sábado, 11 de julio de 2020

LAS MENTIRAS DE LUCIANA





















Escribe: Juan Carlos Serqueiros

Menos mal que un amigo detectó el infame engendro publicado en mala hora por el pasquín mendocino Los Andes y me lo mandó:

https://www.losandes.com.ar/opinion/rosas-y-la-mentira-de-su-infancia-heroica/

Si no fuera trágico, lo de esta señorita —o señora, no sé— luciana sabina (minúsculas adrede y además; peyorativas, tal como corresponde a su estatura intelectual) sería cómico.
La relativamente nueva tipología de personajes como la susodicha, brota de eso llamado "redes sociales" (¡cuánto se lo extraña, ilustrísimo maestro Umberto Eco!) como hongos después de la lluvia, y se esparce por doquier envenenando a quienes, en su estulticia, los comen con fruición digna de mejor causa. Y su índole verdadera es la del vedetismo mediático disimulado bajo algún disfraz, en este caso, el de "historiadora".
En su propósito obsesivo hasta lo cuasi demencial de denigrar, tanto como le sea posible y a como dé lugar, la figura histórica de Juan Manuel de Rosas, se empeña ahora en atribuirle "torturar animales" y en negar la actuación destacada que le cupo durante las Invasiones Inglesas. 
Comienza, la delirante en cuestión, citando como fuente al "historiador y médico Francisco Ramos Mejía en 1936" (sic), confundiendo a éste (que era sociólogo e historiador) con el médico (y tan "historiador" como "historiadora" es la propia sabina) José María Ramos Mejía, autor (en 1878 y no "en 1936") del libelo Las neurosis de los hombres célebres en la historia argentina, del cual ella extrajo los... contenidos, digamos, siendo buenos, que vuelca en su opúsculo, intentando mostrarnos a un Rosas cruel y perverso ejerciendo violencia sobre indefensos animalitos. 
Pero no se para allí, sino que también confunde, en el contexto de las Invasiones Inglesas, Defensa con Reconquista, mezclando todo, biblia y calefón. Y no satisfecha aún con su infernal cadena de errores (¿horrores?); trascartón cita otra "fuente" tan "confiable" como la mencionada precedentemente: Ernesto Celesia, quien en 1948, al consultar el pertinente documento (las Actas del Cabildo obrantes en el AGN), leyó, erróneamente, "se apartó del servicio", donde en realidad dice "se apareó al servicio". O sea, en 1948 Celesia leyó "caballo" y transcribió "mancarrón", y la "historiadora" sabina lo repite cual lorito y sin verificarlo, como si de la verdad revelada se tratase.
Esa mujer fungiendo de historiadora es el ridículo llevado al colmo de lo patético. Lo suyo no sólo es deplorable, sino también vomitivo.

-Juan Carlos Serqueiros-

domingo, 14 de junio de 2020

DEL DICCIONARIO ARGENTINO PEQUEÑO JUANCA ILUSTRADO (ORGULLOSAMENTE NO APROBADO POR LA RAE)


  • Esquenún (lunf.): vago, ocioso, holgazán, perezoso, haragán, negligente, remolón. 

Etimología: proviene del latín schena dritta (espalda derecha). 
Aplícase al y dícese del, individuo gandul, perdulario y poltrón, cuyo padre advierte tempranamente en él renuencia al trabajo, tendencia al ocio e inclinación a la indolencia y la vagancia. 
Deriva de squenun, vocablo empleado por Roberto Arlt en "Aguafuertes porteñas", para designar a y describir las características de, ciertos sujetos tunantes, hijos de inmigrantes italianos, que se evidencian refractarios al trabajo e impermeables a la cultura del mismo, lo cual no les impide atreverse a perorar y pronunciar frases tales como —por ej.—: "Te convertistes en un panelista de 678", "El que no trabaja no come, vistes", etc.
Ilust.:


viernes, 22 de mayo de 2020

EVITA Y PERÓN EN HURACÁN, 1948


Escribe: Juan Carlos Serqueiros

La imagen corresponde a una fotografía que forma parte del archivo de redacción del diario El Laborista, y que fuera publicada en la edición del 26 de mayo de 1948 de dicho periódico. Actualmente se conserva en la Biblioteca Nacional Mariano Moreno.
El Laborista surgió en 1945 como órgano de prensa oficial del Partido Laborista y su dirección era ejercida por quien tuvo la iniciativa de crearlo: Ángel Borlenghi. Tras la disolución del partido, el diario pasó a poder de un grupo que apoyaba al coronel Domingo Mercante. Tiempo después, hacia 1948, se hizo cargo del mismo el periodista y diputado justicialista Rodolfo Decker.

En la foto aparecen retratados, en el estadio del Club Atlético Huracán, Eva Duarte de Perón y su esposo, el general Juan Domingo Perón, asistiendo a un cotejo de fútbol que había tenido lugar el 25 de Mayo de 1948.
Las obras del flamante Palacio, que por entonces aún llevaba el nombre de Jorge Newbery (que conservaría hasta el 23 de setiembre de 1967, fecha a partir de la cual lleva el de Tomás A. Ducó), estaban terminadas desde el año anterior (de hecho, Huracán había disputado allí, el 7 de setiembre de 1947, por el campeonato, un partido contra Boca Juniors en el cual se impuso por 4 goles a 3 ante un marco imponente de público que se calculó en 80.000 personas); pese a lo cual, por estar intervenido el club, el estadio aún no había sido formal y oficialmente inaugurado (lo que ocurriría recién el 11 de noviembre de 1949, en un día pleno de actos, homenajes y festejos, que concluyó con un cotejo nocturno entre los primeros equipos de Huracán y Peñarol de Montevideo en el cual resultó vencedor el Globo por 4 a 1).



