miércoles, 10 de mayo de 2023

SI YO...




































SI YO…
(Poema de Juan Carlos Serqueiros)

Si me hubiese quedado
En la superficie de la vida,
Aún por ella nadaría
Como esclavo del logro
En una carrera demencial
De ejecutivo exitoso,
Pisando cabezas y cuidando la mía,
Viviendo de primera
En una suite cinco estrellas,
Navegando en mares propicios
De Recoleta o Las Cañitas
En busca de sirenas tilingas,
Gastando cada noche
Como si fuera la última.
Si me hubiese quedado
En la superficie de la vida,
No habría buceado en mi corazón
Hasta en él encontrar el amor
Que por tanto tiempo busqué
Y en lo profundo de mí habitaba.
Si me hubiese quedado
En la superficie de la vida,
No habría revisado el universo
Para poder al fin hallar
A la mujer que es mi par
Y conmigo comparte todo.
Si me hubiese quedado
En la superficie de la vida,
Habría muerto para siempre…
Sin La Otra Mitad.

-Juan Carlos Serqueiros-

Imagen: Adam Martinakis, “The Other Half (La otra mitad)”, técnica digital, 2023.

lunes, 8 de mayo de 2023

CITROËN








































Escribe: Juan Carlos Serqueiros

Carlos de la Púa (Carlos Raúl Muñoz y Pérez, n. La Plata, 14.01.1898 - m. Buenos Aires, 09.05.1950), también conocido como Carlos Raúl Muñoz del Solar o El Malevo Muñoz, fue un periodista y poeta que nos dejara viñetas crudelísimas de aquella Buenos Aires de las primeras décadas del siglo XX, en su libro La crencha engrasada (ed. 1928), que dedicó "a todos los canillitas de Buenos Aires y con especial devoción a la figura histórica de El Diente, don Eduardo Dughera" y "a mis rivales en el cariño de Buenos Aires: Nicolás Olivari, Raúl González Tuñón y Jorge Luis Borges".



En unos de los poemas incluidos en dicha obra, titulado "Citroën", este mimado por la musa rea nos pinta la evocación sentida, melancólica y apenada, que un yo poético (tal vez mimetizado con él mismo o no; ignoro, como todos, si los versos se los inspiró una vivencia propia) hace de una ex prostituta después "evolucionada" en mantenida.

CITROËN
(Carlos de la Púa)

Siempre en cucliya te miró mi pena,
antes de ser lo que sos hoy: bacana,
en la enlozada vieja en que se entrena
el políglota loro de Ritana.
Después, con más chiqué y con más tacto,
en la aliviada que te dio la guita,
te divisé montada al artefacto
que Lola Mora en el Balneario imita.
Y en el Florida matutino
que cantara Rubén en verso fino,
te campanié de nuevo, embelesado.
En la higiénica imagen atrevida,
tu blanco Citroën de mantenida
era como un bidet estilizado.

"Siempre en cucliya te miró mi pena / antes de ser lo que sos hoy: bacana, / en la enlozada vieja en que se entrena / el políglota loro de Ritana": conoció a la señorita en cuestión, cuando ella era pupila en un queco, un tugurio del centro, disfrazado de "pensión", que quedaba por entonces en la calle del Temple (actual Viamonte) entre Esmeralda y Maipú, y que era conocido como “lo de la Ritana” porque lo regenteaba una italiana que se hacía llamar Madame Jeanne, y cuyos nombre y apellido verdaderos eran Giovanna Ritana. Esta fulana, para explotar (además de a sus pupilas, las cuales eran "provistas" por la Sociedad de Varsovia, una tenebrosa organización delictiva dedicada a la trata de blancas, que raptaba de sus países y traía al nuestro, mujeres polacas, rusas, rumanas, húngaras, etc.) la ficción instalada en el imaginario colectivo con respecto a las tan codiciadas putas francesas; había trocado su nombre en el equivalente galo: Jeanne, y alentaba a que la llamasen por el diminutivo: Jeannette; pese a lo cual en el vocabulario corriente, en la yeca, se referían a ella con el mucho más apropiado "la Ritana", tal como señalé precedentemente. Las mujeres que laburaban allí eran de distintas nacionalidades, y por eso lo de "políglota loro de Ritana", debido a las palabras en diversos idiomas que en ese establecimiento podían oírse, y porque a las prostitutas extranjeras se les decía "loras" (de allí, precisamente, viene la expresión la concha de la lora). Así, el vate, con su maravilloso poder de síntesis, nos regala esa magistralmente ilustrativa metáfora.


