viernes, 12 de mayo de 2023

CUANDO JUZGAMOS A LOS DEMÁS



















Escribe: Gabriela Borraccetti *

No podemos ser tan ingenuos hasta el extremo de creernos Su Santidad en las intenciones, Su Excelencia en la razón o Su Majestad en cada pronunciamiento.
Apenas invertimos los roles, advertimos que lo que les criticamos a los otros; nosotros también lo hacemos. Pretender que los demás sean como satélites que orbitan a nuestro gusto, es ubicarnos en un sitio que permanentemente levanta el dedo y juzga, y que puede funcionar en la adolescencia y en ciertos grupos de adultos que no crecen y menos aún diferencian entre admiración y endiosamiento.
Criticar y defenestrar o alabar e idealizar, son los extremos que nos hacen vivir en una eterna disconformidad con todo, como si fuéramos el compendio del equilibrio, mirando de reojo o directamente dando la espalda a todos los errores que hemos cometido y que por haberlos cometido, no son pasado sino un estado humano del ser.
Tenemos definiciones para lo correcto, la bondad, el sentido común, la sensatez, la locura, la felicidad y hasta el buen gusto y la verdad; todas fabricadas por el poder y la normalización de dicho poder en nuestras vidas.
Obviamente, con esa vara, que terminamos creyendo propia, multiplicamos el modelo y vamos a medir a los demás, a juzgarlos como buenos, malos, inteligentes, idiotas, falsos, veraces... Le corregimos a alguien hasta las faltas de ortografía aunque entendamos lo que escribe. Pero nos mantenemos siempre vigilantes y en posición de policía, en este caso, del lenguaje.
¡Cómo nos gusta criticar a las fuerzas represoras sin vernos como ellas! ¿Qué tal darse una vuelta por el propio jardín para hacer una buena poda en nuestras actitudes? Algo así como vernos de tamaño humano y nunca divino, cosa de no irnos ni tan alto que un día se nos rompa el pedestal, ni tan bajo de sentirnos insignificantes hasta el límite de la invisibilidad.
Si nos podemos apreciar con el mundo de defectos y virtudes que somos, no podremos ya señalar a casi nadie. Y si bien parece fácil, es un camino contrario al que solemos seguir.
Comencemos por tomar en cuenta que toda verdad es aquella que se impone por fuerza de algún poder y partamos desde allí. En el camino se romperán muchas de las cosas que hoy, sin que las veamos, nos enferman, nos aíslan y ponen a un milímetro los bordes oscuros de una existencia sin sentido.

Lic. Gabriela Borraccetti
Psicóloga Clínica
M. P. 16814

* Gabriela Borraccetti (n. 1965, Vicente López, Buenos Aires), es licenciada en Psicología por la Universidad Argentina John F. Kennedy. De extensa trayectoria profesional, ejerce como psicóloga clínica especializada en el diagnóstico y tratamiento de la angustia, el estrés, los temas de la sexualidad y los conflictos derivados de situaciones familiares, de pareja y laborales. Es, además; poetisa, cuentista, artista plástica y astróloga. Para contactar con ella por consulta o terapia, enviar e-Mail a licgabrielaborraccetti@gmail.com o Whatsapp al +54 9 11 7629-9160.

jueves, 11 de mayo de 2023

SIMPLEMENTE UNA MUJER






















SIMPLEMENTE UNA MUJER
(Poema de Gabriela Borraccetti) *

Tengo al fuego ardiendo en el alma,
Al viento soplando en las venas,
Al huracán rompiendo mi cabeza,
Al cielo durmiendo en un puño....
Y en mi corazón reposa, tranquila,
Simplemente una mujer.

-Gabriela Borraccetti-

Imagen de portada: Margherita Marzotto, "Gabriela", acrílico sobre tela, contemporáneo.

