Mostrando entradas con la etiqueta huracán. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta huracán. Mostrar todas las entradas

martes, 14 de julio de 2026

TREN Y GLOBO


Escribe: Juan Carlos Serqueiros

En la página web del Archivo General de la Nación di con este documento fotográfico en el cual se aprecia, tal como era en la década de 1920, la estación de tren Rosario Norte, situada en avenida Aristóbulo del Valle 2720, esquina Callao, en el barrio Pichincha de mi ciudad natal:


¡Cuántos recuerdos despertaron de súbito al contemplar esa imagen! Y cuánta evocación de mi rosarina niñez… Es que desde 1962, una vez por mes (o, mejor dicho; cuando la economía familiar lo permitía) allí tomábamos con mi viejo el tren del Ferrocarril Mitre (históricamente llamado Estrella del Norte y popularmente conocido como "El Tucumano", porque venía desde la ciudad Jardín de la República, la vieja y bella Tucumán) con destino a Buenos Aires, para verlo jugar a Huracán.


El tren llegaba a Rosario Norte a las seis de la mañana, así que para abordarlo, salíamos de casa (que estaba ubicada en barrio La Guardia, más precisamente en el pasaje Turín al cuarenta y seis —expresado en rosarigasino, porque nosotros no decimos “al cuatro mil seiscientos”, así como tampoco decimos “vámonos” sino vamolon ni “para allá” sino pa’ ayá—) a las cinco o cosa así, y pateábamos las cuatro cuadras de tierra hasta “el asfalto”: la avenida Uriburu, para tomar un “hormiga negra”, es decir, un taxi Mercedes Benz 170D, que nos trasladara hasta la estación.


Subíamos al tren y después de un viaje de seis o siete horas (dicho sea de paso, nunca supe por qué inescrutables designios, en el cruce ferroviario de Ramallo la formación quedaba detenida durante una hora o más), llegábamos, largamente pasado el mediodía, a Retiro, donde tomábamos un bondi de la línea 101 hasta Parque de los Patricios. Seguidamente almorzábamos, generalmente unas milanesas con papas fritas, regadas con un pingüino de tinto de la casa para mi viejo y una Bidú Cola para mí, en algún bodegón cercano al estadio (por entonces, el Palacio todavía se llamaba Jorge Newbery; porque recién en 1967 cambiaría de nombre pasando a llamarse Tomás A. Ducó). Y después… ta tan ta tan… ¡a la cancha, a ver la reserva y trascartón nomás, la primera!
Y a las diez de la noche completábamos el periplo volviendo a Rosario en el mismo tren. Se podía cenar, me acuerdo, en el coche comedor —lo cual nos estaba vedado en razón del invariablemente exiguo presupuesto de los Serqueiros—. Sin embargo, tal contingencia… económico financiera, digamos, lejos de representar un problema; se constituía en preanuncio del disfrute de una exquisitez, porque también pasaban por los vagones mozos vendiendo boles de una sopa reconfortante y verdaderamente deliciosa.
La primera vez que hice con mi padre ese viaje —y asimismo la primera que vi jugar a Huracán— fue el domingo 8 de abril de 1962. Aún me faltaban dos meses y algunos días para cumplir seis años de edad. Aquel día el Globo, en condición de local, enfrentó a su clásico rival: San Lorenzo de Almagro. Ganamos 1 a 0 con un golazo de Ernesto Juárez.


Para mayor alegría, precisamente la de ese jugador era una de las figuritas “difíciles” del álbum de ese año, y hete aquí que dos días antes, yo se la había ganado, magistral encimadita mediante, a mi eterno enemigo del barrio: el Gordo Cachito.


Aquel viaje fue para mí toda una maravillosa aventura, me sentía en el mundo de Verne o de Salgari, y de yapa... ¡ir a ver a Huracán, gritar un gol de la figurita difícil y volver con un triunfo! Gloria de titanes, literalmente.
Como dice la nostálgica zamba de Rodolfo Polo Giménez: "¡Qué tiempo feliz / el de la niñez! / ¡Velay yo no sé / para qué pasará! / Palabrita 'e Dios que da gana 'e llorar / de sólo pensar / que no volverá".

