domingo, 6 de mayo de 2018

CABARETS DE MONTMARTRE: ABUELOS DE LOS BARES TEMÁTICOS. PRIMERA PARTE






































Escribe: Juan Carlos Serqueiros

A Gabriela, mi esposa, con amor. Y gracias por las traducciones del inglés al criollo.

… que en el barrio posta del viejo Montmartre… (Enrique Cadícamo)

Para hallar a los antecesores de lo que hoy conocemos como bares temáticos -como ese que instaló en Etcheverry la Chanchita Rivera y que es mencionado por el Indio Solari en la canción "Tomasito podés oírme? Tomasito podés verme?"-, deberemos buscarlos en aquella Francia de la Belle Époque, y más precisamente, en el parisino barrio rojo de Pigalle, el bastión de la cultura de vanguardia y la bohemia por esos tiempos. Y allí los encontraremos, al pie de la Butte, sobre el Boulevard de Clichy. Veamos, si no:
En los números 53 y 55 se alzaban dos cabarets contiguos, separados tan sólo por una pared: Le Ciel y L'Enfer, respectivamente, los cuales abrieron sus puertas ("celestial" una; "demoníaca" la otra) en 1895 o 96 (según algunos; otros afirman que en 1892). Abrían todos los días a las 20,30 hs. y cerraban a las 2 de la madrugada.


En el primero de ellos, Le Ciel, después de trasponer la entrada -pintada de blanco y azul celeste para figurar el cielo-; los clientes ingresaban a una atmósfera que emulaba al Paraíso tal como lo supone el imaginario popular, con nubes, arpas y ángeles.
No había mesas individuales, sino que todos se sentaban ante una sola, larguísima, que se extendía de un extremo a otro de la sala principal y que estaba cubierta por un mantel de inmaculada blancura. Con música sacra de fondo, el maestro de ceremonias que les daba la bienvenida, aparecía caracterizado como San Pedro, portando una enorme llave; y los mozos atendían a la concurrencia disfrazados de querubines, con alas, pelucas rubias y túnicas blancas. San Pedro soltaba una parrafada instando a los clientes al goce del banquete edénico, y mientras éstos comían y bebían, un Reverendo comenzaba a sermonearlos, cuando en eso, irrumpía en escena otro personaje: Onésime, quien tocaba una campana de madera y exhibía al Becerro de Oro que se transformaba en el dios Porcus ante el cual debían postrarse todos para adorarlo. Luego de escuchar a un coro de serafines interpretando salmos (que no eran precisamente muy católicos que digamos), y de asistir a la desvergonzada “confesión” al Reverendo por parte de una damisela (que por cierto, no se mostraba arrepentida en absoluto); eran invitados a pasar a otra sala, en la cual disfrutaban de una coreografía a cargo de vedettes que estaban "vestidas" con mallas ceñidísimas al cuerpo, provocando en el público la sensación de estar viéndolas desnudas. Y mediante un ingenioso efecto de luces y sombras, se creaba en público la impresión de que aquellas angelicales figuras… ¡volaban!
El espectáculo finalizaba al momento de aparecer un personaje encarnando el rol del dios Cronos y esgrimiendo una guadaña, que entre genuflexiones y con una grave voz cavernosa, agradecía a los clientes su visita al cabaret y los despedía augurándoles una larga vida.