* Gabriela Borraccetti (n. 1965, Vicente López, Buenos Aires), es licenciada en Psicología por la Universidad Argentina John F. Kennedy. De extensa trayectoria profesional, ejerce como psicóloga clínica especializada en el diagnóstico y tratamiento de la angustia, el estrés, los temas de la sexualidad y los conflictos derivados de situaciones familiares, de pareja y laborales. Es, además; poetisa, cuentista, artista plástica y astróloga.
Para contactar con ella por consulta psicológica o terapia psicoanalítica, enviar e-mail a licgabrielaborraccetti@gmail.com o whatsapp al +54 9 11 7629-9160.





miércoles, 10 de mayo de 2023

SI YO...




































SI YO…
(Poema de Juan Carlos Serqueiros)

Si me hubiese quedado
En la superficie de la vida,
Aún por ella nadaría
Como esclavo del logro
En una carrera demencial
De ejecutivo exitoso,
Pisando cabezas y cuidando la mía,
Viviendo de primera
En una suite cinco estrellas,
Navegando en mares propicios
De Recoleta o Las Cañitas
En busca de sirenas tilingas,
Gastando cada noche
Como si fuera la última.
Si me hubiese quedado
En la superficie de la vida,
No habría buceado en mi corazón
Hasta en él encontrar el amor
Que por tanto tiempo busqué
Y en lo profundo de mí habitaba.
Si me hubiese quedado
En la superficie de la vida,
No habría revisado el universo
Para poder al fin hallar
A la mujer que es mi par
Y conmigo comparte todo.
Si me hubiese quedado
En la superficie de la vida,
Habría muerto para siempre…
Sin La Otra Mitad.

-Juan Carlos Serqueiros-

Imagen: Adam Martinakis, “The Other Half (La otra mitad)”, técnica digital, 2023.

lunes, 8 de mayo de 2023

CITROËN








































Escribe: Juan Carlos Serqueiros

Carlos de la Púa (Carlos Raúl Muñoz y Pérez, n. La Plata, 14.01.1898 - m. Buenos Aires, 09.05.1950), también conocido como Carlos Raúl Muñoz del Solar o El Malevo Muñoz, fue un periodista y poeta que nos dejara viñetas crudelísimas de aquella Buenos Aires de las primeras décadas del siglo XX, en su libro La crencha engrasada (ed. 1928), que dedicó "a todos los canillitas de Buenos Aires y con especial devoción a la figura histórica de El Diente, don Eduardo Dughera" y "a mis rivales en el cariño de Buenos Aires: Nicolás Olivari, Raúl González Tuñón y Jorge Luis Borges".



En unos de los poemas incluidos en dicha obra, titulado "Citroën", este mimado por la musa rea nos pinta la evocación sentida, melancólica y apenada, que un yo poético (tal vez mimetizado con él mismo o no; ignoro, como todos, si los versos se los inspiró una vivencia propia) hace de una ex prostituta después "evolucionada" en mantenida.

CITROËN
(Carlos de la Púa)

Siempre en cucliya te miró mi pena,
antes de ser lo que sos hoy: bacana,
en la enlozada vieja en que se entrena
el políglota loro de Ritana.
Después, con más chiqué y con más tacto,
en la aliviada que te dio la guita,
te divisé montada al artefacto
que Lola Mora en el Balneario imita.
Y en el Florida matutino
que cantara Rubén en verso fino,
te campanié de nuevo, embelesado.
En la higiénica imagen atrevida,
tu blanco Citroën de mantenida
era como un bidet estilizado.

"Siempre en cucliya te miró mi pena / antes de ser lo que sos hoy: bacana, / en la enlozada vieja en que se entrena / el políglota loro de Ritana": conoció a la señorita en cuestión, cuando ella era pupila en un queco, un tugurio del centro, disfrazado de "pensión", que quedaba por entonces en la calle del Temple (actual Viamonte) entre Esmeralda y Maipú, y que era conocido como “lo de la Ritana” porque lo regenteaba una italiana que se hacía llamar Madame Jeanne, y cuyos nombre y apellido verdaderos eran Giovanna Ritana. Esta fulana, para explotar (además de a sus pupilas, las cuales eran "provistas" por la Sociedad de Varsovia, una tenebrosa organización delictiva dedicada a la trata de blancas, que raptaba de sus países y traía al nuestro, mujeres polacas, rusas, rumanas, húngaras, etc.) la ficción instalada en el imaginario colectivo con respecto a las tan codiciadas putas francesas; había trocado su nombre en el equivalente galo: Jeanne, y alentaba a que la llamasen por el diminutivo: Jeannette; pese a lo cual en el vocabulario corriente, en la yeca, se referían a ella con el mucho más apropiado "la Ritana", tal como señalé precedentemente. Las mujeres que laburaban allí eran de distintas nacionalidades, y por eso lo de "políglota loro de Ritana", debido a las palabras en diversos idiomas que en ese establecimiento podían oírse, y porque a las prostitutas extranjeras se les decía "loras" (de allí, precisamente, viene la expresión la concha de la lora). Así, el vate, con su maravilloso poder de síntesis, nos regala esa magistralmente ilustrativa metáfora.


