jueves, 17 de mayo de 2012

LA DIARIA SARASA DE PÁEZ DE LA TORRE. HOY: EL "FRUGAL" COLOMBRES


Escribe: Juan Carlos Serqueiros

Si uno no estuviese acostumbrado a la crónica afición de Páez de la Torre a mentirles la historia a los tucumanos desde el diario La Gaceta, seguramente se quedaría atónito ante su "artículo" de fecha 16.05.2012 titulado Bienes del futuro obispo, el cual pueden leer en este enlace:

 
Pero como a esta altura uno ya sabe a qué atenerse con respecto a este señor, entonces está curado de espanto y no se asombra ante la aparentemente inagotable capacidad que evidencia a la hora de tergiversar y manipular la historia a su gusto y paladar. Veamos:
Comienza Páez mencionando como “régimen” al gobierno de Juan Manuel de Rosas. Convengamos en que hoy por hoy, nadie que se precie de historiador serio y responsable puede llamar liviana y alegremente “régimen” a un gobierno que, al decir de  uno de sus más enconados enemigos, cual lo era Sarmiento, en su Facundo: “nunca hubo un gobierno más popular y deseado ni más sostenido por la opinión que el de Don Juan Manuel de Rosas”. Pero a lo que nadie se atrevería en la actualidad so pena de ser tachado de mitómano y abiertamente tendencioso y falaz; se atreve Páez de la Torre, calificando en pleno siglo XXI de “régimen” a un gobierno que defendió la soberanía nacional y a quien debemos nada menos que la conservación de la integridad territorial, esto es, que nuestra Argentina sea geográficamente el país que hoy tenemos, y no una porción de republiquetas balcanizadas.
Continúa “ilustrándonos” acerca de que José Eusebio Colombres “se jugó a favor de sus ideas” (sic), que fue ministro de gobierno (de Tucumán, quiere decir Páez, que parece creer que con sólo poner “gobierno” ya todos deben inferir que se trata del de Tucumán, porque es sabido que la historia mundial gira alrededor de la de Tucumán, ¿no?) durante la “Liga del Norte” (se refiere a la llamada Coalición del Norte, aquel intento unitario de terminar con el gobierno de Rosas a través de una unión militar forzada en las provincias de Tucumán, Salta, Jujuy -luego del derrocamiento del gobernador Iturbe y su reemplazo por Alvarado-, Catamarca y La Rioja -y quisieron arrastrar también a la de Santiago del Estero; pero su gobernador, Juan Felipe Ibarra, no lo consintió-; luego de los asesinatos de los generales Pablo Latorre, Juan Facundo Quiroga y Alejandro Heredia, y estando el país en conflicto con Francia -a todo lo cual también omite referirse Páez de la Torre, ¿por qué será?.), para ser después “tenazmente perseguido” (sic), de que se le embargaron sus bienes, y que debiera “permanecer exiliado en el pueblito boliviano de indios de Libi Libi, hasta 1845” (sic).
Párrafo aparte para las consideraciones que debe merecernos la actitud sectaria y arrogante de Páez de la Torre cuando se refiere peyorativamente a Libi Libi (o Livi Livi o Libi-Libi; indistintamente) como “pueblito boliviano de indios”. Vaya uno a saber en qué altura se sitúa Páez de la Torre a la hora de emitir frases como esa… Quizá lo haga por estar acostumbrado a ver cotidianamente la “raza aria” con sus “característicos ojos azules y blondos cabellos”, rasgos estos tan “frecuentes” en nuestra Argentina y en especial, en nuestro Tucumán, ¿no? Y entonces, desde ese lugar de superioridad étnica que se auto atribuye, estima que puede permitirse tales comentarios, digamos, como mínimo, desafortunados. Le hubiese resultado oportuno a Páez de la Torre poner la memoria en funcionamiento antes de escribir, y tal vez entonces hubiera podido recordar que precisamente de Libi-Libi, ese “pueblito boliviano de indios” como él lo llama, salió José Andrés Pacheco de Melo, diputado por Chichas al congreso de 1816, firmante del Acta de la Independencia, abnegado patriota y valiosísimo colaborador de Güemes. 
Resulta llamativamente curiosa la perspectiva de Páez de la Torre a la hora de evaluar hechos históricos, cambiando el enfoque según los hayan producido unitarios o federales. Por ejemplo, cuando cacarea escandalizado por lo del embargo de bienes a Colombres por parte de los federales; pero se “olvida” de las levas y contribuciones forzosas impuestas por los de la Coalición del Norte: Avellaneda, Cubas, Zavalía, etc.; o se “olvida” de la creación del “Banco de Crédito Hipotecario” al que se le dio la facultad de emitir billetes, billetes estos que bajo amenaza de fusilamiento se obligaba a aceptar a los ciudadanos y comerciantes; o se “olvida” también de las confiscaciones de bienes impuestas por los unitarios.
Por lo visto, semejantes tropelías están justificadas, según el punto de vista de Páez, que así también, se “olvida” de los miles de pesos que su tan admirado Gregorio Aráoz de Lamadrid le robó a Juan Facundo Quiroga luego de hacer marchar a la anciana madre de éste cargada de cadenas por la plaza de La Rioja, bajo el incontestable “argumento” de que “no es regular ser zonzo cuando la oportunidad (de robar) se presenta, después de haberse fregado tanto por la patria”; y hace además Páez, “generoso olvido” de los saqueos a mansalva de Avellaneda, Lamadrid y Zavalía.
Y con el mismo “criterio”, cuando entrecomilla la expresión salvajes unitarios de manera de relativizarla apelando a una ironía cuyo fino estoque no sólo no sabe utilizar, sino que además en él queda patéticamente ridícula; “olvida” que el salvajismo atribuido a los unitarios distaba mucho de ser ficticio, al contrario; era por entonces una horripilante realidad, y de allí la adjetivación. Fueron los unitarios quienes impusieron la guerra a muerte y cometieron aberraciones espantosas, luego ¿qué esperaba Páez de la Torre que evidenciaran los federales como respuesta a eso? ¿Que tiraran flores, acaso? Por favor…
Pero donde más exacerbada se ve la cínica postura de Páez es en la parte en la cual pretende minimizar las posesiones de Colombres enumerando con el tonito socarrón y canchero (o por lo menos, lo que él, que tiene menos calle que Venecia, debe reputar como "canchero") una serie de muebles y utensilios de modo de hacerlo aparecer como un hombre “frugal” (sic) y humilde que vivía en la extrema pobreza; cuando la verdad es que el por entonces presbítero (luego sería obispo) Colombres, detentaba una de las mayores fortunas de Tucumán e integraba el grupo oligárquico que hacía y deshacía a su antojo (más o menos como sigue ocurriendo hoy por hoy en Tucumán, donde la falta de conocimiento de la historia -merced a "historiadores" como Páez, justamente-; lleva en el presente a la repetición de errores del prasado).
Ah, también se “olvida” Páez de la Torre, de aclarar, en lo del exilio de Colombres en el “pueblito boliviano de indios” que duró “hasta 1845” (sic); que en ese año pudo volver... gracias a una generosa amnistía decretada precisamente por lo que él llama con sañuda contumacia el “régimen” de Juan Manuel de Rosas.
Páez de la Torre se “olvida” de muchas cosas. Y es comprensible, porque al percibir inequívocamente cuál es el orden en el que se desarrollan sus “ideas”; uno entiende perfectamente que incurra en tales “olvidos”.

-Juan Carlos Serqueiros-

domingo, 6 de mayo de 2012

DROGOCOP























Escribe: Juan Carlos Serqueiros


DROGOCOP
(Beilinson - Solari)

Drogocop oh!
Drogocop oh!
Su chumbo ya venia con la "bronca"
Factor argento desaparecedor...

Drogocop oh!
Juicio fantasma de los muertos queridos
y una muy larga botella de gin.

Drogocop oh!
La raya que separa vida y muerte
es tan angosta como su dolor

Drogocop oh!
Drogocop oh!