Seguidamente, el hablante lírico de la poesía se retrotrae en el tiempo y la evoca con un dejo de lástima por la vida que ella llevaba al momento de conocerla ("te miró mi pena"). La recuerda en cucliya (en cuclillas, agachada), lavándose, después del acto sexual, las partes íntimas, en una palangana mugrosa, compartida con las demás ("la enlozada vieja", refiriéndose a esa especie de jofaina enlozada que se usaba por entonces en casi todas las casas -y obviamente, también en los lupanares-; ya que artefactos como el inodoro, el bidet y la bañera, eran artículos de lujo, carísimos y reservados a muy poca gente).


"Después, con más chiqué y con más tacto, / en la aliviada que te dio la guita": la recuerda cuando ella ya no laburaba en el prostíbulo de la Ritana, sino en otro más lujoso o quizá en un derpa propio o alquilado. Había adquirido más roce, cierta cultura y fineza en el trato ("más tacto"), y adoptado modales chiqué, esto es, ostentosos, diqueros. La mina venía cazando un buen billete porque se había transformado en una puta cara ("la aliviada que te dio la guita").


"Te divisé montada al artefacto / que Lola Mora en el balneario imita": geniales metáforas de Carlos de la Púa. "Te divisé montada al artefacto", es decir, ella ya no terminaba de fifar y se lavaba en una palangana como hacía antes en lo de la Ritana, sino que ya disponía de un bidet, y entonces; lo hacía "montada" en él.


Y todavía más impactante: el "artefacto que Lola Mora en el balneario imita" es una analogía entre el bidet en el que la mina se lava, y la obra "La Fuente de las Nereidas", de la escultora tucumana Lola Mora, en la cual se representa el nacimiento de la diosa Venus. En el centro de la escultura, una nereida sostiene una valva, es decir, una concha de ostra, gigante, de la cual surge Venus. Por eso, el imaginario popular de la época asociaba esa escultura a una mujer lavándose, justamente, la vagina en el bidet. Y lo de "en el Balneario", es porque la Fuente de las Nereidas está ubicada en la Costanera Sur, en una parte donde a principios del siglo XX estaba situado el Balneario Municipal de Buenos Aires, cuando el río de La Plata aún no estaba contaminado y la gente podía bañarse en sus aguas.


"Y ayer, en el Florida matutino / que cantara Rubén en verso fino, / te campanié de nuevo, embelesado": otra metáfora que evidencia la gran cultura general que ostentaba Carlos de la Púa: el día anterior, justamente ("ayer"), se la cruzó a la mina, ya convertida en una gran dama, paseando por la calle Florida. Y la campanea "embelesado", es decir, la contempla admirado; ella está hecha una diosa. Y lo de "que cantara Rubén en verso fino", se refiere al poeta nicaragüense Rubén Darío (a quien De la Púa admiraba con devoción y hasta se sabía de memoria sus poemas), que por esa época vivía en Buenos Aires, deslumbrado por el aspecto de gran metrópolis que estaba adquiriendo nuestra capital, e hizo unos hermosos versos descriptivos del hechizo que le provocaba la calle Florida.
"En la higiénica imagen atrevida / tu blanco Citroën de mantenida / era como un bidet estilizado": La ve a la mina subir a su coche, un Citroën blanco, auto de "mantenida". Es decir que ella ya no es la trola que él conoció en un prostíbulo y siguió frecuentando después en otro más caro; ahora la percanta pelechó, vive como una bacana, dejó la "profesión" y es la querida, la amante de un tipo con mucha guita que le regaló el auto. Entonces, él compara las veces en que la vio, tiempo ha, en aquel quilombo, lavándose ("higiénica imagen atrevida"), primero en una palangana y luego en un bidet; con la imagen que le proyecta ahora: hecha una gran dama en su Citroën blanco, el cual a él se le antoja un "bidet estilizado".
Ah, y le dejo aquí una perlita adicional, una yapa, digamos: no tiene absolutamente nada de casual que el poeta haya elegido justo ese auto; porque ocurre que el Citroën 5 CV fue el primero de los modelos de esa marca que ingresó a nuestro país allá por los años 20, y que precisamente, había sido diseñado por André Citroën para el público femenino.


Y colorín colorado, este poema ha terminado. Si le gustó, mi querida/o amiga/o, no se prive del placer de leer todo el libro La crencha engrasada. Es más, salga corriendo a comprarlo, y si no lo encuentra o no tiene dinero para adquirirlo; entonces mándeme un comentario por acá, a este ghetto que hemos dado en llamar Esa Vieja Cultura Frita, y gustoso se lo enviaré en formato digital por correo electrónico.
¡Hasta la próxima!

