lunes, 23 de enero de 2012

PEDÍA SIEMPRE TEMAS EN LA RADIO




Escribe: Juan Carlos Serqueiros

Pedía siempre temas en la radio
(Solari) 


No, no, ciego en la bruma
bellamente sangra su nariz
van a tragarlo arenas movedizas
(pagará caro lo tonto que fue)

Un tipo remilgado, un garabato
que fue de los juguetones
y es el pingüino más gil

¡Clavel! ¡Zonzo! ¡Cachivache!
con el tiempo la reja comió.
¡Pedía siempre temas en la radio
Y nunca los quería oír!

Un espantajo turbio, un despiadado más
Caníbal de opereta, ¡pedazo de pendejón!

No salió nada de él... nada en los diarios
No se habló nunca de él, infeliz, nada...

Condenado a no ser titular nunca.
Ni un momento estelar... nada en los diarios.
Pudo vivir con eso sólo un tiempito más
luego se puso ciego y la bruma se lo tragó

Mucho puntaje bajo, nada esperanzador.
¡Si se le incendia el culo, él no lo sabe apagar!
¡No! ¡no!... sueño con presagios
una tragedia le quiere montar
todos la vemos en sus ojos muertos
¡Muestran su mala señal!

¡Muestran su mala señal!


Para el título, el Indio utiliza una frase que pinta cierta vieja costumbre de gente que está presa: la de comunicarse con las distintas emisoras de radio para solicitarles que pasen determinados temas musicales.
La letra cuenta lo sucedido a un tipo cualquiera, que la va de vivillo, y en realidad, es un terrible pelotudo, un “pedazo ‘e pancho”.
“No, no, ciego en la bruma / bellamente sangra su nariz / Van a tragarlo arenas movedizas / (pagará caro lo tonto que fue)”: Comienza pintando el cuadro de situación: un chabón que se dedica a distribuir drogas y es a la vez un consumidor ("bellamente sangra su nariz"), que en razón de alguna torpeza que cometió ("pagará caro lo tonto que fue"), cae preso, lo meten en naca, en la "tumba", en el “pozo” ("van a tragarlo arenas movedizas").
“Un tipo remilgado, un garabato / que fue de los juguetones / Y es el pingüino más gil”: El tipito era remilgado, es decir, era muy delicado, muy cuidadoso en cuanto a los riesgos que corría. Hasta ahora, se las venía arreglando bastante bien para disfrutar de ciertos "jueguitos" (“fue de los juguetones”), sin dejar por eso de esquivarle el bulto a la yuta, pero... siempre hay un pero para esta gente: el chabón se creía un piola bárbaro y terminó siendo un gil cualquiera, un pancho (“el pingüino más gil”, porque el pingüino es también llamado pájaro bobo).  Al tipito lo cazó la policía y chau, fue...
“¡Clavel! ¡Zonzo! ¡Cachivache! / Con el tiempo la reja comió / ¡Pedía siempre temas en la radio / Y nunca los quería oír!”: Una remarcación de lo citado en la anterior estrofa: el muchachito ese es un pancho en todo el sentido de la palabra ("clavel, zonzo, cachivache"). Lo meten en la cárcel y adquiere la costumbre de todo tumbero: la de pedir temas musicales a las radios. Sólo que lo hace al pedo, porque después cuando las emisoras pasan los temas que pidió; el chabón no los escucha. En su desesperanza y tremenda depresión por estar en cana, nada le sirve para sentir alguna compañía; ni siquiera la de la radio que le pasa las canciones que solicitó.
“Un espantajo turbio, un despiadado más / Caníbal de opereta, ¡pedazo de pendejón!”: El tipo la iba de duro, aparentaba comerse crudo al que cuadrara ("caníbal de opereta"); pero en realidad era un gil de cuarta, un "espantajo turbio", un "pedazo de pendejón". El Indio apela al término "pendejón”, es decir, aumentativo de “pendejo”, pero no en el sentido que le damos en la Argentina a la expresión "pendejo", usada para designar a alguien muy joven; sino que la emplea con la significación que se le da en Centroamérica, en determinadas regiones de España y en las comunidades latinas que viven en Yanquilandia: allá usan esa palabra para referirse a alguien como torpe, boludo, chichipío, pancho, digamos.
“No salió nada de él... nada en los diarios / No se habló nunca de él, infeliz, nada. / Condenado a no ser titular nunca / Ni un momento estelar... nada en los diarios”: Era un marginal de tan escasa significación, que ni siquiera el delito que lo mandó en cana mereció una nota periodística, aunque más no sea, perdida en la sección "Policiales" de los diarios. Ni siquiera como delincuente tuvo alguna resonancia.
“Pudo vivir con eso sólo un tiempito más / luego se puso ciego, la bruma se lo tragó / Mucho puntaje bajo, nada esperanzador / ¡Si se le incendia el culo, él no lo sabe apagar!”: Al caer preso, durante algún tiempo ("sólo un tiempito más"), el tipito concibió alguna esperanza de sobrevivir en el ambiente de la cárcel; pero esa ilusión fue breve, efímera. Ahora comprende que está frito, que es carne de tumba, y la muerte se le aparece clara en breve. Él no va a sobrevivir a su estadía en la cárcel, sencillamente porque es un auténtico "chabón" (chabón en el sentido carcelario de la palabra, se entiende, o sea, un ñato recién llegado a la prisión, nuevo en ella), que no está preparado para eso (“luego se puso ciego”, es decir, no veía salida). Y “la bruma se lo tragó”, porque cayó rápidamente en el olvido de todos, nadie reparó más en él ni se acordó de que existía. En semejante contexto, no tiene chance alguna de sobrevivir (“mucho puntaje bajo / nada esperanzador”); porque "si se le incendia el culo, él no lo sabe apagar", es decir que se lo pasan todos los demás presos, se lo cogen todos, y él no atina a hacerse respetar, no sabe cómo hacerlo.  
“¡No! ¡no!... sueño con presagios / una tragedia le quieren montar / Todos la vemos en sus ojos muertos / ¡Muestran su mala señal! / ¡Muestra su mala señal!”: Así las cosas, no es muy difícil inferir lo que le espera al chabón, y es inevitable caer en predecirle lo peor (“no, no, sueño con presagios”). Otros presos, en combinación con los guardia cárceles que harán la vista gorda; lo van a amasijar ("una tragedia le quieren montar"). Y esa tragedia se adivina en su mirada, que permite atisbar el destino que le espera (“todos la vemos en sus ojos muertos / ¡muestran su mala señal!”).


