martes, 3 de enero de 2012

POEMAS DE GABRIELA: PARA PODER ESCRIBIR




PARA PODER ESCRIBIR
(Poema de Gabriela Borraccetti)

Si me llevaras a habitar entre tus colores
En el botiquín donde guardas tus remedios
O quizá en el cajón en que escondes
Los recuerdos que tanto bien te hacen
Si me dejaras husmear en todos los papeles
En los que has dibujado un garabato
Mientras una frase de amor
Se quemaba entre tu lengua y tus labios...
Si me permitieras entrar en tu mundo
Cuando tu mente sale a volar con los sueños
O en tu despertar
Cuando vuelves empapado de ellos
Seguramente podría yo escribir
La mejor de mis poesías.

-Gabriela Borraccetti-

ENCUENTRO DE ARTIGAS Y PAZ, EN EL PARAGUAY



















Quiero compartir un interesante (para quienes gustamos del estudio de la historia, obvio) artículo del diario montevideano "El Nacional", del 25 de setiembre de 1884, referida al encuentro que mantuvieron los generales José Artigas (ya exiliado en el Paraguay), y José María Paz. Si prefieren leerlo en la web, aquí tienen el enlace:


Pero de todas maneras, lo transcribo completo a continuación  (la transcripción es textual, sin correcciones y tal como fue publicada en el periódico; con las reglas, usos y costumbres ortográficos y de sintaxis de la época).
Que lo disfruten.