Seguidamente, el hablante lírico de la poesía se retrotrae en el tiempo y la evoca con un dejo de lástima por la vida que ella llevaba al momento de conocerla ("te miró mi pena"). La recuerda en cucliya (en cuclillas, agachada), lavándose, después del acto sexual, las partes íntimas, en una palangana mugrosa, compartida con las demás ("la enlozada vieja", refiriéndose a esa especie de jofaina enlozada que se usaba por entonces en casi todas las casas -y obviamente, también en los lupanares-; ya que artefactos como el inodoro, el bidet y la bañera, eran artículos de lujo, carísimos y reservados a muy poca gente).


"Después, con más chiqué y con más tacto, / en la aliviada que te dio la guita": la recuerda cuando ella ya no laburaba en el prostíbulo de la Ritana, sino en otro más lujoso o quizá en un derpa propio o alquilado. Había adquirido más roce, cierta cultura y fineza en el trato ("más tacto"), y adoptado modales chiqué, esto es, ostentosos, diqueros. La mina venía cazando un buen billete porque se había transformado en una puta cara ("la aliviada que te dio la guita").


"Te divisé montada al artefacto / que Lola Mora en el balneario imita": geniales metáforas de Carlos de la Púa. "Te divisé montada al artefacto", es decir, ella ya no terminaba de fifar y se lavaba en una palangana como hacía antes en lo de la Ritana, sino que ya disponía de un bidet, y entonces; lo hacía "montada" en él.


Y todavía más impactante: el "artefacto que Lola Mora en el balneario imita" es una analogía entre el bidet en el que la mina se lava, y la obra "La Fuente de las Nereidas", de la escultora tucumana Lola Mora, en la cual se representa el nacimiento de la diosa Venus. En el centro de la escultura, una nereida sostiene una valva, es decir, una concha de ostra, gigante, de la cual surge Venus. Por eso, el imaginario popular de la época asociaba esa escultura a una mujer lavándose, justamente, la vagina en el bidet. Y lo de "en el Balneario", es porque la Fuente de las Nereidas está ubicada en la Costanera Sur, en una parte donde a principios del siglo XX estaba situado el Balneario Municipal de Buenos Aires, cuando el río de La Plata aún no estaba contaminado y la gente podía bañarse en sus aguas.


"Y ayer, en el Florida matutino / que cantara Rubén en verso fino, / te campanié de nuevo, embelesado": otra metáfora que evidencia la gran cultura general que ostentaba Carlos de la Púa: el día anterior, justamente ("ayer"), se la cruzó a la mina, ya convertida en una gran dama, paseando por la calle Florida. Y la campanea "embelesado", es decir, la contempla admirado; ella está hecha una diosa. Y lo de "que cantara Rubén en verso fino", se refiere al poeta nicaragüense Rubén Darío (a quien De la Púa admiraba con devoción y hasta se sabía de memoria sus poemas), que por esa época vivía en Buenos Aires, deslumbrado por el aspecto de gran metrópolis que estaba adquiriendo nuestra capital, e hizo unos hermosos versos descriptivos del hechizo que le provocaba la calle Florida.
"En la higiénica imagen atrevida / tu blanco Citroën de mantenida / era como un bidet estilizado": La ve a la mina subir a su coche, un Citroën blanco, auto de "mantenida". Es decir que ella ya no es la trola que él conoció en un prostíbulo y siguió frecuentando después en otro más caro; ahora la percanta pelechó, vive como una bacana, dejó la "profesión" y es la querida, la amante de un tipo con mucha guita que le regaló el auto. Entonces, él compara las veces en que la vio, tiempo ha, en aquel quilombo, lavándose ("higiénica imagen atrevida"), primero en una palangana y luego en un bidet; con la imagen que le proyecta ahora: hecha una gran dama en su Citroën blanco, el cual a él se le antoja un "bidet estilizado".
Ah, y le dejo aquí una perlita adicional, una yapa, digamos: no tiene absolutamente nada de casual que el poeta haya elegido justo ese auto; porque ocurre que el Citroën 5 CV fue el primero de los modelos de esa marca que ingresó a nuestro país allá por los años 20, y que precisamente, había sido diseñado por André Citroën para el público femenino.


