jueves, 26 de enero de 2012

ES HORA DE LEVANTARSE, QUERIDO! ¿DORMISTE BIEN?





















Escribe: Juan Carlos Serqueiros

ES HORA DE LEVANTARSE, QUERIDO! ¿DORMISTE BIEN?
(Beilinson - Solari) 

Soñaste angelitos muy profesionales
que iban al grano jugando a los gangsters.
Dormís colgado en la rama
que soldaste con primor
y el carozo del asunto es tu temor,
es sólo tu temor que es tan puro
y tan elegante
sentado en tu dedo muy almibarado.
¡A vivir que son dos días!
(descolgalos del laurel)
Nadie quiere tu secreto más que vos...
nadie más que vos.
Tenés la licencia para envenenarnos,
pensás con audacia consejos muy agrios.
Un caníbal desdentado
enseñando a masticar,
tu negocio es muy difícil de explicar
y fácil de enseñar
fácil de enseñar
si dormiste bien.

Ante todo -nobleza obliga- debo confesar que di muchas vueltas antes de decidirme a subir esta “interpretación” (que no es tal, porque en realidad, no hay nada que interpretar).
En principio, me parecía (y me sigue pareciendo) que “interpretar” una letra del Indio que cuenta algo que es archisabido a partir de que él mismo lo hizo público; es como estafar a los demás y -lo que es aún peor- estafarse uno mismo. También reputo como ocioso ponerse a escribir sobre algo que no tiene ningún misterio y que no admite segundas interpretaciones, desde que el propio autor denuncia a quién está dirigido el palazo. Y por último, por esa vieja práctica a la que tan afectos solemos ser todos, aunque tratemos de “ser buenos” y procuremos no caer en ella: la de negarnos a otorgarle mayor relevancia a quien sentimos que no la tiene (como en este caso, no la tiene el destinatario de la piña).
Pero pudo más la invariable atracción que siento hacia todo lo que escribe Solari, porque “dónde ha de ir el buey que no are”, ¿no?, y porque al final, aún siendo un misil dirigido a un blanco determinado; la lírica esta bien puede aplicarse no sólo a ese blanco determinado, sino también a quienes incurren en las mismas prácticas perversas que él (el “blanco” digo, que es de carne y hueso y tiene nombre y apellido). Y entonces, acá estamos, qué sé yo...
La historieta es bien conocida: un tal Carlos Polimeni, oscuro periodista presumiblemente “especializado en rock” (?) y que en una época parece ser que estaba cercano a la banda y hasta tenía acceso a camarines, no tuvo mejor ocurrencia que escribir, en 1989, en el suplemento del periodicucho para el que trabajaba (Sur), un artículo que tituló (se rompió el marulo eh, para mí que desde ese momento llegó al término de su creatividad) “El silencio es salud”, en el cual criticaba una tardía (según él) decisión de los Redondos de tocar en Obras, después que (otra vez, según él; vaya uno a saber de dónde lo habrá sacado) debido a un “homenaje a su supuesta coherencia” (sic) de la banda (que obviamente, Polimeni entendía errada), se habían negado hasta allí a hacerlo, condenando (en la opinión de Polimeni), al público redondo a sufrir las “malas condiciones de seguridad” (sic) de los demás sitios donde hasta allí los Redondos habían tocado.
La bronca del Indio ante eso, fue apoteótica, y públicamente, desde el escenario, obsequió a Polimeni con un rotundo: “periodista yuppie, advenedizo y genuflexo, Carlitos del Sur, me cago en tu puta boca”.
Aún no escarmentado (lo cual viene a desmentir aquello de que “el que se quema con leche ve la vaca y llora”), Polimeni, haciendo después causa común con su amigote Quiquito Symns, siguió boqueando sandeces, criticando a la misma banda que antes (cuando tenía acceso a camarines), había cubierto de elogios, principalmente a partir del desgraciado suceso de la muerte de Walter Bulacio, y hasta llegó a afirmar que el Indio había sido profesor de gimnasia en el Colegio Militar.
Hasta que harto de soportarlo, Solari creyó llegado el momento de ocuparse debidamente de Polimeni, y en la misa de presentación de Lobo Suelto / Cordero Atado, le zampó este tema “Es hora de levantarse, querido! ¿Dormiste bien?”, con dedicatoria incluida, desde el escenario del Palacio Ducó: “Bueno, este tema personalmente quiero dedicárselo… hay un gran perejil que está jodiendo desde una página… desde Página/12, me ha jodido desde hace mucho tiempo. Pretende que un tipo como yo, que la única gimnasia que he hecho es destapar botellas (no me jacto de ello), haya sido profesor de gimnasia en el Colegio Militar. Carlitos no jodas, ya tenés un lugar en el cielo de los nabos”.
La letra es tan contundente como las que acostumbra dedicar Solari a quienes osan joderlo, como por ejemplo la de Blues de la artillería, en la cual destroza prolijamente a Symns: comienza desde el título preguntándole a Polimeni por su conciencia (“¿dormiste bien?”),  continúa tratándolo de nene de mamá (“tu temor”), de no entender de qué va la cosa (“soñaste angelitos muy profesionales… jugando a los gangsters”), le lanza una advertencia (“nadie quiere tu secreto más que vos”), le enrostra el uso irresponsable de su capacidad para hacer daño abusando de su condición de periodista (“tenés la licencia para envenenarnos”), desprecia los “consejos” encubiertos en su crítica (“pensás con audacia consejos muy agrios”), le niega idoneidad y aptitud profesionales (“un caníbal desdentado enseñando a masticar”), y lo remata refiriéndose a los móviles presumiblemente non sanctos del otro (“tu negocio es muy difícil de explicar”).
Después de semejante filípica, a Polimeni, “mágicamente”, se le terminaron las ganas de joder. 
En fin…

AUNQUE EL PRECIO SEA ALTO




















Escribe: Gabriela Borraccetti

El silencio y la autoconmiseración se han hecho para quien desea quedarse atascado en un pasillo, en lugar de pasar a otra habitación. Se ha hecho para quien relee la misma carta, el mismo párrafo y el mismo renglón, sin saber que en el final, se escribe la solución a todas las cosas. Se ha hecho para enfurruñarse y acentuar negritudes...
Pero a mí me gusta abrir nuevas puertas, me gusta limpiar mi altillo mental y adoro leer los finales de todo tipo. No guardo en mi cabeza y menos en mi corazón, el pulso del mascullar que ennegrece el alma; el perdón pasó a ser mi aliado y jamás pido libertades, simplemente las tomo.
Aunque el precio sea alto, nunca será más alto que arrastrar los pies por el camino, llevando los grilletes de heridas sin curar, masticando el chicle del desdén con aliento a lamento.

Lic. Gabriela Borraccetti
Psicóloga Clínica