirió de cirugías para extirparle cálculos uretrales y un tumor sobre el labio superior diagnosticado como chancro sifilítico, y además; le habían detectado una cirrosis hipertrófica). En esta foto de 1932 podemos ver a ambos a bordo de un trasatlántico durante un viaje a Estados Unidos.


En 1939, buscando escapar a los horrores de la Segunda Guerra Mundial, Anne-Marie y Georges se radicaron en Lausana, Suiza. Fue allí donde ella conoció al sacerdote dominico Alex-Ceslas Rzewuski, que en adelante sería su confesor y guía espiritual, y que a la postre, el 14 de agosto de 1943 la ordenaría como monja seglar terciaria dominica bajo el nombre sœur Anne-Marie de la Pénitence. Asimismo, fue él quien hizo publicar en 1977 bajo el título “Mes cahiers bleus” (“Mis cuadernos azules”), las memorias registradas en los diarios que ella había escrito entre 1914 y 1941, los cuales le fueron cedidos en enero del año citado en segundo término.


En 1945 Georges Ghika murió a consecuencia de un derrame cerebral, y cinco años después, el 26 de diciembre de 1950, falleció Anne-Marie.
Entre nosotros los castellano-parlantes, quien con mayor frecuencia se ha referido en sus obras a Liane de Pougy fue el nicaragüense Rubén Darío —aunque en ocasiones lo hiciera con escasas caballerosidad y discreción como, por ejemplo, en “Todo al vuelo” (ed. 1912)—.
A fuer de sincero, debo decir que no comparto en absoluto la visión errónea por lo sesgada, prejuiciosa, machista y tendenciosa que la iglesia católica intenta trasladar al colectivo sobre la figura histórica de Liane de Pougy, presentándola como una mujer depravada que atormentada por la culpa y arrepentida de sus “pecados” (porque como “el mayor de ellos” calificó a su relación con el amor de su vida: Natalie Clifford Barney), buscó expiarlos a través de la caridad, ordenándose como monja (encima, bajo un nombre que remarcaba su condición de penitente) y regalando sus bienes a la orden religiosa, por todo lo cual merecería largamente ser declarada como santa. No puedo creer en el juicio histórico de una iglesia que, así como antes no vaciló —por ejemplo— en alterar los escritos de Flavio Josefo en procura de demostrar la existencia física de Jesús, ni en acotar los evangelios a los cuatro estipulados como canónicos, ni en continuar sosteniendo empecinadamente que el proceso contra Galileo fue “razonable y justo” (sic); pretende ahora limitar el análisis de una personalidad complejísima como la de Liane de Pougy, a su faceta como cristiana en la segunda mitad de su vida. Es como decir “ah, sí, fue muy puta y tortillera, ¡y qué hermosa era!, la más bella de su tiempo; pero al fin se arrepintió, se metió a monja y se consagró a Dios”. En fin, "hombres necios que acusáis / a la mujer sin razón, /sin ver que sois la ocasión / de lo mismo que culpáis" (Sor Juana Inés de la Cruz dixit).
Para mí, la verdadera Liane de Pougy fue la que siendo en esencia una incurable romántica y convencida de merecer el amor; buscó desesperadamente amar y ser amada, la que fraguaba intentos de suicidio para llamar la atención, la que defendió a capa y espada a sus congéneres cortesanas, la que en un mundo de hombres, los despreciaba pues motivos para ello tuvo sobrados, y en fin; la que fue capaz de reinventarse y sobreponerse a todo, por más que por dentro la devorase la pena y la depresión la sumiera en el más hondo y negro de los abismos.
Hasta aquí, mi querido amigo lector, he narrado sucintamente la vida de Liane de Pougy. En principio, mi intención era la de establecer un paralelismo con la de Natalie Clifford Barney, pero me lo ha impedido el tener que circunscribirme a la brevedad de un opúsculo, de modo que me comprometo a llenar el faltante en otro momento al cual nos convoque este café virtual que hemos dado en llamar Esa Vieja Cultura Frita.
¡Hasta la próxima!