Al cabaret L’Enfer, los clientes ingresaban por la boca de un Leviatán representado en el frente del local, que estaba pintado de negro y rojo. La recepción corría a cargo de un personaje llamado, sugestivamente, Mephisto. Este maestro de ceremonias les daba la “bienvenida” a las visitas con un desconcertante: “¡Ah, veo que siguen llegando almas que arderán en el infierno! ¡Pasad, condenados, pasad!”. 
Los conducía hasta las mesas a través de la sala principal, decorada con figuras espantables en relieve, pasando por ante un enorme caldero en el cual se “cocinaba en el averno” alguno de los seis músicos que ejecutaban melodías de la ópera Fausto, de Gounod. Una vez instalados ante sus mesas -todas pintadas de rojo-, los clientes eran atendidos por mozos disfrazados de diablos, que no evidenciaban la menor amabilidad ni mucho menos signos de cortesía, y que sin permitirse esbozar sonrisa alguna siquiera; tomaban los pedidos de bebidas y trascartón, a los gritos, los ordenaban al bar: “¡Marche un vaso de pecado rebosante de azufre!”. Seguidamente, los mozos llevaban a las mesas los tragos, cafés o lo que fuera que se les haya solicitado, y sin prolegómenos de ninguna clase, le presentaban la cuenta al parroquiano y en tono conminatorio le exigían la inmediata cancelación de la misma. Mientras tanto, Mephisto andaba de recorrida por entre las mesas y ante cada una de ellas se detenía a verduguear al cliente y a notificarle los castigos y suplicios que le aguardaban. Así, por ejemplo, si se trataba de una pareja, se dirigía primero a la dama: “¡Ah, maldita bruja! ¿A cuántos hombres habrás condenado al tormento por la eternidad con el hechizo de esa boca tentadora que tienes?”. Y volviéndose a su acompañante, le espetaba: “¡Y tú, necio, pagarás la idiotez de haber sucumbido a las zalamerías de esa desvergonzada! ¡Sufrirás las horribles torturas que un tonto se merece!”. Y si se trataba de un hombre solo, se dirigía a él con fingido tono amable: “Agradezco el honor de su visita, señor. Usted quería evitarme, pero yo hubiera echado de menos su estimadísima presencia. Aquí, con todos estos pecadores, estará usted en perfecta compañía y pagará eternamente por sus faltas y crímenes”.
El show terminaba abruptamente cuando Mephisto, so pretexto de ofrecerles un nuevo espectáculo, conducía a los clientes a otra sala, la cual tenía una puerta que daba a la calle, y los empujaba hacia ella con un: “¡Ea, al horno con todos vosotros, miserables pecadores!”. Y así había transcurrido otra noche en L’Enfer.






