domingo, 28 de agosto de 2016

TEMPORADA DE CAZA







































Escribe: Juan Carlos Serqueiros

En los años 50, David Osborn (n. Nueva York, 30.09.1923), quien por entonces todavía no se dedicaba a la literatura y venía trabajando en distintos oficios y empleos, fue incluido por el macarthismo en sus "listas negras", bajo la excusa de una supuesta -y falsa, tal como se comprobaría posteriormente- adscripción al partido comunista. Por ello, hubo de sufrir persecuciones  durante la llamada “caza de brujas”, ante lo cual decidió emigrar a Francia primero, y a Inglaterra después.


En esos países, Osborn se desempeñó con bastante éxito como guionista, director de televisión y adaptador cinematográfico; hasta que en 1974 publicó su primera novela: Temporada de caza (Open Season en el inglés original), que rápidamente alcanzó gran suceso, y a la cual siguieron: El último papa (The Lost Pope), la trilogía protagonizada por su personaje Margaret Barlow: Asesinato en el viñedo de Martha (Murder on Martha’s Vineyard); Asesinato en la bahía de Chesapeake (Murder on the Chesapeake Bay) y Asesinato en el valle de Napa (Murder in the Napa Valley), Amor y traición (Love and Treason), La decisión francesa (The French Decision), La torre de cristal (The Glass Tower), y Jessica y el caballero Cocodrilo (Jessica and The Crocodile Knight).
Actualmente, Osborn vive en una zona rural de Connecticut junto a su esposa Robin Wagner, una ex bailarina (sí, como puede usted comprobar, continúo empecinado en ignorar y resistir las nuevas reglas caprichosamente establecidas por la RAE; así que seguiré escribiendo tal como me enseñaron en la sacrosanta escuela sarmientina: separando el prefijo ex de la palabra base), y su perro.


La trama gira en torno a Art, Greg y Ken, quienes son amigos "desde siempre", antiguos compañeros de colegio, y habían combatido juntos en Vietnam. Los tres son ahora exitosos hombres de negocios, aún jóvenes, de sólida posición económica y, en apariencia; respetables ciudadanos, íconos de eso que llaman american way of life. Todos los años, al abrirse la temporada, se dirigen a una cabaña cuya propiedad detentan, con el propósito de practicar esa maldita aberración que los estúpidos designan como "cacería deportiva" (?). Sin embargo, esos tres hombres distan mucho de ser lo que parecen; pues en la realidad efectiva son psicópatas que secuestran personas y abusan de ellas en el marco del desenfreno orgiástico más inimaginable, para después soltarlas y salir a cazarlas por los bosques. 
Pero esta vez, las cosas no saldrán como lo habían planeado. Quedará en evidencia la impostura de esa lealtad incondicional que entre ellos presuntamente existía, dejando aflorar lo que subyace bajo una mascarada de empatía y viril amistad: la envidia, los celos, la homosexualidad reprimida y la pesada insatisfacción de sus existencias. El extravertido y despectivo Ken -quien se burla del descomunal tamaño del pene de Greg y arrastra la frustración de un matrimonio que en secreto, planea deshacer para escaparse a México con alguna fémina complaciente, disconforme con su esposa pues ésta "sólo" ha accedido a la transgresión del desnudo en público, pero se ha negado a ir más allá, hasta las prácticas de swinging y sexo grupal en las que desea su marido que incursione la pareja de modo de mitigar el tedio que ya se le antoja insoportable- mantiene una sorda, disimulada, lucha por el "liderazgo de la manada" con el frío, reconcentrado y calculador Art, quien a su vez se empeña en ocultar un latente deseo homosexual; mientras que ambos consideran poco menos que un imbécil al grandote Greg, quien es una aceitada máquina de matar. Y terminarán por ser ellos mismos quienes se conviertan en las presas de un cazador implacable en su terrible eficacia.
Temporada de caza es una novela crudelísima, que impacta brutalmente en la sensibilidad del lector llevando al paroxismo el suspenso, el horror y el espanto.
Durante el mismo año de su primera edición (1974, como consigné precedentemente), esta novela fue llevada al cine en la película homónima, dirigida por Peter Collinson bajo guión del propio David Osborn, y con Peter Fonda, Alberto de Mendoza, Richard Lynch, Helga Line, John Philip Law y Cornelia Sharpe en los roles protagónicos.



Ah, y de yapa le dejo una perlita en forma de hecho anecdótico: el segundo episodio en la edición del año 2012 de Treehouse of Horror XVI (La casita del horror XVI para nosotros los iberoamericanos) de la serie televisiva Los Simpson, titulado Survival of the Fattest (Supervivencia del más gordo), es una parodia de la novela de Osborn.


