domingo, 8 de enero de 2012

BENITO DE LUÉ Y RIEGA































Escribe: Juan Carlos Serqueiros

El obispo Benito de Lué y Riega ha tenido históricamente "mala prensa" entre nosotros los argentinos, lo cual no es de extrañar, habida cuenta del juramento de fidelidad que prestó al rey de Inglaterra, Jorge III, en la Primera Invasión Inglesa, y, fundamentalmente; por la postura que asumió en el cabildo abierto del 22 de Mayo de 1810.
Ante todo, entiendo pertinente aclarar que no persigo el propósito de exaltar ni denostar la figura histórica del obispo Lué, ni el de sumarme a la larguísima fila de sus detractores ni a la muy corta de sus panegiristas, ni el de convertirme en su exégeta. Simplemente me anima el convencimiento de que quienes nos dedicamos a estudiar y narrar el pasado, ya sea profesionalmente o como vulgares amateurs (como este servidor), tenemos la obligación insoslayable de buscar siempre la verdad histórica, por más antipática que la misma pueda resultarnos. 
Por otra parte, en el caso particular del análisis de Lué, estoy insospechado de ser tendiente a morigerar la relación de los errores y faltas que haya cometido, a la hora de evaluar su obra influenciado por su condición clerical; ya que no soy hombre de fe dado mi agnosticismo. 
Estipulado todo eso, veamos: ¿quién y cómo era este hombre?
Nacido en Asturias el 12 de marzo de 1753, en su adolescencia había ingresado al ejército español, llegando en su carrera militar al grado de mayor (ergo, el hombre no era ningún pusilánime; era una persona de coraje y habituada a la disciplina castrense). Al morir su esposa, Lué abandonó la milicia y llegó a doctorarse en Teología en la Universidad de Ávila. En 1801, el rey de España, Carlos IV (sí, ese mismo, el que cuando en 1804 recibió el envío que le hacía desde Buenos Aires el padre Torres, prior de los dominicos, de los fósiles de un megaterio que había hallado en Luján; le pidió al cura que por favor le enviara “un ejemplar vivo”), entendió que para reemplazar al anterior obispo de Buenos Aires, monseñor Azamor, fallecido en 1796 (el rey se tomaba algún tiempito: ¡cinco años para cubrir las vacancias!), se necesitaba un eclesiástico valiente y decidido; y en ese orden de ideas (suponiendo que Carlos IV fuera capaz de tener eso que llamamos ideas), haciendo uso del patronato, propuso a Benito de Lué y Riega, que sería confirmado por el papa Pío VII.
Lué fue un muy buen obispo, concienzudo y puntilloso: ni bien arribado a su diócesis (que abarcaba Buenos Aires, Córdoba, Entre Ríos, las Misiones, la Banda Oriental y todo el resto del territorio hasta las Malvinas inclusive), se dedicó a recorrerla en toda la extensión que pudo (lo cual no se hacía desde 1779). Creó numerosos curatos, puso en vigencia un sistema ideado por él mismo, de permanente capacitación y actualización para todos los curas regulares y seculares, con obligación de asistencia y tomas de examen incluidas; auditó los libros parroquiales (en los cuales, dicho sea de paso, encontró muchas anomalías). La prolongada visita pastoral de Lué nos indica a las claras cuán hondamente arraigado tenía el compromiso con los deberes que su posición le imponían, máxime considerando que a su llegada a Buenos Aires ya era un hombre de 53 años, que debía desplazarse por una enorme geografía, con caminos en pésimo estado y medios de transporte aún peores. Pero el obispo tenía un problema: su carácter turbulento, hosco, agrio, a menudo altanero y despótico, que lo llevó a chocar frecuentemente con los sacerdotes que estaban bajo su jurisdicción, con el cabildo de Buenos Aires, con el tribunal del Santo Oficio y hasta con el cabildo eclesiástico.
Justo es considerar también que, además de los defectos de carácter de Lué; el prolongado lapso transcurrido entre la última visita pastoral de un obispo (que había sido, como escribí más arriba, en 1779), originó una serie de usos y costumbres por parte de los sacerdotes regulares respecto de sus feligresías, lo cual obviamente, colisionaba con la férrea autoridad que Lué se empeñaba en ejercer. Y había también una larga lista de quejas por lo exageradamente oneroso de los gastos producidos por las visitas del obispo, que llegaba a cada parroquia con la pompa y la numerosa comitiva que él consideraba inherentes a su investidura. Por ejemplo: el síndico procurador del cabildo de Montevideo, se quejó al rey por las exigencias de Lué a los curas para que le proporcionasen caballos, peones y esclavos; y el comisario del Santo Oficio en Buenos Aires, Fabián de Aldao, escribió: "Ha hecho diabluras en su visita. Es el más desaforado loco que nos ha venido del otro lado de los mares”.
Lué tenía propensión a pelearse con todo el mundo: con el archidiácono Andrés Ramírez, con el rector de la Universidad de Buenos Aires, sacerdote Antonio Saénz, etc.
