domingo, 17 de marzo de 2013

VINO MARIANI
















Escribe: Juan Carlos Serqueiros

DEDICATORIA
De un extraterrestre a otro, ese, mi hermano de un redondo planeta hecho de ricota y perdido en ignorada galaxia, habitado por hembras que no son dulces, no; donde mi dios no juega dados y no es todo lo que reluce; donde a Nueva Roma se viaja en toxi-taxi; donde armar algún puto full cuesta lo mismo que el boleto a Finisterre; donde un chancho puede comer jamón; donde garchan las virgencitas; donde Rulo y Lupus se juegan al truco la caja de los truenos; donde ella baila con todos; donde una divina T.V. führer te jode con el espejismo de pasarte las noticias de ayer; donde flacas gimnastas de América y secas austeras soviéticas te dan un poco de amor francés; donde manejar una vieja pick-up puede hacer que terminen por ponerte una etiqueta negra en el dedo gordo del pie; y donde un angelito que está frito, borracho con patero de la costa, y un antiguo amor que acarrea sangría en termos de telgopor, te traen los diarios que vas a leer en un baño turco: Marcelo Furtivo.
A él le dedico esta noche en el ghetto, que es la primera... y la última.

CHAGASAU 
A los patéticos viajantes compañeros de esta ruta que vamos a andar hoy: todos los trips, hasta el que lleva a Reputalandia, tienen un final en el que creemos que la línea se cortó. Yo sé que la estación esta, la de Vino Mariani, tiene que ser la New York de mi Flight 956.
No nací para que ningún boludito de la luna sea el ladrón de mi cerebro. Si cualquier idiotonto que no sabe hacer un cero con el culo porque hasta eso tiene cuadrado, puede chorear impunemente y abrir sitios en la web a los que llevar lo que se afanó; para qué entonces, seguir perdiendo el tiempo... Ya no hay más propina, no, no! Caníbal de opereta, pedazo de pendejón. Por lo visto, nunca hay terreno sagrado y Dios no está en los detalles de hoy; así que... esto es to-to-todo, amigos!
Decido darle vacaciones a mi corazón..., el zumba se va, bye bye! En manos de pavotes todo el sueño quedó. Llorarás con un ojo y con el otro te reirás.
No sirvo y nunca serví para tristes despedidas; así que simplemente, un enorme ¡gracias! y ¡Adieu! ¡Bye bye! ¡Aufwiedersehen!

-Juank-

VINO MARIANI
(Solari)

Vas a invitar a los notables
y a las celebridades underground
van a sonar aplausos para todos hoy
Oh-Oh-Oh!
Tu pulgar va aprobando en el bar
que atenderá un amigo fiel
vas meneando tu cabeza con satisfacción (OK!)
si en las mesas estelares nada falta
Oh-Oh-Oh!
Un lugar allí y una oferta más
(no vas a bromear con eso)
lucirás la risa más ingenua sin dudar
tu corazón vacilará la noche de hoy
Oh-Oh-Oh!
Tipas y cronistas muy mal pagos
y unos "pelusas" cuidando el jardín
toda la gran oferta de un fino anfitrión
Oh-Oh-Oh!
Luces y el mejor DJ atronador
y premios en un escenario
el culo que valés es tu secreto una vez más
total no es más que el mundo de plateas de hoy
Oh-Oh-Oh!

