jueves, 22 de febrero de 2018

EL NUEVO DISCO DEL INDIO: EL RUISEÑOR, EL AMOR Y LA MUERTE







































Escribe: Juan Carlos Serqueiros

Queridos todos: se aproxima la hora de sumergirnos en las siempre procelosas aguas del mar solariano para bucear en ellas y encontrarnos con otro pecio (¡no, bestia! “Precio” no; pecio dije, PECIO, o sea, restos de un naufragio): su nuevo disco, el cual llevará por nombre El ruiseñor, el amor y la muerte.
En esta oportunidad, nuestro artista favorito se auto denominará Protoplasman, y de sus sienes ardientes brotarán los siguientes himnos:

1. Pinturas de guerra
2. La oscuridad
3. El callejón de los milagros
4. El ruiseñor, el amor y la muerte
5. Strangerdanger
6. El martillo de las brujas (malleus malleficarum)
7. El tío Alberto en el Día de la Bicicleta
8. Canción para un terrorista bonito
9. La pequeña mamba
10. La moda no es vanguardia
11. A bailar que no hay infierno
12. La ciudad de los encandilados
13. Ostende Hotel
14. Panasonic y el mundo a sus pies
15. El que la seca la llena

La tapa del disco será una fotografía de sus padres (la cual pueden ver en la imagen que oficia de portada de este chisme que les traigo), y en su interior se encontrarán con los rostros de las personalidades que lo han marcado, dejando, cada una de ellas, una impronta en su prolífica carrera: Tarkovski, Bergman, Buñuel, Wagner, Cohen, el Tata Ruiz (¡todos de pie y aplaudiendo, carajo!), Billie Holiday, Zappa, Lennon, Pratt, Xul Solar, Gurdjeff, Artaud, Kerouac, Burroughs y la inmortal Evita.
Los delincuentes que hacemos Esa Vieja Cultura Frita, travestidos con nuestros disfraces de gente respetable (como buenos y fieles apóstoles del dios Patricio Rey, a quien Luzbelito ilumine siempre), hemos conseguido para vuestro solaz, un evangelio: cuatro pedorrísimas imágenes de la obra en cuestión, las cuales obtuvimos merced a una audaz y peligrosa misión especial de nuestro detective Nicolás, y que con mucho gusto (porque al fin de cuentas; seremos ladrones, pero generosos, che) compartimos con ustedes. Perdón por la mala calidad, pero pa'l hambre no hay pan duro, dicen (o, por lo menos, dicen que dicen):





Bueno, no; era broma nomás. Les cuento que, en realidad, nuestro agente secreto Nicolás nos había suministrado las fotos antes, pero fieles a nuestro estilo; las subimos recién hoy, hecho ya el anuncio OFICIAL por parte del biógrafo del Indio, Marcelo Figueras.
Mis amados pajaritos (perdón, desde ahora; ruiseñores), será hasta que alguna curva de la atestada ruta solariana vuelva a amuchar nuestros corazones.
Que sea corta la espera. Amén.

-Juan Carlos Serqueiros-

lunes, 12 de febrero de 2018

LA PIRÁMIDE DE LA CIUDADELA







































Escribe: Juan Carlos Serqueiros

Uno contempla, con una mezcla de asombro, dolor e indignación, cómo al narrar la historia algunos incurren en errores groseros, los cuales son después reiterados hasta el hartazgo por otros, quienes a su turno, en lugar de investigar y enmendarlos; se limitan a copiar a quienes les precedieron en la comisión de los mismos.
Así ocurre, por ejemplo, con este monumento, al cual en no pocos libros y artículos se lo describe como que fue levantado "por Belgrano en recuerdo de la batalla de Tucumán". ¿Puede alguien en su sano juicio imaginar al ínclito general, que era propiamente la abnegación y el desinterés hechos carne y espíritu, homenajeándose a sí mismo? Por favor... 
Lo cierto es que se trata de la Pirámide que el prócer que creó la Bandera y nos dio la Independencia, mandó erigir en 1817 o 1818, en la antigua Ciudadela, en celebración de y homenaje a, las victorias obtenidas en Chile por el Ejército de los Andes al mando del general San Martín, las cuales se festejaron hasta el delirio en la Tucumán de por entonces.
El monumento, construido de ladrillos, estaba rodeado de rosales y se hallaba al fondo de una alameda, paralelo a la cual corría un manso y cristalino arroyuelo. Todo aquello conformaba un paisaje ensoñador que movía al fervor patriótico y que muy pronto se constituyó en uno de los paseos preferidos por los tucumanos de la época. Afortunadamente, todavía se yergue, orgulloso en su humildad, y esa feliz circunstancia nos pone en condición de poder admirarlo (ver la imagen que oficia de portada de este artículo). 
Pero también, merced a ciertos testimonios históricos; nos es dable conocer cómo era originalmente y por qué fue levantado.
En 1834, la pluma de Alberdi en su célebre Memoria descriptiva sobre Tucumán, lo reseñaba de este modo:
Ya el pasto ha cubierto el lugar donde fue la casa del General Belgrano, y si no fuera por ciertas eminencias que forman los cimientos de las paredes derribadas, no se sabría el lugar preciso en que existió (nota mía: lo consignado por Alberdi nos permite saber que ya en 1834, de la casa que habitaba Belgrano en Tucumán, quedaban sólo los cimientos). Inmediato a este sitio está el campo llamado de Honor, porque en él se obtuvo en 1812, la victoria que cimentó la independencia de la República (nota mía: se refiere a la Batalla de Tucumán, acaecida el 24 de setiembre de 1812) (…) que presenta la forma de un vasto anfiteatro como si el cielo le hubiera construido de profeso para las escenas de un pueblo heroico (…) A dos cuadras de la antigua casa del General Belgrano, está la ciudadela (nota mía: alude a la fortificación pentagonal conocida como la Ciudadela, el campamento militar que había dispuesto emplazar San Martín en 1814, tras asumir la jefatura del Ejército Auxiliar del Perú, y donde después, con Belgrano nuevamente como jefe de dicha fuerza, estaban los cuarteles). Hoy no se oyen músicas ni se ven soldados. Los cuarteles derribados, son rodeados de una eterna y triste soledad (…) Entre la ciudadela y la casa del General Belgrano se levanta humildemente la pirámide de Mayo (nota mía: Alberdi -que por la época en que Belgrano mandó construir el monumento era un niño de 7 u 8 años y vivió en Tucumán sólo hasta los 14-, creía, en 1834, al regresar a su ciudad natal -brevemente, pues sólo estaría allí pocos meses-, que se la había erigido en homenaje a la Revolución de Mayo y por esa razón la denomina así), que más bien parece un monumento de soledad y muerte. Yo la vi en un tiempo circundada de rosas y alegría; hoy es devorada de una triste soledad. Terminaba una alameda formada por una calle de media Iegua de álamos y mirtos. Un hilo de agua que antes fertilizaba estas delicias, hoy atraviesa solitario por entre ruinas y la acalorada fantasía ve más bien correr las lágrimas de la Patria. (sic)
Por su parte, José María Paz, en sus Memorias, dice:
Las victorias de Chacabuco y Maipo compensando en cierto modo nuestros desastres anteriores nos abrieron una nueva fuente de recursos (…) La última de estas victorias, después de la impresión que había producido en los ánimos el desastre de Cancha-rayada fue celebrada en Tucumán con locura. El General Belgrano hizo levantar un monumento para perpetuar su memoria, el que se conservaba hasta estos últimos años. (sic)
Esto implica que Paz, al consignar que el monumento se erigió con “la última de estas victorias” y después del ”desastre de Cancha Rayada”, está indicando que lo fue a posteriori de la Batalla de Maipú, librada el 5 de abril de 1818.
Con las guerras civiles, el sitio fue cayendo en el abandono, hasta que en 1858, un antiguo oficial de Napoleón, que fue después edecán de Belgrano, acompañó a éste en su último viaje a Buenos Aires y permaneció junto al general hasta que falleció: el teniente coronel Emidio Salvigni (quien durante el rosismo había emigrado a Chile y redondeado una regular fortuna con sus actividades en la minería), regresó a Tucumán, y al ver el estado en que se hallaba el monumento, el 12 de junio le ofreció al por entonces gobernador de la provincia, Marcos Paz, costear de su propio bolsillo tanto la restauración de la Pirámide como los gastos que demandara protegerla con una verja de hierro. El gobernador no sólo acogió con beneplácito la oferta de Salvigni, sino que además; al día siguiente decretó la formación en el sitio de una plaza, la cual debía llevar por nombre General Belgrano.