En el marco de las celebraciones por un nuevo aniversario de la Revolución de Mayo, el Círculo de Cronistas Deportivos de Buenos Aires y su similar de Montevideo, organizaron dos partidos amistosos a disputarse entre el seleccionado de la Asociación del Fútbol Argentino y el de la Asociación Uruguaya de Football, los cuales se jugaron, uno, el 18 de mayo de 1948 en el estadio Centenario de Montevideo; y el otro, exactamente una semana después, el 25 de Mayo, teniendo como escenario el estadio de Huracán. Ambos cotejos culminaron con la victoria del equipo visitante: el primero lo ganó la selección argentina por 1 a 0 y el segundo fue triunfo del combinado uruguayo por 2 a 0. En este último se puso en juego la Copa Juan Domingo Perón, y de allí las presencias en el estadio del presidente de la República y de la Jefa Espiritual de la Nación.
En cuanto a la persona que aparece junto a Perón, a su izquierda (derecha de la imagen), algunos se han confundido creyendo que trátase del presidente del Club Atlético Huracán, teniente coronel Tomás Adolfo Ducó, bajo cuya gestión se construyó e inauguró el estadio que actualmente lleva su nombre. Pero se equivocan:  Perón y Ducó estaban distanciados y enemistados, y además; por esa época el último no presidía la institución de Parque de los Patricios (que como consigné precedentemente, se hallaba intervenida).
Perón y Ducó estaban ligados por una estrecha camaradería y una íntima amistad, vínculo que en la mañana del 16 de mayo de 1943 los llevó, junto al coronel Miguel Ángel Montes y al teniente coronel Domingo Mercante, a la decisión juramentada de resistir a tiros, en el departamento que habitaba Perón en Arenales y Coronel Díaz donde se habían atrincherado, la orden de detención que el general Martínez, jefe de policía del gobierno del presidente Castillo, había impartido contra el primero (y que finalmente, quedó sin efecto). Pero después, el 29 de febrero de 1944 en lo que se conoce en la historia argentina como “El paso en falso de Ducó”, éste sacó a la calle su regimiento, el 3 de Infantería, para resistir el reemplazo de Pedro Pablo Ramírez por Edelmiro Farrell, con lo cual la añeja amistad suya con Perón quedó rota. Desde entonces, la cerrada oposición, las acerbas críticas y los fuertes denuestos de Ducó contra Perón fueron in crescendo. A punto tal, que en 1946 y 1947 el gobierno nacional dispuso la intervención a Huracán, situación esa que se prolongó hasta 1948. Y recién al año siguiente volvería Ducó a presidir el Club.
No, quien aparece en la foto junto a Evita y Perón no es Ducó; sino el doctor Oscar Lorenzo Nicolini, en aquella época, presidente de la AFA. Probablemente, cierto parecido físico entre ambos y el natural deseo de todo peronista hincha de Huracán de que la disputa entre Ducó y Perón hubiera terminado en una reconciliación, hayan sido las causas que los indujeron al error de identificación.


Un cuarto de siglo después de todo aquello, la heráldica suburbana del globo rojo sobre campo blanco (Homero Manzi dixit) volvía a ganarse en el corazón de ese estadista enorme ya mutado en león hervíboro y más sabio que nunca: el 9 de marzo de 1973, los jugadores del ballet blanco quemero y su entrenador, firmaban una solicitada adhiriendo a la candidatura peronista. Y el 13 de diciembre, el General condecoraba con la Medalla de la Reconstrucción Nacional a una de las más grandes y trascendentales figuras deportivas huracanenses de todos los tiempos: Miguel Brindisi.


Y por favor, no me despierten; déjenme soñar que ese día, desde alguna estrella, Ducó asistió a la escena con una lágrima piantada de su emoción. Después de todo, como escribió el poeta Robustiano Figueroa Reyes, "lo cierto apenas son instantes; / vivir de sueños es lo verdadero".
Muchos creyeron (y aún hoy otros muchos siguen creyendo), erróneamente, que Perón era hincha de Racing. Lo cierto es que no era así. El hincha de Racing era su ministro Cereijo; no él. Según su biógrafo oficial, Enrique Pavón Pereyra, él le preguntó y Perón le respondió que era de Boca. Pero eso no pasa de ser una declaración afirmativa sin sustento probatorio alguno más allá de la palabra de Pavón Pereyra. O, posiblemente, le haya preguntado, y Perón contestó lo que el otro quería oír; una gentileza, digamos. Si yo hubiera sido el biógrafo de Perón, hubiese dicho que le pregunté y que me contestó que era de Huracán; y otro habría dicho que era del club de sus preferencias, y todo así... Particularmente, abrigo la hipótesis de que el General no era hincha de ningún club en especial, y que el fútbol no le atraía demasiado ni como juego ni como espectáculo; pero que sí le interesaba (y mucho) en tanto cultura popular, manifestación social y fenómeno de masas.
Perón es de todos los argentinos, claro; pero tengo para mí que un cachito más… es de nosotros, los de Huracán. Por historia nomás, vio...

-Juan Carlos Serqueiros-
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REFERENCIAS DOCUMENTALES Y BIBLIOGRÁFICAS

Biernat, Carolina. ¿Buenos o útiles? La política inmigratoria del peronismo. Editorial Biblos, Buenos Aires, 2007.
BNMM. ARCH-ESAR-CRO-ARED-LAB. Archivo de redacción del diario El Laborista (subfondo).
Galasso, Norberto. Perón: Formación, ascenso y caída (1893-1955) t. 1. Ediciones Colihue, Buenos Aires, 2005.
Newton, Jorge. Historia del Club Atlético Huracán. 1908-1968. Frigerio Artes Gráficas, Buenos Aires, 1968.
Pavón Pereyra, Enrique. a) Yo Perón. MILSA, Buenos Aires, 1993.
                                        b) Conversaciones con J. D. Perón. Colihue / Hachette, Buenos Aires, 1978.
Revista El Gráfico. Edición n° 1470, 12.09.1947.
Rosa, José María. Historia Argentina t. 13. Editorial Oriente, Buenos Aires, 1979.

jueves, 9 de abril de 2020

CADORNA Y CADORCHA. ¿SABÍAS QUE...?