-Juan Carlos Serqueiros-
______________________________________________________________________

REFERENCIAS

Chalon, Jean. a) Liane de Pougy, courtisane, princesse et sainte. Flammarion, París, 1994.
                       b) Natalie Barney. Retrato de una seductora. Institució Alfons el Magnànim-Centre Valencià d'Estudis i d'Investigació, Valencia, 2005.
Darío, Rubén. Todo al vuelo. Editorial Renacimiento, Madrid, 1912.
De Pougy, Liane. Idilio sáfico. Egales, Barcelona-Madrid, 2009.
De Pougy, Liane (con prefacio de Alex-Ceslas Rzewuski). Mes cahiers bleus. Éditions Plon, París, 1977.
Morillas Cobo, Ana. Liane de Pougy y Émilienne d'Alençon, las dos “Gracias” que nos faltaban (en Ellas, las prostitutas. Historia de la prostitución vol. II. Con nombre propio: vidas de prostitutas). Khronos Historia, Madrid, 2020.
Misrahi, Alicia. Los poderes de Venus. De Catalina la Grande a Grace Kelly: la historia de las mujeres que se atrevieron a disponer de su sexo. Ediciones Martínez Roca, Barcelona, 2006.
Rodríguez, Suzanne. Natalie Barney. Editorial Circe, Barcelona, 2004.




martes, 24 de marzo de 2026

NUNCA MÁS




















Escribe: Juan Carlos Serqueiros

Hoy es —o debería ser— un día de recogimiento y de reflexión profunda. El 24 de marzo de 1976 un golpe militar instigado y prohijado desde el exterior, con la complicidad de las oligarquías vernáculas de derecha e izquierda, de la mano de la politiquería venal (en especial el radicalismo, como de costumbre), el aplauso de la mayoría de la prensa y ante la indiferencia cuando no la complacencia y hasta la alegría jubilosa de vastos sectores de la sociedad; derrocó al legítimo gobierno que había sido democráticamente elegido por las mayorías populares con el 62% de los votos.
Se inició así la noche más negra de nuestra historia, signada por una tiranía feroz que nos asoló política, social, económica, moral y espiritualmente desde entonces, y que nos sigue asolando hasta hoy, porque esa fecha marca un clivaje en nuestra existencia como nación en tanto representa nada menos que el final de nuestra adolescencia, la adquisición brutal de la consciencia del término de nuestro sueño de Argentina Potencia, y la entrada de lleno al reino del terror, de la delación, la traición, la vileza, la ignorancia y la corrupción instalada como sistema. Asistimos al derrumbe de los valores con que habíamos sido criados y toleramos, impasible e irresponsablemente, el dictado del decreto de muerte para la educación pública, y pasamos sin más a abrevar en el odioso catecismo de la derrota nacional y la mentida superioridad de lo foráneo por sobre lo propio.
Todos (y cuando digo todos quiero decir exactamente eso: TODOS) nuestros males actuales derivan de aquel no tan lejano 24 de marzo de 1976, inicio de una enfermedad terrible de la cual aún estamos convalecientes, porque cincuenta años son tan sólo un nanosegundo en la historia de un pueblo.
Hagamos nuestro el nunca más y llevémoslo grabado a fuego en el alma nacional, porque ese y no otro debe ser el principio de nuestra redención como país.
Nunca, pero NUNCA más.

-Juan Carlos Serqueiros-


martes, 17 de marzo de 2026

SIEMPRE ALGO NOS FALTA


















Escribe: Gabriela Borraccetti *

Nuestra vida está llena de fantasmas cuyos velos ocultan lo que vivimos como algo negativo. Se nos llenan los armarios de secretos, los cajones de olvido, la mente de huecos, el cuerpo de síntomas, la vida de vacío…
Llenamos los agujeros con consumo excesivo, con parejas insatisfactorias, con carreras sin sentido, con trabajos que detestamos y con todo lo que nos venden como felicidad. 
Así vamos, así andamos, prisioneros del descontento y del malestar. Y creemos que vamos a encontrar la satisfacción en el sexo, en la diversión, en el afuera, en las compañías... cuando afuera jamás obtura una herida adentro.
Y un día, sin querer, corremos un velo, y detrás se corre otro, y el fantasma que tapaba con sus ropajes, y nuestras poses el terror a ser, nos deja ver que lo que queríamos ocultar de nosotros mismos, era lo que más necesitábamos rescatar para ser seres completos: saber que siempre, SIEMPRE, algo nos falta.

