sábado, 21 de enero de 2012

PARACELSO: UN GENIO, PERO FUNDAMENTALMENTE, UN ALMA BUENA





















Escribe: Juan Carlos Serqueiros

El arte de la Medicina echa sus raíces en el corazón. Si tu corazón es falso, también tu medicina lo será; si tu corazón es recto, también lo será el médico que haya en ti. (Paracelso)

Paracelso, nombre este que él mismo adoptó (se dice que fue su padre quien lo movió a hacerlo) y que significa “par de Celso” o “adjunto a Celso”, nació el 19 de noviembre (hay también quienes afirman que el 10 de noviembre unos y el 17 de diciembre otros) de 1493 (algunos biógrafos dicen 1494) como Teophrastus Phillippus Aureolus Bombast von Hohenheim, en Zurich, Suiza (y pensar que todavía hay estúpidos que creen que los suizos le deben el país que tienen, a los relojes o a los bancos).
Su padre, un médico bávaro, lo interesó desde pequeño en la medicina, y un todavía adolescente Teofrasto, en efecto, estudió la misma en Viena, Basilea y Ferrara; doctorándose.
Pero su espíritu inconformista, inquieto, indómito, mal avenido con una disciplina que despreció invariablemente, y ansioso de saber, de gnosis, o sea, de conocer de verdad; sumado a los viajes que había hecho junto a su padre (viajar y viajar, lo cual repetiría incansablemente por el resto de su vida), y a la decisiva influencia del abate Tritemio, que lo inició en el hermetismo; lo resolvieron a desdeñar tanto cómodos y bien remunerados cargos oficiales, como la atención continua y sostenida de su propio consultorio médico, y hasta la enseñanza (la oficial en las universidades, porque la otra, la que daba a los discípulos que lo seguían; jamás la abandonó).
Semejante índole, debía necesariamente acarrearle conflictos, y así ocurrió: Paracelso se enfrentó al poder de los magistrados, a la iglesia católica, al protestantismo (“Que Lutero se ocupe de sus asuntos y yo me ocuparé de los míos y le sobrepujaré en lo que me corresponda, además los Arcana me elevan... no ha sido el cielo el que me ha hecho médico; Dios me ha hecho”, consigna Paracelso en su Escritos de Nüremberg de 1527), y sobre todo; a la superstición, encarnada esta última en la “ciencia oficial” (¿y dónde, si no?, que desde los albores de la humanidad no hay superstición ni ignorancia más arraigada, que la fundada en la errónea convicción del “saber” establecido por decreto inapelable de la ciencia oficial, íntimamente aliada a la religión).
Fue crítico implacable de la medicina galénica y avicénica. Veamos lo que les espetaba Paracelso: “Os digo que el pelo de mi nuca sabe más que vosotros y todos vuestros escribientes, y los cordones de mis zapatos son más eruditos que vuestros Galeno y Avicena, y mi barba ha visto más que todas vuestras universidades”.
Y es que para este hombre extraordinario, la Medicina, la verdadera ciencia de la Medicina, se explicaba tal como lo dejaba estipulado en sus Escritos, que comprenden su obra y pensamiento desde 1537 hasta 1541; de esta manera contundente: “Esto prometo: ejercer mi medicina y no apartarme de ella mientras Dios me consienta ejercerla, y refutar todas las falsas medicinas y doctrinas. Después, amar a los enfermos, a cada uno de ellos más que si de mi propio cuerpo se tratara. No cerrar los ojos, y orientarme por ellos, ni dar medicamentos sin comprenderlo ni aceptar dinero sin ganarlo. No confiarme en ningún boticario ni entregar ningún niño a la violencia. No llorar, sino saber...”. Esto es directamente lapidario ¿no? Un sabio del siglo XVI, como Paracelso, enrostrándoles sus miserias a los pseudo médicos de su época y adelantándose nada menos que casi cinco siglos a lo que hoy sabemos acerca del nefasto proceder de los laboratorios medicinales que a diario nos envenenan con sus productos.