Al gran público se le había hecho creer que entre esos dos cabarets existía una marcada rivalidad, una feroz y despiadada competencia. En realidad, no había nada de cierto en esa especie que circulaba popular e insistentemente. Se trataba simplemente de un ardid publicitario -un recurso marketinero, diríamos hoy-; porque la verdad era que ambos establecimientos tenían un solo y único propietario: Antonin Alexander, un ex profesor de literatura devenido en empresario del espectáculo (cuidado: no confundirlo con su coetáneo Le Bruyant Alexandre, pseudónimo por el que cual se conocía al cantante y también propietario de cabarets, Alexandre Ernest Célestin Leclerc). Más aún: era el propio Antonin Alexander quien hacía de San Pedro en Le Ciel y de Mephisto en L’Enfer. Y lejos de disputarse la clientela entre los dos locales; lo más frecuente era que muchos de los parroquianos que concurrían a uno de ellos, recalaran después en el otro.
Permanecieron hasta la década de 1950, cuando la piqueta fatal del progreso (Víctor Soliño dixit) los derribó. En su lugar, se yergue, prepotente y orgulloso, un supermercado de la poderosa cadena Monoprix. Ya ve usted, mi querido lector, a dónde nos conduce la llamada economía de escala.
Sobre la vereda opuesta y ligeramente en diagonal a Le Ciel y L’Enfer, más precisamente en el número 34 del Boulevard de Clichy, se situaba el Cabaret du Néant (originalmente establecido en 1892, en Bruselas, Bélgica, con el nombre Cabaret de la Mort, y a los pocos meses trasladado a París y rebautizado como Le Néant por su fundador y propietario, el ilusionista francés Antonin Dorville), cuya temática giraba en torno a nuestra vieja amiga la Parca, y que ofrecía a quienes lo visitaran, sus tenebrosas Veladas Macabras
Coincidiendo con el significado literal de su nombre, el frente del local no decía nada (o decía mucho, según la lente con la cual se lo mire): pintado de negro, con las ventanas rectangulares convenientemente oscurecidas hasta cegarlas, una puerta de acceso asimismo negra, y en el dintel, un cartel en letras blancas que rezaba simplemente “Cabaret du Néant”. Nada más. Ni había para qué.
Luego de atravesar un estrecho pasillo en tinieblas, los clientes accedían al ámbito llamado, sugestivamente, Salle d’Intoxication, donde el mismísimo Dorville, ataviado con riguroso frac negro, les daba la bienvenida: “Viajeros, habéis entrado al reino de la muerte; que cada uno de vosotros elija su ataúd” (invitación esa la cual, en efecto, se atenía estrictamente a las circunstancias, pues las “mesas” ante las cuales iban a sentarse… ¡eran féretros!). La luz mortecina provenía de las velas de una araña que pendía del techo, la cual estaba construida con los huesos y la calavera de un esqueleto, y de los cirios colocados sobre las mesas-ataúdes; y la lobreguez del ambiente se extremaba con la “decoración” de las paredes: imágenes de decapitados, horcas, guillotinas, osamentas, escenas con campos de batallas sembrados de cadáveres, carteles con frases extraídas del Hamlet de Shakespeare y con el augurio de la casa para los parroquianos: “Repose en paix”, y hasta un enorme cuadro -el cual puede apreciar usted, estimado lector, en una de las imágenes que están más abajo- en el que aparecía un automóvil de época (postrimerías del siglo XIX o a la sumo principios del XX) conducido por un demonio atropellando ex profeso a los transeúntes.
Los mozos estaban vestidos como empleados de una casa de pompas fúnebres y tomaban los pedidos de los clientes preguntando: “¿Con qué veneno desea usted suicidarse, señor (o señora o señorita)?”.
Seguidamente y ya munidos los parroquianos del tósigo que cada uno de ellos hubiera elegido; entraba nuevamente en escena Dorville (que había cubierto su fúnebre atuendo negro con una especie de hábito similar al de un capuchino) y les soltaba un largo espiche relativo a la muerte, y sobre todo; a la muerte en sus formas más espantosas, que todos debían soportarle paciente y estoicamente. Luego, un personaje vestido como clérigo, les daba una vela a cada uno, y los guiaba hasta la Salle de Désintégration, cuya primera escala era la Chambre mortuaire, en la que un sujeto que hacía de banquero y una damisela vestida de blanco interpretaban el pasaje del primero al más allá. Mientras, un órgano desgranaba la lúgubre pero bellísima Marche funèbre de la Sonata para piano n° 2, de Chopin. 
Por último, se aconsejaba a los clientes que hicieran testamento y se los instaba a prepararse a bien morir, tras lo cual se los hacía descender a un tenebroso y helado sótano. Dorville, “amablemente”, los movía a desistir de quejarse por la gélida temperatura: “¿Tenéis frío? Pensad que más intenso será el de la tumba”. 
Estaba por llegarse al punto culminante de la noche en Le Néant: la visita a la Caveau des Trépassés, donde se colocaba a un hombre -audaz voluntario elegido de entre el público- en un ataúd, se lo amortajaba, y mediante un ingenioso sistema de cristales, espejos y luces… ¡se lo convertía en un esqueleto que iba desintegrándose poco a poco hasta quedar sólo la mortaja! Después, más trucos catóptricos, y entonces los clientes se hallaban en la Caveau des Spectres tristes, donde fugazmente se veía a un fantasma jugando con un conejo blanco que, paradojalmente, derrochaba vida. Y de pronto, las luces se hacían intensas, todo resplandecía y los tétricos muros de la cripta se habían tornado blanquísimas paredes. Pero esa luminosa blancura no era del todo inmaculada; una flecha roja, de la que parecía manar sangre, indicaba a los clientes la salida.
Había concluido la función en Le Néant y era llegada, para algunos, la hora de satisfacer la libido, la urgencia del sexo, de culminar la noche en la amena y sensual compañía de alguna hermosa, pizpireta y desprejuiciada grisette… de Montmartre, claro. Y tal vez, emerger de entre el embrujo de los vapores de absenta al dirigir ambos sus pasos en busca de la reconfortante tibieza de la leche recién ordeñada y la torta crujiente del Moulin de la Galette, mientras Febo anunciaba el milagro del nuevo día en la aurora gloriosa y radiante de la Butte.