-Juan Carlos Serqueiros-

 
   ENTREVISTA DEL GENERAL PAZ CON EL GENERAL ARTIGAS EN PARAGUAY *

Era un hermoso dia de primavera, de la sexta década del presente siglo, no podemos precisar el dia, ni el año; pero fué por aquel tiempo en que, para eterno arrepentimiento, leccion y ejemplo, encontrábanse á cada paso escombros y ruinas, en el camino de esta ciudad á la Union; y que producian un efecto penosísimo en el ánimo de los viajeros, al recordar éstos que aquellos sitios yermos y solitarios entonces, habian sido en otra época el asiento, sino de un pujante imperio, de una población laboriosa y floreciente; mientras que por aquel tiempo, sombras funerarias, de millares de victimas, parecia que giraban en torno de aquellas ruinas... En uno de los "Omnibus" que salió en aquel dia, á eso de la una ó dos de la tarde, tomó en el pasaje el que estos mal aliñados renglones escribe. A poco andar notó éste que dentro de aquel mismo carruaje, iban, entre otros pasajeros, dos personas muy distinguidas. En el momento que se preguntaba á sí mismo, ¿quién serán estos dos señores? uno de ellos, aquel que con su brazo izquierdo tocaba su brazo derecho, le dirije la palabra al otro, que le quedaba vis á vis, como obedeciendo á un deber de urbanidad, preguntándole: ¿es usted el señor don Justiniano Pérez? —Si señor— le contestó éste. —¿Y podré sabér á mi vez con quien tengo el honor de hablar? —Porque nó? Soy el general Paz. En seguida se dieron la mano.
Señor Pérez, dijo el general Paz, creo que lo más agradable que podré decir á usted, es darle noticias del General Artigas. Efectivamente, repuso el primero, tendré gran satisfaccion en oírle. Después que terminé, dijo el general Paz, los asuntos que me llevaron al Paraguay, hace poco tiempo, creí que era de mi deber no salir aquel pais, sin ir ántes á saludar y ofrecerle mis servicios al General Artigas. Tomé informes y fui en efecto á visitarlo á su residencia. Me encontré con un hombre verdaderamente anciano; pero en quien existía el mas puro y sublime amor por su patria... Sólo tenia en su compaña un negro, tambien anciano, que le acompañaba desde tiempos remotos, y que me pareció ser oriundo de este pais.
Este negro hacia las veces de mucamo, cocinero, caballerizo y asistente del General, acompañándolo cada vez que salia á paseo. A penas me habia revelado, á aquel verable anciano, cuando, entusiasmado, me acedió con preguntas. ¡Con que atención oia, media y pesaba mis palabras! Era una cosa verdaderamente edificante el ver la animacion y rejuvenecimiento que recobraban de hito en hito aquel rostro y aquellos ojos. Parecia que concentraba todas sus fuerzas vitales en el sitio de la inteligencia, para manifestarme su angustia y su profunda tristeza por el estado de guerra en que se hallaban en aquel momento sus compatriotas.
¿Será posible, me decia, que no puedan entenderse unos con otros, los Orientales? ¡Oh esto es horrendo! Me ha dicho usted, General Paz, que hay estrangeros con unos y con otros. Está bien. Pero, ¿cómo es que se entienden con éstos, y no se entiendan con los suyos propios?... Para el General Artigas este punto era una cosa inconcebible, un misterio, una aberracion. El no podia esplicarse como podían los Orientales con el ejemplo de la alianza de los Scitas con los Romanos y la de los Lascaltecas con Hernán Cortés, aliarse á estrangeros ambiciosos de su patria, y relativamente mas fuertes, para hacerse la guerra.
Esto, General Paz, me desorienta, me entristece y me acibara la vida, á punto de preferir la muerte aquí, á vivir en mi tierra. Por otra parte, yo le he prometido al General Francia, mi palabra de honor, de no salir del Paraguay. Su gobierno ha tenido conmigo todo género de atenciones y hasta la de acordarme una pension.
Felizmente hoy no la necesito porque con los productos de esta chacra, tengo lo suficiente para vivir como usted lo vé, y hasta me permiten hacer donativos á los pobres de mi vecindario.
Efectivamente, señor Perez, el General Artigas en su ostracismo, atenuaba los efectos de su nostalgia, cultivando y haciendo cultivar la tierra; e imitando en esto á Cinsinati, era llamado en su comarca, el padre de los pobres.
Por no hacer, dijo el General Paz, demasiado larga mi visita, le pedí al General Artigas me acordara otra para el dia siguiente inmediato, a lo cual accedió gustoso; agregando que saldriamos á dar una vuelta a caballo, por los contornos de su chácra.
Al siguiente dia fuí a la sita, para darle al general mi adios, quizá para siempre... Al poco rato de mi llegada a su casa, víno el negro diciéndole al General, que los caballos estaban prontos.
Muy bien contestó éste; y dirigiéndose á mí, me dijo: ¡Ea, General, emprendámos la campaña! En seguida le acompañé hasta fuera de la habitacion, dándole como era natural la derecha; lo que notado por él me dijo: no use usted ceremonia.
