lunes, 16 de enero de 2012

MI PERRO DINAMITA























Escribe: Juan Carlos Serqueiros

MI PERRO DINAMITA
(Bucciarelli - Beilinson - Solari)

¿Por qué, si es su rock'n roll?
Yo no sé si a tu perro le gusta ladrar a lo bobo
mi perro ¬No! no quiere ¬No!
con el hocico afiebrado ¬No!
recuperando palitos, corriendo a lo bobo
¿Por qué, si es su rock'n roll?
No más culo mojado
No! quizá algún fueguito...
aquí y allá algún fueguito ensaya mi perro
¬Porque este es su rock'n roll!
Mi perro dinamita está fiero como un tártaro
y gruñe ¬No! rechaza ¬No!
no mueve el rabo con docilidad
ni da la patita, ni hace el muertito
y aúlla este rock'n roll!
Y dice ¬No! y me desobedece
¬No! es lo mejor que hace
aqu¡ y allá el muy zorrito
la va de Rififí 
¬Porque este es su rock'n roll!

Creo que muchas veces se ha ninguneado a esta canción, minimizando su contenido lírico. No sé si será porque desde lo musical es un roquito de los bien ortodoxos (del gran Semilla), o a la espectacular difusión que se le dio en la tele poniéndola como cortina de los más variados géneros televisivos, propagandas, etc., o a qué carajo se deberá... 
Al margen de que el perro es en la lírica solariana una constante; para mí, en una letra a primera vista sencilla, se diría cuasi liviana (todo en apariencia, nomás), el Indio está haciendo una analogía entre algo que podría parecer trivial, como las explosivas (“dinamita”) corridas de un perro que se sale del esquema que se supone tradicional para una mascota canina; y los cánones a los que el orden sistémico pretende ajustar el rock. Y para colmo del desafío al sistema, Solari los golea jugando "de visitante": se florea dentro de la “cuadratura esquemática” del más puro estilo rock´n roll: MI perro no se sujeta a la misma disciplina que el tuyo; MI rock lo entiendo diferente al tuyo; MIS reglas, MIS paradigmas, son distintos a los tuyos.
"¿Por qué, si es su rock'n roll? / Yo no sé si a tu perro le gusta ladrar a lo bobo / mi perro -No! no quiere -No!  / con el hocico afiebrado -No! / recuperando palitos, corriendo a lo bobo": Se está dirigiendo a un interlocutor imaginario, al cual le pregunta el por qué de su extrañeza frente a un fenómeno que no comprende: ¿por qué su rock es distinto? (Notar que el Indio lo escribe en inglés original "rock'n roll" y no a la manera usual nuestra, argenta: "rocanrol". El motivo de ninguna manera es menor; al contrario, es expresivo de una intención concreta de Solari, de un mensaje subliminal: está marcando la diferencia entre género: rock'n roll; y cultura -asimilada a nuestro propio tiempo y lugar-: rocanrol). Y bajo la metáfora de comparar a su propio perro -indisciplinado y que hace lo que el bicho quiere y no lo que el amo le manda-, y el de su imaginario interlocutor, que se ajusta a los "cánones establecidos"; plantea una dicotomía en la cual tanto él como su imaginario interlocutor presentan sus argumentos: el otro no entiende la manera de hacer rock de Patricio Rey, así como no entiende qué le puede encontrar de atractivo Patricio Rey a un perro desobediente; y Patricio Rey no entiende qué carajo le encuentra de atractivo el otro a un rock cuadrado, encasillado, mecanizado, que es "más de lo mismo", así como tampoco entiende qué puede tener de atrayente un perro que hace todo tal cual le mandan: ladra cuando tiene que ladrar, corre a buscar el palito que le tiran, y todas esas boludeces...
"¿Por qué, si es su rock'n roll? / No más culo mojado / No! quizá algún fueguito... / aquí y allá algún fueguito ensaya mi perro  / -Porque este es su rock'n roll!": Que deje tranquilo a su perro hacer lo que quiera, es decir, que deje a PR hacer el rock que quiera, que lo deje en libertad de crear anárquicamente (conceptos que el Indio torna más abarcativos y explícitos en el texto que acompaña al arte del disco "La mosca y la sopa" en el cual se inserta "Mi perro dinamita" -remember la frase "Ciertos FUEGOS no se encienden frotando dos PALITOS").
"Mi perro dinamita está fiero como un tártaro": Su perro (su rock) "está fiero", o sea, está osado, atrevido, es capaz de cruzar los límites "como un tártaro" (tártaro era un guerrero mongol de Gengis Khan, famoso por arrasar todo a su paso; pero también tártaro es una especie de infierno en la mitología griega -y de hecho, es una palabra griega-); puede desatar un infierno...
"y gruñe -No! rechaza -No!": Su perro (su rock) lanza gruñidos, rechazando del sistema, todo aquello que no le gusta.
"no mueve el rabo con docilidad / ni da la patita, ni hace el muertito / y aúlla este rock'n roll!": Su perro (su rock) no es obediente a los dictados del amo (el sistema), no hace lo que se espera de él; hace lo que quiere (su propio rock tal como lo entiende)
"Y dice -No! y me desobedece / -No! es lo mejor que hace": Su perro (su rock) es tan anárquico que no se sujeta ni siquiera a los propios designios de PR, su libertad creativa no tiene límites, ni siquiera los límites de PR.
"aquí¡ y allá el muy zorrito / la va de Rififí": Su perro (su rock) es astuto como un zorro, y el otro no debe confundirse: el hecho de que sea anárquico en cuanto a sus pretensiones de libertad para hacer lo que quiera, no debe entenderse como que no tiene un plan; al contrario, tiene un plan y sabe perfectamente lo que hace y hacia dónde va (Rififí es una palabra del argot francés para referirse a un quilombero, a un camorrero; pero que dentro del lío, del bardo, sabe muy bien lo que quiere hacer, tiene un objetivo y  todo planeado para conseguirlo).
"-Porque este es su rock'n roll!": Final de la argumentación de PR para hacerle comprender a su imaginario interlocutor de lo que se trata: es su manera de entender el rock; y el otro debe captar su idea.

YA NADIE VA A ESCUCHAR TU REMERA























Escribe: Juan Carlos Serqueiros

Ya nadie va a escuchar tu remera
(Beilinson-Solari)

Esto es efímero
Ahora efímero
Como corre el tiempo!
Tic... Tac efímero
Luces efímeras
(Pero te creo...)
Es casi hipnótico
(El tic no alcanza a tac)
Ni me moja el paladar
El ritmo efímero!
El grito efímero!
(Pero te creo...)
Un último secuestro no!
El de tu estado de ánimo, no!
Tu aliento vas a proteger
En este día y cada día.
Al reloj lo del reloj!
Y alrededor del reloj tu estado de ánimo!