El Cabaret du Néant logró sortear la tragedia de la Gran Guerra, pero cerró sus puertas para siempre en la década de 1930.
Y es este el momento, mi querido y paciente lector, de decirle que existía, entre Le Ciel, L’Enfer y Le Néant, un denominador común cuyo nombre, si es usted aficionado al séptimo arte, habrá de sonarle, seguramente: Georges Méliès, pionero, junto a los Lumière, de la cinematografía. A él se debían los espectáculos de ilusionismo que esos tres cabarets artísticos ofrecían al público. Así que le invito a que alcemos nuestras copas y brindemos por las almas de Alexander, Dorville, Méliès y sus colaboradores, que contribuyeron a hacer un poco más felices las noches y menos amarretas las vidas de tantos peregrinos de la bohemia.
Gracias por su amable atención y le propongo que nos reencontremos en algunos días más, para abordar lo que resta de esta historia que versa sobre abuelos de los pubs temáticos. Hasta entonces.

Continuará
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REFERENCIAS

Baxter, John. Chronicles of Old Paris. Exploring the Historic City of Light. Museyon Inc., Nueva York, 2011.
Claretie, Jules. La vie à Paris 1896. Eugène Fasquelle Éditeur, París, 1897.
Hewitt, Nicholas. Montmartre: A Cultural History. Liverpool University Press, Liverpool, 2017.
Morrow, William C. Bohemian Paris of To-Day. J. B. Lippincott Company, Filadelfia, 1899.
Revista Caras y Caretas, edición n° 2139, 07.10.1939, Buenos Aires.
Smith, Frank Berkeley. How Paris Amuses Itself. Funk & Wagnalls Co., Nueva York, 1903.

Imágenes: de época, tomadas por Eùgene Atget; y souvenirs de los cabarets.

jueves, 19 de abril de 2018

ME DAN ASCO


























Escribe: Juan Carlos Serqueiros

Vastos sectores de nuestra población -esos a los cuales el genial Jauretche describió tan magistralmente que sería redundante y ocioso hacerlo de nuevo- se escandalizan ante los "extranjeros" (?) bolivianos, peruanos y paraguayos, y les achacan la culpa de nuestros males; pero rinden pleitesía al gringo que se queda con nuestra riqueza, nuestras tierras y nuestros recursos naturales, y encima; los coloniza culturalmente (a ellos claro; porque lo que es a mí, ni en curda).
No les importa, y es más; les enorgullece, que estemos fuera de América (obviamente, la América REAL, esa morena y sufrida, la que queda al sur del río Bravo quiero decir); pero los espanta la posibilidad de que nos quedemos "afuera del mundo" (donde por supuesto, "mundo" es Yanquilandia -esa "América" que les fascina y les atrae como la mierda a las moscas- y Europa... Ah, y también algún coto privado de "caza" en algún exótico país africano al cual van a sacarse fotos con los cadáveres de animales a los cuales asesinaron en un alarde de "valentía").
No les interesa la historia argentina, porque está llena de personajes "incómodos" como Belgrano, que nos dio la independencia, o San Martín, que nos emancipó, o Güemes, que con unos pocos gauchos se atajó solito todos los penales que los realistas pateaban desde el Alto Perú. Se emocionan ante quien reputan como "Madre de la Patria": Mariquita Sánchez, porque era blanca, linda, refinada, rica, higienizaba sus partes pudendas con jabones ingleses y tapaba sus olores corporales con perfumes franceses; pero les aterra enterarse de que son hijos de otra Madre de la Patria, de la verdadera: Remedios Rosas, una que era negra, fea, analfabeta, pobre y no había hecho "nada más" que ofrendar al país las vidas de su marido y sus hijos, y consagrarle la suya propia.
Son cipayos, tilingos, brutos, vagos, irresponsables, indolentes e insensibles. Y les importa tres velines la historia argentina, pero eso sí; se emocionan "patrióticamente" leyendo la toma de la Bastilla, Waterloo, la guerra del Golfo y la garompa en verso. Y se espantan con el 11S, el "terrorismo musulmán" o el ataque a Charlie Hebdo; mientras que de las atrocidades israelíes en Palestina ni hablan, para qué... Y por supuesto, tampoco los conmueve ni los indigna el genocidio perpetrado por los "civilizados" yanquis, tomies y franchutes en Siria.
¿Saben qué? Me dan mucho asco.