Estaba el general Artigas con las riendas en las manos, agarrando con estas la crin, fue el negro y le puso el estribo en el pie, dio un salto el general y quedó arriba.
Acto continuo entonando la voz la dirige a mí y me dice: Ahora si general Paz; ¡QUE VENGAN PORTUGUEZES: QUE VENGAN PORTEÑOS!!
El General Artigas notó al momento que habia alguna inconveniencia en esa última palabra, y la corrigió diciendo, no que vengan REALISTAS. En el paseo, aunque someramente, algo se habló de :política. El que habia sido el Primer Jefe de los Orientales, y protector de Entre Rios, Corrientes, Santa Fé y Córdoba habló en aquel momento, imitando con sus palabras el último canto del Cisne.
Dijo, General Paz, yo no hize otra cosa que responder con la guerra, á los manejos tenebrosos del Directorio, y á la guerra que él me hacia por considerarme enemigo del centralismo el cual sólo distaba entonces un paso del realismo. Tomando por modelo á los Estados Unidos, yo queria la autonomía de las Provincias, yo queria que fueran Estados, y no Provincias, lo cual se aviene mejor con el sistema confederado; —dándole á cada Estado, su gobierno propio, su Constitución, su bandera, y el derecho de elegir sus Representantes, sus Jueces y sus Gobernadores, entre los ciudadanos naturales de cada Estado. Esto era lo que yo había pretendido para mi Provincia, y para las que me habian proclamado su protector.
Hacerlo así, habria sido darle á cada uno lo suyo, erijiendo al mismo tiempo un monumento á la Diosa Libertad, en el corazon de todos. Pero los Pueirredones y sus acólitos, querían hacer de Buenos Aires, una nueva Roma imperial mandando sus procónsules á gobernar, las Provincias militarmente, y despojárlas de toda representación política, como lo hicieron rechazando los diputados al Congreso que los pueblos de la Banda Oriental habían nombrado, y poniendo á precio mi cabeza.
El fusilamiento de José Miguel Carreras, y el manifiesto de sus hermanos, á los Chilenos, serán eternamente mi mejor justificativo: —Llegado que hubo el Omnibus a la Unión, el General Paz y el señor Pérez se despidieron; y el autor de esta narración, que no ha vuelto a ver, ni á uno ni á otro de estos dos señores, ha conservado en la memoria las palabras del primero, como un recuerdo imperecedero—. Para terminarla agregará —Nunca la histonia (sic) será demasiado severa, por mucho que repruebe y estigmatice las veleidades y tendencias políticas de aquel célebre Director;— al menos la historia nacional.
La Banda Oriental fue sacrificada, diezmada y desmenbrada, por la mano de un conquistador estranjero para saciar el odio de aquel Directorio contra Artigas. Mientras tanto forzoso es reconocer hoy que el General Artigas tenia razon, desde que, despues de medio siglo de guerra civil, la República Argentina ha adoptado su sistema político; sino completamente, como lo hará más tarde en su mayor parte. Artigas debe ser considerado como el Bayardo de América. Por defender el suelo donde habia nacido, él peleó contra los Ingleses, Españoles, Argentinos y contra los Portugueses, durante catorce años. Estos últimos, aprovechándose de la ocasión que le ofrecía el tener la Banda Oriental sus mejores fuerzas en el Peru, á las órdenes del General don José de San Martín; de hallarse Artigas en entredicho con el gobierno de Buenos Aires, no teniendo escuadra, ni elementos bélicos suficientes, y con solo reclutas ignorantes y pobres, sin instrucción militar ni alianza alguna, invadieron la Banda Oriental con tropas regulares sitiándola por mar y tierra, y contando además con el criminal concentimiento del Directorio de Buenos Aires... Artigas y los suyos pelearon como espantarnos (sic) contra los Portugueses, como lo declara o confiesa el mismo mariscal Saldanha. Era tal, el empuje y el valor de estos indómitos proclamadores DA LIBERDADE, dice en su memoria este mariscal, QUE CUANDO GAHAVAMOS NOS AS BATALHAS, SAIAM0S DO CAMPO, EU, E OS NOSSOS, TODOS TINGIDOS DO SANGUE E MIOLHOS D'ELLES.
Los Orientales somos hoy, la víctima espiatoria del odio entrañable y tradicional del Lusitano contra el Castellano, y del odio de los Puyrredones y sus acólitos contra Artigas. Ninguna de las Repúblicas Hispano-Sud-Americanas, limítrofes del Brasil, ha sufrido tanto las consecuencias de ese odio, como la Banda Oriental. Véase un mapa geográfico, de los terrenos al Oriente del Uruguay, y se convendrá en que la Banda Oriental tiene hoy á penas poco más de la mitad del área superficial que debería tener por derecho. Si Artigas hubiera vencido, la República Oriental del Uruguay, tendría al presente trece mil leguas cuadradas de territorio —que son las que le corresponden por el tratado preliminar de paz, celebrado entre las cortes de España y Portugal en 1777; pero vencido Artigas, los Gobiernos de Portugal primero, y los del Brasil después, han hecho de nuestra patría lo que han querido; sacando beneficio astutamente, de nuestros estravíos políticos y de nuestra des-unión.
Uvano Cloni


