domingo, 28 de septiembre de 2014

ENEMIGOS ÍNTIMOS I




















Escribe: Juan Carlos Serqueiros

Roca es un napoleón de azúcar rubia. (Roque Sáenz Peña)

No digo que Sáenz Peña sea un mal candidato; pero no es mi amigo personal ni pertenece al partido. (Julio A. Roca)

El general Julio A. Roca y el doctor Roque Sáenz Peña no eran en lo político meros adversarios; eran mucho más que eso: eran enemigos. Enconados enemigos.
En el Zorro se resumía, para Sáenz Peña (quien había sido, paradojalmente, subsecretario de Relaciones Exteriores en la primera presidencia de aquél), todo lo que de nocivo, corrupto, vergonzante y repudiable podía encontrarse y aún imaginarse en la política vernácula. Veía en Roca al réprobo, al caudillo, al (según sus propias palabras) "dictador oscuro que ha oprimido como el otro (se refiere a Juan Manuel de Rosas), por más años; aunque con menos sangre, pero con más concupiscencia".
En tanto que para Roca, más pragmático, reservado y cínico; Sáenz Peña era el ícono de todo aquello que reputaba en política de pueril, ingenuo, inconducente, ineficaz y más aún; pernicioso: el idealismo "excesivo", el romanticismo. Veía en él a un "porteño carente de instinto político".
No constituye el objeto de este artículo intentar establecer cuál de los dos estaba más acertado en cuanto se refiere a sus apreciaciones sobre el otro, o si lo estaban ambos o ninguno, ni tampoco hasta qué punto eran justas o injustas las imputaciones que recíprocamente se hacían; pero sí, en obsequio a la verdad histórica, diré que Sáenz Peña no medía a todos con la misma vara, pues toleraba en otros, especialmente en su íntimo amigo y socio, Carlos Pellegrini, aquellas mismas cosas que condenaba en Roca. Y éste, por su parte, tampoco se privó de incurrir en una inconsecuencia idéntica a la que le achacaba a Sáenz Peña, cuando no sostuvo el proyecto de unificación de la deuda externa. Digo simplemente que ni Roca era el caudillo venal que suponía Sáenz Peña; ni éste era el romántico carente de astucia y voluntad que se figuraba el Zorro.
Fueron las de ambos presidencias trascendentales a punto tal, que esta Argentina nuestra está marcada con la impronta que dejaron a sus pasos por la primera magistratura de la Nación. Y ambos a su turno, prestaron al país señaladísimos servicios: Roca fue el creador del Estado moderno y merced a sus iniciativas se lograron: la ocupación real y efectiva de todo el territorio nacional, la ley de Educación Común y la de Registro Civil; y a Sáenz Peña debemos: la ley de Sufragio Universal que transformó el sistema político y electoral, la de Fomento de los Territorios Nacionales y la reserva exclusiva para la administración estatal de la explotación petrolera.
Pero todo esto hasta un niño lo sabe; lo que me interesa poner de manifiesto en este breve artículo es que cada vez que así lo demandó el provecho del país, estos dos ilustres argentinos tuvieron la grandeza de hacer a un lado sus profundas, abismales diferencias y de subordinar cualquier oportunismo político a los intereses supremos de la Nación.
A mediados de 1912, Sáenz Peña, por entonces presidente de la República, designó a Roca ministro  plenipotenciario ante el Brasil, en el marco del convenio al que se había arribado con dicho país para limitar ambas naciones la adquisición de nuevos acorazados, luego de superar una etapa especialmente difícil y de gran tensión en las relaciones bilaterales. No trepidaron, el uno en llamar a su mayor enemigo político para encomendarle una alta misión; y el otro, en aceptar y cumplirla porque así lo requería el deber para con la patria. 
Y cuando en 1913 Sáenz Peña, ya muy aquejado de la enfermedad que lo llevaría finalmente a la tumba, pidió al Congreso licencia por tiempo indeterminado; Roca, en un gesto que enaltecerá por siempre su memoria, pidió a los senadores y diputados que respondían a su orientación política que la concedieran, destacándose incluso el discurso en tal sentido de su propio hijo, a la sazón, diputado por Córdoba.
El 9 de agosto de 1914 falleció el presidente Roque Sáenz Peña y en sus funerales, que se realizaron el 11, uno de los que llevaban los cordones de la cureña que transportaba el féretro, era el general Roca. No terminaría ese fatídico año sin que muriera también éste, apenas dos meses después, el 19 de octubre. La República Argentina perdía, en aquellos aciagos momentos, dos estadistas de enorme dimensión.
En esta hora de la vida nacional tan escuálida de valores y ejemplos en la política, tan carente de heroísmos como abundante en cobardías, tan plena de miserabilidades y egoísmos como vacía de virtuosismos y generosidades;  figuras históricas insignes como las del general Julio A. Roca y del doctor Roque Sáenz Peña debieran servirnos para tratar de mover a los hombres y mujeres públicos del hoy a que al menos intentaran reflejarse en los espejos del ayer. Amén.
-Juan Carlos Serqueiros-   

