domingo, 29 de enero de 2012

¿UNA SOLA FORMA?




Muchas veces creemos tener razón. La Razón. Suponemos que hay una sola forma de encontrar relaciones entre hechos, una sola forma de hallar respuestas a nuestras dudas, una sola forma de sucesión de hechos, como la causa y el efecto. Suponemos -y mal-, que existe una forma adecuada de pensar. Sin embargo, las relaciones que nadie distingue a simple vista, cuanto más alejadas de la lógica se encuentran, suelen ser las que, desde la oscuridad, digitan y dan real significado a lo que luego todo el mundo "ve, acuerda y sabe lógico y plausible por consenso".

Lic. Gabriela Borraccetti
Psicóloga Clínica

LAVI-RAP





















Escribe: Juan Carlos Serqueiros

Lavi-Rap
(Beilinson – Solari)

El Morta, Huesito y Mr. Ed.
van a saltar otra vez sin red.
Se enrollan, se baten, se agitan y mojan
en lavi - rap.
Al comprar el "pajarito",
debieron preguntar, tal vez,
cuánto costaba la linda jaula
del lavi - rap.
Onambólicos asteroides
tragan y esperan para enjuagar
al todopedoroso dios
del lavi - rap.
Sólo saben llorar por minas y por guita
(no más bohemia, todo es chusmear),
y tener todo clarito
en lavi - rap.
Si el "pajarito" da una buena
van al Tortoni o al Castelar
y suman un buen baño turco
al lavi - rap.
El último show no murió casi nadie
se fue vacío el furgón de los fiambres
Cubrieron la mierda de azúcar negra
en el lavi - rap.

Un título sumamente sugestivo, ¿no?, que instantáneamente nos remite a pensar en la famosa cadena “Lave-Rap”, de lavado automático de ropas. “Lavi-Rap”, le pone el Indio, para sugerir la limpieza de algo, pero sin incurrir en la copia textual de la marca registrada. ¿Quizá para evitarse un reclamo legal, o será otro el motivo de la alteración? Vaya uno a saber… Igual, mucho no interesa; lo que sí es importante, es la imagen que construimos a través de esa asociación de ideas: la de lavar y enjuagar algo.
Tenemos tres personajes: “El Morta”, “Huesito” y “Míster Ed”, de los cuales sólo tenemos data (posterior a la creación de este tema incluido en Lobo Suelto / Cordero Atado) fidedigna (tan fidedigna, que es de boca del propio Indio) de uno de ellos: el “Morta”, que según nos cuenta el Indio a propósito de “Morta punto com”, tema incluído en Momo Sampler; es un tipo “que no se cuece en un hervor”, que “antes tenía un papeo interesante” y que “tiene un tío en Nueva Jersey”. De “Huesito” y “Míster Ed” nada sabemos, salvo que “Míster Ed” era una famosa serie televisiva de los 60 y 70, protagonizada justamente por Míster Ed, que era un caballo que… hablaba! Quizá el apodo del amigo o conocido del Indio, se deba a algún parecido o analogía con el Míster Ed de la tele, no sé... En cuanto al otro fulano, "Huesito", tal vez sea por lo flaco, o porque le guste timbear a los dados; tampoco sé...

La cuestión es que estos tres ñatos, sea cual fuere el metier al que se dedican (que puede ser una actividad delictiva -lo que me parece más probable-, como por ejemplo  traficar drogas y lavar guita negra), o también puede ser que sin incurrir necesariamente en el delito; sea asimismo un negocio non sancto, no legítimo, que repugna a la conciencia de quien lo realiza, pero que a la vez, no está penado por la ley), decidieron nuevamente (“otra vez”, dice el Indio) correr un riesgo considerable (“van a saltar… sin red”).
Trascartón, viene una imagen sumamente descriptiva de la acción de lavar algo en una lavadora automática (“se enrollan, se baten, se agitan y mojan en lavi-rap”), aludiendo a que a los tipos los lavan ¿Y, por qué los lavan? Y…, puede ser que en el “lavi-rap” laven la guita negra que ingresa producto del narcotráfico que ejercen “El Morta”, “Huesito” y “Míster Ed”,  y también puede ser que los laven, como una forma metafórica de describir lo de "lavar" sus conciencias…, no se sabe; lo que sí es seguro, es que algo lavan. Lo primero que uno piensa cuando se habla de lavado y que no esté específicamente dirigido a lavado de ropa; es el lavado de guita negra, es decir, procedente de algo ilegal; a mí se me ocurre que la significación es doble, es decir que están blanqueando, haciendo legal algo ilegítimo; y a la vez, que lavan sus conciencias atormentadas, preocupadas por el riesgo que corren; pero es sólo una presunción, un presentimiento mío.

Luego viene una suerte de “y…, ahora jódanse, lo hubieran pensado antes”. Está insinuando que antes de dedicarse a alguna actividad no legítima –no importa si es delinquir o si orillan la delincuencia sin tocarla o ni siquiera eso; lo que importa es que el negocio en el que están, no es legítimo, por lo menos moralmente legítimo- (“al comprar el pajarito”), tendrían que haber pensado (“debieron preguntar, tal vez”) en si valía la pena correr los riesgos que están corriendo. Ahora están embretados en eso y no pueden (o no quieren o no ven la forma de) salir del “negocio” porque están metidos en esa jaula de la cual no pueden escapar..., ya es tarde para eso (“cuánto costaba la linda jaula del lavi-rap”).
Y tenemos un neologismo solariano de pura cepa, de esos con los que de vez en cuando el Indio nos sorprende y nos deja con la boca abierta: “onambólicos asteroides”. Son “asteroides”, porque los tres fulanos no llegan a ser astros del todo; son astros menores, de escasa significación y relevancia, son sólo peones en el ajedrez del que tiene la batuta; que no es otro que el tipo que dirige la organización que integran -“el todopedoroso dios del lavi-rap”- (p
one "todopedoroso" en lugar de todopoderoso, de modo que suene fonéticamente parecido, para referirse a un "dios" pedorro, lo cual "refuerza" con el uso de minúsculas, para marcar que no habla de la deidad, de la divinidad; sino del ñato que es el jefe de una organización non sancta). Y son “onambólicos”, porque son unos “pajeros simbólicos”; o sea grandes pajeros, LOS pajeros, digamos; construyendo un neologismo, es decir una palabra que hasta allí no existía en el léxico, a partir de la referencia a Onan (onam), el personaje bíblico que simboliza la masturbación, la auto satisfacción sexual, unida al apócope de lo que tiene que ver con un ícono, con un símbolo (bólicos = forma apocopada de simbólicos).
Y a continuación, una “pista más firme”: el Indio nos dice que el trío ese anduvo alguna vez en la bohemia, con lo cual es fácil inferir que no sólo “El Morta”, sino también “Huesito” y “Míster Ed”, deben haber sido compañeros suyos de noches de “naufragio”, es decir, de bohemia creativa. Pero ahora, eso que antes era bohemia, se convirtió en un conventillo y en un careteo ("no más bohemia, todo es chusmear"), y por eso el Indio se alejó de ese ambiente que le repugna, no quiere estar ahí; mientras que otros sí continúan en él (“sólo saben llorar por minas y por guita"), porque no importa si le vendieron el alma al diablo, total… después todo se lava ("y tener todo clarito en lavi-rap”).
Y si cazan un buen billete (“si el ‘pajarito’ da una buena” -y hablando de eso, ya es hora de ocuparme del “pajarito”, un poquito de paciencia, che, ya voy, aguanten-), disfrutan de la buena vida, de la paquetería de tomarse un buen café en el Tortoni (con lo cual de paso, no se alejan del todo de eso que ellos siguen tomando por “bohemia”) y de darse un baño turco en el spa del Hotel Castelar, que los desintoxique, complementando el lavado de conciencias (y de guita) que antes se hicieron en el lavi-rap (“van al Tortoni o al Castelar y suman un buen baño turco al lavi-rap”). ¿Y qué joraca será el “pajarito”? ¿No será por casualidad un avión en el cual trafican drogas?... hum…
En la última transa que hicieron (“el último show”), les salió todo bien, no tuvieron que lamentar pérdidas (“no murió casi nadie, se fue vacío el furgón de los fiambres”), pero eso no significa que siempre vaya a ser así; por eso el Indio escribe “CASI nadie”, como diciéndoles “OK, HOY no murió nadie, pero ¿y mañana?... Ojo, eh, guarda”. Y por supuesto, tampoco significa que por el solo hecho de que les haya salido bien, eso legitime la transa que se están mandando; simplemente lo que hicieron fue tapar la cagada, sólo eso (“cubrieron la mierda de azúcar negra en el lavi – rap”).