-Juan Carlos Serqueiros-

domingo, 22 de enero de 2012

CUANDO SUENA EL TIMBRE










































Escribe: Juan Carlos Serqueiros

Hoy, especialmente hoy, cuando el FBI de Yanquilandia persigue a Taringa, así como persigue y acosa a todo aquel que no quiera someterse mansamente a los dictados del imperio del norte, quiero recomendar este libro que, además de hacer pasar momentos gratísimos de amena lectura; adquiere imprevistamente, en función de lo antedicho, una renovada vigencia: "Cuando suena el timbre" ("The Doorbell Rang" en el inglés original).
Tal es el título de la novela escrita por Rex Stout (EE.UU., n. 01.12.1886 - m. 27.10.1975) en 1965, y publicada ese mismo año por Viking Press, empresa perteneciente al grupo editorial Penguin Random House. Está protagonizada por quien es el personaje fetiche de Stout: Nero Wolfe, un detective de origen montenegrino radicado en Nueva York. Nero es, además de un genio dotado de extraordinaria inteligencia y alta erudición; un excelente gourmet, reputado entre los mejores y más exigentes del mundo, vive en una sólida casa de piedra oscura situada en la calle 35 Oeste y cultiva orquídeas. Wolfe es un misógino y cuasi misántropo, increíblemente gordo, incansable bebedor de cerveza y consumidor sólo de los deliciosos platos que para él cocina su chef alemán Fritz; no sale jamás de su casa, y se vale para sus investigaciones de su ayudante, Archie Goodwin, que es como sus ojos, brazos y piernas.
¿La sinopsis de la novela me pide, mi querido amigo lector? Cómo no: La cosa arranca cuando la señora Rachel Bruner, viuda y heredera de un importante conglomerado inmobiliario, adquiere 10.000 ejemplares de un libro crítico contra el FBI, y los envía por correo a destacadas y prominentes figuras de todo el país. Por ello, es espiada y acosada por el FBI (a la sazón, dirigido por J. Edgar Hoover), ante lo cual contrata, por una cifra sideral (y bueno, che, qué quiere... al fin de cuentas, los gustos caros del detective y su tren de vida, por alguien deben ser solventados, ¿no?) los servicios de Wolfe para que concluya con la persecución a que está siendo sometida. Paralelamente a ello, el inspector Cramer, de la policía de Nueva York, está convencido de que el FBI asesinó a Morris Althaus, un periodista que, oh casualidad, estaba investigando para un artículo que se anunciaba ferozmente crítico contra sus métodos y procederes.


La novela se le inspiró a Stout a partir de que el año anterior, esto es, 1964, el periodista e historiador estadounidense Fred James Cook había escrito una serie de artículos recopilados en libro bajo el título "El FBI que nadie conoce". Cuando lo leyó, Stout, liberal de izquierda, pro laborista y pro New Deal de Franklin D. Roosevelt, y que consideraba a J. Edgar Hoover un megalómano peligroso para la democracia, quedó encantado con él, escribió "Cuando suena el timbre" y le envió a Cook una copia autografiada del manuscrito, agradeciéndole el haberlo inspirado.

-Juan Carlos Serqueiros-



RODANDO






















Escribe: Juan Carlos Serqueiros

Rodando 
(Beilinson - D'Aviero - Solari)

Rodando, montado a un tren especial
rodando, en alquiler.
Rodando, mi amor elige el lugar
rodando, para estallar.
Siempre estoy marchándome
esto no me va a embrujar.
Rodando, a salvo de tu favor
rodando, sin orbitar.
Rodando, mi amor elige el lugar
rodando, para estallar.
Siempre estoy marchándome
esto no me va a embrujar.
Rodando, montado a un tren especial
rodando, sin orientar.
Rodando, a salvo de tu favor
rodando, en alquiler.
Siempre estoy marchándome
esto no me va a embrujar.

El título se refiere a una manera de vivir, elegida por alguien en una etapa determinada: rodando, es decir, yirando por varios sitios, sin establecerse definitivamente en un lugar y sin arreglo a ningún plan predefinido, tal como hacía mucha gente de esa época de la movida de los 60 y 70 que buscaba una experiencia no ordinaria de vida. 
Y desde ese punto de vista, si te largás en ese viaje, bueno, entonces no puede haber plan; salís a ver qué pinta, qué encontrás, vas rodando hacia donde tus ansias de búsqueda te lleven.
"Rodando, montado a un tren especial / rodando, en alquiler.": Va "rodando", es decir, yirando de lugar en lugar, en búsqueda de una vida no formal, no ordinaria, no común. Una vida especial que no es la vida rutinaria de la casita, el autito, el laburo en la oficina y el sueldo seguro a fin de mes; la que hace el chabón es una experiencia no ordinaria de vida, por eso está como "montado a un tren especial". Y obviamente, al elegir ese modo de vivir y al estar cambiando constantemente de sitio, no puede aspirar a ser propietario de una casa, ni de un bulo ni de nada; él va donde esa vida lo lleve, y por eso tiene que alquilar ("rodando, en alquiler"). También hay un trasfondo metafórico en lo del "alquiler": quiere referirse a que en ese modo de vida que eligió, no puede sentirse dueño de nada, no sólo de un bien inmueble; sino tampoco de nada de lo que lo rodea, ni siquiera del aire que respira; todo le es como "alquilado", digamos, como si sintiera que no pertenece a ningún lugar ni nada le pertenece a él.
"Rodando, mi amor elige el lugar / rodando, para estallar.": El tipo va yirando por todos lados. Ningún sitio representa para él nada en especial, más allá de las vivencias que en cada lugar protagonice. Salvo... que en algún lugar se enamore de alguien ("mi amor elige el lugar"), en cuyo caso, temporalmente, se quedará allí donde se enamoró, donde le "estalló" ese amor.
"Siempre estoy marchándome / esto no me va a embrujar.": Expresa la voluntad de  no "atarse" al amor, y al mismo tiempo subyace una especie de hartazgo de esa manera de vida que eligió. Está medio podrido de andar yirando siempre, y por eso protesta ("siempre estoy marchándome", dice, expresando el cansancio que empieza a notar por ese estilo de vida que eligió hasta allí). Pero trascartón dice "esto no me va a embrujar", manifestando que esa forma nómade de vivir, él la eligió para siempre; no se va a establecer definitivamente en un lugar. El trip en el que se embarcó durará toda su existencia. Al menos, en su intenciòn manifiesta.
"Rodando, a salvo de tu favor / rodando, sin orbitar.": Y si bien a seguro se lo llevaron preso; por ahora (por ahora refiriéndome al tiempo que pinta la canción, obvio; no al tiempo real) piensa seguir así, yirando, rodando, porque eso lo pone a resguardo de atarse definitivamente a alguien, de comprometerse sentimental y materialmente con alguien ("a salvo de tu favor"). Por el momento, piensa seguir rodando y rodando, "sin orbitar", es decir, sin arreglo a ningún plan preconcebido. Una órbita presupone un recorrido lógico, reiterado en ciclos y con tiempos preestablecidos, por eso él no "orbita"; su trip no tiene recorrido lógico ni se repite en ciclos ni en lapsos prefigurados.
"Rodando, mi amor elige el lugar / rodando, para estallar. / Siempre estoy marchándome / esto no me va a embrujar. / Rodando, montado a un tren especial / rodando, sin orientar. / Rodando, a salvo de tu favor / rodando, en alquiler.": Y hasta aquí repite todas las frases ya interpretadas; salvo una pequeñísima variación: una frase donde cambia el término "orbitar" que usó antes; por "orientar". Esa variante que introduce no la hace simplemente por el hecho de cambiar una palabra aislada; sino que hay un propósito definido y consciente: el de dejar claro que cuando resolvió vivir una etapa determinada de su vida de manera nómade, rodando; lo hizo sin atarse a ningún plan preconcebido (como lo estipuló cuando escribió lo de "sin orbitar"), y sobre todo; sin estar orientado ("sin orientar") por ninguna idea filosófica ni religiosa ni política, ni nada; lo hizo sólo como una experiencia no ordinaria de vida y así lo quiere dejar taxativamente establecido en la letra.
"Siempre estoy marchándome / esto no me va a embrujar.": Y cierra la canción con esa frase a modo de estribillo y conclusión. 
Ah, una cosita que no debemos olvidar: contrariamente al propósito afirmado por el personaje de la letra; la canción es maso de 1983 / 84, época en la cual el Indio tenía un laburo estable en el Hogar Falcón y ya estaba pensando en "quedarse en el molde", es decir, largar a la mierda la bohemia, establecerse definitivamente, formar su pareja como poco tiempo después lo haría con Virginia.