-Juan Carlos Serqueiros-

jueves, 25 de agosto de 2016

PERICO, EL BAILARÍN




Escribe: Juan Carlos Serqueiros

Cielo, mi cielito lindo,
danza de viento y juncal,
Prenda de los tupamaros,
flor de la Banda Oriental.
Con Venancio Benavides
y Perico, el bailarín,
saldremos a chuza y bola,
a gatas suene el clarín.
(Cielo de los tupamaros, Osiris Rodríguez Castillos)

Este cielito, compuesto por ese extraordinario músico popular que fue Osiris Rodríguez Castillos, hace mención a un personaje conocido como Perico, el bailarín, cuya figura histórica es muy popular en el Uruguay y en el sur del Brasil, pero prácticamente desconocida en la Argentina y en Chile; a pesar de que se trata nada menos que de un héroe de la Independencia Americana.
La composición musical (bellísima) de don Osiris, menciona en su letra como tupamaros a Venancio Benavides y a Perico, el bailarín; pero éstos no eran estrictamente “tupamaros”, ya que así llamaron (por Túpac Amaru) las autoridades coloniales españolas, más precisamente; el comandante de la escuadra en Montevideo, un tal brigadier José María Salazar -que se opuso al reconocimiento de la Junta formada en Buenos Aires durante la Revolución de Mayo, por motivos tan “ideológicos” como el de alegar que la misma había dispuesto la reducción de “los sueldos de los oidores y mañana harán lo mismo con los de los marinos” (o sea, un eufemismo para no referirse directamente a su preocupación por el sueldo… de él mismo)-, a los patriotas montevideanos, es decir, a los patriotas urbanos, no a los rurales, entre los cuales se hallaban Venancio Benavides y “Perico, el bailarín”. El conato de revolución montevideana de los llamados “tupamaros”, sería sofocado el 12 de julio de 1810 por este Salazar y sus esbirros. 
No obstante lo enunciado precedentemente, quedó instalada en el imaginario popular uruguayo la costumbre de llamar generalmente “tupamaros” a todos los patriotas de la Banda Oriental de ese período 1810-1811, sin distinguir entre los de la ciudad y los de la campaña.
Desechemos a Venancio Benavides, ya que su actuación en el bando patriota duró casi una nada; porque poco después se pasaría nuevamente a los realistas, y concentrémonos en “Perico, el bailarín”.
El así apodado, era un gaúcho brasilero que se llamaba en realidad Pedro José Vieira Fernandes (que después, con el transcurrir del tiempo, se convertiría para la historiografía rioplatense, en Pedro José Viera y Fernández, apocopado luego en Pedro Viera, y como tal, lo mencionaré de aquí en adelante).
Pedro Viera había nacido circa 1779 en Viamão, una población de Río Grande do Sul, en el Brasil, de padres nativos de la misma zona y descendientes de familias procedentes de las islas Azores. Siendo casi un adolescente aún, se marchó de su casa familiar y se dedicó a las tareas rurales en el espacio geográfico comprendido por Río Grande do Sul, Santa Catarina y la Banda Oriental, desempeñando los oficios de peón, arriero, capataz (y muy probablemente, de contrabandista). En sus andanzas por esas inmensidades, conoció a  José Artigas. Alrededor de 1805, el trashumante Pedro Viera, ya convertido en un hombre vastamente conocido y respetado en la campaña oriental, ámbito en el que había logrado un bien ganado prestigio (poseía una irresistible simpatía personal, gran generosidad, notable don de gentes, y a la vez; era osado, corajudo, y sobre todo, muy diestro y rápido en el manejo del cuchillo), se aquerenció en Villa Soriano, donde en 1809 se casaría con Juana Chacón Alvarez.
Allí recibiría, al igual que el precedentemente citado Venancio Benavides, la comunicación de Artigas en la que éste le informaba que el 15 de febrero de 1811 había dejado su puesto de capitán español de blandengues, para ponerse al servicio de la causa patriota encabezada por la Junta de Buenos Aires.
Inmediatamente, Viera y Benavides convocaron en nombre de Artigas al gauchaje oriental de Mercedes y Soriano, y el 28 de febrero de 1811, ambos, junto a Francisco de Haedo, con más el apoyo de un grupo de blandengues al mando del teniente Ramón Fernández; se constituyeron en referentes de esas masas rurales, en el suceso que pasaría a la historia como el Grito de Asencio. Al respecto diría Artigas: "Desde mi arribo a Paysandú dirigí varias cartas a los sujetos más caracterizados de la campaña como de la ciudad de Montevideo… los que se ofrecieron con sus bienes y todas sus facultades a impulsarse en obsequio de nuestra sagrada causa".
A Pedro Viera -uno de los principales entre los “sujetos más caracterizados”, como los llamaba el propio Artigas en su carta (y también el texto del Plano de Operaciones al cual se ajustaría la Junta de Buenos Aires, redactado por Mariano Moreno y Manuel Belgrano)- se lo conocía popularmente en la campaña como Perico, el bailarín, por varios motivos: su locuacidad, lo que llevaba a considerarlo tan parlanchín como un loro (o un “perico”); su primer nombre de pila, Pedro (así como a los José se los llama Pepe, o a los Francisco se les dice Pancho; a los Pedro es muy común que los apoden Perico); y lo de “el bailarín”, por supuesto como no podía ser de otra manera, era por sus dotes de eximio zapateador y danzarín.
En el proceso revolucionario de la Banda Oriental, Pedro Viera (quie, dicho sea de paso, había tenido algunos roces y diferencias con Artigas) llegaría al grado de coronel, y posteriormente, se integraría en ese carácter al Ejército de los Andes al mando del general San Martín, participando en la batalla de Chacabuco.
Y de hecho, los festejos dispuestos por San Martín luego del triunfo, en medio del delirio del pueblo chileno, exultante por la victoria, fueron organizados por Pedro Viera, quien fue el bastonero de los muchos pericones (la danza conocida como pericón, tomó su nombre del bastonero que la dirigía, al que se llamaba precisamente, el perico) que se bailaron en los 3 días subsiguientes al suceso bélico.
Posteriormente, Perico, el bailarín seguiría guerreando, al mando del otro Libertador: Bolívar.
Nada más se sabría de Pedro Viera una vez finalizada la Guerra de la Independencia Americana, hasta que en 1835, producida en Río Grande do Sul la Revolución Farroupilha en contra del imperio, y la proclamación de la República Juliana; nos reencontramos con Perico, el bailarín, combatiendo del lado de los farrapos contra los caramurús imperiales.
Pedro Viera -se cree y acepta generalmente por tradición oral (no hay respaldo documental)- murió en 1844, en sitio ignorado, en fecha no precisada y en circunstancias desconocidas. 
Vaya este emocionado recuerdo a Perico el bailarín, oficial de Artigas, San Martín y Bolívar, y guerrero de la Patria Grande.