Lic. Gabriela Borraccetti
Psicóloga Clínica
M. N. 16814

* Gabriela Borraccetti (n. 1965, Vicente López, Buenos Aires), es licenciada en Psicología por la Universidad Argentina John F. Kennedy. De extensa trayectoria profesional, ejerce como psicóloga clínica especializada en el diagnóstico y tratamiento de la angustia, el estrés, los temas de la sexualidad y los conflictos derivados de situaciones familiares, de pareja y laborales. Es, además; poetisa, cuentista, artista plástica y astróloga. Para contactar con ella por consulta o terapia, enviar e-Mail a licgabrielaborraccetti@gmail.com o Whatsapp al +54 9 11 7629-9160.


miércoles, 11 de marzo de 2026

FÉLIX LUNA











Escribe: Juan Carlos Serqueiros

Estoy releyendo "Soy Roca", de Félix Luna. Debe ser la tercera o cuarta vez que lo hago, y me sigue pareciendo un libro entretenido (Luna escribe bien en prosa); aunque de escaso —y hasta si se quiere, nulo valor histórico, debido a lo cual está más que apropiadamente catalogado en ese rubro del contrasentido conocido como novela histórica. Y digo "del contrasentido" porque no jodamos: si es novela, entonces no es historia, ¿estamos de acuerdo?
Hace unos cuantos años me había percatado de no pocos errores groseros en "Soy Roca", lo cual me condujo a citarlos en un opúsculo que titulé Los errores (¿u horrores?) de Félix Luna en "Soy Roca" y que puede leerse cliqueando en este ENLACE; pero seguramente debido al mil veces maldito curso ILVEM de lectura rápida que gané de pibe con 12 años en un concurso televisivo de preguntas y respuestas, y que vengo cargando como un estigma, en aquella oportunidad se me escapó el párrafo que cito a continuación y en el cual acabo de reparar. En su imaginación, a menudo afiebrada, Luna le atribuye a Roca estas palabras acerca de sí mismo: "No fui ni soy un jefe de partido. No tengo pasta de caudillo. No soy un tribuno. No se dan en mi persona esos mágicos atributos como los que hicieron de Mitre o Alsina (o años más tarde, de Alem) figuras idolatradas por las masas." (sic)
Obviando el hecho indisputable de que se necesita poseer el don de una portentosa fantasía para aceptar que Mitre haya calado en las "masas"; yo diría más bien que si Mitre o algún mitrista tomó en cuenta alguna vez la palabra "masa", eso debe de haber sido en el contexto de un libro de física o de la visita a una panadería o confitería; porque de otro modo... Vaya y pase lo de Alsina (siempre y cuando aceptemos como "masas" a algunos grupos aislados de orilleros y compadritos encorsetados en el lumpenaje de los comités autonomistas a fuerza de asado, naipes, taba y vino; pero bueno...). Y vaya y pase también lo del fundador de esa crónica de la infamia que fue y sigue siendo la UCR: Alem, de innegable popularidad (aunque particularmente, yo deba confesar que la misma me jode bastante y que la acepto sólo porque la evidencia en tal sentido es abrumadora: el tipo —en mi opinión, un incurable romántico, borrachín y maníaco depresivo que vivía en una realidad paralela habitada por sus propios fantasmas—, era incuestionablemente muy popular y eso es un hecho histórico innegable e insoslayable; por más que a mí me hubiera gustado que la cosa fuese muy distinta).
Pero lo que más me llamó la atención de ese párrafo, es lo de "figuras idolatradas por las masas"; porque a ver: es exacto, exactísimo. El que Luna haya escogido el verbo idolatrar, es decir, adorar a un ídolo, esto es, a una deidad (por más que se trate de una “deidad política" como Bartolomé Mitre) FALSA; tiene forzosamente que haber sido un sincericidio que su inconsciente estimó imprescindible.
No obstante, si en su faceta de historiador son más que deplorables los errores, los “olvidos” y las manipulaciones en que Luna incurrió —de todo lo cual el párrafo que cité es sólo el botón de muestra o apenas la punta del iceberg—; sería absolutamente ilícito y además reñido con la honestidad intelectual negarle méritos a los que resulta más que justo acreedor en su condición de fundador, editor y director de la revista Todo es Historia, en la cual escribieron historiadores de distintas corrientes interpretativas y se publicaron los trabajos de muchísimos de ellos que en tanto provincianos, no habían tenido hasta entonces en la gran urbe capitalina la difusión que largamente merecían.
Por lo demás, en todo cuanto se refiere al Félix Luna poeta, qué quiere usted que le diga... Me conmueve su lírica, la cual considero bellísima. Poemas como Juana AzurduyAlfonsina y el marZamba de ustedLa peregrinación y tantos otros… me parecen magistrales, maravillosos y me laburan planos muy altos de la psiquis.
Qué sé yo… volvé, Falucho, dale. Al fin de cuentas, por más que en tu rol de historiador te haya re puteado (¿y quién no?) hasta en chino mandarín; a la hora de compararte con espantos tales como Romero, Canale, Balmaceda, O'Donnell, Pigna, Chumbita y demás especímenes de similar laya que andan pululando por ahí, debo admitir que sos Heródoto. 
Extraño tu poesía, y más aún si es musicalizada por tu correligionario Ariel Ramírez.