Veamos, ¿quién puede "escuchar" una remera? Y... obviamente, el público que asiste a recitales musicales, especialmente de rock (con "especialmente" me refiero a los 80, porque la canción es de Oktubre, es decir, de 1986; hoy en día es mucho más común usar remeras que identifiquen a un artista o grupo determinado, independientemente del género musical que cultive; pero en aquella época, el lucir una remera con el nombre o el logo de una banda, estaba casi exclusivamente limitado al ámbito del rock).
La letra (por favor, tomar en cuenta que a los efectos de la interpretación, escribo como si estuviese situado en un contexto en el cual Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota, aún existieran, pese al tiempo transcurrido desde la disolución de la banda); alude a esos “hits” musicales que sólo representan, en definitiva, “éxitos” de efímero suceso, que se agotan al escaso tiempo de producidos y que son reemplazados rápidamente por otro hit (que a su vez será también tan efímero y de tan corto plazo como el anterior).
En las dos primeras estrofas, Solari comienza “confesando” su expectativa: él entiende que el éxito que los Redondos habían alcanzado por ese entonces (1986), bien podría ser ser un éxito pasajero, uno en el cual el tic de un reloj no alcance a transformarse en tac, pero a la vez; esboza una “protesta” de su honestidad artística, una re afirmación de la misma. Es esa autenticidad del Indio la que el público redondo premia asistiendo persistentemente a las misas. En resumen, los redondos de abajo sí creen en la banda a la cual siguen; lo cual se define simplemente en una frase: “pero te creo”. Y el "pero te creo", es en realidad un feed back, una especie de proceso de ósmosis; porque se da en ambos sentidos: público - banda - público - banda... en un ciclo que se repite permanentemente.

Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota jamás fueron una banda “efímera”, de hits pasatistas y de "gritos" momentáneos que después, al pelechar un mango, se transformaron en tímidos susurros (pensemos: ¿a cuántos músicos y bandas pseudo combativos vimos pasar?... Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota nunca "secuestraron" a nadie ni se aprovecharon vilmente del suceso que provocaron en el público, explotando miserablemente el "estado de ánimo" -o sea, el impacto que su música provocó en la psique de cada uno de nosotros-, como sí lo hicieron otros...).
Al Indio nunca le ocurrió eso de “ya nadie va a escuchar tu remera”. Es una suerte de contrato no escrito: los Redondos jamás traicionaron sus postulados, y a la vez; su público jamás abandonó al grupo (“tu aliento vas a proteger / en este día y cada día”).

ENLACE A LA CANCIÓN EN YOU TUBE: http://www.youtube.com/watch?v=cNyeTAVPliM

-Juan Carlos Serqueiros-

LA MARCHA SAN LORENZO Y SU AUTOR: UNA HISTORIA DE MISERIA Y OLVIDO







































Escribe: Juan Carlos Serqueiros

La marcha San Lorenzo (y no “de” San Lorenzo, como habitual e incorrectamente suele escribirse), fue compuesta en Venado Tuerto (provincia de Santa Fe) por Cayetano Alberto Silva el 8 de julio de 1901 y oficialmente estrenada el 28 de octubre de 1902 en un acto militar en cercanías del histórico Convento de San Carlos Borromeo (erróneamente llamado por muchos, “convento de San Lorenzo”), sitio en que tuvo lugar el combate. Ese mismo día, el por entonces ministro de Guerra, Pablo Riccheri, dispuso que la obra de Cayetano Silva se adoptase como marcha oficial del Ejército Argentino. Dos días después, se inauguró en la ciudad de Santa Fe el monumento a San Martín, acto al cual asistieron el presidente Julio A. Roca y su ministro de Guerra Pablo Riccheri, y también en esa ocasión una banda militar dirigida por Silva, ejecutó la marcha.
Existen dos versiones acerca de su origen: una sostiene que se trató de un encargo de Riccheri a Silva, para presidir un homenaje al Libertador General San Martín; y la otra afirma que se produjo como consecuencia de un obsequio de Silva a Riccheri. Según esta segunda teoría (que sería a la postre la que prevaleciera generalmente por sobre la otra), Cayetano Silva envió la partitura a Riccheri, sin título y con una dedicatoria personal; y el ministro respondió que agradecía y aceptaba el homenaje, pero que solicitaba al autor le pusiese el nombre “San Lorenzo” (Riccheri era nacido en esa ciudad, 26 km al norte de Rosario).
La tradición dice que Cayetano Silva compuso la marcha en una sola tarde, sentado en un banco de la plaza San Martín, de Venado Tuerto, y que esa noche se la hizo escuchar a su esposa y a su hija, tocada por él mismo en violín. Particularmente, me inclino por la primera hipótesis; creo que debió de tratarse de un encargo oficial de Riccheri a Silva, y que éste en modo alguno debió de componerla en un banco de plaza; sino que lo más probable (y razonable) es suponer que lo hubiera hecho en su casa.
Su extraordinaria belleza musical hizo que fuera elegida como favorita por ejércitos de numerosas naciones de los cinco continentes, a tal punto, que es la música marcial más ejecutada. Así por ejemplo, el gobierno inglés solicitó autorización al gobierno argentino para que la marcha San Lorenzo sonara en la coronación del rey Jorge V el 22 de junio de 1911, lo cual se repetiría en la coronación de la reina Isabel. Asimismo, la marcha San Lorenzo es, aún hoy en día, ejecutada en los cambios de guardia del palacio de Buckingham. Cuando el ejército alemán, durante la segunda guerra mundial, entró en París, lo hizo a los compases de la marcha San Lorenzo, y cuando Eisenhower entró al frente de las tropas aliadas en esa ciudad, lo hizo también al son de la misma.
Cayetano Alberto Silva era oriental. Se sabe que nació el 7 de agosto de 1868 en San Carlos, departamento de Maldonado,  que fue bautizado el 17 del mismo mes y año (se conserva su fe de bautismo en los registros parroquiales de esa localidad: libro X f. 64 Bautismos), y que era hijo natural de una esclava negra, Natalia, que tomó el apellido de la familia en cuya casa se había criado. Cayetano mostró desde pequeño inclinación por la música, y un prestigioso médico uruguayo, el doctor Francisco Vidal, lo apadrinó y facilitó sus estudios de teoría, solfeo, composición y ejecución de diversos instrumentos. Posteriormente, siempre con la profesión de músico, se trasladó al estado brasilero de Río Grande do Sul, para luego recalar en Buenos Aires, donde en 1889 completó y perfeccionó sus estudios musicales. Desde allí se dirigió luego a San Juan y Mendoza, donde se desempeñó como director de bandas militares, para arribar por fin a Rosario, provincia de Santa Fe, en 1896. En dicha ciudad, contrajo matrimonio con una inmigrante italiana, Filomena Santanelli, con la cual tendría ocho hijos.
En 1899 la Sociedad Italiana de Venado Tuerto contrató a Cayetano Silva como maestro de la Escuela de Música de dicha localidad, y él y su familia fueron a vivir en la casa situada en la calle Maipú 966, hoy convertida en museo Casa Histórica Cayetano A. Silva. Fue allí, como cité precedentemente, que Cayetano creó su inmortal marcha San Lorenzo. También por esas épocas, compuso la música para dos obras teatrales de Florencio Sánchez, estrenadas con extraordinario suceso en Rosario: “Canillita” y “Cédulas de San Juan”. Pero… la familia seguía creciendo y a raíz de ello su situación económica, siempre precaria, tornó a convertirse en gravísima; por lo cual el maestro resolvió ingresar como empleado en la policía de Rosario. No obstante ello, no consiguió poner remedio a sus penurias monetarias, y acorralado por la miseria, vendió los derechos de la marcha San Lorenzo al representante de una casa musical de Buenos Aires en la exigua suma de 50 pesos. Aquejado de diversas enfermedades y sumido en la más absoluta pobreza, Cayetano Silva falleció en Rosario el 12 de enero de 1920 a la edad de 51 años.
Pero faltaba aún el colmo de la ingratitud: como era negro, la policía de Rosario se negó de plano a que fuera sepultado en el panteón policial, por lo cual sus restos fueron enterrados en una tumba sin nombre en el cementerio de la Piedad, donde permanecieron hasta 1997, en que merced a la gestión de la Asociación Civil Amigos de la Casa Histórica Museo Cayetano A. Silva, fueron exhumados y trasladados al cementerio Municipal de Venado Tuerto, donde hoy descansan.
En fin, otro de los tristes y deplorables episodios de ingratitud y olvido de los que tanto abundan, lamentablemente, en nuestra historia.