Escribe: Juan Carlos Serqueiros

¿Sabías de dónde proviene el vocablo "cadorna" para referirse a algo de baja calidad, algo que es "berreta", digamos (por ej., "una botella de Don Cadorna", aludiendo a un vino malo), y su derivación, la palabra lunfarda "cadorcha"? Bueno, si no lo sabías, te cuento:
Luigi Cadorna fue un general que actuó como jefe del ejército italiano durante la Primera Guerra Mundial, enfrentando al del imperio austro-húngaro. Tan inepto y cruel era ese sujeto, que su demencial ofensiva de Isonzo causó la espeluznante cifra de 300.000 bajas propias entre muertos y heridos, y un retroceso en las posiciones ocupadas por sus tropas, de nada menos que 80 kilómetros. Y como sus soldados, hartos de su impericia, se retiraban o desertaban; no tuvo mejor idea que castigarlos ejecutando, por sorteo, a uno de cada diez, como se hacía en tiempos de la Antigua Roma. Como vemos, una pinturita aquel despreciable tipejo.
En la década de 1920, los inmigrantes italianos en nuestro país empezaron a usar, en sentido claramente peyorativo y para designar cualquier cosa que fuera de ínfima calidad, la palabra "cadorna", la cual, más temprano que tarde, fue incorporada al lunfardo y después "potenciada" con su derivación: "cadorcha", producto de la combinación de "cadorna" y "garcha".
Gloria Guerrero, en su libro (uno de esos que no-hay-que-leer) Indio Solari: el hombre ilustrado, escribe: "Ese vino en su mesa no es un 'San' Cadorna, lo que indica devoción mística mas no alcurnia. Es un 'Don' Cadorna. Fina prosapia.", equivocando el sentido del término, que es, en realidad, precisamente el opuesto al que ella le asigna (además de incurrir en el error de  escribir "San" como apócope de santo con la inicial en mayúscula, cuando debe ir en minúscula toda vez que no se refiera a apellidos —por ej., San Martín—, o a calles, avenidas, edificios públicos e instituciones, o a localidades —por ej., San Juan—).
Así que de ahora en más, ya sabés qué quieren decir "cadorna" y "cadorcha". 
¿Eh? ¿Que para qué te puede servir eso? Y... qué sé yo... para nada. Pero como soy una especie de disco rígido que almacena muchos terabytes de información inútil, y dado que con la cuarentena estoy más al pedo que luz de giro en una locomotora y más aburrido que pajero manco; quise compartirla con vos.

-Juan Carlos Serqueiros-

lunes, 23 de marzo de 2020

EDUARDO WILDE, UN HÉROE CIVIL
































Escribe: Juan Carlos Serqueiros

Vamos a rescatar (y nunca tan oportuno el momento) de la noche de los tiempos, la figura histórica de un héroe civil, médico y estadista: Eduardo Wilde (n. Tupiza, 15.06.1844 - m. Bruselas, 15.09.1913).
Fue, entre 1882 y 1886, ministro de Justicia, Culto e Instrucción Pública del presidente Julio A. Roca, y durante su gestión se sancionaron las leyes de registro civil, de educación general común, gratuita y obligatoria, y de matrimonio civil.
Médico, higienista, dotado de un agudo sentido del humor y capaz de florearse en el empleo de la más fina ironía, a poco de recibido hizo publicar un aviso en el diario La Prensa, en el que anunciaba: "Dr. Eduardo Wilde. Atiendo, en mi consultorio de... gratis a los pobres, por decisión mía, y también gratis a los ricos, por decisión de ellos".
Cuando estalló, a principios de 1871, la epidemia de fiebre amarilla que azotó a nuestro país, fue Wilde quien primero la denunció, en un carta publicada el 22 de febrero en el diario La República. El presidente de la Nación, Domingo Sarmiento, y todo su gabinete, cobardemente, huyeron despavoridos a Mercedes; y lo mismo hizo la mayoría de los médicos. Pero los doctores Roque Pérez y Manuel Argerich (que murieron), Tomás Pardo, Pedro Mallo, Tomás Perón y Eduardo Wilde, se quedaron y cumplieron una labor titánica, abnegada y heroica.
El propio Wilde contrajo la peste, pero felizmente, logró derrotarla y sobrevivir a la misma. Años después, recordando aquellos terribles episodios, contó: "... escribí un artículo demostrando que la enfermedad era fiebre amarilla y de la mejor calidad. La gente empezó a emigrar y también muchos médicos. Yo me quedé y cumplí con mi deber asistiendo gratuitamente a todo el mundo. Mi trabajo fue de noche y día, los caballos de mi coche, cojos y estropeados, reclamaron la ayuda de otra yunta con la que continué hasta enfermarme yo también".
Recordemos hoy, más que nunca en estas horas aciagas, a Eduardo Wilde, ejemplo de virtud cívica y de conducta heroica.
Nuestra Argentina ha sido y sigue siendo una tierra pródiga en héroes. Actuando responsable y solidariamente, vamos a vencer este flagelo del coronavirus.

-Juan Carlos Serqueiros-

lunes, 9 de marzo de 2020

FUERON TRES AÑOS























Escribe: Juan Carlos Serqueiros

En cualquier cultura conceptual-artístico-lírico-musical, sea cual fuere, hay de todo: excelente, bueno, regular y malo. Y el tango —entendido como tal: cultura y no meramente género— no constituye la excepción. Pero para nada, eh.
Hay, dentro del tango, manifestaciones pictóricas magistrales y otras muy berretas (y nunca mejor aplicada la lunfardesca expresión); bailarines que son un regalo para los ojos, y otros que directamente parecen troncos a pique o tentetiesos; intérpretes —tanto músicos como cantantes— que son una bendición para los oídos, y otros decididamente insoportables; y expresiones poéticas y musicales sublimes que conmueven el alma, y otras francamente deplorables y lamentables. 
Entre estas últimas está comprendida en mi opinión y para mi gusto esta… pieza, llamémosla, siendo generosos y buenos: Fueron tres años, tal como tituló a ese engendro su autor y compositor, un tal Juan Pablo Marín, en 1956.
Veamos, si no:

No me hablas, tesoro mío,
no me hablas ni me has mirado.
Fueron tres años, mi vida,
tres años muy lejos de tu corazón.
¡Hablame, rompé el silencio!
¿No ves que me estoy muriendo?
Y quítame este tormento,
porque tu silencio ya me dice adiós.

Flaco, me parece que sos medio logi (y eso de “medio”, si te veo con un solo ojo). Si no te habla y ni siquiera se digna mirarte, está clarísimo que no soporta tu presencia, ¿o qué parte no entendiste? Tu tormento y que te estés muriendo, a ella le importa tres carajos a la vela; a ver si te das cuenta de una puta vez y dejás de arrastrarte como una babosa.
Y bueno, por fin cazaste una. Sí, es cierto, muy perspicaz lo tuyo: con su silencio te está diciendo adiós. ¡Rajá ya y dejá de dar lástima!

¡Qué cosas que tiene la vida!
¡Qué cosas tener que llorar!
¡Qué cosas que tiene el destino!
Será mi camino sufrir y penar.

A ver, pánfilo: Sí, la vida tiene cosas y a veces nos toca llorar. ¿Recién te diste cuenta? Entonces superaste mis expectativas y sos más boludo de lo que creía. Tenés menos calle que Venecia y menos noche que verano antártico. No es cuestión del “destino” ni que estés condenado a “sufrir y penar”; es que sos un nabo que anda implorándole a alguien que no quiere saber nada con vos. Y no te lo iba a decir, pero bueno, me veo obligado: tiene razón la mina en no soportarte; si andás rogando y humillándote, es que no te querés a vos mismo. Y si no te querés a vos mismo; mal podés querer a alguien más. La felicito a la mina, se nota que es muy perceptiva.