sábado, 21 de enero de 2012

PARACELSO: UN GENIO, PERO FUNDAMENTALMENTE, UN ALMA BUENA


Escribe: Juan Carlos Serqueiros

El arte de la Medicina echa sus raíces en el corazón. Si tu corazón es falso, también tu medicina lo será; si tu corazón es recto, también lo será el médico que haya en ti. (Paracelso)

Paracelso, nombre este que él mismo adoptó (se dice que fue su padre quien lo movió a hacerlo) y que significa “par de Celso” o “adjunto a Celso”, nació el 19 de noviembre (hay también quienes afirman que el 10 de noviembre unos y el 17 de diciembre otros) de 1493 (algunos biógrafos dicen 1494) como Teophrastus Phillippus Aureolus Bombast von Hohenheim, en Zurich, Suiza (y pensar que todavía hay estúpidos que creen que los suizos le deben el país que tienen, a los relojes o a los bancos).
Su padre, un médico bávaro, lo interesó desde pequeño en la medicina, y un todavía adolescente Teofrasto, en efecto, estudió la misma en Viena, Basilea y Ferrara; doctorándose.
Pero su espíritu inconformista, inquieto, indómito, mal avenido con una disciplina que despreció invariablemente, y ansioso de saber, de gnosis, o sea, de conocer de verdad; sumado a los viajes que había hecho junto a su padre (viajar y viajar, lo cual repetiría incansablemente por el resto de su vida), y a la decisiva influencia del abate Tritemio, que lo inició en el hermetismo; lo resolvieron a desdeñar tanto cómodos y bien remunerados cargos oficiales, como la atención continua y sostenida de su propio consultorio médico, y hasta la enseñanza (la oficial en las universidades, porque la otra, la que daba a los discípulos que lo seguían; jamás la abandonó).
Semejante índole, debía necesariamente acarrearle conflictos, y así ocurrió: Paracelso se enfrentó al poder de los magistrados, a la iglesia católica, al protestantismo (“Que Lutero se ocupe de sus asuntos y yo me ocuparé de los míos y le sobrepujaré en lo que me corresponda, además los Arcana me elevan... no ha sido el cielo el que me ha hecho médico; Dios me ha hecho”, consigna Paracelso en su Escritos de Nüremberg de 1527), y sobre todo; a la superstición, encarnada esta última en la “ciencia oficial” (¿y dónde, si no?, que desde los albores de la humanidad no hay superstición ni ignorancia más arraigada, que la fundada en la errónea convicción del “saber” establecido por decreto inapelable de la ciencia oficial, íntimamente aliada a la religión).
Fue crítico implacable de la medicina galénica y avicénica. Veamos lo que les espetaba Paracelso: “Os digo que el pelo de mi nuca sabe más que vosotros y todos vuestros escribientes, y los cordones de mis zapatos son más eruditos que vuestros Galeno y Avicena, y mi barba ha visto más que todas vuestras universidades”.
Y es que para este hombre extraordinario, la Medicina, la verdadera ciencia de la Medicina, se explicaba tal como lo dejaba estipulado en sus Escritos, que comprenden su obra y pensamiento desde 1537 hasta 1541; de esta manera contundente: “Esto prometo: ejercer mi medicina y no apartarme de ella mientras Dios me consienta ejercerla, y refutar todas las falsas medicinas y doctrinas. Después, amar a los enfermos, a cada uno de ellos más que si de mi propio cuerpo se tratara. No cerrar los ojos, y orientarme por ellos, ni dar medicamentos sin comprenderlo ni aceptar dinero sin ganarlo. No confiarme en ningún boticario ni entregar ningún niño a la violencia. No llorar, sino saber...”. Esto es directamente lapidario ¿no? Un sabio del siglo XVI, como Paracelso, enrostrándoles sus miserias a los pseudo médicos de su época y adelantándose nada menos que casi cinco siglos a lo que hoy sabemos acerca del nefasto proceder de los laboratorios medicinales que a diario nos envenenan con sus productos.
Y por si no bastara como muestra, hay más: “Lo cierto es que en el mismo lugar de la tierra donde existe un veneno mortal, existe también un exacto contraveneno y que del mismo modo que se engendran las enfermedades se produce la salud. Lo lamentable es que haya tan pocos médicos que se interesen por estas cuestiones y las estudien como se merecen. Y que la mayoría se anulen en la simple profesión de contempladores de orinas. Sus sórdidas y culinarias ganancias bastan a esos tales para colmarlos de satisfacción y para persuadirlos de vivir en sus casas, contentos de no hacer nada, ya que sólo ejercen la Medicina para acumular el dinero que con tanta liberalidad les procura el examen de las orinas. ¿Para qué han de complicarse la vida con trabajos más penosos?" (Paracelso, Opus Paramirum).
Y en su Liber Paragranum afirma que “la Medicina descansa sobre cuatro columnas: la Filosofía, la Astronomía, la Alquimia y la Ética. La primera columna debe comprender filosóficamente la tierra y el agua; la segunda debe aportar el pleno conocimiento de lo que es de naturaleza ígnea y aérea; la tercera debería explicar sin falta las propiedades de los cuatro elementos -es decir, de todo el Cosmos- e iniciar en el arte de su elaboración, y finalmente la cuarta debería mostrar al médico aquellas virtudes que han de acompañarle hasta su muerte y deben apoyar y completar las otras tres columnas".
Quizá quien mejor lo interpretó haya sido el psicólogo Carl Gustav Jung (otro suizo… ¿van a seguir creyendo que a Suiza la hicieron los relojeros y los banqueros?), quien en su libro Paracélsica dice: "La alquimia contenía ya desde los más antiguos tiempos una doctrina secreta, o directamente lo era. Las concepciones paganas no desaparecieron de ningún modo por la victoria del cristianismo bajo Constantino; continuaron vivas en la curiosa terminología arcana y en la filosofía de la alquimia. Su principal figura es Hermes, es decir, Mercurio, en su notable doble significado de mercurio y alma del mundo, acompañado por el sol (el oro) y la luna (la plata). La operación alquímica consiste esencialmente en una separación de la ‘prima materia’, del llamado Caos, en lo activo, es decir, el alma, y lo pasivo, el llamado cuerpo; los cuales volverán a reunirse personificados en una figura, en la llamada ‘coniunctio’, la ‘boda química’; la ‘coniunctio’ es alegorizada como Hieros Gamos, como boda ritual del sol y la luna. De esta unión surge el llamado ‘filius sapientae’ o ‘philosophorum’, ‘Mercurius’ transformado, que como signo de su acabada perfección era pensado como hermafrodita. El ‘opus alchymicum’, a pesar de su aspecto químico, siempre fue pensado como una especie de acción ritual, entendida en el sentido de un ‘opus divinum’; por eso pudo ser presentada por Melchior Cibinensis, al comienzo del siglo XVI, como una misa, ya que mucho antes el ‘filius’ o ‘lapis philosophorum’, había sido concebido como ‘allegoria Christi’. Y es en virtud de esta tradición como se entienden muchas cosas de Paracelso que de otro modo serían incomprensibles".
Como vemos, quedarse solamente en el Paracelso alquimista, ese que buscó la transmutación de los metales innobles en oro y la creación del homúnculo (¡William Somerset Maugham, teléfono!), o en el Paracelso que dio su nombre al zinc, es reducir hasta ningunear la enorme relevancia de un hombre que fue filósofo, médico, alquimista, astrólogo; y en suma: un genio con todas las letras. 
Sí, eso, un genio, pero fundamentalmente; un buen hombre, un alma noble dedicada a sus semejantes.
Paracelso era muy aficionado a la... llamémosla... diversión. Digamos que le gustaban la bebida y las mujeres. Según dicen, tal vez por eso se nos murió en Salzburgo un 24 de setiembre de 1541, con tan sólo 48 años aún no cumplidos. Por mi parte, prefiero creer que se murió de desilusión nomás, al ver tanta idiota y mala gente desparramada sobre este nuestro pobre y triste mundo.  Y me parece que algo le debemos, ¿no?
Ah!, casi me olvido: al morir, dejó su dinero a los pobres.
Paracelso: un genio, pero fundamentalmente; un alma buena. Lo cual automáticamente lo convierte en sabio.