-Juan Carlos Serqueiros-

viernes, 19 de agosto de 2016

LA FOTO "TRUCHADA" DEL ZORRO



FOTOGRAFÍA DE JULIO A. ROCA SUPUESTAMENTE DEDICADA DE SU PUÑO Y LETRA A SEVERO CHUMBITA

Escribe: Juan Carlos Serqueiros

El historiador Hugo Chumbita recoge y hace suya una versión que afirma que tras la detención -en octubre de 1871 (y justo en martes 13)-, juicio y condena del coronel chachista-varelista Severo Chumbita (antepasado suyo) y posterior indulto por parte del presidente Nicolás Avellaneda en 1877; Julio A. Roca le habría mandado a través de un emisario, esta foto suya con dedicatoria, y una invitación para que "bajara a Buenos Aires a los fines de conferirle un grado militar y resarcirlo de los desmanes que sufrió en su hacienda" (sic).
También sostiene dicho historiador que el montonero rechazó altivamente el ofrecimiento contestando: "Si él quiere verme, a la misma distancia estamos" (sic).
A partir de que Chumbita publicó eso -en la revista Todo es historia (sí, la fundada por Félix Luna, y dicho sea de paso; precisamente el abuelo y homónimo de éste había sido el fiscal que pidió la pena de muerte para Severo), en su edición N° 541, de agosto de 2012-, otros historiadores lo reprodujeron, y encima; alguno agregó suposiciones de su propia cosecha, como por ejemplo, la de consignar que la foto es "de 1870".

 
Por mi parte, afirmo que: 1) la foto no es "de 1870" -ni tampoco de los tiempos en que el Zorro luchó contra los montoneros, agrego, por las dudas alguno se largue a inferir eso-; sino que está tomada casi diez años después, cuando Roca era ministro de Guerra del presidente Avellaneda (1878-1879), y 2) que la letra de la dedicatoria no es la suya (y más aún; ni siquiera es parecida).
¿Significa eso que la afirmación de Hugo Chumbita de que Roca, después de haberlo combatido, quiso favorecer a Severo luego de haber sido éste indultado es un completo delirio (tal como lo es ese disparate suyo de "San Martín hijo de Diego de Alvear y Rosa Guarú")? 
Y... no, no necesariamente; porque cabe dentro de lo posible que el Zorro le haya tendido un puente al riojano (después de todo, no hay que olvidar que Roca hizo indultar por el presidente Evaristo Uriburu a Ignacio Monjes, quien había atentado contra su vida, y no solamente eso, sino que además; hasta le consiguió trabajo).
Pero una cosa es admitirlo como posibilidad (posibilidad, dije; no probabilidad), y otra muy distinta aseverarlo tajantemente y sin asomo de duda como hace Chumbita, sin tener prueba alguna que respalde su afirmación.
En fin, seguí participando, Chumbita; capaz que alguna vez, uno de esos tantos tiros que tirás sin ton ni son, te sale al arco y ¡zas, gol!
Ah, casi me olvido de citar esta ironía del destino: Roca asumió como presidente de la Nación el 12 de octubre de 1880. Ese mismo día, Severo Chumbita moría en Miraflores, La Rioja.