Pero sabido es que en este nuestro bendito país, las cosas, o bien se hacen a las apuradas y mal, o sufren una morosidad exasperante y descorazonadora hasta su ejecución; con lo cual la plaza en cuestión se inauguró recién en 1878, en ocasión de los actos y festejos por el Día de la Independencia.
Esta es una fotografía de la Pirámide, tomada por Angel Paganelli en 1872:


Esta otra, en la cual se distingue el monumento al fondo de la calle, fue tomada el 9 de Julio de 1878, en el acto inaugural de la plaza Belgrano:


Y en esta, podemos apreciar el monumento tal como estaba c. 1900:


En 1910, para el Centenario de la Revolución de Mayo, durante la presidencia de Figueroa Alcorta se editaron en Buenos Aires álbumes alusivos a tan relevante aniversario. Uno de ellos, con alcance nacional: Centenario Argentino. Álbum Historiográfico de la República Argentina. Ciencias, Artes, Industrias, Ganadería y Agricultura


Y los otros, con particularidades propias de cada provincia. En el correspondiente a la de Tucumán, titulado Álbum Argentino, se describe el monumento y se suministran detalles, como por ejemplo, el de las inscripciones que había en las cuatro caras de su base. En la que da al norte: “La independencia de la República Argentina se juró en este suelo, que sirvió de tumba a los tiranos”; en la que da al sur: “A la jornada de Chacabuco la consagró el general en jefe del Ejército Auxiliar del Perú, don Manuel Belgrano”; en la que mira al este: “La República Argentina, fuerte y feliz por la Constitución de mayo, que debe al ilustre presidente Urquiza, vea su nombre restaurado este monumento”; y en la que da al poniente: “En este campo el ilustre general Belgrano venció al ejército español en la batalla del 24 de septiembre de 1812”.


Con total certeza, al menos tres de las inscripciones que se citan en el Álbum Argentino, fueron puestas con posterioridad a que se erigiera la Pirámide, seguramente en ocasión de la restauración costeada por Salvigni en 1858; porque obviamente, el prócer no iba a homenajearse a sí mismo con la que alude a la Batalla de Tucumán, y mucho menos auto calificándose de “ilustre” (por más que lo haya sido, y además; muy). Y tampoco pueden atribuirse a Belgrano -fallecido en 1820- ni la que menciona la “Constitución de mayo” (de 1853) -lo cual, además; está expresamente consignado, pues la inscripción dice “vea (Urquiza) su nombre restaurado este monumento”) ni la referida a la independencia “de la República Argentina”, por no ser esa la denominación de nuestro país en épocas del creador de la Bandera y artífice de nuestra Independencia. De modo que en el hipotético caso de que el prócer hubiese hecho poner una inscripción; ésa sólo podía ser la que remitía al triunfo de las armas de la patria en Chile.
Y es, querido lector, llegado el momento de abordar una cuestión: Belgrano, ¿ordenó levantar la Pirámide en honor al triunfo de Chacabuco, al de Maipú o lo hizo por ambas batallas? La verdad es que hasta el momento, no puede despejarse el interrogante. Como ya hemos visto, Paz consigna que fue por Maipú; mientras que Salvigni estipula que fue por Chacabuco.
No he podido hallar ni en los fondos Gobierno, Hacienda y Cabildo, ni en la Sección Administrativa 1573-1915 del AHPT, disposición alguna ni de Belgrano ni de los gobernadores Bernabé Aráoz en 1817 y Feliciano de la Mota Botello en 1818 ni del Cabildo, que fuera relativa a la erección del monumento; como tampoco hay asiento de los gastos que demandó la obra.
Ello me conduce (siempre y cuando, lógicamente, lo infructuoso de la búsqueda no se haya debido a fallas u omisiones mías) a inferir que el prócer hizo levantar la Pirámide con ladrillos fabricados por sus propios soldados, constituyendo ellos mismos también la mano de obra, dirigidos por alguno de sus oficiales. Al fin y al cabo, la Ciudadela se había edificado de esa manera: construyendo los soldados sus propios cuarteles.
En las cartas remitidas por Belgrano a Güemes no hay, ni en la que le informa la victoria obtenida en Chacabuco ni en las cursadas durante el trimestre posterior a la batalla, mención alguna a que haya dispuesto elevar el monumento. Tampoco hay ninguna referencia a ello en las que por esos días Belgrano escribió a San Martín. Y lo mismo ocurre con las dirigidas a ambos, San Martín y Güemes, por Belgrano una vez anoticiado del triunfo en Maipú.
En función de lo hasta aquí citado, particularmente me hallo inclinado a creer que debe de haber sido en celebración por la victoria de Chacabuco, como consignó Salvigni; pues estimo como muy probable que al momento de escribir Paz sus Memorias, tuviera ya borroso el recuerdo del suceso por los muchos años transcurridos desde que Belgrano dispuso que se erigiera el monumento; mientras que Salvigni, en su condición de edecán del general, fue testigo presencial y además; necesariamente tuvo que haber participado del hecho (como por otra parte, lo afirma él mismo en la nota de fecha 12 de junio de 1858 que dirige al jefe de policía).
En 1877 -un año antes de la inauguración de la plaza Belgrano cuya creación había decretado, como vimos, Marcos Paz en 1858-, el acaudalado comerciante y estanciero Andrés Egaña interesó al gobierno tucumano (Tiburcio Padilla) en embellecer y realzar el monumento, asumiendo él los gastos que la empresa demandara. Con ese cometido, encargó a un escultor suizo que vivía en Córdoba, José Allio, la reforma de la pirámide. Éste la coronó con una esfera y cubrió con mármol sus cuatro caras, colocando en cada una de ellas una inscripción, todas distintas a las que muchos años después se reputaron en el Álbum Argentino como “originales” (y que como consigné antes, al menos tres de ellas, con seguridad no lo eran). Las que introdujo Allio decían (o mejor dicho; dicen, pues son las que el monumento exhibe aún hoy): “General Belgrano. 1812”, “1812. General Eustoquio Díaz Vélez”, “Tucumán. Bernardo Monteagudo”, y “1840. Marco Avellaneda”. Así las cosas, se había alterado sustancialmente la significación que pretendió Belgrano darle a la Pirámide, trocando en ella su homenaje a la gesta de San Martín en Chile; por una alusión a la Batalla de Tucumán y la mención de tres figuras históricas que ninguna vinculación tenían con la victoria obtenida por el Ejército de los Andes. ¿Por qué eso?
Ocurría que el gestor y costeador del embellecimiento de la Pirámide, Egaña (n. 1816, Lima, Perú), estaba casado con Manuela Díaz Vélez, hija del general Eustoquio; de allí lo de mencionar a éste en una de las inscripciones introducidas en el monumento, antedatando a su nombre, “1812”, de manera de disimular, aludiendo a su participación -destacadísima, dicho sea de paso- en la Batalla de Tucumán; el verdadero motivo de citarlo en la Pirámide: su parentesco con quien pagaba las obras. A la vez, Egaña -miembro conspicuo del autonomismo- se hallaba estrechamente vinculado al por entonces presidente de la Nación, Nicolás Avellaneda, en tanto había sido no sólo uno de los primeros impulsores de la candidatura de éste, sino además; el principal aportante económico en su campaña electoral, y por eso la mención de Marco Avellaneda (padre de Nicolás), precedida por la cita “1840”, en elíptica referencia al 7 de abril de ese año, fecha en que la legislatura tucumana por él encabezada (y asimismo, había sido él quien instigó el asesinato del gobernador Alejandro Heredia y pagó a los que encabezados por Gabino Robles ejecutaron aquel magnicidio) se pronunció contra Rosas. Por último, el gobernador de Tucumán, Tiburcio Padilla, era muy amigo del presidente Nicolás Avellaneda y compartía con él la admiración hacia la figura histórica de Monteagudo; siendo ese el motivo por el cual se menciona a éste en otra de las inscripciones de la Pirámide, anteponiendo “Tucumán” a su apellido, de modo de resaltar que había nacido allí.
Y así fue, estimado lector, como se desvirtuó completamente el sentido que Belgrano otorgara al monumento que ordenó levantar.
En 1914, la plaza fue declarada Lugar Histórico Nacional. Y en 2012, año en que se cumplió, el 24 de Setiembre, el Bicentenario de la Batalla de Tucumán; se dispuso el embellecimiento de la misma. Sin embargo, y desde que se alteró la significación del monumento, nunca ningún gobierno se ocupó de restituir la que le otorgara el prócer que mandó erigirlo; con lo cual la inmensa mayoría de los argentinos ignora cuál es la verdadera. Incluso, la cosa ha llegado al extremo de que hasta los organismos oficiales incurren en errores (horrores, en realidad) al momento de citarlo.
Así, por ejemplo, en el sitio web de la Municipalidad de Tucumán se denomina al monumento -correctamente, pues de ese modo se lo llamó durante mucho tiempo y se ajusta a la verdad histórica- “Columna de Chacabuco”; pero a continuación, se consigna que Belgrano la hizo levantar “en honor al Gral. San Martín por el triunfo en Chile de la Batalla de Maipú” (sic). O sea, la llaman de Chacabuco y trascartón ponen que es en homenaje a Maipú. De locos. Y para rematar el dislate, se cita: “(1817)”; cuando la batalla de Maipú aconteció… ¡en 1818! Uno no puede menos que preguntarse si quien está a cargo de la página de la Municipalidad habrá terminado de cursar la primaria, porque -al menos, cuando yo la hice- eso se enseñaba en sexto grado.