Y por si no bastara como muestra, hay más: “Lo cierto es que en el mismo lugar de la tierra donde existe un veneno mortal, existe también un exacto contraveneno y que del mismo modo que se engendran las enfermedades se produce la salud. Lo lamentable es que haya tan pocos médicos que se interesen por estas cuestiones y las estudien como se merecen. Y que la mayoría se anulen en la simple profesión de contempladores de orinas. Sus sórdidas y culinarias ganancias bastan a esos tales para colmarlos de satisfacción y para persuadirlos de vivir en sus casas, contentos de no hacer nada, ya que sólo ejercen la Medicina para acumular el dinero que con tanta liberalidad les procura el examen de las orinas. ¿Para qué han de complicarse la vida con trabajos más penosos?" (Paracelso, Opus Paramirum).
Y en su Liber Paragranum afirma que “la Medicina descansa sobre cuatro columnas: la Filosofía, la Astronomía, la Alquimia y la Ética. La primera columna debe comprender filosóficamente la tierra y el agua; la segunda debe aportar el pleno conocimiento de lo que es de naturaleza ígnea y aérea; la tercera debería explicar sin falta las propiedades de los cuatro elementos -es decir, de todo el Cosmos- e iniciar en el arte de su elaboración, y finalmente la cuarta debería mostrar al médico aquellas virtudes que han de acompañarle hasta su muerte y deben apoyar y completar las otras tres columnas".
Quizá quien mejor lo interpretó haya sido el psicólogo Carl Gustav Jung (otro suizo… ¿van a seguir creyendo que a Suiza la hicieron los relojeros y los banqueros?), quien en su libro Paracélsica dice: "La alquimia contenía ya desde los más antiguos tiempos una doctrina secreta, o directamente lo era. Las concepciones paganas no desaparecieron de ningún modo por la victoria del cristianismo bajo Constantino; continuaron vivas en la curiosa terminología arcana y en la filosofía de la alquimia. Su principal figura es Hermes, es decir, Mercurio, en su notable doble significado de mercurio y alma del mundo, acompañado por el sol (el oro) y la luna (la plata). La operación alquímica consiste esencialmente en una separación de la ‘prima materia’, del llamado Caos, en lo activo, es decir, el alma, y lo pasivo, el llamado cuerpo; los cuales volverán a reunirse personificados en una figura, en la llamada ‘coniunctio’, la ‘boda química’; la ‘coniunctio’ es alegorizada como Hieros Gamos, como boda ritual del sol y la luna. De esta unión surge el llamado ‘filius sapientae’ o ‘philosophorum’, ‘Mercurius’ transformado, que como signo de su acabada perfección era pensado como hermafrodita. El ‘opus alchymicum’, a pesar de su aspecto químico, siempre fue pensado como una especie de acción ritual, entendida en el sentido de un ‘opus divinum’; por eso pudo ser presentada por Melchior Cibinensis, al comienzo del siglo XVI, como una misa, ya que mucho antes el ‘filius’ o ‘lapis philosophorum’, había sido concebido como ‘allegoria Christi’. Y es en virtud de esta tradición como se entienden muchas cosas de Paracelso que de otro modo serían incomprensibles".
Como vemos, quedarse solamente en el Paracelso alquimista, ese que buscó la transmutación de los metales innobles en oro y la creación del homúnculo (¡William Somerset Maugham, teléfono!), o en el Paracelso que dio su nombre al zinc, es reducir hasta ningunear la enorme relevancia de un hombre que fue filósofo, médico, alquimista, astrólogo; y en suma: un genio con todas las letras. 
Sí, eso, un genio, pero fundamentalmente; un buen hombre, un alma noble dedicada a sus semejantes.
Paracelso era muy aficionado a la... llamémosla... diversión. Digamos que le gustaban la bebida y las mujeres. Según dicen, tal vez por eso se nos murió en Salzburgo un 24 de setiembre de 1541, con tan sólo 48 años aún no cumplidos. Por mi parte, prefiero creer que se murió de desilusión nomás, al ver tanta idiota y mala gente desparramada sobre este nuestro pobre y triste mundo.  Y me parece que algo le debemos, ¿no?
Ah!, casi me olvido: al morir, dejó su dinero a los pobres.
Paracelso: un genio, pero fundamentalmente; un alma buena. Lo cual automáticamente lo convierte en sabio.