Pero deja que bese tus labios,
un solo momento, y después me voy;
y quítame este tormento,
porque tu silencio ya me dice adiós.

¡Ah buenooooo! Veo que no sólo sos un nabo, sino que como si eso fuera poco, además; sos masoquista. ¿Me podés explicar para qué mierda querés que la mina te deje besarla “un solo momento”, para después irte? Tené un cacho de amor propio, aunque sea, y retirate con todos los honores y la cabeza en alto. ¡Forro!

Aún tengo fuego en los labios,
del beso de despedida.
¿Cómo pensar que mentías,
si tus negros ojos lloraban por mí?
¡Hablame, rompé el silencio!
¿No ves que me estoy muriendo?
Y quítame este tormento,
porque tu silencio ya me dice adiós.

Y dale con Pernía… No se puede creer que seas tan chichipío, viejo. Mirá, si no tenés dignidad; no sé… sacá un crédito y comprate un kilo, viste, algo… O matate, total… no le va a importar a nadie que deje de existir un incurable pelotudo edípico marca Acme como vos.

-Juan Carlos Serqueiros-

jueves, 20 de febrero de 2020

¿SOLTAR? ¿DEJAR IR? EN MUCHOS CASOS, DESAMOR O IRRESPONSABILIDAD




















Escribe: Juan Carlos Serqueiros

Estoy un cachitín podrido de la pseudo sanación psíquica de café y redes sociales, y del pelotudaje que la “aconseja” y “practica”, no solamente sin estar debidamente capacitado, profesionalmente certificado y legalmente habilitado para ello, sino además; sin siquiera detenerse a reflexionar en las idioteces que repite como loro cual si se tratara de recetas mágicas.
Leo y escucho reiterar hasta el hartazgo eso de “tenés que aprender a soltar”, “tenés que dejar ir” y estupideces por el estilo, vertidas alegremente a la que te criaste y dirigidas a cualquier destinatario al que eligen como víctima propiciatoria so pretexto de “ayudarlo”, cuando en realidad, los enfermos que precisan urgente atención… son ellos. Enfermos de protagonismo, de soberbia e infectados por la compulsión a meterse donde nadie los llamó. Y encima, se trata de gente que se da el lujo de hacer consideraciones acerca del ego… Del prójimo, claro; nunca del propio por más exacerbado que lo tenga. Se arrogan el derecho a pontificar como si supieran y con una liviandad que espanta.
Por supuesto que quien no se quiere a sí mismo, mal puede amar de verdad a otra persona. Y es más que obvio que en determinadas situaciones y circunstancias es, no ya necesario; sino imprescindible, poner punto final a un vínculo que se haya tornado imposible de mantener sin afectar gravemente la salud psíquica de uno de los integrantes de la pareja cuando no la de ambos. 
Pero es esa una decisión a la que se arriba después de haberse mirado profundamente hacia dentro de uno, y que —en la mayoría de los casos (por no decir en todos)— requiere de consulta y ayuda profesional, es decir, de terapia psicológica; no una que se adopta sin más ni más, obedeciendo a la "sugerencia" del primer metiche imbécil que aparezca.
Qué querés que te diga… Salvedad hecha de lo que cité precedentemente; a mí, eso de “soltar” y “dejar ir”, vomitado así a la ligera, a priori me suena más a irresponsabilidad, a cagazo, a falta de compromiso, a cobardía, a ausencia de amor verdadero, a —parafraseando a Discépolo— entregarse sin luchar y a no hacerse cargo; que a otra cosa.
Si querés y tenés ganas, leé estos versos:

NUESTRO BALANCE
(Tango, letra y música de Chico Novarro)

Sentémonos un rato en este bar
a conversar
serenamente.
Echemos un vistazo desde aquí
a todo aquello que pudimos rescatar.
Hagamos un balance del pasado
como socios arruinados
sin rencor,
hablemos sin culparnos a los dos
porque al final salvamos lo mejor.

Ha pasado sólo un año
y el adiós abrió su herida,
un año nada más,
un año gris
que en nuestro amor duró una vida.
Lentamente fue creciendo
la visión de la caída.
La sombra del ayer
nos envolvió
y no atinamos a luchar...

¡No ves!...
Estoy gritando sin querer
porque no puedo contener
esta amargura que me ahoga.
Perdona, no lo puedo remediar,
mi corazón se abrió de par en par.

Y también escuchalo, magistralmente interpretado, por el Polaco Goyeneche:

-Juan Carlos Serqueiros-

sábado, 25 de enero de 2020

PEQUEÑAS DELICIAS DE LA VIDA CONYUGAL







































Escribe: Juan Carlos Serqueiros

Maso las 8 de esta mañana sabatina en la humilde morada de los Serqueiros. Ya me afeité, me lavé los dientes, me bañé y me dirigí a la cocina a preparar el desayuno. De pronto, cuando nada lo hacía prever; aparición brujeril a mis espaldas (cualquier similitud con las que se le aparecen a Macbeth, NO es pura casualidad; es el puto destino ensañado conmigo, ¡todos los dioses del Olimpo conspirando contra Juanca!):
—Mi amor, buen día... ¿Eh? ¡¿Qué veo?! ¡¿Te estás haciendo tostadas?!
—Hola corazón, buen día. Y… sí. Si ves el tostador sobre la hornalla y dos rodajas de pan encima, ¿qué carajo voy a estar haciendo, ravioles con salsa mixta?
—Ay, che, cómo sos… Digo porque me prometiste que empezabas la dieta keto; te aviso que las tostadas están prohibidas. Ah, y la leche también, eh; tenés que tomar café solo y endulzado con stevia, ¡nada de azúcar!
—¡Pero vos sos más peligrosa que chileno haciendo mapas! A ver, aclaremos los tantos: no me comprometí a ninguna dieta keto ni la ketamil puta que lo parió; lo que sí te dije es que me iba a cuidar en las comidas y que iba a hacer una dieta ra-zo-na-ble. Puedo prescindir del azúcar, que eso me chupa un huevo. Puedo prescindir del café con leche también, si querés; me hago un mate cocido o un té solos y listo. Pero una tostada con manteca y otra con jalea de membrillo… ¡me voy a comer sí o sí! 
—Bueno, vos sabrás, che. Después de todo, soy tu esposa; no tu enfermera. Hacé lo que quieras, que ya sos bastante grandecito… Puedo psicoanalizar a mis pacientes; no a mi marido, que encima; es un gruñón.
—OK. Me parece perfecto. Y entonces ¿para qué venís a tiranizarme? No me jodas...
Espesos nubarrones presagiaban el estallido de la tormenta, pero resuelto a no entrar en conflictos y con la sacrosanta paciencia del mundo, agarré la bandeja con mi “desayuno” e hice mutis por el foro. Estaba tomando mi “exquisitez”, ese "excesivo festín" de una taza de mate cocido con dos putas tostadas, cuando:
—Mi amor, ponete un short y una remera, aunque sea; que ya le aviso a María (la encargada de la limpieza del edificio) que suba a desayunar acá, y vos estás desnudo.
—Che, y digo yo: ¿no podés esperar cinco minutos para decirle que suba, así termino mi “desayuno” de mierda y me encierro en el escritorio a leer?
—¡Ay, no, pobre María! Ya sabés que llega al edificio a las 6 de la mañana sin tomar nada, pobre, y que todos los días desayuna acá. No seas malo, dale…
—Sí, ya sé todo eso. Conmigo no te vengas a hacer la Evita, que soy peronista desde los huevos de mi viejo y la panza de mi vieja. Me parece bárbaro y me pone muy feliz que María desayune acá; sólo te estoy diciendo que esperes un minuto que me zampo el mate cocido y listo. ¿Se entiende eso?
—Bueno… ‘tá bien. Apurate entonces. Pero... ¿hay necesidad de que andes en bolas como si esto fuera una playa nudista? ¿Qué te creés, que estamos en Ibiza? Ah, y no te olvides que después tenemos que ir al supermercado, eh. Vestite, dale.
—Ufa... en Ibiza ya quisiera estar yo. Y  más lejos también. OK, llamala nomás a María que ya me visto.
Maso una hora después y encontrándome en ese lugar sagrado al que acude tanta gente:
—¡Mi amor, tenemos que ir al super!
—Sí, mi cielo, aguantá que estoy en el baño.
—¡Ya sé que estás en el baño, si te estoy hablando desde el pasillo, y siento olor a cigarrillo, sale el tufo del tabaco por debajo de la puerta, así que estás fumando!
—Y después de un milenio de estar casados, ¿todavía no sabés que cuando cago me fumo un cigarrillo? Es el mejor remedio contra la constipación, lo leí en un libro de Lawrence…
—No empieces con tus citas literarias que son un plomo. Y no seas ordinario, ¿no podés decir simplemente "estoy en el baño”, en vez de contestar esa asquerosidad de “estoy cagando”?
—Seguro que puedo. Si fue exactamente lo que te respondí; pero después empezaste a joderme con lo del pucho. Y además, ¿qué tiene de malo decir “estoy cagando”? Claro… porque vos debés cagar Chanel N° 5, ¿no? Andaaaá… dejame cagar tranquilo y no me rompas los huevos, querés…
Más tarde, en el auto, y ya rumbo a la deliciosa “excursión” al supermercado que tanto placer me provoca siempre:
—Mi amor, te adoro, por más que tengas un carácter de mierda.
—Yo también, corazón, te amo. Por más rompebolas que seas; te quiero con locura.
—Porque supongo, imagino, quiero creer, que no vas a negar que tenés un carácter de mierda, ¿no, gordo? Reconocelo.
—Claro… porque vos sos modosita, suave, tierna, una seda, un terciopelo mire vea.
—Odioso.
—Hinchapelotas.
—Te amo, bobo.
—Te quiero hasta el cielo, jabru. Y me volvería a casar con vos.

-Juan Carlos Serqueiros-

Imagen: Lado Tevdoradze, "მეუღლეები (Cónyuges)", óleo sobre tela, contemporáneo

lunes, 30 de diciembre de 2019

LA FELICIDAD




















Escribe: Juan Carlos Serqueiros

Anoche, tarde, después de haber disfrutado del frescor placentero y sustancioso de una fuente de atún con papas y salsa alioli, bien regadita con un torrontés helado hasta la escarcha, y de un rato de buena lectura; me dirigí al dormitorio para mostrarle a la jabru las fotos de la fiestita de mi nieto Eliseo (ayer cumplió 4 años el futuro full back de los Pumas y presidente de los argentinos), que mis hijas Claudia Noelia y Manuela Macarena, y mi yerno, Rudy, me acababan de enviar al celu.
Me encontré con esta escena: Gabriela cantándole una canción de cuna y acariciándolo al Rufino, nuestro perro, que se entre dormía a su lado, panza arriba; mientras al otro costado, también sobre la cama, la India, nuestra perra, apoliyaba plácidamente a pata suelta tapada hasta las orejas.
Flaubert escribió que "la felicidad es una mentira cuya búsqueda causa todas las calamidades de la vida". No sé si será tan taxativamente así, pero lo cierto es que la felicidad se me antoja el espejismo de un oasis que uno persigue incesantemente, medio muerto de sed; sin acordarse de que lleva consigo una cantimplora llena de agua. 
Por su parte, el Indio Solari canta: “la buena felicidad dicen que no se nota”, y a veces, me hallo inclinado a pensar que puede ser, eh, bien puede ser así. Chi lo sa
Miren, la verdad, soy un ignorante que no sabe si es una mentira, como sostiene Flaubert; o si existe y no se nota, como dice Solari; pero sí estoy absolutamente seguro de algo: si la felicidad existe, clavado que está representada en esa escena de mi esposa junto a nuestros perros.

