lunes, 9 de marzo de 2020

FUERON TRES AÑOS























Escribe: Juan Carlos Serqueiros

En cualquier cultura conceptual-artístico-lírico-musical, sea cual fuere, hay de todo: excelente, bueno, regular y malo. Y el tango —entendido como tal: cultura y no meramente género— no constituye la excepción. Pero para nada, eh.
Hay, dentro del tango, manifestaciones pictóricas magistrales y otras muy berretas (y nunca mejor aplicada la lunfardesca expresión); bailarines que son un regalo para los ojos, y otros que directamente parecen troncos a pique o tentetiesos; intérpretes —tanto músicos como cantantes— que son una bendición para los oídos, y otros decididamente insoportables; y expresiones poéticas y musicales sublimes que conmueven el alma, y otras francamente deplorables y lamentables. 
Entre estas últimas está comprendida en mi opinión y para mi gusto esta… pieza, llamémosla, siendo generosos y buenos: Fueron tres años, tal como tituló a ese engendro su autor y compositor, un tal Juan Pablo Marín, en 1956.
Veamos, si no:

No me hablas, tesoro mío,
no me hablas ni me has mirado.
Fueron tres años, mi vida,
tres años muy lejos de tu corazón.
¡Hablame, rompé el silencio!
¿No ves que me estoy muriendo?
Y quítame este tormento,
porque tu silencio ya me dice adiós.

Flaco, me parece que sos medio logi (y eso de “medio”, si te veo con un solo ojo). Si no te habla y ni siquiera se digna mirarte, está clarísimo que no soporta tu presencia, ¿o qué parte no entendiste? Tu tormento y que te estés muriendo, a ella le importa tres carajos a la vela; a ver si te das cuenta de una puta vez y dejás de arrastrarte como una babosa.
Y bueno, por fin cazaste una. Sí, es cierto, muy perspicaz lo tuyo: con su silencio te está diciendo adiós. ¡Rajá ya y dejá de dar lástima!

¡Qué cosas que tiene la vida!
¡Qué cosas tener que llorar!
¡Qué cosas que tiene el destino!
Será mi camino sufrir y penar.

A ver, pánfilo: Sí, la vida tiene cosas y a veces nos toca llorar. ¿Vos recién te diste cuenta? Entonces superaste mis expectativas y sos más boludo de lo que creía. Tenés menos calle que Venecia y menos noche que verano antártico. No es cuestión del “destino” ni que estés condenado a “sufrir y penar”; es que sos un nabo que anda implorándole a alguien que no quiere saber nada con vos. Y no te lo iba a decir, pero bueno, me veo obligado: tiene razón la mina en no soportarte; si andás rogando y humillándote, es que no te querés a vos mismo. Y si no te querés a vos mismo; mal podés querer a alguien más. La felicito a la mina, se nota que es muy perceptiva.

Pero deja que bese tus labios,
un solo momento, y después me voy;
y quítame este tormento,
porque tu silencio ya me dice adiós.

¡Ah buenooooo! Veo que no sólo sos un nabo, sino que como si eso fuera poco; además sos masoquista. ¿Me podés explicar para qué mierda querés que la mina te deje besarla “un solo momento”, para después irte? Tené un cacho de amor propio, aunque sea, y retirate con todos los honores y la cabeza en alto. ¡Forro!

Aún tengo fuego en los labios,
del beso de despedida.
¿Cómo pensar que mentías,
si tus negros ojos lloraban por mí?
¡Hablame, rompé el silencio!
¿No ves que me estoy muriendo?
Y quítame este tormento,
porque tu silencio ya me dice adiós.

Y dale con Pernía… No se puede creer que seas tan chichipío, viejo. Mirá, si no tenés dignidad; no sé… sacá un crédito y comprate un kilo, viste, algo… O matate, total… no le va a importar a nadie que deje de existir un incurable pelotudo edípico marca Acme como vos.

-Juan Carlos Serqueiros-