miércoles, 13 de mayo de 2026

DE CORRALES A TRANQUERAS
























Escribe: Juan Carlos Serqueiros

He hecho de todo, pero mi principal oficio ha sido el de presenciar la vida. (Osiris Rodríguez Castillos)

“De Corrales a Tranqueras” es una maravillosa canción en ritmo de milonga que fue creada en 1958 por el ilustre poeta, escritor, compositor, músico, cantor, luthier y artista plástico Osiris Rodríguez Castillos (n. Montevideo, 21.07.1925 – m. Montevideo, 10.10.1996).

DE CORRALES A TRANQUERAS
(Milonga)
Letra y música: Osiris Rodríguez Castillos

De Corrales a Tranqueras
cuántas leguas quedarán...
Dicen que son once leguas
¡Nunca las pude contar!

Las hice con agua y viento,
escarcha de luna… y sol;
¡pero entonces no contaba
porque iba rumbo al amor!

Entonces todo era canto
agua, tierra, viento y sol;
entonces, todo cantaba
porque iba cantando yo.

Mi flete era parejero…
¡Mis años de domador!
Y los caminos... ¡cortitos
pa'l trote del corazón!

¡Camino de mis recuerdos!
¡Tierra roja y pedregal!,
bordeao de cerros parejos
que se empinan al pasar.

“Vigilante”, “Miriñaque”,
cerros de mi soledad,
repechaos por mis cantares,
sombras de toro y chilcal...

Hoy, que me duele la vida,
cansao de tanto changar,
baldao por los redomones
Ya no las puedo contar.

Y quebrao por una pena
pregunto a mi soledad:
De Corrales a Tranqueras,
¿cuántas leguas quedarán?

A pesar de la belleza de su poesía y su melodía, recién en 1969 (exactamente ONCE años después de creada —y si alguno considera que la coincidencia entre tal lapso y la distancia de ONCE leguas entre Corrales y Tranqueras se debe a una mera casualidad, le sugiero que se abstenga de continuar leyendo este opúsculo—) se la daría a conocer al público en el LP vinilo KL-8307 “Osiris Volumen 3”, grabado en Buenos Aires pero editado y producido en Montevideo por el sello Discos De la Planta.