Si tuviese que elegir de entre toda la lírica solariana una poesía en la cual el Indio lleve hasta límites increíbles ese atributo excepcional que tiene de sintetizar todo un concepto en dos o tres frases de esas que golpean como arietes (y que la gilada llama "matadoras", sin siquiera tratar de entenderlas); sin dudas sería esta.
El título y el personaje están inspirados en aquella famosa película norteamericana de los 80: RoboCop. En Solari, el crear poesía a partir de películas y/o libros trascendentales, no es novedad. Y ahí están para testimoniarlo, por ejemplo, Canción para naufragios o Divina T.V. führer. Quienes tuvieron oportunidad de ver ese film, recordarán que RoboCop trata acerca de un cyborg (es decir, un organismo cibernético creado en un laboratorio), en este caso, robotizando el cadáver de un policía caído mientras combatía contra el delito; por parte de una corporación a la que el estado norteamericano de Michigan le había encomendado en outsourcing el poder de policía, ante el fracaso de ésta en detener el avance del crimen.
Sin embargo -y a diferencia de lo que había hecho antes en Canción para naufragios, en la cual cada frase de la letra se corresponde perfectamente con una secuencia de la película Offret-, allí, en esa inevitable asociación de ideas que surge del parecido fonético entre RoboCop y Drogocop, se acaba la linealidad entre película y canción; ya que en la letra, el Indio se ocupará muy bien (y ya veremos cómo y cuánto de bien) de resaltar lo deleznable de ese sujeto que es el vernáculo Drogocop. Y lo notable (o no tan notable, tratándose de alguien con tal grado de genialidad), es que lo logra arreglándoselas para no entrar en disquisiciones ideológicas y ni siquiera en "bajadas de línea". Solari no adopta en su lírica una posición ni favorable ni desfavorable a los postulados que se defienden a través de la película, no hace consideraciones respecto de si tercerización / privatización sí o no, capitalismo sí o no, corporaciones sí o no, etc.; lejos de ello, se limita a traer a cuento una viñeta de nuestra cruel realidad, tal como -con absoluta coherencia y honestidad intelectual- lo haría luego de la disolución de los Redondos, en Nike es la cultura. Veamos:
Comienza con una alusión al espanto que causa en cualquiera, el enterarse de que pueda existir alguien -en este caso, un policía- con esas características ("Drogocop oh!"); reiterada, de modo de resaltar esa sorpresa, con su carga de implícito repudio.
Seguidamente, pasa a explicarnos que "su chumbo", o sea, su arma, su pistola; ya venía de antemano con la "bronca". Es decir, ese policía que es Drogocop, venía arrastrando desde mucho antes, más precisamente desde los 70, una carga de odio. Odio este que ya había ejercido previamente contra las víctimas del estado represor impuesto por la tiranía cívico-militar que sufrimos por estas tierras desde 1976 hasta 1983, traducida en una terrible secuela de desapariciones. "Factor argento desaparecedor" le zampa Solari en un cachetazo en forma de frase metafórica que tiene la propiedad de marcar con claridad meridiana la diferencia entre el cyborg de ficción que nos muestra la película RoboCop; y ese abominable monstruo humano que es Drogocop: el "factor argento". Es decir, en el film, RoboCop actúa guiado por móviles de justicia; mientras que nuestro (sí, es nuestro, por desgracia; aunque sea duro, debemos admitir que personajes como éste, forman parte de nosotros, es un "factor argento", deplorablemente) telúrico Drogocop, lo hace impulsado por un odio cerval que lo conduce a la aberración de hacer desaparecer ciudadanos. "Pequeña" diferencia, ¿no? Y que de paso, nos dice que, a diferencia de RoboCop, que es ficcional; "nuestro" Drogocop es, por lo contrario, una tenebrosa y horripilante realidad. RoboCop no existe; Drogocop, lamentablemente, sí.
A Drogocop (recordar que Último bondi a Finisterre data de 1998, ergo, la canción es de ese año o anterior al mismo, y por esas épocas, "gracias" a lacras como el ladri sultán de Anillaco y su antecesor Alfoncínico, y a sus engendros tales como leyes de "obediencia debida", "punto final" y/o "amnistía"; asesinos como este Drogocop quedaban impunes y no eran juzgados y condenados) no lo había alcanzado la acción de la justicia humana; de modo que por sus atrocidades deberá responder ante un tribunal supremo: el que le formen los espíritus de aquellos a los cuales mató, o -para mí, lo más probable, dado que no creo en una "vida mejor" después de la existencia terrenal- directamente no comparecerá nunca ante nadie que lo juzgue ("juicio fantasma de los muertos queridos"). Y mientras tanto, va ahogando sus días en alcohol ("y una muy larga botella de gin").
A Drogocop, que a la larga lista de sus "lindezas" le adiciona la de ser un consumidor compulsivo de drogas, o sea, un inveterado falopero, el matar a una persona no le despierta el menor sentimiento de culpa y nadie es capaz de inspirarle ni un atisbo de piedad. Entre una y otra línea de cocaína que esnifa, para él hay la misma diferencia que le representa la vida o la muerte de un ser humano: ninguna; o el espacio en el que se dilata su sensación de culpa y dolor ante cada aberración que perpetra: la nada ("la raya que separa vida y muerte es tan angosta como su dolor") .
En fin, lo que se dice una verdadera pinturita el tal Drogocop que, a diferencia del cyborg de la cinematografía yanqui quien, al menos en la ficción, conservaba el espíritu del que en vida fuera Murphy, el policía a partir de cuyo cadáver fue creado; no tiene característica alguna de humanidad (o de animalidad, diríamos mejor quienes -como en mi caso- abrigamos serias sospechas acerca de que después de todo, tal vez sea cierto que seamos los humanos los mayores enemigos de la vida en el planeta).  

ENLACE A "DROGOCOP" EN YOU TUBE

-Juan Carlos Serqueiros-

miércoles, 2 de mayo de 2012

BOTIJA RAPADO


Escribe: Juan Carlos Serqueiros

BOTIJA RAPADO
(Beilinson - Solari)  

Estuvo grabando paredes
un rato antes de fugar,
del cepo a la bolsa
de la vieja Colonia Berro
y tarareando su la-lan
Quiso pilotar sus sueños
y pasó la raya...la-lan-lan.
Corazones y cada flecha en su lugar
ventanas muy abiertas
en las paredes a la hora de matar...
Empezó una vida nueva
como su canción de la-lan-lan.
Le metió al fin, la 3/8
en la nuca a su papá.
-"Turquito, tapame que hace frío
y dame un tibio rico culito de Poxi Ran"-
Pudo cruzar el charco a tiempo
y en el ferry tarareaba...la-lan-lan-la-lan...
¡Zafó!

Una letra directa, sin mayores "misterios", acerca de un delincuente juvenil, recluído en alguno de los Hogares de Colonia Berro, una colonia penal para menores, del Instituto de la Niñez y Adolescencia del Uruguay (INAU) ubicada en el conurbano montevideano, en la localidad de Joaquín Suárez, departamento de Canelones.