-Juan Carlos Serqueiros-

domingo, 15 de enero de 2012

CARTA DE BELGRANO A CANDIOTI DEL 28 DE ABRIL DE 1814



































Escribe: Juan Carlos Serqueiros
 
Un amigo me pidió que le transcribiese esta carta que el general Manuel Belgrano le dirigiera con fecha 28.04.1814 a Francisco Antonio Candioti, por no poder él entender la letra del prócer, lo cual hice con mucho gusto, porque amén de que siempre es un enorme placer leer a Belgrano; la carta (cuyo original se conserva en el Archivo General de la provincia de Santa Fe y que cualquiera puede ir a ver porque inclusive tienen un servicio que permite ampliar las imágenes digitalizadas de modo de poder leerlas sin ese difuminado que se produce al ampliarlas mediante el zoom de una computadora) posibilita dilucidar ciertos aspectos de una época complejísima para la Revolución.
Bueno, vamos al punto; la carta decía:

Mi amigo: recibí la de V. en su tiempo; p.o p.r mis males no he podido contestar como quisiera. V. me ha llenado de contento con qto. significa, y celebro, sobre mi alma que no se diga viva España, ni tampoco haya unión con los de Montevideo: serán acaso remordimientos particulares los que hayan obligado a Artigas a ese movimiento, que como de familia podrán componerse, concluyendo las diferencias, y la unión se restablecerá, que es lo que nos importa; porque sin ella cada uno andará por su lado; y estaremos expuestos a una ruina total en la que todos seremos víctimas.
Los negocios del Perú van perfectamente: Cochabamba se sostiene, y el Cusco está en convulsión movido por los oficiales, hijos de allí, despreciados por Pezuela, así que no dudo se agregarán los juramentados de Salta y aún los soldados que existen por allá. El gral. Pezuela se maneja a la española; ha establecido una Junta que sirva de purificación p.a que solo queden en los Pueblos los buenos vasallos de Ferndo. (nota mía: Fernando, refiriéndose a Fernando VII) en consecuencia, destierros, prisiones varias: a Chuquisaca se ha puesto una contribución onerosa p.r la conducta que observó con nosotros.
No tardaré en marchar a Loreto: si V. quisiera escribirme sírvase dirigir la carta al Adm. de Correos de Córdova,  a q.n aviso como me las ha de mandar; permaneceré en otro Pueblo, hasta recuperar mi salud y poder seguir mi viaje de que avisaré a V. con oportunidad.
Expresiones amistosas a las Sas. y mi apasionada: V. reciba el sincero afecto de su:
Manuel Belgrano
Santº del Estº 28 de Abril de 1814.
A D.n Franco. Anto. Candiotti Sta. Fé

(sic)