Las circunstancias de cuándo y cómo se le inspiró a Osiris esta canción son conocidas por todo el mundo (tenga mano tallador, no me apure; que más adelante explicaré por qué lo pongo en bastardilla): en 1958, en ocasión de visitar en Minas de Corrales a su hermano Horus (quien a la sazón fungía como administrador del hospital de dicha localidad), vio pasar a un joven montado en una bicicleta de carrera, lo cual llamó su atención. Horus le contó que se trataba de un amigo suyo llamado Celier Gutiérrez, quien trabajaba en el correo como telegrafista y había comprado la bicicleta para ir a visitar a su novia: Llusara Soto, residente en Tranqueras. Seguidamente, los presentó, se pusieron a conversar y al enterarse Osiris de que Celier había conocido a Llusara en un baile hacía ya tres años, que poco después se habían puesto de novios, que desde entonces cada domingo, fueran cuales fueren las condiciones climáticas, recorría, tanto de ida como de vuelta, las once leguas que mediaban entre ambas localidades y también que tenían decidido casarse en octubre de ese año; se conmovió por lo consecuente de aquel amor que cada semana vencía a la distancia y prometió que como obsequio de bodas les haría una canción, lo cual efectivizó, pero privadamente, tal como corresponde a un deber de amistad: escribió y compuso “De Corrales a Tranqueras” —obviamente, lo telúrico de su poesía lo “obligó” a reemplazar en los versos la bicicleta de Celier por un caballo parejero y su oficio de telegrafista por el de domador—, la grabó, la hizo registrar en un disco de pasta de 78 rpm y la envió a los recién casados acompañada de una esquela que simplemente rezaba: “¡Promesa cumplida! Les mando la canción de ustedes para que recuerden siempre a su amigo Osiris”. De aquel matrimonio nacieron siete hijos. Celier Gutiérrez falleció en 1983 y Llusara Soto en 2016.
Y eso es lo que “todo el mundo conoce” (o, mejor dicho; presume de conocer) acerca de esta canción, la cual la mayoría de la gente considera exclusivamente referida a lo que hasta aquí consigné. Pero sucede que se quedan cortos, porque el vuelo creativo del poeta no se limitó a enunciar en su lírica lo relativo a Celier y Llusara; sino que fue muchísimo más allá, con metáforas que abarcan incluso hasta lo autorreferencial. Veamos si no:
Tuve el alto honor de conocer a Osiris en el verano de 1994. Él vivía por entonces en el montevideano barrio de Palermo y al toque de allí, donde viene a fundirse con el barrio Cordón en la feria de Tristán Narvaja, alguien me pasó el dato del boliche al que solía caer cerca del mediodía. Fui y aguardé... tres horas o más... y de pronto, entró. Conversamos largamente —bah, él conversó; yo escuchaba, porque sólo un idiota puede andar palabreriando (José Larralde dixit) cuando está sentado frente a semejante poeta—. El café se volvió ginebra y yo, que siempre fui un seco; de pronto me hice rico ese día, porque él era un hombre de cultura inconmensurable que citaba a Borges, Poe, Baudelaire, Jung, hablaba del yoga, de la historia de la humanidad, de los filósofos de la Antigua Grecia, de los males que acarrea la modernidad y de la mitología egipcia (de la que derivan su propio nombre y los de sus tres hermanos: Horus, Isis y Nazar). Lo recuerdo como alguien más bien grave y sentencioso: el tipo decía algo y no esperaba respuesta; emitía afirmaciones como verdades indubitables.
En una de esas pausas me atreví a decirle que seguramente yo no había acertado a interpretar lo que él buscó transmitir con “De Corrales a Tranqueras”, por cuanto sabía que estaba dedicada a Celier y Llusara; pero que también barruntaba que había un “algo más” que no alcanzaba a descifrar y me extrañaba el marcadísimo contraste entre la alegría del enamorado que se dirige a visitar a su novia y la pesadumbre del que próximo a la vejez afirma que le “duele la vida”, que está “cansao de tanto changar” y que ya “baldao” (término exquisito que evidencia la enorme vastedad de su vocabulario y aquí desafío a cualquiera a elegir una palabra más apropiada y que pueda resonar musicalmente mejor que “baldado” para expresar agotamiento físico e impedimento por fatiga o lesión debido al exceso en esfuerzos previos), sabe que es tarde para contar las leguas entre uno y otro punto. Y pensé: “ahora me manda al carajo”.
Más no hizo tal cosa. Él, tan parco en elogios, alzó las cejas y me obsequió con un “sos muy perceptivo, porque en efecto, hice esa canción en homenaje a Celier y Llusara para regalárselas tal como les había prometido; pero la escribí en primera persona porque se basa en vivencias mías, en recuerdos propios”. Y trascartón me contó que siendo aún adolescente, hizo a caballo el trayecto entre Corrales y Tranqueras, extasiado, maravillado por la riqueza del paisaje aquel con lo rojizo de la tierra, el brillo del pedregal, lo imponente de los cerros, el consuelo del canto para atenuar el esfuerzo del repecho y el perfume de las chilcas. Y al mismo tiempo, poniendo especial cuidado en evitar que las sombras de toro pudiesen hincar los ojos de su caballo. En eso se encontró con un tropero que arreaba una punta de ganado. Haciendo un alto en el camino, se saludaron, intercambiaron tabacos, armaron cigarrillos y hablaron brevemente. Osiris le preguntó al paisano cuántas leguas faltaban para llegar a Tranqueras, obteniendo como respuesta un “¿Sabe, mozo? Tantas veces hice este camino… ¡y nunca las he contao!”. Y en otra ocasión se cruzó con un domador que le confió sus cuitas: andaba solo de toda soledad por su existencia andariega sin vínculo alguno de amor estable, con su físico estragado (“baldao”) por los redomones (caballos ya domados pero sin amansar del todo); a aquel gaucho le dolía “la vida” y estaba “quebrao por una pena”.
Así que de ahora en adelante, mi querido lector, ya puede usted afirmar que sabe de qué va la letra de esta hermosa milonga, pero sabe de verdad, con la historia completa; no como presuntuosamente declaran “conocer” los que se han quedado con sólo una parte de la misma.
Y de yapa le cuento: en junio de 1973, Alfredo Zitarrosa grabó en Buenos Aires para el sello Microfón, el LP vinilo I-418 “Zitarrosa en la Argentina”, en el cual está incluida como pista n° 11 “De Corrales a Tranqueras”.


La versión del Flaco es directamente MA-GIS-TRAL. Pero (vida puta, siempre hay un pero) inadvertidamente, Alfredo incurrió en un error al cantar “cerros parejos que se inclinan al pasar"; en lugar de “cerros parejos que se empinan al pasar”, tal como dice la letra original. Esa modificación —reitero: absolutamente involuntaria— no era en modo alguno una cosa menor y casi sin importancia, en tanto significaba "matar" la metáfora urdida por el poeta al pintar a un hombre consciente de su pequeñez frente a la grandiosidad de la geografía por la que transita; sustituyéndola por la de un hombre que se agranda ante los cerros, a los que percibe inclinados a su paso. Es decir, precisamente lo contrario a lo que líricamente quiso expresar Osiris (quien desde luego, puso el grito en el cielo y quedó muy disgustado).
No obstante, y más allá del error —grosero, si se quiere calificarlo así—; para mi gusto la interpretación de esta milonga en la voz del gran Alfredo Zitarrosa es muy superior a la del propio Osiris. Por otra parte, debe considerarse que antes de que él la grabara, la canción no había tenido lo que diríamos una gran difusión, sino que la popularidad le llegó, justamente, a partir de su versión. Y después de todo, hasta el mismísimo Osiris lo reconocería implícitamente veinte años más tarde, al declarar: “Detesto mis discos. Me han servido para fijar las obras, pero están mal grabados. Sucede que yo escribí los versos, hice la música, la ejecuté en la guitarra, con lo cual debía ser un virtuoso guitarrista (nota mía: ¡y vaya que lo era!), pero además de todo eso; tenía que ser un buen cantor. ¡Era el Pájaro Loco!”.
Mire, me permito aconsejarle que si puede hacerlo, no deje de visitar esos pagos. Será bien recibido por la cordial simpleza de la gente que los habita y podrá regalar a sus ojos el esplendor de sus paisajes y a su espíritu el regocijo del discurrir tranquilo, calmoso, del tiempo.