-Juan Carlos Serqueiros-


domingo, 8 de marzo de 2026

8 DE MARZO, DÍA DE LA MUJER























Escribe: Gabriela Borraccetti *

Para todas las mujeres que tuvieron que dejar a sus hijos en manos de otros, porque las han llamado “mantenidas”.
Para todas las que salen a pelear un sueldo inferior porque nuestra pretensión de igualdad les asusta.
Para todas las que salen a pedir por sus hijos y las que dieron vueltas alrededor de la plaza de Mayo sin temer a quienes los desaparecieron.
Por todas las que a diario se esfuerzan en dejar de ser mano de obra barata.
Por las que ya no se casan buscando "seguridad", por las que huyen del maltrato, por las que se dan cuenta de que no son ni material descartable, ni la fuente de consumo de una sociedad que les vende lo que sea, prometiéndoles el paraíso que sólo es para el que vende.
Porque no iniciamos guerras, no somos asesinas, no tiramos bombas y no formamos ejércitos de matones.
Porque nos merecemos respeto siendo flacas o gordas, y no un florero moldeado a imagen y semejanza de lo imposible para asegurarse de que siempre nos veamos mal y puedan vendernos cosas para "mejorar" nuestros "defectos" alimentados artificialmente.
Para todas las que tienen que bancarse los descalificativos "locas", "brujas", "malas", inqueribles, incogibles, por mostrar que tienen boca, pensamiento y garra.
Para todas las que empujan hacia adelante un carro de cientos de años que nos colocaron en el lugar de paridoras, de propiedad privada hasta con canciones que parecían un halago, los señores que dicen cuándo y cuánto coger, cómo hacerlo, y hasta dictaminan que nuestro placer es de su autoría y nuestra anorgasmia nuestra enfermedad o culpa.
Para todas las que empiezan a entender que cuando no nos aceptan, no es porque seamos defectuosas, sino porque no resultamos cómodas para los que quieren cocinera, mucama, muñeca inflable y doncella 24 x 365.
Para todas las que buscan despertar a las otras, porque si no lo hacemos entre nosotras, quien hasta ahora tuvo la batuta, nos seguirá maltratando con la inconsciencia de quien nace creyéndose con derechos que nosotras no tenemos.
Para que no creamos que igualdad es ser como ellos o hacer lo que ellos hacen, sino seres que si faltáramos; la humanidad no existiría, la ternura se esfumaría, los pedidos de paz no abundarían, y el cuidado, el cariño y la receptividad se espantarían.
Que no valga más una mujer con tetas y culo grandes, que una mujer con respeto por sí misma.

Lic. Gabriela Borraccetti
Psicóloga Clínica
M. N. 16814

Imagen de portada: Dorothy .Dorothy Iannone, "El próximo gran momento de la historia es nuestro", 1970.

* Gabriela Borraccetti (n. 1965, Vicente López, Buenos Aires), es licenciada en Psicología por la Universidad Argentina John F. Kennedy. De extensa trayectoria profesional, ejerce como psicóloga clínica especializada en el diagnóstico y tratamiento de la angustia, el estrés, los temas de la sexualidad y los conflictos derivados de situaciones familiares, de pareja y laborales. Es, además; poetisa, cuentista, artista plástica y astróloga. Para contactar con ella por consulta o terapia, enviar e-Mail a licgabrielaborraccetti@gmail.com o Whatsapp al +54 9 11 7629-9160.


martes, 3 de marzo de 2026

AMOR ES LIBERTAD





















Escribe: Gabriela Borraccetti *

No todo el mundo quiere vivir igual; algunos prefieren viajar, otros tener más linda su casa, otros se tienen que conformar con que la alegría esté en comprar un celular nuevo, otros con hacer lo que aman, otros prefieren dinero y no amor, otros amor y no dinero. Y así...
Cada uno debe buscar la felicidad a su modo y según sus propios parámetros, porque si intentamos encontrarla a la altura de congeniar 100%; entonces advienen la discrepancia y la distancia.
Recuerda siempre: amor es libertad, todo lo contrario a seguridad, todo lo contrario a estabilidad y todo lo más parecido a crecimiento; eso a lo que tanto tememos por tomar las propias decisiones.

