lunes, 13 de octubre de 2025

RECUERDO HILARANTE






















Escribe: Juan Carlos Serqueiros

Me encontraba leyendo la novela "Con la sangre en el ojo" (Grijalbo, 2015), de Alejandro Parisi —dicho sea de paso, es muy buena, che, léanla—, cuando un párrafo, referido a unos medio pelo, piojos resucitados, tilingos y arribistas de esos que habitualmente morfan en los llamados “restaurantes exclusivos en sitios exclusivos”, me hizo reír hasta prorrumpir en solitarias carcajadas.
Es que me recordó la época en que yo era un ejecutivo exitoso (?), y la multinacional para la cual laburaba solía organizar, al término del ejercicio anual, eventos en los que por supuesto, no faltaban los consabidos elogios, premios y ascensos para quienes habíamos "alcanzado los objetivos"; y los consiguientes reproches y escarnios crueles (más la cuasi certeza del voleo en el orto que se avecinaba) para quienes no hubiesen tenido esa... suerte, digamos.
En uno de esos festejos en particular, que se realizó en Puerto Madero, en un barco ad hoc para eventos empresariales, yo estaba por recibir una distinción y un premio consistente en un viaje a Alemania. Como iba a ser galardonado, se me había concedido entonces la gracia especial de sentarme a la mesa del director gerente (o CEO, como les dicen ahora) de la división; junto a su secretaria ejecutiva y dos o tres ñatos más, ortibas hasta la repugnancia (los ñatos, quiero decir, que no la secretaria, que me quería un montón).
El lugar, el menú y las atracciones artísticas los había elegido el ladero del director, un holandés del que se rumoreaba que percibía de ello jugosas coimas (la gente es mala y comenta). Unos mariachis truchos desgranaban canciones mexicanas, un cómico “amenizaba” la cosa contando chistes más boludos que las palomas, cuando en eso; anunciaron que debíamos sentarnos pues iba a servirse el plato principal.  El chef, un tipejo cara de nada con barbita candado al que todos —menos el director gerente y yo— aplaudieron como si se tratara de una gran celebridad, se dirigió a nosotros presentando, muy pagado de sí mismo, lo que reputó como su obra maestra de la haute cuisine, a la que había bautizado tournedo a la no sé qué mierda.... dégoût semblable à du vomi, ponele. Era... no sé cómo llamarlo... una cosa, digamos, cilíndrica, alargada, como una especie de matafuegos chico o consolador tamaño baño de esos que con sólo mirarlos el culo te hace pucheros, de carne grisácea, navegando en el proceloso mar de una menesunda indefinible de color entre anaranjado zanahoria y lo que han dado en llamar fucsia.
Con gran desconfianza, corté un trozo minúsculo, lo probé, y venciendo las arcadas, me limité a dejarlo en el plato, el que permaneció intocado mientras a la par que bendecía la tracalada de sanguchitos de miga, canapés de caviar y brochetitos que previamente había engullido en un alarde de previsión (uno nunca sabe); me hacía el pelotudo y procuraba charlar animadamente con el director gerente —que era hincha de San Lorenzo, pero que extrañamente (en tanto soy fana de Huracán); me valoraba o por lo menos hacía como que— con mi mejor cara de estar disfrutando intensamente la velada.
Los demás comían con fruición, se deshacían en elogios tipo "¡Ah, qué exquisitez!" y no paraban de felicitar al holandés coimero por la según ellos feliz elección del menú. De pronto, el director gerente se embuchó un bocado y trascartón sentenció a voz en cuello: "¡Che, pero esto es horrible! ¿A quién carajo puede gustarle comer esta porquería?". Y dirigiéndose a mí, agregó: "Vos, quemero bruto, por lo menos tenés la honestidad de no fingir que te parece rica semejante bazofia. Te felicito". Juro que esa noche tuve ganas de abrazarlo al cuervo.
No hay caso: soy blanco teta de piel, pero en esencia; nunca dejaré de ser un negrito del muy rosarigasino barrio Nuestra Señora de la Guardia.

-Juan Carlos Serqueiros-

viernes, 10 de octubre de 2025

AISLADOS





















Escribe: Gabriela Borraccetti 

Seguramente habrás notado que si empezás a escribir algo en tu red social, al toque sale un cartelito que dice: "Sugerencia: pide a tu comunidad que comparta tu contenido”. Han hecho todo lo posible por aislarnos "endogámicamente", y así; ya no nos importa lo que otros digan, porque opinan parecido a nosotros y no nos suman nada.
Toleramos cada vez menos las diferencias, y a la par, eliminamos al que está dudando entre votar desanimado o buscar una opción con pasión, por ejemplo. Nos vamos dividiendo cada vez más en intolerancias mayores que ahora apuntan al propio núcleo. No hay lugar para disenso alguno, no ya en cosas grandes; sino en simples planteos de discrepancia en cuanto a las estrategias. Miramos sólo a los que nos dan la razón a corto plazo y no pensamos ni en dos días después de hoy.
Así, cambiamos el argumento por el enojo, el bloquear por el pensar un rato más. No tenemos ni idea de por qué razonan los otros como razonan y sólo los llamamos burros, termos, etc.


Estamos aislados en todo sentido, para hacer amigos, para formar pareja, para juntarnos, para compartir ideas… Y vamos a terminar como una sociedad masturbatoria por no tolerar la menor desavenencia. Vivimos enojados con todos, egoístas, intransigentes y cerrados a la otredad.
Venimos descendiendo en la curva de cociente intelectual desde 1975 hasta hoy. "Seguro que la razón la tengo yo", nos decimos, y no nos cuestionamos. Y si lo hacemos, es justificando nuestras propias razones. No es difícil imaginar lo que nos espera en breve. Tenemos a las máquinas, pero primero tenemos la única cualidad que nos distingue: la humanidad. Estamos llenos de razones sin alma, locas, hasta alucinatorias de tan visiblemente sesgadas por el narcisismo que ya nos excusa de pelearnos con Dios y con el diablo. Da igual si está de nuestro lado o del otro. Ya exigimos al otro que "piense igual que yo". Un espanto.
¿Sabías que el cuadro clínico de la psicosis tiene como elemento central la certeza? Cuando todos creemos tener LA razón, tendríamos que empezar a sospechar que algo no está bien, porque terminamos afirmando en nosotros lo que calificamos de delirio en el otro.