-Juan Carlos Serqueiros-

domingo, 7 de mayo de 2023

CINCO COSAS QUE HABLAN DE UN EGO INSUFRIBLE






















Escribe: Gabriela Borraccetti *

PRIMERA: TE ENORGULLECEN LOS HALAGOS


Si te levanta el ánimo lo que los demás vean en ti, es porque predominan en tu interior una dependencia al aplauso y una paupérrima valoración genuina de tus capacidades.

SEGUNDA: CONSERVAS CIERTOS LAZOS PORQUE TE HACEN SENTIR IMPORTANTE


Aunque cierta gente no te llame la atención, te parezca sosa y carente de sinceridad; conservas el lazo porque ha elegido halagarte y deshacerse en piropos que decides creer. Capturada/o en tu ego, necesitas al menos esa dosis de admiración ya que "peor es nada" o "todos necesitan un perro que les mueva la cola". La autoestima devaluada y un gran complejo de inferioridad se abaten detrás de este gesto.

TERCERA: TE JACTAS DE QUE NADA TE AFECTA


La búsqueda de una imagen dura y el adorar extirpar vestigios de sensibilidad en las respuestas emocionales, son un refugio al pobre ego que se nutre sólo de la mirada y la opinión del otro. El problema es que la real protección y la evitación de todo sufrimiento, no llegan a partir de una "postura" o de una desconexión afectiva (lo que consume mucha energía en represiones y bloqueos), sino de una aceptación de los propios límites y dolores. Es imposible protegerse falsificando una postura y menos siendo inmune al lado sensible de la vida. Si no, prueba con anestesiar tu mano y ponerla en aceite hirviendo. Al finalizar el efecto anestésico, veras que la realidad te trae un gran dolor.

CUARTA: HACES GALA DE SER DIRECTA/O CUANDO EN REALIDAD ERES HIRIENTE


Quienes necesitan remarcar el famoso "yo digo lo que siento", suelen ser personas que desean de-mostrar su frontalidad siendo hirientes. Son conscientes de que lo que están diciendo es una punta de lanza clavada en el otro; pero para no hacerse cargo de su ira, deciden disfrazar esta puñalada de una cualidad aceptable como lo es el decir algo en la cara en lugar de por la espalda.

QUINTA: ¡YO SÓLO DIGO LA VERDAD!


Quienes se sitúan en este pedestal están decretando, con su propio y único voto, que el resto está equivocado, confundido o es inferior. Para afirmar que lo que se dice es lo único que debe ser tomado en cuenta, se debe autoproclamarse fuera de toda duda, falencia e imperfección humana, es decir, necesitar colocarse en el lugar de dios. ¡Vaya personalidad delirante!, ¿no?


Como siempre, la inflación del ego, está detrás de todas estas máscaras que utilizamos para tapar aquello que nos parece deplorable: orgullos, miserias, dependencias, inferioridades, narcisismo e infantilismo en los que se ha quedado atascado el nuestro.

Lic. Gabriela Borraccetti
Psicóloga Clínica
M. P. 16814

* Gabriela Borraccetti (n. 1965, Vicente López, Buenos Aires), es licenciada en Psicología por la Universidad Argentina John F. Kennedy. De extensa trayectoria profesional, ejerce como psicóloga clínica especializada en el diagnóstico y tratamiento de la angustia, el estrés, los temas de la sexualidad y los conflictos derivados de situaciones familiares, de pareja y laborales. Es, además; poetisa, cuentista y artista plástica.
Para contactar con ella por consulta psicológica o terapia psicoanalítica, enviar e-Mail a licgabrielaborraccetti@gmail.com o Whatsapp al +54 9 11 7629-9160.

jueves, 4 de mayo de 2023

PARA LAS FRASES SIMPLES























PARA LAS FRASES SIMPLES
(Poema de Gabriela Borraccetti)*

Algunas veces extraño
Sentarme a ronronear frases
Hacerlas pasear ida y vuelta
Por las veredas de mi frente.
Eran diálogos largos,
Complejos, rebuscados
Y en la mayoría de los casos,
Eran frases inteligentes.

Algunas tenían el signo
De la inquieta compañía
En los desiertos varios que habitan
Los tantos huecos de un día.

Quizá (tan sólo quizá)
Fue el modo de olvidar recuerdos
De alguna cirugía
Hecha a corazón abierto:
Los latidos que paran,
La sangre que se detiene
Y las huestes de fantasmas
Que gritan, que van y vienen.

Algunas veces extraño
Llevar los ojos nublados
Caminar como si las calles
No tuviesen bocacalles
Con semáforos en verde
Para mis negras tormentas
De rímel y pestañas
De dolor en cámara lenta.