Por otra parte, tengo una mente bastante retorcida, tanto, que me llevó a flashear con que la tríada El Morta, Huesito y Míster Ed en algún punto pueda ser asimilable a ellos mismos, a los Redo. Pero claro, seguramente me indujeron a ello los cabernet sauvignon que me había zampado. O no...

ENLACE A LA CANCIÓN EN YOU TUBE: http://www.youtube.com/watch?v=eauYr135HWY

-Juan Carlos Serqueiros-

DEBAJO DE MI SOMBRERO Y POR ENCIMA DE MI CUELLO
















Podrás ser observador de mi cáscara, de mis oropeles o del brillo de mi blasón; e incluso en mis palabras no hallarás más significados que aquellos que sólo en tu mente, encuentren alguna coherencia. 
Por ello, debajo de mi sombrero y por encima de mi cuello, existe un reino fuera de este reino, al que sólo se puede acceder cuando se rompe el castillo que nos sostiene, el árbol que nos ata a la tierra y la persona que fuimos hasta hace un segundo atrás.

Lic. Gabriela Borraccetti
Psicóloga Clínica

jueves, 26 de enero de 2012

ES HORA DE LEVANTARSE, QUERIDO! ¿DORMISTE BIEN?





















Escribe: Juan Carlos Serqueiros

ES HORA DE LEVANTARSE, QUERIDO! ¿DORMISTE BIEN?
(Beilinson - Solari) 

Soñaste angelitos muy profesionales
que iban al grano jugando a los gangsters.
Dormís colgado en la rama
que soldaste con primor
y el carozo del asunto es tu temor,
es sólo tu temor que es tan puro
y tan elegante
sentado en tu dedo muy almibarado.
¡A vivir que son dos días!
(descolgalos del laurel)
Nadie quiere tu secreto más que vos...
nadie más que vos.
Tenés la licencia para envenenarnos,
pensás con audacia consejos muy agrios.
Un caníbal desdentado
enseñando a masticar,
tu negocio es muy difícil de explicar
y fácil de enseñar
fácil de enseñar
si dormiste bien.

Ante todo -nobleza obliga- debo confesar que di muchas vueltas antes de decidirme a subir esta “interpretación” (que no es tal, porque en realidad, no hay nada que interpretar).
En principio, me parecía (y me sigue pareciendo) que “interpretar” una letra del Indio que cuenta algo que es archisabido a partir de que él mismo lo hizo público; es como estafar a los demás y -lo que es aún peor- estafarse uno mismo. También reputo como ocioso ponerse a escribir sobre algo que no tiene ningún misterio y que no admite segundas interpretaciones, desde que el propio autor denuncia a quién está dirigido el palazo. Y por último, por esa vieja práctica a la que tan afectos solemos ser todos, aunque tratemos de “ser buenos” y procuremos no caer en ella: la de negarnos a otorgarle mayor relevancia a quien sentimos que no la tiene (como en este caso, no la tiene el destinatario de la piña).
Pero pudo más la invariable atracción que siento hacia todo lo que escribe Solari, porque “dónde ha de ir el buey que no are”, ¿no?, y porque al final, aún siendo un misil dirigido a un blanco determinado; la lírica esta bien puede aplicarse no sólo a ese blanco determinado, sino también a quienes incurren en las mismas prácticas perversas que él (el “blanco” digo, que es de carne y hueso y tiene nombre y apellido). Y entonces, acá estamos, qué sé yo...
La historieta es bien conocida: un tal Carlos Polimeni, oscuro periodista presumiblemente “especializado en rock” (?) y que en una época parece ser que estaba cercano a la banda y hasta tenía acceso a camarines, no tuvo mejor ocurrencia que escribir, en 1989, en el suplemento del periodicucho para el que trabajaba (Sur), un artículo que tituló (se rompió el marulo eh, para mí que desde ese momento llegó al término de su creatividad) “El silencio es salud”, en el cual criticaba una tardía (según él) decisión de los Redondos de tocar en Obras, después que (otra vez, según él; vaya uno a saber de dónde lo habrá sacado) debido a un “homenaje a su supuesta coherencia” (sic) de la banda (que obviamente, Polimeni entendía errada), se habían negado hasta allí a hacerlo, condenando (en la opinión de Polimeni), al público redondo a sufrir las “malas condiciones de seguridad” (sic) de los demás sitios donde hasta allí los Redondos habían tocado.
La bronca del Indio ante eso, fue apoteótica, y públicamente, desde el escenario, obsequió a Polimeni con un rotundo: “periodista yuppie, advenedizo y genuflexo, Carlitos del Sur, me cago en tu puta boca”.
Aún no escarmentado (lo cual viene a desmentir aquello de que “el que se quema con leche ve la vaca y llora”), Polimeni, haciendo después causa común con su amigote Quiquito Symns, siguió boqueando sandeces, criticando a la misma banda que antes (cuando tenía acceso a camarines), había cubierto de elogios, principalmente a partir del desgraciado suceso de la muerte de Walter Bulacio, y hasta llegó a afirmar que el Indio había sido profesor de gimnasia en el Colegio Militar.
Hasta que harto de soportarlo, Solari creyó llegado el momento de ocuparse debidamente de Polimeni, y en la misa de presentación de Lobo Suelto / Cordero Atado, le zampó este tema “Es hora de levantarse, querido! ¿Dormiste bien?”, con dedicatoria incluida, desde el escenario del Palacio Ducó: “Bueno, este tema personalmente quiero dedicárselo… hay un gran perejil que está jodiendo desde una página… desde Página/12, me ha jodido desde hace mucho tiempo. Pretende que un tipo como yo, que la única gimnasia que he hecho es destapar botellas (no me jacto de ello), haya sido profesor de gimnasia en el Colegio Militar. Carlitos no jodas, ya tenés un lugar en el cielo de los nabos”.
La letra es tan contundente como las que acostumbra dedicar Solari a quienes osan joderlo, como por ejemplo la de Blues de la artillería, en la cual destroza prolijamente a Symns: comienza desde el título preguntándole a Polimeni por su conciencia (“¿dormiste bien?”),  continúa tratándolo de nene de mamá (“tu temor”), de no entender de qué va la cosa (“soñaste angelitos muy profesionales… jugando a los gangsters”), le lanza una advertencia (“nadie quiere tu secreto más que vos”), le enrostra el uso irresponsable de su capacidad para hacer daño abusando de su condición de periodista (“tenés la licencia para envenenarnos”), desprecia los “consejos” encubiertos en su crítica (“pensás con audacia consejos muy agrios”), le niega idoneidad y aptitud profesionales (“un caníbal desdentado enseñando a masticar”), y lo remata refiriéndose a los móviles presumiblemente non sanctos del otro (“tu negocio es muy difícil de explicar”).
Después de semejante filípica, a Polimeni, “mágicamente”, se le terminaron las ganas de joder. 
En fin…