Y colorín colorado, este poema ha terminado. Si le gustó, mi querida/o amiga/o, no se prive del placer de leer todo el libro La crencha engrasada. Es más, salga corriendo a comprarlo, y si no lo encuentra o no tiene dinero para adquirirlo; entonces mándeme un comentario por acá, a este ghetto que hemos dado en llamar Esa Vieja Cultura Frita, y gustoso se lo enviaré en formato digital por correo electrónico.
¡Hasta la próxima!

-Juan Carlos Serqueiros-

domingo, 7 de mayo de 2023

CINCO COSAS QUE HABLAN DE UN EGO INSUFRIBLE






















Escribe: Gabriela Borraccetti *

PRIMERA: TE ENORGULLECEN LOS HALAGOS


Si te levanta el ánimo lo que los demás vean en ti, es porque predominan en tu interior una dependencia al aplauso y una paupérrima valoración genuina de tus capacidades.

SEGUNDA: CONSERVAS CIERTOS LAZOS PORQUE TE HACEN SENTIR IMPORTANTE


Aunque cierta gente no te llame la atención, te parezca sosa y carente de sinceridad; conservas el lazo porque ha elegido halagarte y deshacerse en piropos que decides creer. Capturada/o en tu ego, necesitas al menos esa dosis de admiración ya que "peor es nada" o "todos necesitan un perro que les mueva la cola". La autoestima devaluada y un gran complejo de inferioridad se abaten detrás de este gesto.

TERCERA: TE JACTAS DE QUE NADA TE AFECTA


La búsqueda de una imagen dura y el adorar extirpar vestigios de sensibilidad en las respuestas emocionales, son un refugio al pobre ego que se nutre sólo de la mirada y la opinión del otro. El problema es que la real protección y la evitación de todo sufrimiento, no llegan a partir de una "postura" o de una desconexión afectiva (lo que consume mucha energía en represiones y bloqueos), sino de una aceptación de los propios límites y dolores. Es imposible protegerse falsificando una postura y menos siendo inmune al lado sensible de la vida. Si no, prueba con anestesiar tu mano y ponerla en aceite hirviendo. Al finalizar el efecto anestésico, veras que la realidad te trae un gran dolor.

CUARTA: HACES GALA DE SER DIRECTA/O CUANDO EN REALIDAD ERES HIRIENTE


Quienes necesitan remarcar el famoso "yo digo lo que siento", suelen ser personas que desean de-mostrar su frontalidad siendo hirientes. Son conscientes de que lo que están diciendo es una punta de lanza clavada en el otro; pero para no hacerse cargo de su ira, deciden disfrazar esta puñalada de una cualidad aceptable como lo es el decir algo en la cara en lugar de por la espalda.

QUINTA: ¡YO SÓLO DIGO LA VERDAD!


Quienes se sitúan en este pedestal están decretando, con su propio y único voto, que el resto está equivocado, confundido o es inferior. Para afirmar que lo que se dice es lo único que debe ser tomado en cuenta, se debe autoproclamarse fuera de toda duda, falencia e imperfección humana, es decir, necesitar colocarse en el lugar de dios. ¡Vaya personalidad delirante!, ¿no?