-Juan Carlos Serqueiros-
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REFERENCIAS

Revista Todo es historia, edición N° 541, Buenos Aires, agosto de 2012.
Robledo, Víctor H., El montonero Severo Chumbita, editorial Canguro, La Rioja, 1998.

viernes, 12 de agosto de 2016

LA PARTICULARES




Escribe: Juan Carlos Serqueiros

Los cigarrillos Particulares eran elaborados por la tabacalera Manufactura de Tabacos Particular Virginio F. Grego, fundada el 31 de julio de 1922 y que funcionaba en un local ubicado en el número 2902 de la calle Provincias Unidas (la actual Juan Bautista Alberdi) en la ciudad de Buenos Aires.



La pequeña empresa fabricaba cigarrillos con las marcas Articulares, As de los Ases, Diferentes, Mirlo Blanco, Mosca Blanca, Samaritana y Tres Muchachas; además de la que mayor popularidad cosecharía: Particulares.
El industrial y filántropo chivilcoyano Virginio Francisco Grego fue un emprendedor de ideas muy avanzadas. Proyectó elaborar, en su pequeña industria independiente (de allí lo de Particular en la razón social de la empresa), un cigarrillo que despertara en quienes lo fumaran, la sensación de pertenencia a un círculo especial. Les puso "Particulares", porque quienes los fumaban eran hombres particulares, que se distinguían de los demás, a punto tal; que el diseño del logo, de la marquilla y del formato del paquete, fueron objeto de minuciosos estudios y análisis.
Grego obtuvo un gran éxito, y más temprano que tarde, sus cigarrillos, que al principio se fabricaban por encargo y se adquirían directamente en su pequeña fábrica; se popularizaron y empezaron a venderse masivamente. El local en que funcionaba en los comienzos, pronto quedó chico y la empresa hubo sucesivamente de trasladar su actividad a plantas situadas en Cachimayo 98, Catamarca 272, Uspallata 2172; hasta su ubicación definitiva en Dr. Luis Beláustegui 2701.
Los Particulares venían en paquetes de diez cigarrillos y se hacían en tres variedades de tabaco negro: los Ultra Finos marquilla fondo blanco con letras coloradas, los Ultra Finos marquilla fondo blanco con letras verdes (siendo distintos los tipos de tabaco utilizados en uno y otro caso) y los Extra Livianos, marquilla fondo blanco con letras negras. Y también se producían los Hebras Rubias. Todos tenían el mismo precio de venta al público.









Posteriormente, la marquilla de letras verdes quedó para la versión Livianos.



En 1927, don Virginio Francisco Grego decidió solventar económicamente una iniciativa del profesor Arturo Mañé, orientada a la creación de una Escuela para Adultas, en lo que es hoy el Instituto que lleva su nombre y funciona en la avenida Directorio 2220 de la ciudad de Buenos Aires. 
En los años 30 y 40, la Manufactura de Tabacos Particular Virginio F. Grego (que se convertió en sociedad anónima a partir de enero de 1940), elaboraba también, además de Particulares; las popularísimas marquillas Gavilán (aquella de la famosa propaganda radial en los partidos de fútbol: "Fume cigarrillos Gavilán, buenos de punta a punta") y La Tecla, entre varias otras, como por ejemplo: Condal Especiales y Condal Boquilla de Oro (antes elaborados por Manufactura Condal de Fernando Sanjurjo), Diferentes, Orejanos, Rebeldes, Rubricados, Signo, Zorzal, etc.











Cuando empezaron a producirse cigarrillos con filtro, el paquete con letras verdes pasó a llamarse Particulares 30, y tiempo después salió el paquete marrón y rojo, el de Particulares 33.




La empresa popularmente llamada "la Particulares", fue una de las primeras de nuestro país en disponer la creación de un moderno consultorio médico para su personal, de un club con biblioteca y sala de reuniones para el mismo, y de una guardería para sus hijos.














En 1969, la compañía Particular, que había enfrentado tenazmente -y con éxito- a los trusts extranjeros (lo cual se traslucía incluso en sus publicidades, tal como puede usted, estimado lector, apreciar en algunas de las imágenes de arriba); no pudo continuar resistiendo los intentos de absorción por parte de las poderosas tabacaleras foráneas, y fue vendida a la multinacional de capitales alemanes Reemtsma.



Y ya en 1979, se fusionó con la Massalin & Celasco (que había sido previamente absorbida por la Philip Morris International), conformándose así la actual Massalin Particulares S. A.

-Juan Carlos Serqueiros-