-Juan Carlos Serqueiros-


miércoles, 6 de mayo de 2026

SIN GUIRNALDAS























SIN GUIRNALDAS
(Poema de Gabriela Borraccetti) *

Puedo decir mucho más
Me puedo pasar diciendo
Florando versos
Adornando palabras
Lustrando acentos
Poniendo un mejor palito a la letra T
Hurgando en la espiral de la letra C
O colgando las guirnaldas de la letra E.

Sin embargo hoy no quiero
(O tal vez no puedo)
Fabricar una pausa
Para dejarte salir.

Mi amor...
Te he esperado tanto
Que me ahogo si callo
Cuando te respiro, suspiro
O si tan sólo te atisbo
Con el rabillo de un recuerdo
Con las alas de mi pincel
Que con giros en el aire
Te hace aparecer en una servilleta
En un libro o en cualquier papel.

Para qué repasar las vueltas
De tantos callejones vividos
Si con haberte encontrado
Mi vida tiene sentido.

-Gabriela Borraccetti-

* Gabriela Borraccetti (n. 1965, Vicente López, Buenos Aires), es licenciada en Psicología por la Universidad Argentina John F. Kennedy. De extensa trayectoria profesional, ejerce como psicóloga clínica especializada en el diagnóstico y tratamiento de la angustia, el estrés, los temas de la sexualidad y los conflictos derivados de situaciones familiares, de pareja y laborales. Es, además; poetisa, cuentista, artista plástica y astróloga. Para contactar con ella por consulta o terapia, enviar e-Mail a licgabrielaborraccetti@gmail.com o Whatsapp al +54 9 11 7629-9160.


sábado, 2 de mayo de 2026

ARAMIS






























Escribe: Juan Carlos Serqueiros

"Aramis" es una fragancia para hombres creada en 1963 por Estée Lauder, quien la concibió con el propósito de hacer de ella "un clásico atemporal de la perfumería masculina" (sic) y la definió como "ideal para un hombre tradicional y seguro de sí mismo" (sic). Invariablemente, sus publicidades buscaron destacar el "carácter elegante, fuerte, sofisticado y varonil de una fragancia amaderada-chipre que incluye notas de cuero, sándalo y tomillo" (sic).

 


Se trata del perfume que uso desde hace ya cuarenta y seis años. Lo "descubrí" allá por 1980, en Buenos Aires, en la pilchería Glenmore de la calle Florida. Mi jefe me había dicho: "Che, comprate un jetra, una camisa y una corbata para la fiesta de cierre del ejercicio y pasame el gasto que yo te lo autorizo, pero ojo que te tengo junado, eh: nada estrafalario; comprate pilcha 'tipo mormón': traje negro, camisa blanca y corbata al tono; no me hagas pasar papelones porque te rajo". Y bueno, entré a patear Florida, recalé en Glenmore, elegí un traje, una camisa, y después, vizcacheando entre las corbatas que se exhibían, vi entre ellas, junto a gemelos y tie clips, el "Aramis". Le pregunté al empleado que me atendía si podía olerlo, me dijo que sí... y la fragancia me encantó.



No sé si entraré o no en la categoría de "hombre tradicional y seguro de sí mismo" que imaginó Estée Lauder; pero qué quiere que le diga... la cuestión es que la uso desde entonces y es como si ya estuviera mimetizada con la de mi propia piel. 
Cuántas veces en mis siempre recurrentes y malditas malarias económicas me vi obligado a limitar su uso a apenas una gota en cada muñeca y otra sobre el globo de Huracán que llevo tatuado... Pero lo real y concreto es que siempre andamos en yunta "Aramis" y yo.

-Juan Carlos Serqueiros-


viernes, 1 de mayo de 2026

RESPETAR A LA MUJER


































RESPETAR A LA MUJER
(Poema de Gabriela Borraccetti) *

Y entonces nos venden
Canciones melosas,
Cremas rosas,
Cirugías pasmosas,
Curvas forzosas,
Posturas latosas,
Ideas penosas,
Consciencias borrosas
Y una serie de tips
Que hacen de la Mujer
Algo así como una bolsa.