Como siempre, la inflación del ego, está detrás de todas estas máscaras que utilizamos para tapar aquello que nos parece deplorable: orgullos, miserias, dependencias, inferioridades, narcisismo e infantilismo en los que se ha quedado atascado el nuestro.

Lic. Gabriela Borraccetti
Psicóloga Clínica
M. P. 16814

* Gabriela Borraccetti (n. 1965, Vicente López, Buenos Aires), es licenciada en Psicología por la Universidad Argentina John F. Kennedy. De extensa trayectoria profesional, ejerce como psicóloga clínica especializada en el diagnóstico y tratamiento de la angustia, el estrés, los temas de la sexualidad y los conflictos derivados de situaciones familiares, de pareja y laborales. Es, además; poetisa, cuentista y artista plástica.
Para contactar con ella por consulta psicológica o terapia psicoanalítica, enviar e-Mail a licgabrielaborraccetti@gmail.com o Whatsapp al +54 9 11 7629-9160.

jueves, 4 de mayo de 2023

PARA LAS FRASES SIMPLES























PARA LAS FRASES SIMPLES
(Poema de Gabriela Borraccetti)*

Algunas veces extraño
Sentarme a ronronear frases
Hacerlas pasear ida y vuelta
Por las veredas de mi frente.
Eran diálogos largos,
Complejos, rebuscados
Y en la mayoría de los casos,
Eran frases inteligentes.

Algunas tenían el signo
De la inquieta compañía
En los desiertos varios que habitan
Los tantos huecos de un día.

Quizá (tan sólo quizá)
Fue el modo de olvidar recuerdos
De alguna cirugía
Hecha a corazón abierto:
Los latidos que paran,
La sangre que se detiene
Y las huestes de fantasmas
Que gritan, que van y vienen.

Algunas veces extraño
Llevar los ojos nublados
Caminar como si las calles
No tuviesen bocacalles
Con semáforos en verde
Para mis negras tormentas
De rímel y pestañas
De dolor en cámara lenta.

De a poco se van abriendo
Los ojos a las canciones
Y escuchas a las miradas
Sonreír en los rincones.
Es que cuando el tiempo pasa,
Se nos arruga la frente,
Las frases se hacen simples,
Y el corazón… se vuelve mente.

-Gabriela Borraccetti-

* Gabriela Borraccetti (n. 1965, Vicente López, Buenos Aires), es licenciada en Psicología por la Universidad Argentina John F. Kennedy. De extensa trayectoria profesional, ejerce como psicóloga clínica especializada en el diagnóstico y tratamiento de la angustia, el estrés, los temas de la sexualidad y los conflictos derivados de situaciones familiares, de pareja y laborales. Es, además; poetisa, cuentista y artista plástica.
Para contactar con ella por consulta psicológica o terapia psicoanalítica, enviar e-Mail a licgabrielaborraccetti@gmail.com o Whatsapp al +54 9 11 7629-9160.

POR LAS ORILLAS DEL TIEMPO




























POR LAS ORILLAS DEL TIEMPO
(Poema de Juan Carlos Serqueiros)

Decido emprender un viaje,
Una ojeada retrospectiva,
Por las orillas sinuosas del tiempo.
Vuelvo a pisar los charcos
De mis acumuladas porquerías
Que (cosa rara),
Ya no me espantan
Ni me avergüenzan,
Porque siendo mi propio dios,
Me lo he perdonado todo;
Aunque sin olvidar nada.
Camino por los tierrales
De las calles de mi infancia,
Me pierdo en los laberintos
De mi obsoleta adolescencia,
Transito raudo el cegador asfalto
Por la avenida engañadora
Del que no teniendo nada,
Creyó ¡torpe! tenerlo todo.
Después, una gira fugaz
Por los callejones sombríos
De mi terrible inconsciencia.
Vuelvo la cabeza en previsión
De que me siga algún fantasma,
Más por suerte no hay ninguno
(O al menos; no lo distingo);
No sé si los habré alejado
O quizá fueran creaciones
De mis pasiones turbulentas
O de mis glandulares demandas
O de alocadas creencias.
Sí, voy ligero de equipaje:
Sólo cargo una maleta con sueños,
Y también un par de odios,
Que a mi pesar (o tal vez no tanto),
Siguen allí, en mis bolsillos,
Como vendettas pendientes,
Como acreencias sin cobrar.
Entonces, rebusco en mi alma:
Abro el placar, y aliviado,
Lo compruebo limpio y fresco,
Sin hedores de sangre y muerte,
Sin cadáveres guardados.
Resuelvo poner final al trip
Y desde las orillas del tiempo
Emerjo por mi corazón;
Veo que estoy vivo…
Y que sigo siendo yo.