-Juan Carlos Serqueiros-

miércoles, 25 de diciembre de 2019

¿FELIZ? NAVIDAD



















Escribe: Juan Carlos Serqueiros

Todas las Navidades, uno se hace el firme propósito de ser un cachito más bueno, una mejor persona, más paciente, más tolerante. Pero... el mundo es jodido, y la gente más jodida todavía. Y no te dejan, viejo, no te dejan...
A ver: después de todo lo que morfó y escabió en la Nochebuena; uno no se "levanta de la cama", sino que a duras penas se baja de ella como puede, se tiende sobre el piso y se arrastra literalmente hasta la cocina; abre la heladera, jadeando por el esfuerzo sobrehumano que hizo, y se zampa un sifón de soda con diez sobrecitos de uvasal. Luego de hacer temblar las paredes con quince o veinte eructos, uno repta hasta el baño y —sucesivamente y en ese orden— mea, se mete los garfios hasta la garganta, vomita, caga, se lava el culo en el bidet, se cepilla los dientes, las encías y la lengua en la pileta del ñoba, se hace gárgaras con un bidón de listerine, se mira en el espejo para asegurarse de que todavía está vivo y, por fin; se mete bajo la ducha, quedándose ahí, con la bendición del agua fría, mínimo una hora o más.
Habiendo recuperado la forma humana, uno sale del baño y va hasta el dormitorio. Se pone un short —en realidad, uno preferiría salir en bolas, pero resulta que la prima Carmen se quedó a dormir en la casa de uno porque algún/una pelotudo/a dijo: "pobre, no la vas a dejar que se vaya sola a su casa de madrugada en taxi, ¿no?" (a decir verdad, uno tendría más miedo por el pobre tachero al que le toque sufrir a la Carmen, que por ella, porque es más fea que apretarse los huevos con una morsa y habla hasta por los codos, pero bueno...), así que resignadamente y puteando por lo bajo; no queda otra que calzarse el puto short— y sale, dispuesto a enfrentar el día.
Uno llega a la cocina, pone la pava al fuego, con las mejores intenciones de tomarse unos buenos mates con unos sanguches de miga (seguramente, tienen que haber quedado muchos, porque para eso uno se empeñó hasta el orto, sacó un crédito y compró una tonelada). Pero hete aquí que ¡horror! entre el tío Cacho, el primo Pepe y el gordo Cholo, se los lastraron todos, no dejaron uno ni pa' recuerdo. Y entonces uno abre la boca para lanzar un estentóreo "¡la reput...", más en ese preciso instante, recuerda que es Navidad, y es todo paz y amor, viste; así que se muerde, se traga la bronca, reprime los naturales instintos de ir a buscar al tío Cacho, al primo Pepe y al gordo Cholo para bajarles los dientes a piñas, y se resigna a tomarse los mates con un pedazo de pan dulce que está más duro que corazón de madrastra, porque la muy turra de la prima Raquel (que supuestamente, iba a colaborar en lo de sacar la mesa, limpiar todo y guardar lo que sobró) lo tiró en la panera así a la que te criaste sin siquiera envolverlo, porque "¡ay, justo me vino a buscar mi novio, me voy, chauchis, feliz Navidad para todos!". Hija de puta...
A todo esto, como son las once y media de la madrugada y el único subnormal que está levantado es uno (todos los demás duermen como si no le debieran nada a nadie); de puro aburrido y embolado que está, prende la tele. ¿Y con qué se encuentra? ¡Con "Santa Claus" (Satán Claus le puso, acertadamente, mi amigo Roberto López) en un paisaje con nieve y subido a un trineo! A ver si nos entendemos, la recalcada concha de tu hermana: estamos en verano, hace 58 grados a la sombra y andamos haciendo ski acuático sobre los ríos de transpiración, y resulta que en la tele te ponen un gordo cara de mascapito, vestido con pieles y manejando en la nieve un trineo tirado por renos. Decime si no te dan ganas de rociar al mundo con napalm.
No hay nada que hacerle: uno quiere ser bueno, pero no lo dejan, viejo, no lo dejan...
¡In-Feliz Navidad, putes! Que la pasen bomba.

-Juan Carlos Serqueiros-


domingo, 15 de diciembre de 2019

LOS PERROS SON LA MAGIA























LOS PERROS SON LA MAGIA
(Poema de Juan Carlos Serqueiros)

A los magos India y Rufino

Ya lo dijo Esteban Rey
(Stephen King, que le llaman
Y que de ese asunto, algo entiende):
“La magia existe”
Y yo sé que son los perros la magia

La magia está en unos ojos
Que abarcan todas las preguntas
Que reflejan todas las respuestas
La magia está en unas colas
Que lo expresan todo. TODO

La magia existe
Los perros son la magia

Ellos me hablan, sí
Y yo los comprendo
Yo también les hablo, sí
Y ellos me comprenden
(Y comprender es amar)

Porque hay una lengua universal
(Que no es el esperanto
Como todos creen)
Es el idioma de la inteligencia suprema
Ese, claro: el del alma

La magia existe
Los perros son la magia

Ellos conocen mis alegres tristezas
Tanto como mis tristes alegrías
Ellos conocen a los monstruos que habitan
El espantable universo de mi angustia
Y los expulsan a puro ladrido

Ellos saben que son mis amos
Y saben también que soy su esclavo
Pero hacen como que no se dan cuenta
Tan sólo para que no quede herido
Mi estúpido ego infatuado de humanidad

La magia existe
Los perros son la magia

-Juan Carlos Serqueiros-

domingo, 17 de noviembre de 2019

AU LAPIN AGILE




















Escribe: Juan Carlos Serqueiros

En los huertos de Montmartre, los manzanos albergaban más bandidos que frutos. (Pierre Mac Orlan)

El cabaret Au Lapin Agile, establecimiento cuyo inicio de actividades (bajo otros nombres) se remonta a 1860, es la más antigua de aquellas salas parisinas de espectáculos artístico-literario-musicales de la Belle Époque. Y, junto al Moulin Rouge, son los únicos dos de entre los que surgieron en aquel tiempo, que subsisten en la actualidad —si bien estimo pertinente acotar que el Moulin Rouge nunca fue literario, característica esa (principalísima y especialmente distintiva; además) que sí tuvo el primero—.
Situado al pie de la Butte Montmartre en una casita de dos plantas cuya construcción data de fines del siglo XVIII, más precisamente en el 4 (22 de la actual numeración) de la rue des Saules (calle de los Sauces), había sido, sucesivamente, la posada y fonda Le Rendez-Vous des Voleurs (La Cita de los Ladrones) —dejo librada a su imaginación, mi querido lector, la tarea de calibrar la catadura de su clientela—, y el Cabaret des Assassins (por una pintura en la cual se representaban los crímenes del tristemente célebre asesino Jean-Baptiste Troppmann), en tiempos en que su propietario era un señor llamado Léon Salz.