Lic. Gabriela Borraccetti
Psicóloga Clínica
M. N. 16814

* Gabriela Borraccetti (n. 1965, Vicente López, Buenos Aires), es licenciada en Psicología por la Universidad Argentina John F. Kennedy. De extensa trayectoria profesional, ejerce como psicóloga clínica especializada en el diagnóstico y tratamiento de la angustia, el estrés, los temas de la sexualidad y los conflictos derivados de situaciones familiares, de pareja y laborales. Es, además; poetisa, cuentista, artista plástica y astróloga. Para contactar con ella por consulta o terapia, enviar e-Mail a licgabrielaborraccetti@gmail.com o Whatsapp al +54 9 11 7629-9160.

martes, 24 de febrero de 2026

LAS TRES CRUCES


























Escribe: Juan Carlos Serqueiros

Mario Millán Medina (n. Colonia Porvenir, Goya, 25.05.1914 – m. Rosario, 06.11.1977) es el autor y compositor del chamamé titulado “Las tres cruces”. Hay aquiescencia generalizada en consignar el de 1936 como año de su creación (pero más allá de que en lo formal y legal figure debidamente registrado en SADAIC con fecha 18.02.1953 bajo el código de obra 26469 | ISWC T0370284380).

LAS TRES CRUCES
(Chamamé, 1936)
Letra y Música: Mario Millán Medina

En las cuatro bocas que aquel camino
forma al cruzarse con el real,
a un costado está clavada
la cruz sagrada de mi Taita.
Muy junto a ella, a un torniquete
la cruz de Olano atada está;
a dos, tres pasos del alambrado
media caída, la de Cambá.
Para una fiesta de día patrio,
pa’ un 25 de Mayo fue;
hubo carreras en las Cuatro Bocas,
en el bolicho de don José.
Taita y Olano, viejos contrarios
enemistados por su opinión,
al encontrarse se pelearon,
ponchillo en brazo, facón a facón.
Cambá que era el comisario
corrió a apartarlos, era su deber;
muy malheridos y ensangrentados
los tres quedaron allí en su ley.
Desde entonces las Cuatro Bocas
son muy sagradas en el lugar
y las tres cruces son milagrosas
las de Taita, Olano y Cambá.
Los pobladores de aquel paraje
chipa y naranjas suelen llevar
para que rece por esas almas
algún andante por el lugar.