miércoles, 24 de septiembre de 2014

EL DESNUDO DEL MILLÓN DE EUROS



Escribe: Juan Carlos Serqueiros

"Contrastes en todos los sentidos. Visiones extrañas, personales. Atreverse, atreverse, atreverse. Dibujar, dibujar, dibujar. Estilo, estilo, estilo (bajo todos los estilos)." (Ignacio Zuloaga)

En 2012 la casa Sotheby’s  de Londres sacó a subasta el cuadro La Oterito en el camerino, del pintor vasco español Ignacio Zuloaga. La obra, perteneciente a coleccionistas privados (descendientes del artista), se remata sobre una estimación que oscila entre  las 500 y 700 mil libras esterlinas, con lo cual el precio efectivo de venta rondará el millón de euros.
Se trata de un óleo sobre lienzo de 176 x 120 cm, en el cual se representa desnuda en su camerino a la bailaora y cupletista española Eulalia Franco, apodada la Bella Oterito de modo de hacerla aparecer ante el imaginario público de la época como la "sucesora" y "superadora" de la célebre bailarina, cantante y cortesana -también española- Agustina "Carolina" Otero Iglesias, conocida como la Bella Otero (aunque según las crónicas de la época, había entre ellas y a favor de esta última, más o menos la misma distancia que media entre mis modestas entendederas y la genialidad de Leonardo Da Vinci).
En el catálogo de Sotheby's se consigna que el cuadro fue pintado en París en el año 1936, se da una descripción general de la obra, se puntualizan en ella ciertos detalles y desde éstos y determinados datos biográficos del pintor; se elucubra toda una interpretación de la misma, en la que el "gancho" publicitario resulta ser una supuesta relación adulterina entre el artista y la modelo, affaire este que, según Sotheby's, estaría "claramente aludido en el rojo clavel que Eulalia sostiene en su mano derecha, así como lo sugiere la propia presencia del artista en el retrato en la pared más allá, haciendo referencia a Zuloaga con el atuendo taurino de su juventud" (sic).
Y como Sotheby's así lo refirió, todo el mundo lo dio por cierto, como si su catálogo se tratase de la verdad revelada. Y tal como suele ocurrir, muchos, además de repetir hasta el hartazgo lo de la "relación ilícita" entre Zuloaga y la Oterito; fueron más allá en la fantasía, llegando a afirmar que la exposición del cuadro "fue motivo de un gran escándalo", que "en los Estados Unidos no podían verlo sin ruborizarse", etc. 
Si bien no somos expertos en arte ni usted (probablemente), estimado lector, ni yo (con toda certeza); sí podemos percibir por nosotros mismos, sin necesidad de que Sotheby's ni nadie venga a "explicarnos" nada, qué se representa en el cuadro. Y también somos capaces de "mirarlo" con ambos hemisferios del cerebro, ¿no? Veamos:
La Oterito se halla en una pose que desborda voluptuosidad, sentada sobre su vestido español ante el tocador, pero mirando no hacia allí; sino hacia quien contemple la escena, insinuante y provocadora, "vestida" tan sólo con una corta chaqueta de torero. Luce el peinado que siempre usó (según todas las fotografías suyas que hay): el cabello partido con raya al medio, en su mano derecha sostiene un clavel rojo, su cabeza está adornada con flores, al estilo gitano español, y exhibe zapatos rojos de tacón. Ella se ve parcialmente reflejada en el espejo que está encima del tocador, lo cual es una referencia de Zuloaga a uno de los grandes artistas que lo influyeron: Velázquez, quien en su Venus del espejo utiliza el mismo recurso pictórico. Detrás de la Oterito, en un claroscuro maravilloso, se ve un cuadro en el que aparece un hombre vestido de torero, quien no es otro que el propio Zuloaga (la tauromaquia era su gran afición y él mismo era un consumado lidiador); lo cual nos trae reminiscencias goyescas (Goya fue otra de sus influencias). Es una obra sublime en su magnificencia y de ella parecen surgir, esplendentes en su desnuda belleza, todo el gracejo, todo el donaire y toda la sensualidad de la mujer española. Zuloaga pintó el cuadro a partir de un boceto al carbón, el cual se conserva en el Museo de Bellas Artes de Córdoba (Andalucía):
 