* Se transcribe tal como fue publicado originalmente.

BLUES DE LA LIBERTAD






















Escribe: Juan Carlos Serqueiros


Blues de la libertad
(Beilinson - Solari)

Mi amor, la libertad es fiebre,
es oración, fastidio y buena suerte
que está invitando a zozobrar.
Otra vulgaridad social igual,
siempre igual, todo igual, todo lo mismo...
Mi amor, la libertad no es fantástica,
no es tormenta mental que da el prestigio loco;
es mar gruesa y oscuridad,
y el chasquido que quiere proteger
ese grito que no es todo el grito.
Mi amor, la libertad es fanática;
ha visto tanto hermano muerto,
tanto amigo enloquecido,
que ya no puede soportar
la pendejada de que todo es igual,
siempre igual, todo igual, todo lo mismo...

Se refiere a la libertad, obviamente, pero no como un concepto abstracto; sino más bien a la búsqueda de la libertad, -la individual, se entiende- y aplicada en distintos contextos, además.
"Mi amor, la libertad es fiebre, / es oración, fastidio y buena suerte": Trata de transmitirle a alguien imaginario o real, a una interlocutora con la cual está hablando sobre el asunto y a la que llama "mi amor", su propio concepto de lo que es la libertad y de lo que cuesta ganarla. La búsqueda de la libertad, la lucha por conseguirla, es una especie de motor, una búsqueda insistente, febril ("es fiebre"), que debe necesariamente declamarse siempre, aún en la soledad o en la intimidad, y anhelarse fervientemente, como un rezo ("es oración"); estamos oprimidos cuando no la tenemos y es complicado de obtenerla, no es fácil lograrla ("es fastidio"); y que en ocasiones, su obtención hasta puede depender de lo aleatorio, como aludiendo a que también puede ocurrir que por más que uno luche por alcanzar la libertad, termine por fracasar en el intento; en cambio, si el azar acompaña, puede ayudar mucho ("y buena suerte")
"que está invitando a zozobrar.": La búsqueda de la libertad es un camino peligroso, es navegar en un mar riesgoso, y la lucha por obtenerla nos lleva a afrontar esos riesgos, nos "invita" a correr el albur de eventualmente hundirnos, naufragar ("zozobrar") en el intento.
"Otra vulgaridad social igual, / siempre igual, todo igual, todo lo mismo...": Se asombra de un contraste, de una contradicción del ser humano, y reniega de eso; le da bronca y hartazgo ("siempre igual, todo igual, todo lo mismo..."). Supuestamente, la búsqueda incesante de la libertad, debería ser inherente al ser humano, algo intrínseco, y sin embargo; observa (y le da bronca que sea así) que no lo es. Que por lo contrario, la mayoría de la gente ("otra vulgaridad social igual") se conforma con una libertad ilusoria, con una apariencia de la misma. Y esa libertad trucha no lo conforma, porque entiende a la libertad como la plena disposición de su albedrío, sin condicionamientos. Pero también entiende (y de ahí la bronca que vomita el Indio implícitamente en la frase) que el resignarse a una libertad ilusoria, no absoluta, es también una forma de ejercer la libertad, por lo menos, la libertad de elegir la opción de no luchar por la libertad absoluta; ese contrasentido lo jode, lo harta, y no puede hacer nada para cambiar eso, porque es algo inherente a lo existencial, es así y siempre será así, "siempre igual".
"Mi amor, la libertad no es fantástica,": Le dice que la libertad no es un concepto abstracto, perteneciente al reino de la fantasía, a lo irreal ("no es fantástica"); que por lo contrario, es algo bien real.
"no es tormenta mental que da el prestigio loco": le reitera que la libertad no es un concepto abstracto que está en la mente y en la nebulosa de los sueños ("no es tormenta mental"); no es meramente algo que se busca tratando de obtener autoridad o brillo per se ("prestigio loco"); sino que la lucha por conquistar nuestra libertad, nos ennoblece, nos honra, pero no a todos; sino sólo a quienes luchan por algo más que el "prestigio loco";