Lamentablemente, no he tenido a la vista la carta de Candioti a Belgrano que precedió a la contestación de éste (como pueden apreciar en el texto, ésta de Belgrano es en respuesta a una anterior de Candioti a él), y más aún; no sé si se conservará dicha carta o no, para así ver qué le comunicaba en ella. Pero aún sin ese documento, puede inferirse cómo era la cosa: estaba de Director Supremo de las Provincias Unidas (¿"unidas"? mmm...) el notario Posadas, que con sus desplantes había provocado que Artigas abandonase el sitio de Montevideo, y lo había acusado de traición a la patria y puesto precio a su cabeza (6.000 pesos).
Fue un terrible error de Posadas, y la pésima impresión que eso produjo en el ejército y las varias personas que así se lo dijeron -incluyendo al barón de Holmberg, a quien las fuerzas artiguistas había batido en toda la línea-, todo eso sumado al rechazo que Vigodet hizo del armisticio que le propusiera; lo movieron a que enviara a Candioti (de antigua relación con Artigas), acompañado del fraile Mariano Amaro, a negociar con el Jefe de los Orientales. Así que la carta de Candioti -que de tonto no tenía un pelo y que sabía perfectamente los puntos que calzaba Posadas- a Belgrano; probablemente haya sido para informarle a éste que Artigas había tratado caballerescamente al barón de Holmberg y que lo había liberado con toda su tropa sin hacerle daño alguno, y acerca de la misión que le había encargado el Director.
Artigas recibió afectuosa y cordialmente a Candioti, y la mediación de éste fue exitosa; concluyéndose en Belén un convenio por el cual se reivindicaba a Artigas, se reconocía la autonomía de la Provincia Oriental y se renovaba la alianza entre ésta y Buenos Aires (lo que equivale a decir entre Artigas y los orientales por una parte, y el Directorio por otra; lo cual significaba nada menos que la inmediata liquidación de los realistas en Montevideo, la tranquilidad interior y la unión que anhelaban Belgrano, San Martín y Güemes, entre otros, es decir; los que querían sincera y efectivamente la independencia.
Pero Posadas, sumido en su nube de altanería, tozudez, empaque y soberbia, no aceptó; y el enfrentamiento entre hermanos continuó. 
Por ahora, para evaluar hasta dónde era capaz de llegar Posadas, baste con esta cita de las Memorias Curiosas, de Juan Manuel Beruti, enemigo de Artigas: "Estas son las resultas que nos han traído los desaciertos y poca política de nuestros gobiernos, que tan ligeramente trataron de traidor y enemigo del estado a Artigas, ofreciendo por su cabeza seis mil pesos y mandando tropas para sujetarlo, las que se han perdido, no sacaron nada y regresaron con un cuero a la cola". A confesión de partes, relevo de pruebas.
El contexto general era que había en Europa una especie de "furia restauradora de monarquías", y encima, Napoleón había liberado en diciembre de 1813 a Fernando VII, que había asumido el trono de España y que andaba boqueando con su amanerada e histérica voz de mariquita, que escarmentaría a los "rebeldes" americanos. Por eso Vigodet quería sostenerse en Montevideo a como diese lugar; para ganar tiempo mientras esperaba el auxilio de una flota enviada desde España por Fernando VII.
Ante ese panorama, el Directorio no encontró mejor "solución" que hacer las paces con Fernando, pero de tapadera nomás; mientras que así de sotamanga al pasar, buscaba entregar el país al coloniaje extranjero, para evitarse así el tener que "caer" en el artiguismo, o sea, en el federalismo (eso a lo que Manuel José García llamaba "peligroso sistema radical de libertad").
Cuando Artigas se retiró del sitio de Montevideo; Vigodet, creyendo que podía atraerlo para el bando realista, lo lisonjeó y tentó con ofertas, que fueron rechazadas por don José con un seco "usted se ha formado un concepto equivocado sobre el motivo de mi separación del sitio". Cortita y al pie, ¿no? Un patriota cabal, Artigas.
Por eso, Belgrano en su carta le dice a Candioti lo de "celebro, sobre mi alma que no se diga viva España, ni tampoco haya unión con los de Montevideo", alegrándose de que Artigas no haya accedido a las sugestiones de Vigodet (y de Pezuela, que también le escribió, aunque de esto último; no sé si Belgrano llegó a enterarse).

-Juan Carlos Serqueiros-

sábado, 14 de enero de 2012

EL MAHOMA DEL ALTIPLANO




























Escribe: Juan Carlos Serqueiros


Con los cholos de mi pueblo haré la felicidad de Bolivia. (Manuel Isidoro Belzu)

La transformación política y las reivindicaciones sociales en Bolivia, llevadas adelante por el gobierno que preside Evo Morales, han tenido un antecedente en la obra (trunca, debido a su asesinato) del general Manuel Isidoro Belzu, “el tata” (padre) Belzu, o el “Mahoma del altiplano”; para el pobrerío boliviano.
Belzu nació en La Paz, el 14 (según algunos; el 4 según su esposa) de abril de 1811. Mestizo, llevaba en sus venas la sangre india de su madre Manuela Humeres (o Humerez) y la hispano - árabe de su padre, el comerciante español Gaspar Belzu.
Tuvo una infancia pobre y escasa en juegos, a raíz del abandono de hogar que hiciera su padre, convirtiéndose su hermano mayor en su tutor y protector virtual; ya que su madre se veía obligada a pasar el día en las plazas de La Paz vendiendo las velas y fósforos que ella misma fabricaba, de modo de arrimar unas pocas monedas con que sustentar la magra, escuálida economía familiar. Su única instrucción regular (primaria) la recibió en el Convento de San Francisco. Pero el temperamento de Belzu no se llevaba bien con la escuela, y siendo un adolescente de 15 años, se integró al ejército peruano del general Gamarra primero, y a los de los mariscales Sucre y Santa Cruz después.
Rebelde, orgulloso, indómito, arrojado, de temeraria valentía, poseedor de unas despierta inteligencia y aguda perspicacia; Belzu ya nunca abandonaría las armas.
Por elementales razones de espacio, no voy a consignar en esta nota los hitos que fueron jalonando su carrera militar; simplemente apuntaré que fue ascendido al grado de capitán coincidentemente con la época en que, estando destinado (como castigo por supuestas insubordinaciones) por el mariscal Santa Cruz en Tarija, conoció en esa ciudad a quien después sería una destacada escritora: la salteña Juana Manuela Gorriti, que estaba emigrada allí con su familia por ser su padre, José Ignacio Gorriti, opositor a Juan Facundo Quiroga y Juan Manuel de Rosas.
Luego de un romance fulminante y de sortear trabajosamente la obstinada negativa del padre de la novia; Manuel Isidoro y Juana Manuela se casaron en 1833, cuando ella no había cumplido aún los 15 años. De ese matrimonio nacieron dos hijas: Edelmira y Mercedes.
A las órdenes de Santa Cruz peleó Belzu (a pesar de que desaprobaba la política de aquel) en Yungay, donde el 20 de enero de 1839 el ejército chileno del general Manuel Bulnes (aliado de la Confederación Argentina que presidía Juan Manuel de Rosas) derrotó estrepitosamente al de aquella efímera entelequia creada por Santa Cruz que fue la Confederación Perú - Boliviana (batalla esta que también modificaría el panorama político argentino de ese entonces; pero eso será materia de otra nota). Luego de la aplastante derrota, Santa Cruz huyó al Ecuador, y Belzu cayó prisionero de las tropas peruanas que se habían mantenido tenazmente contrarias a la confederación creada por Santa Cruz.
De regreso en Bolivia, Belzu era ya un hombre de gran prestigio en su patria. Luego de la caída de Santa Cruz; era presidente José Miguel de Velasco, quien lo recibió con muestras de afecto y lo ascendió a teniente coronel. Esa época marca el inicio de la participación activa de Belzu como una de las figuras influyentes y principalísimas de la política boliviana.
En un golpe de estado contra Velasco, dirigido por el general Agreda, que tenía intenciones de restituir al mariscal Santa Cruz en la presidencia; Belzu se mantuvo neutral, convencido como estaba de ser el fiel de la balanza. Sorprendido mientras dormía, fue hecho prisionero, pero el general José Ballivián, ahora aliado con Velasco frente al común "enemigo peruano", lo liberaría. El 18 de noviembre de 1841, se enfrentaron en Ingavi el ejército peruano al mando del general Gamarra y el boliviano al frente de Velasco y Ballivián, quedando la victoria para los últimos. En esa batalla, Ballivián ascendió a Belzu al grado de coronel, por su bravura y heroísmo en combate; pero las buenas relaciones entre ellos no durarían mucho, y ambos hombres más adelante se convertirían en enconados y mortales enemigos. Todo esto coincidiría con una profunda crisis de pareja, de resultas de la cual el matrimonio Belzu - Gorriti se deshizo en 1843.
Y aquí “ajustarse los cinturones, pues vamos a entrar en una zona de extrema turbulencia”: en Bolivia se ha intentado (y en buena medida, se logró hacerlo) instalar en el imaginario colectivo la idea de que la enemistad entre Belzu y Ballivián surgió a partir de infidelidades conyugales en las que, con el último como tercero en discordia, habría incurrido Juana Manuela Gorriti; y que eso habría llevado a su esposo Belzu a reaccionar con “celo moro” (Indio Solari dixit). 
Por ejemplo, Joaquín Aguirre Lavayén (con más que dudosa caballerosidad), en una nota periodística que le hicieron con motivo de su mediocre (y de escasa resonancia fuera de Bolivia) obra Guano maldito, afirmó:

Belzu es el árabe cornudo que se traga en silencio el veneno que le sirve Ballivián... le quita a su bella esposa Juana Gorriti y le degrada al rango de humilde sargento. ¿Sabes querido mago lo que es un árabe cornudo? ¡Es un volcán! En ese corazón de Belzu bulle un volcán reprimido que en su profunda amargura encuentra alivio amando a sus dos hijas y amando a esos indios quechuas y aimaras tan infelices y explotados como él. (sic)

En la misma sintonía, Humberto Vázquez Machicado, se escandalizaba de que “por un drama de amores y celos, se ensangrentó casi diez años la historia de Bolivia" (sic), y atribuyó a la “deshonra” de Belzu y su afán de venganza, nada menos que… ¡ser la causa originaria y principalísima de todas las luchas internas bolivianas desde 1847!
Pero veamos también qué tenía para decir al respecto, la vilipendiada supuesta esposa infiel, Juana Manuela Gorriti. En su libro “Panoramas de la vida”, en el capítulo correspondiente a la biografía de su marido, consigna claramente: “Demasiado jóvenes ambos esposos, no supieron comprender sus cualidades ni soportar sus defectos; y aquellas dos existencias se separaron para no volver a reunirse sino en la hora suprema al borde del sepulcro.” (sic). Y al referirse a las relaciones entre Belzu y Ballivián, Juana Manuela escribe: “Aquellos dos hombres, sintiéndose de igual fuerza en arrojo, audacia y valentía, eran también demasiado semejantes en cualidades y defectos, para que pudieran respirar en paz la misma atmósfera.” (sic). Asimismo, atribuye a “toda suerte de recelos” y a “sugestiones” de terceros, la malquerencia de Ballivián hacia Belzu.
Sin embargo, de seguro ni Aguirre Lavayén ni Vázquez Machicado deben haberse tomado la “molestia” de leer a la Gorriti (¡ay, el machismo!), ya que si lo hubiesen hecho; no podrían haber dejado de notar que en el capítulo “Una querella”; la escritora relata una situación equívoca de celos, curiosamente similar a la acontecida en su caso (por supuesto, “similar” si nos atenemos a su versión, o sea, a su verdad relativa). Vaya y pase en Aguirre Lavayén, que en definitiva escribió una novela, la cual por ser precisamente eso, no tenía por qué ceñirse a la verdad histórica, pero lo de Vázquez Machicado es inadmisible por donde se lo mire; ya que escribir la historia desde una perspectiva limitada a las intimidades de alcoba y/o a las infidelidades conyugales, hayan sido estas ciertas o inexistentes, resulta, cuanto menos (y siendo en exceso benevolente); pueril. Y mejor ni acordarnos de lo de reducir las abismales diferencias de pensamiento político entre Belzu y Ballivián a un problema de celos e inferir desde allí que la inestabilidad consuetudinaria en Bolivia, se debía a amores contrariados en conflicto… ¡Pobre Bolivia con semejante “historiador”! En fin, se ve a las claras que los Rial y demás personajes miserables por el estilo, no inventaron nada…
Retomemos la ilación: luego del mandato de Ballivián, extendido entre 1841 y 1847, y después de una fugaz rentrée de Velasco; ahora lo tenemos a Belzu ya instalado en la presidencia de su país, luego de derrocar a este último, entre las aclamaciones y el delirio de los pobres y desposeídos de Bolivia.“La narradora (nos dice Juana Manuela Gorriti refiriéndose a sí misma en tercera persona) rehúsa seguirlo en aquel elevado puesto en que la esposa (o sea, ella misma) rehusó acompañarlo también.” (sic).
Belzu, en su gestión, se apoyó en la clase humilde y despreció a la oligarquía boliviana, sectaria y extranjerizante. Tendió a favorecer invariablemente a los pobres; estableció el proteccionismo económico más férreo que las circunstancias le permitieron; castigó con rigidez y severidad las arbitrariedades que se cometían contra las comunidades indias; estableció la prohibición del ejercicio del comercio para los extranjeros; hizo construir escuelas de artes y oficios en todas las capitales departamentales y fijó la bandera y el himno bolivianos tal como hoy se conocen. Durante su período de gobierno, Belzu tuvo que afrontar nada menos que ¡40 intentos de golpes de estado y revoluciones en su contra!
Y hasta sobrevivió milagrosamente a un atentado contra su vida perpetrado el 6 de setiembre de 1850, en el cual recibió un balazo en el cuello y otro en la cara.
Al terminar su mandato, hizo elegir presidente a su yerno Jorge Córdova, a quien entregó el gobierno el 15 de agosto de 1855 y se fue a Europa, dedicando los años siguientes a viajar por el mundo.
Una feroz anarquía iría a cernirse sobre Bolivia al abandonar Belzu el poder. Las luchas intestinas y los golpes de estado se sucederían, hasta que un dipsómano analfabeto de extraordinaria crueldad, pero de hercúlea fuerza e irresponsable arrojo, llamado Mariano Melgarejo; se haría con el gobierno hacia fines de 1864. Obedeciendo al clamor incesante de su pueblo, Belzu volvió a su patria, a derribar al tirano que la oprimía con sanguinaria fiereza.
El 20 de marzo de 1865, la noticia de hallarse Belzu próximo a La Paz, corrió como el remanido reguero de pólvora, y los humildes, los desposeídos, los pobres, los oprimidos, en fin, el cholaje todo; acudiría presuroso a su lado, ovacionándolo y llevándolo en andas al palacio sede del gobierno.
A su paso, los propios soldados de Melgarejo se le unían; hasta que éste, viéndolo todo perdido, se dirigió al salón donde estaba Belzu, con la aparente intención de rendirse ante él. Con su proverbial generosidad sin límites, Belzu se levantó de su asiento y le extendió los brazos al tiempo que exclamaba: “¡Te perdono!”. En ese mismo instante, Melgarejo extrajo un revólver y le descerrajó un balazo en la sien, asesinándolo. Era (según sostiene la historiografía oficial de Bolivia) el 23 de marzo de 1865. Trascartón, aquel abominable engendro del infierno salió a la galería y gritó: “¡Belzu ha muerto! ¿Quién vive ahora?”; y según la tradición (a veces, tan poco confiable, ¿no?), la muchedumbre habría respondido con un estentóreo: “¡Viva Melgarejo!”.
Cabe destacar que la biografía de Belzu que hace Juana Manuela Gorriti (que en esos días se hallaba circunstancialmente en La Paz, en casa de sus padres; que se dirigiría personalmente a rescatar el cadáver de su esposo asesinado y que presidiría el velatorio que le haría el pueblo boliviano), sitúa todos esos sucesos el 27 de marzo, y no el 23 como oficialmente se acepta. Existe, pues, incongruencia en las fechas, siendo harto difícil determinar cuál de ellas es la correcta.
En fin, ese fue el hombre; un héroe y mártir, para el pueblo que lo idolatró hasta el fanatismo; o un villano cornudo y déspota, para la aristocracia que lo odió con enconada y prolija saña.