  
Vamos ahora a lo de la fecha. Consigné más arriba que Sotheby's la sitúa en 1936, lo cual es coincidente con lo especificado por el historiador Enrique Lafuente Ferrari en su libro La vida y el arte de Ignacio Zuloaga. Por otra parte, el dato fue suministrado a la casa de remates por los propietarios del cuadro, los cuales al ser descendientes directos del artista, lo sacaron del propio registro de éste; entonces ¿cómo no creerlo? La cuestión del tiempo agrega una pregunta a lo de la supuesta "relación ilícita" entre el pintor y la modelo: ¿cuándo pasó eso? Si fue pintado en 1936, el affaire, si es que existió, tiene que haber tenido lugar mucho antes; pues por entonces Zuloaga (n. 1870) era un hombre de 66 años; y Eulalia Franco (n. 1890) tenía 46.
Dicho sea de paso, la datación también es relevante por cuanto si el cuadro es de 1936 (y parece seguro que lo es, según vimos), entonces no fue pintado en París como consigna Sotheby's; pues ese año (inicio de la guerra civil española), el artista decidió quedarse definitivamente en España y ya no viajó a Francia. A menos, claro, que a sus muchas aptitudes, Zuloaga les agregase la de la bilocación, lo cual sinceramente (sabrá Ud. disculpar mi escepticismo), no me parece que sea el caso.
Por el lado de la Oterito, ella viajó por primera vez a París en 1902 cuando contaba sólo 12 años, en compañía de Matías Turrión, su maestro y pareja de baile, con quien terminó casándose en 1909. Después de lograr una buena posición económica de resultas de sus giras por toda Europa y Sudamérica (actuó dos veces en nuestro país: en 1906 y 1910), se retiró en 1920.
¿Coincidieron en algún tiempo en París Zuloaga y la Oterito? Es muy probable que así haya sido; el artista tenía allí un atelier desde 1906 y pasaba en la ciudad luz prolongados períodos, y para la bailaora, París se constituyó en el centro de sus más resonantes éxitos. ¿Mantuvieron una relación pasional en cuyo transcurso ella posó desnuda para el pintor? Y... es posible, pero ya no tan probable. Por lo pronto, no hay otro desnudo de la Oterito que no sea el pintado por Zuloaga, ni tampoco hay fotografías de ella desnuda, ni tan siquiera las hay en que aparezca con escasa ropa. Por otra parte, no existe registro, ni en la prensa parisina ni en la madrileña, de mención alguna de un "escándalo amoroso" en el que estuviesen involucrados ni Zuloaga ni la Oterito. En realidad, si hubo o no una relación pasional entre ellos es irrelevante, en tanto ninguno de los dos representó una influencia notable en la vida y la carrera del otro; lo que sí importa saber es si ella posó para él, o si el artista hizo el boceto y luego el cuadro en base a un proceso distinto, como por ejemplo; a partir de fotografías de ella y relatos publicados en la prensa en los cuales se describía su figura.
Particularmente, estoy inclinado a inferir algo que no es ni lo uno ni lo otro: entre 1907 y 1908 (período que fue de intensa bohemia para la Oterito), ella y el artista se conocieron en París y tuvieron una fugaz liaison passionnée, y después, a casi tres décadas de aquello, Zuloaga hizo, a partir de sus recuerdos y en una etapa de balances y cambios en su vida; primero el boceto al carbón y luego pintó el cuadro.