-Gabriela Borraccetti-

* Gabriela Borraccetti (n. 1965, Vicente López, Buenos Aires), es licenciada en Psicología por la Universidad Argentina John F. Kennedy. De extensa trayectoria profesional, ejerce como psicóloga clínica especializada en el diagnóstico y tratamiento de la angustia, el estrés, los temas de la sexualidad y los conflictos derivados de situaciones familiares, de pareja y laborales. Es, además; poetisa, cuentista, artista plástica y astróloga. Para contactar con ella por consulta o terapia, enviar e-Mail a licgabrielaborraccetti@gmail.com o Whatsapp al +54 9 11 7629-9160.

lunes, 27 de abril de 2026

CUANDO CANTE EL GALLO AZUL































Escribe: Juan Carlos Serqueiros

"Cuando cante el gallo azul" es una canción realmente folclórica porque no se sabe quién compuso la música. (Eduardo Larbanois)

 No abandones tus sueños, no traiciones tu destino! (Washington Benavides)


La maxixa es un género musical brasilero. Se trata de... cómo explicarlo… una especie de polca tangueada en ritmo de 2 x 4, digamos. Dentro de la forma maxixa, me gusta mucho esta en especial: "Cuando cante el gallo azul", escrita a fines de los años setenta por el oriental tacuaremboense Washington Benavides (Washington Benavídez Aliano en el documento de identidad) y aplicada a una melodía popular de autor anónimo recopilada por el acordeonista intuitivo (y de oficio taxista pa’ ganarse el mango) Bolívar Pérez, tacuaremboense también, claro está (más precisamente, de Pueblo de los Cuadrados). Y qué quiere usted… no por nada Tacuarembó es, sin dudas, la capital uruguaya de la polca, la mazurca, la ranchera y la maxixa.

CUANDO CANTE EL GALLO AZUL
(Letra: Washington Benavides – Música: recop. de Bolívar Pérez)

Fue por Cañas que encontré
en un rancho entre las sierras
la moza tierna que canto yo.

Era fiesta familiar,
cumpleaños de la moza,
mejor que rosa era esa flor.

Ondulaba el acordeón
una maxixa liviana
y daban ganas de al baile entrar.

Yo le dije: —¿Me permite?
Y ella dijo: —¡Como guste!,
—¿De usted es el “cumple”? —pude atinar.

—¿Vino de la ciudad?
—Vine de Tacuarembó.
—¿Sólo por verme a mí…?
—Su humilde servidor.
—¿Se marchará de aquí…?
—Cuando cante el gallo azul.
—¿Y allá me olvidará…?
—¡Que no vea más la luz!

Más la vida me llevó
por campos desconocidos,
llegó el olvido, todo llevó.

Acampé en Cebollatí
y dormí por la frontera,
la brasilera me acompañó.

Ahora quiero recordar
a la moza de ojos pardos,
en aquel rancho blanco y azul.

Y "doblao" junto al fogón,
ni su fogata me alumbra,
vivo en penumbras, cargo mi cruz.