-Juan Carlos Serqueiros-

miércoles, 4 de abril de 2018

EL ÚLTIMO MALÓN

























Escribe: Juan Carlos Serqueiros

En efecto, tal como publica hoy en Twitter el INCAA, se cumplen 100 años del estreno (que se produjo en Rosario) de "El último malón", película silente de Alcides Greca, rodada en 1917, que trata acerca de la sublevación mocoví en San Javier, provincia de Santa Fe, en 1904.

@INCAA_Argentina
2 hHace 2 horas
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#UnDíaComoHoy | Se cumplen 100 años del estreno de "El último malón", la película muda dirigida por Alcides Greca. Filmada en San Javier, provincia de Santa Fe, es uno de los pocos films argentinos de la época que pudo ser rescatado.

Pero hay una particularidad que estimo importante destacar: la copia -en 16 mm (el original era en 35)- de la misma que se conserva -reconstrucción de 1968 por Fernando Vigévano, del Cine Club Rosario (más abajo pego el enlace a Youtube para quien desee verla)- incluye, casi al inicio, a partir del minuto 2:36 exactamente, un texto en el cual se menciona al "Exmo. Gobernador del Chaco señor Fernando Centeno" (sic). Y a continuación de eso, hay imágenes donde aparecen Greca y el mencionado personaje; junto a otro político radical: Juan Luis Ferrarotti, y luego, otro texto que reza: "El señor Centeno opinaba que el último malón está por darse todavía" (sic).
Lo curioso del caso, es que la película se estrenó, como consigné precedentemente, en 1918, pero Centeno, que aparece en la misma aseverando que "el último malón está por darse todavía" y en su carácter de "gobernador del Chaco"; recién lo fue... ¡a partir de junio de 1923! (nombrado por Marcelo T. de Alvear, ya que por entonces, el Chaco estaba aún en su etapa territoriana y el gobernador era designado por el presidente con acuerdo del senado). ¿Cómo, entonces, podía ser que apareciera Centeno como gobernador en una película estrenada cinco años antes de que ocupara ese cargo (que ejerció hasta junio de 1926)?
La explicación al evidente anacronismo la dio oportunamente la socióloga e historiadora Alejandra Rodríguez, catedrática de la Universidad de Quilmes y también de la Universidad de Buenos Aires, en el N° 8 de la publicación PolHis, edición del segundo semestre de 2011: Greca, años después del estreno, modificó el inicio de su película (designado en la misma como "Presentación"), agregando los textos referidos a Centeno. ¿Y por qué hizo tal cosa? Porque Centeno -un politicastro ruin, despreciable y corrupto- fue quien ordenó, el 19 de julio de 1924, la espantosa matanza de indios conocida en la historia como Masacre de Napalpí (Greca había tenido destacadísima participación en el radicalismo santafesino, en el que también actuaba -o más apropiadamente expresado, delinquía- Centeno).


No obstante -y sin desmedro de su excelente investigación acerca del film-, a mi humilde entender Alejandra Rodríguez no acierta del todo en sus conclusiones acerca de los desgraciados y trágicos hechos de Napalpí, al circunscribir la responsabilidad de los mismos al ministerio del Interior del gobierno radical de Alvear, Centeno, la policía y los terratenientes.
Por mi parte, creo que la cosa no se agota allí; tengo otra mirada sobre la cuestión y es la que me propongo detallar en el último de una serie de artículos que bajo el título "El cacique blanco" vengo escribiendo desde el pasado año, tomando como eje la figura histórica de Juan Samuel Mac Lean, el cual aún no me ha sido posible concluir; pero lo haré seguramente en breve.
Es, querido lector, que para subsistir debo atender prioritariamente mi actividad profesional, dado que como todos sabemos, en este nuestro bendito país nadie puede vivir de narrar el pasado nacional.
A menos, claro, que uno sea Felipe Pifia, Pa"N"cho O'Donnell o Cipayín Romerito, y le venda el alma al diablo; entonces se llenará de oro comiendo de la mano de los poderes negros que manipulan la historia.
En fin...