Se me dirá: "Pero ¿y la interpretacion de Sotheby's?". Mire, si de interpretaciones se trata, se me ocurren varias, como por ejemplo, esta: La Oterito en el camerino es un cuadro en el que el artista, con porfiada insistencia vasca, a la vez que homenajea a Velázquez y Goya; exalta su españolidad. Eligió pintar a la bailaora desnuda no por el recuerdo de los placeres carnales que aquella breve y volcánica relación le evocaba; sino como realce de la sensualidad arquetípica de la mujer española que había encandilado con su danza.
Es una obra de la cual la hispanidad surge portentosa, y el pintor expresa en ella el nacionalismo que se le había exacerbado por entonces, con trazos y pinceladas de una fuerza descomunal, de manera de cumplir aquel viejo anhelo que enunciara con estas sus propias palabras: "Sueño con la fuerza en la pintura. Me gustaría hacerla a puñetazos, pero sólida (puñetazos y dulzuras en algunos sitios)". Y el cuadro es, ni más ni menos eso: puñetazos y dulzuras.
Ah, antes que me olvide: el clavel rojo en la mano derecha de la Oterito no creo que sea, como dicen los de Sotheby´s, indicativo de la relación pasional e íntima entre artista y modelo; sino que más bien me parece que está puesto allí como un símbolo: ocurre ("pequeño" detalle) que el clavel rojo es tradicionalmente considerado como flor nacional de España.
Ladren lo que ladren los demás (Solari dixit).

-Juan Carlos Serqueiros- 

lunes, 15 de septiembre de 2014

EDUCACIÓN Y TRABAJO. LAS GRANDES CARENCIAS


























Escribe: Gabriela Borraccetti
 
-Dale, Marito ¡hacé los deberes!.
-Para qué, papá? Estoy cansado.
-Cansado de qué?
-De jugar
-Por eso. Ya jugaste, ahora hacé los deberes.
-Igual pasamos de grado todos, papá.
 
Diálogos que empezarán a repetirse entre aquellos que desean que sus hijos aprendan. Diálogos que ya no existen entre aquellos que, sin más, los “depositan” en la escuela.
Los maestros, todos con los que hablé, están hartos de su trabajo desde hace tiempo, y como si fuera poco; comienza a asomar en el horizonte que educar es casi sinónimo de tiranía. Todo el lenguaje se tuerce para disfrazar la realidad, y se llama “pobre” al ladrón, cuando éste no necesariamente delinque porque es pobre sino que jamás laboró (caso digno de mención son los politicastros, que no trabajan sino que lo que hacen son negociados).
Existen dos soportes culturales de base para encauzar la agresividad natural del hombre:  el trabajo y la educación; y se ha instituido como cáncer social la droga, que es la que echa nafta sobre estas dos carencias anteriores. Ya vamos por la segunda generación en el país que no conoce lo que es un trabajo estable: una, íntegra, que vivió del Estado a través de la dádiva y la prebenda en un marco de clientelismo politiquero disfrazado de asistencialismo; y la segunda, que sufre hoy los embates de personajes enquistados en los ministerios de educación que leen teorías extrañas o sacan las “suyas” de otras, no menos extrañas, y las aplican desconociendo la psicología de las masas.
Las "reformas educativas", tanto la instrumentada por el menemismo como esta que impulsa el kirchnerismo; nos dejan y dejarán con las orejas de burro puestas.
Y a quienes no se toman la "molestia" de hablar con docentes, les sugiero encarecidamente hacerlo, antes que leer a charlatanes que no pisan un aula ni por casualidad y la miran desde afuera. ¡Los pibes no comprenden lo que leen!
Por último, si tiene más de 40, hable con usted mismo y pregúntese cuándo vio antes el nivel de agresividad de estos tiempos a nivel familiar, vecinal, social y enla calle. ¿Sabe usted que los chicos de 15 años ignoran lo que significan las emociones?
Quienes estamos vivos ahora, llegamos a conocer de muy pequeños la violencia del Estado terrorista. Ahora entramos a conocer la violencia social, a punto tal que un boliche hoy por hoy, se transforma en una trampa de la que se puede no salir, o salir golpeado, engañado o secuestrado o muerto.
Lo que hay que corregir no pasa por aflojar todo lo que se llame cultura -y no me refiero a libros, sino a CULTURA; eso que hace que la libido no se desborde y nos permita convivir social y civilizadamente-. No se puede llamar tiranía a todo lo que exige un sistema de premios y reconvenciones.
Es necesario que esto exista si no queremos poner un pié en la vereda y que nos bajen de un tiro para sacarnos 50 pesos.
 