De a poco se van abriendo
Los ojos a las canciones
Y escuchas a las miradas
Sonreír en los rincones.
Es que cuando el tiempo pasa,
Se nos arruga la frente,
Las frases se hacen simples,
Y el corazón… se vuelve mente.

-Gabriela Borraccetti-

* Gabriela Borraccetti (n. 1965, Vicente López, Buenos Aires), es licenciada en Psicología por la Universidad Argentina John F. Kennedy. De extensa trayectoria profesional, ejerce como psicóloga clínica especializada en el diagnóstico y tratamiento de la angustia, el estrés, los temas de la sexualidad y los conflictos derivados de situaciones familiares, de pareja y laborales. Es, además; poetisa, cuentista y artista plástica.
Para contactar con ella por consulta psicológica o terapia psicoanalítica, enviar e-Mail a licgabrielaborraccetti@gmail.com o Whatsapp al +54 9 11 7629-9160.

martes, 2 de mayo de 2023

PERSONALIDADES CAMALEÓNICAS





















Escribe: Gabriela Borraccetti *

Los límites no debieran ser limitaciones, sino bordes claros en donde delinear una figura. Por ejemplo, el cuerpo tiene un límite visible, y nadie podría confundirnos con la persona, los objetos o las plantas que se encuentran a nuestras espaldas o se hallan fuera del campo de lo que llamamos "yo". Allí donde puede destacarse algo que sobresale y resalta, se delinea el centro de un foco que nos permite saber dónde algo o alguien comienza y termina, estableciendo, gracias a lo claro de la imagen, una identidad en tanto otro con el que podemos interactuar.
Cuando alguien confunde la figura con el fondo, pasa a ver al otro como algo amorfo, y por ello, necesariamente se extra-limita; observando esa realidad que tiene frente a sí, como si fuese una mancha borrosa; tal como si le faltaran los lentes correctos para distinguir lo esencial de lo secundario; o los bordes del fondo. Su dificultad en observar límites, se traduce entonces en problemas para establecer los propios bordes; mostrándose como peces sumamente resbaladizos, que difuminan todo lo que dicen, hacen, piensan, muestran de sí, y hacen.
Son las típicas personas que hablan y no saben cuándo parar de hablar; son aquellos en cuyas vidas, los vínculos se "chocan" y mezclan, sin saber dónde empiezan las obligaciones de uno y los derechos de otro; sin existir nociones claras de "autoridad"; y que guardan, bajo una aparente docilidad, el sentimiento de ser "víctimas" de la falta de claridad y límites de los demás.
Por supuesto, para quien carece de bordes claros, es muy difícil no cambiar de forma-identidad, gracias a lo endeble de su contorno; y es por eso que ellos mismos actúan como si fuesen camaleones, decepcionándose muy seguido en sus vínculos, cuando el otro se ve abrumado por la constante metamorfosis a la que inconscientemente echan mano cada vez que insisten en traspasar las barreras que delimitan el contorno ajeno.
Gracias a este tipo de dinámica, nunca se sienten satisfechos con lo obtenido en la relación yo-tú; y es por ello que buscan en una persona, en otra, y en otra más; a alguien que los escuche indefinidamente, los comprenda indefinidamente, los atienda indefinidamente, los contenga indefinidamente y los sostenga ilimitadamente. Les resulta prácticamente imposible distinguir entre el propio lugar y el del otro; generando todo tipo de situaciones incómodas que finalizan normalmente con un portazo o la construcción de un murallón, cosa que se entienda que ya no se tolera más el "traspaso" de fronteras.
Fácilmente, se puede deducir que tal tipo de ida y vuelta genera agresión en el entorno, y es por ello que las relaciones suelen tener finales bastante dolorosos y álgidos, o volverse realmente insidiosos; reafirmando el mito personal de que la vida es injusta, dolorosa, y que es necesario convertirse en mártir, o en alguien que termina por creerse espiritualmente superior, gracias a su capacidad de sufrimiento. Así es como el círculo vuelve a empezar.
El exceso de límites construye una personalidad rígida. La falta de ellos, impide una clara identidad. En el medio, se encuentra la personalidad sana.

Lic. Gabriela Borraccetti
Psicóloga Clínica
M. P. 16814

* Gabriela Borraccetti (n. 1965, Vicente López, Buenos Aires), es licenciada en Psicología por la Universidad Argentina John F. Kennedy. De extensa trayectoria profesional, ejerce como psicóloga clínica especializada en el diagnóstico y tratamiento de la angustia, el estrés, los temas de la sexualidad y los conflictos derivados de situaciones familiares, de pareja y laborales. Es, además; poetisa, cuentista y artista plástica.
Para contactar con ella por consulta psicológica o terapia psicoanalítica, enviar e-Mail a licgabrielaborraccetti@gmail.com o Whatsapp al +54 9 11 7629-9160.