De él no se menciona el nombre en la letra; se lo designa simplemente como un botija rapado, o sea, un pibe con el pelo cortado a cero, al ras. Generalmente se cree que la canción está inspirada en un delincuente juvenil uruguayo en particular: Richard Marcelo Roldán Requeijo (a) "El Pelado". Es posible que así sea, pero personalmente no me lo parece; más bien creo que el título "Botija rapado" está puesto de modo de que pueda ser aplicado a cualquier menor con esos problemas. Y (hasta donde me fue dable averiguar) El Pelado Roldán no se fugó de Colonia Berro a la Argentina como se especifica en la letra. Hay un libro sobre su vida y carrera delictiva, en el cual, seguramente, se registrará cada paso que tuvo por las distintas cárceles, y a través de él se podrá saber fehacientemente si escapó de Joaquín Suárez y "cruzó el charco", o no. Qué sé yo... no me dio como para comprar el libro sólo para sacarme la duda de si Solari se inspiró en él al escribir la letra, pero si alguno lo considera importante; pues que lo haga por las suyas.
El pibe "estuvo grabando paredes un rato antes de fugar", es decir, le dejó su marca al lugar donde estaba confinado, previamente a huir del mismo. Es una metáfora de doble significación, porque además de contarnos que escribía, dibujaba o tallaba algo en las paredes; también está empleada en el sentido de aludir a a la magnitud del delito que cometió y por el cual lo condenaron: esas paredes que enmarcaban su encierro, fueron testigos mudos de su peligrosidad. Él no se distinguió allí por su conducta, al contrario; era con frecuencia castigado, ya sea en el "cepo", es decir, lo esposaban de las manos o los pies a la reja, o ya sea que lo molieran a golpes ("bolsa", apocopando el dicho "meta palo y a la bolsa"). Como sea, consiguió escapar de Colonia Berro y ahí va tarareando una canción que es su leitmotiv ("la-lan", "la-lan-lan" y "la-lan-lan-la-lan").
El chaboncito anhelaba para sí una vida mejor que la que tuvo durante su infancia y adolescencia ("quiso pilotar sus sueños"), pero...; decidió buscarla a través del delito ("y pasó la raya") y fue encerrado en un instituto de menores. Allí dibujaba en las paredes corazones atravesados por flechas, de manera de simbolizar las minitas que conoció ("corazones y cada flecha en su lugar"), y también ventanas abiertas de par en par ("ventanas muy abiertas en las paredes"), graficando así sus ansias de libertad, de huir de ese lugar al que llegó como consecuencia de haber asesinado ("a la hora de matar") a alguien (y posiblemente esa última parte haya sido el origen de la versión que corre: esa de relacionar al Pelado Roldán con la letra; ya que éste, en 1989, cuando contaba con tan sólo 15 años, asaltó un depósito de vinos y mató de un balazo al hijo del propietario del mismo). 
Y viene a continuación la (para mí) mejor metáfora de la poesía: "Empezó una vida nueva como su canción de la-lan-lan"; muy finita y a la que hay que prestar mucha atención. Esa "vida nueva" que "empezó" el pibe, es el camino del delito, el inicio de sus crímenes; y a partir de allí, comenzaría a distinguirlo el tarareo de alguna canción -presumiblemente algún "hit" del momento- que adoptaría como su "marca", su "sello distintivo". Pero la metáfora tiene un contenido fuertemente irónico, porque lo que el Indio está expresando a través de ella, es que la "novedad" de esa vida delictual durará muy poco en la condición de "nueva", tan poco como el efímero suceso de la canción que tararea siempre ese chico condenado a la marginalidad desde el vamos y con nulas chances de experimentar variaciones: será la existencia miserable que vivirá en adelante (iniciada, rara paradoja del puto destino, precisamente para escaparle a unas niñez y adolescencia también miserables): la del sub-mundo del crimen. "Una vida nueva"... minga de "vida nueva" para ese pibe, fatalmente condenado a envejecer en una cárcel, o -lo más probable- a caer bajo las balas de la policía o de algún otro delincuente rival suyo...
Pero por ahora, consigue escapar. Lo logra luego de doblegar y anular a su celador ("su papá"), metiéndole "la 3/8 en la nuca" (el pibe le abrió el melón a un guardia, con una llave 3/8"). Logró huir de Colonia Berro en compañía de otro recluso como él, al que en la letra se menciona como "Turquito", al cual le pide que lo tape porque hace frío, y con el cual, en yunta, aspiran pegamento ("y dame un tibio rico culito de Poxi Ran").
Y después, consigue "cruzar el charco a tiempo", o sea, atravesar el Río de la Plata embarcándose en un ferry con destino a Buenos Aires; siempre tarareando su leitmotiv ("la-lan-lan-la-lan")... con lo cual cumple su objetivo inmediato: "Zafó!".
Y queda flotando la duda: "Zafó!", sí; pero... ¿hasta cuándo? Chi lo sa...


-Juan Carlos Serqueiros-

sábado, 28 de abril de 2012

GRANDEZA Y MISERIA


Escribe: Juan Carlos Serqueiros

Hay personas inapelablemente condenadas por la pequeñez de su alma a tener que circunscribirse a la estrechez miserable de los límites entre los cuales son capaces de concebir algo.
Y hay otras cuya grandeza de alma es tan inconmensurable, que su genio fluye cual inagotable manantial. Son las que nos regalan la magia de su esplendor proyectándose sobre la humanidad hasta el fin de los tiempos.

-Juan Carlos Serqueiros-

JOSÉ BENITO MONTERROSO: BOLAS DE FRAILE
























Escribe: Juan Carlos Serqueiros


Son algunas de unas cuantas cuartetas más / que de tanto en tanto me aparecen / recordando a aquellos hombres que hicieron / la época anterior a la que yo vivo... / Y que por suerte, conocí a algunos de ellos. (José Larralde)

Algunos "dueños de la historia" procuraron mancillar la figura del más relevante de los secretarios de Artigas: fray José Benito Monterroso. 
Al resultarles imposible a los falsarios mantener sobre su memoria la tacha de "bárbaro", por tratarse de un hombre cultísimo y sabio; tuvieron que recurrir a "métodos más expeditivos", como la calumnia y la diatriba: lo tildaron de "apóstata" y "libertino". 

De todos modos y a pesar de no ser sostenible la patraña, no se privaron de hacerla. Veamos, por ejemplo, lo que escribió acerca de él José María Ramos Mejía, autor de La neurosis de los hombres célebres de la historia argentina y "a locura en la historia, quien desde el pedestal en que se veía a sí mismo situado: su condición de psiquiatra, se creía con derecho, como historiador, a tildar de neurótico y loco a todo personaje histórico con cuyo ideario él no comulgara ¿Que Ramos Mejía no hubiera tratado como pacientes a esos personajes a los cuales "asesinaba"? ¿Qué importancia tenía? Eso no revestía interés; la cuestión, el objetivo, era simplemente "miente, miente que algo quedará". Escribió Ramos Mejía: "En el padre Monterroso... se resumen los rasgos salientes (semianalfabeto, borracho, demagogo) del 'intelectual orgánico' de la barbarie". O sea, en la misma afirmación de la mentira afrentosa, está implícito y hasta explícito el reconocimiento de lo que es mendacidad: Ramos Mejía sabía que Monterroso era hombre de cultura extraordinaria, porque afirmar que nada menos que un catedrático en teología y filosofía era "seminalfabeto", es lisa y llanamente perverso; pero su odio y su sectarismo pudieron más, y entonces, inmerso en la rabia de su impotencia para descalificarlo; lo apostrofó con saña feroz: "semianalfabeto", "borracho" y "demagogo".
En fin, el cinismo en su expresión más cruda y deplorable.

El que desde su principio no amó la virtud, es imposible que la siga ya, encenagado en los vicios. (Fray José Benito Monterroso)