La letra —tragicómica, con ribetes que van desde lo festivo y anecdótico hasta lo melancólico y desdichado— gira en torno a un errabundo buscavidas de mil oficios que seduce a una cumpleañera comprometiéndose a no abandonarla nunca.
La cosa comienza cuando el hablante lírico de la poesía llega a un pueblito rural: Cañas (también conocido como Poblado 33, pues se dice que tal era el número de viviendas —ranchos— cuando principiaba la conformación del caserío), situado en el departamento de Tacuarembó, a cincuenta kilómetros de la ciudad de ese nombre. Atraído por la música celebratoria, él pide permiso para entrar al baile (“Yo le dije: —¿Me permite?”), el cual es inmediatamente concedido ("Y ella dijo: —¡Como guste!”), revelando, de paso, el deseo complaciente de la moza. Trascartón, el diálogo entrambos delata el interés mutuo, obviamente sexual en el caso de él; romántico y ensoñador en el de ella, quien suponiéndolo procedente de Montevideo (ciudad a la cual considera epítome de lo urbano), recelosa le pregunta: “¿Vino de la ciudad?”. Él, en procura de aventar sus prevenciones, le miente: “Vine de Tacuarembó”, afirma como queriendo decir “no desconfíe ni sospeche de mí, que soy paisano de acá nomás”. Entre asombrada y halagada, en el colmo de la candidez, ella interroga: “¿Sólo por verme a mí?”; obteniendo como contestación un obsequioso “Su humilde servidor”. No obstante, ella todavía alberga dudas y entonces se anima a esbozar lo que indefectiblemente habrá de acontecer: “¿Se marchará de aquí…?”, “¿Y allá me olvidará…?”, lo cual él se apresura a descartar con un tajante: “Cuando cante el gallo azul” (equivalente a decir “cuando las vacas vuelen” o “cuando los chanchos chiflen”, expresiones usuales para graficar coloquialmente aquello que nunca ha de ocurrir), refrendado enfáticamente con un “¡Que no vea más la luz!” (si llegase a incumplir la promesa de permanecer a su lado). Finalmente, la moza cede a los requiebros amorosos y galantes, y así se consuma ese romance condenado de antemano a ser efímero, porque es un amor acotado a una noche o a lo sumo a un breve lapso.
Y el chabón se va, retoma su condición de impenitente andariego, pero no haciéndose cargo de eso que está en su índole: su afán trashumante; sino achacándolo a una fuerza fatalista, es decir el destino, el azar o como queramos llamarlo: “Más la vida me llevó / por campos desconocidos”, señala auto absolviéndose como si la circunstancia de marcharse fuera ajena a su deseo, algo que inevitablemente acaeció sin que su voluntad tuviera que ver en ello. Así, más temprano que tarde echa al olvido a la moza que otrora lo había encandilado con su belleza (“llegó el olvido, todo llevó”) y pasa a narrar sucintamente a través de atisbos y con sugerencias más o menos implícitas, los avatares por los que discurrió su existencia nómade, sin vínculos perdurables y sin amor: “Acampé en Cebollatí”, consigna escuetamente para indicar que allí ofició de taipero en los arrozales y de pescador en el río de ese nombre. Y a continuación, señala su incursión por la frontera uruguayo-brasilera (“y dormí por la frontera”) e incluso llega a “confesar” que desempeñó una actividad non sancta, reñida con la legalidad: contrabandear caña, esto es, aguardiente, desde el Brasil (“la brasilera me acompañó”).
Después de evocar sentida, melancólicamente, aquel romance nictémero con la joven cumpleañera de Cañas (“Ahora quiero recordar / a la moza de ojos pardos, / en aquel rancho blanco y azul”); sobreviene el desenlace aciago, nefasto, dramático: se queda ciego (“Y doblao junto al fogón, / ni su fogata me alumbra, / vivo en penumbras, cargo mi cruz”). Y entonces resulta ineludible vincular la desgracia que sufre el chabón, con su incumplida promesa de consecuencia en el amor que antaño formulara en aquel rotundo “¡Que no vea más la luz!” que más le hubiera valido abstenerse de espetar, ¿no? Digo, no soy nada supersticioso, pero por las dudas; mejor no llamar al infortunio.
“Cuando cante el gallo azul” adquirió extraordinaria popularidad a partir de la magistral interpretación a cargo del dúo Larbanois & Carrero, editada en 1978 por el sello discográfico Sondor en el vinilo “Amigos”.



Invito a usted, mi querido amigo lector, a escuchar esta grabación en vivo y disfrutar del grandioso cantar de Mario Carrero, una de las mejores voces del folclore rioplatense, y de la cátedra de guitarra con que en tanto virtuoso concertista, tiene a bien obsequiarnos ese verdadero mago de la viola que es Eduardo Larbanois.


¡Hasta la próxima!

-Juan Carlos Serqueiros-
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REFERENCIAS

Cresci, Carlos. Canciones con historia. Ediciones de la Banda Oriental, Prisma Ltda., Montevideo, 1981.
Diario El País. Edición del 12.11.2022. "Larbanois & Carrero narran la historia de cinco clásicos de su repertorio".
Sondor S.A. Amigos. Disco n° 44082 r7490417 LP Vinilo, Montevideo, 1978.

lunes, 20 de abril de 2026

RUPTURA EN LA PRODUCCIÓN DE SENTIDO



















Escribe: Gabriela Borraccetti *

Una sociedad llena de odio pierde la solidaridad, la empatía, la esperanza y todo lo que se proclama en las redes como bien espiritual. DERECHOS es el nombre político de la cara más social de todo lo anterior.


1-Las cosas que antes discutíamos, estaban basadas en algún tipo de piso: un conocimiento en común, algunos puntos básicos, saber quién era el que teníamos enfrente, qué le dolía, qué sabía, qué había estudiado, qué le gustaba leer, cómo actuaba, en fin... un conocimiento no sólo de libros, sino de todo lo que se deriva de estar frente a frente.

2-Hoy un político, para que lo vean y escuchen, tiene que ir a un canal de YouTube en el que dos influencers adolescentes “logran” tener miles de seguidores que se quedan prendidos a ese canal viendo cómo ellos se ríen en pantalla.

Entre el párrafo 1 y el 2 hay un corte en la producción de sentido. En el primero, el sentido puede producirse; en el otro, no.


Eso es precisamente lo que ocurre en este tiempo. Y es lo que hace imposible conversar e intercambiar. Desde esa ruptura en la producción de sentido, sólo caben la agresividad, la incomunicación y… el sinsentido.