PALIMPSESTO





































Escribe: Juan Carlos Serqueiros

Tampoco nosotros tenemos suficiente pergamino, y por eso carecemos del que poder enviaros; pero os hemos enviado dinero con el que, si así lo disponéis, podáis comprarlo. (San Braulio, obispo de Zaragoza, siglo VII)

Palimpsesto, del latín palimpsestus y éste del griego παλίμψηστος (de πάλινpalin—: de nuevo, otra vez, nuevamente; y ψάωpsao—: raspar, frotar), es un vocablo utilizado para designar a un manuscrito antiguo sobre pergamino o vitela (y también sobre papiro, aunque no haya evidencia material de ello; pero sí referencias en algunos pasajes de las obras de Plutarco y Cicerón) en el cual el texto originalmente grabado en él, haya sido borrado, de modo que ese mismo soporte pudiera admitir otra scriptio (llamada "superior"); pero a la vez, dejando percibir rastros de la que fuera eliminada ("inferior").
Ya en el medioevo, la conquista de Egipto en el siglo VII por parte de los árabes, trajo aparejado el cese de la comercialización de papiro.


En cuanto al papel (inventado por los chinos en el siglo II a.C.), recién sería introducido por los árabes en España en el siglo X, y si bien su fabricación empezó a extenderse por Europa a partir de los siglos XI y XII; no sería sino hasta la segunda mitad del XV que se estimularía la misma, como consecuencia de la invención de la imprenta de tipos móviles que se atribuye a Gutenberg. Asimismo, los altos costos que representaba la producción de pergamino, lo convertían en un soporte carísimo (y la vitela lo era más aún), y de allí, pues, la necesidad para los monjes y copistas de reutilizarlos.
Entre los más famosos pueden citarse el Codex Nitriensis, copiado en el siglo IX por el monje Simeón (¿de Durham?) que transcribió en siríaco un tratado de Severo de Antioquía en una vitela de la cual previamente se habían borrado copias en griego del siglo V o VI, a lo sumo, de La Ilíada de Homero, Elementos de Euclides y el Evangelio de Lucas. En la actualidad, se halla en la Biblioteca Británica, en Londres, Inglaterra.


Y el hoy por hoy más célebre de los palimpsestos, el llamado de Arquímedes, que tiene una interesantísima historia: en el siglo X, en Constantinopla (actualmente y desde 1930, Estambul), un anónimo escriba compuso un códice en el cual había copiado en griego seis tratados de Arquímedes y un juego griego, una especie de rompecabezas geométrico, cuya creación se le atribuye: Sobre el equilibrio de los planos, Sobre las espirales, Medida de un círculo, Sobre la esfera y el cilindro, Sobre los cuerpos flotantes, El método de los teoremas mecánicos y Stomachion. Tres siglos después, posteriormente al saqueo de Constantinopla durante la Cuarta Cruzada, el códice fue a dar a Jerusalén, donde en 1229 un monje llamado Johannes Myronas lo deshizo, cortó por la mitad las hojas de pergamino que lo componían y borró, aplicando zumo de naranja, los textos de Arquímedes, tras lo cual utilizó ese soporte junto a otros seis códices para hacer un libro de salmos y oraciones cristianas del rito griego. El libro permaneció cuatro siglos en el monasterio de San Sabas, en Judea; tras lo cual fue reintegrado a Constantinopla. Allí, en 1846, lo examinó el lingüista alemán Konstantin von Tischendorf, quien descubrió que bajo la escritura litúrgica había textos de Arquímedes y se quedó con uno de los folios (el cual se halla actualmente en la biblioteca de la Universidad de Cambridge, en Inglaterra); hasta que en 1906, el filólogo e historiador danés Johan Ludvig Heiberg examinó el palimpsesto y lo fotografió concienzudamente, publicando en 1910 y 1915 los resultados de su investigación. Al estallar la Primera Guerra Mundial, el libro desapareció (luego se descubriría que había permanecido en manos de distintos coleccionistas privados), hasta que en 1998 fue subastado por Christie's en Nueva York, siendo adquirido en la suma de U$S 2.200.000 por un comprador que no quiso revelar su identidad y que después lo entregó en guarda al Walters Art Museum de Baltimore, Estados Unidos, para que fuera restaurado y descifrado. Concluido el proceso de restauración y conservación de las páginas, las mismas fueron digitalizadas y analizadas con modernas tecnologías, y así el museo logró transcribir el 80% de los textos y la Universidad de Stanford hizo lo propio con el resto, trabajos estos merced a los cuales la humanidad conoce hoy y a partir de 2008 en que fueron publicados íntegramente y subidos a Internet, Método de los teoremas mecánicos de Arquímedes que se creía perdido para siempre, y dispone de la única copia en griego de Sobre los cuerpos flotantes.