José Benito Silverio Monterroso nació en Montevideo el 20 de junio de 1780, cursando allí sus primeros estudios; para marchar después a Buenos Aires, donde muy luego de ingresar a la Orden de los Franciscanos, se ordenó sacerdote. En 1803, debido a la brillantez que evidenciaba y al vuelo de su intelecto, fue designado para la cátedra de Filosofía en la Universidad de Córdoba, y luego ocuparía también la de Teología. 
En esa ciudad quedaría hasta 1814 -el coronel Ramón de Cazeres le asigna "un memorion asombroso, había estado en el Peru (se refiere a la Expedición al Alto Perú) cuando subió Castelli"-, en que fue a reunirse con el Jefe de los Orientales y a incorporarse al artiguismo, ya sea por iniciativa propia o que lo haya requerido Artigas (dicho sea de paso, Monterroso era primo de Artigas, también estaba emparentado con Barreiro y con Otorgués, y su hermana, Ana Micaela, fue la esposa de Lavalleja). A fines de ese año, Artigas envió a Barreiro a una misión diplomática, pasando en consecuencia Monterroso a desempeñar funciones como secretario de aquél. 
Y estimo pertinente hacer aquí una aclaración: con lo de "secretario" no me estoy refiriendo a un escribiente, a un mero caligrafista que volcaba al papel el dictado de Artigas, no, Monterroso no fue eso en modo alguno; sino que fue secretario en toda la implicancia del término, es decir, una especie de ministro. 
Pero además, fue el consejero espiritual de Artigas, su confidente y su amigo leal y consecuente. Fue él quien casó en Purificación a Artigas con Melchora Cuenca (ver mi artículo en este ENLACE), aún sabiendo que el Protector estaba ya casado con Rosalía Rafaela Villagrán, y para atreverse a eso un sacerdote por esa época, necesitaba ser un hombre con los atributos que hay que tener para ello, ¿no? Lo digo sin ambages: las bolas de fraile (y no me refiero a las facturas, precisamente), éste las tenía bien puestas. Imagínese esa situación en 1815... ¿usted cree, estimado lector, que habrían muchos como fray Monterroso, que se animaran a lo que él se animó? Ni pensarlo.
Fue también Monterroso quien tuvo activísima participación en el Reglamento de Tierras de 1815, que conjugaba las virtudes de la justicia social, promover el desarrollo económico de la Banda Oriental, proveer a la seguridad de sus habitantes y propender a la cohesión de su pueblo. En fin, citar pormenorizadamente su obra, sería cuestión de un libro entero.
Hay versiones que sostienen que en Purificación convivió con una mujer, (a la cual mencionan simplemente como la Clarita), versiones esas de las cuales por supuesto, como era de esperarse, hicieron "buen uso" algunos historiadores para denostarlo. 
No hay, más allá de las transmisiones orales, prueba alguna de ello, no obstante; es posible que así haya sido. ¿Y qué habría en eso de pecaminoso, lujurioso, escandaloso y atroz? ¿Puede acaso considerarse lógico y natural el celibato que el ancestral oscurantismo de la iglesia católica impone a sus sacerdotes? ¿Qué tendría de extraño que en el marco de una revolución, un fraile que, como consigné precedentemente, las tenía bien puestas y que se atrevió a casar a Artigas cuando éste ya estaba casado anteriormente con otra mujer; no se detuviera en una prohibición absurda y antinatural a la hora de amar él mismo a una? El coronel Ramón de Cazeres, consultado por Carlos Calvo a pedido de Mitre, contará que "allí (se refiere a la batalla de Rincón de Abalos, en Corrientes) calló (por cayó) la Juliana una hembra que tenía Artigas, y la Clarita q.e era de Monterroso".
Reitero: hay versiones, pero no pruebas efectivas de que Monterroso haya desobedecido la observancia del celibato. Si por mí fuese, desearía con toda mi alma que así lo haya hecho.
Al producirse, luego de la batalla de Cepeda y la firma del Tratado del Pilar, el enfrentamiento de Francisco Pancho Ramírez con Artigas, Monterroso cayó prisionero de aquél en la citada batalla de Abalos, cerca de Curuzú Cuatiá, en la provincia de Corrientes, el 29 de julio de 1820. 
Ya nunca volvería a ver a Artigas, quien se exilió en el Paraguay. Pancho Ramírez -luego de hacer pasar al fraile por varias humillaciones, según relata Cazeres, como la de hacerlo subir a la cofa del bergantín Belén y desde allí predicar contra Artigas- le ofreció la libertad a cambio de que Monterroso accediera a ser su secretario, y éste se avino a ello.
Parece ser que mientras estuvo con Ramírez, la malquerencia hacia él (hacia Monterroso, quiero decir) del chileno Carrera -originada en aprensiones pavotas, celos ridículos y sobre todo (presumo) en una conciencia sucia-, hizo que el fraile pasara no pocos malos ratos. Incluso, algunos han querido ver en ciertas cartas de Ramírez la patentización de una supuesta desconfianza de éste hacia Monterroso, y hasta una nota de desdén al mencionarlo como "el Roso".
No creo que haya sido así. Ramírez no era desconfiado (por lo contrario; sus actos demuestran que era demasiado confiado, tanto, que hasta caía en la ingenuidad). Y la característica de alguien tan pagado de sí mismo y con la fatuidad exasperante que exhibía Ramírez muy a menudo, no es precisamente la desconfianza, ¿no? El entrerriano no era así; era un "nene grande", veleidoso, atolondrado, con escasas luces como para abonar su engreimiento; pero con muchas ínfulas y un ego gigantesco. Además, lo de mencionarlo Ramírez como "el Roso" no debe tomarse en sentido peyorativo hacia el fraile, sino que hasta es indicativo de cierto grado de familiaridad en el trato; porque ocurre que "Roso" era la forma apocopada de referirse a sí mismo que usaba el propio Monterroso. Hasta en las cartas que le escribió a su hermana, el fraile firmaba "Roso", entonces ¿cómo puede suponerse que Ramírez, al nombrar así a Monterroso en carta a terceros estaría menoscabándolo?
En ese carácter de secretario, decía, Monterroso siguió al entrerriano hasta su derrota y muerte en Río Seco, el 10 de julio de 1821. 
Generalmente se cree que luego de esos sucesos, Monterroso permaneció prisionero del gobernador santiagueño Juan Felipe Ibarra, el Saladino (ver mi artículo en este ENLACE). Particularmente, tal creencia me parece infundada y errónea. 
Ibarra no era hombre de granjearse enemigos porque sí nomás y al tun tun; ya demasiados problemas tenía para afianzar su posición y consolidar su gobierno, y encima, acababa de poner fin con la firma del Tratado de Vinará, a la guerra que Bernabé Aráoz le hacía desde Tucumán, hallándose por esa época empeñado en poner, de acuerdo con Güemes y Bustos, todo su concurso y colaboración para la realización del Congreso en Córdoba; ¿por qué y para qué entonces iba a abrir Ibarra otro frente de batalla? Y además, vencido y muerto Ramírez en Río Seco, Ibarra permitió que Anacleto Medina con un grupo de 58 soldados y llevando consigo a la novia de Ramírez, La Delfina (ver mi artículo en este ENLACE) escaparan al Arroyo de la China (la actual Concepción del Uruguay, en Entre Ríos), atravesando la provincia de Santiago del Estero y el Chaco. Digo, si Ibarra dejó que huyeran (e inclusive los ayudó para ello) nada menos que un alto oficial de Ramírez como Anacleto Medina (por entonces coronel, después llegaría a general) y hasta la novia del derrotado, ¿por qué motivos iba a ensañarse con Monterroso? 
Más plausible me parece que Ibarra dejase en entera libertad al fraile. A lo sumo, le podrá haber pedido a Monterroso, de favor, la prestación de algún servicio (que hombres de su estatura intelectual, por cierto no los tenía en Santiago del Estero) y éste decidiera por las suyas quedarse en esa provincia, o bien acompañara a Medina en su huida a Entre Ríos (como sostiene Aníbal S. Vázquez). 
Como fuere, el general José María Paz (que no era precisamente artiguista, sino todo lo contrario) en sus Memorias, cuenta que se encontró con Monterroso en Manogasta. 

Dice Paz: "Partí en el acto, y apenas había andado ocho leguas, hasta la posta de Manogasta, cuando me encontré con el célebre padre Monterroso, que cargaba espada y se había cerrado la corona. Por él supe el último desastre y muerte de Ramírez...". Primero, adviértase que Paz escribe "el célebre padre Monterroso", ergo, la figura y trayectoria del fraile era conocidísima por ese tiempo; aún estando en la derrota, y además; proviniendo de otra derrota anterior, cuando cayó con Artigas.