-Juan Carlos Serqueiros-

viernes, 13 de enero de 2012

MOTOR PSICO



Escribe: Juan Carlos Serqueiros

No hay una intensidad de amor o sentimiento que no implique el riesgo de daño paralizante. Es un deber asumir este riesgo, amar y sentir sin defensa ni reserva. (William S. Burroughs)

 

Amor fati: sea este en adelante mi amor. (Friedrich Nietzsche, La gaya ciencia) 



MOTORPSICO
(Beilinson - Solari)

Siempre tengo a mi lado a mi dios
(así me das más...)
Un susurro muy especial
(así me das más...)
"Motorpsico": el mercado de todo amor
Lo que debes, cómo puedes quedártelo.

Junto a la hemoglobina me fui
y ya no sangro más.
De la nada a la gloria me voy
(¡así me das más...!)
"Motorpsico": el mercado de todo amor
Lo que debes, cómo puedes quedártelo.

Voy jugando de acuerdo al dolor
(fichando de más...)
Mi dios no juega dados, quizás...
...esté a mi favor
"Motorpsico": el mercado de todo amor
Lo que debes, cómo puedes quedártelo.

Una canción que se las trae, hecha de poética directamente sublime y de melodía que se concatena con ella a la perfección de modo de acompañar y realzar la musicalidad propia de las palabras, pero sin eclipsarla lo más mínimo.
Y es —según el Indio— "el lugar más pop al que llegó Patricio Rey". Y yo agregaría que es también el lugar más nietzschiano-kunderiano al que llegó Patricio Rey, pues para mí, “Motorpsico” se le inspiró a Solari desde su lectura de La insoportable levedad del ser (1984), de Milan Kundera.
Después de todo, esa maravillosa obra que es Oktubre (1986), viene impregnada por la movida beatnik, el Mayo del 68, la izquierda americana, la psicodelia, las noches de fernet, la Guerra Fría, Tarkovsky, Orwell y, como veremos seguidamente; es también permeable a lo más revolucionario (no debemos perder de vista que el álbum fue concebido como un homenaje a todas las revoluciones trascendentales): Kundera profetizando la modalidad de amor que adoptará el hombre postmoderno: una que no tiene nada de convencional ni se rige por los valores aceptados tradicionalmente, pero que tampoco puede entenderse como reducida al mero impulso sexual.
Así, la letra de “Motorpsico” enuncia y pinta magistralmente sintetizado en versos que sugieren, permiten atisbar a través de ellos, y que a la vez resuenan como mazazos, lo abordado —y genialmente escrito— por Kundera en su novela (la cual, dicho sea de paso, se inscribe en el realismo mágico y figura, sin dudas, entre las grandes obras de la literatura universal): la tragedia del amor en la postmodernidad. Por otra parte, Solari y Kundera se hermanan en una característica: la ambigüedad; si hay ambigüedad en la poesía del uno, no la hay menos en la descripción de los personajes que hace el otro. Y más aún; la comunión macro conceptual entrambos no acaba allí, sino que se extiende a una misma visión respecto de los personajes que protagonizan sus obras: el Indio afirma: “Yo sé por qué escribí cada cosa, pero no se lo digo a la gente para no arruinarle su experiencia”; mientras que el checo espeta: “la imaginación del lector completa de forma automática la visión del escritor”.
Pero vamos a los bifes: ¿qué vendría a ser eso designado como motorpsico con lo que Solari nos taladra la marota? Y… es el motor del alma, lo que moviliza la psique, digamos; la pulsión que energiza pensamientos, sentimientos, percepciones, ideas y en fin… la revelación, lo que nos permite arribar a una certeza, una sola: la de la recurrencia, esto es, la del eterno retorno a partir de la aprehensión de la noción amor fati, amor al destino. En palabras del propio Nietzsche en Ecce Homo: “La fórmula para expresar la grandeza en un ser humano es Amor Fati: que uno no quiera que nada sea diferente, ni hacia adelante, ni hacia atrás, ni en toda la eternidad. Que uno no se limite a soportar lo que sea necesario y aún menos disimularlo —todo idealismo es mendacidad frente a lo necesario—, sino a amarlo”.
El hablante lírico de la poesía (que implícitamente es Tomás, uno de los personajes descriptos en el libro de Kundera) comienza afirmando: "Siempre tengo a mi lado a mi dios / (así me das más...) / Un susurro muy especial / (así me das más...)". El chabón es un postmoderno sin Dios (así, en mayúsculas) o, en todo caso, con un dios (así, en minúsculas) propio, al cual tiene siempre a su lado: un dios suyo, exclusivo, "su" dios. ¿Y quién o qué es ese dios, ese ladero en el cual se recuesta? Pues… eso que con un susurro muy especial lo conduce a situarse en el estadio que antecede al superhombre de Nietzsche, plenamente libre y resuelto a imponer su voluntad, su facultad de decidir cuándo y cómo regocijarse en el amor, sin ataduras, convencido de que “Dios ha muerto” (porque lo mató el peor de los hombres: el débil, el decadente, el que forma parte del rebaño) y ya despojado de la creencia en que esta vida ha de ser sufrimiento y que en la eternidad nos espera una mejor.
A Tomás (un prestigioso cirujano de Praga, divorciado —con un hijo al cual ha dejado de ver—, anti kitsch furioso, dionisíaco, promiscuo, mujeriego, convencido de que la amistad erótica constituye no sólo la relación ideal con las mujeres, sino además; la única posible —lo espanta la idea de que una de ellas se quede a dormir con él después de la relación sexual— y le tiene pavura a la monogamia) que no le vengan con ese Dios del cristianismo; él es independiente en tanto pertenece a una pequeña minoría, fuerte, tiene el poder de crear su propio mundo, y tiene a su dios, eso que le da más.