Lo de Lapin Agile proviene de una pintura que c. 1875-1880, Salz encargó al caricaturista André Gill. Éste pintó, sobre unas tablas, un conejo que lleva una botella de vino en una de sus patas y salta desde una cacerola, y después montó la obra en la fachada, ubicándola junto a una de las ventanas de la planta alta. La pintura encerraba una doble significación. Por un lado, el cartel-insignia del establecimiento perseguía, obviamente, el propósito de toda propaganda comercial: atraer clientes, en este caso, a través de publicitar las habilidades culinarias atribuidas a quien tenía a su cargo la cuisine del cabaret: la esposa de Salz, madame Fernande, sobre quien corrían mentas acerca de lo exquisito de los estofados de conejo que preparaba. Y por otro; era una alusión, entre irónica y humorística, a una circunstancia acaecida a Gill, quien durante los sucesos de la Comuna había logrado escapar a la sangrienta represión (nótese que el conejo usa la gorra de los trabajadores y la bufanda roja de los comuneros de París). Por esa obra, el establecimiento comenzó a ser llamado popularmente “Le lapin à Gill” ("El conejo de Gill"), derivando después en "Le lapin Agile" ("El conejo ágil").


En 1883, el carnicero, poeta y cantante Jules Jouy, instaló allí su banquet-goguette al que llamó La Soupe et le Bœuf (Sopa y Carne), con escaso éxito. En 1886, lo adquirió la ex bailarina de cancán Adèle Decerf, apodada “La mère Adèle”, quien le puso como nombre À ma campagne (De mi campo”) y le agregó —persiguiendo el propósito de engrosar, con los ingresos provenientes de esas actividades conexas, las mezquinas (pese a lo nutrido de la concurrencia) cajas que hacía de noche (Montmartre era pobre y asimismo lo era la clientela de su cabaret)— el rubro commerce de vins, o sea, venta de vinos; y traiteur, es decir, abastecimiento de comida y envío a domicilio, eso a lo que hoy, “gracias” a la mil veces maldita globalización (léase estupidez generalizada y resignación de la diversidad cultural), se llama catering y delivery.




En 1903 se hizo cargo del local (quiero significar del alquiler y del fondo de comercio, este último el cual se adquirió de Adèle Decerf) la pareja integrada por Berthe Serbource y Frédéric Gerard.
Frédéric Gérard, conocido en el barrio como “Le père Frédé”, vendedor ambulante, pintor, ceramista, guitarrista y violonchelista, era un personaje que parecía extraído de alguna novela. Nacido en Athis-Mons el 24 de diciembre de 1860, el 2 de junio de 1883, en Gagny, habíase casado con Pauline Gacogne y de ese matrimonio nacieron seis hijos. Pauline trabajaba como encargada en una escuela y Frédéric se ganaba la vida como dibujante. Se separaron a fines del siglo XIX, porque Frédéric prefería vivir en París, donde lo atrapó la bohemia de Montmarte. Fue allí que conoció a Berthe Serbource, a quien tomó a su servicio como doméstica. Más temprano que tarde, patrón y empleada se convirtieron en amantes. Berthe era una humilde y esforzada lavandera, que en el pasado había mantenido una relación amorosa con Théophile Luc, un tratante de caballos, concibiendo una hija, Marguerite Luc, familiarmente llamada Margot. Al fallecer Luc, dejó a Berthe como legado una modesta renta, que ésta destinó a mantener y educar a Margot.
En materia de cabaret, Frédé venía de una experiencia fallida: en 1901 había comprado el fondo de comercio del Zut, que fundado en 1900 por Gilbert Lenoir, estaba ubicado en el 28 de la rue Ravignan y era frecuentado principalmente por anarquistas. Frédé procuró diversificar la clientela, re decorando las paredes (trabajos que encargó a un jovencísimo Pablo Picasso) y atrayendo a artistas. Casi tuvo éxito, pero… casi. En 1902, después de una feroz trifulca que duró toda una noche, el  establecimiento fue clausurado por las autoridades.
Por dicho antecedente, Frédé no podía cumplir con la exigencia municipal de un requisito indispensable para la habilitación y funcionamiento de un cabaret: la licencia para el expendio de bebidas alcohólicas. Resolvió el problema haciéndosela gestionar a Berthe, a quien sí le fue otorgada.
Parafraseando a cierto político argentino apodado “Cabeza”, el Lapin Agile, frecuentado por Henri de Toulouse-Lautrec, Caran d'Ache, Maurice Utrillo, Roland Dorgelès, Auguste Renoir, Pablo Picasso, Guillaume Apollinaire, Amedeo Modigliani, Paul Verlaine y Pierre Mac Orlan, entre otras personalidades destacadas de la pintura, la literatura y la poesía, nació condenado al éxito —al artístico me refiero; que no al económico (que también lo tendría; aunque después, y no en la misma medida del otro, sencillamente porque la maximización de la ganancia jamás constituyó su objetivo)—. Con Frédé en la dirección general y la animación, eficazmente secundado por dos de sus hijos, Victor y Paul, a quienes había traído a París para que le ayudaran en las tareas generales; Berthe en la cocina y Margot sirviendo las mesas, aquel cabaret acogió a los artistas, siempre pobres y famélicos, que encontraban allí comida, bebida, calidez y amistad. ¿Qué no tenían dinero? Qué importaba eso; siempre podían retribuir la hospitalidad que se les brindaba, con un cuadro, una canción o un poema.





En 1904, Picasso pintó a Margot con la corneja de Frédé:


Y al año siguiente, pintó su “Au Lapin Agile”, único cuadro suyo exhibido en París en el período 1905-1912, en el cual se representó a sí mismo caracterizado como Arlequín, junto a su amante de por entonces, Germaine Pichot (Laure Gargallo), y a Frédé tocando la guitarra:


En 1910, el escritor Roland Dorgelès ató un pincel a la cola de Lolo, el burrito de Frédé a cuyo lomo llevaba éste el pescado que vendía por las calles de Montmartre en sus épocas de vendedor ambulante, e hizo que el animal así pertrechado, pintara unos brochazos sobre un lienzo, adjudicando la autoría de la “obra de arte” resultante —a la que tituló “Et le soleil s'endormit sur l'Adriatique” (“Y el sol se dormía sobre el Adriático”)— a un artista imaginario al que “bautizó” Joachim-Raphaël Boronali y al cual atribuía ser nada menos que el iniciador de una nueva escuela pictórica llamada excesivismo. Boronali era un anagrama de aliboron (necio, tonto, ignorante), por la archiconocida fábula de La Fontaine.




El cuadro se expuso en el Salón de los Independientes y suscitó comentarios muy favorables y aún laudatorios; hasta que Dorgelès publicó, en el periódico Le Matin y en la revista Fantasio, que todo el asunto del tan mentado y celebrado excesivismo no era más que una broma suya, la cual había tomado la precaución de hacer registrar por un escribano y un fotógrafo.



