martes, 20 de marzo de 2012

MI MADRE ALEMANA

















Escribe: Juan Carlos Serqueiros

MI MADRE ALEMANA 
(Vivi Tellas)

No necesito tu amor
ni tu compasión,
si seguimos así
no habrá solución.
Te lo dije mil veces, ni una sola de más.
Si no me querés escuchar, andá a lo de tu mamá.
Quedate con tu mamá alemana.
Quedate con tu mamá.
Si es un problema de razas
yo no te puedo ayudar.
Si es un problema de amor
quizás podamos hablar.
Te lo dije mil veces...
Ya no somos chicos
hay mucho que aprender.
Mejor que dudes de tu vida
para mi amor tener.
Te lo dije mil veces...

Vamos a teñir la tarde de recuerdos y a rememorar aquella época en que Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota no era sólo una banda de rock; sino un espectáculo de vodevil o de burlesque.
Y, sí... por esos tiempos, en un show de PR se conjugaban la música con expresiones teatrales y corporales: el ballet ricotero, el strip tease de Monona y los monólogos a cargo del Mufercho primero, y después; de otro personaje a quien no tengo muchas ganas de nombrar, por lo cual menciono sólo sus iniciales: E. S.
Por aquel tiempo en que formaban parte del show de PR, las Bay Biscuits eran un trío integrado por Fabiana Cantilo, Isabel de Sebastián y Viviana (Vivi) Tellas; y precisamente, elegí un tema interpretado por ellas: "Mi madre alemana", cuya autoría le pertenece a esta última.
La temática gira en torno a una pareja que atraviesa una etapa de conflictos, lo cual motiva que la mina le ponga los puntos al chabón -que por lo visto desciende de arios (o al menos, su madre es alemana), y que por lo que se infiere al analizar la letra; es un "nene de mamá", un miope (miopelotudo, digamos)-.
Ella es una mujer independiente, que no está con ese tipo por necesidad, sino simplemente porque lo quiere; pero está harta de algunas cosas y actitudes de él, y así se lo hace saber ("no necesito tu amor ni tu compasión, si seguimos así no habrá solución").
Y bueno, el chaboncito está emplazado: o se pone las pilas y atiende las demandas de la mina, o ésta le cuelga la galleta de una y lo manda de vuelta con su mamita ("Te lo dije mil veces, ni una sola de más. Si no me querés escuchar, andá a lo de tu mamá. Quedate con tu mamá alemana. Quedate con tu mamá").
Pareciera ser que el problema del tipito pasa por el engreimiento, por el "yo me las sé todas" y por no escuchar a su pareja; hay cosas que ella quiere modificar porque está cansada de ellas, y exige perentoriamente que él se defina: si esas características de su personalidad se deben a ese sentimiento de superioridad que algunos de nuestro imaginario popular les atribuyen a los alemanes, a eso que llaman la "raza aria" (hoy -felizmente- la antropología nos dice que no hay eso que se denominaba "razas"); ella nada podrá hacer porque esa es la índole del tipo y punto. Eso no tiene arreglo ("si es un problema de razas yo no te puedo ayudar"). Pero en cambio, si se trata de algo que pueda subsanarse a través del diálogo y el entendimiento recíproco; ella está dispuesta ("si es un problema de amor quizá podamos hablar").
Ella viene reiterándole el planteo y el pedido de cambios ("te lo dije mil veces..."); pero hasta ahora, él no le dio pelota y desoyó sus reclamos, persistiendo en una postura cuasi infantil que tiene mucho de estúpida. "Ya no somos chicos", le dice ella llamándolo a asumir una actitud adulta. Y agrega: "hay mucho que aprender", significándole que espera de él un signo de madurez, que por fin llegue a escucharla.
Y trascartón, le sacude un misil en forma de ultimátum: o él modifica su actitud pelotuda, o ella le da el espiante: "mejor que dudes de tu vida para mi amor tener", le dice tajantemente. O sea, "o cambiás, o chau picho".
Y ya no habrá más advertencias para el tipo en adelante, eh; guarda que esta fue la última ("te lo dije mil veces...").
¿Y ustedes, qué se imaginan: habrá cambiado el chabón o habrá persistido en su taradez y la mina lo habrá pateado? Chi lo sa...

PUNTOS DE VISTA



No siempre vamos a coincidir en los puntos de vista. Lo que tú veas blanco, yo lo podré ver negro; y lo que veas al derecho, yo puedo verlo al revés.
Sin embargo, la afinidad no proviene de la igualdad; sino del complemento.

Lic. Gabriela Borraccetti
Psicóloga Clínica



UNA DIFERENCIA "SUTIL"

















Un redondo siempre está tratando de aprender algo, para engrosar su bagaje. Un ricotero, en cambio, busca averiguar cosas que no tienen la importancia que él les asigna; y presumiendo de que sabe, habla de lo que en realidad, no conoce. (Marcelo Furtivo)