Estamos frente a una canción que remite a las cruentas luchas entre autonomistas y liberales trabadas en la provincia de Corrientes durante las tres últimas décadas del siglo XIX y que se prolongaron hasta finales de la primera del XX. Comienza mencionando dónde había transcurrido lo que en ella se narra: “en las cuatro bocas que aquel camino / forma al cruzarse con el real”. Es decir que tenemos un camino secundario (aquel camino), que se cruza con el real, o sea, el principal. Se denominaba "camino real" o "del Rey", al que unía capitales o poblaciones de cierta significación, tenía el ancho apropiado para permitir el tránsito vehicular de aquella época (carretas, diligencias, galeras), y que era por el que obligatoriamente (pues así lo prescribían las leyes y reglamentos) debían tomar todos los funcionarios del Estado (gobernantes, correos, etc.). En la actualidad, casi todas las principales rutas nacionales siguen la traza de aquellos "caminos reales" de antaño, con lo cual podemos afirmar que el punto mencionado por Millán Medina necesariamente debe de situarse o sobre la ruta 12 o sobre la 14, formándose las cuatro bocas cuando se cruzan con algún camino secundario; más al no estar especificado cuál es éste, es imposible determinarlo con exactitud. No obstante, sí podemos acotarlo a dos y sólo dos posibilidades; ya que en la provincia de Corrientes los únicos parajes designados como Cuatro Bocas quedan: uno en jurisdicción de Saladas, en el cruce de la ruta nacional 12 con la provincial 118; y otro situado en el departamento Monte Caseros, en la intersección de las rutas 14 y 127. Ergo, ambos pueden ser el aludido por el autor.
Trascartón, la letra nos dice que se distinguen en el lugar tres cruces, clavadas en memoria de y homenaje a, unos tales Taita, Olano y Cambá; y también que aquel camino que interseca con el real, atraviesa campos o estancias particulares, ya que hay un alambrado señalando el linde entre el ámbito público y la propiedad privada (“a un costado está clavada / la cruz sagrada de mi Taita. / Muy junto a ella, a un torniquete / la cruz de Olano atada está; / a dos, tres pasos del alambrado / media caída, la de Cambá”).
Seguidamente, se nos cuenta que los hechos acaecieron en fecha patria (“para una fiesta de día patrio, / pa’ un 25 de Mayo fue”). ¿Por qué el autor elige el 25 de Mayo con preferencia al 9 de Julio? Simple: lo hace por una cuestión elemental de estructura poética, de musicalidad propia de los versos y de correspondencia con la melodía que les adosó para convertirlos en canción. Y además, por un motivo que inexplicablemente se les pasó inadvertido a los biógrafos de Millán Medina: esa es, precisamente, la fecha de su natalicio. Y acota que los festejos incluyeron la realización de cuadreras (“hubo carreras en las Cuatro Bocas”) en el escenario constituido por un almacén de ramos generales y despacho de bebidas ("el bolicho de Don José") al estilo de las antiguas pulperías.
En relación a los protagonistas: Taita, Olano y Cambá, del primero sólo se cita su apodo (que en guaraní significa "padre", sea en sentido de consanguinidad o sea figurativamente (por ej.: a Tránsito Cocomarola se lo conoce como el "taita del chamamé", es decir, el padre del chamamé, por la trascendencia de su obra musical dentro de ese género). En este caso se aplica a alguien en señal de respeto rayano en veneración (“mi Taita”, pone el autor en primera persona constituido en hablante lírico de la poesía, pero no para expresar taxativamente deferencia hacia él en especial, en desmedro de la consideración que le merecen los otros dos, y mucho menos por identificación política). Del segundo personaje tenemos sólo el apellido: Olano, pero no su nombre de pila (¿Millán Medina lo habrá elegido para identificarlo con alguna localidad en especial en la cual haya varias personas caracterizadas que lleven dicho apellido? Chi lo sa…). Y del tercero se especifica únicamente la función que desempeña, el cargo que ostenta (comisario), y su apodo: Cambá, o sea "Negro" en guaraní, aplicado tanto en sentido real (a alguien con fenotipo de piel oscura); como figurado (a una persona morocha, de piel trigueña).
Taita y Olano se hallan distanciados hace mucho tiempo, al punto del odio sordo, tenaz (“viejos contrarios", “enemistados”) por cuestiones políticas ("por su opinión"); así que podemos afirmar que uno de ellos adhería al Partido Autonomista y el otro al Partido Liberal, que eran por entonces (finales del siglo XIX o principios del XX, tal como consigné precedentemente) las facciones en pugna. Pero chaque la confusión: en la lírica del autor, ni Taita ni Olano son referentes principalísimos e ineludibles de una u otra divisa en una porción geográfica determinada, rol ese que se reservaba a los acaudalados estancieros de la elite correntina capaces de arrastrar a cientos cuando no miles de pobres paisanos que por pura lealtad criolla los seguían, luciendo al cuello ora el pañuelo colorado ora el celeste. Y tampoco son gauchillos (voz popular en Corrientes equivalente al gaucho “de avería” o “vago y mal entretenido” usuales en la provincia de Buenos Aires) alzados contra la autoridad policial, incursos en delitos y/o dedicados a erigirse en matones de comité para inclinar el voto de la gente hacia el candidato que contara con sus servicios. Lejos de eso; son campiriños en un mundo chiquito acotado a cinco o diez leguas, que por sus prendas de carácter se habían ganado el respeto y la estima de sus paisanos, y que albergando viejos enconos juraron matarse en cuanto se toparan (lo cual fatalmente termina ocurriendo). Así las cosas, la letra pasa a contarnos el desenlace: un duelo a cuchillo entre Taita y Olano, quienes “al encontrarse se pelearon / ponchillo en brazo, facón a facón"; entonces ahí entra a tallar el comisario Cambá, quien en cumplimiento ineludible de sus responsabilidades para con el orden (“era su deber”) procura separar a los adversarios; y el asunto que resulta en tragedia con los tres personajes muertos.
Y tras el temple evocador, sombrío y luctuoso de los versos hasta aquí citados; de pronto se hace la luz, así como “cuando la noche es más oscura / se viene el día en tu corazón” (Indio Solari dixit), y entonces podemos distinguir, nítido, el propósito del autor, que no es otro que destacar, ensalzar, la religiosidad profunda, humilde y simple del paisano correntino, es decir, la devoción popular, con esa mención a que “los pobladores de aquel paraje / chipa y naranjas suelen llevar” (a modo de ofrenda y también para que quienes transitan por el sitio pudiesen yantar, refrescarse, rezar por las almas de los tres caídos allí, y hasta pedir algún milagro, en tanto “las tres cruces son milagrosas”).
Con este chamamé, Mario Millán Medina se adelanta en treinta años al culto (tan difundido hoy en día a partir de las décadas de 1990 y 2000, originalmente con un formidable bombardeo marketinero en diarios, radio y televisión, el cual sería llevado al paroxismo al emerger las redes sociales; y con profusión de iconografía) al mito Curuzú Gil primero, y al Gauchillo Gil (muy convenientemente devenido en Gauchito) después, cuyo origen no puede rastrearse más allá de 1960-1968).
En cambio, Taita, Olano y Cambá, esto es, “Las tres cruces”, no les deben absolutamente nada ni al mercadeo ni a la iglesia ni a internet ni al engaño de asignarles el haber tenido existencia real por más que de la misma no haya un solo elemento documental que la registre y compruebe o tan siquiera la mencione; sino que encarnan per se la forma más pura y sencilla de integrarnos a una cosmovisión mágico-religiosa… tan sólo a partir de una canción.