AUNQUE EL PRECIO SEA ALTO




















Escribe: Gabriela Borraccetti

El silencio y la autoconmiseración se han hecho para quien desea quedarse atascado en un pasillo, en lugar de pasar a otra habitación. Se ha hecho para quien relee la misma carta, el mismo párrafo y el mismo renglón, sin saber que en el final, se escribe la solución a todas las cosas. Se ha hecho para enfurruñarse y acentuar negritudes...
Pero a mí me gusta abrir nuevas puertas, me gusta limpiar mi altillo mental y adoro leer los finales de todo tipo. No guardo en mi cabeza y menos en mi corazón, el pulso del mascullar que ennegrece el alma; el perdón pasó a ser mi aliado y jamás pido libertades, simplemente las tomo.
Aunque el precio sea alto, nunca será más alto que arrastrar los pies por el camino, llevando los grilletes de heridas sin curar, masticando el chicle del desdén con aliento a lamento.

Lic. Gabriela Borraccetti
Psicóloga Clínica

miércoles, 25 de enero de 2012

LA MURGA DE LA VIRGENCITA


Escribe: Juan Carlos Serqueiros

LA MURGA DE LA VIRGENCITA
(Beilinson – Solari)

Marita lo hace por la guita
con los bomberos del cuartel
Su barrio es tan inclemente
y su comparsa siempre es cruel.
Sueña con que su rollo sea
película de amores suaves.
La murga de la virgencita
ese aguijón picante y miel.
Se tambalea en sus tacones
no tiene nada que perder...
Nunca pudo comer del queso
sin que la trampera la aplaste.
Los coches van y vienen
y su ilusión fulana
se empolva la nariz
muerde el labio y va otra vez
para ahogar arcadas gusto a menta
junto con sus bostezos.
Sus chulos son legión
de "cucharangos" que hacen temblar
de miedo su boquita.
Ay! Ay! mi virgencita.
Se maquilla la piel
para el Túnel de amor
y también para su Tren fantasma
(con la boquita seca)
Será el propio buen Dios
quién toca así el tambor
y que ahuyenta su clientela
y la aflije con tristezas.
Pilchitas de poliester
y santidad de virgen.
Milagro más, milagro menos
otra polilla en busca de la luz.
La murga de esa virgencita
que no quiere besar a nadie...

Continúa en Momo Sampler, esa “orgía de baja fidelidad”, el desfile de murgas, es decir, de personajes característicos de esa vergonzante sociedad argentina del 2000. Un carnaval donde reina la impostura, donde todos están travestidos y donde nadie parece ser lo que en realidad es.
En este caso, la protagonista es una prostituta pobre, de condición social baja; no es un yiro caro y finoli, sino una pobre mujer que vive en uno de esos barrios “desangelados” (“su barrio es tan inclemente”), a quien las circunstancias de su vida y la miseria en que está inmersa, la llevan a ejercer eso que algunos llaman “el oficio más antiguo del mundo” (de lo cual, dicho sea de paso, nunca logré saber el porqué, ¿cómo carajo saben los que lo afirman, que es “el oficio más antiguo del mundo? ¿qué mierda tienen, la máquina del tiempo, como para saber cuál es la ocupación más vieja desde los albores de la humanidad?).


Pero esta prostituta no es una prostituta cualquiera, no; es una que nos despierta instantáneamente sentimientos de ternura y de compasión, por la vida que lleva. De movida, porque su nombre es, sugestivamente, María (“Marita” la llama el Indio, utilizando el diminutivo con el propósito de acentuar lo desvalido, lo indefenso del personaje). Y también porque a pesar de hacer la calle, María es, como la Virgen María; una “virgencita”. O sea, Marita es una prostituta, pero en la impostura; mientras en la realidad es una mujer pura, una “virgencita” por su alma incontaminada, a pesar de estar hundida en el fango de la marginalidad y verse obligada a ejercer de puta.
El “rollo” de Marita, o sea su sueño más anhelado, es que llegue el amor a su vida (“sueña con que su rollo sea”), vivir un amor verdadero, con un hombre bueno que la saque de ese infierno en que vive (“película de amores suaves”).
Nunca pudo disfrutar de nada, dejando en el camino su vida a jirones (“nunca pudo comer del queso sin que la trampera la aplaste”).
Y en ese yirar y yirar que son sus noches, esperando clientes (“los coches van y vienen”), esporádicamente consigue hacer alguna “francesa”, algún pete, alguna fellatio; y termina comiéndose una pastilla o un caramelo de menta, para quitarse de la boca el gusto a semen que le provoca naúseas (“para ahogar arcadas gusto a menta”).
En esa existencia miserable que lleva, Marita tuvo varios cafiolos (“sus chulos son legión”) que la explotan, obligándola a ejercer la prostitución en su beneficio; so pretexto de “protegerla”. Tipos que, como todo cafisho, son “cucharangos”, es decir, de baja estofa, deleznables, ordinarios y brutales. Esos fiolos, esos chulos, siempre la cagaron a palos; y por eso Marita les teme (“hacen temblar de miedo su boquita”).
Y tenemos también una metáfora muy sugestiva: la de “Se maquilla la piel / para el Túnel de amor / y también para su Tren fantasma / (con la boquita seca)", en la cual el Indio alude a los mejores sueños y a las peores pesadillas de Marita, ilustrándolos con una mención a dos atracciones de los parques de diversiones para niños que hasta hace algunos cuantos años, aún existían (en el interior de nuestro país, todavía quedan algunos): “El túnel del amor” y “El tren fantasma”. Esas atracciones consistían en unos carritos que corrían sobre unos rieles en el caso del "tren fantasma", y de unos botecitos que iban sobre un arroyuelo artificial en el caso del "túnel del amor". Y si entrabas al “túnel del amor”, a jugar con alguna amiguita a ser novios, entonces entrabas a algo donde el ambiente era mágico, apacible, romántico, plácido, todo te daba la idea del amor; y si entrabas al “tren fantasma”, el carrito corría vertiginosamente, se sacudía amenazando echarte fuera, te aparecían monstruos horrendos, un verdugo amagaba cortarte la cabeza con un hacha, todo era horripilante, de modo de asustarte. Sí... los sueños de Marita, discurren por el “túnel del amor”; pero la vida, la realidad de su pobre vida, la acusa la pesadilla del “tren fantasma”…
No obstante esa vida de mierda que lleva, Marita soporta todo estoicamente, y se resigna pensando que será Dios quien la castiga “tocando el tambor” que le espanta esos clientes que tanto busca, de modo de poder ganarse unos pocos pesos.


Ella viste pobre, modestamente, con ropas de las más baratas y ordinarias (“pilchitas de poliéster”), que delatan su “santidad de virgen”; porque Marita, si bien en la impostura de la apariencia es una puta; en la realidad su corazón no está enviciado, corrupto.
Y al final, Marita es sólo una más entre tantas mujeres que se han visto obligadas a vender sexo por unas chirolas, y que al igual que ella, sueñan con un amor bueno que las salve, que las “redima” (como si el infierno que soportan, no fuese bastante, me cago en el mundo); por eso Marita es “otra polilla en busca de la luz”.
Y es una virgencita que “no quiere besar a nadie”, porque quiere mantener su boca virgen de besos, para entregársela a ese con el que sueña,  a ese de película romántica que la sacará del barro y la miseria, a ese amor que, ¡pobre!, nunca le llegará… ¿O quizá sí?