Enlace a "El último malón" (película completa) en Youtube:

-Juan Carlos Serqueiros-

jueves, 22 de marzo de 2018

CUANDO UN GENIO SE VA A OTRA DIMENSIÓN

























De él dijo el gran Gitano Juárez: "René Houseman es tan maravillosamente fuera de serie, que es el único jugador de fútbol del mundo que gambetea rivales en el aire".


La 7 se subió a un globo y, gambeteando, se fue a la eternidad. En la Quema quedará por siempre su magia.
¡Buen viaje, Hueso, y hasta la vista!

-Juan Carlos Serqueiros-

lunes, 19 de marzo de 2018

LA FE


















Todos tenemos un dios. Podemos creer en la vida, en la suerte, en los sueños, en el cielo, en lo tangible, en nuestro olfato, en lo oculto, en lo intangible...
Lo que no podemos, es no tener fe en nada ni en nadie.
 
Lic. Gabriela Borraccetti
Psicóloga Clínica

domingo, 18 de marzo de 2018

LO QUE HACE FALTA



LO QUE HACE FALTA
(Poema de Gabriela Borraccetti)

No he recibido una flor;
pero puedo darte un pétalo.
No he recibido cariño;

pero puedo darte libertad.
No he recibido protección;

pero puedo darte una capa.
No he recibido muchas cosas;

porque de la falta...
nace nuestra creación.
Si de ella hubiesen surgido
un cactus, el odio y el abandono;
sólo hubiese podido dar

más de lo que recibí.
Pero si además logré

transformarlo en algo bueno;
puedo decir que en el fondo,
una mano invisible me ha dotado
de la flor, el cariño y el cobijo.
-Gabriela Borraccetti-

lunes, 12 de marzo de 2018

NO IMITES; CREA




































Exprésate, muéstrate, crea. Pinta tus ideas, respeta las antagónicas y aprecia las del resto apoyándolas con tu acuerdo.
Mostrar quién eres no es exhibirte; sino estar abierto a tejer una red de amigos. Nadie puede conocer tu unicidad si el 100% de tu tiempo estás mudo tras carteles prefabricados. No tengas empacho en declarar tu gusto por aquel que te muestra sus frutos originales en lugar de dar curso a una envidia que sanaría con no pasar tanto tiempo clonando; pues no se te dió la singularidad para que seas simplemente una copia.
Festeja la creatividad propia y ajena y habrás dado el primer paso a hacer del mundo un lugar que no se replique idéntico a sí mismo hasta la eternidad, con sus mismos males, sus mismas miserias y sus mismas soluciones. No es un acto de magia; pero para innovar se precisa de la creatividad, y la creatividad sí es mágica.
Y ahora, ¿no crees que empezar por casa, bien valdría la pena?
Lic. Gabriela Borraccetti
Psicóloga Clínica