Y como vemos, Paz afirma que Monterroso estaba armado con una espada y que se había dejado crecer el cabello cerrando la tonsura (personalmente, creo que lo vendría haciendo desde mucho antes eso de no vestir el hábito franciscano, sino andar "de paisano" y sin tonsura; pero es solamente una presunción mía sin ningún fundamento documental que la avale; puro pálpito nomás). 
Paz, residiendo por ese tiempo en Santiago del Estero, había sido comisionado por Ibarra (precisamente a raíz de un pedido que le había hecho llegar Ramírez en el sentido de franquearle el paso por su provincia, de modo de poder llegar a la suya) para ir al encuentro del entrerriano y escoltarlo, servirlo y allanarle lo que éste le solicitara. Y ahí miente Paz en sus Memorias; porque dice que el Saladino lo envió al encuentro de Ramírez, alarmado, espantado y aturdido por la amenaza que éste se le figuraba ("el imbécil y cobarde Ibarra" escribe el Manco -con notoria y aborrecible ingratitud, ya que era el mismo santiagueño a quien él apostrofaba tan dura e injustamente, quien lo había cobijado caballerescamente en Santiago del Estero, prestándole generoso asilo allí-), mientras que vemos que lejos de tener Ramírez intenciones de pelear con Ibarra; le había solicitado a éste su aquiescencia para atravesar su provincia. 
Es elemental entonces, inferir que si Ibarra, como vimos, había accedido a la solicitud de Ramírez (y no por la imbecilidad y cobardía que le adjudicaba Paz, porque no era el Saladino ni imbécil ni cobarde, sino al revés; era astuto y valiente); ¿por qué motivos entonces iba a tomar prisionero a Monterroso que nada le había hecho y de quien nada podía temer? Es ridículo el sólo suponerlo.
Posteriormente, Monterroso se dirigió a Copiapó, Chile, lugar ese en el que se radicó bajo las identidades de José Antonio de Iguerales y Luis Yeral, de modo de pasar desapercibido de todos. 
Recién pudo regresar a la Banda Oriental, por mediación de su hermana, Ana Monterroso de Lavalleja, y de su cuñado, el general Juan Antonio Lavalleja, el 27 de agosto de 1834.
El buen fraile confió demasiado en que dada la "institucionalización del país", nada tendría ya que temer en él; pero ocurría que gobernaba Fructuoso Rivera, lo que equivalía a que el gobierno efectivo estuviese en manos de Lucas Obes y su pandilla; porque Rivera no era hombre de ciudad ni de escritorio. 
Ni bien desembarcó Monterroso (bajo el nombre de Luis Yeral) en Montevideo, fue aprehendido, y Obes, a la par de requerir la intervención de la autoridad eclesiástica por sus "delitos" y su "escandalosa conducta", ordenó deportarlo a Marsella, Francia. 
A todo esto, la autoridad eclesiástica la ejercía como vicario apostólico, Dámaso Larrañaga, quien además, como si fuera poco el poder que tenía en ese carácter de vicario; era senador por Montevideo. 
Dejando que primasen en su espíritu antiguos rencores, Larrañaga se prestó al juego de Obes y persiguió él también a Monterroso (las pulgas del perro flaco). Pero no obraba así sólo porque lo movilizara una vieja inquina; lo que ocurría era que Larrañaga era fundamentalmente un jerarca eclesiástico, un hombre de la iglesia, a la que situaba por encima de todo, aún; de su patria y de su pueblo. Aquel añejo resquemor que tenía hacia el fraile franciscano, y su noción (equivocada, para mí) de lo que su deber le imponía, confluyeron en su ánimo a la hora de argumentar contra Monterroso y de incoarle un proceso. 
Por su parte, Obes y sus esbirros sentían aprensión de que Monterroso secundara a su cuñado, el general Lavalleja, en su oposición al gobierno de Rivera.
Y en fin, allá fue Monterroso a Francia, expulsado de su país. Desde Marsella, haría una encendida defensa de su actitud de vida y de su propia persona, y dos años después, se dirigiría a Río Grande do Sul, en el Brasil, para desde allí pasar nuevamente a Montevideo, donde la mediación e intervención de su hermana, Ana Micaela Monterroso de Lavalleja, tuvo como como resultado la tan ansiada secularización.
En Montevideo, siendo presbítero y en la más absoluta pobreza -pobreza franciscana, y nunca mejor aplicada la expresión-, moriría José Benito Silverio Monterroso el 10 de marzo de 1838. 
Uno de sus más enconados detractores, Vicente Fidel López, no se privaría del "placer" de descalificarlo a través de la mentira desembozada: manifestó que "durante su exilio en Chile, en 1843, había visto a Monterroso, amancebado y cargado de hijos". No se apercibió este historiador, de que para la época en la que él aseveró haberlo visto en Chile; Monterroso había muerto en Montevideo cinco años antes. En fin...
No tuvo al fallecer una tumba particular, sino que fue enterrado en la fosa común, para pobres. En el registro de su defunción se consignó: "célibe". 
Personalmente, brindo por la memoria de aquel fraile patriota, y de todo corazón deseo que  la condición apuntada no haya sido cierta.