-Juan Carlos Serqueiros-


martes, 28 de marzo de 2023

HURACÁN, CON H DE HONOR Y DE HUMILDAD























Escribe: Juan Carlos Serqueiros

En Buenos Aires, el 25 de Mayo de 1903, en la casa de Tomás Jeansalle ubicada en la calle Ventana 859 del barrio de Nueva Pompeya, un grupo de alumnos del Colegio Luppi fundó un club. 
La tradición oral nos trae la famosa anécdota del librero italiano Richino (probablemente Riccino, antes de arribar a nuestro país), a quien le fuera encargado el primer sello, que por aplicación del idioma original de aquel inmigrante de la itálica península, rezaba “Uracán”; y la existencia de una propaganda gráfica que aludía a algún producto cuya marca era “El Huracán”, lo cual provocó que se trocara el planeado apelativo de “Verde Esperanza y No pierde”; por el de “Club El Huracán”, más acorde con los magros bolsillos de aquellos visionarios fundadores que sólo habían podido juntar entre todos $ 2,50 para la confección del sello.
Eso según algunos; pero en un reportaje que en 1934 le hizo la revista El Gráfico, Tomás Jeansalle afirmó que se propusieron dos nombres para el club que nacía: Defensores de Villa Crespo y Verde Esperanza, los cuales fueron descartados, el primero, porque no tenía nada que ver con el barrio de aquellos emprendedores muchachos; y el segundo, porque les pareció "demasiado poético", "demasiado lindo para un club de fútbol" (sic).



El emblema oficial del Club Atlético Huracán es el universalmente conocido globo rojo sobre fondo blanco. Ahora bien, ¿cómo y cuándo se adoptó dicho símbolo y cuáles fueron los motivos que condujeron a ello? La respuesta a estos interrogantes no es por cierto tarea sencilla, ya que la noche de los tiempos y los humildes orígenes de la Institución (la grandeza va siempre aparejada a la humildad) tiende un inexorable manto que torna nebulosos los recuerdos, y además; es escasa la documentación con que se cuenta.
Las primeras actas del Club hacen referencia a su fundación el 25 de Mayo de 1903 y a su reorganización el 1º de Noviembre de 1908, y estipulan que utilizará camiseta blanca con el distintivo del globo “Huracán”. Y ahí ya tenemos el primer enredo en la riquísima historia quemera, ya que del aerostato bautizado con el nombre “Huracán” propiamente dicho, no se tenía conocimiento en 1908 y muchísimo menos en 1903, por la sencilla razón de que fue introducido en nuestro país por el ingeniero Jorge Newbery recién en 1909. No obstante ello; debemos tomar en cuenta que en la Navidad de 1907 se realizó en nuestro país la primera ascensión en globo, efectuada en el “Pampero” tripulado en esa ocasión por Jorge Newbery y Aarón Anchorena, globo ese que posteriormente, el 17 de octubre de 1908 condujera a su trágico destino al doctor Eduardo Newbery y al sargento Eduardo Romero al precipitarse en las aguas del Océano Atlántico.
En 1909 Jorge Newbery importó de Francia el globo que denominaría “Huracán”, con el cual realizaría, el 27 de diciembre de ese año, la proeza de surcar por aire tres países: Argentina, Uruguay y Brasil, hecho este que les merecería posteriormente a los iniciadores del Club, la intención —traducida luego en una carta dirigida a Newbery— de hacer la analogía entre dicha hazaña y el logro deportivo alcanzado por Huracán de conquistar, en 1912 y 1913, los campeonatos de 3º y 2º divisiones, que posibilitaron su arribo en 1914 a la ansiada 1º división.
Por otra parte, en 1911 se produjo en el seno del Club, la designación de Jorge Newbery —a la sazón, Director de Alumbrado de la Municipalidad de Buenos Aires— como Primer Presidente Honorario, en agradecimiento al mecenazgo con el que quiso honrarnos, al influir para que el municipio cediera a nuestro Club los terrenos ubicados en la actual avenida Almafuerte (antes calle Arena), sitio este en que se erigió nuestra primera cancha, y por contribuir pecuniariamente desde su generoso bolsillo para los esforzados sostenimiento y desarrollo de nuestra amada Institución.