-Juan Carlos Serqueiros-

ROCK YUGULAR























Escribe: Juan Carlos Serqueiros

Rock yugular
(Beilinson-Solari)

Dame... dame tu vida
dame y tendrás mi piedad
dame la sed de tus ojos acorazados
y dame tu insolencia también.
Rara vez esta vida tiene sentido, amor
y así ves que hasta mi sombra brilla
en esta ciudad.
Caen, caen al fin, caen los disfraces
caen desnudándote
mientras unos fantasmas, fieles amigos
ríen de vos y se roban tu fé.
Vas copiando tu herida sobre un pañuelo rojo
y ya sabés que jugando al borrego te van a carnear.
Risas en el taller del diablo
trampas para tu soñar
no vas a ser esclava del paraíso
vas a bailar en un rock yugular.
Te ves en el pequeño espejo del mundo de hoy
y no querés que la lima del tiempo lo muerda otra vez.
Dame... dame tu vida
dame y tendrás mi piedad
dame la sed de tus ojos acorazados
y dame tu insolencia también.

Desde el vamos, impactante y atinadísimo título, pertinente síntesis de la poética que vendrá a continuación de él. Sí, es un rock yugular, porque salta al nudo de la cuestión, sin vueltas ni prolegómenos, va "a los bifes", directo a la yugular digamos. Y porque es sanguíneo e impuro a la vez (la yugular es una vena, y las venas son las que conducen la sangre impura; a diferencia de las arterias, por la cuales circula la sangre pura). 
En el título, el Indio está aludiendo al rock como cultura, y como tal, teñido de lo mejor pero también de lo peor que pueda haber en el ser humano; un poco la reiteración de su convencimiento (ya expresado en otras canciones por el estilo) de que el bien y el mal coexisten en el hombre, de que nadie es total ni permanentemente bueno o malo; sino que cada uno de nosotros es capaz de la extrema bondad y también de la extrema maldad. Un concepto bastante difícil de expresar, aún en prosa; imaginen lo que será en poesía... Por eso esta letra (que es pura poesía) es de esas que "no se interpretan", sino que "se sienten", como toda la lírica solariana, bah... pero se sabe: acá estamos para cometer el sacrilegio de interpretar, y por eso lo hacemos... y por eso brindamos, ladrón de mi cerebro! 
Para mí, es una canción de amor (de AMOR en serio, de AMOR en toda la acepción de la palabra; no amor de romance cursi), pero bueno, no hay ninguna garantía, así como no hay garantías en nada...
"Dame... dame tu vida / dame y tendrás mi piedad / dame la sed de tus ojos acorazados / y dame tu insolencia también.": Le está cantando a una "ella", que es para él el AMOR IDEAL, así en abstracto. A alguien que no existe, imaginario, obviamente. "En el principio fue la compasión, y el principio es la mitad de todo", dice el texto de Lupus que viene en el disco Lobo suelto; y acá en "Rock yugular" el Indio comienza la letra con esa idea expresada en un disco anterior a Luzbelito. Puesto en un imaginario papel de diablo, de Luzbel, le pide a ese amor ideal que le dé su vida, o sea, que consagre su vida a él, y a cambio; él le va a dar su piedad. Y eso, es el "principio de todo". Le pide que le confíe sus peores visiones del mundo, lo más malo que haya percibido (por eso los ojos de ella están "acorazados", porque ya vieron lo peor que podía ser visto). Y también quiere su "insolencia" (en el sentido de que no quiere barreras; sino que la cosa vaya directo a la yugular, y porque Luzbel no pide una lealtad obsecuente (remember lo de "un par de culos va a patear, de los que le juran más lealtad") como lo hace el dios de todas las religiones; sino que pide hasta que seas insolente con él. Y... ¿cuál sería el punto más alto de esa insolencia? Claro está: el de rebelarte contra Dios. Tu libertad llega hasta ese punto...
"Rara vez esta vida tiene sentido, amor": En muy pocas ocasiones logramos ser felices, o, mejor dicho; sentimos que  somos felices. Son instantes brevísimos, fugaces, y es en ellos cuando la vida pareciera adquirir algún sentido. El resto de la existencia es una lucha ya perdida de antemano, algo a lo cual a menudo no le encontramos ningún sentido; sencillamente porque (como alguna vez escribí en uno de los poemitas de los cuales me reconozco culpable) "está cantado el final", ya que partimos de una sola certeza: sabemos que vamos a morir. ¿Entonces? Ya lo dijo Cátulo Castillo, un poeta a quien el Indio admira: "la vida es una herida absurda".
"y así ves que hasta mi sombra brilla / en esta ciudad.": Solari pretende que esta noche sea para esa "ella" a quien le canta, una de esos instantes fugaces en que la vida tiene algún sentido. Quiere que aunque sea por esa noche, la sombra de él "brille en esta ciudad". Por supuesto que no en un contexto de soberbia o autoestima exagerada; sino diciéndole que es todo lo mejor que puede darle a esa "ella" a quien le canta: una canción de amor, y de allí lo de "hasta mi sombra brilla", como diciéndole "hasta un nabo como yo puede brillar esta noche". 