Lic. Gabriela Borraccetti
Psicóloga Clínica
M. N. 16814

sábado, 4 de octubre de 2025

LA CALLE DEL PECADO














Escribe: Juan Carlos Serqueiros

Monserrat es, ante todo, una memoria de las cosas que fueron. (Jorge Luis Borges)

En Buenos Aires aún existe (de puro milagro, si tomamos en cuenta la maldita afición que tenemos los argentinos a enterrar el pasado y destruir los escenarios por los que el mismo discurrió) una callejuela que antaño fuera conocida con el sugestivo nombre de “calle del Pecado”, el cual según algunos se debería a un crimen pasional seguido de suicidio, acaecido a fines del siglo XVIII o principios del XIX; o a las casas de lenocinio que se habían instalado allí, según otros.
El sostenimiento de la primera hipótesis resulta dificultoso por no decir directamente imposible. Supuestamente, un torero venido desde España habría requerido de amores a una damisela de la sociedad porteña, y al rechazarlo ésta, él la habría asesinado a puñaladas para después suicidarse colgándose de una reja (otra versión dice que el torero no se suicidó, sino que fue muerto por el padre de la víctima). Buenos Aires era por entonces poco menos que una aldea, ¿no?, con lo cual semejantes sucesos habrían causado gran impacto y forzosamente deberían figurar registrados, ya sea en los archivos del cabildo (si hubiesen ocurrido en la época virreinal); o en los del gobierno (de haberse producido con posterioridad a la Revolución de Mayo). Sin embargo, ninguna mención hay acerca de ello, nada. Por otra parte, si lo que se pretendía era designar la calle con un nombre que refiriese a los hechos de sangre presuntamente allí perpetrados, entonces sería más apropiado llamarla “del Crimen” —por citar un ejemplo—; antes que “del Pecado”, que remite más bien a lujuria, al pecado de la carne. 
En suma, me hallo inclinado a creer que todo eso no es más que leyenda urbana. Al fin de cuentas, “uno a veces dice cosas / de a dieces como de a cientos / y a’nde quiere fantasiar / le va poniendo el acento” (José Larralde dixit).
Infinitamente más verosímil, toda vez que se sustenta en documentos de autenticidad inobjetable, es la segunda hipótesis, la cual sostiene que se la conocía como “del Pecado” por el del ambiente de concupiscencia que había en ella. Veamos:
Sobre finales del siglo XVIII, dos factores influyeron para que el hueco de Montserrat, como se denominaba por entonces al baldío delimitado por las calles Lima, San Francisco (actual Moreno), del Buen Orden (actual Bernardo de Irigoyen) y Santo Domingo (actual avenida Belgrano) se convirtiese en plaza —lo cual equivalía a volverlo un sitio, digamos… poco recomendable y peligroso—: las crecientes dificultades en el abasto de la zona (y por ende, la necesidad de instalar en ella una plaza-mercado como medio de resolver el problema); y la construcción de una plaza de toros autorizada en “obsequio” al entretenimiento popular. Y debo prevenirle, mi querido lector, que no le otorgue a la palabra plaza la significación hoy corriente, esto es, la mención de un espacio urbano abierto y público al que concurre la gente para reunirse, caminar y/o llevar a cabo actividades sociales, culturales y recreativas; sino que le dé la acepción de concentración y estacionamiento de carretas, y asiento de actividades de feria y mercado.
En estas fotografías, que se conservan en el Archivo General de la Nación, podemos ver tanto la “calle del Pecado” —que en realidad, más que calle era un pasaje— en toda su corta extensión de 70 varas españolas (58,51 metros), donde se situaba el toril; como así también el punto exacto en que dicho pasaje nacía: a la altura del n° 350 de la calle Lima —arteria sobre la cual estaba el ruedo—, e incluso puede distinguirse lo que quedaba de la balconada y las galerías.



Asimismo, el arte se ha ocupado de retratar aquel pasaje, tal como podemos apreciar en el cuadro “La calle del pecado”, pintado al óleo en 1914 por Manuel Mayol Rubio, el célebre dibujante y pintor que con tantas viñetas de sátira política nos obsequiara en las tapas y páginas de la revista Caras y Caretas:


La instalación del mercado y de la plaza de toros resultó una catástrofe para Monserrat. Proliferaron las pulperías, los reñideros y los boliches non sanctos; se radicaron barracas de cueros y hasta un saladero, y en aquel corto espacio, atestado de carretas y mercancías; se hacinaban personas y animales, se vertía basura por doquier y debían sufrirse el olor de frutas y verduras podridas, y el hedor pestífero de las osamentas de toros y caballos muertos durante las corridas. Para peor, no había baños públicos, con lo cual puede uno imaginar dónde hacía sus necesidades fisiológicas la gente. Además, la zona se llenó de malvivientes, ladrones y pendencieros, y claro; también de prostitutas que ejercían su oficio en las casas linderas (de allí, entonces, deriva lo de “calle del Pecado”).
Algunos cronistas tienden una mirada indulgente, edulcorada, romanticona y bobeta sobre todo aquello. Ven a la “calle del Pecado” como si fuese una suerte de simpático precedente de la palermitana “Villa Cariño” que se enuncia en la cumbia de Eduardo Schejtman y Herminia Cruz popularizada por Los Wawancó. En todo caso, mejor harían en aplicar lo de ¡Pará, mi amor, esto está muy Shangai! que grita el Indio Solari en “Música para pastillas” apelando a una expresión usual en el Brasil de los setenta y ochenta para representar un ambiente tipo feria, confuso, oscuro, inquietante y peligroso; y a la vez interesante para contemplarlo. Pero eso sí: lo de interesante para contemplarlo no implica banalizarlo, que es en definitiva lo que se hace al no consignar las calamidades y los perjuicios que hubieron de afrontar como consecuencia de la instalación de la plaza, los propietarios de las casas que rodeaban al hueco de Montserrat, desvalorizadas y dañadas por los malhechores que las ocupaban como aguantadero y de las putas que usaban las habitaciones que daban a la calle para el comercio carnal. Todo ello con alquileres irrisoriamente bajos, que frecuentemente eran “cancelados” con el expeditivo método del pagadios y dejando invariablemente la propiedad como tierra arrasada. Felizmente, los vecinos lograron, a fines de 1799, que el virrey Antonio Olaguer y Feliú accediera a sus justos reclamos y dispusiera la demolición de la plaza. No obstante, el lugar continuaba teniendo mala fama y muchos vecinos se alejaban de él, y entonces; fueron llegando a habitarlo los negros y mulatos que harían de Monserrat "el barrio del tambor".
En 1870 la calle “del Pecado” pasó a ser llamada “de la Fidelidad”, en razón de que en ella habían prestado juramento de fidelidad a la corona española los integrantes del Regimiento de Castas o de Pardos y Morenos formado en tiempos de las invasiones inglesas. Pero nunca se le asignaron oficialmente ni el nombre “del Pecado” ni el “de la Fidelidad” ni ningún otro; hasta que recién en 1893, por ordenanza municipal del 27 de noviembre, se la designó "Aroma", en recuerdo del triunfo patriota logrado en la batalla de Aroma o Arohuma, el 14 de noviembre de 1810, exactamente siete días después de la victoria obtenida en Suipacha.
En la década de 1930 se inició la construcción tanto de la avenida 9 de Julio como del edificio que, inaugurado en 1936, fue la sede del Ministerio de Obras Públicas; mientras que la avenida se concluiría en 1980. En esta imagen podemos apreciar la calle “del Pecado” que después fuera “de la Fidelidad” y por último “Aroma”, tal como estaba en ese año de 1980:


Y en la que sirve de portada a este opúsculo, puede verse tal como está hoy en día la callejuela aquella, que si bien ha logrado quedar indemne ante “la piqueta fatal del progreso” (Víctor Soliño dixit); ahora funge de playa de estacionamiento del edificio del Ministerio (el cual dicho sea de paso, ya no es de Obras Públicas sino que “cobija” —es una forma de decir, considerando lo siniestro de quienes detentan esas carteras: Sandra Pettovello y Mario Lugones— las dependencias de los ministerios de Capital Humano y de Salud. 
Ya no es polvorienta o fangosa como antes lo fuera según se dieran las condiciones climáticas, sino que luce esmerada y prolijamente asfaltada para servir de parking. Y su nombre ya no está referido al “pecado de la carne” según la moralina hipócrita y ridícula represora del sexo; sino a un pecado real e infinitamente grave: el de corrupción.

-Juan Carlos Serqueiros-
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REFERENCIAS

AGN. WIT01-SFAA-am-1-213006-Colección Aficionados - Documento fotográfico 275174.
Bilbao, Manuel. Tradiciones y recuerdos de Buenos Aires. Ediciones Dictio, Buenos Aires, 1981.
Conde, Roberto. Buenos Aires de ayer y de hoy. Editorial Corregidor, Buenos Aires, 1982.
De Lafuente Machain, Ricardo. Buenos Aires en siglo XVIII. Municipalidad, Secretaría de Cultura, Buenos Aires, 1980.
Leiva, Alberto y Vilgré, Augusto. Esencia y presencia de Montserrat (en Historias de la ciudad: Una revista de Buenos Aires, año II, n° 6, octubre de 2000).
MLP (Museo de la Legislatura Porteña). Actas del Concejo Municipal de 1870.
Piñeiro, Alberto Gabriel. Las calles de Buenos Aires. Instituto Histórico de la Ciudad, Buenos Aires, 2003.
Revista Caras y Caretas. Eds. n° 23, 11.03.1899; y n° 818, 06.06.1914. 
Revista Todo es Historia. Eds. n° 26, 06/1969; y n° 90, 11/1974.


viernes, 26 de septiembre de 2025

VALE LA PENA





















VALE LA PENA
(Poema de Gabriela Borraccetti) 

Vale la pena
Creer, crecer, lograr.
Vale la pena
Perder, sufrir, llorar.
Vale la pena
Seguir, partir, llegar.
Vale la pena
Crear, soñar, amar.
Siempre vale la pena,
Porque no siempre es pena
Correr y derramarse
A lo largo de este río
Que es la Vida.

-Gabriela Borraccetti-

martes, 23 de septiembre de 2025

ATORRANTES




































Escribe: Juan Carlos Serqueiros

… Y el cohecho no es un descubrimiento nuevo en la política… el partido de los atorrantes va tomando un carácter bien distinto... (Roque Sáenz Peña)