Debe tomarse en consideración, además; que cabe dentro de lo muy probable que lo que tenemos como primeras actas del Club haya sido formalmente escrito algunos años posteriores a la fundación —manteniéndose hasta ese momento las “actas”, ya sea en la memoria de los protagonistas, ya sea en apuntes ocasionales—, pues si recordamos que aquellos pioneros sólo disponían de $ 2,50 para un sello de goma; es bastante lógico inferir que la compra de un artículo por esa época tan costoso como un Libro de Actas, estaba bastante más allá del alcance de su modesta economía.
En función de lo hasta aquí enunciado, puede apreciarse cuán difícil resulta establecer con certeza cuándo y bajo qué circunstancias se tomó efectivamente la decisión de adoptar el globo como distintivo. 
La particular interpretación de quien esto escribe, es que debe de haber sido circa 1910, como forma de homenajear a una personalidad tan relevante como Jorge Newbery (quien previamente había expresado su conformidad para la adopción del símbolo por parte del Club), que contribuía económicamente al sostén institucional y que tanta trascendencia había logrado con su memorable hazaña de unir tres países en el vuelo de su gallardo aeróstato; estableciéndose así para imperecedera memoria de las sucesivas generaciones quemeras, la correspondencia entre el globo “Huracán” de Newbery, y el nombre que para el club por imperio de las limitaciones económicas había sugerido el librero Richino, ya sea por verlo en un cartel publicitario que tenía en su negocio o por ocurrencia del momento.














Sea como haya sido la cosa, y más allá de mitos y leyendas; lo real y concreto es que el globo rojo sobre campo blanco (“heráldica suburbana”, en la genial y prolífica pluma del inmortal poeta Homero Manzi —conspicuo y fanático huracanense—), es la característica distintiva de nuestro Huracán, que lucen orgullosamente nuestros deportistas de todas las disciplinas, que está tatuado en el alma de los miles y miles de quemeros repartidos en el mundo, y que hoy vemos reproducido en decenas de clubes homónimos distribuidos por la extensa geografía patria y del exterior; clubes estos fundados y desarrollados al influjo de su inmanente grandeza.


¡Huracán!, con H de Honor y de Humildad.

-Juan Carlos Serqueiros-

viernes, 22 de mayo de 2020

EVITA Y PERÓN EN HURACÁN, 1948


Escribe: Juan Carlos Serqueiros

La imagen corresponde a una fotografía que forma parte del archivo de redacción del diario El Laborista, y que fuera publicada en la edición del 26 de mayo de 1948 de dicho periódico. Actualmente se conserva en la Biblioteca Nacional Mariano Moreno.
El Laborista surgió en 1945 como órgano de prensa oficial del Partido Laborista y su dirección era ejercida por quien tuvo la iniciativa de crearlo: Ángel Borlenghi. Tras la disolución del partido, el diario pasó a poder de un grupo que apoyaba al coronel Domingo Mercante. Tiempo después, hacia 1948, se hizo cargo del mismo el periodista y diputado justicialista Rodolfo Decker.

