Se reconoce al ego cuando la reacción es de enojo, sobre todo; cuando se lo coloca frente a una realidad que lo disminuye y lo deja en evidencia de la necesidad de usar bastones sobre los que yergue su andamiaje, ya sean éstos conocimiento, lujo, boato, posición, status, belleza o todo aquello que remarca su distinción ante la mirada de los demás y que en definitiva no dejan de ser los ojos de esos padres de los que aún dependen para ganar aplauso, posición, distinción, importancia o aprobación.
Por ello, la personalidad narcisista ha quedado en un estado infantil y vive de su imagen dependiendo de los objetos que la decoran y de las personas que la aplauden.
Lic. Gabriela Borraccetti
Psicóloga Clínica
M. N. 16814
Imagen de portada: Adrian Borda, “You Are Not What You Think You Are (No eres lo que crees que eres)”, óleo sobre tela, contemporáneo.
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