Debo decir que me resulta inexplicable que esta letra (que me parece sublime) no haya tenido entre los redonditos del abajo, por lo menos el mismo impacto que "Juguetes perdidos"; porque también el amor que contiene está dirigido a esos chicos que vienen de "barrios desangelados". Pero bueno, sé que a menudo es imposible determinar porqué, una canción que reputamos como bella de toda belleza, no alcanza el mismo grado de preferencia que otras. En fin...
"Caen, caen al fin, caen los disfraces / caen desnudándote / mientras unos fantasmas, fieles amigos / ríen de vos y se roban tu fe.": Cuando la poesía de una canción logra traspasarte, influir todo tu ser; "caen los disfraces". Ahí ya no hay vueltas, es una pulsión (el pulso de la yugular), y si la lírica no es capaz de traspasarte, de hacerte sentir por un momento que la vida tiene, aunque sea por ese instante, algún sentido; entonces quiere decir que no valió la pena, que era algo que sólo estaba en tus "fantasmas, fieles amigos", es decir, en tus rollos, en los mambos que están en tu psique.
"Vas copiando tu herida sobre un pañuelo rojo": Vas reiterando tus errores. Si aplicás sobre una herida sangrante, un pañuelo de color rojo, difícilmente puedas ver la sangre que manó de ella y absorbió el pañuelo; porque obviamente, no hay contraste de colores entre el rojo de la sangre y el rojo de la tela.
"y ya sabés que jugando al borrego te van a carnear.": ¡Basta de inocencia! Si asumís como actitud general de vida la mansedumbre de un cordero, te van a pasar por arriba. Luzbelito no quiere tu bondad ingenua ni tu lealtad; sino tu insolencia, tu rebeldía.
"Risas en el taller del diablo / trampas para tu soñar": La vida es así, un valle de lágrimas, y el diablo (ese mismo "diablo que mea en todas partes" en Juguetes perdidos) te tiende trampas a cada rato.
"no vas a ser esclava del paraíso / vas a bailar en un rock yugular.": Al menos por esta noche, esa "ella" no va a ser "esclava del paraíso", es decir, no va a vivir en el limbo, en la inocencia y en la eternidad prometida por las religiones en un paraíso al que supuestamente llegará después de la efímera existencia terrenal, no; va a asumir la realidad de su vida, se va a hacer cargo, y por lo menos por esa noche, va a bailar en el rock yugular de una misa redonda ¿Qué tal te queda el moño, eh?
"Te ves en el pequeño espejo del mundo de hoy / y no querés que la lima del tiempo lo muerda otra vez.": Impresionante metáfora. La lírica solariana alcanzando uno de sus puntos más altos. "El pequeño espejo del mundo de hoy" es esa noche de misa redonda en la que el Indio te cantó al oído; pero... es sólo un instante, uno en el que la vida parece tener sentido. Por eso querés atesorarlo, guardarlo, no querés que el tiempo transcurra, sino que se detenga, para que no lo borre, pero a la vez; sos consciente de que eso es imposible, porque la vida ¡ay! es injusta y (ya lo  vimos) rara vez tiene sentido. Somos seres incompletos y perseguimos una completud que, otra  vez: ¡ay!, jamás tendremos. Y por eso es esta una canción de amor, porque lo único que nos aproxima (y SÓLO NOS APROXIMA) a la completud, o, mejor dicho; a la ilusión de completud, es el amor.
"Dame... dame tu vida / dame y tendrás mi piedad / dame la sed de tus ojos acorazados / y dame tu insolencia también.": Y termina la canción, con esa estrofa ya interpretada.

viernes, 20 de enero de 2012

ROCK PARA LOS DIENTES























Escribe: Juan Carlos Serqueiros

Rock para los dientes
(Beilinson - Solari)

Este mundo, esta empresa, este mundo de hoy
que te snifa la cabeza una y otra vez
en una línea y otra línea
y otra línea más.
Voy cumpliendo como puedo...
¡Yo trabajo acá!
Y te snifo la cabeza cada día más
y me snifan la cabeza
y nada ni nadie lo puede parar.
Vos creés ser el más fiero,
el más prontuariado aquí,
el animador del juego
(el condimentador)
Estás buscando un pequeño
infierno para vos,
donde soportar el fuego
de mi ataque de hoy.
Sos un tipo pan comido,
no es tu culpa, no,
zambullido en el caldero
(es la fatalidad)
Es endemoniadamente caro lo que sos
¡este clip me pone tieso!
¡yo me bajo acá!