-Juan Carlos Serqueiros-

Imagen: Jeff Simpson


martes, 2 de mayo de 2023

PERSONALIDADES CAMALEÓNICAS





















Escribe: Gabriela Borraccetti *

Los límites no debieran ser limitaciones, sino bordes claros en donde delinear una figura. Por ejemplo, el cuerpo tiene un límite visible, y nadie podría confundirnos con la persona, los objetos o las plantas que se encuentran a nuestras espaldas o se hallan fuera del campo de lo que llamamos "yo". Allí donde puede destacarse algo que sobresale y resalta, se delinea el centro de un foco que nos permite saber dónde algo o alguien comienza y termina, estableciendo, gracias a lo claro de la imagen, una identidad en tanto otro con el que podemos interactuar.
Cuando alguien confunde la figura con el fondo, pasa a ver al otro como algo amorfo, y por ello, necesariamente se extra-limita; observando esa realidad que tiene frente a sí, como si fuese una mancha borrosa; tal como si le faltaran los lentes correctos para distinguir lo esencial de lo secundario; o los bordes del fondo. Su dificultad en observar límites, se traduce entonces en problemas para establecer los propios bordes; mostrándose como peces sumamente resbaladizos, que difuminan todo lo que dicen, hacen, piensan, muestran de sí, y hacen.
Son las típicas personas que hablan y no saben cuándo parar de hablar; son aquellos en cuyas vidas, los vínculos se "chocan" y mezclan, sin saber dónde empiezan las obligaciones de uno y los derechos de otro; sin existir nociones claras de "autoridad"; y que guardan, bajo una aparente docilidad, el sentimiento de ser "víctimas" de la falta de claridad y límites de los demás.
Por supuesto, para quien carece de bordes claros, es muy difícil no cambiar de forma-identidad, gracias a lo endeble de su contorno; y es por eso que ellos mismos actúan como si fuesen camaleones, decepcionándose muy seguido en sus vínculos, cuando el otro se ve abrumado por la constante metamorfosis a la que inconscientemente echan mano cada vez que insisten en traspasar las barreras que delimitan el contorno ajeno.
Gracias a este tipo de dinámica, nunca se sienten satisfechos con lo obtenido en la relación yo-tú; y es por ello que buscan en una persona, en otra, y en otra más; a alguien que los escuche indefinidamente, los comprenda indefinidamente, los atienda indefinidamente, los contenga indefinidamente y los sostenga ilimitadamente. Les resulta prácticamente imposible distinguir entre el propio lugar y el del otro; generando todo tipo de situaciones incómodas que finalizan normalmente con un portazo o la construcción de un murallón, cosa que se entienda que ya no se tolera más el "traspaso" de fronteras.
Fácilmente, se puede deducir que tal tipo de ida y vuelta genera agresión en el entorno, y es por ello que las relaciones suelen tener finales bastante dolorosos y álgidos, o volverse realmente insidiosos; reafirmando el mito personal de que la vida es injusta, dolorosa, y que es necesario convertirse en mártir, o en alguien que termina por creerse espiritualmente superior, gracias a su capacidad de sufrimiento. Así es como el círculo vuelve a empezar.
El exceso de límites construye una personalidad rígida. La falta de ellos, impide una clara identidad. En el medio, se encuentra la personalidad sana.