En la foto aparecen retratados, en el estadio del Club Atlético Huracán, Eva Duarte de Perón y su esposo, el general Juan Domingo Perón, asistiendo a un cotejo de fútbol que había tenido lugar el 25 de Mayo de 1948.
Las obras del flamante Palacio, que por entonces aún llevaba el nombre de Jorge Newbery (que conservaría hasta el 23 de setiembre de 1967, fecha a partir de la cual lleva el de Tomás A. Ducó), estaban terminadas desde el año anterior (de hecho, Huracán había disputado allí, el 7 de setiembre de 1947, por el campeonato, un partido contra Boca Juniors en el cual se impuso por 4 goles a 3 ante un marco imponente de público que se calculó en 80.000 personas); pese a lo cual, por estar intervenido el club, el estadio aún no había sido formal y oficialmente inaugurado (lo que ocurriría recién el 11 de noviembre de 1949, en un día pleno de actos, homenajes y festejos, que concluyó con un cotejo nocturno entre los primeros equipos de Huracán y Peñarol de Montevideo en el cual resultó vencedor el Globo por 4 a 1).



En el marco de las celebraciones por un nuevo aniversario de la Revolución de Mayo, el Círculo de Cronistas Deportivos de Buenos Aires y su similar de Montevideo, organizaron dos partidos amistosos a disputarse entre el seleccionado de la Asociación del Fútbol Argentino y el de la Asociación Uruguaya de Football, los cuales se jugaron, uno, el 18 de mayo de 1948 en el estadio Centenario de Montevideo; y el otro, exactamente una semana después, el 25 de Mayo, teniendo como escenario el estadio de Huracán. Ambos cotejos culminaron con la victoria del equipo visitante: el primero lo ganó la selección argentina por 1 a 0 y el segundo fue triunfo del combinado uruguayo por 2 a 0. En este último se puso en juego la Copa Juan Domingo Perón, y de allí las presencias en el estadio del presidente de la República y de la Jefa Espiritual de la Nación.
En cuanto a la persona que aparece junto a Perón, a su izquierda (derecha de la imagen), algunos se han confundido creyendo que trátase del presidente del Club Atlético Huracán, teniente coronel Tomás Adolfo Ducó, bajo cuya gestión se construyó e inauguró el estadio que actualmente lleva su nombre. Pero se equivocan:  Perón y Ducó estaban distanciados y enemistados, y además; por esa época el último no presidía la institución de Parque de los Patricios (que como consigné precedentemente, se hallaba intervenida).
Perón y Ducó estaban ligados por una estrecha camaradería y una íntima amistad, vínculo que en la mañana del 16 de mayo de 1943 los llevó, junto al coronel Miguel Ángel Montes y al teniente coronel Domingo Mercante, a la decisión juramentada de resistir a tiros, en el departamento que habitaba Perón en Arenales y Coronel Díaz donde se habían atrincherado, la orden de detención que el general Martínez, jefe de policía del gobierno del presidente Castillo, había impartido contra el primero (y que finalmente, quedó sin efecto). Pero después, el 29 de febrero de 1944 en lo que se conoce en la historia argentina como “El paso en falso de Ducó”, éste sacó a la calle su regimiento, el 3 de Infantería, para resistir el reemplazo de Pedro Pablo Ramírez por Edelmiro Farrell, con lo cual la añeja amistad suya con Perón quedó rota. Desde entonces, la cerrada oposición, las acerbas críticas y los fuertes denuestos de Ducó contra Perón fueron in crescendo. A punto tal, que en 1946 y 1947 el gobierno nacional dispuso la intervención a Huracán, situación esa que se prolongó hasta 1948. Y recién al año siguiente volvería Ducó a presidir el Club.
No, quien aparece en la foto junto a Evita y Perón no es Ducó; sino el doctor Oscar Lorenzo Nicolini, en aquella época, presidente de la AFA. Probablemente, cierto parecido físico entre ambos y el natural deseo de todo peronista hincha de Huracán de que la disputa entre Ducó y Perón hubiera terminado en una reconciliación, hayan sido las causas que los indujeron al error de identificación.