El perfume de la tempestad no es un disco. Bah... sí, es un disco, pero lo que quiero significar es que no es solamente un disco; sino que es "arte siglo XXI", es decir, una obra que conjuga en un mismo packaging distintas disciplinas: poesía, música y arte gráfico.
Dr. Saturno ya nos "alertaba" sobre el hartazgo que sentía Solari. Producida la disolución de la banda, el Indio inició un proceso creativo con un proyecto sumamente ambicioso que trasciende lo estrictamente musical y que abarca otras manifestaciones artísticas. En ese orden de sus ideas, el arte gráfico pasa a ser parte integrante de la obra, no ya como el mero viejo y cansado arte de tapa; sino concebido como íntimamente concatenado con el resto, es decir, con lo lírico, con lo musical y hasta con el "envoltorio", todo configurando un novedoso formato de unicidad estética.
A punto tal es así, que es imposible afirmar que se ha entendido El perfume de la tempestad si previamente no se comprendió eso.
En ese contexto, no podía estar ausente la alusión a ese mundo pretendidamente visible y audible en el cual la fantasía, los deseos y la realidad (inducidos deseos aquellos y engañosa realidad esta, mejor expresado) se confunden peligrosamente: el publicitario. Y para eso, nada mejor que traer al escenario al amigo Angelo Mariani: un fulano que fue un verdadero tigre a la hora de promocionar lo suyo, tanto, que así como Peter Drucker es considerado el gurú del marketing moderno; Angelo Mariani es, sin quizá, el gurú de la publicidad moderna. Este ñato Mariani era un francés, corso el quía, nacido en el pueblo de Pero-Casavecchie en 1838, que laburaba en París -oh la la, París!- como aprendiz de boticario en una afamada farmacia que tenía entre su clientela a varios famosos de la época. Un día de 1868, una célebre actriz cayó a la farmacia diciendo que necesitaba algo que le "infundiera ánimo", y Mariani le elaboró un tonificante preparado a base de vino tinto (en aquel entonces, muchos de los remedios eran recetados para que fuesen diluidos en vino, de modo de atenuar el mal sabor) y hojas de coca. Fue una pegada. A partir de la rápida aceptación que tuvo su vino de coca, al cual "bautizó" con su propio apellido, Mariani se independizó y llegó a amasar una considerable fortuna. El secreto de su éxito económico residió no sólo en sus aptitudes para la ciencia farmacológica (aún está en discusión si él sabía de las propiedades de la coca, o si las conoció por habérselas dicho su primo Charles Fauvel, que era un prestigioso otorrinolaringólogo que la utilizaba en sus pacientes); sino en su extraordinaria habilidad comercial: diseñó un envase exclusivo para su producto: el frasco de vin Mariani que lo distinguía, hizo confeccionar afiches con refinados diseños artísticos de los más cotizados publicistas, organizaba tenidas de haute cuisine en selectos restaurantes a las cuales invitaba a las celebridades, y sobre todo; ponía especial énfasis en enviarles muestras gratis a personalidades famosas de todo el mundo, cuyos comentarios utilizaba  luego como propaganda en sus catálogos, con lo cual fue nada menos que un precursor en eso que hoy llamamos feed back with the customer. Así, llegó a tener una cartera de clientes entre los cuales estaban el Shah de Persia, Sigmund Freud, Jules Verne, la reina Victoria, Emile Gautier, José Martí, Sarah Bernhardt, Thomas Alva Edison, Alexandre Dumas, el Papa León XIII, Charles Gounod, Robert Louis Stevenson, Herbert George Wells, el rey Alfonso XIII, los hermanos Lumiére, Emile Zola, Louis Bleriot, sir Arthur Conan Doyle, Henrik Ibsen, etc. En síntesis, e independientemente de sus virtudes y/o defectos; un capo Mariani a la hora de promocionar su tónico.
Y por eso lo recuerda Solari en el título: le saca el polvo que sobre su memoria acumuló la noche de los tiempos y lo trae hasta el aquí y ahora, para presentarle a ese tipito Mariani del siglo XIX un álter ego suyo; pero del siglo XXI. De eso se trata Vino Mariani
Tenemos entonces a alguien que elabora y vende -con gran suceso y éxito económico- un producto determinado, y que puede ser (el tipito, digo), lo que a cada uno se le ocurra imaginar que sea: el CEO de una compañía discográfica, el cerebro mandamás de una corporación de biotecnología, el dueño de un multimedios, un politicastro, el director de una multinacional, etc.). Por mi parte, en ese multiple choice me incliné a inferir que el chabón en cuestión no es otro que... el inefable Patricio Rey.
Sí, tengo para mí que se trata de él, que al igual que antes en sus tiempos lo hacía Mariani; va a "invitar a los notables", es decir, a esas personalidades relevantes y famosas, a una festichola de aquellas en la cual les va a sobar -y bien sobado- el lomo, adulándolos y alimentándoles aún más sus ya de por sí infatuados egos, anunciando a toda voz su "estelar" presencia y pidiendo para ellos el cerrado aplauso de aquellos otros invitados que no son tan famosos; pero que sí están chochos y orgullosos de estar ahí y de sentir que pertenecen a ese círculo selecto ("van a sonar aplausos para todos hoy").
Y trascartón nomás, se viene una metáfora monumental, de finísima ironía solariana; porque nos dice que al evento, también van a asistir como invitadas aquellas "celebridades del underground". Genial el oxímoron, porque es indicativo tanto de la tremenda intuición del que organiza la fiesta, al anticiparse al conocimiento de quiénes de los que están hoy en el underground se harán famosos después; como de la tilinguería de los invitados para los cuales esos artistas que están en el underground son ya, hoy por hoy, ahora mismo, "celebridades". Para ellos, claro... Es un poco como ciertos grupejos "selectos" que estaban entre el primer público de Los Redondos, iconizados en la minita aquella a la que le decían "Mariposa Pontiac", ¿te acordás? Bueno, eso.
Por enésima vez: El perfume de la tempestad es autorreferencial. Todo en él está ligado a Solari, a sus amigos, ex amigos y no tan amigos; a sus fobias y miedos, a su familia, a sus vivencias, a sus creencias y a su falta de creencia... Y Vino Mariani no constituye una excepción a esa regla, por lo contrario; en alguna medida (buena medida, diría) el Indio es un poco Mariani; porque en definitiva, al igual que el franchute aquel; también Solari puede diseñar un envase exclusivo para su producto y también puede ilustrar lujosamente su catálogo.
Y si él, por puro pudor nomás, no se atreve a eso de montar un pantagruélico evento en el cual "captar y fidelizar clientes"; su patrón, Patricio Rey, sí es perfectamente capaz de hacerlo, ¿por qué no? Es Patricio quien inspecciona el bar y lo aprueba levantando su pulgar, ese bar que "atenderá un amigo fiel", es decir, alguien digno de toda la confianza como para encargarle la tarea de satisfacer el caprichito de todos y cada uno de los invitados, dándoles lo que se les ocurra pedir además de los tragos; hasta cierto polvito blanco, si cuadra; o compañía femenina de esas "tipas", o quizá una condescendiente, elogiosa nota de alguno de esos periodistas ("cronistas"), que después de todo, también para eso fue oportuna y convenientemente invitado a la fiesta ¿o para qué más?
Es asimismo Patricio quien controla que nada falte en el vip ("las mesas estelares"), que esté atenta y en sus puestos la gente para la seguridad del lugar ("unos pelusas cuidando el jardín"), que la música y la iluminación ("luces y el mejor DJ atronador") estén perfectas y funcionen eficazmente, que los premios a entregar estén convenientemente dispuestos ("premios en el escenario"), y es, en fin, el que se da cuenta del detalle de que a uno de los invitados hay que ubicarlo en el vip ("un lugar allí"), de manera de captarlo como cliente ("una oferta más"); porque al final de cuentas, che, esto es una fiesta, sí, pero de laburo, de conveniencia, y como es sabido, donde se come, no se caga ("no vas a bromear con eso").
Y a la hora de elegir los lugares en los que sentar a cierta parejita feliz, Patricio será todavía capaz de esbozar "la risa más ingenua" y su corazón "vacilará la noche de hoy". ¡Minga su risa será ingenua y su corazón vacilará! Él sabe perfectamente cómo fueron las cosas; pero bueh, la vida sigue y the show must to go on...
Dicen que el francés se llevó a la tumba el secreto de la fórmula de su vin Mariani. Macanas. El "secreto" de su éxito no estaba sólo en la receta (que por lo demás, era simplemente un litro de tinto de Burdeos y hojas de coca que entregasen entre 150 y 300 mg de cocaína); sino en los métodos que usó para propagandizar su producto. Eso era lo que valía ("el culo que valés es tu secreto"). Y entonces ahora ("una vez más"), se utiliza, por parte de Patricio una de las herramientas publicitarias a las que en su momento apeló Mariani: una fiesta con celebridades invitadas. Porque después de todo, lo que fue eficaz una vez y hace tiempo; bien puede serlo también ahora, ¿no? Y, sí... "total, no es más que el mundo de plateas de hoy". De plateas vip, claro, obvio, ¿o creías que a los camerinos te iban a invitar a vos?
Y como El perfume de la tempestad no es sólo un disco, lo metafórico no se agota en la poesía, en la lírica; sino que está también en el arte. ¿Te fijaste en la ilustración de Vino Mariani? ¿No? Harías bien en contemplarla minuciosamente. Mirá:


¿Qué percibís en lo que ves? De fondo está la tempestad, simbolizada en los rayos; al frente, en primer plano, lo tenemos a Patricio Rey con lentes oscuros, una gorra Nike, una campera o un buzo Adidas y levantando los dos pulgares en señal de conformidad, dando el OK. Atrás de todo, aparecen jets privados, en clara alegoría de las celebridades, de esos invitados vip que llegan a la festichola provenientes de todo el mundo. Y en el medio, detrás de Patricio, la imagen de una mujer. ¿Y qué mujer? Pues Marilyn Monroe, de ella se trata, como podés apreciar mejor al principio de todo en la ilustración que armé yo y que encabeza este artículo.
Pero no es una imagen cualquiera de Marilyn Monroe, no; es una imagen, una en particular, y cuya inclusión en el arte del Indio tiene un por qué: es que se trata, esa estampa, de un ícono publicitario por excelencia. ¿Cómo? Sí, así como lo escribí.
Ocurre que el 1 de julio de 1962, Marilyn había hecho una sesión de fotos para el fotógrafo George Barris, en las que aparecía en las playas de Santa Mónica, "vestida" tan sólo con un grueso suéter de lana tejido artesanalmente en Guadalupita, México. Un mes más tarde, el 6 de agosto, Marilyn moría en circunstancias poco claras. Y lógicamente, las imágenes de esa su última sesión de fotos, fueron muy difundidas.
Tanto, que a partir de ahí, los suéters artesanales de Guadalupita tejidos por Juan Martínez Nava (el diseño había sido de su hermana, Rosario), adquirieron súbitamente una impensada fama. Todo el mundo quería tener el suéter de Marilyn.


 Igualito a lo que había pasado con el vin Mariani: si en los afiches aparecían el rey de España, la reina de Inglaterra, el zar de Rusia, el Shah de Persia, el Papa, actores y actrices, escritores y científicos tomándolo; y bueno, pues entonces, había que tomarlo, ¡qué joder!

 
   
 Y hasta aquí viajamos juntos por esta ruta solariana, ojalá lo hayas disfrutado; yo me bajo acá.
Que el éxito te acompañe siempre y tengas una buena vida. Chau.

-Juan Carlos Serqueiros-