¡Qué buenas las publicidades con que te topás navegando en las procelosas aguas de internet y en especial de la cadorcha esa que llaman “redes sociales”, che! Cómo te resuelven la vida y te hacen mágicamente feliz...
Publicidades para todos los gustos y para satisfacer cualquier necesidad: cómo elegir la pareja ideal, cómo criar los hijos, cómo hacer desaparecer las arrugas de la jeta aunque tengas setenta años y parezcas una pasa de uva, cómo hacer terapia sin psicóloga/o, cómo rejuvenecer la concha, cómo aprender en una semana a hablar chino mandarín, cómo ganar amigos, cómo alargar/engrosar la pija, cómo armar discursos capaces de convencer a una estatua, cómo enganchar minas/tipos, cómo adivinar el futuro, cómo lograr el "éxito” económico, cómo ser la/el amante perfecta/o, cómo elegir perfumes para que ella/él caiga rendida/o a tus pies, cómo cantar perfecto aunque tengas un toscano en la oreja, cómo no sufrir cuando te abandonan, cómo fluir/soltar/dejar ir, de qué marca son los calzones que te realzan el orto o te resaltan la chota y las bolas, cómo vivir en orgasmo perpetuo, cómo disfrutar de tu trabajo aunque te garpen dos mangos y el patrón sea un redomado hijo de puta, con cuáles corpiños lo podés cagar a Newton pa’ disimular tus tetas de Adelaida, cómo ser Bach sin saber hilvanar dos notas y en fin... cómo ser dichosa/o por siempre jamás.
No hay caso, che, en las “redes sociales” no es feliz quien no quiere serlo; las publicidades te solucionan la vida y a partir de ellas vos decidís entre ser un winner todo terreno o un eterno fracasado y perdedor.
-Juan Carlos Serqueiros-


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