Otro: en su página de la red social Facebook, el Archivo Histórico de la Provincia de Tucumán, en sus publicaciones del día 7 del corriente, llama al monumento -acertadamente, pues era ese otro de los nombres por los cuales se lo conocía, y se corresponde también con la verdad histórica- “Pirámide de la Ciudadela”; pero seguidamente pone que fue erigida... ¡"en conmemoración de la Batalla de Tucumán"! Y en “prueba” de ello cita como “fuente”… ¡a Wikipedia! Como si algo extraído de Wikipedia, donde cualquiera puede subir lo que se le antoje, hasta el disparate más inconcebible o la infamia más atroz o la más descarada de las mendacidades, haciendo aparecer lo publicado como si se tratase de la mismísima verdad revelada. Y eso lo toma como documento y testimonio nada menos que el organismo oficial que, precisamente, tiene por misión las clasificación, guarda, conservación y publicación del acervo histórico de todos los tucumanos.


Me vienen a la memoria unos versos de José Larralde en su Fragmento de Catalino Paredes: “Si yo no lo hubiera visto, / diría que esto es un cuento, / un bolazo, nada más, / pa’ hacer reír un momento. / Que uno a veces dice cosas / de a dieces como de a cientos / y ande quiere fantasiar, / le va poniendo el acento”.
Urge restituir a la Pirámide de la Ciudadela el carácter de monumento consagrado a celebrar y homenajear la/s victoria/s obtenida/s en Chile por el Ejército de los Andes al mando del general San Martín que le otorgó Belgrano cuando dispuso levantarla, quitando del revestimiento de mármol las inscripciones que se colocaron en 1877, para poner, en cambio; una en la cual se consigne su motivo y propósito, o simplemente una placa de bronce estipulándolo veraz, clara e inequívocamente.

-Juan Carlos Serqueiros-
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REFERENCIAS DOCUMENTALES Y BIBLIOGRÁFICAS

AHPT. Fondo de Gobierno. Decretos de Gobierno, 1854 a 1896.
Alberdi, Juan Bautista. Memoria descriptiva sobre Tucumán. Imprenta de la Libertad, Buenos Aires, 1834.
Diario La Gaceta. Ediciones de fechas: 08.08.1976, 12.02.2011, 25.03.2012, 07.10.2012, 13.12.2015 y 12.02.2017.
González O.P., Fr. Rubén. San Martín y Belgrano. Una amistad histórica, en Revista del Instituto Nacional de Investigaciones Históricas Juan Manuel de Rosas N° 61 oct.-dic. 2000, Buenos Aires.
Granillo, Arsenio. Provincia de Tucumán. Serie de artículos descriptivos y noticiosos. Imprenta La Razón, Tucumán, 1872.
ISES UNT-CONICET. Álbum Argentino. Buenos Aires, 1910.
Página Oficial en Facebook del AHPT. Publicaciones del 07.02.2018.
Paz, José María. Memorias póstumas del Brigadier General D. José María Paz. Imprenta de la Revista, Buenos Aires, 1855.
Sitio Oficial en Internet de la Municipalidad de San Miguel de Tucumán. Plaza Belgrano.
Wilde, Ana. La renegociación de la unión desde la perspectiva litúrgica. Tucumán, 1816-1819, en anuario Prohistoria vol. 25. Editores Prohistoria, Rosario, 2016.

sábado, 10 de febrero de 2018

PREGUNTAS POR TAPERA







































PREGUNTAS POR TAPERA
(Poema de Juan Carlos Serqueiros)

¿En cuál de los sueños perdidos
se abrojó mi niña risa,
para dejarme este vacío
travestido en inútil prisa?

¿En qué recodo del camino
habrá volcado mi fe,
cuando me torné descreído
y sólo en mis ojos confié?