-Juan Carlos Serqueiros-

jueves, 26 de abril de 2012

LA MADRE DE LA PATRIA




Escribe: Juan Carlos Serqueiros

Es muy poco lo que se sabe acerca de María Remedios del Valle o Remedios Rosas (nombre y apellido estos últimos que terminaría por usar, por propia determinación y a lo cual me referiré más adelante). No hay retrato alguno de ella y se ignoran tanto la fecha como el lugar de su nacimiento (muy posiblemente, éste haya sido en Buenos Aires; pero al no haberse –hasta ahora- hallado antecedentes al respecto, no hay tampoco certeza absoluta). 
 Sí se sabe que era de raza negra, ya que ha sido descripta como "parda" en la documentación oficial existente y probablemente haya sido una esclava manumitida o hija de esclavos.
Si yo viviera en Buenos Aires o tuviera los medios necesarios para encarar una investigación histórica allí, rastrearía por el lado de la familia Del Valle, ya que era común por ese entonces que los esclavos –y por ende, los hijos de éstos- tomaran el apellido de las familias en cuyas casas servían. En función de esa circunstancia, tal vez María Remedios tuviera por apellido Del Valle debido al haberse criado en casa de dicha familia. Y de ser así, entonces también quizá sabiendo en qué parroquia se registraban los bautismos de los Del Valle; se lograse hallar su fe de bautismo (lógicamente, suponiendo que haya sido bautizada, lo cual infiero debe de haber ocurrido) y encontrarse los datos relativos a su nacimiento.
Se sabe también que su familia estaba integrada por su esposo y dos hijos, uno propio y otro adoptivo (o "entenado" como se les decía por entonces a los que se criaban en casas que no eran las de sus padres, y por personas que no eran los mismos).
María Remedios del Valle actuó durante las invasiones inglesas, o por lo menos; durante la segunda de ellas. Esto lo sabemos a través de una certificación emitida por el comandante del Tercio de Andaluces, José Merelo; en la cual consta que durante la campaña de Barracas, asistió y guardó las mochilas para aligerar su marcha a los Corrales de Miserere. Esta documentación se halla en el Archivo General de la Nación: “Acuerdo del Extinguido Cabildo de Buenos Aires”, serie IV, tomo II, libros LIX, LX, LXI y LXII, años 1805 a 1807. El Tercio de Andaluces integró, durante la Defensa, la División Centro, al mando de Javier de Elío y dotada con 9 piezas de artillería; conjuntamente con los tercios de Gallegos, de Castas (integrado por pardos, morenos e indios, en el cual seguramente estaría el esposo de María Remedios), y de Catalanes (dos compañías), más un escuadrón de caballería. La campaña de Barracas mencionada por Merelo, consistió, como lo detalla Carlos Roberts en su libro Las invasiones inglesas publicado en 1938, en la concentración ordenada por Liniers de las fuerzas precedentemente descriptas, con más el agregado de las Divisiones Derecha, Izquierda y Reserva, en un punto situado en Barracas, a eso de unas tres cuadras al sur del Riachuelo. En cuanto a la marcha a los Corrales de Miserere, consistía en dirigir ese ejército al matadero de hacienda de Miserere (situado en el actual barrio Once), vadeando el Riachuelo por el paso de Burgos (actual puente Alsina).
Nada más conoceremos de María Remedios del Valle ni de su esposo e hijos, durante los siguientes tres años, hasta la Revolución de Mayo.
El 6 de julio de 1810, se terminó de reunir en el Monte de Castro (actual barrio de Floresta) la tropa que integraría la Expedición Auxiliar al Alto Perú, que sería denominada luego Ejército del Perú. Tal hecho, se producía en el marco de la disposición de la Junta de fecha 29 de mayo de 1810 por medio de la cual se reorganizaba el ejército y fundamentalmente, de la del 14 de junio, a través de la cual se urgía la conclusión de los trabajos de formación de dicha fuerza militar (ya se tenían noticias de los preparativos contrarrevolucionarios de Liniers en Córdoba). Como consecuencia, la tropa, originalmente formada sobre la base de las milicias regladas, pagada por medio de suscripción pública (“contribuciones patrióticas”, para lo cual la Junta comisionó a Miguel de Azcuénaga a fin de que recibiese donativos, ya sea en metálico o en esclavos); se engrosaría por medio de una rigurosa leva de todos los vagos y hombres sin ocupación conocida desde la edad de 18 años a 40, y también apelando a la compra de esclavos a sus amos. Se formó así un ejército de 1.150 efectivos, que fueron puestos al mando del comandante de Arribeños, coronel Francisco Ortiz de Ocampo, con el teniente coronel Antonio González Balcarce como segundo jefe, y enviados a Córdoba a reprimir la contrarrevolución de Liniers, y luego a proseguir la campaña al Alto Perú.
A ese ejército, que iniciaría su marcha el 7 de julio de 1810, era al cual se incorporarían María Remedios del Valle, su esposo y sus dos hijos. Posteriormente, ya sofocado el intento de Liniers, el mismo ejército con Antonio González Balcarce al mando de su vanguardia, se dirigiría al Alto Perú con el nombre de Ejército del Perú, quedando Ortiz de Ocampo en Córdoba, Santiago del Estero y Tucumán, para ir reclutando los contingentes con que sucesivamente se aumentarían sus efectivos, y sería puesto luego al mando de Castelli por resolución de la Junta de fecha 6 de setiembre de 1810. Después del desastre de Huaqui, quedaría al mando Pueyrredón, quien posteriormente lo entregaría a Belgrano en Yatasto el 26 de marzo de 1812.
Consta la participación de María Remedios del Valle en las batallas de Huaqui (Bernardo Anzoátegui atestiguó que por orden de Viamonte, condujo a María Remedios del Valle hasta Potosí, haciéndole entrega de veinte pesos); de Tucumán (en la víspera de la cual María Remedios del Valle le solicitó al general Belgrano autorización para asistir a los heridos en las primeras filas, denegándole éste dicho permiso; no obstante lo cual ella conseguiría confundirse entre las tropas de reserva y luego acceder al campo de batalla, donde su comportamiento fue tan heroico y abnegado socorriendo a los heridos, que el general Belgrano la designó capitana y los soldados y oficiales comenzaron a llamarla “Madre de la Patria”); de Salta; de Vilcapugio y de Ayohuma.
Fue herida gravemente varias veces, recibiendo sablazos y balazos, estos últimos, en seis oportunidades. Estuvo en capilla a punto de ser ejecutada por el enemigo. En la derrota de Ayohuma, herida de bala, no pudo escapar y cayó nuevamente en poder de los realistas. María Remedios del Valle fue una más entre los quinientos prisioneros que el enemigo logró capturar, siendo condenada por el general español Joaquín de la Pezuela, a ser azotada en público durante nueve días consecutivos por conducir correspondencia e influir a tomar las armas. Pero María Remedios del Valle, pese a los atroces castigos que recibió; consiguió fugar.
A esas alturas su frenesí patriótico, su dedicación, su coraje y su abnegación eran ya legendarios. No había sacrificio o penuria pasados o por pasar, capaces de hacerla cejar en su lucha, curando heridos, remendando uniformes de soldados y oficiales y derramando amor a raudales en una tierra que pugnaba por su libertad. Era, para todos, la Madre de la Patria.
Pero ya estaba sola en el mundo: su esposo y sus dos hijos habían perecido en la Guerra de la Independencia, y María Remedios del Valle emprendió el regreso a Buenos Aires, a vivir pobre y olvidada en un mísero ranchito de los arrabales de la ciudad, tan humilde y relegada como el general que la había hecho capitana: Manuel Belgrano.
Así, transcurrieron siete largos años que pasó vendiendo pastelitos y tortas fritas en la Recova y pidiendo limosna en los atrios de las iglesias para subsistir. 
Hasta que un día, el general Juan José Viamonte, al salir de su casa, tropezó con una anciana negra, encorvada, desdentada y llena de horribles cicatrices, reconociéndola instantáneamente. “-¡Pero… si es la Madre de la Patria!”- exclamó. A partir de allí, el general Viamonte, tomó a María Remedios del Valle bajo su protección, e hizo que ésta reclamara al gobierno por el otorgamiento de la pensión a la que era más que justicieramente acreedora.
Luego de una primera presentación, que fue rechazada, subsiguió otra en la que, tras larguísimos debates, se resolvería favorablemente la pensión a Remedios del Valle y la erección de un monumento en su homenaje. En el Diario de Sesiones de la Honorable Junta de Representantes de la Provincia de Buenos Aires: tomo VI, sesión del 18 de julio de 1828, puede leerse la intervención de Tomás de Anchorena, que cerraría la discusión y tras la cual se votarían la pensión y monumento a la Madre de la Patria: “Yo me hallaba de secretario del general Belgrano cuando esta mujer estaba en el ejército y no había acción en que pudiera tomar parte, que no la tomase y en unos términos que podían ponerse en competencia con el soldado más valiente. El general Belgrano no permitía a las mujeres que siguieran al ejército en campaña. Al pasar el río Pasaje sólo admitió en sus filas a la Madre de la Patria. Una mujer tan singular como ésta debe ser el objeto de la admiración de cada ciudadano de todas estas provincias y adonde quiera que vaya de ellas, debía ser recibida en brazos y auxiliada con preferencia a un general”.
Pero todo quedaría en expresiones de buenos deseos e intenciones y nada más; porque María Remedios del Valle jamás llegaría a cobrar su pensión, postergada invariablemente por otras “urgencias” y sepultada en una laberíntica burocracia. 
En 1829 vino un criollo en esta tierra a mandar: don Juan Manuel de Rosas, quien reintegraría a María Remedios del Valle a la nómina del ejército con rango y sueldo de sargento mayor. Agradecida al general Rosas, María Remedios del Valle decidió llamarse Remedios Rosas.
Y sería gracias a la escrupulosa y férrea contabilidad de la administración rosista, que hoy podemos saber cuándo murió la Madre de la Patria, ya que de otro modo; seguramente ese dato permanecería tan ignorado como el de su nacimiento. En efecto, en la Lista del Ejército de Rosas, correspondiente al 8 de noviembre de 1847, se consigna la baja por fallecimiento del Mayor de caballería Dña. Remedios Rosas (sic).
Estimado lector, ya le conté quién era Remedios Rosas, y ahora que lo sabe; espero que en cada fecha patria, la enorme dimensión de su figura histórica le despierte un emocionado recuerdo.
Particularmente, soy de la idea de que así como en muchas de nuestras ciudades se elevan monumentos en honor a la memoria de los Padres de la Patria, los generales don Manuel Belgrano y don José de San Martín; debieran asimismo levantárselos en homenaje a doña Remedios Rosas, la Madre de la Patria.

-Juan Carlos Serqueiros-

Imagen: Ramiro Ghigliazza, "María Remedios del Valle, La Madre de la Patria", técnica digital, contemporáneo.

domingo, 22 de abril de 2012

PERDIENDO EL TIEMPO









































E
scribe: Juan Carlos Serqueiros

PERDIENDO EL TIEMPO
(Beilinson - Solari)

Va a amanecer y desde el muelle
veo el ferry en que te vas.
El amor empezó a quedarte chico
y el silencio lo enredó.
¡Angeles! yo ya no me puedo ir...
me ata un fuego  y mi sueño duerme aquí.
Ella sí que era el fuego,
ella sí que bailaba en las llamas.
Por primera vez tengo miedo
de no hacer bien mi papel.
Sé que voy a perder un poco el tiempo
y tirar con lo que hay.
¡Angeles! yo ya no puedo partir,
me ata un fuego y mi sueño duerme aquí.
Ella sí que era el fuego,
ella sí que bailaba en las llamas.
Apagó sus ojos tristes y luego embarcó...
Recuerdos que mienten un poco
(siempre fue así)
Nuestro miedo helará éste infierno, creo.
Sopla un viento frío en la ciudad.