-Juan Carlos Serqueiros-

NO PUEDES ENCERRARME


















¿Por qué me has atado las manos?
¿Es que mi vuelo te asusta?
¿Por qué me has vestido de blanco?
¿Te atemorizan mis pensamientos oscuros?
¿Por qué me has encerrado en este espacio?
¿Te preocupa que viva en uno distinto?
Y cuando llega la noche y las palomas de los sueños se te acercan ¿qué haces con tus pesadillas, tus dolores y el pasado?
¿Es que no te has dado cuenta de que no es posible enfundarlos en un chaleco para confinarlos tras cualquiera de tus puertas?

Lic. Gabriela Borraccetti
Psicóloga Clínica

martes, 24 de enero de 2012

ESTO ES TO-TO-TODO, AMIGOS!





















Escribe: Juan Carlos Serqueiros

Esto es to-to-todo, amigos!
(Beilinson - Solari)

Con este bonus-track
de mierda de guerra
la Armada Buscapina
ahora va a pirar
Acabaran sus días de Cohiba
en muerte sexy
sexy demás...
Tu diablo peor
(el diablo que reza)
va a pesar su cola
en Cyberbabel
Danza macabra del Gheto de los Pibes
sexy, sexy demás.
La Sole se fue
de lo linda que era.
Cabeza de turco!
cabeza de flan!!
Pajarito loco de Cyberbabel
te perderás en abrazos de molusco
Sexy, sexy demás.
Por donde "el mister" va
chifla el falso conde
canciones heroicas para Omar Chaban
Donarán sus huevos a la ciencia
Sexy, sexy demás.

Para el título de la canción, el Indio recurre a la famosa muletilla del Chanchito Porky, con la cual terminan todos sus cartoons (“esto es to-to-todo amigos!”), porque es el último sound track de “Último bondi a Finisterre”, con él se termina el disco.
"Con este bonus-track / de mierda de guerra / la Armada Buscapina / ahora va a pirar / Acabarán sus días de Cohiba / en muerte sexy / sexy de más...": El Indio a esta canción la considera un bonus track, pero sólo en el sentido de que es la que está en la última posición del disco. En realidad, no lo es, porque el tema está incluido en el disco desde su lanzamiento; no es que se agregó con posterioridad, como un verdadero bonus track. La “Armada Buscapina” son ellos, la banda, los Redondos (lo de “Armada Buscapina” es una “jodita privada”, una broma entre el Indio y Walter Sidotti, quien al parecer, cierto día de grabación o ensayo no había aportado, entonces lo fueron a buscar y lo encontraron tratando de reponerse de una feroz resaca), y la banda "va a pirar" porque con esa canción concluye el disco. Lo de "acabarán sus días de Cohiba en muerte sexy" es en el mismo contexto de broma privada intercambiada entre el Indio y Walter Sidotti: está aludiendo a una vivencia interna del grupo y a que a Walter (y también al resto de la banda) se le termina el período de "joda lujosa", porque la finalización del proceso de editar un disco y su lanzamiento, implican que habrá una próxima misa en la cual se presente el mismo al público; por eso es que "acabarán sus días de Cohiba" (refiriéndose a los famosos habanos, como metáfora de la buena vida).
"Tu diablo peor / (el diablo que reza) / va a pesar su cola / en Cyberbabel / Danza macabra del Gheto de los Pibes / sexy, sexy de más.": Ahora el Indio se va introduciendo en la temática principal que le va a imprimir a la canción. Obviamente, "tu diablo peor (el diablo que reza)", es la religión, y enseguida vamos a ver por qué lo de “Cyberbabel”, lo de “danza macabra”, etc.
"La Sole se fue / de lo linda que era.": "La Sole" es María Soledad Rosas, la anarquista okupa argentina que se suicidó en un hospital italiano donde estaba detenida, acusada de conspiración y sabotaje. Lo de "lo linda que era", el Indio lo dice no en un contexto de belleza física; sino refiriéndose a lo "lindo" de su pureza ideológica, de su lucha desigual, de la pelea que da por sus ideas y convicciones, todo eso...
"Cabeza de turco!": Usa esa expresión popular "cabeza de turco", en alusión a que a Soledad la usaron de chivo expiatorio; endilgándole delitos que no había cometido.
"cabeza de flan!!": Elogio solariano para la inteligencia que le atribuye a la Sole, es "cabeza de flan" porque sus neuronas "tiemblan" como un flan, se "mueven", porque persigue un ideal utópico como la anarquía.
"Pajarito loco de Cyberbabel": La Sole es un "pajarito loco" porque sus sueños anarquistas de libertad "vuelan" por Cyberbabel, es decir, el mundo actual, frenético, alocado, enquilombizado, interconectado por Internet, como la imagen bíblica de la Torre de Babel, donde nadie se entendía.
"te perderás en abrazos de molusco  / Sexy, sexy de más": La Sole se suicidó ahorcándose, por eso se "perdió en abrazos de molusco". Asimila la sábana con la cual se ahorcó, con los tentáculos de un pulpo o calamar. Y si analizamos la estrofa anterior a la mención de la Sole, vamos a ver cómo el Indio anticipa, "preanuncia", el cambio de temática en que va a incurrir en la misma letra: "Danza macabra del Ghetto de los Pibes", es el espectáculo macabro de los cuerpos colgados de la Sole y de un compañero de ella que también se suicidó como ella, ahorcándose en su celda cuatro meses antes.
"Por donde 'el mister' va / chifla el falso conde / canciones heroicas para Omar Chaban / Donarán sus huevos a la ciencia / Sexy, sexy de más.": Y cierra la canción con una estrofa en la que mezcla distintas cosas: en la primera frase de la misma, retoma el intercambio de bromas con Walter Sidotti; en la segunda, evoca una circunstancia acaecida durante los recitales de los Redondos en Cemento, allá por los años 80 (Omar Chaban es el empresario que era propietario de Cemento y del tristemente célebre República Cromañón, donde ocurrió una tragedia durante un recital de otra banda). En uno de esos shows en Cemento, las chicas que integraban por aquel entonces el coro redondo (las Bay Biscuits), le dedicaron una canción a Omar Chaban, y el Indio en esta frase recuerda esa circunstancia. El tema se llamaba “Oda a Emir Omar Chaban”, y una oda es un poema referido a un acto heroico; de allí lo de “canciones heroicas”. Y en la última frase, "Donarán sus huevos a la ciencia", vuelve a referirse a los Redo.


ENLACE A LA CANCIÓN EN YOU TUBE: http://www.youtube.com/watch?v=tPafOHN00sU

-Juan Carlos Serqueiros-

GRAN LADY



Escribe: Juan Carlos Serqueiros


Gran lady
(Beilinson - Solari)

Llegué a transar una Vulcan roja
y allí la conocí,
en un tugurio de frontera
visteando en portuñol.
¡Gran lady!
Lionel Ritchie en el "Bar Princesa"
sonaba ensoñador
y la Gran lady se tatuaba
en una hamaca tibia al sol.
¡Gran lady!
Todo "bonito y barato"
playeras marca top
billetes rotos de lotería
sembrados por el hall.
La Gran lady te acaricia y no besa, oh! no...
(es un instante de belleza muy cruel)
mira tu suerte en los buzios,
no cobra nunca sus promesas,
quita la sal de tus mejillas, feliz.
Paredes de cartón piedra, un lujo
y el milagro sensual
de mujeres fantasmas gringas
y morenas joyón.
Botellas de Johnnie rojo
de Johnnie negro y ron
y de cachaça, doncella loca
que calma tu dolor.
¡Gran lady! 