-Juan Carlos Serqueiros-

ROCK YUGULAR





















Escribe: Juan Carlos Serqueiros

Rock yugular
(Beilinson-Solari)

Dame... dame tu vida
dame y tendrás mi piedad
dame la sed de tus ojos acorazados
y dame tu insolencia también.
Rara vez esta vida tiene sentido, amor
y así ves que hasta mi sombra brilla
en esta ciudad.
Caen, caen al fin, caen los disfraces
caen desnudándote
mientras unos fantasmas, fieles amigos
ríen de vos y se roban tu fé.
Vas copiando tu herida sobre un pañuelo rojo
y ya sabés que jugando al borrego te van a carnear.
Risas en el taller del diablo
trampas para tu soñar
no vas a ser esclava del paraíso
vas a bailar en un rock yugular.
Te ves en el pequeño espejo del mundo de hoy
y no querés que la lima del tiempo lo muerda otra vez.
Dame... dame tu vida
dame y tendrás mi piedad
dame la sed de tus ojos acorazados
y dame tu insolencia también.

Desde el vamos, impactante y atinadísimo título, pertinente síntesis de la poética que vendrá a continuación de él. Sí, es un rock yugular, porque salta directo al nudo de la cuestión, sin vueltas, va "a los bifes", "derecho a la yugular" digamos. Y porque es sanguíneo e impuro a la vez (la yugular es una vena, y las venas son las que conducen la sangre impura; a diferencia de las arterias, por la cuales circula la sangre pura). 
El Indio, en el título, está aludiendo al rock como cultura, y como tal, teñido de lo mejor y también de lo peor que pueda haber en el ser humano; un poco la reiteración de su convencimiento (ya expresado en otras canciones por el estilo) de que el bien y el mal coexisten en el hombre, de que nadie es total ni permanentemente bueno o malo; sino que cada uno de nosotros es capaz de la extrema bondad y también de la extrema maldad. Un concepto bastante difícil de expresar, aún en prosa; imaginen lo que será en poesía... Por eso esta letra (que es pura poesía) es de esas que "no se interpretan", sino que "se sienten", como toda la lírica solariana, bah... pero se sabe: acá estamos para cometer el sacrilegio de interpretar, y por eso lo hacemos... y por eso brindamos, ladrón de mi cerebro
Para mí, es una canción de amor (de AMOR en serio, de AMOR en toda la acepción de la palabra; no amor de romance cursi), pero bueno, no hay ninguna garantía, así como no hay garantías en nada...
"Dame... dame tu vida / dame y tendrás mi piedad / dame la sed de tus ojos acorazados / y dame tu insolencia también.": Le está cantando a una "ella", que es para él el AMOR IDEAL, así en abstracto. A alguien que no existe, imaginario, obviamente. "En el principio fue la compasión, y el principio es la mitad de todo", dice el texto de Lupus que viene en el disco Lobo suelto; y acá en "Rock yugular" el Indio comienza la letra con esa idea expresada en un disco anterior a Luzbelito. Puesto en un imaginario papel de diablo, de Luzbel, le pide a ese amor ideal que le dé su vida, o sea, que consagre su vida a él, que le venda su alma, y a cambio; él le va a dar su "piedad". Y eso, es el "principio de todo". Le pide que le confíe sus peores visiones del mundo, lo más malo que haya percibido (por eso los ojos de ella están "acorazados", porque ya vieron lo peor que podía ser visto). Y también quiere su "insolencia" (en el sentido de que no quiere barreras; sino que la cosa vaya directo a la yugular, y porque Luzbel no pide una lealtad obsecuente (remember lo de "un par de culos va a patear, de los que le juran más lealtad") como lo hace el Dios de todas las religiones; sino que pide hasta que seas insolente con él: tu libertad llega hasta ese punto...
"Rara vez esta vida tiene sentido, amor": En muy pocas ocasiones logramos ser felices. Son instantes brevísimos, fugaces, y es en ellos cuando la vida pareciera adquirir algún sentido. El resto de la existencia, es una lucha ya perdida de antemano, algo a lo cual a menudo no le encontramos sentido alguno. Ya lo dijo Cátulo Castillo, un poeta a quien el Indio admira: "la vida es una herida absurda".
"y así ves que hasta mi sombra brilla / en esta ciudad.": Solari pretende que esta noche sea para esa "ella" a quien le canta, una de esos instantes fugaces en que la vida tiene algún sentido. Quiere que aunque sea por esa noche, la sombra de él "brille en esta ciudad". Por supuesto que no en un contexto de soberbia o autoestima exagerada; sino diciéndole que es todo lo mejor que puede darle a esa "ella" a quien le canta: una canción de amor, y de allí lo de "hasta mi sombra brilla", como diciéndole "hasta un nabo como yo puede brillar esta noche". 