Un cuarto de siglo después de todo aquello, la heráldica suburbana del globo rojo sobre campo blanco (Homero Manzi dixit) volvía a ganarse en el corazón de ese estadista enorme ya mutado en león hervíboro y más sabio que nunca: el 9 de marzo de 1973, los jugadores del ballet blanco quemero y su entrenador, firmaban una solicitada adhiriendo a la candidatura peronista. Y el 13 de diciembre, el General condecoraba con la Medalla de la Reconstrucción Nacional a una de las más grandes y trascendentales figuras deportivas huracanenses de todos los tiempos: Miguel Brindisi.


Y por favor, no me despierten; déjenme soñar que ese día, desde alguna estrella, Ducó asistió a la escena con una lágrima piantada de su emoción. Después de todo, como escribió el poeta Robustiano Figueroa Reyes, "lo cierto apenas son instantes; / vivir de sueños es lo verdadero".
Muchos creyeron (y aún hoy otros muchos siguen creyendo), erróneamente, que Perón era hincha de Racing. Lo cierto es que no era así. El hincha de Racing era su ministro Cereijo; no él. Según su biógrafo oficial, Enrique Pavón Pereyra, él le preguntó y Perón le respondió que era de Boca. Pero eso no pasa de ser una declaración afirmativa sin sustento probatorio alguno más allá de la palabra de Pavón Pereyra. O, posiblemente, le haya preguntado, y Perón contestó lo que el otro quería oír; una gentileza, digamos. Si yo hubiera sido el biógrafo de Perón, hubiese dicho que le pregunté y que me contestó que era de Huracán; y otro habría dicho que era del club de sus preferencias, y todo así... Particularmente, abrigo la hipótesis de que el General no era hincha de ningún club en especial, y que el fútbol no le atraía demasiado ni como juego ni como espectáculo; pero que sí le interesaba (y mucho) en tanto cultura popular, manifestación social y fenómeno de masas.
Perón es de todos los argentinos, claro; pero tengo para mí que un cachito más… es de nosotros, los de Huracán. Por historia nomás, vio...

-Juan Carlos Serqueiros-
______________________________________________________________________

REFERENCIAS DOCUMENTALES Y BIBLIOGRÁFICAS

Biernat, Carolina. ¿Buenos o útiles? La política inmigratoria del peronismo. Editorial Biblos, Buenos Aires, 2007.
BNMM. ARCH-ESAR-CRO-ARED-LAB. Archivo de redacción del diario El Laborista (subfondo).
Galasso, Norberto. Perón: Formación, ascenso y caída (1893-1955) t. 1. Ediciones Colihue, Buenos Aires, 2005.
Newton, Jorge. Historia del Club Atlético Huracán. 1908-1968. Frigerio Artes Gráficas, Buenos Aires, 1968.
Pavón Pereyra, Enrique. a) Yo Perón. MILSA, Buenos Aires, 1993.
                                        b) Conversaciones con J. D. Perón. Colihue / Hachette, Buenos Aires, 1978.
Revista El Gráfico. Edición n° 1470, 12.09.1947.
Rosa, José María. Historia Argentina t. 13. Editorial Oriente, Buenos Aires, 1979.

domingo, 5 de mayo de 2019

INEXACTITUDES EN "HISTORIA DEL CLUB ATLÉTICO HURACÁN. 1908-1968", DE JORGE NEWTON



















Escribe: Juan Carlos Serqueiros

Estoy leyendo el libro referenciado en el título y he descubierto en él algunas inexactitudes a saber:
Newton sitúa el inicio de las obras de construcción del Palacio el 1 de agosto de 1943, lo cual es correcto. Pero a continuación, consigna: "ceremonia oficial que cuenta con la presencia de las más altas autoridades de la Nación, encabezadas por el entonces presidente Ramón S. Castillo." (sic).
Se trata, pues, de un error grosero, por cuanto Castillo había sido derrocado el 4 de junio por el estallido de la Revolución del 43. Consecuentemente, el presidente de la República que encabezó el acto en el estadio de Huracán en agosto de ese año, fue Pedro Pablo Ramírez, tal como puede observarse y escucharse en este video que se conserva en el Archivo DiFilm:


Todo lo cual indudablemente, Newton no pudo haber desconocido. De modo tal que la gaffe debe de haberse producido, infiero, por una mala pasada que le jugó su memoria y que se le deslizó inadvertida al momento de describir los sucesos. Y por otra parte, Castillo no se llamaba "Ramón S.", sino, en todo caso (si es que quiere citarse sólo la inicial de su segundo nombre —que era Antonio—); "Ramón A.".