El título alude a una adivina, que a sus servicios de predicción del futuro, les agrega el otorgamiento de sus favores sexuales. Pero no a todo el que raye, porque la Gran lady no es un prostituta más; es la madama del lugar, la que regentea las chicas del prostíbulo, y ella elige con quién transa y con quién no; no da sexo por guita.
“Llegué a transar una Vulcan roja”: Llegó a algún lugar al que se dirigió con el propósito de conseguir, a través de algún medio poco o nada ortodoxo (la “transó”, o sea, la compró a precio bajo porque tiene papeles truchos, o proviene de un choreo o un contrabando, o la permutó por algo), una moto marca Kawasaki modelo Vulcan color rojo.
“y allí la conocí, / en un tugurio de frontera / visteando en portuñol.”: La conoció en algún punto situado en la frontera uruguayo-brasilera, donde los habitantes de uno y otro lado hablan en “portuñol”, una mezcla de portugués y castellano (eso sólo se da en los pueblos fronterizos entre Uruguay y Brasil; no así en los que están entre Argentina y Brasil). El sitio debe ser el Chuy, que es el único punto fronterizo entre Uruguay y Brasil cercano al mar. Con lo de "visteaba", el Indio hace una metáfora entre el significado real de la palabra (vistear: amagar y esquivar, aludiendo a un juego muy popular antiguamente, en el cual dos personas "peleaban" con palitos a modo de cuchillos, simulando un duelo criollo), y "vistear" en el sentido de que la mina ya a primera vista evidenciaba una gran categoría recurriendo al "visteo" para esquivar los requerimientos sexuales de los chabones que van al tugurio en busca de las trolas que laburan ahí.
“¡Gran lady!”: Queda impactado por la mina: una gran mujer, una dama de muy buena presencia. Pese a su profesión de adivina -con la carga de prejuicios que eso conlleva-, de madama de un prostíbulo y a que esté en ese lugar miserable; se le nota la categoría. En la estrofa anterior, donde dice “llegué a transar", no está puesta la frase simplemente para informar lo de la moto, sino que además; quiere dejar en claro que él llegó a ese tugurio no porque pertenezca a ese ámbito, sino porque fue allí con un propósito determinado: conseguir la moto. Él no pertenece al ambiente en el que se desarrolla la situación y quiere dejarlo taxativamente establecido así. Su presencia allí es meramente casual y se siente como sapo de otro pozo en ese ambiente. Está "de paso”, digamos, y se sorprende de encontrar a alguien que está en ese lugar tan fuera de contexto como lo está él: la Gran lady. En ella, él presiente haberse topado con un “alma gemela”, con alguien que es tan incongruente con ese lugar miserable, como el tipo siente que lo es él mismo.
“Lionel Ritchie en el ‘Bar Princesa’ / sonaba ensoñador”: Alusión a los temas melódicos, predominantes en lo que canta Lionel Ritchie. Su música romántica sonaba en ese tugurio (bar, hotel y algo más) de frontera.
“y la Gran lady se tatuaba / en una hamaca tibia al sol. / ¡Gran lady!”: La mina tomaba sol tendida en una hamaca, mientras le hacían un tatuaje. Posiblemente lo de “se tatuaba” sea metafórico, en alusión a los rayos del sol que iban a tostar (o “tatuar”, digamos) su piel, y nada más, o realmente le estuvieran haciendo un tatuaje en la piel, o por ahí, la Gran lady estuviera inyectándose alguna droga -como por ejemplo, heroína-, chi lo sa… Era una mujer de gran categoría, una sorpresa fuera de contexto en ese pueblucho miserable.
“Todo ‘bonito y barato’ / playeras marca top / billetes rotos de lotería / sembrados por el hall.”: Alusión irónica y despectiva. Se refiere con sorna a las baratijas y boludeces supuestamente de marca reconocida, pero truchas en realidad, que se pueden comprar por dos mangos en esos pueblos de frontera. Y remarca la ironía designando pretenciosamente como "hall" a la entrada sucia de un tugurio barato mezcla de hotel, bar y prostíbulo. Lo de los "billetes rotos de lotería" es muy finito: no son billetes de lotería oficial, digamos, de los que se pueden comprar en cualquier agencia; sino que se trata de una lotería "casera", trucha, que arman las minas del tugurio ese para hacerse unos mangos extras, una especie de bingo no oficial. En esta estrofa, el Indio está describiendo el ambiente por la mañana, tal como quedó después de la noche anterior.
“La Gran lady te acaricia y no besa, oh! no... / (es un instante de belleza muy cruel)": La Gran lady posiblemente te vaya a acariciar, pero sólo en el contexto de su trabajo de adivina y de madama del bolonqui; no lo va a hacer en un marco de sexualidad, porque ella no es exactamente una prostituta, y si transa sexo con alguno; lo hace porque quiere, a su sola elección. No está disponible por guita como el resto de las minas que laburan ahí; por eso es “un instante de belleza muy cruel”, porque no está disponible para transársela… al menos; no por dinero.
“mira tu suerte en los buzios, / no cobra nunca sus promesas, / quita la sal de tus mejillas, feliz.”: La mujer le va a adivinar la suerte recurriendo a una mancia (una de las tantas artes esotéricas para la predicción de la suerte y el futuro). En este caso, se trata de la técnica afro-brasilera de los buzios (unos caracoles pequeños de color blanco con un círculo anaranjado: se toma un puñado de 9 caracoles y se los deja caer en un tablero de 12 casilleros, y luego, a partir del estudio de los caracoles que hayan caído sobre su base, y en función de la cantidad de ellos y la posición en que se hayan situado en cada casillero; la adivina escudriña el futuro del que la consulta). Pero ella es prudente: le va a augurar sólo buena suerte, y si encontrase en los buzios algo que le presagiara mala fortuna a él; se lo va a ocultar, no se lo va a decir. Va a terminar quitándole “la sal” de la cara al que consulta (metáfora del Indio para hacer una analogía entre la sal de las lágrimas que ruedan por las mejillas del tipito que se lamenta de su mala suerte, y la "sal" que le quita la Gran lady al pronosticarle cosas buenas y darle una esperanza de que su mala suerte se acabe de una vez). Ella va a compartir con él la felicidad de haberle dado esperanzas, y no le va a cobrar su servicio de adivinarle la suerte, no; eso no se cobra: el pago se deja librado a la voluntad del que consulta. Él le va a dar la cantidad de guita que crea, y ella no le pide un monto específico.
“Paredes de cartón piedra, un lujo”: Otra frase mordaz del Indio: se refiere irónica y peyorativamente a la baja calidad de la construcción del lugar, con paredes de hormigón pretensado en láminas muy delgadas, al cual asimila al cartón piedra. Una construcción bien berreta, bien de pobrillo. Todo de cuarta, digamos...
“y el milagro sensual / de mujeres fantasmas gringas / y morenas joyón. ¡Gran lady!”: El sitio ese, además de ser hotel y bar, "provee" prostitutas baratas (“el milagro sensual”), entre las cuales predominan las negras o mulatas con cuerpos exuberantes ("morenas joyón"); aunque entre ellas hay también algunas pocas rubias, loiras ("fantasmas gringas"). A las minas rubias las ve como “fantasmas” en diversos sentidos: está aludiendo a que son como fantasmas porque la gente rubia no es precisamente la que predomina en ese pueblo de frontera, pero además; porque aparte de ser de piel blanca, su tez es de palidez extrema, como fantasmagórica, debido a que al ser prostitutas, laburan principalmente de noche. Y de paso, resaltando la extrema palidez de las “fantasmas gringas”, está marcando más diferencia entre ellas y la Gran lady, está reafirmando que ésta es distinta: la pinta como de extrema belleza y tomando sol; mientras que las otras minas están adentro del tugurio, esperando obtener algún cliente que reclame sus favores sexuales en ese horario desacostumbrado, de poca actividad para ellas, ya que es de mañana. Entre todas esas mujeres, la adivina, la madama, la Gran lady, se destaca, surge relevante en su belleza y en su presencia imponente. Ella es diferente, es una gran dama...
“Botellas de Johnnie rojo / de Johnnie negro y ron / y de cachaça, doncella loca / que calma tu dolor. / ¡Gran lady!”: En ese bar y algo más, hay bebidas alcohólicas. Hay, por ejemplo, whisky Johnnie Walker del más barato y del más caro (etiqueta roja el barato y etiqueta negra el caro), hay ron y cachaça, el alcohol en que puede ahogar sus penas, y sobre todo; está Ella, que a través de la adivinanza de su suerte, le auguró cosas buenas, le "calmó su dolor" (donde "dolor" lo usa en un sentido existencialista, algo así como el "dolor de vivir"), ese que en vano intentó ahogar con la ingesta de alcohol. Ella es una "doncella" -remarcando con lo de "doncella" (doncella: mujer virgen)- que la Gran lady, no es igual a las prostitutas que hay en el lugar; ella es distinta, es una gran dama, una gran señora.
 