En el año 1884, Roque Sáenz Peña, quien se había desilusionado de la política tras su paso por las filas del republicanismo de Aristóbulo del Valle y Leandro Alem, pero ya renovadas por entonces sus ideas e inquietudes; militaba en el Partido Autonomista Nacional, en cuyo seno se debatía la sucesión presidencial, es decir, quién habría de resultar el candidato por el oficialismo en las elecciones de 1886, que se realizarían previamente al término del período de gobierno de Julio A. Roca, por lo cual pugnaban Bernardo de Irigoyen, Dardo Rocha y Miguel Juárez Celman (este último, concuñado de Roca, ex gobernador de Córdoba, y desde el año anterior, senador nacional por dicha provincia). 
Sáenz Peña, desafecto a la candidatura de Irigoyen, a quien consideraba —pese a haber sido en 1880 su subsecretario en el ministerio de Relaciones Exteriores— uno de los hombres más atrasados (sic), y asimismo opositor decidido a la de Rocha; por esa época apoyaba activamente las aspiraciones de Juárez Celman. 
En ese contexto fue que mantuvo con este último una nutrida correspondencia (la cual se conserva en el AGN), y en una de las cartas que le dirigía, fechada el 14 de julio de aquel año, consignaba lo de “partido de los atorrantes” en referencia al sector que impulsaba la candidatura de Rocha, achacándole la figuración en él de hombres de moral laxa, saltimbanquis, sinvergüenzas, desfachatados, que medraban con la obra pública y sirviéndose del Banco de la Provincia de Buenos Aires.
Tengo para mí que se trataba más de un chusmerío politiquero destinado tanto a halagar la vanidad de Juárez Celman, como a realzar la importancia que en su concepto éste debería de asignarle a Sud-América (el diario que Sáenz Peña había fundado junto a Carlos Pellegrini, Ezequiel Ramos Mexía, Delfín Gallo y Paul Groussac para enfrentar a Rocha, y al que por entonces procuraban —él, Pellegrini y Ramos Mexía; que no Groussac y mucho menos Gallo en tanto partidarios y firmes sostenedores de la candidatura de Irigoyen— constituir en el principal órgano propagandístico del juarismo porteño), y asimismo la del propio Sáenz Peña; que de una pintura que fuese fielmente representativa de la realidad: ni Rocha era el jefe de una caterva de atorrantes y coimeros, ni el juarismo era precisamente un convento de carmelitas descalzas. De hecho, puesto Sáenz Peña al frente de la dirección del diario, tardó sólo un mes en renunciar a la misma, e incluso; renunció también a la presidencia del comité Capital del juarismo.
Por otra parte, mi querido lector, le cuento que el empleo del vocablo “atorrantes” por parte de Roque Sáenz Peña, viene a dar por tierra con la desgraciadamente tan difundida versión de que fue creado para adjetivar personas que se metían a vivir en los grandes caños destinados a las obras públicas de desagües y cloacas, que —dicen, mentirosamente— estarían fabricados por una empresa "A. Torrent”. Lo cual es un completo delirio, porque jamás existió ni en Cataluña ni en Inglaterra ni en Francia ni en sitio alguno del mundo, una firma fabricante de caños que girara bajo la razón social o usara como marca "A. Torrent”.
Lo cierto —y documentalmente comprobado hasta aquí y ahora— es que el primero en citar el término “atorra” (de atorrar, esto es, dormir) fue Benigno Baldomero Lugones en un artículo titulado (con marcada ironía, por supuesto) “Los caballeros de industria”, el cual fuera publicado en folletín por el diario La Nación en su edición del 6 de abril de 1879. Lugones (n. Buenos Aires, 13.02.1857 – m. París, 27.10.1884) fue un periodista (fallecido a causa de la tuberculosis cuando contaba tan sólo 27 años) que circunstancialmente ofició de escribiente de policía, lo cual le dio acceso al argot usual en el mundillo del delito y la marginalidad, o sea, el lunfardo.
En síntesis, “atorrante” es el que “atorra” o “torra”, es decir, el que duerme u holgazanea, y proviene de “atorrar” o "torrar", un argentinismo para designar eso y cuyo origen se presume derivado de “torrado” (del latín torrere), o sea, el tostado de los granos de café: a quienes se empleaba en los almacenes de ramos generales para dicha tarea, se les permitía pernoctar en los depósitos, y consecuentemente dormían sobre las bolsas de café.
Seguramente en razón de que Lugones en su artículo cita lo de atorra para referirse a “duerme”, pero concatenado, entremezclado, con la mención y aun la descripción en detalle de robos, estafas y otras actividades non sanctas como por ejemplo, la falsificación de billetes (que por obvios motivos era perseguida con especial celo por los directores del Banco de la Provincia de Buenos Aires), más temprano que tarde se asoció al atorrante con el delincuente, surgiendo así otra acepción del vocablo, usada para adjetivar a alguien de dudosa moral, desvergonzado (que era, precisamente, a lo que aludía Sáenz Peña mencionando al de Rocha como “el partido de los atorrantes”).
Por último, muy adelantada la segunda mitad del siglo XX, comenzó a usarse “atorrante” dándole una significación ya no tan peyorativa e insultante, sino más bien tolerante y aun con cierto grado de simpatía, aplicándola a quien evidencia astucia, es “piola” y posee la habilidad de seducir y hacerse perdonar sus faltas. Y ya que estamos, justamente una arista… digamos precursora, anticipatoria, de esta última clase de atorrantes, había en la índole de aquel Sáenz Peña de 1884, joven de 33 años, cultísimo, elegante, de linaje y fortuna, soltero codiciado por mujeres de la más alta sociedad, portador legítimo del aura que le otorgaba su condición de héroe de la guerra del Pacífico, y en fin, hombre más que corrido en materia de francachelas, quilombos y putas.
Ya ve usted, apreciado lector, que atorrantes, lo que se dice atorrantes... hay muchos y de todo pelo y señal.
¡Hasta la próxima!

-Juan Carlos Serqueiros-
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REFERENCIAS

AGN. Fondo Juárez Celman. Correspondencia Roque Sáenz Peña - Miguel Juárez Celman, 1884.
BNMM. Lugones, Benigno. Crónicas, folletines y otros escritos: 1879-1884 / Benigno Lugones; con prólogo de Diego Galeano (col. “Los raros” n° 36). Buenos Aires, 2011.
Diario La Nación, ed. del 06.04.1879.
Giorlandini, Eduardo. Cosas del tango y del lunfardo. Editorial Raigambre, Bahía Blanca, 2000.
Gobello, José. Vieja y nueva lunfardía. Editorial Freeland, Buenos Aires, 1963. 
Sáenz Quesada, María. Roque Sáenz Peña: el presidente que forjó la democracia moderna. Editorial Sudamericana, Buenos Aires, 2014.


viernes, 19 de septiembre de 2025

FELICIDAD ES...