Sin embargo, y pese a su carácter terrible; Lué era un hombre íntegro, honesto a carta cabal y que sabía ser llano, cortés y amable con las gentes del pueblo. Al hacer su semblanza, el padre Guillermo Furlong dice: “Había dureza, había hosquedad, había hasta irascibilidad; pero también había bajo esa triple e hirsuta capa, modestia, nobleza, generosidad y sacrificio. Si un contemporáneo dijo de él que era de carácter amargo, duro e irregular; otro escribió que era hombre, sencillo, sincero y austero. En nada fallaba el sacerdote y el obispo, y ni en el uno ni en el otro se hallará mácula o arruga; pero fallaba el hombre”.
Se lo ha vapuleado mucho a Lué con el asunto de su juramento de fidelidad al rey de Inglaterra Jorge III en ocasión de producirse en 1806 la Primera Invasión Inglesa. En efecto, eso ocurrió y es verdad, pero no toda la verdad. Y se miente no sólo cuando se oculta la misma; sino también cuando se la dice a medias, induciendo a engaños e interpretaciones erróneas. 
Lo que ocurrió en realidad, fue que el 4 de julio de 1806 Beresford ordenó al Cabildo que citara para el 7, en el Fuerte, a todas las autoridades civiles, militares y eclesiásticas para que prestaran juramento de fidelidad a la corona británica. El día 6 de ese mes, Lué solicitó y obtuvo una entrevista con Beresford en la cual, con finísima diplomacia e inigualable astucia, convenció al inglés de que las normas de la iglesia católica les impedían a los religiosos tomar las armas, y que en razón de ello, exigirle al clero secular y regular un juramento en tal sentido, era ocioso e impolítico. Beresford cayó en las redes de Lué y creyó en sus palabras. Pero la inteligente y oportuna actitud del obispo frente al invasor no terminó allí: luego de eso, con firmeza de carácter, se negó al requerimiento de Beresford, quien lo instaba a amenazar a sus feligreses con la excomunión en caso de que accionaran militarmente contra el ejército inglés (por esos días, el pirata ya estaba anoticiado de los trabajos que preparaba Liniers para la reconquista). 
Los insospechables informes de los fiscales Caspe y Villota consignan, refiriéndose a la acción de Lué: “…la suya fue una resistencia heroica, que no tuvieron otros… fue un mediador eficaz ante el gobernador inglés a favor del pueblo”. Más aún, fue la decisiva intervención de Lué la que posibilitó la salvación de un cadete criollo condenado a muerte por un tribunal militar, por haber ayudado a desertar a un artillero inglés, Michel Skennon, que se había pasado a las tropas de Liniers. Y no conforme con haber salvado al cadete, Lué asistió espiritualmente a Skennon en sus últimos momentos, administrándole los sacramentos. Avisado Lué de que la soldadesca inglesa solía incurrir en irrespetos con los sacerdotes católicos en circunstancias como esa, lejos de amilanarse; decidió enfrentarlos en persona, asumiendo una actitud desafiante: salió de su residencia con toda la pompa de un obispo, y a su paso, los soldados ingleses le presentaron armas en señal de consideración. 
Y por si no bastara con todo lo previamente enunciado; transcribo a continuación el oficio cursado por el mismísimo Liniers a la Real Audiencia: “Dudo Señor Excelentísimo, que de cuantos obispos existen en América, haya uno más benemérito que el que ocupa la silla de Buenos Aires, el ilustrísimo señor don Benito Lué y Riega. Hallándose en la triste invasión de los ingleses, observó en estas críticas circunstancias una conducta llena de energía, de prudencia y de caridad, la que le atrajo la mayor consideración e influencia sobre el general inglés, y por ella se logró precaver varios daños a que este infeliz pueblo se hubiera visto expuesto”.
El otro gran cargo que pesa sobre la figura histórica de Lué es su oposición a la Revolución de Mayo, fundamentalmente a raíz de su poco feliz participación en el cabildo abierto del 22. No se conocen con exactitud las palabras que en esa ocasión pronunció, ya que no se llevó registro escrito de cada uno de los discursos, no obstante lo cual; tanto Saavedra en sus Memorias, como Francisco Saguí en su obra Los últimos cuatro años de la dominación española en el antiguo Virreynato del Río de la Plata, desde 26 de junio de 1806 hasta 25 de mayo de 1810. Memoria histórica familiar, y Vicente Fidel López en su Historia argentina (escrita a partir de los testimonios que le transmitió su padre, Vicente López y Planes); son coincidentes en que expresó la opinión de que mientras existiera un solo español, ése debía ser quien gobernara a América, y que solamente desaparecido hasta el último español peninsular, podría recaer la soberanía en los americanos. 
Lo de Lué era la puesta en palabras corrientes del centralismo borbónico, al cual por supuesto, dada su condición de jerarca eclesiástico, adhería sin reservas. Fue desafortunada e inoportuna su intervención, en la que seguramente incurrió llevado por su ultramontanismo y su altanería y sin tomar en cuenta que a raíz de los sucesos en España, se había abandonado de hecho la doctrina del centralismo borbónico al establecer la Junta de Sevilla la igualdad entre españoles europeos y americanos y convocar a estos últimos para que designen diputados. 