domingo, 11 de marzo de 2018

pilar rahola, UN NAUSEABUNDO DETRITO DEL AVERNO


























Escribe: Juan Carlos Serqueiros

El 20 de Noviembre -linda fecha para soportar excrementos como ese, justo el Día de la Soberanía- de 2015 (cualquiera puede ir a mi muro y comprobarlo), escribí esto en mi perfil de Facebok, acerca de ese aborto de ameba llamado pilar rahola:
Uno admira muchísimo a don Arturo Jauretche y lo relee constantemente. Pero lamentablemente, se ve obligado, por fuerza de las circunstancias, a leerlo como fuente, a seguir abrevando en el manantial inagotable de su infinita sabiduría; y no como debiera hacerlo: como un disfrute, tal como sucedería si sus perspicaces enunciados hubiesen perdido, felizmente, actualidad. Reitero: lastimosamente no es así, y Jauretche está tan vigente como lo estaba... ¡hace más de medio siglo!Tener que leer a Jauretche así, es sufrirlo; porque aprendizaje y dolor son sinónimos. Y uno quisiera regalarse el goce de leer a ese maestro con el respeto profundo de los grandes cariños (Miguel Cané dixit) y con la paz anidada en el alma; no tener que recurrir a él una y otra vez. Y otra, y otra, y otra... Que lo parió.Es que el medio pelo sigue, deplorablemente, gozando de buena salud. Vastos sectores de las clases medias "argentinas", que siempre fueron la víctima propicia, el "cliente" predilecto, de la colonización cultural de que somos objeto, lo son hoy más que nunca antes. Infección esta que parece haberse extendido, por desgracia, a algunos segmentos más bajos de la sociedad, que otrora supieron ser inmunes a esa peste y que constituyeron el subsuelo de la patria sublevado (Scalabrini Ortiz dixit) y el basamento y razón de ser del movimiento que fue a la vez su redención: el peronismo.Que la tilinguería vernácula no sólo tolere, sino que además aplauda y celebre a una despatriada inmunda y desfachatada, a una escoria bancada por el sionismo, empleaducha a su servicio y obediente a sus negros designios, a una mentirosa, cínica e hipócrita como esa laucha repugnante y genuflexa que lleva por iniciales pilar rahola; es el indicativo certero e inconfundible de que el medio pelo argentino se ha expandido hasta niveles inéditos.Que semejante bazofia ose venir a nuestro país -por supuesto, pagada por el establishment que ha conseguido encaramar como candidato a macri- a darnos lecciones tratando de convertir en héroe a un corrupto como nisman que estaba al servicio de la CIA y el Mossad, y se atreva a hacer juicios de valor sobre nuestra política interna, es una afrenta que el medio pelo, complacido... ¡festeja!Don Arturo Jauretche descansaría, por fin, en paz, si el medio pelo fuera nada más que un oprobioso recuerdo, pero así las cosas; el pobre se debe estar revolviendo en su tumba.
Lo había escrito, hacen casi tres años, a raíz de la manija que a esa nauseabunda babosa, le daban los pseudo empresarios y pseudo periodistas de la mierda llamada infobae, puesta al servicio de la candidatura del cipayo mugricio lacri:


Y lo refloto, porque hacen cuatro días, otra boca de esa pestífera cloaca que son los medios de in-comunicación, (norte)américa tv, también llevó al excremento peninsular rahola al “programa” del arrastrado lacayo fantino, quien la “entrevistó”:


Aprovechemos, entonces, para mandarle un saludito al ortiba tragasables fantino, ex novio despechado de la lauchita feinmann (no quedó del todo claro por qué se pelearon, algunos dicen que disputaron sobre la posesión de un portaligas de encaje; y otros sostienen que fue por los favores de un chongo que volvía locas a ambas mariquitas).

-Juan Carlos Serqueiros-

lunes, 5 de marzo de 2018

LA GENTE QUE (me) ENCANTA




















Escribe: Gabriela Borraccetti

Me gusta la gente que no sabe ni lo que llevo puesto, aunque debo admitir que con los años, se me ha dado por liberarme de lo estrictamente formal o aferrado a la moda en diseño, color y modelo para la edad. Eso parece que convoca las miradas, justo al revés de lo que en otro momento, vistiendo como todos, quería atraer, aunque ahora sea por vieja zarpada.
Hoy puedo ponerme una capelina si me place o un poncho de seda lleno de los colores que se le ponen a los graffitis de la calle. Peso muchos más kilos que los que me preocupaba engordar y eso no me priva todavía de un postre; aunque me tenga que cuidar al menos para no sumar.
Soy mucho más selectiva de mis amistades, de mi entorno, de la gente a la que le enseño o no le enseño algo. Creo que es una responsabilidad elegir a quienes brindar un conocimiento que debe ser asentado sobre una base humana y no mercantil. Y eso se nota a dos millones de años luz. No me interesa ganar dinero formando mercaderes cuando se necesita alguien con vocación para ayudar y sanar. Para matricular banqueros de lo humano, está la universidad . Allí, cualquiera que estudia, aprueba. Y está bien que así sea. Pero no soy una institución; soy mi decisión.
Me encanta la gente que se despega de los moldes y que por despegada, no se cree revolucionaria ni una excepción, que no hace bandera de quién es, sino que es. Que no chusmea, que no mira de reojo si le queda la pilcha mejor que al que pasa enfrente y que no mide y especula con el "si te doy tanto, voy a recibir tanto" o "sé que me vas a favorecer en...".
Me encanta la gente que abre el corazón a quien no conoce, la que dice y hace, la que no promete sino que cumple.
Adoro a la gente sin vueltas, sin falsa humildad ni hipocresía o que finge bienestar y superación cuando se le ve todo lo contrario en cada gesto y en cada pose.
Admiro a los que se equivocan por exceso de dar y no de guardar, por generosos y confiados que están lejos de los que yerran por egoístas y egocéntricos.
Me encanta el que se sabe único pero no por ello se agranda, -una especie de rara avis que se encuentra como una aguja en un pajar-, la gente que no duda de lo que soporta, que se critica con justicia los defectos, pero que con el mismo orgullo; conoce sus virtudes y no las esconde.
En definitiva, me gusta la gente que no tiene miedo de ser quien es, que no espera ser aceptada por todos, gustada por todos y bienvenida en todas partes. Me gustan los que muchos llaman locos, pero que sin embargo; nos invitan a aflojarnos los tornillos de las paredes que se construyen en una sociedad que tiene mucho de consumo y poco de humano.