Trascartón, se viene el leitmotiv de la canción: "Motorpsico”: el mercado de todo amor / lo que debes, cómo puedes quedártelo. Mercado es el sitio en el cual se intercambian cosas, donde se truecan mercancías entre sí o por dinero (que a su vez, también es una mercancía como cualquier otra). El Indio emplea el término para referirse —figurativamente, claro— al “mercado” en tanto ámbito propicio para el intercambio amoroso, pero su metáfora no se agota en eso, sino que tiene, además; implicancias nietzschianas: es en el Markt, esto es, el mercado, donde Zaratustra habla a la gente allí reunida, interpelándola, anunciándole que Dios ha muerto y predicando el advenimiento del superhombre. Y en el mercado (que en este caso, se acota al hotel y restaurante de una pequeña ciudad checa), Tomás (que de casualidad está allí, porque su jefe —el director del hospital en que trabaja—, está enfermo, no puede ir y entonces lo manda a él en su lugar), conoce a Teresa, la moza, camarera o como quieras llamarle, que también por casualidad —mmm… OK, ponele; para que no digan que soy un turro escéptico e incrédulo— atiende la mesa a la que se sienta él a comer, y días después, por… casualidad —y bueh, ponele también, pero advierto: es la última causalidad, digo, casualidad, que me banco—; Teresa se aparece a la puerta de la casa de Tomás, porque ¡oh, casualidad! ha ido a Praga en busca de trabajo, y… ¿Sabés qué?: ya me harté, ¡casualidad las pelotas!; nada había de casual en todo eso, sino que era el amor aproximándose. Sólo que Tomás… aún no lo sabía. Ah, y séame permitida aquí una digresión: ¿vos creés que es debido a eso que la gilada llama casualidad, que en Oktubre tres de las canciones que lo conforman (“Música para pastillas”, “Motorpsico” y “Canción para naufragios”) tengan letras que abordan temáticas referidas a hechos y situaciones que transcurrían durante la llamada Guerra Fría? Otra vez: ¡casualidad las pelotas!
Retomo la ilación: Tomás necesita de su motorpsico para adquirir la noción de amor fati, y entonces, a partir de la compasión; se le revela el amor que siente por Teresa, admite y toma para sí y sobre sí esa “responsabilidad”, ese “deber ser” inevitable (lo que debes / cómo puedes quedártelo), y se opera en él la metamorfosis: su vida se transforma al pasar del “amor” libertino al amor romántico. Y trágico.
Encima, doblemente trágico, porque Tomás y Teresa mueren (como mueren también Tristán e Isolda, Romeo y Julieta y demás etcéteras), y también porque Tomás experimentará la angustia existencial de debatirse entre amor y libertad (libertad esa que se agota en el sexo sin implicancias sentimentales ni morales y tanto mejor cuanto más guarro y sucio; y amor verdadero, pleno, imperfecto, que dista de la idealización y que no tiene pretensión alguna de ser idílico, sino que es la comprensión del otro —comprender es amar—, pero no desde el ego sino desde la mismísima otredad, desde el otro como otro).
Y preparate para la maravilla, pues vamos a asistir a un par de metáforas del Indio que son antológicas, de esas que a uno lo dejan sin palabras que acierten a calibrarlas y ensalzarlas en toda su inconmensurable riqueza, porque a ver; desafío a cualquiera, aún al más pintado, a que las emparde: "Junto a la hemoglobina me fui / y ya no sangro más. / De la nada a la gloria me voy / (así me das más)". Tomás no sangra más porque obviamente, no puede seguir sangrando un organismo que ya está exangüe, que se fue junto a “la hemoglobina” (y es hermosa en su perfección la forma de expresarlo poéticamente). Pero lo que está muerto es sólo lo que hasta entonces fue un débil y decadente humano: el Tomás-hombre, que fenece para que emerja en toda su portentosa plenitud el übermensch, el suprahumano, el Tomás-superhombre. Y es este último, el Tomás heroico, el que se va de la nada a la gloria. ¿Y cómo lo hace? Pues… trascendiendo el nihilismo (del latín nihil: nada), es decir, la "voluntad a la nada", para alcanzar la gloria asido al deseo del eterno retorno, amando la "fatalidad de todo lo que fue y lo que será". 
Y en la última estrofa se viene la frutilla del postre, la corona para el monarca (y hablando del monarca, ¿te acordás del logo de PR?). En Tomás, a la angustia existencial derivada de la batalla entre amor y libertad que todavía se desarrolla en su interior, se suma el dilema de vivir en un país socialista en el cual ha pasado, de ser un intelectual militante entusiasta de la causa; a ser un perseguido por un régimen que se evidencia como ferozmente opresivo y represor, ya que tras la breve Primavera de Praga, en represalia, las tropas soviéticas invaden Checoslovaquia. Él la va piloteando como puede mientras le es dable hacerlo ("voy jugando de acuerdo al dolor”) y después, cuando las cosas se ponen peor; se decide por aumentar la apuesta (“fichando de más…”). Así, tiene innumerables amantes, se curte a cuanta mujer se le cruce y si es con penetración anal y facesitting incluidos, mejor que mejor. Y manifiesta su oposición al régimen publicando en una revista para intelectuales un artículo sobre Edipo Rey que es una crítica al gobierno. Cuando le piden que lo enmiende y que delate a los editores del artículo, él se niega, lo cual provoca que lo echen de su puesto de cirujano primero, y que le impidan ejercer la medicina después. Entonces, Tomás se gana la vida trabajando de limpiavidrios. Hasta que un día, Teresa sugiere que vayan a vivir al campo y él accede. Pronto, traban relación con los escasos habitantes de la pequeña aldea cercana, Teresa cuida las pocas vacas que tienen y Tomás (que en cierto modo ha recuperado la relación con su hijo, al que había dejado de ver años atrás) maneja el viejo y destartalado camión de la cooperativa local. Una noche, mientras bailan, Teresa le confía a Tomás sus remordimientos: se culpa de que por causa de ella; él, un reputado cirujano, se vea condenado por un régimen oprobioso que lo reduce a manejar un camión y a enterrarse en vida en una aldea. Y él responde: “Teresa ¿no te has dado cuenta de que aquí soy feliz?”. Es que Tomás sabe que nada hubo de casualidad (“mi dios no juega dados, quizás… / … esté a mi favor”, escribe Solari —parafraseando a Einstein, porque la frase Dios no juega a los dados con el universo es suya—).