También diversos escritores se han ocupado de los palimpsestos en la literatura. Así por ejemplo, Arthur Conan Doyle en El regreso de Sherlock Holmes, "Las gafas de oro" (págs. 344 a 348 de la edición digital de Sherlock Holmes. La colección completa, eBooks con Estilo, 2012), hace aparecer a su famoso detective intentando descifrar uno de ellos, en compañía de su semper fidelis Watson, sumido éste a su vez, en la lectura de un tratado médico; y por su parte, Edgar Allan Poe en "El escarabajo de oro" (págs. 69 a 105 de Edgar Allan Poe. Historias extraordinarias, Emecé Editores S.A., Buenos Aires, 1947) nos describe a su personaje Guillermo Legrand descubriendo el tesoro enterrado del pirata Capitán Kidd, lo cual logra a través de descifrar un palimpsesto (si bien el autor no lo designa específicamente con esa palabra) en vitela cuyo texto oculto se evidencia al aplicarle calor al documento.
Sería caer en lo maniqueo adherir a quienes postulan la tesis de atribuirle al cristianismo la intención expresa y manifiesta de condenar al olvido textos técnicos y científicos de la tardo  antigüedad borrándolos para sobre escribir en sus soportes, otros de carácter religioso y litúrgico. Al respecto, señala Angel Escobar en El palimpsesto grecolatino como fenómeno librario y textual: "Por lo demás, es obvio que el texto que acaba por imponerse en el códice sobre su precedente refleja una preferencia, pero no necesariamente —es más: a buen seguro, sólo de manera excepcional— una postergación deliberada de ese texto subyacente en concreto, ni siquiera reconocido con frecuencia, en los centros de copia, entre el magma de ese prontuario de pergamino al que antes hacíamos referencia. No cabe hablar, en este sentido, de una acción concertada frente a un tipo de literatura en concreto, frente a un canon en decadencia: seguramente no fue la animadversión hacia el texto de Arquímedes lo que motivó la reutilización del códice que lo albergaba, sino la indiferencia hacia él, como en el caso de tantos otros autores griegos y latinos. Sí, más bien, cabe establecer hipótesis sobre el declinar de unos cánones (a veces sólo pasajeramente, en el intervalo entre dos 'renacimientos' culturales) y el aflorar de otros en el momento de la reutilización de los códices, por mucho que apenas pueda irse más allá de una delimitación de tendencias generales".
No obstante lo citado; entiendo menester no soslayar la consideración de que el libro de Escobar fue auspiciado y editado por las cristianísimas Institución "Fernando el Católico" y Universidad de Zaragoza.
Y ahora ya sabe usted, estimado lector, a qué se refieren cuando le mencionen la palabra palimpsesto o cuando la vea escrita.
Después de todo, también podríamos considerar a la historia como un gran palimpsesto en el cual continuamente el hombre (que constituye el objeto y el sujeto de la historia); borra y reescribe ora la crónica de sus propias grandes hazañas, ora la abyección de sus propias miserias.
¡Hasta la próxima!

-Juan Carlos Serqueiros-

lunes, 1 de mayo de 2023

BALADA EN AZUL








































BALADA EN AZUL
(Poema de Juan Carlos Serqueiros)

Incaico y porfiado sol se pone entre cerros
Apuñalando con luces una alfombra azul.
Desde un balcón emanan efluvios
Que aroman dos cuerpos sobre la alfombra azul.
Ella y Él son seres que juegan
A cambiarse sentires y ciencias,
Saberes secretos, caricias guardadas,
Que palpitantes se truecan
Sobre la alfombra azul.
Bandeja (con migas) resignada a un costado,
Una botella vacía y dos copas con posos,
Un video olvidado y un plasma mudo de enojo;
Jadeos, susurros, gemidos, sudores
Y el éxtasis de amor vuelto imagen
Que se proyecta sobre la alfombra azul.
Ella y Él, alquimistas crueles,
Desdeñaron cines desde la alfombra azul;
El sol y los cerros vencidos que fueron,
También capitularon sobre la alfombra azul.
Ella y Él, magos silentes ahora
Se abrazan y besan en la alfombra azul;
Mientras han muerto de celos las sombras
Sobre la espesa trama de la alfombra azul.