FELICIDAD ES...
(Poema de Gabriela Borraccetti) 

Felicidad es
Juntar caracolas a la orilla del mar,
Mirar al sol de frente
Intentando no parpadear,
Contar algunas estrellas,
Perderse y volver a empezar,
Jugarle al viento con el cabello en flecos,
Pisar los charcos,
Trepar a un árbol,
Escalar los muros,
Y esperar del otro…
Encontrar un nuevo mundo,
Quedarnos sentados mirando al cielo,
No pensar en el mañana;
Porque el hoy es bello,
Querer lo que tenemos
Y no lo que nos falta,
Ser afuera como somos adentro,
No rezar para que algo ocurra;
Sino hacerlo nosotros mismos.
La felicidad está allí:
Donde llegamos cuando aprendimos
A hacer cosas porque nos gustan
Y no hacerlas para gustar.
Sé vos;
Nadie feliz recorre su vida
Siguiendo las huellas de otro.

-Gabriela Borraccetti-

lunes, 8 de septiembre de 2025

UN ABRAZO






































UN ABRAZO
(Poema de Gabriela Borraccetti) 

Ayer pensé en vos
En tu compañía de tantos años
En tu paciente espera
En tus interminables vigilias
En las mañanas en que el viento
Peinaba tus cabellos
Y el frío inclemente
Atravesaba tus costillas.

Y vos allí...
Hasta la noche
Para volver a verme
Paso a paso retornando
Desde la vieja esquina
Con la cálida bienvenida
Aquella que me dabas
En la puerta de mi casa.

Ayer pensé en vos
Con las hojas ya más quietas
En tus ramas vueltas abrazo.

-Gabriela Borraccetti-

Imagen de portada: Arik Brauer (1929-2021), "El alma del árbol", grabado sobre vitela.

lunes, 1 de septiembre de 2025

EL SHOW DEBE CONTINUAR


EL SHOW DEBE CONTINUAR
(Poema de Juan Carlos Serqueiros)

Cuando te invada la ira
E incontrolable te arrase
Cuando la auto compasión
Haga de vos presa fácil
Y estés inerme entre sus garras
Lacerantes

Cuando la pena de saberte solo
(Solo de toda soledad
Metafísica, absoluta e inapelable)
Te haga percibir que está allí
Y que jamás te abandonará
(Fiel como ninguna)

Habrás de buscar
En los labios de tu herida
En una nota inconcebida
En el dulzor acariciante de un mate amargo
En los arabescos de una voluta de humo
Bálsamo (efímero) al ardor
De la melancolía añeja que te abrasa

Y desde la negritud de tu noche
Surgirá radiante el milagro
De una nueva mañana
Que te mueva a dar un paso más
Porque… ¿sabés?
El show debe continuar
Lo spettacolo deve continuare
The show must go on
Y es así
Otra-no-hay.

-Juan Carlos Serqueiros-

Imagen de portada: Claudia Noelia Serqueiros, "Los payasos son tristes", óleo sobre tela, 2010.

miércoles, 20 de agosto de 2025

TESIS, ANTÍTESIS Y SÍNTESIS


Escribe: Lic. Gabriela Borraccetti 

La ciencia es fría, un esqueleto de conceptos que muchas veces deja sin responder cuestiones básicas en gigantes teorías.
Nadie se había ocupado, hasta ahora, de explicar qué es lo que hace que la galaxia esté en expansión, tal como un globo que se infla. Sin embargo, sus representantes de guardapolvo blanco obviaron preguntarse por quién llevaba a cabo la acción de inflar. Muchos de los huecos que quedan en la lógica, son complementados sabiamente por la filosofía, que dirige su mirada al mundo, sin necesidad de comprobar con hechos sus pensamientos. Una pareciera pertenecer al hemisferio izquierdo, racional, lineal. La otra, al derecho: imaginativo, creativo e irracional.
Sin embargo, en la mayoría de los casos, ambos trabajan juntos; con la salvedad de que los porcentajes varían en la composición de un pensamiento o cuerpo teórico. Tratar de que ambos lados del cerebro no peleen y nos pasemos la vida defendiendo a uno o al otro, sería un buen comienzo para evitar polarizarnos en uno u otro bando, dejando de crear versus innecesarios, donde todo se transforma en un partido de fútbol con dos bandos.
Entonces, digamos que las soluciones empiezan por casa, muy dentro nuestro y en cada pliegue de nuestro cerebro. Si el pensamiento precede a la acción, tal como se ha demostrado, comencemos por pensar que todos tenemos una parte de la verdad en alguna medida. Ambicionar poseerla toda, es una meta que sólo podría alcanzarse si se acepta que por cierto, somos bastante limitados. Acto de humildad que muchas veces se nos escapa de las manos sin darnos cuenta de que es la clave del primer paso hacia la sabiduría.
¿Quién pudiera? Todos podemos crear nuestros diálogos mentales, en los que lo racional discuta con lo fantasioso, lo práctico entrelace sus manos con lo emocional, e incluso, la mentira se mezcle con la más pura verdad, porque los velos muestran siempre, que debajo de ellos, siempre hay algo que buscar.
Sin embargo, la aspiración al todo, debe ser precedida de la más pura consciencia de nuestros límites, y de saber que la tesis es seguida por la antítesis antes de llegar a la síntesis.

Lic. Gabriela Borraccetti
Psicóloga Clínica
M. P. 16814

sábado, 16 de agosto de 2025

¡VIVE HOY!






















¡VIVE HOY!
(Poema de Gabriela Borraccetti) 

Tememos lo que es final,
Tememos lo que se marchita,
Tememos el instante
(Porque no vuelve)…

Y por temer lo efímero,
Perdemos sonrisas,
El significado de un beso,
El valor de un saludo…

Volvemos automático lo cotidiano,
Perdemos segundos
Y muchos tic tac desaparecen
En la marea de lo "importante".