¿Cuándo troqué la victoria,
aquella que todo auguraba;
por esta humillante derrota
que anidarse quiso en mi alma?

¿Quién o qué me trajo este esplín
que anda conmigo doquiera que vaya,
y decretó inapelable: “hasta el fin,
sabrá de tristezas tu guitarra”?

¿Qué desencanto nuevo aguardará
en cada puerto que toque,
si no he podido soslayar ninguno,
ni aún cuando ensayé un enroque?

-Juan Carlos Serqueiros-

domingo, 28 de enero de 2018

ASESINATO EN EL COMITÉ CENTRAL







































Escribe: Juan Carlos Serqueiros

Uno de Manuel Vázquez Montalbán, escritor que me gusta muchísimo. Y para mejor, de la saga protagonizada por el personaje que fuera su creación más inspirada: Pepe Carvalho. Su título: Asesinato en el Comité Central.
¿La trama? Bueno, digamos que en una reunión rutinaria del Partido Comunista Español, el Secretario General del partido, Garrido, aparece apuñalado cuando se apagan las luces de la sala. A partir de allí, la investigación policial oficial, se verá acompañada por la que a Carvalho le encarga el PCE. De ese modo, Carvalho se ve obligado a trabajar conjuntamente con el comisario Fonseca, ex represor durante la etapa franquista y torturador del propio Carvalho.
Van surgiendo todas las miserias humanas, rencores, traiciones y enfrentamientos que subyacen en el seno del partido, y al final; Carvalho (trasplantado en esta oportunidad a Madrid desde su residencia habitual en Barcelona) resolverá el caso.
Carvalho, cínico y descreído, ex militante comunista, ex agente de la CIA, es un detective que reside en Barcelona, en el coqueto barrio de Vallvidrera. Tiene un ayudante, Biscuter, ex presidiario, que se dejaría matar por él; y una novia, Charo, que labura de call girl, es decir, gatea, bah. A las particularidades de Pepe Carvalho, Vázquez Montalbán le añade la de mostrarlo como un consumado gourmet y un excelso chef; amante de la buena mesa, los vinos caros y los habanos.
Altamente recomendable. Después no digan que no les avisé, eh.