Asimismo, Newton especifica, que Tomás Adolfo Ducó —quien era socio de la institución desde 1916— presidió por primera vez el club Huracán en 1938, cuando tenía el grado de capitán, lo cual es exacto. Pero pocas páginas más adelante, el historiador le atribuye tener el grado de mayor hasta en 1949, año en que se produjo la inauguración oficial del Palacio. E incluso, en esas páginas a las que me refiero, lo hace a pesar de que en que dos párrafos de las mismas, consigna expresamente que detentaba el de teniente coronel… ¡para luego volver a mencionarlo como “el mayor Ducó”!
Lo cierto es que Tomás Adolfo Ducó había sido ascendido de capitán a mayor entre 1939 y 1940, y posteriormente, de mayor a teniente coronel en 1942. Y pasó a retiro con ese último grado, luego de sublevar, el 29 de febrero de 1944, el regimiento 3 de Infantería que estaba a su mando, en pos de resistir el reemplazo, en la presidencia de la Nación, de Pedro Pablo Ramírez por Edelmiro Julián Farrell (lo cual significó, además; el rompimiento de la íntima amistad que hasta entonces había mantenido con Perón —tan estrecha relación tenían, que ese vínculo fue lo que llevó a ambos a adoptar la decisión conjunta y juramentada de resistir a tiros y hasta la muerte, en el departamento de Arenales y Coronel Díaz donde se habían atrincherado, la orden de detención que contra Perón había impartido Castillo a la policía—).
Como teniente coronel lo sitúan a Ducó, tanto José María Rosa en su Historia argentina, como también el historiador norteamericano Robert Potash en sus obras El ejército y la política en la Argentina, 1928-1945. De Yrigoyen a Perón y Perón y el GOU. Los documentos de una logia secreta; como tal lo tiene Fermín Chávez en su repositorio de documentos relativos al GOU (manuscritos de Perón); con ese grado se lo menciona en el video del Archivo DiFilm precedentemente citado, y como tal puede distinguírselo inequívocamente por las charreteras que luce en su uniforme, en la fotografía suya —tomada en 1943— que el propio Newton incluye en su libro.




Por último —e inexplicablemente— Newton no menciona un hecho significativo de la historia del Club, cual lo es la disputa del primer partido jugado en el Palacio el 7 de setiembre de 1947 —es decir, dos años antes de su inauguración oficial el 11 de noviembre de 1949— entre los primeros equipos de Huracán y Boca Juniors (que ganó el Globo por 4 goles a 3), suceso profusamente difundido en los titulares y páginas interiores de los diarios y en la revista El Gráfico en su edición del 12.09.1947, que incluso le dedicó la tapa.


No deja de ser extraño que los errores y omisiones no hayan sido notados, ni por el historiador al momento de revisar sus textos, ni por los correctores de la editorial, ni por los dirigentes de Huracán que forzosamente tuvieron que haber leído y aprobado el manuscrito de Newton antes de mandarlo a imprenta.
Por supuesto, todo lo que hasta aquí cité, debe ser tomado como exclusiva y estrictamente dado en obsequio a la verdad histórica y no implica en modo alguno menoscabo del libro de Newton, el cual está muy bien escrito, veraz y objetivamente, en un estilo literario ameno y amigable, concienzudamente documentado, exquisitamente encuadernado, que constituye sin dudas una herramienta imprescindible a la hora de historiar al club de mis amores,  cuya lectura me ha enriquecido y de la cual he disfrutado intensamente.
¡Hasta la próxima!