Perdemos los gestos mágicos
Que huelen a perfume,
Que refrescan como brisa,
Que sonríen con la voz
Y responden con la escucha.

Triste es recordarlo,
Pero lo único que dura
Y atraviesa el tiempo,
Son tus huesos.

¡Vive hoy!

-Gabriela Borraccetti-

miércoles, 13 de agosto de 2025

EL RELATO





























Escribe: Juan Carlos Serqueiros

Así de manera fiel / conté la historia hasta el fin; / es la historia de Caín / que sigue matando a Abel. (Jorge Luis Borges)

En el evangelio según San Juan nos dice la biblia, —que para mí, en tanto agnóstico, es uno de esos libros-que-no-hay-que-leer (Indio Solari dixit)—, que “en el principio era el Verbo”.
El relato histórico fue inventado por los triunfadores, los que ganaron. Luego, ya transcurrido algún tiempo, lo reinventaron los que habían perdido, quienes, convencidos de estar situados en la vereda opuesta (que reputaban como la correcta) y clamando vendetta; en definitiva no hicieron más que crear una ficción igual a la de quienes los precedieron, sólo que de signo contrario. Me cago en la “diferencia”. Sucintamente, esas son las dos caras de una misma moneda, digamos.
Mucho después, llegaron (y siguen llegando, ojalá que por siempre y si es posible, más a menudo) algunos pocos, poquísimos, que son los que inquietos, finalmente aciertan a despejar desde toda esa menesunda que antes habían escrito —o mejor dicho, fabulado— y difundido los ganadores y los perdedores; aquello que resulta lo más aproximado a la siempre tan elusiva verdad histórica.
El problema radica en que a esos últimos que llegaron libres de prejuicios e hicieron voto perpetuo de honestidad intelectual estricta... no los lee casi nadie.
Que lo parió.

-Juan Carlos Serqueiros-

Imagen de portada: creada por Gabriela Borraccetti con IA.

sábado, 9 de agosto de 2025

NO LE HABLES AL ESPEJO, LA RESPUESTA LA TIENE EL ALMA


































Escribe: Gabriela Borraccetti 

Durante tanto tiempo se denominó “yugo” al trabajo, que hoy creemos que si no sufrimos; entonces no es trabajo.
Tanto nos dijeron que el arte sólo era “cosa de vagos”, que encadenamos la espontaneidad y terminamos matando nuestra creatividad.
Tanto se insistió con el amor por el prójimo, que olvidamos la reciprocidad y nos volvimos egoístas.
Tanto nos vendieron la palabra felicidad, que hoy creemos que sólo la tiene quien puede comprarla.
Tanto hemos hecho para no ser quienes somos, que le hablamos al espejo… cuando la respuesta la tiene el alma.

Lic. Gabriela Borraccetti
Psicóloga Clínica
M. N. 16814

martes, 5 de agosto de 2025

MONOS Y MONADAS









































Escribe: Juan Carlos Serqueiros

Rosario es hija de su propio esfuerzo. (Juan Álvarez, “Historia de Rosario: 1689-1939”).

Rosario, ciudad extranjera, cosmopolita, remedo horripilante de las fealdades de Buenos Aires, no puede en este concepto ponerse frente a Santa Fe, pueblo de abolengo colonial que tiene carácter propio y, ante todo, es argentino. (Manuel Gálvez, “El diario de Gabriel Quiroga. Opiniones sobre la vida argentina”).