-Juan Carlos Serqueiros-

viernes, 26 de enero de 2018

UN SUBMARINO NORTEAMERICANO DE 1864




Escribe: Juan Carlos Serqueiros

Durante la guerra civil estadounidense, norteños y sureños estuvieron empeñados en la construcción de submarinos. La mayoría de las experiencias resultaron fallidas, pero un submarino -llamémoslo así, a pesar de que en esa época aún no se utilizaba dicha palabra- de la armada sureña, luego de un par de intentos previos fallidos, logró hundir un buque norteño frente a la costa de Charleston, el 17 de febrero de 1864.
Ese submarino se llamaba CSS H. L. Hunley, en honor de quien lo había desarrollado: el oficial de la marina confederada Horace Lawson Hunley (dicho sea de paso, se trató de un homenaje post mortem; ya que Hunley había muerto tras dos intentos infructuosos -más precisamente, durante el segundo de ellos- de hacer funcionar el semisumergible que había concebido).
Estaba construído en hierro, con forma oblonga, y exhibía sorprendentes detalles aerodinámicos (por ejemplo: hasta habían tenido el cuidado de esmerilar al máximo los remaches, casi al ras de las planchas de hierro, para que ofrecieran menos resistencia en el agua). Se movilizaba mediante tracción a sangre (a sangre humana: sus tripulantes daban vueltas a una manivela que hacía girar la hélice que lo propulsaba, esfuerzo físico que hacía que la tripulación de esos submarinos requiriera de cierto número de hombres muy fornidos y resistentes a la fatiga). Medía 12  m. de largo total y tenía -obviamente, dada la tecnología de la época- escasa autonomía de oxígeno en estado sumergido, y por tal razón sus inmersiones debían necesariamente ser muy cortas y a escasa profundidad (navegaba apenas por debajo de la superficie, semisumergido, y en ese estado, afloraba del agua la torre con la escotilla, haciéndolo visible cuando se aproximaba a un barco enemigo; por lo cual los ataques debían realizarse de noche, de modo de dificultar su detección por parte de los vigías de los barcos que pretendía atacar, tal como puede apreciarse en la imagen que oficia de portada en este artículo). Cuando el submarino se sumergía, una simple vela de cera encendida en su interior, les permitía a sus tripulantes evaluar qué cantidad de oxígeno les quedaba, antes que el pabilo de la vela se apagase por su falta y tuvieran necesariamente que arrojar el lastre para emerger, de modo de no morir por carencia de aire. 
En la noche del 17 de febrero de 1864 (noche de luna llena), el CSS Hunley, perteneciente al ejército confederado, atacó frente a la costa de Charleston, estado de Carolina del Sur, a un buque del ejército de la Unión, el SS Housatonic, que estaba a 4 millas de la costa, y logró hundirlo mediante el impacto de una mina que el submarino llevaba adosada a una larguísima pértiga situada en su trompa. Pero los efectos de la explosión de la mina, además de la nave norteña; también provocaron el hundimiento del Hunley, cuyos tripulantes perecieron todos.
En 1995, luego de estudios y rastreos con equipos altamente sofisticados, con la técnica del sonar, se logró ubicar al submarino hundido y casi totalmente enterrado en un fondo lodoso. Cinco años más tarde, luego de costosísimas y trabajosas operaciones, se logró extraer el submarino del lecho lodoso en que reposaba, y subirlo a la superficie para luego trasladarlo a la ciudad de Charleston. Aquí el ENLACE al video de la operación de rescate del submarino.
Y esta parte que viene a continuación, en un video al cual se accede con el link que copio más abajo, me encantó y me llenó de envidia. Es cuando ya extraído del lecho marino, lo llevan a puerto. Observen cómo se le rinde homenaje, con toda la gente uniformada de época... Igual que nosotros con nuestros soldados de Malvinas, ¿no? Igualito..
Odio el imperialismo de los yanquis y el de sus "padres" los ingleses, pero ese "sano" odio no me impide admirarlos y hasta envidiarles el nacionalismo que evidencian en cosas como esta. Y eso que todavía no sabían que los esqueletos de los tripulantes estaban dentro del submarino; hasta ese momento, para ellos se trataba "solamente" de la recuperación de un submarino de la guerra civil. Si hubieran sabido que los restos de los tripulantes estaban a bordo, seguramente la recepción del submarino reflotado hubiese sido apoteótica: ENLACE 
Una vez que lograron extraer el Hunley del sitio donde estaba hundido, lo trasladaron a un complejo en Charleston, a fin de iniciar las tareas de preservación de la nave. Cuando limpiaron el submarino y lograron abrir la escotilla para acceder a su interior, se encontraron con  los esqueletos de sus ocho tripulantes, ¡todos y cada uno de ellos "sentados" en sus puestos! Pese a los estudios y esfuerzos realizados, no pudo determinarse cuál fue la causa de su muerte, es decir, si los mató la onda expansiva de la mina que hundió el barco enemigo (lo más probable) o la falta de oxígeno (recordemos que la nave sólo podía permanecer sumergida totalmente muy pocos minutos, ya que no contaba con sistema de aire) o, si una vez hundido el submarino por la onda expansiva de la explosión de la mina, sus tripulantes decidieron abrir una válvula para que el mismo se llene de agua, de manera de morir rápidamente ahogados en lugar de perecer más lentamente por falta de oxígeno. Sea cual hubiera sido la causa de la muerte, lo real y concreto es que los ocho se mantuvieron en sus puestos, sentados, hasta morir. Y así se encontraron sus esqueletos ciento treinta y seis años después.
Luego de una minuciosa y exhaustiva investigación en la documentación de la época (registros y crónicas del ejército confederado) pudo determinarse con exactitud que la tripulación del CSS Hunley estaba integrada por: George Dixon (teniente), que estaba al mando del submarino; Arnold Becker; J. F. (se ignoran los nombres a los que correspondían estas iniciales) Carlsen; Frank Collins;  James Wicks; Joseph Ridgaway; Lumpkin (se ignora su nombre de pila) y Miller (ídem). Y después, a partir de los cráneos de los ocho tripulantes, un equipo de forenses y antropólogos reconstruyó sus características faciales, y así se pudieron establecer con bastante aproximación cómo eran los rostros que en vida tendrían, y de hecho, se construyeron los mismos en material sintético.