-Juan Carlos Serqueiros-

DE QUÉ HABLAMOS CUANDO HABLAMOS DE EGO





















Escribe: Gabriela Borraccetti *

En la imagen que oficia de portada, podemos ver personas establecidas sobre un suelo transparente, pero con una estructura metálica y reforzada que las sostiene, para no caer en un precipicio caótico y vertiginoso. A pesar del refuerzo de cristales diseñados con el propósito de no romperse (salvo por un inmenso impacto que resultase en un accidente de dimensiones gigantescas); sus pies están apoyados en la parte que ciega el fondo del paisaje, a varios metros de altura, es decir, que se encuentran parados sobre el borde que contornea y atraviesa el suelo, con el fin de crear una sensación de máxima seguridad. Aquello que constituye un borde reconocible, delimitando una forma a la cual ver, tocar y reconocer como segura; impide a su vez que la vista comunique al cerebro la sensación de estar derrumbándose sin salvación.
Aún así, pareciera que falta algo más para tener la certeza de ocupar un lugar, un punto determinado y bien definido en el espacio, y es por ello que el límite o contorno no figura sólo debajo de los pies; sino que se extiende alrededor con la forma de una baranda de la cual poder sostenerse y que impide que el vértigo paralice reflejos e imposibilite acciones.
Entonces, cabría una seria reflexión acerca de lo que denostamos cuando hablamos de ego.
Pareciera ser que últimamente se ha transformado en la función de amurallante del alma; pero sería todo un acto de consciencia (ya que la mencionamos tan seguido), poder reflexionar acerca de lo que sucedería al remover de golpe la estructura (representante de nuestro ego) desde donde estas personas están contemplando la vida. ¿Se pueden imaginar qué sentirían si repentinamente se eliminase la plataforma sobre la que apoyan sus pies? ¿Qué sucedería si junto con ella desapareciera lo que las contiene?
Todas estas preguntas nos las podemos hacer poniéndonos como protagonistas de la escena, y quizá sea bastante difícil de componer el cuadro completo de sensaciones caóticas que se producirían en nuestro interior. No obstante, no pueden caber dudas de que tal acontecimiento nos transportaría a la desesperación, teniendo esa sensación de pérdida irremediable en un vacío imposible de significar.
La desaparición de los puntos de referencia en tiempo y espacio, nos entregarían a la ausencia de puntos coherentes, imposibilitando cualquier ilación, orden y claridad necesarios para tomar decisiones, reflexionar y pensar. Descenderíamos estrepitosamente al caos absoluto, y junto con ello, al desconocimiento del suelo que pisamos o del sitio que habitamos. La nada sería el único punto de referencia posible, e imaginar a la nada, por más que la confundamos con una fantasía acerca de ella y nos pretendamos extensos e infinitos en un nivel finito; no nos es dable en forma completa, salvo que se elimine la estructura del ego. En ese camino al vacío, el cuerpo aparecería como un átomo que se fragmenta en partículas cada vez más pequeñas; y desapareciendo en el acto lo que conocemos como brazos, pies, y cabeza; tanto literal como metafóricamente; quedaría tan sólo el terror de una nadedad que no nos dejaría en paz hasta desaparecer atomizados en un mundo muy diferente del que el ego estructura.
La función del ego hace posible tanto la mismidad como la otredad, ya que dibuja los bordes que distinguen al otro de mí. La visión de "lo completo" cambiaría totalmente nuestra percepción, y pasaríamos a formar parte de una consciencia global, perteneciente a todos y a nadie, desconociendo a su vez el significado de las palabras "todo" y "nadie". El adiós a las formas sería definitivo, y la ausencia de tiempo y espacio, la nueva ley.
Este es más o menos el resultado de lo que se vivenciaría a causa de la pérdida de las referencias, y de la entrada a un mundo en donde todo se quiebra como el cristal y las estructuras que antes nos sostenían sobre el seguro y concreto suelo (mundo).
Si el ego desaparece, desaparece la posibilidad de toda distinción, y sería algo así como si el inconsciente inundara por completo nuestra consciencia. Eso que hoy llaman "loco", "insano", "enfermo", es lo que paradojalmente se ensalza al hablar de lo fatídico del ego, y sin embargo; quisiera ver cuántos de los new agers que pululan por ahí dando irresponsablemente “consejos” e impartiendo “cátedras” (para lo cual, además; no están ni formados ni capacitados ni habilitados), son capaces de vivir emanando "luz" y "bendiciones", al convivir con uno de ellos.
Por supuesto, hay egos de todos los colores y tamaños, porque todos somos de muchos colores y tamaños (y de hecho, este artículo es sólo el comienzo; en sucesivos opúsculos abordaré la cuestión in extenso, escribiendo acerca de egos sanos y egos enfermos, de vivir desde el ego, etc.). No obstante; si hay algo que por ahora y en este nivel de evolución no podríamos hacer, es imaginarnos sin el ego; pues eso es, quizá, lo que en la actualidad llamamos muerte.