¡Gloria de titanes! ¡Cómo debe de haberse reído tout Paris de esos engreídos personajes pomposamente llamados críticos de arte!
Al año siguiente, el 21 de setiembre, la tragedia enlutó al Lapin Agile: En un confuso hecho, uno de los hijos de Frédé, Victor, llamado familiarmente Totor, quien estaba a cargo del establecimiento por encontrarse su padre de viaje, fue asesinado de dos tiros en la cabeza; mientras que su colaboradora, Marie-Charlotte Chantôme, apodada Lolette, herida también de un balazo en la cabeza, salvó su vida de milagro. El crimen nunca pudo ser esclarecido por las autoridades intervinientes: Dumas, un comisario de la Sûreté que tuvo a su cargo el caso; y Bordeaux, el juez que instruyó la causa.
A todo esto, la pareja de Berthe y Frédé se había consolidado. Ese mismo año 1911, él se divorció formalmente de Pauline Gacogne (de la cual, recordemos, estaba separado de hecho desde aproximadamente 1899). Y en 1913, Margot, la hija de Berthe, se casó con el escritor Pierre Mac Orlan (Pierre Dumarchey en el documento de identidad).


Después, también durante 1913, el local fue comprado, salvándolo así de su destino de piqueta y demolición, por el poeta y chansonnier Aristide Bruant, quien en 1922 lo cedió a Paul (familiarmente llamado Paulo), otro de los hijos de Frédé, quien continuó administrándolo junto a su esposa, la cantante Yvonne Darle.





Alrededor de 1927, Frédé se retiró a vivir en la villa Armenast, muy cerca de Saint-Cyr-sur-Morin, donde residían Mac Orlan y Marguerite. Berthe falleció en 1933 y Frédé en 1938.



En 1972, Paulo entregó la dirección del cabaret al hijo de su esposa Yvonne Darle: Yves Mathieu, quien actualmente continúa al frente del establecimiento con éxito renovado noche a noche, cuando los turistas de todo el mundo acuden a presenciar su espectáculo y a participar del mismo.

 
El Lapin Agile es uno de los sitios parisinos de visita obligada, si es que uno anda en procura de reminiscencias de la bohemia creativa de aquella época. Atraído por su aura de leyenda, a una de sus mesas se sentó Ernest Hemingway a trasegar incontables alcoholes. En él, inspirado en su sencilla y sabrosa gastronomía, Georges Simenon imaginó la que en sus novelas haría disfrutar a su personaje, el comisario Maigret. Ante su piano, forjaron y sellaron su amistad Erik Satie y Claude Debussy. Bajo su tejado fue que el mismísimo Charles Chaplin supo obsequiar a la concurrencia con las notas de su violín. A sus oscuras salas las esplendió la belleza glamorosa de Vivien Leigh. Hasta allí se corrió Ricardo Güiraldes, sacando chapa de su condición de argentino aristócrata, bon vivant y eximio bailarín. Por allí paseó su pinta y su elegancia Rodolfo Valentino. E incluso, una noche de 1929, estuvo el Zorzal Criollo, el que cada día canta mejor: Carlos Gardel (una fotografía suya, autografiada y con dedicatoria incluida, recibe al visitante nada más entrar al Lapin Agile), quien llegó en compañía de Lucienne Boyer
Y si estando allí, uno se deja atrapar por el ambiente y se transporta al pasado, haciéndolo suyo, asiéndolo, aprehendiéndolo; hasta se tiene la sensación de que desde sus paredes… ¡brotan los ecos de la canción ensoñadora de Rina Ketty!
¡Ah! En estos videos de Youtube, puede usted, lector, darse una vueltita imaginaria por aquel lugar en que se funden la historia, el mito y la leyenda:



Y en este cuadro en particular, Patrick Boussignac homenajea a ese cabaret histórico, conjuntamente con una de las obras cumbres de la literatura universal: "Alicia en el país de las maravillas", de Lewis Carroll, por lo cual incluye a tres personajes de dicha novela: la propia Alicia, el Conejo Blanco y el Sombrerero:


Me anima el ferviente deseo de que haya usted, apreciado amigo lector, disfrutado de mi relato acerca de ese reducto en verdad mágico. Espero no haberlo aburrido y ¡hasta la vista!

-Juan Carlos Serqueiros-
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REFERENCIAS DOCUMENTALES Y BIBLIOGRÁFICAS

Baritaud, Bernard. Pierre Mac Orlan. Sa vie, son temps. Librairie Droz, Génova, 1992.
Bibliothèque nationale de France. Le Lapin Agile: Mr Frédé (propriétaire) avec sa guitare: [photographie de presse] / Agence Meurisse, 1927.
Bihl, Laurent y Schuh, Julien. Les lieux littéraires et artistiques. Les cabarets montmartrois dans l’espace urbain et dans l’imaginaire parisien, laboratoires des avant-gardes et de la culture de masse (1880-1920). En revista anual digital Contextes n° 19 / 2017 https://journals.openedition.org/contextes/6351?lang=en
Cañameras, Fernando. José Oller y su época. El hombre del Moulin Rouge. Plaza & Janés Editores S. A., Barcelona, 1959.
Dorgelès, Roland. El castillo de las nieblas. Luis de Caralt, Barcelona, 1956.
Fotografías de época, de dominio público.
Guide des Plaisirs à Paris. Édition Photographique. París, 1899.
La Presse. Edición del 24.09.1911.
Le Figaro. Edición del 21.09.1911.
La Lanterne. Edición del 22.09.1911.
Le Gaulois. Edición del 22.09.1911.
Le Radical. Edición del 22.09.1911.
Les Humoristes. Edición n° 1, marzo de 1924.
Le Monde illustré. Edición del 30.07.1938.
Le Petit journal. Edición del 21.09.1911.
Le Petit Troyen. Edición del 31.07.1938.
Mac Orlan, Pierre. Le Quai des brumes. Éditions Gallimard, París, 1972.
Mack, Gerstle. Toulouse-Lautrec. Paragon House, Nueva York, 1989.
Museo de Montmartre. a) André Gill, “Enseigne du Lapin-Agile”, óleo sobre madera, 150 x 110 cm, 1875-1880. Colección de Yves Mathieu.
                                    b) R. Douay, “Le Fou assassin. Le Meurtre de Pantin. Le Crime de Troppmann”, óleo sobre tela, 1869. Colección Le Vieux Montmartre. Inv. A.3607.P.
Sitio web oficial del cabaret Au Lapin Agile: http://au-lapin-agile.com