Ya se había entonces logrado hasta allí: ubicar el sitio donde estaba hundido el submarino, extraerlo, quitarle el óxido que lo cubría y preservarlo para el futuro, encontrar los restos de sus tripulantes, identificar sus filiaciones personales y sus rangos, es decir; una tarea titánica y altamente eficaz, en tiempo record. Pero faltaba aún la cereza del postre: el equipo de investigadores pudo además hasta determinar cuál de los ocho esqueletos correspondía a quien comandaba el submarino, es decir, el teniente George Dixon. Pudieron hacerlo merced a la investigación llevada a cabo por los historiadores del equipo, ayudados por una circunstancia fortuita: el hallazgo de una moneda de oro de 20 dólares que se encontraba junto a uno de los esqueletos. Hasta allí, se suponía que el hallado en el puesto individual (que seguramente sería el de mando), era el que debía pertenecer a quien comandaba el submarino, pero ¿cómo afirmarlo con certeza, con rigor histórico y más allá de toda duda? Se buscó afanosamente en los registros y crónicas militares, se recurrió a testimonios de antiguos pobladores de Charleston descendientes de combatientes de la guerra civil, y por fin; se tuvo acceso a una historia familiar transmitida de generación en generación y asentada incluso en diarios personales: Cuando estalló la guerra civil entre norte y sur, George Dixon fue de los primeros en enrolarse en el ejército confederado. Su novia y prometida, Queenie Bennet, le obsequió a Dixon a modo de amuleto, una moneda de oro de 20 dólares para que la suerte lo acompañase en la guerra. Esa moneda fue precisamente la que se encontró junto a su esqueleto. Pero la moneda tenía aún más historia para develar: dos años antes de participar en la acción naval que condujo a la voladura del buque unionista, George Dixon había tomado parte en la batalla de Shiloh, que tuvo lugar el 6 de abril de 1862. En esa batalla, salvó su vida de milagro gracias a la moneda que le había obsequiado su novia. En efecto, una bala norteña, destinada a perforarle el corazón, resultó frenada por la moneda que llevaba en un bolsillo interior de su uniforme, junto al corazón. Al día siguiente a la batalla, Dixon hizo grabar por un joyero, en la cara en que estaba el águila norteamericana y el valor de 20 dólares, una  inscripción que decía: April 6th 1862 My life Preserver G.E.D., recordando el hecho que salvó su vida. Todo esto está perfectamente documentado en las crónicas de la Guerra de Secesión, y esos datos fueron los que posibilitaron individualizar cuál de los ocho esqueletos era el de Dixon. Posteriormente, una vez que fueron ubicados descendientes suyos, mediante los estudios de ADN pudo confirmarse que efectivamente, los restos mortales eran de Dixon. La moneda se encuentra también exhibida en el museo dedicado al CSS Hunley, conserva la inscripción que le hizo tallar Dixon en 1862, y en ella puede apreciarse el impacto de la bala.
En 2004 se inhumaron en el cementerio de Charleston, con honores militares de guerra, los restos de los ocho tripulantes del CSS Hunley en una ceremonia con masiva concurrencia de público, designada como el Último Funeral Confederado.
Actualmente, los científicos, historiadores y forenses continúan trabajando, tanto en completar los datos que faltan  sobre algunos de los tripulantes del submarino; como así también en identificar qué esqueleto corresponde a cada uno de ellos, a través de la técnica de ADN, comparando el de los restos con los que se extraigan de eventuales descendientes que se vayan localizando.
Odio el imperialismo, reitero; pero pensemos aunque sea un instante: ¿no será la manera de liberarnos de su yugo el tomar buena nota del nacionalismo que tienen las naciones que lo ejercen? No digo que copiemos nada, no me guía ninguna emulación servil, al contrario; pero carajo, ¿no va siendo hora de destinar recursos y esfuerzos al estudio EN SERIO de nuestra historia?
Digo, por ejemplo; ¿cuántos argentinos saben que producida la Revolución de Mayo, la Junta encaró la construcción de un  submarino para atacar los barcos realistas que estaban en Montevideo, a instancias de un norteamericano, Samuel William Taber, que ni bien llegado a Buenos Aires se puso al servicio del gobierno? ¿Cuántos historiadores hicieron el esfuerzo de investigar eso? Pocos, poquísimos. ¿Qué recursos se destinaron a ubicar y tratar de extraer de las aguas la embarcación construida por Taber que se supone hundida en la Ensenada de Barragán? Ninguno.
Otra: hace un tiempo viajaba desde Córdoba a Tucumán, y entré en el paraje de Barranca Yaco para mostrarle a mi hija menor el sitio en que había sido asesinado Facundo Quiroga. ¿Cómo creen ustedes que está el lugar? Abandonado por completo, tapado por los yuyos, dejadez, mugre, papeles, botellas, latas y desechos por todo el sitio, hasta excrementos y preservativos. Un espanto.
Y de esas tengo mil, pero mejor no sigo, porque me va a sangrar la úlcera.
¿No sería hora de que nos decidiéramos de una buena vez a inculcar en nuestros niños y jóvenes la afición y el interés por nuestra historia, de modo de conocer exhaustivamente nuestro pasado? (lo cual nos llevará de suyo a saber por qué tenemos el presente que tenemos, y de paso; el mejor modo de encarar nuestro futuro como nación).
¿Por qué no aprovechamos el Bicentenario para empezar a ocuparnos de lo que importa: nuestra historia? ¿No es acaso un buen momento para comenzar? ¿Será mucho pedir, me cago en nuestra desidia?

-Juan Carlos Serqueiros-

martes, 9 de enero de 2018

EXCELENTES VIDEOS DE GONZALO HENESTROSA

El publicista Gonzalo Henestrosa hizo tres excelentes videos sobre "Queso ruso", "Fusilados por la Cruz Roja" y "Noticias de ayer", basados en mis interpretaciones acerca de sus letras. 
Dada la excelencia del material, desde Esa Vieja Cultura Frita queremos compartirlos con ustedes.
¡Que los disfruten!

