sábado, 1 de marzo de 2014

KY CHORORÓ: CUANDO DIALOGAN HOMBRE Y AVE




















Escribe: Juan Carlos Serqueiros

"Los pájaros cruzan de un lado a otro; muchos comen en Uruguay y por la noche las bandadas van al otro lado del río y ahí duermen. Esas aves no tienen cédula de identidad, no las detienen las aduanas, ni las banderas... ni a mis canciones." (Aníbal Sampayo)

Del genio creativo de Aníbal Sampayo (Aníbal Domingo Sampallo Arrastúe; n. 06.08.1926, Paysandú, Uruguay - m. 10.05.2007, id., id.) surgió, allá por los años cincuenta, este sobrepaso o rasguido doble:

Ky chororó
Pasa mi río...
caminito de cristal.
Mi dulce río...
canto azul que busca el mar.
Tataupá...
Ky chororó,
ky chororó,
ky chororó.

Rema que rema...
palita de ybyratá.
La luna llena...
medallón en el palmar.

Potro del agua...
canoíta que te vas.
Camino que anda...
hombre, río y soledad.

Sampayo nos transporta a un mundo que nos pinta en frases cortadas en brevedad de rara belleza y que al mismo tiempo de definir un marco; sugieren, atisban, y que tienen una sonoridad propia tan poderosa, que aún sin la melodía; impactan en los sentidos y el espíritu tal como lo hace una eufonía perfecta.
Sin embargo, el juglar no se queda anclado a ese universo minimalista;  sino que en su pasión creadora lo trasciende, introduciendo en el mismo al hombre, contextualizado allí en una mímesis inefable.
Ese hombre, obviamente un pescador, ha salido a ganar su sustento "galopando" enancado a ese potro del agua que es su canoa, por el río; ese caminito de cristal que se le antoja un canto azul que busca el mar. Tiende su mirada sobre la orilla y ve la luna pendiendo como un medallón en el palmar. Se siente cansado y deja momentáneamente esa palita de ybyratá, es decir, el remo; y entonces, en la quietud de la canoa, el río discurre como un camino que anda... hombre, río y soledad. Sampayo conjuga así lo visual, lo paisajístico, con lo metafórico; pero va aún más allá agregando lo fonético: en la silente soledad, el pescador busca alivio a la misma dialogando. Y, ¿con quién? Con un ave. "Tataupá...", la llama; y le llega la réplica de ésta, instándolo a seguir bogando a pesar de la fatiga: "ky chororó" (o sea, rema que rema, en guaraní).
El tataupá (que en ese idioma significa fuego apagado) es un ave de la familia de los tinámidos que debe su nombre al tono grisáceo, ceniciento, de su plumaje. Emite un silbo en tres notas; y de allí que Sampayo en su lírica lo asimile a ky-cho-roró.
En cuanto a la melodía, dejemos que sea un músico (y qué músico) quien nos ilustre al respecto: Leopoldo Polo Martí, extraordinario guitarrista, compositor, director, arreglador y docente que de muy joven integrara el conjunto de Sampayo. Esto es lo que tiene para decirnos al respecto:
  
Esta canción, con ritmo de sobrepaso (o rasguido doble), incorpora muy pocos elementos melódicos, de extracción modal: solo tres notas para el motivo inicial (si-sol-la), agregando la nota mi al final: “Pasa mi río / caminito de cristal; mi dulce río / canto azul que busca el mar”. Luego, al decir “Tataupá; ky chororó, ky chororó, ky chororó”, incorpora otro giro netamente modal (con las notas fa#-mi-fa#-re-mi). La armonía incluye dos acordes para la primera frase, Mim–Lam, y ReM–Mim para la siguiente. Son relaciones armónicas modales, sin sensibles tonales, ni melódica ni armónicamente.
En el libro “El canto elegido”, Sampayo nos dice: “El río (…), como todo elemento natural, tiene su propio ritmo: pausado y ondulante, factor preponderante que determina en el hombre de las riberas, en este caso el compositor, su influyente fuerza creadora…”.
Por eso en esta obra encontramos una sonoridad que nos suena como más “antigua”, que otorga en su melodía una sensación de blandura y ondulación que nos remite al ondular del río, de ese “camino fluvial”, como dice el propio compositor.
Además, es probable que Sampayo haya incorporado esos pasajes modales (presentes en muchas de sus obras) desde su vinculación con el arpa, instrumento diatónico que, cuando se toca música en modo menor (como el caso de Ky chororó), le imposibilita incluir sensibles (salvo la utilización de alguna llave especial que algunos arpistas han incorporado). En el caso del “Ky chororó”, la melodía y armonía pueden tocarse perfectamente en el arpa (afinada en SolM o Mim).


En suma; una canción arrobadora, que conmueve nuestros sentidos y los traspasa, llevándonos a un mundo de realismo mágico  en el que hombre y ave pueden conversar. Sin dudas; una de las grandes creaciones de Aníbal Sampayo.
En este ENLACE pueden escuchar la versión de Jorge Cafrune.

-Juan Carlos Serqueiros-