Lic. Gabriela Borraccetti
Psicóloga Clínica
M. P. 16814

* Gabriela Borraccetti (n. 1965, Vicente López, Buenos Aires), es licenciada en Psicología por la Universidad Argentina John F. Kennedy. De extensa trayectoria profesional, ejerce como psicóloga clínica especializada en el diagnóstico y tratamiento de la angustia, el estrés, los temas de la sexualidad y los conflictos derivados de situaciones familiares, de pareja y laborales. Es, además; poetisa, cuentista y artista plástica.
Para contactar con ella por consulta psicológica o terapia psicoanalítica, enviar e-Mail a licgabrielaborraccetti@gmail.com o Whatsapp al +54 9 11 7629-9160.

PALIMPSESTO





































Escribe: Juan Carlos Serqueiros

Tampoco nosotros tenemos suficiente pergamino, y por eso carecemos del que poder enviaros; pero os hemos enviado dinero con el que, si así lo disponéis, podáis comprarlo. (San Braulio, obispo de Zaragoza, siglo VII)

Palimpsesto, del latín palimpsestus y éste del griego παλίμψηστος (de πάλινpalin—: de nuevo, otra vez, nuevamente; y ψάωpsao—: raspar, frotar), es un vocablo utilizado para designar a un manuscrito antiguo sobre pergamino o vitela (y también sobre papiro, aunque no haya evidencia material de ello; pero sí referencias en algunos pasajes de las obras de Plutarco y Cicerón) en el cual el texto originalmente grabado en él, haya sido borrado, de modo que ese mismo soporte pudiera admitir otra scriptio (llamada "superior"); pero a la vez, dejando percibir rastros de la que fuera eliminada ("inferior").
Ya en el medioevo, la conquista de Egipto en el siglo VII por parte de los árabes, trajo aparejado el cese de la comercialización de papiro.


En cuanto al papel (inventado por los chinos en el siglo II a.C.), recién sería introducido por los árabes en España en el siglo X, y si bien su fabricación empezó a extenderse por Europa a partir de los siglos XI y XII; no sería sino hasta la segunda mitad del XV que se estimularía la misma, como consecuencia de la invención de la imprenta de tipos móviles que se atribuye a Gutenberg. Asimismo, los altos costos que representaba la producción de pergamino, lo convertían en un soporte carísimo (y la vitela lo era más aún), y de allí, pues, la necesidad para los monjes y copistas de reutilizarlos.
Entre los más famosos pueden citarse el Codex Nitriensis, copiado en el siglo IX por el monje Simeón (¿de Durham?) que transcribió en siríaco un tratado de Severo de Antioquía en una vitela de la cual previamente se habían borrado copias en griego del siglo V o VI, a lo sumo, de La Ilíada de Homero, Elementos de Euclides y el Evangelio de Lucas. En la actualidad, se halla en la Biblioteca Británica, en Londres, Inglaterra.


Y el hoy por hoy más célebre de los palimpsestos, el llamado de Arquímedes, que tiene una interesantísima historia: en el siglo X, en Constantinopla (actualmente y desde 1930, Estambul), un anónimo escriba compuso un códice en el cual había copiado en griego seis tratados de Arquímedes y un juego griego, una especie de rompecabezas geométrico, cuya creación se le atribuye: Sobre el equilibrio de los planos, Sobre las espirales, Medida de un círculo, Sobre la esfera y el cilindro, Sobre los cuerpos flotantes, El método de los teoremas mecánicos y Stomachion. Tres siglos después, posteriormente al saqueo de Constantinopla durante la Cuarta Cruzada, el códice fue a dar a Jerusalén, donde en 1229 un monje llamado Johannes Myronas lo deshizo, cortó por la mitad las hojas de pergamino que lo componían y borró, aplicando zumo de naranja, los textos de Arquímedes, tras lo cual utilizó ese soporte junto a otros seis códices para hacer un libro de salmos y oraciones cristianas del rito griego. El libro permaneció cuatro siglos en el monasterio de San Sabas, en Judea; tras lo cual fue reintegrado a Constantinopla. Allí, en 1846, lo examinó el lingüista alemán Konstantin von Tischendorf, quien descubrió que bajo la escritura litúrgica había textos de Arquímedes y se quedó con uno de los folios (el cual se halla actualmente en la biblioteca de la Universidad de Cambridge, en Inglaterra); hasta que en 1906, el filólogo e historiador danés Johan Ludvig Heiberg examinó el palimpsesto y lo fotografió concienzudamente, publicando en 1910 y 1915 los resultados de su investigación. Al estallar la Primera Guerra Mundial, el libro desapareció (luego se descubriría que había permanecido en manos de distintos coleccionistas privados), hasta que en 1998 fue subastado por Christie's en Nueva York, siendo adquirido en la suma de U$S 2.200.000 por un comprador que no quiso revelar su identidad y que después lo entregó en guarda al Walters Art Museum de Baltimore, Estados Unidos, para que fuera restaurado y descifrado. Concluido el proceso de restauración y conservación de las páginas, las mismas fueron digitalizadas y analizadas con modernas tecnologías, y así el museo logró transcribir el 80% de los textos y la Universidad de Stanford hizo lo propio con el resto, trabajos estos merced a los cuales la humanidad conoce hoy y a partir de 2008 en que fueron publicados íntegramente y subidos a Internet, Método de los teoremas mecánicos de Arquímedes que se creía perdido para siempre, y dispone de la única copia en griego de Sobre los cuerpos flotantes.