"es mar gruesa y oscuridad,": La búsqueda de la libertad nos lleva a navegar por la "mar gruesa", es decir, por caminos intrincados, riesgosos, peligrosos, aventurados; y atreverse a encarar esa mar gruesa, puede significarnos navegar en las tinieblas, en el mare tenebrarum, es decir, lo tenebroso ("oscuridad").
"y el chasquido que quiere proteger / ese grito que no es todo el grito.": Metáfora que nos trae varios significados y reminiscencias. Se refiere a que en la búsqueda de la libertad, podemos tener fracasos temporarios; porque después de todo, la libertad se obtiene y después hay que cuidarla, y si no se la cuida, se la puede perder. Podemos eventualmente caer en que un "amo" o un "tirano", representado por algo o alguien, nos haga obedecerlo con un "chasquido", nos quiera "proteger ese grito", es decir, ahogar nuestro "grito de libertad", nos coarte de algún modo. También con lo del “chasquido que quiere proteger ese grito que no es todo el grito” está aludiendo a los miedos que nos asaltan en esa búsqueda de la libertad, miedos a los riesgos que corramos en esa búsqueda, y que paradójicamente son miedos que también sirven para protegernos, para no pasarnos de rosca al asumirlos, y que tal vez nos lleven a atemperar un poco nuestra búsqueda de la libertad; pero no a renunciar del todo a ella. Pero no debemos olvidar que además "ese grito no es todo el grito", es decir que si perdimos eventualmente la libertad en alguna circunstancia; bien podemos luchar por recobrarla, podemos pegar otro grito libertario. También nos está diciendo que no hay un solo camino a la libertad; hay muchos caminos que conducen a ella, muchos "gritos".
"Mi amor, la libertad es fanática; / ha visto tanto hermano muerto, / tanto amigo enloquecido, / que ya no puede soportar / la pendejada de que todo es igual, / siempre igual, todo igual, todo lo mismo...": En ese cansancio, en ese hartazgo que "ya no puede soportar", de la estupidez ("la pendejada") de que todo sea igual ("todo es igual"); ha visto mucha gente perder la razón y hasta inmolarse, dar la vida ("tanto hermano muerto", "tanto amigo enloquecido") en ese perseguir la libertad. Y esa búsqueda afanosa de la libertad, la hicieron fanáticamente ("la libertad es fanática"), es decir, una búsqueda que los llevó a recorrer -tal vez equivocadamente o no, no lo juzga- caminos de intransigencia sin límites, de ferviente exaltación. Quizá y sólo quizá, también esté en esta estrofa, de paso, refiriéndose a la libertad no ya individual; sino a la libertad en un contexto sociopolítico, aludiendo a nuestro pasado más reciente (tomemos en cuenta que es una letra que compuso a fines de los 70 / principios de los 80) de tiranía militar y desaparecidos. Y en ese orden de ideas, tal vez también esté aludiendo con lo de "la libertad es fanática" y lo de "tanto hermano muerto" a que la gente que desapareció, murió en esa etapa terrible de nuestro país, buscaba fanáticamente la libertad; y él comprenda eso y recuerde a esa gente con emoción.

MIS POEMAS: ÍNDOLE




ÍNDOLE (Poema de Juan Carlos Serqueiros)

Cuando el sol se hunda en el río
Yo estaré en mi cenit
Cuando titilen los astros
Yo estaré en mi cenit
Al llegar el alba
Estaré en mi nadir
Como aquel guerrero
Reposaré en tu seno
Para encenderme otra vez
Y quemarme en vos
Otra vez
Y otra vez
Y otra vez
Integral de noches con risas de plástico
Doradas con Baccardi

Y salpicadas de mentidos besos
No busco redención
Yo sólo fui
Lo que fui


-Juan Carlos Serqueiros-