Lic. Gabriela Borraccetti
Psicóloga Clínica

sábado, 3 de marzo de 2018

GENERAL CELEDONIO GUTIÉRREZ







































Escribe: Juan Carlos Serqueiros

El 3 de marzo de 1804 nació en Río Chico, Tucumán, Celedonio Gutierez.
Siendo apenas un adolescente, durante la Guerra de la Independencia, se enroló en el Ejército Auxiliar del Perú y luchó contra los realistas junto a Güemes. En las luchas civiles actuó en el bando federal. Participó en la guerra contra Andrés Santa Cruz, a las órdenes del general Alejandro Heredia. Tras el asesinato de éste y el descalabro y la conclusión de la efímera Coalición del Norte (en lal cual tuvo destacada actuación) alcanzó el generalato, y en octubre de 1841 fue proclamado gobernador de Tucumán, cargo que ejerció durante casi trece años, con una corta interrupción entre julio de 1852 y abril de 1853; hasta fines de ese último año, luego de ser derrotado, el 25 de diciembre (lindo día para una batalla) por el unitario-liberal José María del Campo en Los Laureles. En 1862, tras largos años de extrañamiento en Bolivia, Catamarca y Entre Rios (donde administró una estancia que poseía Urquiza en Mocoretá), procuró recuperar la gobernación de Tucumán para los federales, aliado al general Angel Vicente Chacho Peñaloza (su antiguo enemigo en tiempos de la Coalición del Norte); pero fracasó en el intento, siendo derrotado otra vez por José María del Campo en la batalla de Río Colorado. Falleció a los 76 años en Alderetes, localidad aledaña a la capital tucumana, el 12 de agosto de 1880, afectado por un cáncer en la cara.
Era tío del cura Uladislao Gutiérrez (aquel que tras huir con Camila O'Gorman, había sido fusilado en Santos Lugares por orden de Rosas), y tatarabuelo del célebre humorista que usaba el pseudónimo Landrú: Juan Carlos Colombres.
Apenas una modesta calle secundaria de escasas trece cuadras -en realidad, un pasaje que sólo se convierte en calle propiamente dicha a partir de su intersección con la avenida que lleva (ironía cruel) el nombre de su archienemigo: Gobernador José María del Campo- recuerda mezquinamente su figura histórica. Mientras tanto, para colmo de los colmos, una de las principales arterias de la ciudad de Tucumán es la designada con el nombre de aquel cuasi ignoto coronel unitario que Gutiérrez había hecho fusilar el 17 de febrero de 1852, tras su fallida intentona de derrocarlo: Crisóstomo Alvarez.
En fin, miserabilidades de la historiografía tucumana, la cual es manipulada a voluntad por quien la oligarquía de esa provincia ha erigido en amo y señor absoluto del pasado: Carlos Páez de la Torre; y por la sucursal local del pasquín La Nación: el diarucho La Gaceta, los que con encomio digno de mejor causa, se dedican a mentirles la historia a los tucumanos.

-Juan Carlos Serqueiros-
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REFERENCIAS DOCUMENTALES Y BIBLIOGRÁFICAS

AHPT. Fondo de Gobierno.
Aráoz de Lamadrid, Gregorio. Memorias del general Gregorio Aráoz de la Madrid, vol. 1. Talleres Gráficos Bruschi, Buenos Aires, 1947.
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