Y hasta aquí anduvimos juntos usted, mi estimado lector, y el seguro servidor que soy, en un trip que nos condujo a un reino esbozado en versos y acordes. Disfrute de la canción, sírvase una caña y brinde por esas almas.
¡Hasta la próxima!

-Juan Carlos Serqueiros-


miércoles, 18 de febrero de 2026

UN CORAZÓN




























UN CORAZÓN
(Poema de Juan Carlos Serqueiros)

Un corazón de piedra, mi amor
Un corazón de piedra quisiera
Que no lo lastime el dolor
Silente de esta, mi tierra

Un corazón de barro, mi amor
Un corazón de barro quisiera
Todo moldeado con primor
Y que no sangren sus heridas viejas

Un corazón fragante, mi amor
Un corazón fragante quisiera
Y que tape el petricor
De esta lluvia tempranera

Un corazón inconsciente, mi amor
Un corazón inconsciente quisiera
Y que desdeñe el ardor
Acuciante de mis tristezas

Un corazón de vino, mi amor
Un corazón de vino quisiera
Y que los vahos del alcohol
Sean bálsamo a tanta pena

Un corazón de nieve, mi amor
Un corazón de nieve quisiera
Que fundido en algún sol
Retorne en ilusiones nuevas

Un corazón creciente, mi amor
Un corazón creciente quisiera
Y que mengüe aquel sopor
De esperar la luna llena

Un corazón de niño, mi amor
Un corazón de niño quisiera
Que me renazca desde el horror
De aquella mi angustia añeja.


-Juan Carlos Serqueiros-

Imagen: Adrian Borda, "Fragile", óleo sobre tela, contemporáneo.

miércoles, 11 de febrero de 2026

LIBRE ALBEDRÍO









































Escribe: Gabriela Borraccetti (*)

Quienes saben de su poder y conocen sus posibilidades, pueden crear su camino de modo tal de creer que el destino tiene su fuente en el libre albedrío. En cambio, quienes se desconocen y no creen en sus estrellas, no hacen más que volverse títeres de su propio destino.
Y planteado el interrogante “¿qué debo hacer?”, la única contestación es: “una elección sin garantías”; porque lo que está escrito es la pregunta, y lo que has venido a dar es tu respuesta. Eso es libre albedrío.
Querer que cambien las cosas es adoptar una posición pasiva dejando que el mundo se haga cargo de nuestro problema. Cambiar nosotros ante lo que nos conflictúa, es la mejor opción, sobre todo; porque eso cambia nuestra mirada acerca de la vida y nos permite saber que libre albedrío es justamente poder responder libremente a los desafíos para que el mundo que nos rodea se adapte a nosotros y no ser nosotros adaptables al mundo.
Por supuesto, no hay que confundir un mundo a la medida de nuestros caprichos, con un mundo en el que realmente estemos felices de ser quienes somos.