Apenas iniciada la segunda década del siglo XX, Rosario ya cobijaba doscientas mil almas. Los altos destinos que para el caserío antaño conocido como Pago de los Arroyos primero y Villa del Rosario después; devenido en ciudad a partir de 1852 como El Rosario de Santa Fe, y que ya por 1910 era llamada en la cotidianeidad lisa y llanamente Rosario —sin el “de Santa Fe” (que ocasionalmente se mantenía sólo como una mera formalidad tolerada a regañadientes, más no aceptada como vínculo y mucho menos con sentido de pertenencia)—, habían avizorado nítido en el horizonte hombres de la talla de, entre otros, Francisco Antonio Candioti, Tiburcio Benegas, Nicasio Oroño, Justo José de Urquiza, Ángel de los Dolores “Eudoro” Carrasco y Julio A. Roca; eran, estaban, allí demostrados como una realidad tangible. 
La ciudad constituía ya un muy importante enclave portuario-ferroviario, próspero, cosmopolita, y comenzaba a erigirse en un gran emporio industrial, comercial, bursátil y financiero. Los cuatro kilómetros de muelles, las imponentes grúas, la usina eléctrica, la Bolsa, las chimeneas de las fábricas, las lujosas casas de comercio, las fastuosas mansiones, los elegantes bulevares y los primeros edificios en altura, se evidenciaban como el epítome del positivismo spenceriano. El contraste surgía al confrontar tanta opulencia con los salarios misérrimos que se pagaban, las extenuantes jornadas de trabajo, los conventillos, los ranchos, las casillas de madera y lata, las lagunas convertidas en vertederos de basura, el trabajo infantil y la tristeza lánguida de las barriadas obreras de los arrabales. 
Pero la oligarquía rosarina, estulta y fenicia, se negó a aceptarlo, e inconmovible, se atuvo a su convicción: para ella el sufrimiento de las clases populares no era sino el costo a pagar por la instauración del modelo positivista que había hecho posible el crecimiento de la ciudad, o sea, un sacrificio ofrendado al dios Mercurio; ya transcurrido algún tiempo, el progreso de seguro se encargaría de remediar esa situación, favoreciendo en alguna medida a los que lograran sobrevivir al estadio de darwinismo social.
La élite rosarina del primer centenario de la Revolución de Mayo se había anticipado, de hecho y posiblemente sin adquirir cabal consciencia de ello, a lo que quince años después reiteraría, ya blanqueado conveniente, oficial y explícitamente en el enunciado discursivo: repudiar su propio mito fundacional (me refiero al que fuera relatado por Pedro Tuella y reafirmado por Eudoro Carrasco), para en cambio; aferrarse empecinadamente a la opaca grisura de un origen borroso, indefinido, sin fundador ilustre, sin patres ni héroes ni glorias, infinitamente más aplicable a una factoría que a una pretendida metrópoli. Se estipulaba así, clara e inequívocamente, que Rosario no reconocía y mucho menos quería tener, similitud y/o característica alguna en común con todas y cualesquiera de las por entonces catorce ciudades capitales de provincia, y dentro de éstas; muy especialmente con la de Santa Fe.
Se encomendó a Juan Álvarez, el historiador de la ciudad —a la sazón, secretario de la Intendencia—, la misión de instalar en el imaginario colectivo el retrato-relato de una Rosario que por mérito propio se situaba entre las ciudades del mundo "con más veloz crecimiento", debiendo además poner, desde luego, especial cuidado en soslayar toda información que delatase las consecuencias indeseables de pobreza y de marginalidad social, como así también los indicadores que señalaban a las claras el déficit espiritual al que conducía el modelo adoptado. Por su parte, Manuel Gálvez salió al ruedo con su magistral "El diario de Gabriel Quiroga", en el cual desde una visión desencantada del progreso y nostálgica de un nacionalismo criollista y aristocrático, azotaba sin piedad al mercantilismo rosarino enrostrándole carencia de virtudes y de verdadera cultura.
En aquel contexto surgió la revista dominical acerca de la cual trataré en este opúsculo: Monos y Monadas, autodefinida como “semanario festivo, literario y de actualidades”. Fundada y administrada por Abel Elizagaray como director propietario, se publicó de modo regular entre junio de 1910 y diciembre de 1911, y luego irregular y esporádicamente hasta abril de 1913. Al principio, la administración se situaba en calle San Luis n° 675 (en que Elizagaray poseía un negocio dedicado a la comercialización de capotas para coches tirados por caballos), para después mudarla a calle San Lorenzo n° 1222, donde se hallaba la redacción. Y sobre la misma acera, unos metros más adelante, en el n° 1230, se alzaban los talleres de impresión. José de la Guardia y Carlos Lac Prugent fungieron como director artístico y director literario respectivamente.
Tanto el formato como el estilo y la estética de Monos y Monadas replicaban los del semanario porteño Caras y Caretas, y si bien éste casi triplicaba a aquella en cantidad de páginas; el precio de tapa de ambas publicaciones era el mismo (20 centavos). En cuanto al nombre, Elizagaray lo había… tomado prestado, digamos, siendo buenos, de una revista de sátira política así titulada, que en período que va de 1905 a 1907 editó en Lima el malogrado poeta y dramaturgo peruano Leonidas Yerovi.
Su propuesta editorial consistía básicamente en publicitar a Rosario como una ciudad “con bellas mujeres y burgueses amables, sonriente y habitada por seres felices” (sic), y se dirigía a potenciales lectores y anunciantes de las alta y media burguesía, sectores a los que asimila a “un campo virgen que sólo aguarda la buena semilla” (sic). Obviamente, auto atribuyéndose el ser esa buena semilla que una vez sembrada, redundaría en el florecimiento del arte. Debo decir, si me es permitido algo que puede sonar a jactancia pero que no pretende serlo, que en tanto me confieso autor de algunos malos versos y relatos cortos, y sin creerme ni por asomo una autoridad en materia de arte; por más números de Monos y Monadas que exploré cuidadosamente con empeño digno de mejor causa; no logré encontrarlo en dicha revista, más allá de algunos cuentos y poemas de cierta valía, y entre éstos, el primero de Alfonsina Storni en ser publicado: “Anhelos” (ignoro si usted, querido amigo lector, sabrá que ella vivió muchos años en Rosario, en el barrio Echesortu), el cual figura inserto en la página 17 de la edición n° 82 del 08.01.1912; así que es de estricta justicia adjudicar a Monos y Monadas el correspondiente mérito.
En cuanto al resto del contenido, además de la profusión de anuncios publicitarios de los más variados rubros; el mismo se componía principalmente de asuntos de índole política y de la actividad social desarrollada por la clase a la cual se dirigía la revista: banquetes, enlaces, homenajes, semblanzas de personalidades destacadas de la industria y del comercio, moda, turf, fútbol, rugby, esgrima, etc., todo ilustrado con fotografías de los distintos eventos; más dos secciones fijas, a doble página, que los redactores reservaban para la crema de la sociedad rosarina: una denominada “Hombres de peso y pesos” en la que se destacaban y comentaban elogiosamente la generosidad y el altruismo cuando no las hazañas financieras de empresarios y profesionales acaudalados, y otra titulada con el nombre de la revista, en la cual los monos eran elegantes y atildados caballeros de nota, y las monadas eran invariablemente bellas y agraciadas damiselas exquisitamente vestidas.
No deja de llamar la atención lo peyorativo y burlón hasta la crueldad de Monos y Monadas a la hora de publicar notas relativas a las características de los barrios habitados por las capas menos favorecidas de la población rosarina. Tengo para mí que en algún punto, esa guaranguería brutal debe de haberle resultado chocante por lo menos a algunos de los integrantes de aquella estulta y arribista oligarquía en la peor de sus versiones: la del dinero. Una cosa era aliviar la conciencia aportando plata en la colecta para el Hospital del Centenario, o enorgullecerse de haber hecho fortuna y ostentarla torpemente, o descansar en el conformismo hipócrita e irresponsable de creer que el progreso se encargaría per se de elevar aunque más no sea mínimamente el nivel de vida de las clases populares; y otra muy distinta experimentar divertido la íntima satisfacción de una mirada complaciente a la hora de contemplarla reflejada en un espejo que le devuelve su miserabilidad humana tal como su retrato se la devuelve a Dorian Gray. Quizá por ello, en la edición del 12.06.1910 enfatiza la caridad (que no la solidaridad, concepto que recién adoptaría nuestro país con el surgimiento del primer peronismo) de un empresario que había obsequiado a los niños asilados en el Hospicio de Huérfanos, con masas, chocolate y juguetes.
En lo que a política local se refiere, Monos y Monadas insistía en proclamarse independiente y se declaraba exenta de preferencias partidarias. Todas macanas. Sus simpatías por Lisandro de la Torre y su cercanía con éste y los suyos no dejaban de ser harto evidentes, así como es innegable que no ponía mayor empeño en disimular su escasa buena voluntad y hasta su malquerencia hacia el oficialismo provincial (el partido Constitucional) ni dejaba de zaherir y ridiculizar al gobernador Ignacio Crespo con las frecuentes caricaturizaciones que de él hacía.
Por ello, no casual sino causalmente, elegí para la portada de este artículo una imagen con la tapa de la edición n° 10 del 14.08.1910: alusiva a la Liga del Sur, antecedente inmediato del partido Demócrata Progresista, y de la elección local de autoridades policiales, jueces de paz, etc. En la cabecera de la mesa, Lisandro de la Torre, rodeado por otros comensales, se apresta a disfrutar del banquete con que será agasajado. El manjar principal es pavo asado (al que se representa con la cabeza del gobernador Crespo); mientras le acercan tortas con las leyendas “capital Rosario” (por su propuesta de hacer de Rosario la capital de la provincia de Santa Fe), y “voto a los extranjeros” (la Liga del Sur propiciaba otorgar a los extranjeros el derecho a voto en las elecciones municipales).
El banquete ilustrado con el dibujo de tapa no era ficcional, pues real y efectivamente había tenido lugar en el teatro Colón durante la noche del domingo 14 (seguramente por pura coincidencia, nomás, el mismo día en que salía a la calle la revista, como perspicazmente habrá notado usted). Y de hecho, se constituyó en EL acontecimiento principal reflejado en la edición subsiguiente, la n° 11 de fecha 21.08.1910, publicado a doble página y con profusión de detalles y fotos. Por supuesto, Monos y Monadas se vanagloria de ser la única revista presente en el evento. ¡Ah!, y un dato interesante: la nota consigna que en lo que hace a la gastronomía, tanto el servicio como los platos, vinos y licores, estuvieron a cargo de la “reconocida casa Cifré” (sic). Y si vamos al número anterior, encontraremos en él un aviso publicitario de… ¡casa Cifré! ¿Acaso usted, mi apreciado amigo lector, infiere, sospecha, que el banquete fue auspiciado por la revista y que hubo allí un cambio de figuritas: servicio gastronómico en canje por publicidad? Pero por favor… no sea malpensado, quiere.
La identificación de Monos y Monadas con la Liga del Sur, que no por encubierta dejaba de ser real y no pasaba desapercibida en absoluto; resultaría a la postre en el cese de la publicación, poniendo, de paso, fin a las aspiraciones de Elizagaray y su equipo editorial de integrar aquella oligarquía a que tan afecto habíase demostrado. Las elecciones provinciales de marzo de 1912 significaron un triunfo rotundo del radicalismo, que se alzó con 25.000 sufragios para Manuel Menchaca; mientras que el partido de Lisandro de la Torre sólo obtuvo 17.000. Se inauguraba así la etapa del liberalismo plebeyo y corrupto característico de la mayor de las desgracias argentinas: la Unión Cívica Radical.
A partir de allí, la revista empezó a declinar hasta poco después entrar en caída libre: de publicarse regularmente cada domingo, pasó a editarse esporádicamente, hasta su edición postrera en abril de 1913.