También diversos escritores se han ocupado de los palimpsestos en la literatura. Así por ejemplo, Arthur Conan Doyle en El regreso de Sherlock Holmes, "Las gafas de oro" (págs. 344 a 348 de la edición digital de Sherlock Holmes. La colección completa, eBooks con Estilo, 2012), hace aparecer a su famoso detective intentando descifrar uno de ellos, en compañía de su semper fidelis Watson, sumido éste a su vez, en la lectura de un tratado médico; y por su parte, Edgar Allan Poe en "El escarabajo de oro" (págs. 69 a 105 de Edgar Allan Poe. Historias extraordinarias, Emecé Editores S.A., Buenos Aires, 1947) nos describe a su personaje Guillermo Legrand descubriendo el tesoro enterrado del pirata Capitán Kidd, lo cual logra a través de descifrar un palimpsesto (si bien el autor no lo designa específicamente con esa palabra) en vitela cuyo texto oculto se evidencia al aplicarle calor al documento.
Sería caer en lo maniqueo adherir a quienes postulan la tesis de atribuirle al cristianismo la intención expresa y manifiesta de condenar al olvido textos técnicos y científicos de la tardo  antigüedad borrándolos para sobre escribir en sus soportes, otros de carácter religioso y litúrgico. Al respecto, señala Angel Escobar en El palimpsesto grecolatino como fenómeno librario y textual: "Por lo demás, es obvio que el texto que acaba por imponerse en el códice sobre su precedente refleja una preferencia, pero no necesariamente —es más: a buen seguro, sólo de manera excepcional— una postergación deliberada de ese texto subyacente en concreto, ni siquiera reconocido con frecuencia, en los centros de copia, entre el magma de ese prontuario de pergamino al que antes hacíamos referencia. No cabe hablar, en este sentido, de una acción concertada frente a un tipo de literatura en concreto, frente a un canon en decadencia: seguramente no fue la animadversión hacia el texto de Arquímedes lo que motivó la reutilización del códice que lo albergaba, sino la indiferencia hacia él, como en el caso de tantos otros autores griegos y latinos. Sí, más bien, cabe establecer hipótesis sobre el declinar de unos cánones (a veces sólo pasajeramente, en el intervalo entre dos 'renacimientos' culturales) y el aflorar de otros en el momento de la reutilización de los códices, por mucho que apenas pueda irse más allá de una delimitación de tendencias generales".
No obstante lo citado; entiendo menester no soslayar la consideración de que el libro de Escobar fue auspiciado y editado por las cristianísimas Institución "Fernando el Católico" y Universidad de Zaragoza.
Y ahora ya sabe usted, estimado lector, a qué se refieren cuando le mencionen la palabra palimpsesto o cuando la vea escrita.
Después de todo, también podríamos considerar a la historia como un gran palimpsesto en el cual continuamente el hombre (que constituye el objeto y el sujeto de la historia); borra y reescribe ora la crónica de sus propias grandes hazañas, ora la abyección de sus propias miserias.
¡Hasta la próxima!

-Juan Carlos Serqueiros-