Lic. Gabriela Borraccetti
Psicóloga Clínica
M. N. 16814

* Gabriela Borraccetti (n. 1965, Vicente López, Buenos Aires), es licenciada en Psicología por la Universidad Argentina John F. Kennedy. De extensa trayectoria profesional, ejerce como psicóloga clínica especializada en el diagnóstico y tratamiento de la angustia, el estrés, los temas de la sexualidad y los conflictos derivados de situaciones familiares, de pareja y laborales. Es, además; poetisa, cuentista, artista plástica y astróloga. Para contactar con ella por consulta o terapia, enviar e-Mail a licgabrielaborraccetti@gmail.com o Whatsapp al +54 9 11 7629-9160.


martes, 3 de febrero de 2026

LA "JUSTICIA" Y LA CORRUPCIÓN





















Escribe: Juan Carlos Serqueiros

No creo en las meigas, pero haberlas haylas. (Dicho popular gallego)

Para la república y la democracia no sólo es saludable que los funcionarios sean controlados e investigados, imputados (de haber indicios de que se corrompieron durante su gestiones), juzgados y condenados (si se probase que cometieron ilícitos), sino que además; es imprescindible que así ocurra.
El problema radica en que muchos de los jueces que deben incoar los procesos, son genuflexos del poder político cuando no corruptos ellos mismos. ¿O acaso preferimos ignorar que perciben sueldos dobles cobrando en “negro" uno igual al "blanco" a través del sobre que religiosamente les llega vía la agencia de inteligencia o por algún otro conducto non sancto? ¿O que algunos de ellos están estrechamente vinculados al narcotráfico u otras actividades delictivas, cuando no a intereses foráneos? ¿O que casi todos ellos deben, en mayor o menor medida, sus cargos a algún/unos politicastro/s determinado/s que haya/n ocupado sitiales importantes de decisión y que en consecuencia, así como no pueden pedirse peras al olmo; es quimérico esperar que los beneficiados vayan contra sus favorecedores? ¿O que en la Suprema Corte (que hace mucho ya no es de Justicia, sino de in-justicia) uno de sus integrantes fungió siempre como abogado de las gigantescas corporaciones transnacionales en contra de los intereses argentinos? ¿O que dicho organismo (enfermo y purulento) "funciona" irregularmente reducido a tres integrantes, y que como si eso fuera poco escándalo; puede tomarse veinte o más años en pronunciarse o no hacerlo nunca? ¿O que haya jueces que concurren a postrarse a los pies de algún magnate extranjero obedeciendo a su "desinteresada invitación" y que encima; cuando son descubiertos chatean entre sí para resolver qué otro delito van a cometer para disimular? En fin... sería cosa de nunca acabar el mencionar determinadas situaciones.
Y eso entre otras "lindezas" que son como las brujas: todos sabemos que no existen, pero que las hay; las hay.
Se ha logrado instalar en el imaginario colectivo de una mitad irresponsable, estulta y abúlica de la sociedad argentina, que el problema de la corrupción está acotado a funcionarios que eventualmente se hayan enriquecido por medios ilícitos (y dicho sea de paso, muchas veces se trata de acusaciones infundadas que después no pueden sostenerse y mucho menos comprobarse; pese a lo cual se los detiene y encarcela a gran estrépito de la prensa adicta al/a los denunciante/s, reitero: sin que medie condena y sin siquiera someterlos a juicio previo); mientras que quienes saquearon y saquean el país dejándolo inerme frente a la voracidad del extranjero (con el cual colaboran como cipayos y perduellis que son; y en este punto, remember aquello del compañero Herminio Iglesias, que fue tan ferozmente sometido al escarnio: "Es verdad, yo me como las eses al hablar, pero otros se comen el país") no sólo están en libertad, sino que además; presumen de ser puntales de la comunidad, guardianes de la moral, ¡y hasta gobiernan! Eso es, cuanto menos, poner el cachapé adelante de los bueyes.
Y equivale a lo que hace dos siglos escribió Bartolomé Hidalgo en su Diálogo patriótico interesante: mandar al presidio al gaucho que "robó unas espuelas" o "alivió del peso de unos medios" a algún paisano; mientras el señorón que "tuvo una casualidad", queda impune.

-Juan Carlos Serqueiros-