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-Juan Carlos Serqueiros-

MELCHORA CUENCA, ENTRE CONCORDIA Y MACONDO














Escribe: Juan Carlos Serqueiros

Pero vino el adiós y la tristeza. / El General no quiso que siguieras / sus pasos de león agonizando: / para saber derrotas se bastaba; / sin testigo es mejor la mala suerte. (Artigas Compañero, José María Rondan Martínez)

Concordia, en el Entre Ríos urquicista, primavera de 1850. Un oficial del ejército paraguayo se presenta en la casa del coronel Santiago Artigas Cuenca, y le hace entrega de una carta que a éste le dirige el presidente del Paraguay, Carlos Antonio López. El portador exhibe muestras de estar exhausto, y en efecto lo está. Y no es cosa extraña que así sea: muchas leguas recorrió para cumplir su cometido. Sin embargo, su apostura grave y marcial, se impone a su agotamiento físico; y disciplinada, solemnemente, con gesto adusto entrega al destinatario su correspondencia.
Santiago lee el pliego y las expresiones de su rostro acusan el impacto provocado por una infausta nueva: en el papel, el gobierno paraguayo lamenta tener que cumplir con el penoso deber de informarle el fallecimiento de su padre, don José Artigas, acaecido en Asunción el 23 de setiembre; y le expresa sus condolencias. Santiago cae ahora prisionero de la duda: ¿qué hacer? ¿Ha de transmitirle o no a su madre la noticia?
Al fin se decide, y la entera. “-Es mentira" -dice tranquila, reposada, calmosamente la mujer luego de escuchar a su hijo. “-Mentiras de los enemigos. Pobres mentiras. Ya le verás llegar por este mismo camino".
¡Ah! ¡Cuán garcíamarqueciana se me antoja esa negación de Melchora Cuenca (pues de ella se trata)! ¿O no serían esas las expresiones que perfectamente podrían haber emanado de doña Ursula Iguarán, la Eva que el genial colombiano nos presenta en el génesis de la estirpe de los Buendía? No me digan que no, porque no admitiré un “no” por contestación (no se figuran ustedes lo terriblemente tozudo y  tirano que puedo llegar a ser en mis antojadizas analogías; las que adquieren para mí, el carácter de verdades reveladas y que como tales, no han de soportar objeción alguna, ¡he dicho, carajo!).
Pero, ¿quién era esta señora Melchora Cuenca y en qué contexto se daba la escena descripta?
Para la primera pregunta, debo advertir, a riesgo de decepcionarles, que sólo tengo respuestas amarretas, y eso no debe achacarse a afán de laconismo; ya que es muy poco lo que comprobadamente se sabe de ella: era nacida circa 1790-1795 en Asunción del Paraguay en fecha, mes y año exactos ignorados, del matrimonio conformado por Gaspar Cuenca y Martina Pañera. Gaspar Cuenca, español, era “un carrero” según algunos, o “un comerciante” según otros; y Martina Pañera  era española, afirman algunos, o “una india guaraní”, de acuerdo a la opinión de otros. La tesis de que haya provenido Martina Pañera de esa etnia, es la que a la larga prevaleció en el imaginario popular, y en función de ello, atribuirle a su hija Melchora Cuenca una supuesta pertenencia a dicha raza, sirvió para ensalzarla o ningunearla según fuese la óptica de cada quien (como si la sola circunstancia del origen racial de una persona indicase algo a priori, ora positivo, ora negativo).
Por mi parte (y ateniéndome al único retrato de Melchora Cuenca que se conoce), debo decir que creo percibir en él a una mujer blanca, de nariz recta y afilada y de labios finísimos; todas características estas que –hasta donde me es dable conocer- no son precisamente las de los rasgos distintivos predominantes en el tipo guaranítico, ¿no? Pero bueno, quizá algún amigo versado en la ciencia de la antropología quiera aportar algo. Claro, eso sí: en tanto y en cuanto ese “aporte” no sea como el de Luis A. Thevenet, quien en La estirpe de Artigas muy suelto de cuerpo nos dice que había en Melchora “cierta esbeltez que conservó como fiel tributo de la raza guaranítica” (sic). No quiero ni imaginarme las dificultades y trabajos que debería pasar el amigo Thevenet si alguien lo invitara a fundamentar y ejemplificar la esbeltez que se empeña en adjudicarles a los  guaraníes…
En cuanto a su padre, don Gaspar Cuenca, debe haber sido un pequeño comerciante ambulante, de aquellos que llevaban las mercancías en carretas propias (tal vez de allí surja lo de que algunos lo definieran –erróneamente- como “carrero”). Gonzalo Abella afirma que en sus carretas, Gaspar Cuenca llevaba en 1812 víveres enviados a Artigas por parte de la Junta del Paraguay al campamento del Ayuí (sitio éste ubicado en el cajón de los arroyos Ayuí Grande y Ayuí Chico, a unas 7 leguas de Concordia, en Entre Ríos, donde se había establecido el pueblo oriental luego del Éxodo), y que fue allí donde Artigas conoció a una todavía adolescente Melchora. Particularmente, creo que no deben haber sido víveres lo que llevaba Gaspar Cuenca (lo único que abundaba en el Ayuí, además de la miseria generalizada y el heroísmo de todo un pueblo; era la carne); sino artículos como naipes, yerba, caña, alguna que otra bayeta ordinaria u otro género barato, y… cuerdas de guitarra (Artigas siempre tuvo buen cuidado de que jamás faltasen). Y si por ese entonces Melchora acompañaba a su padre, ello me lleva de paso, a inferir que Gaspar Cuenca había enviudado, o había abandonado a su mujer, o bien ella lo había abandonado a él; ya que es muy poco probable que en su traqueteada vida de proveedor ambulante llevara a su hija consigo, exponiéndola a peligros de toda clase; de no mediar alguna circunstancia que lo forzase a ello.
En mayo de 1815, Artigas instaló su cuartel general y la cabecera de la Liga Federal en la Villa de la Purificación, en el Hervidero (una parte del río en que éste se angosta, "hirviendo" en remolinos, de allí el nombre del paraje, y ¿hasta allí habrá llegado Gaspar Cuenca, siempre con su hija Melchora a su lado, como proveedor del ejército artiguista, ya no por encargo de las autoridades paraguayas; sino por cuenta propia, o el travieso Cupido había lanzado antes de eso su flecha, y la bella Melchora ya acompañaba al Protector? En cualquier caso, se casaron en Purificación, probablemente en diciembre de 1815. De esa unión nacerían dos hijos: Santiago Artigas Cuenca en 1816, y María Artigas Cuenca en 1819, como mayoritariamente se sostiene. Aunque ¿será verdura el apio? Veremos…
