sábado, 31 de octubre de 2026

POBRE JOAQUÍN





























Escribe: Juan Carlos Serqueiros

El hombre es un muñeco de sueños nada más. (Rubén Lena)

"Pobre Joaquín" es una canción escrita y compuesta por el maestro rural, poeta, músico y compositor uruguayo Rubén Francisco Lena Bulgarelli (n. Treinta y Tres, 05.04.1925 – m. ibid., 28.10.1995).
La misma se le inspiró en las primeras horas de una inusualmente fría mañana del mes de febrero de 1968. Había comprado el diario y se puso a hojearlo mientras esperaba el ómnibus para trasladarse desde Lagomar (por entonces, un balneario de Canelones y hoy por hoy, desde 1994, un coqueto barrio de Ciudad de la Costa) hasta el centro de Montevideo. Y en eso, leyó una noticia en la que escuetamente se informaba al público que en una localidad balnearia habían hallado el cadáver de un hombre joven, muy pobremente vestido, presuntamente fallecido por hipotermia y cuya identidad no se consignaba. El Rubito quedó fuertemente impactado. Sumido en una profunda tristeza, mientras viajaba en el bondi anotó, en la libretita que siempre llevaba consigo, tan sólo dos palabras: “pobre Joaquín”, asignándole tal nombre al desconocido que había muerto de frío en medio de la indiferencia generalizada y al cual habían despojado hasta de su identidad.
Después, ya en su casa, atribulado, escribió los versos que le iban surgiendo desde la infinita angustia que experimentaba, a los cuales aplicó una melodía pausada y estremecedora en ritmo de milonga (Lena era un artista intuitivo, no sabía música y mucho menos sabía escribirla, pero así y todo; tenía su propio “método compositivo”, por decirlo así: la iba “sacando” esforzada, trabajosamente, desde su guitarra con los pocos tonos que había aprendido de amigos —como Santiago Indio Baladán y Víctor Lima, por mencionar un par de ellos—, luego la tarareaba registrándola en su grabador, y por último; le pedía a alguien —a Oscar Laucha Prieto, por ejemplo— que le hiciera el favor de volcarla al pentagrama):

POBRE JOAQUÍN
(Milonga – Letra y música: Rubén Lena)

Yo le miré los ojos al Joaquín
y de puro buenos me decían:
-El no comer no mata,
mata el odio y la envidia.

El hombre ya se sabe que está aquí
condenado desde el nacimiento
y el hambre no le importa,
la engaña con un sueño.

Pobre Joaquín, pobre Joaquín,
en medio del silencio.

Amaneció en la luz serena y cruel
desde la noche mirando estrellas
y las manos vacías
vueltas hacia la tierra.

Yo le miré los ojos al Joaquín,
tan tristemente empañados y quietos:
-Morir es poca cosa,
dice Joaquín ya muerto.

Una extraordinaria y bellamente triste endecha, constituida en luctuoso, elegíaco, lamento ante la tragedia; pero en la que al mismo tiempo se manifiestan y ensalzan la bondad entrañable reflejada en los ojos (“Yo le miré los ojos al Joaquín / y de puro buenos me decían”), la resignación estoica a una durísima realidad y un destino de exclusión (“El hombre ya se sabe que está aquí / condenado desde el nacimiento”), y en fin, la superioridad moral y la grandeza de alma de Joaquín; todo contrastando con la pequeñez miserable, egoísta y sectaria de una sociedad que se demuestra indiferente al sufrimiento ajeno, que carece en absoluto de empatía, y que por odio y envidia (“El no comer no mata, / mata el odio y la envidia”) se aferra con crueldad tenaz a un determinismo social tan injusto e inexorable como perverso. El desenlace es tremendo: Joaquín afirma que “morir es poca cosa” frente a soportar una vida en la cual, paradojalmente, lo que abunda son privaciones; y entonces, se va de esta dimensión en la noche helada, con las estrellas como testigos mudos de su pasión y martirio. Y trascartón, la reiteración de ese estribillo que mortifica como un cilicio: “Pobre Joaquín, pobre Joaquín, / en medio del silencio”, en metafórica alusión al desdén criminal de una sociedad impasible ante la desgracia. Terrible…
Como no podía ser de otro modo, los primeros en grabar “Pobre Joaquín” fueron Los Olimareños, quienes lo hicieron en 1969 para el sello Orfeo, en el LP “Nuestra razón”. Habida cuenta de la íntima colaboración entre el dúo y el autor-compositor, es esta la versión que podríamos llamar original. Que por cierto, es sencillamente ma-gis-tral, con ese ensamble perfecto entre las voces de Braulio López (para mi gusto, la suya y la de Mario Carrero son las dos mejores de la canción popular uruguaya) y José Luis Pepe Guerra.