-Juan Carlos Serqueiros-

LA PUERTA



































LA PUERTA
(Poema de Juan Carlos Serqueiros)

Veces hay en que se cierra
Como hermética, inescrutable
Para que no conozca yo el arcano
Que me desvela, inefable

Veces hay en que se abre
Generosamente
(Engañadora, embustera)
Y entonces, libremente
Pareciera que me es dable
Saber cuanto yo quisiera

Pero las más de las veces, entornada
(¿Entreabierta?)
Se aparece; y entonces
Con mi psique atormentada
Fluctuando entre el saber que ignoro
Y la ignorancia sabida
En eso, después de todo, en eso
Se me va… la Vida!

Ignorar que sé
Saber que no conozco
No sé que sé
O presumo que conozco
Y al final, sólo soy
Humano, eso solo
Nada más, nada menos!

Porque no nos atrevemos
A empujar la puerta
Porque la dejamos permanecer así
Entornada
Cuando podríamos lograr
Que ella esté… siempre abierta
Para ir más allá
Hasta donde nos mintieron
Que está prohibido llegar!

-Juan Carlos Serqueiros-

Imagen de portada: Daniel Borg "Tür (Puerta)", óleo sobre tela, 2021


HISTORIAS DE CANCIONES: I PUT A SPELL ON YOU


Escribe: Juan Carlos Serqueiros
 
Una de las grandes, inmortales, canciones en la historia de la música del siglo XX es, sin dudas, I put a spell on you, compuesta por el bluesman y creador del estilo shock rock Jay Hawkins, cuya letra (en inglés y en castellano) pueden ver a continuación:

I PUT A SPELL ON YOU
(Jay Hawkins)

I put a spell on you
Because you're mine.
You better stop
The things that you're doing.
I said "Watch out”!
I aingt lying, yeah!
I aingt gonna take none of your
Fooling around;
I aingt gonna take none of your
Putting me down;
I put a spell on you
Because you're mine.
All right!

PUSE UN HECHIZO EN TI
(Jay Hawkins)

Puse un hechizo en ti
Porque eres mía
Es mejor que dejes
Las cosas que estás haciendo
Te digo “Ten cuidado!”
No estoy mintiendo, yeah!
No voy a tomar en cuenta
Tus tonterías
No voy a tomar en cuenta
Cuando me quieras menospreciar
Puse un hechizo en ti
Porque eres mía
Así es!

Su autor creó la canción a fines de 1955 y la grabó en 1956. La letra gira en torno a una especie de... reclamo perentorio, diríamos, siendo buenos, a una novia suya para que volviera con él, ya que ella lo había abandonado. El chabón, dolorido, herido en su orgullo machista, enojado y frustrado, le advierte que la "hechizó", la amenaza e incluso la conmina a regresar con él, bajo el incontestable argumento de "porque eres mía", como si la chica fuese de su exclusiva propiedad.
Hay quienes sostienen que originalmente era una balada y que el productor de la compañía discográfica (una subsidiaria del sello Columbia) que editó el tema: Arnold Maxin, pretendía que la canción sonara más contundente, a lo cual Hawkins se negaba, apelando entonces Maxin a organizar una festichola pantagruélica en la cual emborrachó a Hawkins y a todos sus músicos y después los hizo tocar la canción, quedando así versionada como se la conocería masivamente; y ya no como la balada que supuestamente había sido en principio.
Pero también muchos afirman que no hubo tal cosa, sino que simplemente el día de la grabación, tanto Hawkins como el resto de la banda estaban absolutamente alcoholizados y que la versión que ese día salió, es la original tal como la concibió su autor.
Después se instaló en el imaginario colectivo la idea de que la canción había sido prohibida y censurada, por entenderse que metafóricamente su temática aludía al canibalismo.  Y por cierto, las escenificaciones que hacía Hawkins contribuían no poco a esta creencia. Personalmente creo que todo eso fue sencillamente parte de una gran campaña publicitaria, de esas a las que tan afectos suelen evidenciarse los yanquis.


Sea como haya sido, lo real y concreto es que se convirtió en un hit (el único en la carrera de Hawkins, por otra parte), y a partir de allí, el hasta entonces cuasi ignoto músico (ex boxeador y ex un montón de cosas más), pasaría a ser conocido como Screamin' Jay Hawkins, es decir, Gritón Jay Hawkins. Posteriormente, la canción sería versionada por gran cantidad de artistas en todo el mundo (Creedence Clearwater Revival, The Rolling Stones, Nina Simone, Joe Cocker, The Animals, Alice Cooper, Black Sabbath y muchos, muchísimos más), a punto tal, que es uno de los temas que con más covers cuenta en la historia de la música.
He aquí un enlace a la versión original, es decir, la del propio autor del tema, Jay Hawkins:


Pero particularmente, la versión que más me conmueve es la de Creedence Clearwater Revival, a la cual pueden acceder a través de este link:


Ya transcurridos nada menos que 70 años desde que fue creada, uno podría preguntarse si, dada la temática inequívocamente... machirula, digamos, de su letra; esta canción tendría hoy por hoy la trascendencia que a lo largo del tiempo tuvo. Y cada quien se responderá a sí mismo, más en lo que a mí atañe, me contesto que de no ser por la versión maravillosa de Creedence con la voz de John Fogerty que le pone un clima especialísimo hasta convertirla en mágica y atemporal, ya no la escucharía con el placer con que siempre la sigo escuchando.

-Juan Carlos Serqueiros-