Escribe: Juan Carlos Serqueiros
No recuerdo a quién leí narrando esta anécdota. Creo (CREO, dije), que fue a Antonio Pérez Amuchástegui, pero no estoy seguro; la verdad es que no me acuerdo con la exactitud imprescindible para afirmarlo con certeza absoluta. Cuenta que un día, estaban en el puerto de Buenos Aires el por entonces presidente de la Nación, doctor Nicolás Avellaneda; y su ministro de Guerra, general Julio A. Roca, observando el desembarco de los inmigrantes:
—¡Qué lindo es verlos llegar! —exclamó Avellaneda.
—Sí, señor presidente, es lindo verlos llegar. El problema vendrá cuando a los hijos de éstos les toque gobernar el país —respondió Roca.
Lo que voy a escribir a continuación no es políticamente correcto, pero como no soy políticamente correcto y me importa tres belines no serlo; lo hago de todos modos: los ácratas mentirosos estilo Osvaldo Bayer y los "progres" (es decir, los pseudo progresistas, gente que propugna cualquier delirio menos el progreso bien entendido como tal) que le forman claque y se empeñan en denostar la figura histórica de Julio A. Roca, que quieren tirar abajo los monumentos erigidos en su homenaje y memoria, y que lo tildan de "genocida" y "vendepatria", saben de historia lo mismo que yo de física cuántica.
Cada quien es muy dueño de entender la historia como más adecuado le parezca y de adherir a la corriente de interpretación que quiera, o incluso de proponer una nueva, si así se le antojara; pero de lo que no es dueño, es de mentir, esto es, falsificarla y manipularla.
El pelotudaje progre se pierde en "sesudas" especulaciones y pomposamente boquea a voz en cuello sobre los "pueblos originarios", mientras con encomio digno de mejor causa alucina con "soluciones" que tendrán la misma eficacia que los disparates que elucubra: nula. Paralelamente y para completarla (porque sabido es que los progres son expertos en todo, por más que no sepan un carajo de nada), abundan en denuestos sobre Colón, los "crueles" conquistadores españoles, la campaña del "genocida" Roca y la “infamia” del perito Moreno —a quien presentan poco menos que como un antecesor de Josef Mengele—; todo mientras asisten extasiados a las idioteces del mitómano Bayer y la recua de burdéganos de similar laya, para terminar la función masturbándose con las “hazañas” de un personaje de ficción con el cual divagan sus mentes calenturientas: “Arbolito”.
Los progres están convencidos de que la historia es un tribunal supremo de justicia póstuma (del cual desde luego, se consideran no sólo los jueces que lo integran; sino también los verdugos que ejecutarán la sentencia inapelable que han de pronunciar). Son "revisionistas" de cafetín —cuando no de café "biam", tipo La Biela— tan trastornados, mentirosos, dañinos y gravosos para la historiografía, como a su turno lo fueron los de la historia erigida en oficial después de Pavón y hasta la década de 1940.
Roca y el roquismo, con sus luces y sombras, méritos y deméritos, encarnaron precisamente lo contrario de lo que les imputan esos "progres", y significaron para nuestro país, en su época, en el contexto nacional y en el orden internacional vigente por entonces, el progreso (el verdadero progreso, pretendo significar) y la “izquierda”; frente al conservadurismo mal entendido y la “derecha” que representaban Mitre y el mitrismo.
-Juan Carlos Serqueiros-


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