Y aquí amigos, empieza la milonga ¿Por qué? ¡Ah! Sencillamente porque como todo prócer llevado al bronce, Artigas fue prolijamente preservado de cualquier factor que en la opinión de los cancerberos del buen nombre y honor pudiera afectar su memoria (es tan poco sentimental el bronce), y entonces a partir de allí, cualquiera que pretenda aunque más no fuere, insinuar, que el Protector pudiese haber cometido “aberraciones” tan humanas como cantar, jugar a las cartas, bailar, reír, llorar, defecar, tocar la guitarra o hacerle el amor a una mujer; debe inmediatamente ser condenado a arder en la hoguera sin más trámite; pues con toda seguridad, el alma de quien osara incurrir en semejante sacrilegio, no tiene salvación posible ¡Así aprenden, qué tanto joder! Y resulta que, para espanto de muchos “moralistas”, cuando Artigas se casó en 1815 con Melchora Cuenca, hete aquí que… ya estaba casado desde el 23 de diciembre de 1805, con Rosalía Rafaela Villagrán. Entonces, estos pundonorosos pibes optaron por hacerse los boludos (cosa que poco laburo les costó siempre)  ignorando a Melchora Cuenca y omitiendo cuidadosamente referirse a ella; o por ningunearla haciéndola aparecer como un desliz sin mayor importancia, pero “olvidándose” (tienen una memoria tan frágil) de ciertos detalles, tales como el que nos relata María Esther de Miguel en El general, el pintor y la dama: que Melchora Cuenca, en tanto esposa de Artigas, amadrinó el bautismo de Concepción, la primera hija de un mozalbete llamado Justo José de Urquiza, habida de sus relaciones con una mujer llamada Encarnación Díaz; de lo cual se desprende que Melchora era, a todos los efectos prácticos y para la gente -iglesia incluida-, la esposa de Artigas, porque el Protector no era hombre de tomar a la ligera esas cosas; para él, los compadrazgos y madrinazgos eran asunto delicado y que consideraba seriamente. La realidad era que la pobre Rosalía Rafaela (prima de Artigas, por otra parte), se había vuelto irremediablemente pirucha, loca, bah, estado de demencia ese del que jamás podría retornar; de modo que el Protector, consciente de ello, se casó con Melchora Cuenca (según la tradición oral, el casorio .que no pocos festejos debe haber provocado en Purificación- lo ofició nada menos que fray José Benito Monterroso).
Pero ojo al piojo: esa no es una calle de una sola vereda, eh, para nada; porque así como están los artiguistas “del bronce”; también están los del “otro wing”, los artiguistas que queriendo ser más papistas que el papa, elevan a Melchora al Olimpo de las divinidades, adjudicándole los atributos y méritos de ser nada menos que una "amazona lancera de Artigas", una heroína que despertaba con la sola mención de su nombre el terror en las filas enemigas. Un absurdo total, y sin una sola prueba documental que avale semejante delirio. Que Melchora fuera  mujer de carácter y capaz de pelear cuando las papas quemaran, no necesariamente significa que fuera lancera en el ejército de la Liga Federal; de hecho, todas o la inmensa mayoría de las mujeres de los campamentos artiguistas tenían esas características, ¿o hay alguien que crea que la vida en Purificación era coser y cantar?
Me complace, y mucho, evocar e historiar al Artigas de carne y hueso, al patriota revolucionario que encarnó un proyecto de país integrado a los demás pueblos suramericanos, democrático, igualitario, federalista y multiétnico; más no al Artigas hecho de bronce o convertido en mito que se disputan insensatamente éstos y aquellos. Y se pelean, discuten y se tiran con tal o cual elemento de la heurística, batiéndose luego en feroz batalla hermenéutica, en épicos combates en los cuales riñen por el título de exégeta único del Protector; pero eso sí: sin tener ni la más p… álida idea de maldita la cosa.
Retomo la ilación. Decía que (según se acepta generalmente; no en mi caso) en 1819 nació María, la segunda (reitero la aclaración anterior) de los hijos habidos entre el general Artigas y Melchora Cuenca (no en Purificación, como erróneamente consignan muchos, ya que ésta había sido ocupada por los portugueses -previa evacuación ordenada por Artigas- el 9 de abril de 1818); así que María debió de nacer en otra parte (personalmente, infiero que debió nacer en Entre Ríos o en Santa Fe).
Por ese entonces, luego de abandonar Purificación, en una casa situada cerca del Queguay, vivían el Protector, Melchora y los hijos habidos entre ambos: Santiago y María. Hay indicios ciertos de que ese año se produjeron conflictos en el matrimonio, debidos a que Melchora no era precisamente una dócil damisela dispuesta a dejarse arrear con el poncho -por más que el arriero fuese nada menos que el Protector- y a que Artigas no era ciertamente un modelo de fidelidad conyugal y mucho menos un hombre proclive a tolerar desplantes y reclamos femeninos (los cuales, por otra parte, parece que eran más que justos). Y si a todo eso le sumamos que para 1819, la situación de la Liga Federal era harto difícil, entonces ya tenemos un cóctel explosivo.
De todas maneras, a Melchora se le debe haber pasado el berrinche, porque después, cuando ya la estrella del general declinaba inevitablemente -"Dios es tan poco cortés" (Solari dixit)-; ella, en febrero o marzo de 1820, se dirigió a Mandisoví (Entre Ríos) para estar a su lado en el peor momento de su carrera y de su vida. Pero Artigas no permitió que Melchora lo acompañase en los últimos capítulos de su derrota y caída, y dispuso su retorno a la Banda Oriental.
Por esa época, el Jefe de los Orientales le escribía desde Mandisoví a su hijo Juan Manuel (habido de su convivencia con Isabel Sánchez) el 20 de agosto de 1819:  "Ya le he dicho a Carvallo te entriegue los Bueyes, las Carretas, las Yeguas y los cavallos de los Colorados qe. Deber traher. Todo lo demás debes recivirlo y tratar de conservarlo, qe. Si lo cuidas tendrás como mantenerte, y si lo echas por áy pa. Ti lo harás. No te encargo más, qe. Me cuides a Santiago, y lo mires como qe. Es tu hermano. No permitas qe. El pase necesidad. Socorrelo, qe. Al fin poco puede Ser. Si Melchora se aburriese de estar áy, y quisiese ir a otra parte no me permitas en manera alguna, se lleve al Niño. Tu sabes qe. Por eso la mantengo y mientras quiera subsistir áy te encargo se lleven bien , y no la incomodes, ni se le prive nada delo qe. Ella tiene. Para ello se le dio y qe. Disponga como le paresca, menos de Santiago. A este deberas cuidarlo y recogerlo en cualqr. Caso. Procura cuidar de las pocas Bacas qe. hayan quedado. El viejo Techera tiene las ovejas Si las necesitas puedes recogerlas, y cuidarlas. Tambn. te prevengo, qe. El Viejo Techera tiene una carreta, y otra Dn. Feliz Rodrígz. Es regular las necesiten. Dejasélas, pero sabrás qe. Te pertenecen y qe. Puedes recogerlas, quando ya no las necesiten. También te entregará Carvallo a Tío Jorge, y a Francisquillo pa. Qe. Te ayuden a cuidar, y tu procura cuidarlos y hacerlos trabajar. Express. A Juanita y tu recibe el afecto de tu Pe. Mandisoví, 20 de Agto. de 19. – José Artigas" (sic).