-Juan Carlos Serqueiros-

Queso ruso
Fusilados por la Cruz Roja

lunes, 8 de enero de 2018

RECETAS PARA LA FELICIDAD





















Escribe: Lic. Gabriela Borraccetti

Solemos dar muchas explicaciones a nuestra infelicidad:
-que no tenemos la pareja que queremos,
-que no tenemos el trabajo que queremos,
-que tenemos problemas con nuestras familias,
-que los golpes de la vida
Y así, una larga lista de dolencias frecuentes en una u otra medida en la vida de los que transitamos por esta tierra.
Desde las series de cine, sobre todo las de tipo "novela", se nos empuja a creer que todo va a terminar bien simplemente esperando que sea el otro el que un día cambie o un accidente le haga comprender la realidad, o de ultima, que el destino ponga a la justicia de nuestro favor por arte de magia y nos reconozca como héroes y vendedores del mal y la injusticia.
A través de estos lavajes de cerebro, aprendemos a llevar una vida mediocre en la que damos por sentado que como los personajes de todo lo que vemos en la gran pantalla, los problemas son a la vida lo que la sal a la comida. Pero hay gentes que no pueden comer tanta sal ni tolerarla y busca recetas ajustadas a su necesidad. Son las menos, pero las hay.
Nos dan a todos la misma fórmula para vivir: ser exitosos en la carrera, el amor, un bello cuerpo y mucho dinero. Cuatro cosas que uno comenzaría a tener a partir del consumo: salir a todas partes, de vacaciones, comprando la mejor ropa, yendo al gym para estar en forma y así ser atractivos, comprar todas las cremas anti -lo- que- sea que haya, contar con un sinnúmero de amigos superficiales a los que no poder contarles lo vacíos que nos sentimos y una cantidad de "me gusta" por los que algunos llegan a pagar en las redes sociales.
Ser vistos o aplaudidos y aprobados por el otro, -empezando por los padres-, es TODO lo que en teoría podemos hacer para que nos elijan y la vida nos coloque en el podio de alguna vidriera en la que  el éxito nos aplauda sin hacer nada más que perseguir lo que nos dicen que es el camino a la felicidad. Cualquiera de esas vías propuestas por la sociedad y la cultura que hemos creado y aceptado como LA VERDAD, es aceptada como fórmula infalible. Y ni nos damos cuenta de hasta que punto!
Sin embargo, en esta profesión que tengo; no dejo de observar que la mayoría ha metido ganas a aquello que jamás amó: pareja, profesión, lo que fuere, anoto una y otra vez a gente que deja los bofes en la máquina de abdominales y habla de salud cuando tiene una vida profundamente infeliz, que trabaja en no sé dónde de gerente de no sé qué y muere de estrés, o que es estrella de algún medio y se siente don nadie.
La última de las calamidades es pagar para que te den más "me gusta". Pero eso ni siquiera nos hace reaccionar para reconocer el punto de vacío en el que estamos y que hemos incorporado como lugar de destaque.
Lo que aquí escribo lo saben quienes lo han pasado y pudieron renunciar a sus anteriores aspiraciones para verlas como reales estupideces. Los que se animaron a dar el paso hacia sí mismos, reconocen que NADA  de estos recetarios les brindó felicidad. Quienes vivieron atados a su cuerpo, su fama, su reconocimiento, su "podio artificial", no tuvieron nunca nada más que el efímero placer que el de verse reflejado en el espejo de la mirada de otro. Detrás de eso, el vacío de estar íntimamente solos.
Así, -y para no abundar con la larga lista de fallos en el formulario que llenamos para tener una happy life-, la vida no nos cierra porque la cosa no está en concurrir a las fiestas y los ritos en el pelotero, el cumpleaños, la navidad, el desfile, el after, las vacaciones y cualquier tipo de "happenning". Adquirir modismos, despreciar el propio idioma, la propia gracia, los propios atributos, rasgos, carácter, nariz, gustos, sensibilidad, grado de ira, enojos, respuestas naturales, muestras de disgusto y evitar desobediencias necesarias para adquirir libertad, nos fueron enjaulando en una caja en la que gana quien puede comprar una vida en vez de vivirla.
Nos peleamos con los demás para tener razón, culpamos al mundo de las injusticias y después señalamos los fallos del otro sin hacer mea culpa acerca de cuanto hemos colaborados para que algo nos suceda o haya reventado la vida a otro. Encontramos muchas justificaciones para nosotros, pocas para los demás. Y todo eso porque no somos conscientes de verdad ni en todo momento. Algo que por cierto también sería una utopía, pero sí se puede balancear si de vez en cuando nos mirásemos la cara oculta, esa que es un poco miserable y que todos llevamos dentro.
Se necesita de mucho valor para ser uno mismo, ser igual del derecho que del revés. ¡¡¡Eso es mucho más valioso que llegar a ser millonario!!! ¡Piénselo, al menos!
El mismo caso pero a la inversa es el del que se dedica 100%  a los demás para ser querido, se coloca en último lugar y espera llegar primero. No hay más que estas dos vías como para granjearse la infelicidad. De un extremo al otro, de la new age al egotismo, hay una gama intermedia que como siempre, se conforma con salud, dinero y amor.
Claro, uno cree saber quien es y que quiere: "quiero un buen auto, una casa, un buen trabajo, una buena pareja y con eso, ya me conformo". El problema es que si TODOS repetimos la misma receta, es porque algo está fallando: COMO A PERSONAS DIFERENTES, CON DIFERENTES GUSTOS, FORMAS DE SER O CARACTERES, se les generan las mismas expectativas?. Y lo peor es que ni eso nos deja ver que nuestros cerebros están lavados.
Para todos tiene que ser bueno... el yoga, la dieta vegana, la crema antiarrugas o cualquier cosa que se PONGA DE MODA; sin decir con esto que alguna de estas disciplinas sea mala en sí. Lo que es malo es cargar en ellas el secreto de la happy and wonderful life. Felicidad enlatada para la venta y el consumo de la "autosuperación". A nadie se le da por pensar de que su camino no es el que otro transitó. Todos tratan de seguir recetas y ese sí señores, ES EL PROBLEMA DE LA INFELICIDAD.
La eterna espera del dinero que no llega nos hace meter la pata hasta la yugular porque hasta votamos pensando en que si lo que nos prometen es dinero, ahí vamos!
No nos importa si queremos vivir siendo artistas. No nos interesa si somos sensibles y no hay un lugar para un alma de ese estilo en un mundo cuyo dios tiene la cara del dólar. No se nos cruza por la cabeza que sentarse a conversar con otro de cosas que tengan sentido, es mucho más pleno que plantarse en una mesa cada uno con su celular.
No pensamos que quizá nosotros no seamos proclives a tener pareja. Ni se nos ocurre evaluar en muchos casos si realmente nos interesaría ser gerentes de algún lugar. Solo aspiramos a las carnadas que como peces, perseguimos para ser pescados y sacados del agua.
Envidiamos al que vemos todo el día de fiesta, pero jamás imaginamos la soledad que siente porque tanto él que puede consumir como Ud. que no puede, padecen del mismo desencanto.
Sabe Ud. que sucede?: TODOS olvidan ser quienes son. Todos siguen patrones que nos alimentan TODO EL DÍA por vías que creemos que ni nos tocan ni nos influyen. Pero si Ud. es infeliz en algún sentido, sepa que es esclavo de ese juego como así también del juicio ajeno.
Tememos que alguien nos escuche gritar o plantarse en la cola del banco o del super para reclamar nuestro tiempo a los que se erigen en nuestros amos. Ni se nos ocurre carajear al médico porque nos deja en su sala de espera como si fuéramos muñecos sin vida, dispuestos a dejarlo todo para que nos atienda el dios de guardapolvo blanco. No se nos ocurre que tenemos un valor, una autoridad, una forma de ser. Solo leemos por todos lados que hay que ser políticamente correcto y no tomar nada en serio porque eso te da paz.
El silencio, callar el dolor que te causa que otro te pise el pié te da paz? Por favor!
¿De verdad te da paz gritar en silencio hasta que se dignen a atender tu dolor en una guardia médica?. NO. Pero te callás. ¿De verdad te da felicidad un vestido nuevo?. No, pero lo pasas por alto. ¿De verdad te creés más importante porque te pusieron más "me gusta" en una publicación"?. SÍ, pero te das cuenta de que no te dio felicidad.  ¿De verdad te pensás como un triunfador porque tuviste sexo con 700 en un día y vivís una vida sin verdadera compañía? Ni lo querés pensar. Por ahí mejor te tomas un lexotanil.  ¿De verdad pensás que pagar los impuestos es la meta de tu vida? No, pero te deja tranquilo el que la "autoridad" tenga un motivo menos para encerrarte.
Van Gogh, Mozart, Beethoven y una larga lista de genios con una vida bastante difícil, han tenido sólo una cosa cuando la vida les pasaba terribles facturas: su fórmula secreta, su "hobby", -eso que en esta sociedad se desprecia porque es la amenaza más grande que puede encontrarse para el consumo-, y que está bien cercana al corazón. Tener una vocación o el deseo irrefrenable de hacer algo en concreto, tener las ganas de poner afuera lo que uno es por dentro, ser creadores de verdad, es haber llegado a conocer que es lo que somos, que queremos, que es lo que más nos importa.
Ya no necesitamos compañías como chupetes, alcohol para escapar o drogas para irnos lejos. No necesitamos viajar al otro lado del mundo para sentirnos gente de mundo. Podemos vivir en un cuadrado, que allí colocaremos nuestro propio atril.
Parece muy tonto o muy fácil. Pero cuando pasás por el infierno y te quitan toda la bijou, los anillos de oro, la casa, el dinero, la familia, los hijos, la crema anti age, las cámaras de televisión o lo que sea que creas que has logrado para estar en alguna vidriera, queda algo inamovible que NADIE puede quirtarte. A ese "Algo", se llega después de todo el despojo al que la vida nos somete hasta que no nos vemos por dentro y nos prestamos atención.
Ya deja de importar si al otro le gusta mi carácter o no. Ya interesa un bledo si mi cuadro es considerado un objeto de exposición. Ya se cae la expectativa de gustar a todos y resulta mucho más eficaz el saberse poseedor de tal o cual gusto/don/modo de ser/carácter que puede encajar mucho, poco o nada en el mundo en que vivimos. Pero sabemos quiénes somos. No nos mueve cualquier tormenta, ni nos mata la soledad. Tampoco nos preocupa no tener el romance que vemos en la tele ni esperamos que sea el destino el que nos salve: nos salvamos nosotros porque hemos comenzado a desobedecer al molde. Empezamos a conocernos.
Despertar no es abrir los ojos a otra realidad, sino cerrarlos para mirar por dentro.
Quiere ser feliz? DESPIERTE, SEA QUIEN ES UD., VAYA POR LA VIDA QUE UD. QUIERE; aunque todo y todos le digan que eso es una utopía. No lo descalifique, no lo calcifique, no lo desprecie, porque lo que Ud. desprecia de sí; lo desprecian los demás.