Lic. Gabriela Borraccetti
Psicóloga Clínica

domingo, 7 de septiembre de 2014

PONCHO VERDE. ENTRE LA HISTORIA, LA LEYENDA Y EL MITO



























Escribe: Juan Carlos Serqueiros

Que uno a veces dice cosas / de a dieces como de a cientos / y a'nde quiere fantasiar, / le va poniendo el acento. (José Larralde)

La ira es una locura de corta duración. (Horacio)

El arroyo Poncho Verde serpenteante y correntoso, / que a los pies del parque Mitre manotea el Paraná, / lleva el nombre de un paisano atrevido y receloso, / según cuenta en su lenguaje algún cambá. (Isidro Luciano Prado)

Cuentan que en 1810 llegó a la ciudad de Corrientes para afincarse en ella, un paisano proveniente de las Misiones, apellidado Ponccio, acerca del cual corrían mentas de su ingenio y valentía, quien prontamente se integró a las milicias de la provincia alcanzando el grado de sargento y formando parte de las tropas que marcharon con Belgrano en la expedición al Paraguay dispuesta por la Junta de Buenos Aires. Regresado de la misma, después, ya en 1812, en el marco de los festejos de la ciudad por el segundo aniversario de la Revolución de Mayo, se lo promovió a alférez en mérito al coraje y la audacia que había evidenciado en aquella campaña, distinción esta que el paisano celebró luego a la noche en un bolicho que quedaba en el hoy denominado barrio La Rosada, jugando al billar en medio de copiosas libaciones. Como había perdido en el juego, su mal talante, exacerbado por el alcohol que ingirió, lo hizo reaccionar ante el reproche airado del bolichero -un peninsular llamado don Angel- porque borracho, había rasgado con la punta del taco el paño de la mesa; asesinándolo de una puñalada en el pecho. Tras cometer el crimen, lo arrancó, y poniéndoselo a guisa de poncho, salió hacia un arroyo que por ahí corría, perdiéndose entre la espesura de la vegetación de la orilla. Estuvo oculto allí muchos días, hasta que una partida de la guardia urbana lo ubicó y lo mató, pero no sin antes que él, a su vez, abatiera a quien mandaba la misma, un sargento apellidado Piris. En el lugar donde cayó (la intersección de las hoy por hoy calle Hipólito Yrigoyen con la avenida España), su mujer y sus hijos clavaron una cruz. A partir de estos sucesos, los correntinos llamaron Poncho Verde al arroyo. Y eso es en sustancia lo que la tradición oral nos ha traído al respecto.
Supe andar mucho por Corrientes, y un día, regresando de visitar a un cliente que tenía sus oficinas en la avenida Poncho Verde (por debajo de cuyo asfalto corre hoy aquel arroyo), vine a enterarme de todo esto por lo que me contó el chofer del taxi que me llevaba. Tiempo después, en distintas circunstancias pero siempre en Corrientes, volví a escuchar ese relato en tres oportunidades, con algunas variantes menores entre sí (el agregado de un dato por aquí, el cambio de un nombre por allá); pero era esencialmente el mismo. El asunto me interesó y me propuse investigarlo.
Muchas horas pasé buscando y rebuscando en el Archivo General de Corrientes. El resultado fue... nada, ni una sola mención al suceso. Me extrañó, pero no me preocupé en demasía, porque inferí que los antecedentes del caso debían de haberse girado a la Junta, ya que por entonces el gobierno de Corrientes era sufragáneo del de Buenos Aires y en razón de ello, tendría que estar debidamente asentado en el Indice del Archivo del Gobierno confeccionado en 1860 por Manuel Ricardo Trelles, con arreglo a la disposición emanada del ministro Carlos Tejedor. O de últimas, debería obrar, en el Archivo General de la Nación, la documentación relativa al hecho. Pero otra vez, no pude hallar nada.
En principio supuse que quizá se hubiera relativizado el asunto, no atribuyéndosele una relevancia que ameritara su registro; pero más temprano que tarde me vi obligado a descartar esa idea, ya que sí se citaban hasta las cuestiones menudas, como por ejemplo y entre otras muchas:

... Al Teniente Gobernador, remitiéndole una representación de D. Antonio Tomas Lopez sobre los obstáculos que esperimenta (sic) para el matrimonio que intenta contraer con Da. María del Tránsito Centurion... Al Comisionado de Mandisobí (sic), se le avisa quedar en estas reales cárceles el preso Gervasio Sequera. Al Defensor de Menores de Corrientes, dirigiéndole la instancia de Da. Francisca Paula Quiroz, relativa a la separación de su hermana Da. Dionicia (sic)... El Juez D. Francisco Portalea, instruye del escandaloso amancebamiento de las mugeres (sic) que espresa (sic) y consulta si seguirá la causa, por haber ocurrido ellas al Gobierno.