-Juan Carlos Serqueiros-

_____________________________________________________________________

REFERENCIAS DOCUMENTALES Y BIBLIOGRÁFICAS

Archivo DiFilm. Video de Sucesos Argentinos, Buenos Aires, agosto de 1943.
Diario Crítica. Ediciones de fechas 02.08.1943 y 08.09.1947.
Diario Democracia. Edición de fecha 07.09.1947.
Diario La Nación. Ediciones de fechas 02.08.1943 y 08.09.1947.
Diario La Prensa. Ediciones de fechas 02.08.1943 y 08.09.1947.
Newton, Jorge. Historia del Club Atlético Huracán. 1908-1968. Frigerio Artes Gráficas, Buenos Aires, 1968.
Potash, Robert. a) El ejército y la política en la Argentina, 1928-1945. De Yrigoyen a Perón. Editorial Sudamericana, Buenos Aires, 1971.
                       b) Perón y el GOU. Los documentos de una logia secreta. Editorial Sudamericana, Buenos Aires, 1984.
Revista El Gráfico. Edición del 12.09.1947.
Rosa, José María. Historia argentina t. 13. Editorial Oriente S.A., Buenos Aires, 1979.

jueves, 22 de marzo de 2018

CUANDO UN GENIO SE VA A OTRA DIMENSIÓN

























De él dijo el gran Gitano Juárez: "René Houseman es tan maravillosamente fuera de serie, que es el único jugador de fútbol del mundo que gambetea rivales en el aire".


La 7 se subió a un globo y, gambeteando, se fue a la eternidad. En la Quema quedará por siempre su magia.
¡Buen viaje, Hueso, y hasta la vista!