Lic. Gabriela Borraccetti
Psicóloga Clínica

Nota: Si quiere contactarse por consultas psicológicas con la Lic. Borraccetti, puede hacerlo escribiéndole a sus casillas de correo electrónico: 
gabrielaborraccetti@arnet.com.ar
gabyborraccetti@gmail.com 
ó en su página profesional Psímbolos: https://psimbolos.blogspot.com.ar

sábado, 9 de diciembre de 2017

EL CACIQUE BLANCO. TERCERA PARTE


















Escribe: Juan Carlos Serqueiros

Viene de partes Primera y Segunda

“El Territorio del Chaco es actualmente una agencia electoral de las provincias vecinas.” (Revista Estampa Chaqueña)

El inicio de la década del veinte marcó un clivaje en la historia del Chaco en tanto representó el pasaje desde el denominado ciclo forestal, subsiguiente a la conquista y poblamiento; al que se ha dado en llamar ciclo algodonero. Esto trajo aparejada otra ola inmigratoria -que duraría hasta bien entrados los años cuarenta-, volcada al centro-norte y al centro-oeste chaqueños, sin que todavía se hubiese logrado más que parcialmente la argentinización de la que la había precedido cuando la colonización. 
Si los españoles (no así los italianos) habían sido huesos duros de roer a la hora de hacerlos argentinos, imagine usted, apreciado lector, la tarea ímproba que representaría lograrlo con la masa famélica, sufrida y esforzada de yugoslavos, búlgaros, ucranianos, polacos y demás etcéteras componentes del gringaje del Este europeo trasplantado al Chaco. Máxime, cuando de las dos herramientas con las cuales se contaba en tiempos de la etapa colonizadora, esto es, la escuela pública y el ejército nacional; sólo quedaba disponible la primera, porque algunos años antes, se había dispuesto retirar del territorio al segundo.
En lo atinente a la escuela pública, la escasez de establecimientos era notoria. Y encima -las pulgas del perro flaco-, a hombres que tuvieran la doble condición de apóstol y titán (como Raúl B. Díaz, por ejemplo) no se los encontraba a la vuelta de una esquina, precisamente). En cuanto al ejército, en 1917 Yrigoyen ordenó evacuar del Chaco los pocos regimientos que aún quedaban en él luego de la conquista. Así, el territorio quedó limitado a la (relativa) seguridad que pudieran brindarle sus propios organismos. 
La homogeneización identitaria de aquella Babel no fue, ciertamente, un proceso sencillo y exento de conflictos.
Con respecto a los indios, la reducción de Napalpí, que constituía la cristalización de la prédica de Lynch Arribálzaga, albergaba una población más o menos estable de entre 700 y 800 individuos pertenecientes en su mayoría a las etnias toba y mocoví. En ella había una escuela en la que se impartía instrucción primaria a los niños indígenas, la cual constituía una de sus dos claves, siendo la restante el trabajo -que se realizaba a destajo y en modalidades lindantes con la explotación lisa y llana (lo cual no difería de las condiciones en que laboraban en obrajes y chacras los hacheros y braceros correntinos, santiagueños y paraguayos que componían, conjuntamente con los aborígenes, la totalidad de mano de obra disponible en el territorio)-.
El advenimiento del radicalismo al gobierno nacional, significó para el territorio que el poder central instalara en el sillón de Obligado a políticos provenientes de las provincias de Santa Fe y Corrientes, quienes evidenciaban tener poca o ninguna empatía con el territorio y sus habitantes, desconocían en absoluto sus problemáticas y usaron al Chaco como base de operaciones encaminadas a la intervención activa en la política partidario-electoralista de sus lugares de origen. El norte de quienes eran designados gobernadores, lo constituían, pues, sus intereses políticos en las provincias de las cuales procedían y su propio beneficio económico, lo que provocaba que dedicaran su tiempo a esos fines y que sus prolongadas ausencias del territorio, lejos de ser excepcionales; fueran lo habitual.
Así las cosas, el Chaco se convirtió, ora en un reducto donde se planeaban transas y camándulas para mantener la “situación” si ésta era favorable, o conspiraciones y revueltas para tornarla propicia si era adversa; ora en un sitio donde “asilar” a los amigos en caso de que resultaran perdidosos en aquellas feroces contiendas a las que pomposamente se llamaba comicios.
En cuanto a la policía brava, era una herramienta al servicio del gobernador de turno, que éste utilizaba a discreción para confiscar libretas de enrolamiento y arrear hasta las provincias limítrofes como si de ganado se tratara, a gente a la que se hacía figurar como inscripta en los padrones correntino o santafesino.
El 12 de octubre de 1922, Marcelo T. de Alvear asumió la primera magistratura de la República. El gobierno paralelo que Yrigoyen intentó establecer, valiéndose para ello del vicepresidente Elpidio González, y el hecho de que Alvear formara su gabinete sin requerir en absoluto la opinión del Peludo, además de otros factores que omitiré citar en obsequio a la brevedad; fueron indicios claros de que las diferencias en el seno del partido gobernante eran mucho más profundas que una mera cuestión de estilos. En ese contexto, Alvear se tomó un pequeño plazo de ¡ocho meses! para designar gobernador del Chaco al político santafesino Fernando E. Centeno.
Nacido el 27 de setiembre de 1876, Fernando Enrique Centeno provenía de una familia rosarina de origen español (era nieto del coronel Dámaso Centeno, muerto en la batalla de Cepeda; e hijo de Fernando S. Centeno, gestor e impulsor del pueblo que lleva ese nombre). Opositor a Yrigoyen, desde principios de la segunda década del siglo XX recaló en el radicalismo antipersonalista, fue diputado a la legislatura provincial por el departamento Constitución en 1914 y 1917, y convencional constituyente por el departamento Gral. López en 1920. Estaba casado con Lily Baraldi, una dama perteneciente a una familia italiana exiliada en España y posteriormente “trasplantada” desde allí a América.
Centeno llegó al Chaco con el definido propósito de enriquecerse en la gobernación a como diese lugar. Para eso, llevó consigo a dos de sus cuñados: Enrique Jorge Pedro Baraldi, en carácter de secretario; y Fernando Restituto Guido Baraldi, como contador.
Organizó las cosas de modo que las tareas burocráticas (confección de planillas, rendición de fondos, redacción de informes al ministerio del Interior, etc.) fueran desempeñadas por sus parientes; mientras él se quedaba en la provincia de Santa Fe, limitándose a viajar al Chaco un par de veces al año, como mucho, para cumplir alguna que otra formalidad protocolar, firmar los papeles y, por supuesto; percibir la “renta”, es decir, el canon pactado con sus cuñados por “alquilarles” la gobernación efectiva (30.000 pesos mensuales, según se decía), astillita esa la cual provenía de ilícitos tales como defraudación al Estado mediante el ardid de engrosar las planillas de sueldos incluyendo en ellas empleos inexistentes (policías, principalmente), coimas a prostíbulos, casas de juego y ladrones de ganado, y otras lindezas por el estilo.
La persecución a quienes se atrevían a oponerse a sus designios, a criticar su nepotismo descarado y a denunciar sus delitos, fue otra de las constantes en su gobernación. Decididamente, el radicalismo no lograba prender del todo en el Chaco, lo cual no tenía nada de extraño, al contrario; era la reacción esperable a la odiosa presencia de sujetos como Cáceres y el propio Centeno, impuesta desde el poder central).
No parecen haber existido móviles partidistas en el acoso ejercido sobre adversarios políticos y periodistas; sino el propósito de presionarlos, intimidarlos y hacerlos desistir, por medio de la coacción y el temor, de revelar y manifestar las irregularidades y abusos en que incurrían él y sus esbirros (y por otra parte, un individuo como Centeno, de moral laxa, carente de virtud política y que no procuraba más fin que la obtención del beneficio económico propio; no iba a favorecer al radicalismo del Chaco ni tampoco al de la vecina Corrientes, de cuyas expresiones -escasas, por cierto- emanaba un indisimulable tufillo yrigoyenista por demás ofensivo a su  oligárquico olfato).
Con todo, de no ser por un suceso funesto que tuvo a Centeno como actor principal y que se precipitó al derivar las circunstancias en espantosa tragedia debido a la concurrencia de varios factores; Chronos habría tendido sobre su venalidad y su ominoso gobierno el manto del tiempo; no quedando de él en la historia más registro que la borrosa referencia de un par de fechas seguidas del nombre de aquel oscuro politicastro de actuación limitada al ámbito regional y corrupto como otros muchos que hubieron.   
La crisis del algodón, iniciada en los Estados Unidos en 1921 y que se profundizó y eclosionó en 1923, provocada por la plaga del picudo que pasó desde México a Texas y se expandió a todo el sur norteamericano, llevó a que los grandes industriales hilanderos y tejedores del mundo, ávidos del textil y desesperados por su escasez; posaran la vista sobre Argentina, y que los fabricantes estadounidenses de maquinaria hicieran lo propio.
El ministro de Agricultura del presidente Alvear, Tomás Le Breton -una especie de súper ministro que pocos años antes había impulsado, como diputado nacional, una ley propiciando la formación de cooperativas, y que después fue designado embajador en EE.UU., donde tomó contacto con grupos de poder político y económico que se comprometieron a establecer y apoyar por todos los medios a su alcance una complementación argentino-estadounidense destinada a hacer de nuestro país uno de los grandes productores y procesadores mundiales de algodón-; fue quien trazó la política que signó el tránsito del Chaco desde una economía extractiva (quebracho-tanino), a otra productiva (algodón), que debía pivotear sobre el eje reparto de la tierra pública - optimización del proceso de cultivo, comercialización e industrialización.
Mas, había un problema (o mejor dicho; varios, pero me ocuparé sólo del que hace específicamente a la cuestión enfocada, esto es, la tragedia acontecida en el Chaco durante la gobernación de Centeno): la producción algodonera requería, según los expertos americanos traídos al país y contratados por el gobierno; de mano de obra barata, especialmente, en el primer eslabón de la cadena, o sea, los braceros. Esa condición sólo podía cumplirse manteniéndolos en el oprobioso régimen de laboreo a destajo y en las condiciones infrahumanas que enuncié precedentemente.
Para agravar aún más las cosas, la administración de la reducción de Napalpí (a cuyo frente ya no estaba Lynch Arribálzaga) no se le ocurrió nada mejor que disponer una quita forzosa del 15% en el algodón que cosecharan los indios, so pretexto de destinarlo a “costear los valores de las herramientas de labranza, el funcionamiento de las escuelas y los arreglos dentro de la Reducción”. Y para no ser menos, Centeno decretó para los aborígenes la prohibición de desplazarse a Salta y Jujuy -como venían haciendo desde algunos años antes-, donde podían percibir mejores salarios en los ingenios. Los indios respondieron con la huelga.
El Chaco era una caldera a presión. La aguja del manómetro subía y subía, pero nadie le prestó atención. La caldera estallaría.

Continuará

-Juan Carlos Serqueiros-