Un roquito para los dientes. ¿Y por qué "para los dientes"? Y, bueno... porque es un rock de dientes apretados, de bronca mordida para masticarla y escupirla después.
"Este mundo, esta empresa, este mundo de hoy / que te snifa la cabeza una y otra vez": El mundo, "este mundo de hoy", un mundo crudamente capitalista ("esta empresa", le zampa el Indio), lo absorbe, lo "snifa" (o lo esnifa, porque ya está castellanizado el término) irremediable, sucesiva, reiteradamente ("una y otra vez").
"en una línea y otra línea / y otra línea más.": Hace un paralelismo entre una "raya", una “línea” de cocaína, de merca; y la “línea” que “le baja” el sistema al tipito (hacé tal cosa, tenés que vivir de tal manera, tenés que escuchar tal música, y todo así). Siempre el sistema le dice lo que tiene que hacer, le da órdenes, le baja línea.
"Voy cumpliendo como puedo... / ¡Yo trabajo acá!": El chabón intenta justificarse, atenuar su responsabilidad. Se lamenta por tener que amoldarse al sistema, a un sistema que en lo íntimo, rechaza. Él quisiera ser rebelde, pero no puede hacer otra cosa que amoldarse ("voy cumpliendo como puedo”). Él vive en el mundo de hoy y hace lo que el sistema le permite hacer ("yo trabajo acá”), y de eso, supuestamente, no puede zafar (o al menos, eso dice él). Pero... ¿en qué metier está ese tipo? Y... para mí, está en la música, en la música como negocio, pero bien podría estar en cualquier otro ámbito de actividad; porque la letra puede aplicarse a todo contexto en el cual haya un orden sistémico que dicte las normas.
"Y te snifo la cabeza cada día más / y me snifan la cabeza / y nada ni nadie lo puede parar.": Siguen los justificativos y las explicaciones. Se lamenta de estar absorbido por el sistema y esgrime eso como excusa para hacerte la croqueta a vos ("y te snifo la cabeza"). Y claro... como ya se la hicieron a él ("me snifan"); entonces él te la hace a vos, y así, la historieta sigue... Y afirma, convencido, que a ese orden sistémico nadie puede oponérsele. Como él no puede, o no quiere, ir en contra del sistema, intenta convencerte de que no hay manera de hacerlo, y de que nadie puede lograrlo  ("nada ni nadie lo puede parar").
"Vos creés ser el más fiero, / el más prontuariado aquí, / el animador del juego / (el condimentador)": Bueh... se armó la rosca. Ahora viene la respuesta al que se justificaba a sí mismo alegando no poder hacer nada para cambiar, para salirse del orden sistémico: el mismo que antes lo escuchaba lamentarse y lloriquear todo eso de que ni él ni nadie podían hacer nada; lo acusa al otro de hacerse el “pulenta”, tal como lo hacen ciertos tumberos al exhibir sus prontuarios cuando recién llegan a la cárcel, de modo de hacerse respetar. Así, cuanto más frondoso sea su prontuario y más grosos los delitos que haya cometido; mayor será el respeto que infundirá entre los demás presos. El tipito se cree un rebelde, un poronga bárbaro, que puede engañar al sistema, y a la vez convivir en él; y no se da cuenta (o aparenta no darse cuenta, se hace el boludo para pasarla bien, digamos) de que el sistema lo tiene rejunado, y que le permite pequeñas pseudo-rebeldías ("el condimentador"), como para aparentar una amplitud de criterios que ese sistema, por supuesto no tiene.
"Estás buscando un pequeño / infierno para vos, / donde soportar el fuego / de mi ataque de hoy.": Y siguen los palos. De nada le servirá al tipito ponerse en víctima o justificarse, es decir, buscarse "un pequeño infierno"; igual no se va a salvar del escrache que le hace el otro ("el fuego de mi ataque de hoy" = hoy te voy a denunciar, le voy a decir al mundo quién sos, o sea, un ñato que transó).
"Sos un tipo pan comido, / no es tu culpa, no, / zambullido en el caldero / (es la fatalidad)": Creés que sos el gran opositor al sistema, y en realidad, el sistema te garcó, "sos un tipo pan comido", te absorbió, te esnifó. Pero trascartón, le alivia un poco el cargo, diciéndole: "no es tu culpa... es la fatalidad", afirmando de paso, que él tiene claro quién es el "enemigo": el sistema, del cual el otro, es simplemente un lacayo, un perejil, alguien que está "zambullido en el caldero" en el que se cocina la sopa de ese orden sistémico.
"Es endemoniadamente caro lo que sos / ¡este clip me pone tieso! / ¡yo me bajo acá!": Veamos... ¿por qué es "caro", y hasta "endemoniadamente caro", el chaboncito que transó con el sistema? ¿Por la guita que hace a través de esa transa? No, no es "caro" por eso; al fin de cuentas, lo que curra es sólo "puta guita", si fuera por eso, entonces no sería caro, sino barato. El tipo es "caro" por el derrotismo que expresa, porque bajo la excusa de que él no puede hacer otra cosa que transar con un sistema que reputa como invencible; está implícitamente desalentando a los que sí quieren oponerse, a quienes sí persiguen un cambio y van por él. Por eso es "endemoniadamente caro", porque poniendo pretextos, transa con el sistema por un lado, y pretende mostrarse como si fuera contestatario al mismo, por otro. Traiciona sus convicciones (si alguna vez las tuvo) y traiciona la cultura rock, estafa a la gente que cree en él y en su música pseudo rebelde. Es una idea a la que el Indio ya se había referido en algunos reportajes, y sobre todo, en la letra de "Música para pastillas" (recordar lo de "rockeros bonitos, educaditos, con grandes gastos, educaditos"). Y la música que hacen esos tipos que transan con el sistema, el Indio la rechaza, no la considera dentro de la cultura rock; por más que los tipos que la hagan, digan que son del género del rock. Y, sí... podrán ser del género del rock, lo cual no necesariamente significa que sean de la cultura rock y se atengan a sus postulados; esa es la pequeña gran diferencia. Y termina vomitando la bronca que hasta allí masticó entre dientes, porque este... ¡este es precisamente "un rock para los dientes"!: "este clip me pone tieso", o sea, me dejás paralizado con tu cobarde transa y tu todavía más cobarde intento de justificarla. Y por eso "yo me bajo acá", es decir, me voy, me bajo del bondi este, no quiero saber nada de mezclarme con vos ni de que me dejes tieso, o sea, que detengas mi propósito de cambio; no quiero pararme ni demorarme en tu derrotismo.

jueves, 19 de enero de 2012

MASACRE EN EL PUTICLUB























Escribe: Juan Carlos Serqueiros

MASACRE EN EL PUTICLUB
(Beilinson - Solari)

Por una pipa del 9 arrancó
la gran masacre del Puticlub
con "Pastillita" en tren gladiador
(puso un huevo y la cosa expolotó)
Rock fuerte en el Puticlub
cambió la suerte del Puticlub
Buena faena de tajo y talón
ruedan los dientes del Negro Cañón.
Su mala leche no siente dolor
y arroja entrañas por todo el salón
Los impacientes del Puticlub
perdían el tiempo y la salud
el Gas Coreano de pronto arribó
llegó del norte y todo acabó
Rock fuerte en el Puticlub
ja ja, que fuerte lo del Puticlub.