-Juan Carlos Serqueiros-

miércoles, 28 de febrero de 2018

JOSÉ MANUEL DURAND LAGUNA, FUNDADOR, JUGADOR Y PRESIDENTE DE HURACÁN. EL QUE NO ANDABA CON GRE GRE PARA DECIR GREGORIO




















Escribe: Juan Carlos Serqueiros

El 7 de noviembre de 1885, nacía en La Viña, provincia de Salta, José Manuel Durand Laguna.
En 1907 recaló con su familia en Buenos Aires, en Parque de los Patricios, y tomó contacto con aquellos inquietos y soñadores estudiantes del Colegio Luppi que cuatro años antes, un 25 de Mayo, habían fundado un club, participando con ellos de la reorganización del mismo, concretada formalmente el 1 de noviembre de 1908: el Club Atlético Huracán, el cual presidió.
Esforzado, emprendedor, incansable, astuto y de carácter fuerte, el Negro Laguna, como se lo apodaba por el color morocho subido de su tez, no conocía de desmayos, sabía poner el pecho a todas las dificultades y nunca nadie pudo pescarlo en un renuncio ni en una aflojada. Era de una sola pieza, derecho y frontal, muy frontal; de esos que no andan con medias tintas y llaman pan al pan y vino al vino, lo cual le originó algunos problemas con sus compañeros de club, quienes terminaron expulsándolo.
Por esos tiempos, se acercó al ilustre científico, funcionario y deportista Jorge Newbery y logró su colaboración para con la novel institución, invalorable aporte ese que resultaría de capital importancia para que Huracán pudiera consolidarse.
El Negro era ligero, vivo, canchero, perpicaz, un rana que se destacaba siempre, aún entre la gente ranera, como que vivía, precisamente, en el Barrio de las Ranas. De esos tipos capaces de estar sentados en un banquito y agarrar un ñandú que pasa a la carrera o de hacer un asado abajo del agua. Trataba del mismo modo a un aristócrata como Newbery y al último de los cirujas de la Quema, y paseaba su señorío vistiendo su pilcha de laburo a la hora de desempeñar cualquier oficio o su atildado jetra siempre impecable a la de socializar en cualquier ámbito (que él los frecuentaba todos y en todos lo conocían). Un señor de verdad, que movía al respeto y a la estima que saben inspirar quienes van por la vida con actitud firme e invariablemente digna. Y tanto jugaba con igual destreza al tenis en el más exclusivo de los courts, como al billar en el más rante de los cafetines.
También jugaba al fútbol ¡y cómo jugaba! Delantero endiablado, guapo, encarador, pícaro, goleador nato y con una media vuelta letal para sus rivales. En su Treinta años de recuerdos alrededor de un Globo, la pluma genial del gran Homero Manzi lo definía así: "Y el Negro Laguna, mañero y limpio al mismo tiempo".
En 1916 se disputó en Buenos Aires el primer Campeonato Sudamericano, la primera Copa América, y aconteció un hecho curioso: el 10 de julio se enfrentaban en el estadio de Gimnasia y Esgrima de Buenos Aires, los seleccionados de Argentina y Brasil. Pero pasó que uno de los delanteros, la estrella del equipo, Alberto Ohaco del Racing Club, pegó el faltazo por cuestiones laborales; así que a propuesta de otro de los jugadores, Pedro Martínez, de Huracán; los dirigentes fueron a apalabrarlo a Laguna, que estaba en la tribuna como espectador, y le ofrecieron que jugara él. Correr a los vestuarios, colgar el traje en una percha, ponerse los cortos, vestir la celeste y blanca y calzarse los botines, fue todo uno para el Negro, que a los diez minutos de juego abrió el marcador con un bombazo impresionante. Proeza: de espectador a goleador.
Más temprano que tarde y solucionados los antiguos entredichos, Laguna volvió a la institución de sus amores como player, integrando los equipos de 1921 y 1922 que se consagrarían campeones llevando para la vitrina de Huracán los primeros trofeos.
Nacido para liderar, sería también el entrenador de otro gran equipo del Globo campeón: el de 1928, teniendo que “poner en vereda” y disciplinar a “nenes” de la talla de Stábile, Pratto y Federici, jugadores extraordinarios, mas con la costumbre -alegre y placentera, sin dudas; pero irresponsable- de irse de farra por las noches. Una detallada nota periodística de la revista La Cancha, en su edición del 14 de diciembre de 1929, recogió todo aquello para la posteridad, en un imperdible reportaje al Negro Laguna quien, con su acostumbrada franqueza y su hombría de bien, lo narró con pelos y señales.


Fundador y presidente de Huracán, varias veces campeón como jugador y también como entrenador. Casi nada, ¿no?
Se retiró del fútbol como jugador recién en 1927, con 42 años, siendo campeón con el club Olimpia, de Asunción. Fue docente deportivo en San Juan, contratado por el gobierno provincial para la formación de jóvenes. Como entrenador dirigió, además de su amado Huracán; a clubes de San Juan y Tucumán, a Nacional del Paraguay y al seleccionado de ese país. Murió a los 73 años en Asunción, el 16 de julio de 1959. En alguna estrella del cielo de Parque de los Patricios andan brillando su alta estatura, su inclaudicable espíritu, su visión de pionero, su picardía y su olfato goleador.
El siempre recordado y venerado Negro Laguna, el que no andaba con gre gre para decir Gregorio: un pedazo grande de la riquísima historia de Huracán, prócer del Globo y de la Quema, señor con todas las letras, caballero de ley y guapo de verdad, sin grupos.
En la dimensión en que estés: ¡Salud, ganador y campeón en todo!

-Juan Carlos Serqueiros-
______________________________________________________________

REFERENCIAS

Libro de Actas del Club Atlético Huracán. Acta N° 1 del 20.07.1910.
Bestard, Miguel Angel. 80 años de fútbol en el Paraguay. Litograf, Asunción, 1981.
Manzi, Homero. "Treinta años de recuerdos alrededor de un Globo", en diario Crítica, edición del 08.09.1947.
Revista La Cancha edición N° 80, Buenos Aires, 14.12.1929.
Wernicke, Luciano. Historias insólitas del fútbol. Planeta, Buenos Aires, 2013.