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lunes, 21 de agosto de 2023

BORGES Y MANZI: LA BIFURCADA























Escribe: Juan Carlos Serqueiros

Ambos poetas mantenían una muy cordial relación. Basta con recordar que en 1934, Borges quiso prologar los versos del genial Arturo Jauretche: "El paso de los libres", y que tal petición se la hizo a don Arturo, justamente —¡oh, casualidad!— por mediación de... Homero Manzi.
Por aquel entonces, Borges compartía con éstos —al menos, en el discurso— una evidente postura de admiración hacia Hipólito Yrigoyen.
Posteriormente, se produciría "la bifurcada" (Adrián Otero dixit), y el inefable Georgie tomaría el rumbo por todos conocido: el de antiperonista acérrimo; mientras que Manzi y Jauretche seguirían firmemente situados junto a las mayorías populares. Por más que esas mayorías populares hayan sido las mismas que primero idolatraron al Peludo y después lo voltearon en 1930.
No se los perdonaría Borges, ni a Jaureteche ni a Manzi, tanto así, que en junio de 1965, en un reportaje que le hizo la revista Confirmado, se refería de este modo a la lírica del segundo:

Periodista: —¿Admitiría usted que, si muchas grabaciones de Gardel son sensibleras, también se le deben otras como “Milonga del 900”, que no tienen par?
Borges: —Es cierto. Es muy buena. Me ha sucedido discutir con alguien si la expresión "soy hombre de Leandro Alem" aludía al más reciente nombre del Paseo de Julio o a la condición radical del parlante.
Periodista: —Evidentemente se trata de la segunda acepción. Además, Homero Manzi, autor de la letra, era entonces un fervoroso yrigoyenista.
Borges: —Sí, pero después, antes de morir, fue peronista.

¡Ay, Georgie, Georgie querido! Eras, sin duda, un genio. Y quizá por eso, tenías la misma característica que nos achacabas a los peronistas. Sí, esa: la de incorregible. En fin...
No obstante, no debemos extrañarnos de aquella adhesión borgeana al yrigoyenismo, considerándola contradictoria con su anti peronismo; porque de ningún modo se le ocurrió nunca a Borges considerar la existencia de similitud alguna entre Yrigoyen y Perón. Muy por el contrario (y bien mirada la cosa, por utilizar sus propias palabras), no es que su admiración por el Peludo de la cueva de la calle Brasil pasara por un fugaz estadio transitorio de efervescente populismo; sino que —como lo enunciara él mismo en carta a Enrique y Raúl González Tuñón fechada en marzo de 1928— veía en Yrigoyen —a quien llamaba “nobilísimo conspirador del Bien” (sic)— al “caudillo que con autoridad de caudillo ha decretado la muerte inapelable de todo caudillismo; es el presente que, sin desmemoriarse del pasado y honrándose con él se hace porvenir” (sic).
No es lícito enrostrarle a Borges haber pasado del populismo con Yrigoyen al anti populismo con Perón; simplemente percibió en el primero la síntesis histórica de una patria tal cual él la concebía o anhelaba, y en el segundo el retorno a una “tiranía” —pues así consideraba al peronismo— que execraba y que le provocaba la misma repulsión e idéntico espanto que sentía por la “tiranía” de Rosas.
Por otra parte, y aún cuando no concuerdo en lo más mínimo con la opinión de Borges sobre Perón y el peronismo (soy peronista desde los huevos de mi viejo y la panza de mi vieja, y seguramente moriré siéndolo); suscribo sin reservas la nítida diferenciación que él establecía. Por más que muchos compañeros crean distinguir lo que se empeñan en llamar “continuidad histórica” (?) entre yrigoyenismo y peronismo; debo decir que no es ese mi caso ni remotamente.
Si el venerado Georgie era visceralmente anti peronista; yo —sin pretensión alguna de compararme con él, pero ejerciendo el mismo derecho— soy visceralmente anti radical. Y estoy convencido de que el surgimiento del radicalismo en 1891 es el suceso maldito de la política argentina.

-Juan Carlos Serqueiros-

sábado, 21 de enero de 2023

BORGES Y PIAZZOLLA. CUANDO CHOCARON DOS GENIOS












Escribe: Juan Carlos Serqueiros


Lo que pasó es que fui el único que se animó a refutar a Borges. (Astor Piazzolla)

Piazzolla no siente lo criollo. (Jorge Luis Borges)

Han transcurrido ya casi 57 años desde que salió este disco: "El tango", de Astor Piazzolla y su Quinteto Nuevo Tango, con la participación de Edmundo Rivero en canto y de Luis Medina Castro en recitación. Su lanzamiento, a mediados de 1965, por el sello Polydor, coincidió (sospechosamente, si uno quiere pensar mal. ¿Operación marketinera, tal vez? A mí me lo parece, pero chi lo sa...) con la publicación por parte de Borges, a través de la editorial Emecé, de su libro "Para las seis cuerdas". 