-Juan Carlos Serqueiros-
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REFERENCIAS

Álvarez, Juan. Historia de Rosario:1689-1939. Imprenta López, Buenos Aires, 1943.
Carrasco, Eudoro y Carrasco, Gabriel. Anales de la ciudad del Rosario de Santa Fe, con datos generales sobre historia argentina, 1527-1865. Impr. de J. Peuser, Buenos Aires, 1897.
Cossia, Lautaro. El Centenario en la revista “Monos y Monadas”. De la mitología nacional a la representación de una mitología rosarina [en Malosetti Costa, Laura y Gené, Marcela (comps.) Atrapados por la imagen. Arte y política en la cultura impresa argentina, Edhasa, Buenos Aires, 2013].
Fossati, Humberto. Catálogo de publicaciones periódicas existentes en hemerotecas de la ciudad de Rosario (en Cuadernos de Cátedra del IES nº 28 “Olga Cossettini”, n° 4. Rosario, 2019).
Gálvez, Manuel. El diario de Gabriel Quiroga. Opiniones sobre la vida argentina. Arnoldo Moen & Hno. Editores, Buenos Aires, 1910.
Megías, Alicia. De “Monos y Monadas” a “Gestos y Muecas”: el impacto de la política sobre el campo periodístico rosarino (en XVI Jornadas Interescuelas, Departamento de Historia, Universidad Nacional de Mar del Plata, 2017).
Municipalidad de Rosario. Biblioteca Argentina “Dr. Juan Álvarez” - Hemeroteca - Monos y Monadas.
Prieto, Agustina; Megías, Alicia; D’Amelio, Raúl; Montini, Pablo y Rigotti, Ana María. Ciudad de Rosario. Editorial Municipal, Rosario, 2010.
Revista Monos y Monadas. Vs. eds. de 1910, 1911 y 1912.
Roldán, Diego P. La invención de las masas: Ciudad, corporalidades y culturas. Rosario, 1910-1945. UNLP, La Plata, 2015. 
Tuella, Pedro. Relación histórica del Pueblo y Jurisdicción del Rosario de los Arroyos, en el Gobierno de Santa Fe, Provincia de Buenos-Ayres (en Telégrafo mercantil, rural, político, económico e historiográfico del Río de la Plata, t. III, nº 14-16, 4, 11 y 18.04.1802). Junta de Historia y Numismática Americana. Cía. Sudamericana de Billetes de Banco, Buenos Aires, 1915.