Así pues, vemos que nada quedaba sin registrarse. ¿Cómo entonces, no había cita alguna acerca de un asesinato ocurrido en una ciudad que tendría por esa época a lo sumo cinco mil habitantes; perpetrado por alguien a quien se le atribuía haber sido nada menos que oficial de Belgrano; y contra un comerciante que, por más que se tratase de un bolichero, seguramente pertenecía a la que por entonces se reputaba como clase principal y sana del vecindario?
Por otra parte, el general Belgrano en su Autobiografía, al narrar la expedición al Paraguay, no menciona a un sargento Ponccio ni a ningún otro. En realidad, escribe "algunos vecinos de Corrientes", de entre los cuales luego individualiza a Angel Fernández Blanco -sin duda el más destacado de los correntinos en su apoyo al proceso revolucionario- y a Eugenio Núñez Serrano:

... Por la primera vez se me presentaron algunos vecinos de Corrientes y entre ellos el muy benemérito don Angel Fernández y Blanco a quien la patria debe grandes servicios y un viejo honradísimo, don Eugenio Núñez Serrano, que se tomó la molestia de acompañarme en toda la expedición, sufriendo todos los trabajos de ella sin otro interés que el de la causa de la patria. El teniente gobernador (nota mía: se refiere a Elías Galván, a quien la Junta había designado en reemplazo de Pedro de Fondevila) me describió haciéndome mil ofertas de ganados y caballos; aquéllos me alcanzaron en número de 800 cabezas, que era preciso dar dos por una, pues estaban en esqueleto; los caballos nunca vinieron, y sin embargo me escribió que nos había franqueado hasta 4.000. (sic)