Lic. Gabriela Borraccetti
Psicóloga Clínica
M. P. 16814

* Gabriela Borraccetti (n. 1965, Vicente López, Buenos Aires), es licenciada en Psicología por la Universidad Argentina John F. Kennedy. De extensa trayectoria profesional, ejerce como psicóloga clínica especializada en el diagnóstico y tratamiento de la angustia, el estrés, los temas de la sexualidad y los conflictos derivados de situaciones familiares, de pareja y laborales. Es, además; poetisa, cuentista, artista plástica y astróloga. Para contactar con ella por consulta o terapia, enviar e-Mail a licgabrielaborraccetti@gmail.com o Whatsapp al +54 9 11 7629-9160.


martes, 14 de abril de 2026

CONFIDENCIAS























Escribe: Juan Carlos Serqueiros

De no haber aparecido el peronismo, yo quizá sería conservador o comunista, pero seguramente jamás hubiera sido radical. (Jorge Vidal)

Uno viaja por la vida con un bagaje de recuerdos de su infancia. Gratos y no tan gratos. Entre los primeros, conservo uno muy entrañable de este cantante: Jorge el Negro Vidal, hacia el cual profeso una gran admiración por tres motivos: el primero, su relevante jerarquía artística (dicho en criollo, el quía cantaba de puta madre); el segundo, su peronismo jamás claudicante y mantenido a rajatabla hasta el fin de su vida; y el tercero, una vivencia personalísima de mi rosarina niñez, la cual ipso pucho paso a contarle:
Yo tendría, no sé… cinco, seis años o cosa así, y si mis viejos querían ir a bailar; no les quedaba otra que llevarme con ellos, simplemente porque en casa no había nadie con quien dejarme; así que una noche en la que asistieron (conmigo a cuestas, claro) a un baile en el Club Provincial, mientras ellos curtían algunos tangos; yo andaba correteando de mesa en mesa importunando a la gente con mi cargante letanía: "Hola, me llamo Calile", "Permiso, gracias", "Doña ¿me convida una Bidú?", ¡Viva Perón!". Eran tiempos post revolución fusiladora, por ende, pronunciar los nombres de Perón o Evita estaba prohibido por el infame decreto ley 4161, pero... ¿quién se iba a meter con un mocoso de cinco o seis años? Así que dada mi corta edad, aquel "delito" mío gozaba de cierta… impunidad, digamos. Esa noche el número atracción era el Negro Jorge Vidal, quien desde el escenario dijo: "Dedico este tango a ese nene que anda entre las mesas y es tan peronista como yo”, y cantó esto:

CONFIDENCIAS

Cuánto tiempo de vivir en sombras
y vagar sin vida.
Cuántas noches de soñar contigo
sin tenerte cerca.
Tanto llanto, tanta ausencia,
me tenían vencido,
y solo caminé por mil senderos…
Las estrellas, el mar y la luna
no se conmovieron;
su silencio despreció mi pena,
desafió mi orgullo.
Y en penumbras,
la belleza pura
de un lindo cocuyo,
fue mi confidente,
escuchó mis quejas
y lloró también.

Se trata de un tema que tiene una interesante y enrevesada historia. Originalmente fue un bolero que llevaba como título "Cenizas", autoría en música y letra del artista mexicano Manuel "Wello" Rivas, quien lo compuso y escribió en 1952. Rápidamente, se convirtió en un gran éxito, tanto a partir de la versión de su autor y compositor, como así también adquirió extraordinaria popularidad la de Toña la Negra (Antonia del Carmen Peregrino Álvarez).



Posteriormente, la también mexicana actriz y cantante Isabel "Chabela" Durán le introdujo arreglos musicales, le escribió otra letra y lo registró como una obra de sus propias autoría y composición bajo el título "Confidencias".


En nuestro país, esa canción se hizo popularmente conocida en ritmo de tango a partir de la versión (magistral) de Jorge Vidal con acompañamiento de guitarras, grabada el día 30 de enero de 1959 para el sello Odeon y editada en disco de pasta con “Confidencias” de Chabela Durán, en el lado A; y “Canción desesperada” de Enrique Santos Discépolo, en el B.


A todo esto, ya habrá notado usted, mi apreciado amigo lector, que en el video de YouTube con la versión interpretada por el Negro Vidal, se atribuye la autoría del tema a un tal Ángel Massini. Vaya uno a saber de dónde habrán sacado el dato, pero el hecho es que eso se reitera en otros videos e incluso hay en internet partituras que así lo consignan:


Más allá de todo eso, lo cierto, real y concreto es que en SADAIC el tema figura debidamente registrado bajo el título “Confidencias”, con el código de obra 189185 y con derechos por autoría y composición reservados a favor de Durán Ramírez, Isabel y/o su pseudónimo artístico Chabela Durán, de modo que no cabe ninguna duda al respecto, con lo cual lo de Massini como autor, queda automáticamente relegado al reino de la fantasía. Quizá (se me ocurre como posibilidad) el citado Ángel Massini introdujera algún arreglo y basado en eso después pretendiese inscribir la canción a su nombre en SADAIC, lo cual en definitiva no prosperó. Chi lo sa... Pero hay certeza absoluta de que pertenece a Chabela Durán.


Por mi parte, me voy a regocijar con ese cachito de recuerdo de mi infancia. Salud y hasta la próxima. ¡Viva Perón, carajo!