Al año siguiente, esto es, 1970, la grabó Alfredo Zitarrosa en Buenos Aires, en los estudios de la compañía discográfica Odeon para el álbum “Milonga madre”, que se lanzó en Argentina con dicho sello y simultáneamente en Uruguay con el de Orfeo. Pero ocurrió que el Flaco, perfeccionista obsesivo y eterno disconforme como era; durante su exilio se dispuso, en 1982, a reeditarla, para lo cual encargó al eximio guitarrista Dionildo Velázquez (argentino radicado en España) la grabación múltiple de la música (ejecutada a cinco guitarras, nada menos); mientras que él, en México, registraba su propia voz en los estudios ARY. La mezcla y los arreglos estuvieron a cargo de otro músico extraordinario: Reinaldo Naldo Labrín (también argentino exiliado en México y gran amigo de Zitarrosa). Y así se editó, a través del sello Foton, el álbum “Si te vas”, que incluye “Pobre Joaquín” como track n° 6. La calidad del sonido es superlativa y la voz profunda, solemne, dramática, del gran Alfredo nos deja una interpretación que directamente raya en lo sublime. Escuchá y decime si no:



Y en 1983, el dúo Larbanois & Carrero la grabó para el sello Ceibo en el LP “Antirrutina”, como pista número 5 del lado A del disco, con una particularidad: está prologada por el mismísimo Rubén Lena narrando cómo, cuándo y dónde se le inspiró la canción. El virtuosismo mágico de Eduardo Larbanois en la primera guitarra y guitarra base se manifiesta una vez más (y van…); mientras que Mario Carrero toma a su cargo el guitarrón, además, claro está; de lucirse en el canto con su privilegiada voz y su dicción tan impecable, que ya a esta altura habría que inventar un neologismo para elogiarla, pues hasta “insuperable” se queda corto; más que bien acompañada con la segunda que hace Eduardo. Párrafo aparte para la inclusión del contrabajo de Luis Lasa y del bandoneón de René Marino Rivero, que aciertan a crear un ambiente denso, melancólico, sombrío, apenado y hasta fúnebre. Se trata de una versión propiamente antológica, digamos.



Bueno, hasta aquí, he mencionado las tres versiones que a mi juicio, son las que tienen un nivel de excelencia superior al de todas las demás. 
Volviendo a la canción en sí, en lo lírico musical no vas a encontrar en “Pobre Joaquín” ni tono admonitorio, ni reproche, ni condena airada y explícita para una sociedad salvaje ensañada contra un indigente al punto de ignorarlo, abandonarlo y relegarlo al olvido sin siquiera dejarle su identidad. Y es que no hay nada de todo eso; sino “solamente” un dolor intenso e inmenso, sublimado para transformarse en una manifestación artística de belleza tan inconmensurable, que estremece los sentidos e interpela hasta traspasarnos el alma.
La estatura intelectual de Rubén Lena, la vastedad de su cultura, su coherencia jamás desmentida, la relevancia de su obra y la humildad a la que invariablemente se atuvo durante toda su vida, son de una magnitud tal, que uno puede definirlo y resumirlo en esto: el Rubito es, tanto en lo estético como en lo ético… todo lo que está bien.

-Juan Carlos Serqueiros-