Tenemos entonces que ni en el Archivo General de Corrientes, ni en el Indice del Archivo del Gobierno de Buenos Aires, ni en el Archivo General de la Nación, ni en las memorias del general Belgrano, se menciona a un sargento Ponccio (ni Poncio, ni Ponce, ni Pons ni ninguna otra grafía parecida), ni a un hecho (ni luctuoso ni de ningún otro tipo, sea cual fuere) por él protagonizado. Forzoso me fue, consecuentemente, concluir en que todo se trataba de una leyenda. Sin embargo, el asunto seguía dando vueltas en mi cabeza; tenía la sensación de que había algo que no lograba yo asir ni comprender. Pero ¿qué era?
Y un día, del modo más impensado, tuve la respuesta y tomé consciencia de qué era ese algo: estábamos una mañana en Corrientes con mi esposa paseando con nuestra perra por el parque Mitre, precisamente donde el arroyo Poncho Verde viene a desaguar en el río Paraná, cuando de repente, lo vi. Todo adquirió súbitamente una prístina claridad. Allí estaban, límpido el cielo del criollismo, refulgente el sol del paisanaje; desde la noche de los tiempos me llegaba, bronco, aquel grito rebelde y glorioso de la revolución traído en sones de bravura añeja; y allí estaban, en fin, todos los personajes de aquella leyenda, como fantasmas sacudiéndose el polvo del olvido. ¡Cuán torpe e imbécil habíame evidenciado al no entenderlo antes!
La historia, la leyenda y el mito tratan de explicar el pasado. La primera, desde la heurística; y la leyenda y el mito, desde la tradición trasmitida de generación en generación a partir de un suceso determinado, al cual se le agregan elementos imaginativos y/o fantásticos. Pero además, aplicados a un medio local (un país, una provincia, una ciudad, etc.), tanto la historia como la leyenda y el mito tienen en común el propósito de fundar, cimentar, enaltecer y ostentar ante el resto del mundo; la pertenencia a ese medio local.
No me había quedado falta sin cometer y por eso no lograba "desentrañar un misterio" que yo mismo creé donde no lo había. En este caso, mi error original fue no haberme situado acertadamente en tiempo, lugar y circunstancias, "pecado" este en el que solemos incurrir (muchas veces, inconscientemente y a pesar de querer, desde la honestidad intelectual, evitarlo cuidadosamente) quienes nos abocamos a tratar de comprender y narrar la historia. Y todos los demás, habían sido la consecuencia lógica de esa falla. En mi zoncera presuntuosa, quise analizar desde el rigor histórico a un personaje que debí haber notado de entrada que era de leyenda y al cual identifiqué como central en la trama de la misma, cuando estaba muy lejos de serlo. En síntesis, yo estaba meando a miles de kilómetros de un tarro que se hallaba en Tombuctú.  Por eso, en virtud de algún intrincado mecanismo de la inteligencia, al estar in situ, las fuerzas telúricas llevaron a mi espíritu a entender la cuestión.
La Revolución de Mayo no fue un acontecimiento al cual se adhirieron en masa todos quienes habitaban el territorio del virreinato del Río de la Plata; sino que existieron, en Buenos Aires y también en las demás ciudades y pueblos, marchas, contramarchas, vacilaciones y... oposiciones. Y Corrientes no fue la excepción; porque hubo en el seno de su sociedad una profunda división en torno a ello. Y allí está, como mudo testigo de aquellas disensiones, exhibida en una vitrina del Museo Histórico Provincial la camisa ensangrentada de Félix Ponciano de Llano, español peninsular muerto a puñaladas por patriotas exaltados el 27 de mayo de 1812 por vivar a Fernando VII. Para quienes estén interesados en profundizar en esa temática, la misma está exhaustivamente tratada en un excelente libro del muy concienzudo y prestigioso historiador correntino: el esquinense Dardo Ramírez Braschi, cuya lectura me atrevo a recomendar, titulado Patriotas y Sarracenos. La lucha revolucionaria en la provincia de Corrientes (1810-1812).
La leyenda de Poncho Verde es una alegoría precisamente a esa problemática, una metáfora que nos la ilustra a través de los distintos personajes, que simbolizan las facciones en pugna. La tesis, el criollo Poncho Verde, viene a ser así la exaltación del patriotismo, el alma misma de la correntinidad  en eclosión magnífica y enancada a una nacionalidad que se apresta a surgir, radiante, a partir del proceso revolucionario. Se lo pinta como proveniente de las Misiones, de modo de significar los derechos que se atribuía Corrientes sobre ellas; como capaz de heroicidades y arrojos en la expedición al Paraguay, de manera de diferenciarlo claramente de los sarracenos que se habían soliviantado como consecuencia de la invasión paraguaya de abril de 1811 a Corrientes; y como osado, belicoso y corajudo, prendas estas que todo correntino considera características suyas por antonomasia. La antítesis es don Angel, español peninsular, el sarraceno odioso contra el cual todo estaba permitido y justificado, incluso el asesinato. La síntesis es Piris, asimismo criollo, que mata a Poncho Verde, en quien ve la sinrazón, la falta de ley, el exceso, lo que es preciso encauzar (por eso es un arroyo) so pena de ahogarse en una revolución que, una vez conseguida la libertad que el sarraceno conculcaba; ha de dejar paso al imperio de un nuevo orden. Pero así como Piris acaba con Poncho Verde; él también debe morir en la demanda, y a manos de éste, pues su sangre, fundida con la del paisano y la de don Angel, es la ofrenda que la tierra reclama para pacificar los espíritus alterados por las pasiones en conflicto. Y la mujer y los hijos de Poncho Verde simbolizan el pueblo, aliviado en su tragedia por la fe religiosa traducida en la cruz que clavan.
Hallé pues, la explicación que tan afanosamente había buscado; no obstante lo cual debía subsanar una omisión mía: no había consultado las actas capitulares del cabildo de Corrientes. ¿Y si después de todo había en ellas alguna mención? Era muy improbable; pero así y todo tenía que estar seguro. Me decidí entonces a escribir a quien tuvo a su cargo, justamente en el Archivo General de Corrientes, la organización y catalogación de los documentos recopilados por el gran historiador correntino Manuel Florencio Mantilla, y quien es además, Director de Investigación de la Facultad de Derecho y Ciencias Sociales y Políticas de la Universidad Nacional del Nordeste: el doctor Dardo Ramírez Braschi, a quien mencioné más arriba y quien, gentilmente, me confirmó que en efecto, tampoco él había podido hallar nada (y aprovecho para reiterar aquí el especial agradecimiento que oportunamente le expresé).
Lo de Poncho Verde es a la vez historia, leyenda y mito. Es historia por cuanto emana de eventos históricos reales y comprobados (adhesión de Corrientes a la Revolución de Mayo, Expedición de Belgrano, Invasión del Paraguay a Corrientes y luchas intestinas entre patriotas y sarracenos); es leyenda etiológica en tanto su construcción lleva el aporte de elementos que surgen de la fantasía popular y que fueron transmitidos sucesivamente a través de la tradición oral; y es mito histórico-cultural pues remite a un tiempo primordial y cumple con la condición de opuestos reconciliados en una síntesis superadora del antagonismo primigenio.
Y es además, folclore regional. Tanto así, que fue hecho chamamé, compuesto y registrado debidamente en SADAIC el 17 de julio de 1973 bajo el código 208042, a favor de Avelino Flores en la composición musical y de Isidro Luciano Prado en la autoría poética.
Y desde ahora, ya podrá saber usted entonces, estimado lector, de qué le estarán hablando en Corrientes cuando le mencionen a Poncho Verde.
¡Hasta la próxima!