-Juan Carlos Serqueiros-



sábado, 11 de abril de 2026

POR AMOR, POR PLACER
























POR AMOR, POR PLACER
(Poema de Gabriela Borraccetti) *

Cuanto con mis manos
Tengo para dar,
Lo entrego de corazón,
Sin límites,
Sin demoras,
Por placer.
Cuanto con mi corazón
Tengo para dar,
Lo doy a manos llenas,
Sin tiempo,
Sin expectativas,
Por amor.

-Gabriela Borraccetti-

* Gabriela Borraccetti (n. 1965, Vicente López, Buenos Aires), es licenciada en Psicología por la Universidad Argentina John F. Kennedy. De extensa trayectoria profesional, ejerce como psicóloga clínica especializada en el diagnóstico y tratamiento de la angustia, el estrés, los temas de la sexualidad y los conflictos derivados de situaciones familiares, de pareja y laborales. Es, además; poetisa, cuentista, artista plástica y astróloga. Para contactar con ella por consulta o terapia, enviar e-Mail a licgabrielaborraccetti@gmail.com o Whatsapp al +54 9 11 7629-9160.


martes, 7 de abril de 2026

ADOLFO ARENAS ALONSO: LA SUBLIMACIÓN DEL DETALLE























Escribe: Juan Carlos Serqueiros

El andaluz Adolfo Arenas Alonso (n. Sevilla, 1972), pintor, escultor e ilustrador especializado en arte gráfico es, sin dudas, un artista extraordinario. 


No sé cuál habrá sido el inefable mecanismo pseudo azaroso (léase algoritmo de internet) que me condujo hasta su obra; lo cierto es que estaba webeando en procura de "robar" una imagen para utilizar de portada a un poema que había escrito y titulado "Um quente sonho erótico, memórias da boêmia e um beijo para você" (al cual si querés, podés acceder cliqueando en este ENLACE). Y así fue que di con una ilustración suya que me conmovió por su contundente belleza y porque se ajustaba perfectamente a lo que danzaba en mi cabeza. Y me dije: "¡He aquí gráficamente expresado lo que buscaba!: "La bohème"
Fue como entrar a un maravilloso mundo vintage habitado por personajes provenientes de la clase alta, elitistas, digamos, a los cuales se retrata ora enjutos hasta estar prácticamente en los huesos, ora gordos hasta una obesidad espantable, y cuasi decrépitos, achacosos; pero que no por eso dejan de trasuntar la pretérita opulencia en que vivieron inmersos.

 
Asimismo, impactaron fuertemente en mis sentidos "Trío (AmBigua)" y "Triton", con mujeres de una añeja hermosura ajada por el paso cruel de los años, pero que paralelamente se siguen evidenciando atractivas, incitantes y sensuales como en sus épocas de esplendor. Sí, las dibujadas por Adolfo Arenas Alonso excitan, provocan algo así como la erección que tuvo Sarmiento al hallarse frente a Mariquita Sánchez cuando a la sazón, ella contaba 60 o más años, viste... Bueno, eso.


 
Una cosa trajo la otra: en procura de saber más, lo contacté a través de sus redes sociales y me atreví a preguntarle por "La bohème", "Trío (AmBigua)" y "Triton". Para mi sorpresa, pues no esperaba tanta deferencia (y eso sin contar con que además; fui mal educado e indiscreto, porque es una falta de tacto pedirle a un artista que traduzca en palabras lo que quiso representar en su obra), me respondió al toque contándome que estaba enquilombado en medio de una de sus tantas mudanzas (vive saltando entre Sevilla y Londres), y prometiéndome que en cuanto tuviera un ratito charlaríamos, lo cual se efectivizó días después. 
Estuvimos chateando brevemente (aún conservo los audios) y me explicó que para él, la dama representada en "La bohème" es una distinguida y otrora célebre ex bailarina clásica quien, a pesar de estar retirada desde mucho tiempo atrás; igual quiere permanecer vinculada al mundillo en que le tocó actuar, y entonces continúa asistiendo a la ópera. Con respecto a "Triton", me dijo que estaba inspirada en el mito bíblico de Susana y los viejos, narrado como relato deuterocanónico en el Antiguo Testamento, más precisamente en el Libro de Daniel, y que en la pintura barroca (Adolfo es un gran admirador de ella) fuera genialmente volcado al lienzo por Artemisia Gentileschi, Rembrandt, Tintoretto y Rubens, entre otros. Adicionalmente, me comentó que a él lo remitía a una de sus películas favoritas: la que fue protagonizada por Shirley MacLaine en el rol de Charity. No obstante, y sin perjuicio de lo que pretendió representar en dichas ilustraciones; Adolfo reconoció que obviamente, la mujer que dibujó también podía ser vista no ya como "la casta Susana" en la que se inspiró, sino como una prostituta en el contexto de un encuentro sexual con dos tipos ya entrados en años
En cuanto a "Trío (AmBigua)", el artista me respondió que no se acordaba de esa ilustración, de modo que voy a arriesgar mi propia interpretación: un tipo y dos mujeres disponiéndose a tener sexo; una de ellas aparece ubicada junto a su amante, marido o lo que fuere; y la otra —seductora, incitante, voluptuosa, con pómulos altos y rasgos indubitablemente gitanos—, ya desnuda y sedente a los pies de la cama, se toquetea mientras se apresta a practicarle una fellatio al chabón. La contraposición entre la sensualidad desbordante de la gitana, y la ensoñadora y contenida en apariencia pero muy pronta a explotar; de la paya, que el artista refleja magistralmente es, para decirlo sin ambages, genial. Adolfo es un apasionado de la filología, y todas las ideas que plasma en técnica grafito sobre papel, le surgen a partir de una palabra a la cual después asocia a un cuadro, a una película, a un libro, a un poema o lo que fuese. Consecuentemente, los títulos de sus ilustraciones adquieren capital importancia, al igual que su modo de expresarlos silábicamente. Así por ejemplo, en el caso de "Trío (AmBigua)": para mí "Am" equivale a "La menor" en el sistema anglosajón de notación musical, un acorde con reminiscencias nostálgicas, melancólicas, que tan presentes están en el flamenco; "Bi", así con la "be" larga en mayúsculas en medio del vocablo, remite a la bisexualidad que (creo percibir) se sugiere, se atisba, y que si bien no es patente y explícita; sí está ahí implícitamente. Y combinando todo, se conforma la característica más notable de una ilustración que viene signada, precisamente, por la ambigüedad. 