Lic. Gabriela Borraccetti
Psicóloga Clínica
M. P. 16814

* Gabriela Borraccetti (n. 1965, Vicente López, Buenos Aires), es licenciada en Psicología por la Universidad Argentina John F. Kennedy. De extensa trayectoria profesional, ejerce como psicóloga clínica especializada en el diagnóstico y tratamiento de la angustia, el estrés, los temas de la sexualidad y los conflictos derivados de situaciones familiares, de pareja y laborales. Es, además; poetisa, cuentista, artista plástica y astróloga.
Para contactar con ella por consulta psicológica o terapia psicoanalítica, enviar e-Mail a licgabrielaborraccetti@gmail.com o Whatsapp al +54 9 11 7629-9160.

sábado, 29 de abril de 2023

SEMANARIO "EL MOSQUITO" EDICIÓN DEL 20.04.1879: UNA PORTADA PERIODÍSTICA QUE PODRÍA RECOBRAR ACTUALIDAD






















Escribe: Juan Carlos Serqueiros

En esta caricatura de El Mosquito (litografía de Henri Stein), con un epígrafe que reza: "¿Dónde está el bastón? Está en el Río Negro. Roca lo fue a buscar", se ilustra, con fino y sagaz humor, la disputa, en 1879, entre los distintos personajes políticos de primera línea por llegar a empuñar el bastón de presidente de la Nación, sucediendo a Nicolás Avellaneda.
Entre los que lo buscan aparecen, de izquierda a derecha: Bernardo de Irigoyen; Victorino de la Plaza, que se vale de la ayuda de un perro rastreador; Carlos Tejedor, de gorra; a su lado, en el suelo, Dardo Rocha; más al frente, Bartolomé Mitre; detrás de éste, Domingo Sarmiento (satirizado en uniforme de general, por su obsesión de llegar a ese grado, que después alcanzaría); y Saturnino Laspiur.
Y detrás de estos dos últimos, se distingue a la República que le señala el camino a Julio A. Roca, en obvia alusión a la Expedición al Río Negro que lo catapultaría a la primera magistratura.
Pero… una de cal y una de arena (y… sí, mi querido lector, qué quiere usted; la vida toda es así: felicidad y sinsabores; pero como escribe y canta Daniel Altamirano: “Vea, chamigo: la vida es linda. / Después de todo; / nada es mejor. / Y nunca es pareja la ley del hombre / y pasa ‘e todo en la Viña ‘e Dios”): más allá del magistral humor político de El Mosquito que nos despierta admiración y sonrisas; aquellas cosas terminarían mal, porque un año después estallaría la guerra civil, con su espantable saldo de un número no determinado de muertos y una deuda de millones de pesos que como siempre, pesarían sobre las espaldas del sufrido pueblo argentino.
Desde tiempos inmemoriales los historiadores debaten acerca de si la historia es lineal o es cíclica. Particularmente, no creo que sea ninguna de las dos cosas; me hallo convencido de que no es lineal en tanto no se evidencia que el hombre (sujeto y objeto de la misma) se halle encaminado en un proceso de mejora continua de la especie, sino que sigue siendo tan glorioso y tan miserable como lo es desde siempre; e infiero que tampoco es cíclica, porque lo que se reitera no es la historia en sí misma, sino las causas que originan las catástrofes y calamidades.
Y hablando de eso, si bien Roberto Navarro no es Henri Stein, ni Horacio Rodríguez Larreta es Carlos Tejedor, ni Mauricio Macri es Mitre, ni Alberto Fernández es Nicolás Avellaneda, ni Cristina Fernández es Julio A. Roca; sí contemplo, alarmado hasta lo indecible, que el statu quo de aquella maldita guerra civil de 1880 tuvo antecedentes y alarmas (que no fueron escuchadas) pavorosamente similares a las actuales.
Así las cosas, no me queda más que rogar que si la desgracia volviera a caer sobre nosotros con toda su furia desatada; termine como terminó la de 1880: con el triunfo de la nación frente a la soberbia oligárquica y sectaria, el separatismo y la exclusión.

-Juan Carlos Serqueiros-