La iniciativa de un trabajo artístico en colaboración con Borges emanó de Piazzolla, quien el 14 de marzo de ese año invitó al primero a concurrir a su departamento de la avenida Entre Ríos, a fin de hacerle escuchar las melodías que había compuesto para el disco, interpretadas por él mismo en piano y cantadas "caseramente", así “a la que te criaste”, por Odette María “Dedé” Wolff, quien era por entonces la esposa del músico.


Finalmente, Borges asistió a sólo una de las sesiones de grabación del disco (que en total fueron cuatro y que se realizaron: dos de ellas, 15 y 21 de junio, y las dos restantes, 5 y 6 de julio). Y durante esa única ocasión en que estuvo presente Borges en el estudio, Edmundo Rivero registró "A don Nicanor Paredes".


Al terminar la grabación, Piazzolla le preguntó a Borges si le había gustado, y éste respondió: "Me gustaba más como lo cantaba la chica" (refiriéndose a Dedé). Rivero (que siempre fue un cumplido caballerazo) y todos los músicos festejaron, riendo, las palabras de Borges; pero a Piazzolla le cayeron como una patada en las... amígdalas.
Y en este punto, estimo pertinente señalar que cuando Borges expresó aquello, no tenía intención de afirmar que Dedé (que no era en modo alguno una cantante profesional) cantara mejor que Rivero (que sí lo era y de excelsas aptitudes y calidad, además); sino que simplemente pretendía significar que para él, en tanto arqueólogo de la milonga, ésta debía cantarse “así nomás”, incluso hasta fuera de tono, pues lo importante radicaba en la poesía enunciante de las tragedias y las hazañas de legendarios personajes protagonistas de un tiempo irremisiblemente ido. 
Sólo que eso... no podía comprenderlo un genio musical como Piazzolla, en tanto magistral compositor de la nueva música de una gran urbe, música ésa que necesariamente venía impregnada de una síntesis pluricultural y que no iba a sujetarse a límite alguno en su evolución.
En el mundo poético de Borges se desenvolvían un Nicanor Paredes o un Jacinto Chiclana en un escenario donde los arrabales, esto es, las orillas, los extramuros de la ciudad, se hacían uno solo con el comienzo de la pampa; mientras que el alma de Piazzolla componía melodías para el abigarrado habitante de una jungla de asfalto y cemento, un taxista o un oficinista, puestos a sobrevivir esforzada y dificultosamente en un universo citadino teñido por la urgencia, la tristeza y la melancolía. Lo de Borges era la patria Buenos Aires reclamando altiva un sitial de procerato para el compadre, para el malevo; y lo de Piazzolla era la esencia misma de la música progresiva. 
Así las cosas, el choque que indefectiblemente sobrevino, se trató más de conflicto entre pasado y presente, que de confrontación entre egos exacerbados e índoles... difíciles, digamos (porque al fin de cuentas, si el estilete irónico de Borges solía ser letal; no menos peligroso era el áspero carácter que a menudo eclosionaba en las broncas de Piazzolla. De todos modos, también hubo algo de eso; aunque como elemento accesorio y no como motivación principal para el desencuentro).
Después, Borges salió a criticar acerbamente la música que había compuesto Piazzolla para sus poemas (la calificó como "una porquería") y mencionó a éste como "Astor Pianola". Y trascartón, el músico no se quedó atrás: "sordo ignorante", le espetó al poeta; "gentileza" a la cual Borges no se privó de corresponderla con un lapidario "Pianola es un bruto vanidoso".
Particularmente, me hallo inclinado a inferir que todo el asunto de aquella "colaboración" fue ideado por los gerentes de la editorial y del sello discográfico, quienes en tanto ejecutivos adoradores del dios beneficio económico y de la diosa maximización de la ganancia, no se percataron de que era imposible conciliar dos extremos como Borges y Piazzolla. Para el primero, sus poesías debían ejecutarse, a lo sumo, en formato de milonga y sólo con guitarra; mientras que por su parte, el segundo introducía elementos del canto gregoriano y del jazz. No podían entenderse, y efectivamente, no se entendieron. Y así terminó la cosa: a los capazos.
No obstante, luego de tanta esgrima verbal, y si bien no volvieron a trabajar en... colaboración, digamos (por más que haya sido aquella una "colaboración" plagada de rispideces); Piazzolla musicalizó otras poesías de Borges y también compuso la música para la película "La intrusa" basada en el cuento homónimo del gran Georgie.
En fin... sólo desencuentros entre dos genios, nada más que eso. Nosotros, mi querido lector, declarémonos neutrales en esa guerra, y obsequiemos a nuestros sentidos deleitándolos con una de las joyas de aquel disco:

 
Disfrutémosla, pues. ¡Salud y hasta la vista!

-Juan Carlos Serqueiros-