Fijando la atención en la imagen que elegí como portada de este opúsculo —y que reproduce la ilustración titulada "Sine nobilitate" ("Sin nobleza" en latín)— notarás que el nivel de detalle con que dota a cada dibujo es impresionante, desde la expresión (o mejor dicho, carencia de ella; porque es como si fueran entes parasitarios rodeados de artículos de boato y que no dejan traslucir ninguna emoción, sólo el tedio que los abruma) de todos y cada uno de los aristócratas decadentes devenidos en personajes vulgares y ostentosos a los cuales representa ya desprovistos del glamour de los años 20 y vueltos de espaldas a dos obras excelsas del arte universal como lo son "Las Tres Gracias", de Rubens y "Las Meninas", de Velázquez; es lisa y llanamente obsesivo, alucinante. Y es que lo de Adolfo Arenas Alonso es auto referencial: la decadencia de sus personajes es la que quiere para sí mismo llegado el momento de entrar en su propia decrepitud; por eso empatiza con ellos, le despiertan ternura y los quiere entrañablemente, aún en todas las contradicciones y miserias humanas que dejan traslucir. Ellos no son como Dorian Gray, cuyo retrato patentiza su abyección, su vanidad y sus vicios, envejeciendo en su lugar; mientras él permanece bello e inalterable en su hedonismo. Por lo contrario; Adolfo ama a los suyos a pesar de lo evidente de la degradación que sufren y lo próximos a morir que se hallan.
El factor tiempo está representado por nada menos que tres relojes: uno grande, de pared; otro más pequeño sobre el hogar, junto a un busto de Napoleón Bonaparte; y otro, de arena, sobre una mesita y encima de una pila de libros. Y el espejo aparece roto, rajado, quizá tanto por una negativa a contemplar en él los fantasmas y monstruos propios, como así también por abjurar de una vanidad que, en tanto arrogancia y presunción, ya en el ocaso de sus vidas ha perdido todo sentido. Es imposible no flipar ante semejante contraste entre la certeza consciente de la inevitable cercanía a la caducidad definitiva, puesta frente a la trascendencia, la grandeza y la perdurabilidad de las obras de arte y los magníficos objetos que el artista introduce en su obra, todo lo cual se percibe sencillamente al ampliarla por sectores.


Se distinguen así "Hamlet", de Shakespeare, colocado en primer plano; el Ajedrez de la Isla de Lewis exquisitamente tallado en marfil, situado delante de una lámpara de mesa, y detrás de ésta; el "Tropic of Capricorn", de Henry Miller; a continuación, en una pila de cuatro libros, una novela de Charles Dickens cuyo título no alcanza a leerse; el busto de Ludwig van Beethoven realizado por Hugo Hagen, y más atrás; "Don Juan" que pareciera ser el "Don Juan Tenorio" de José Zorilla, porque creo notar apenas esbozada una "T", pero ojo que la supuesta "T" también puede indicar el "Don Juan" de Torrente Ballester, y además; podría no ser una "T" lo que ven mis ojos, y tratarse entonces del "Don Juan" de Lord Byron, así que chi lo sa... Y ya que mencioné a Lord Byron, podemos observar en la tapa de un libro situado en línea con el respaldo curvo de la silla, el título "Byron's", indicativo de que estamos frente al "Byron's letters and journals", autoría de ese ilustre poeta y dramaturgo. Por último, un gramófono en el cual gira un disco que vaya uno a saber cuál será.
Decididamente, si Homero Expósito significa en poesía la sublimación de la metáfora sinestésica; Adolfo Arenas Alonso significa en arte la sublimación del detalle en tanto metáfora gráfica.

-Juan Carlos Serqueiros-