Bueno, acá no hay mayores misterios ni mucho para contar, porque el video (cuyo enlace tienen al pie), lo dice todo.
La canción está referida a algo que aconteció en un local nocturno non sancto de La Plata: el puticlub en cuestión, el cual no llegué a conocer, porque no he pateado mucho La Plata; estuve tan sólo un par de veces por esos pagos. Sólo sé que era un tugurio que quedaba cerca de un Registro Civil, y esa es toda la data que tengo.
Parece que una noche, alguien (presumiblemente el Negro Cañón), no cumplió en tiempo y forma con la provisión de merca a que se había comprometido; la concurrencia se entró a impacientar, los ánimos se caldearon, alguien portaba una pistola ("pipa" en el argot español; tengamos en cuenta que también puticlub es un término acuñado en la península ibérica) calibre 9 mm ("del 9"), un chabón empastillado hasta los bujes (Pastillita) con ganas de pelear ("en tren gladiador") y envalentonado por el estado que dan cierto tipo de psicofármacos, empezó la cuestión, y se armó una terrible rosca.
En esa oportunidad, alguno de los “impacientes” le propinó al Negro Cañón -que por supuesto, existe en la vida real: es (o era, ignoro si vive o palmó) un ñato que se llama Santiago F. (no empecemos, che, esto no es un programa de chimentos, así que el apellido del quía, por lo menos por mí, no se va a saber, ya que eso no viene a cuento), y que era gomía del Indio y además; el dealer que lo abastecía (tiempo después, el Negro Cañón cayó en cana, se dijo que por culpa de "Q", y mientras estuvo preso, el Indio se hizo cargo de la familia) una patada en la cara estilo artes marciales (“buena faena de tajo y talón”), que le hizo caer la dentadura postiza que usaba (“ruedan los dientes”), y después; otra en la busarda, que lo hizo vomitar (“arroja entrañas por todo el salón”).
Y la historieta terminó cuando ¡al fin! el ansiado polvito mágico ("el Gas Coreano") llegó ("de pronto arribó"), suministrado por otro proveedor procedente del "norte" (o sea, desde Buenos Aires, es decir, al norte de La Plata). Entonces todo se tranquilizó y volvió a la "normalidad". 

Todo eso, dicen que... En fin, cosas que pasan... 

miércoles, 18 de enero de 2012

JUGUETES PERDIDOS























Escribe: Juan Carlos Serqueiros

Juguetes perdidos
(Beilinson - Solari)

Banderas en tu corazón
¡Yo quiero verlas!
Ondeando, luzca el sol o no.
Banderas rojas, banderas negras
de lienzo blanco en tu corazón.
Perfume al filo del dolor
(así invisible)
Licor venéreo del amor
que está en las pieles,
sedas de sedas
que guardan nombres en tu corazón.
Son pájaros de la noche
que oímos cantar y nunca vemos.
Cuando el granizo volvió
la campana sonó y
despertó sus tristezas atronando su nidos.
Esperando allí nomás,
en el camino,
la Bella Señora está, desencarnada.
Cuando la noche es más oscura
se viene el día en tu corazón.
Estás cambiando más que yo.
Yira, yira, yira!!!
Asusta un poco verte así.
Yira, yira, yira!!!
Cuanto más alto trepa el monito,
(así es la vida)
el culo más se le vé.
Yo sé que no puedo darte
algo más que un par de promesas, no!
Tics de la revolución
implacable rocanroll
y un par de sienes ardientes
que son todo el tesoro.
¡Tan veloces son!
(como borrones, así veloces)
Hundiendo el acelerador
atragantados por los licores
soplando brasas en tu corazón.
Vas a robarle el gorro al diablo así...
¡Adorándolo! ...¡como quiere él! ...¡engañándolo!
Sin tus banderas, sedas de sedas
que guardan nombres en tu corazón.
¡Este asunto está ahora y para siempre en tus manos, nene!
¡Por primera vez vas a robar algo más que puta guita!
Cuando la noche es más oscura
se viene el día en tu corazón.
Sin ese diablo que mea en todas partes
y en ningún lado hace espuma.