Una bellamente triste letra, que narra una relación de pareja que queda trunca. Aún a pesar del amor que siguen sintiendo el uno por el otro (en la apariencia, pero... ¿será verdadero amor lo que sienten?, mmm... veremos...), quienes la integran han resuelto romper el vínculo que hasta allí los unió. 
La separación y despedida (desgarradoras) que se describen en la letra, pueden haberse producido por distintas causas, pero lo que para mí está evidenciado, patentizado en la poética del tema; es que llega para esa pareja un punto de inflexión en el que quienes la componen habrán de tomar una decisión: la de sacrificar el amor (o eso que ellos tomaron por "amor" y que después veremos que no lo es tanto) que se tienen el uno al el otro; en aras de un sentimiento que entienden como superador de ese amor, como algo que lo trasciende.
La separación no se dio en un marco de bronca mutua, no se dejan en malos términos; lo cual queda ilustrado en el hecho de que él la acompaña al puerto en su partida. Luego, queda parado en el muelle, mirando cómo ella se aleja ("va a amanecer y desde el muelle veo el ferry en que te vas").
Seguidamente, se pone a pensar en las causas de la ruptura por parte de ella: "El amor empezó a quedarte chico y el silencio lo enredó", reflexiona, atribuyéndole a ella el sentir algo que trascendía al amor que tenía por él, y que a la hora de los bifes, pesó más en su balanza. Y ¿qué puede ser eso frente a lo cual a la mina "el amor empezara a quedarle chico"? Bueno, la letra no lo dice y sólo podemos inferir: por ejemplo, suponer que en ella pudo más la influencia de intereses de otro tipo, quizá algún ideal socio-político, o tal vez algo más prosaico, como alguna ambición material o profesional, vaya uno a saber... Lo seguro es que ella privilegió algo, sea lo que fuere ese algo; por sobre el sentimiento que experimentaba hacia el chabón. Por eso "el amor empezó a quedarle chico", es decir, a no satisfacerla en plenitud. Sin embargo, él no es auto indulgente; ya que también se echa sobre sí mismo una porción de la "culpa", cuando reconoce que "el silencio lo enredó", 
o sea que hubo por parte de la mina un planteo previo que él desoyó en su momento. Alude así a una complicación adicional: la falta de diálogo, diálogo ese que quizá -y sólo quizá- hubiese recompuesto las cosas.
Y es en ese orden de pensamientos que él profundiza y medita en sus propias razones para que ese desenlace se produjera: "yo ya no me puedo ir... me ata un fuego y mi sueño duerme aquí", se dice tanto a sí mismo, como también dirigiéndose imaginariamente a la mina (que a esa altura, ya se fue), aludiendo a obligaciones y/o responsabilidades que no puede gambetear, ignorar, eludir, y que lo llevan a tener que resignar lo que siente. Y al igual que ocurría con los motivos de ella, los de él tampoco se especifican claramente en la letra; con lo cual otra vez sólo podemos hacer especulaciones en torno a eso: por ejemplo, el tipito también puede haber tenido algún interés material o intelectual que reputó como más poderoso que el amor, o quizá tuviera una relación que no se animó a romper, hijos tal vez, chi lo sa...
En cuanto a lo de "¡Angeles!", alguien me dijo una vez que en una de las empresas de servicio de ferry que hace Buenos Aires-Colonia, uno de los transbordadores tenía ese nombre y que por eso el Indio ponía lo de "¡Angeles!". Qué sé yo... todo puede ser; pero no me cierra la "explicación". Es posible que haya habido un transbordador con el nombre de "Angeles", pero si un perfeccionista como Solari hubiese querido citar en una canción el nombre de un ferry, no iba a omitir el entrecomillado, dejando así de señalar inequívocamente que está citando el nombre que se le puso a algo. ¡Justo él!, tan luego... no, ni en pedo. Más plausible se me hace que esté mencionando el nombre de la mina; aunque tampoco esa posibilidad me satisface del todo. Y además, hay que considerar lo de los signos de admiración, que por algo están, ¿no? Lo que más probable me parece, es que eso de "¡Angeles!" sea una expresión empleada en lugar de poner el más usual o frecuente "¡Dios mío!" o "¡Ay, Dios!", algo así... Y me afirma en esa opinión la circunstancia de que el Indio escribió las letras de Lobo Suelto / Cordero Atado -salvo las que él mismo catalogó de "temas de hace mucho tiempo", como "Negrita" (así llama Solari a "Caña seca y un membrillo") y "Ya no late más" (que en el disco pasó a llamarse "Lobo, estás?")- en República Dominicana; donde efectivamente la exclamación "¡Angeles!", popularmente se utiliza en lugar de "¡Dios mío!" y "¡Ay, Dios!".
A continuación, viene una remembranza de lo que la tipa significaba para el ñato: "Ella sí que era el fuego, ella sí que bailaba en las llamas", evoca él; con lo cual, de paso, se nos clarifica la cosa acerca de qué era lo que los unía, porque eso nos remite a entender que lo de ellos no se trataba de un amor verdadero; sino de una pasión ardiente, volcánica diríamos; que ellos confundieron con amor. Esa pasión, a él se le está yendo embarcada en un ferry, y por eso siente esa aprensión que expresa con lo de "por primera vez tengo miedo de no hacer bien mi papel", es decir, siente temor de que a partir de que le falte la mina que lo tenía borracho de pasión, no pueda soportar estar sin ella, y entonces se raje en pos de recuperarla, huyendo así de esas responsabilidades y obligaciones que constituyen el "papel" que le tocó en el reparto, ese rol que debe desempeñar.
Trascartón, se pone a cavilar en lo que va a ser su vida de allí en más, sin la mina: va a "perder un poco el tiempo y tirar con lo que hay". O sea, imposibilitado de disfrutar el goce de la pasión, porque ella ya no estará; él se va a dedicar a "perder el tiempo" en relaciones sin ninguna significación especial, "tirando" con "lo que hay".
Y rememora (masoqueándose un poco, si se quiere) el momento de la despedida, cuando ella abordó el ferry en que se fue: "Apagó sus ojos tristes", dice refiriéndose a que la mina cerró sus párpados para contener el llanto, y "luego embarcó".
Y vemos que la tristeza de tal despedida, seguramente no matará a ninguno de los dos, porque enseguida se dice a sí mismo: "Recuerdos que mienten un poco (siempre fue así)"; como diciéndose que en el fondo, está haciendo un cacho de melodrama, que de ese "amor" que creyeron haber sentido, no se van a morir; y que en definitiva, cada vez que recordamos algo que nos ha sido trascendental en alguna medida, que nos ha marcado o influido notoriamente; tendemos a exagerar. Así, después de todo, esa tristeza que él atribuyó a la mirada de la mina al despedirse, quizá no haya sido tan honda como él se empeñaba en creer... Y de paso, la de él tampoco, porque cierra con un esperanzado "nuestro miedo helará este infierno, creo"; como diciéndose a sí mismo algo así como "la voy a extrañar y seguramente ella me extrañará, pero después, los motivos que tuvimos para romper la relación, terminarán imponiéndose por sobre el deseo de estar juntos".
Y tanto es así, que ahora mismo nomás, el "infierno" de esa pena, ya comienza a helarse con ese "viento frío que sopla en la ciudad".
A rey muerto, rey puesto, dicen, y la vida continúa...

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-Juan Carlos Serqueiros-

domingo, 15 de abril de 2012

LA PARABELLUM DEL BUEN PSICÓPATA


Escribe: Juan Carlos Serqueiros

LA PARABELLUM DEL BUEN PSICÓPATA
(Beilinson - Solari)

La noche tira un salto mortal,
pura tontera del "punto G"
y el joven lobo,
¡quemándose de amor!
Está en la cima del volcán
(nunca pudo ser muy fiel...)
tímidamente moja el suavestar.
Y traga migajas de rock
maravilla para este mundo,
y traga esas migas indescriptibles
(trucos de placer).
Un tecno-duque trabajó
nuevos gemidos para el show,
su industria de la diversión quebró.
Un gran remedio para un gran mal,
amores como flechas
van cruzando el sueño
y te acribillarán.



Un tema que se las trae y cuyo título es, de movida nomás, sugestivo y pasible de hacer caer en confusiones. Veamos: el Indio pone "La Parabellum", con lo cual, la primera reacción de mis neuronas (suponiendo que mis neuronas tengan eso que llamamos reacción) fue remitirme -por lo del artículo "la"- a un arma en particular: la pistola Luger calibre 9 mm, pero por apurado; paradojalmente casi pierdo el tren, porque ocurre que el título es también una metáfora en sí mismo: hete aquí que para bellum significa "para guerra", lo cual es la forma apocopada de una frase en latín que reza: "Igitur qui desiderat pacem, praeparet bellum", o sea: "Si realmente deseas la paz, prepárate para la guerra", del escritor romano Publio Flavio Vegecio Renato, en su obra Epitoma rei militaris. Luego, en materia de armas, se popularizó el uso del término Parabellum para el calibre 9 mm, uno apropiado para la guerra. Con lo cual el Indio no se está refiriendo en el título a una pistola en especial; sino al "arma" que va a usar en "la guerra" alguien determinado: un "buen psicópata". 
Y... ¿qué cuernos vendría a ser un "buen psicópata"? Bueno, esa cuestión es un cachito más compleja: sería importante, para comprender hacia dónde apunta Solari, haber leído una nota que le hizo Quiquito Symns, que fue publicada en la edición de diciembre de 1986 de la revista Cerdos y Peces y que se titulaba justamente Los psicópatas del siglo 21. En ella, Solari expresaba su opinión en el sentido de que ante el avance  de la tecnología en todos los órdenes, sobre todo en el de la biogenética, en el siglo XXI y en un mundo manejado por lo que él llama maffia (que no es la consabida mafia siciliana de las películas, sino que son las grandes corporaciones transnacionales), los que mejor preparados estarían para sobrevivir en ese orden sistémico, serían los psicópatas. 


Y precisamente, uno de esos psicópatas es el protagonista de esta letra. Es un psicópata, sí, pero como veremos más adelante; un buen psicópata, es decir, alguien que no representa un peligro para la integridad física de nadie, como podría serlo (por ejemplo) un psicópata asesino o un psicópata violador. Pero este no, este "mata" con su propia “arma”: su pene, que es "la Parabellum" con la cual se "prepara para la guerra".