Desilusionada y despechada por no haberle permitido Artigas seguir a su lado y compartir su suerte, Melchora Cuenca volvió al Queguay. Y cosa rara (o no tanto), los artiguistas “del bronce” coinciden con los del “otro wing”, en atribuir la negación de Artigas a que Melchora lo acompañase, a que “seguramente el general no quiso exponerla a los peligros”, a que “buscó privilegiar  la seguridad de Melchora”, bla bla bla… Muchachos ¿y si prueban alguna vez con decir la verdad y dejarse de macanas? La gloria del Protector no va a disminuir ni una pendejésima de pulgada por el hecho de que ustedes reconozcan lo que hasta un niño es capaz de percibir: la pareja se rompió por desavenencias entre los cónyuges y porque por parte de Artigas se terminó el amor o la atracción que antes sentía, tan simple como eso. Y ello de ninguna manera significó que el Jefe de los Orientales desatendiera (siempre que sus medios se lo permitieron) sus obligaciones de padre y de ex marido, como lo prueba la carta precedentemente transcripta. Asimismo, en ella queda perfectamente estipulado que –fuera de su preocupación por cuidar de que Melchora no quedase desamparada-, a don José poco le importaba lo que ella hiciese de allí en adelante, salvo en lo referente a su hijo Santiago; ya que con todas las letras le dice a Juan Manuel: “Si Melchora se aburriese de estar áy, y quisiese ir a otra parte no me permitas en manera alguna, se lleve al Niño”. Más clarito, echale agua.  
Y si van a falsear las cosas y torcer antojadizamente las interpretaciones, por lo menos háganlo con  algún fato estudiao, como dice la milonga; y no con gansadas como esa de que Artigas no la llevó porque quiso evitar que su mujer corriera peligro, porque hasta un gil se daría cuenta de que si ese hubiera sido el caso; nada ni nadie le habría impedido a Artigas llamar a Melchora a su lado después, cuando ya estaba asilado en el Paraguay, cosa que no hizo ni por asomo. ¿Y por qué creen ustedes que no lo hizo? Por favor, no jodamos…
En el Queguay vivió Melchora con sus hijos Santiago y María, en la casa cuyas ruinas pueden verse en la imagen adjunta, todos protegidos y sostenidos económicamente por Juan Manuel Artigas, en cumplimiento de lo indicado por su padre. Hasta que allá por 1824-25, Juan Manuel, ya sea por hartazgo de soportar el difícil carácter de Melchora o por los motivos que fueren, se trasladó con su propia familia al Arroyo de la China (la actual Concepción del Uruguay, en Entre Ríos); quedando en consecuencia Melchora y sus hijos librados a sus propios medios. La apechugó, porque no era mujer de amilanarse ante la adversidad, y subsistió lavando y planchando para afuera y haciendo ponchos para vender. Pero (que lo parió, las pulgas del perro flaco), como los luso-brasileros (recordemos que la Banda Oriental estaba invadida por ellos) la perseguían encarnizadamente (y claro; la mujer de Artigas, suelta, no era moco ‘e pavo, así que lógicamente, querían prenderla), por lo cual Melchora y sus hijos se veían obligados a ocultarse en los montes para evitar que los atraparan. Y ahí (parece cosa 'e Mandinga), apareció en escena el pardejón Fructuoso Rivera, que se había pasado (otra vez, y van…) del bando patriota al de los portugueses, que estaba convertido, en función de esa pasada, en oficial de confianza del general portugués Lecor, y que en un rapto de generosidad, protegió a Melchora y a sus hijos, y hasta se llevó (parece que a instancias de su esposa, Bernardina Fragoso) a Santiaguito Artigas, que desde entonces se criaría en casa de los Rivera (tiempo después, Bernardina Fragoso le pediría a Melchora que le diese también a María para criarla ella; pero Melchora se negó). Con el tiempo, Santiago Artigas seguiría la carrera de las armas y se convertiría en oficial riverista, pasando luego a ser, en Entre Ríos,  uno de los hombres de confianza de Urquiza (él es el Santiago Artigas Cuenca del principio del relato, el que recibió la comunicación oficial paraguaya acerca de la muerte de su padre, José Artigas).
Circa 1829, Melchora volvió a casarse; esta vez, con un correntino llamado José Cazeres o Cáceres, ignorándose qué sucedió con ese matrimonio, ya que en 1846, cuando su hijo Santiago se trasladó a vivir a Concordia, ella lo siguió, con María, y del correntino... ni noticias.
En 1861, Santiago falleció en Concordia, y en la misma ciudad, durante el invierno de 1870, murió Melchora a consecuencia de las emanaciones tóxicas de un brasero que imprudentemente había dejado encendido en su pieza cerrada. En cuanto a María, murió también en Concordia, el 3 de mayo de 1889. Su partida de defunción reza: "En la ciudad de Concordia, a los cuatro días del mes de mayo de mil ochocientos ochenta y nueve, compareció en esta oficina D. Martín Almada, vecino de esta ciudad y domiciliado en la calle San Luis y dijo: que el día tres de mayo del corriente mes y año, a las nueve y media a.m. y en la casa de la familia Artigas, sita en la calle Tucumán, falleció una persona llamada María Artigas, oriental, de setenta y cinco años de edad, de estado viuda, que falleció de hipertrofia del corazón, según certificado médico que en este acto presenta; que la persona muerta es hija legítima de José Artigas y de su esposa Melchora Cuenca, oriental el primero y paraguaya la segunda. Concurrieron como testigos D. Pedro Seguí y D. Lucas Olivera, domiciliados el primero en la calle Córdoba y el segundo en la del 25 de Mayo quienes vieron a la persona muerta a que se refiere. Leída que le fue la presente acta, ante los mencionados testigos, se afirmó y ratificó en ella, firmándola conmigo." (sic).
Como puede apreciarse, el documento dice “de setenta y cinco años de edad”, ergo; si Pitágoras no estaba mamado, eso significa que María no había nacido en 1819 como generalmente se acepta; sino en 1814. Y quiere decir también que no era la menor de los dos hijos del matrimonio Artigas - Cuenca, sino la primogénita, y además; que el Protector y Melchora ya tenían una hija cuando se casaron en 1815. Las otras posibilidades son: o se equivocó el funcionario del Registro Civil al redactar la partida, o incurrió en mendacidad (ya sea involuntariamente o a sabiendas) el denunciante Almada, o bien mintió la propia María acerca de su edad (lo menos probable, porque si bien es relativamente frecuente que hayan mujeres que mientan respecto a la edad que tienen, generalmente lo hacen para quitarse años; no para aumentárselos).
¿Entonces? Chi lo sa

-Juan Carlos Serqueiros-