Debo decir que me resulta inexplicable que esta letra -que me parece sublime- no haya tenido entre los redonditos del abajo, por lo menos el mismo impacto que "Juguetes perdidos"; porque también el amor que contiene está dirigido a esos chicos que vienen de "barrios desangelados". Pero bueno, sé que a menudo es imposible determinar porqué, una canción que reputamos como bella de toda belleza, no alcanza el mismo grado de preferencia que otras. En fin...
"Caen, caen al fin, caen los disfraces / caen desnudándote / mientras unos fantasmas, fieles amigos / ríen de vos y se roban tu fe.": Cuando la poesía de una canción logra traspasarte, influir todo tu ser; "caen los disfraces". Ahí ya no hay vueltas, es una pulsión (el pulso de la yugular), y si la lírica no es capaz de traspasarte, de hacerte sentir por un momento que la vida tiene, aunque sea por ese instante, algún sentido; entonces quiere decir que no valió la pena, que era algo que sólo estaba en tus "fantasmas, fieles amigos", es decir, en tus rollos, en los mambos que están en tu psique.
"Vas copiando tu herida sobre un pañuelo rojo": Vas reiterando tus errores. Si aplicás sobre una herida sangrante, un pañuelo de color rojo, difícilmente puedas ver la sangre que manó de ella y absorbió el pañuelo; porque obviamente, no hay contraste de colores entre el rojo de la sangre y el rojo de la tela.
"y ya sabés que jugando al borrego te van a carnear.": ¡Basta de inocencia! Si asumís como actitud general de vida la mansedumbre de un cordero, te van a pasar por arriba. Luzbelito no quiere tu bondad ingenua ni tu lealtad; sino tu insolencia, tu rebeldía.
"Risas en el taller del diablo / trampas para tu soñar": La vida es así, un valle de lágrimas, y el diablo (ese mismo "diablo que mea en todas partes" en Juguetes perdidos) te tiende trampas a cada rato.
"no vas a ser esclava del paraíso / vas a bailar en un rock yugular.": Al menos por esta noche, esa "ella" no va a ser "esclava del paraíso", es decir, no va a vivir en el limbo, en la inocencia y en la paz angelical prometida por las religiones en un paraíso al que supuestamente llegará después de la efímera existencia terrenal, no; va a asumir la realidad de su vida, se va a hacer cargo, y por lo menos por esa noche, va a bailar en el rock yugular de una misa redonda ¿Qué tal te queda el moño, eh?
"Te ves en el pequeño espejo del mundo de hoy / y no querés que la lima del tiempo lo muerda otra vez.": Impresionante metáfora. La lírica solariana alcanzando uno de sus puntos más altos. "El pequeño espejo del mundo de hoy" es esa noche de misa redonda en la que el Indio te cantó al oído; pero... es sólo un instante, uno en el que la vida parece tener sentido. Por eso querés atesorarlo, guardarlo; no querés que el tiempo transcurra; sino que se detenga, para que no lo borre.
"Dame... dame tu vida / dame y tendrás mi piedad / dame la sed de tus ojos acorazados / y dame tu insolencia también.": Y termina la canción, con esa estrofa ya interpretada.

ALGO TERMINA POR SEPARAR DOS MUNDOS

























Algo termina por separar dos mundos cuando caemos en el error de creer que somos únicos; en lugar de ser singulares.

Gabriela Borraccetti
Psicóloga Clínica

MIRAR LA VIDA

























Mirar la vida con inocencia, mirar la vida como si fuera un paseo, mirar la vida en sus formas más simples, mirar la vida con la mente flotando, mirar la vida sin hacer foco, mirar la vida como se mira en un sueño, mirar la vida sin escudriñarla, mirar la vida sin lupas odiosas, mirar la vida a corazón abierto, mirar la vida con ternura desbocada, mirar la vida con infancia en la mirada... Mirar la vida, y sobre todo; ¡vivirla!
 
Gabriela Borraccetti
Psicóloga Clínica