Ese chabón, ese "buen psicópata", bien "armado" con "la Parabellum", esa respetable pija con la que está dotado (pido perdón a las chicas por la inevitable guarrada; necesito ser muy gráfico), se está curtiendo una mina que consiguió circunstancialmente, alguien que no es su pareja habitual y/o "formal"; sino una mina que se levantó por ahí, vaya uno a saber dónde. 
Así, "la noche tira un salto mortal". Y "mortal" no en el sentido de que él vaya a hacerle un daño físico a la mina; sino "mortal" para la sanidad psíquica de ella. Debo aquí agradecer la ayuda de Gabriela, mi esposa, quien con sus extraordinarias capacidad, trayectoria y eficacia profesionales como psicóloga clínica, tuvo la paciencia de desasnarme acerca de qué es y qué representa un psicópata: alguien que no puede tener empatía hacia su prójimo, que no siente nada, que no puede experimentar amor, que es incapaz de sentimientos. Entonces, es en ese contexto en que el "salto mortal" que "la noche tira", vendría a ser como un espectáculo de trapecio sin red: la mina, al relacionarse con ese psicópata, corre el riesgo del daño psicológico que eventualmente ese vínculo implique para ella. 
Ella le pide al tipo que explore y estimule su Punto G (un punto situado en un lugar dentro de la vagina, donde -según los sexólogos- está concentrada la mayor cantidad de terminales nerviosos para producir placer). Pero para el tipo, eso que le pide la mina es una huevada ("tontera"); porque él está re caliente y sólo quiere ponerla; no andar "perdiendo tiempo" brindándole placer a la mina. Él busca su propio goce, es un "joven lobo quemándose de amor", y quiere satisfacerse él; no satisfacerla a la mina. Ella le importa un carajo, porque para él, no es alguien, una persona, un prójimo; sino algo, una cosa, un objeto cualquiera, hacia el cual no siente absolutamente nada. 
Lo que pretende ilustrar el Indio, es que el chabón se encontró con una mina que se escapa del esquema habitual que él esperaba: está acostumbrado a controlar la situación, y resulta que ella le sale con la demanda de lo del Punto G; entonces el tipo queda momentáneamente descolocado, sorprendido. Y eso lo excita más, al punto que, como se dice más adelante en la letra, se le escapa el polvo.
Al llegar a lo de "está en la cima del volcán", en un principio pensé que estaba referido a que el tipo le practicaba sexo oral a la mina, un cunnilingus, produciéndole un orgasmo, pero después, ya desburrado por Gabriela respecto a las características de un psicópata; me dí cuenta de que no se trataba de eso, porque como escribí antes, el placer de ella a él le importa tres belines. No, nada de darle satisfacción con sexo oral; el tipito es un golfo, alguien que "nunca pudo ser muy fiel", o sea que es alguien infiel no porque busque serlo, sino porque no lo puede evitar. Es un psicópata, inofensivo (en cierta forma) para los demás, porque no va a matar ni a hacerle daño físico a nadie: un "buen psicópata", digamos; pero psicópata al fin, en el sentido de que no siente nada por nadie, de que no ama a nadie, ni siquiera a su esposa, novia, pareja o lo que fuere. 

La mina "está en la cima del volcán", en la antesala del orgasmo, porque está experimentando el goce de ser penetrada por la "Parabellum" del tipo, por la descomunal pija que él carga, pero antes de que ella llegue a gozar; imprevistamente él tiene una eyaculación, acaba sobre el colchón ("moja el suavestar"). Y lo moja "tímidamente", porque está sorprendido, descolocado, ante lo imprevisto de la situación: él esperaba satisfacer su deseo sexual rápida, expeditivamente, controlando y manejando la cosa como acostumbra hacerlo; y resulta que se encuentra con una mina que le demanda el mismo goce que él buscaba para sí mismo. Se ve superado por lo inesperado de lo que está viviendo, y ante la excitación extrema que esa "novedad" le acarrea; eyacula precozmente. 
"Y traga migajas de rock / maravilla para este mundo, / y traga esas migas indescriptibles / (trucos de placer).": El "rock maravilla para este mundo", en este caso el Indio lo usa como una metáfora para aludir a que así como la cultura rock pretendió en un momento cambiar la óptica del mundo a través de una revolución musical; en "este mundo" (el mundo del siglo XXI al que se refiere en el reportaje que mencioné antes), el sexo también está "revolucionado", por ejemplo, con la practica más difundida, más habitual o más aceptada, digamos, de la "industria del sexo": sesudos tratados que pretenden "enseñarle" a la gente sobre el sexo, "novedosas" (minga novedosas) técnicas sexuales, chichecitos, películas porno, etc.; todos "trucos de placer".
"Un tecno-duque trabajó / nuevos gemidos para el show, / su industria de la diversión quebró.": Un tecno-duque es en el lenguaje del Indio, un científico del siglo XXI, alguien que manipula la tecnología que llevará a que el más apto para sobrevivir en ese contexto sea el psicópata. Ese tecno-duque (duque=dux, rango militar de general) es el que a través de la tecnología desarrollará nuevas formas de placer erótico, sexual ("nuevos gemidos para el show"); porque la vieja manera de entender el sexo por parte de la humanidad, cambiará a partir de los nuevos parámetros y nuevas pautas que impondrá la tecnología creada por la maffia que, según el Indio, controlará al mundo. Es decir que habrá una nueva forma de entender el placer; la vieja forma no correrá más ("su industria de la diversión quebró"). Son todas alusiones y metáforas muy altas que sólo pueden ser entendidas a partir de la lectura de ese reportaje de Symns a Solari; de otra manera uno no puede situarse en el contexto de algunas estrofas de la canción.
"Un gran remedio para un gran mal,  / amores como flechas  / van cruzando el sueño / y te acribillarán.": Y bueno, "vamos buscando el cierre", dijo Mónica Lewinsky: una estrofa del Indio para concluir la canción (que pinta un statu quo que no tiene nada de halagüeño) con una especie de deseo esperanzador: el de que haya "un gran remedio para un gran mal". Es decir, para curar una enfermedad seria, grave; es preciso encontrar el remedio justo y apropiado. Y ese remedio es el AMOR. El palazo solariano es para el gran mal, representado por la "ciencia oficial" toda: la tecnología, la medicina, incluyendo a la psicología y la psiquiatría que se encargan de “domesticar”, de "dormir" al ser humano para re-insertarlo en ese mismo sistema que es precisamente el que lo enfermó, y hasta al psicoanálisis mal entendido y peor practicado por algunos malos, pésimos pseudo profesionales chantas, que utilizan erróneamente algo que (otra vez: ¡gracias, Gabriela!) sirve justamente para que se trate de la subversión del sujeto  y no de dejarlo "manso y en el molde"; al contrario. Entonces, el psicópata como modelo de "hombre del futuro", es el fruto de un sistema que le quita el corazón, que le fija como nueva meta la competitividad, la guerra (esa guerra para la cual necesita "la Parabellum"; si no hubiese guerra, no la precisaría) introducida por todo el discurso sistémico. Y así, el amor lo cruza como una flecha, lo atraviesa, lo pasa de largo, acribillándolo. Lo que te acribilla es aquello que no podés ver, porque de hecho, si pudieras detener una bala; la pararías antes de que llegue a tocarte y causarte daño. El gran remedio para ese mal, sería el AMOR, pero eso... el psicópata no lo ve; y entonces, esos "amores como flechas" le van "cruzando el sueño".

Y me quedé pensando (a veces, algunas pocas veces, lo hago): ¿se dieron cuenta de que es cada vez más frecuente el encontrarnos con el re manido "nadie resiste el archivo"? Bueno, es una patraña, una gran macana, una falsedad; porque sí hay quienes resisten cualquier archivo, como por ejemplo, el Indio. Reflexionemos: hace ¡veintiséis años!, nada menos, decía -como vimos en esta interpretación- que el amor era el gran remedio para el gran mal; y hace poco, muy poquito, dijo: "Si no hay amor, que no haya nada entonces, alma mía ¡no vas a regatear!". 
Si eso no es COHERENCIA; la coherencia ¿dónde está?

ENLACE A LA PARABELLUM DEL BUEN PSICÓPATA EN YOU TUBE: http://www.youtube.com/watch?v=LJkly-Xtqf8

-Juan Carlos Serqueiros-