El título pinta el contexto en que el Indio sitúa su homenaje: se lo dedica a los "redonditos de abajo", que vienen de los suburbios, del conurbano bonaerense y de todas las provincias, de esos barrios y sitios que Solari define como "desangelados". Y en ese orden de pensamientos, se le ocurre una genial metáfora: esos pibes, en general vivieron una infancia en la cual -maldita paradoja- lo único abundante, fueron las carencias, materiales y posiblemente también, afectivas, una "infancia sin juguetes" digamos. De allí el título "Juguetes perdidos", aludiendo de paso, a que la llegada a la adolescencia y primera juventud, marca la superación de la infancia, y con ella, el adiós a los juguetes que se hayan tenido (si es que se tuvo la suerte de poseer juguetes). Está planteando implícitamente un “adiós a la inocencia” por parte de esos pibes, como exhortándolos a un “basta de inocencia!”
"Banderas en tu corazón / ¡Yo quiero verlas! / Ondeando, luzca el sol o no. / Banderas rojas, banderas negras / de lienzo blanco en tu corazón.": Las bandas redondas llevan a cada misa su propia identidad, expresada en banderas que mencionan su procedencia, alguna frase, etc. Cuando sale al escenario, el Indio atisba el público y va "identificando" las distintas bandas de redonditos a través de esas banderas; y así "distingue" a los de Lugano, a los de Aldo Bonzi, a los de Rosario, Córdoba, Tucumán, Mendoza, etc. Pero como muy frecuentemente ocurre con las metáforas solarianas, que pueden encerrar al mismo tiempo más de una significación;  en este caso también con lo de “banderas rojas, banderas negras”, está aludiendo a los colores predominantes en el arte de tapa de Oktubre: rojo y negro, adoptados mayoritariamente por las bandas, como colores predilectos para darle a sus banderas. En un principio, antes de pintarlas de un color determinado, esas banderas van a ser de “lienzo blanco en tu corazón”, en una imagen literaria que quiere aludir a la pureza de los ideales que hay que mantener siempre vivos en el corazón.
"Perfume al filo del dolor / (así invisible) / Licor venéreo del amor / que está en las pieles, / sedas de sedas / que guardan nombres en tu corazón.": Intercambio de amor así en abstracto, entre la banda y las bandas, entre los músicos y el público. Es "una cuestión de piel", una pulsión de los sentidos: los redonditos de abajo, aman a Patricio Rey; y Patricio Rey los ama a ellos, ambos se llevan en sus corazones. Y ese es un amor "venéreo", es decir, sensual, hedonista, erótico; se canaliza a través de la magia de la asociación entre letras y música, que está "en la piel". Y al estar “en la piel”, esa bandera de lienzo ordinario y áspero; mágicamente se convierte en “sedas de sedas”, es decir, en la más suave de las sedas. Y es en esas banderas, en donde van a estar simbólicamente representados aquellos nombres que más significación tienen para vos, esos nombres que cada uno lleva guardados en su corazón.
"Son pájaros de la noche / que oímos cantar y nunca vemos.": El Indio y el resto de la banda saben que los pibes están allí, abajo del escenario; los oyen cantar, pero no pueden verlos, debido al deslumbramiento producido por la iluminación del escenario, y lo oscuro de abajo.
"Cuando el granizo volvió / la campana sonó y / despertó sus tristezas atronando su nidos.": Alusión al final de la misa redonda. Terminó la magia del encuentro, finalizó el recital (“la campana sonó”) y con él, terminó también la felicidad. Ahora comienza nuevamente el azote (“granizo volvió”) de la tristeza de la vida cotidiana; hasta que la próxima misa te convoque nuevamente. Pero también está aludiendo a ese cambio que marcó la frontera entre etapas de tu vida: la infancia y el comienzo de la juventud, el adiós a los juguetes y a la inocencia; para tener que hacerte cargo de los problemas y reveses que eso planteará.
"Esperando allí nomás, / en el camino, / la Bella Señora está, desencarnada.": Referencia solariana al tema que es quizá el más emblemático de la cultura rock en el mundo: "Escalera al cielo", de Led Zeppelin. La "Bella Señora" es la revelación de la VERDAD, así en absoluto (por eso es "desencarnada"); y hace una simbiosis con otra "bella señora", tan desencarnada como la otra: la Muerte. En la misma frase, el Indio sintetiza hasta su propia recomendación de cuidarse que siempre les hace a los pibes (remember el "cuídense!, ustedes son vida joven", el "que cada cual cuide su culito"...; son las únicas "bajadas de línea" que Solari se permite hacia el público redondo). Lo genial de la metáfora, es que en su inagotable poder de síntesis, el Indio logra dejar flotando la idea de que “allí nomás en el camino”, nos espera otra Bella Señora: La libertad..., una libertad que no va a salir a buscarte a vos; sos vos quien tendrá que ir en su búsqueda, habrá que recorrer el camino y encontrarla; es decir, habrá que vivir siempre en pos de un ideal, de búsqueda de esa libertad.
"Cuando la noche es más oscura / se viene el día en tu corazón.": Luego del latigazo cruel de la verdad desencarnada (la misa terminará, y con ella concluirá la ilusión, y los pibes volverán a sus barrios desangelados y a su cotidianeidad); el Indio busca mitigar ese dolor, recurriendo a un estrofa esperanzadora: la de un nuevo amanecer en el corazón de cada redondo, que no es la promesa de un próximo recital, de una próxima misa; sino de algo más trascendental, casi diría una expresión de buenos deseos, de algo mejor para todos nosotros, de una esperanza renovada: cuanto más profundo es el sufrimiento, más cerca está el final del mismo...
"Estás cambiando más que yo. / Yira, yira, yira!!! / Asusta un poco verte así. / Yira, yira, yira!!! / Cuanto más alto trepa el monito, / (así es la vida) / el culo más se le ve.": Reconocimiento humilde del Indio: la velocidad con la que cambian los pibes, las nuevas generaciones, lo abruma, lo asusta...; y él es consciente de esa realidad: TIENE que ser así, DEBE ser así, el cambio lo tiene que dejar afuera porque es lo lógico, la inexorable evolución, "así es la vida"... Él ya "trepó alto", es decir: creció, y ya no tiene intactos los sueños, ya "se le ve el culo"; pero a los pibes, a los redonditos de abajo, no; ellos todavía son vida joven, con sueños intactos.
"Yo sé que no puedo darte / algo más que un par de promesas, no! / Tics de la revolución / implacable rocanrol / y un par de sienes ardientes / que son todo el tesoro.": Se lamenta el Indio de no poder entregarles a los pibes otra cosa que la música y la poesía de sus canciones, todo lo que puede dar es eso. No puede cambiar sus realidades ni mejorar sus presentes; sólo puede entregarles la promesa de su honestidad intelectual y artística; otra cosa no está a su alcance dar. Tampoco puede ayudarlos en sus propias búsquedas de la verdad y la libertad, porque eso es algo que cada uno debe hacer por sí mismo; lo suyo, lo del Indio, se agota en una exhortación a la “revolución” (una revolución "psíquica” se entiende), y en una revolución no pueden haber guiones preestablecidos ni seguridades con respecto a cómo saldrán las cosas. El Indio sólo puede darles a los redonditos de abajo todo lo que es capaz de dar: “un par de sienes ardientes”, es decir, algo en qué pensar, en la forma de una canción de rock; sólo eso, nada más. Ni nada menos.
"¡Tan veloces son! / (como borrones, así veloces) / Hundiendo el acelerador": Alusión a la vorágine de la adolescencia y la primera juventud de las tribus redondas. Cuando sos pibe, vivís a mil todo: afectos y odios, lealtades y olvidos...
"atragantados por los licores / soplando brasas en tu corazón.": Referencia al tetra y al porro compartidos por los pibes en los campamentos mientras esperan la misa redonda.
"Vas a robarle el gorro al diablo así... / ¡Adorándolo! ...¡como quiere él! ... ¡engañándolo! / Sin tus banderas, sedas de sedas / que guardan nombres en tu corazón.": Vas a volver a tu vida cotidiana, a tu realidad, vas a vivir no como desearías vivir; sino como puedas, como te lo imponga la realidad que te rodea. Y vas a guardar tus banderas, hasta el reencuentro redondo que te vuelva a convocar. Pero al mismo tiempo, está diciendo que si dejás caer tus banderas, si postergás tus ideales, vas a facilitarle el laburo al diablo; que precisamente eso es lo que quiere que hagas: que traiciones tus ideales y no tengas la fuerza de tus banderas
"¡Este asunto está ahora y para siempre en tus manos, nene!": Sos el artífice de tu propio destino. Una banda de rock sólo puede darte unos breves momentos de magia, de disfrute; el resto de tu vida tenés que forjarlo vos, es tu responsabilidad. Una manera de decirle a los redonditos de abajo, que sólo ellos pueden elegir el camino que cada uno decida tomar.
"¡Por primera vez vas a robar algo más que puta guita!": Vas a "robar" del recital redondo, lo que Patricio Rey puede darte: solamente la honestidad de sus canciones; nada más. Y si mantenés la firmeza en tus ideales, vas a poder “robar algo más que puta guita”, es decir, algo más que satisfacer tu propia ambición material; vas a “robar” algo trascendente como la verdad y la libertad.
"Cuando la noche es más oscura / se viene el día en tu corazón.": El Indio les renueva a los redonditos de abajo sus deseos de algo mejor para todos; se separan todos con esa ilusión.
"Sin ese diablo que mea en todas partes / y en ningún lado hace espuma.": Sin los malos recuerdos, sin pararse en los reveses de la vida, que no te hagan mella las veces que te meó el destino; seguí en la lucha buscando algo mejor. Y les recuerda que ese diablo, por más que mee en todas partes, nunca va a poder hacer espuma, no; si vos no querés que la haga..., es decir, el diablo no va a poder hacer espuma, si mantenés vivos los ideales.


-Juan Carlos Serqueiros-