-Juan Carlos Serqueiros-

miércoles, 3 de septiembre de 2014

LA REPÚBLICA PROSTITUÍDA






















Escribe: Juan Carlos Serqueiros



Hoy, 3 de setiembre de 2014, el “honorable” Congreso de la Nación volvió a darnos, en la cámara de senadores, tal como lamentablemente nos tiene acostumbrados, un grotesco espectáculo.
En la sesión iban a tratarse proyectos vinculados a un
a eventual reforma de la ley de Abastecimiento y a la deuda externa. Pero ocurrió que ni bien iniciada la misma, los bloques de la oposición reiteraron el pedido de que no sea presidida por quien es el titular natural de la cámara alta según prescribe la constitución, es decir, el vicepresidente de la Nación, en este caso, Boudou; tras lo cual se produjo un largo "debate" luego del cual la petición fue rechazada por el bloque oficialista, fundándose en lo que estipula el reglamento interno.
Más allá de que lo de Boudou, quien a pesar de hallarse procesado por la justicia se empeña en aferrarse con uñas y dientes a su cargo, excede ya la caradurez y ha pasado a ser lisa y llanamente el cinismo más desvergonzado que pueda exhibirse; también lo de la oposición, conformada por una caterva de personajes con una historia tan triste como el presente que evidencian, no es menos deplorable.
Ver a sujetos payasescos como (entre otros) Juez, quien se auto cataloga como un “enano jetón”; De Angeli, quien luego de su fugaz minuto de fama por cortar rutas y puentes y desabastecer, se hizo implantar los dientes que le faltaban y se convirtió en “legislador” para impulsar “ideas” tales como el trabajo infantil; o esa verdadera vuelta a la vida de la momia de Nefertiti que es la Morandini; o Morales, secretario de Desarrollo Social durante la presidencia de De la Rúa y senador desde hace ¡13 años! (y todavía le quedan 3), presentarse “indignados” instando, a los gritos y con actuaciones declamatorias que ya envidiarían los más consagrados de Hollywood, al mamarracho de Boudou a renunciar, provocaría carcajadas; si no fuese por lo trágico de la situación.
Es patético que quienes se sientan a diario (“a diario” es una forma de decir; me refiero a las escasas oportunidades en que se dignan sesionar) en el senado con Menem, tan luego, quien pese a estar no solamente procesado sino además condenado, sigue siendo senador; u obedecen mansamente a su jefe político Macri, también procesado por la justicia; o no se “escandalizan” de igual manera por compartir congreso con Aguad, quien pese a estar investigado por la fumata de nada menos que 60 millones de dólares durante su intervención en Corrientes –causa esta reciente y “casualmente” declarada prescripta- es vicepresidente de la cámara de diputados, hagan de reclamarle airadamente la renuncia al otro sinvergüenza de Boudou, un espectáculo circense.
Los proxenetas de la política, todos, oficialistas y opositores, han prostituido miserablemente a una República que se ve a diario, cada vez más alejada de los destinos de grandeza que soñaron sus fundadores.
Ah, no quería olvidarme: TN Noticias, justo cuando Cabral, senador por Misiones, estaba haciendo la historia de las escandalosas corrupciones en el senado a lo largo de las décadas; cortó la “noticia” para pasar propaganda y luego no retomar el tema. Imagínese por qué. 678, Página/12 y demás serviles del gobierno, son terroristas del periodismo, sí, sin duda; pero también lo son el grupo Clarín y sus lacayos.
Mientras tanto, los ciudadanos estamos inermes ante esta cáfila de crápulas. Y lo seguiremos estando mientras no nos decidamos a barrer la basura, TODA la basura.
Estamos mal… y vamos peor.


-Juan Carlos Serqueiros-