Le fue fácil a un orador hábil como Castelli rebatirlo de inmediato; pero Lué, impelido por su mal carácter, le respondió desabridamente que no había concurrido a debatir, sino a dar una opinión que le habían pedido. Eso explica perfectamente la supuesta gaffe de Lué, ya que no se trataba de una pifiada (impensable en un erudito, hombre de vasta cultura y perfectamente al tanto de todas las novedades como lo era el obispo), sino que por lo contrario; era su íntimo convencimiento. Y lo mantuvo votando por la continuidad del virrey Cisneros.
Sin embargo, producido lo del 25 de Mayo, al día siguiente Lué prestó juramento de fidelidad a la Junta, y el 30 ofició una misa de acción de gracias por la instalación del nuevo gobierno. Al mes siguiente, solicitó autorización a la Junta para efectuar una visita pastoral a la Banda Oriental; pero el permiso le fue denegado, por suponer el gobierno que el prelado quería en realidad huir de Buenos Aires para pasar a Montevideo a unirse con los realistas (lo cual era posible que fuese el caso, y si no lo era; entonces por lo menos debe convenirse en que muy inoportuna resultaba su petición de dirigirse justamente a la Banda Oriental, que era un foco realista; podría haber elegido otro destino y quizá entonces, las prevenciones de la Junta se hubiesen atenuado). Simultáneamente, se le prohibió decir misa; pero, extraño (o no, según como se mire) se lo mantuvo en su jerarquía eclesiástica.
A partir de allí, el obispo no dio ningún motivo para que las autoridades sospechasen de él; sino todo lo contrario. 
El Primer Triunvirato lo "desterró" a San Fernando. La proximidad a Buenos Aires del sitio elegido para tal "destierro", me lleva a pensar que la persecución a Lué debe haberse originado en la malquerencia personal de alguno de los triunviros, de los secretarios o de alguien influyente ante ellos (tenía una larguísima lista de enemigos), más que a su "peligrosidad política"; ya que si Lué fuera tan de cuidado como lo sindicaban, lo hubieran desterrado en serio, a un lugar bien alejado, o lo hubiesen deportado a España. Por otra parte, el Triunvirato recurrió a Lué como mediador ante los patricios sublevados en lo que se conoce como “motín de las trenzas”. Asimismo, lo convocó a participar de una asamblea de juristas y teólogos, reunida para decidir la restitución o no del obispo de Córdoba, Orellana, quien había conspirado junto con Liniers y otros contra la Primera Junta, y a quien por su investidura religiosa se le había conmutado su condena a muerte.
Al obispo Lué se lo encontró fallecido en su cama en la mañana del 22 de marzo de 1812, después de una opípara cena que se había celebrado la noche anterior con motivo del festejo de su onomástico (21 de marzo, día de San Benito) y de su cumpleaños número 59, que había sido días antes, el 12. Lo repentino de su muerte, y ciertos rumores que se esparcieron respecto de una supuesta participación suya en un complot contra el Triunvirato; llevaron a atribuirla a un envenenamiento. Se dice también que la cena fue organizada por los enemigos más acérrimos del obispo y hasta se sindica como ejecutor del asesinato al archidiácono de la catedral, Andrés Ramírez, quien habría actuado por instrucciones del Triunvirato.
Particularmente, creo que la muerte de Lué fue por causas naturales, originada en una indigestión o intoxicación, y que lo del envenenamiento es nada más que una fabulación de las que tanto abundan en nuestra historia. Me inclino a pensar así, porque no se explica cómo una persona con el carácter áspero que se le atribuía a Lué, se aviniera a celebrar su cumpleaños tan luego en compañía de sus más enconados enemigos, ¿por qué habría de hacer tal cosa? Además, el Primer Triunvirato no se distinguió precisamente por la sutileza de sus métodos al ejecutar a alguien, y si no, ahí están, como macabras pruebas, los condenados a muerte en el llamado “motín de las trenzas”, y también Álzaga y los que participaron en su complot, ¿por qué, entonces, iba a andar urdiendo toda una farsa de homenaje dispendioso y encargando a un archidiácono el asesinato de un prelado? 
Subiste aún la polémica con respecto a Lué, relacionada con la fundación de Esquina (provincia de Corrientes). En efecto, siempre se consideró que el fundador había sido el obispo, lo cual por supuesto fue y es rechazado por la mayoría de los esquinenses (quienes no quieren saber nada con que su fundador fuera un opositor a la Revolución de Mayo) bajo el argumento de que ya existía un villorrio en Esquina cuando llegó Lué (lo cual es estrictamente cierto, y además; en 1782 ya había allí una posta, a partir de la cual se extendió el asentamiento). Finalmente, en 1990 se oficializó que la fundación se había producido el 10 de febrero de 1806 (fecha de la creación del curato de Santa Rita de la Esquina por parte del obispo Lué), reconociéndose como "precursor de la fundación" (?) a Benito Lamela (que fue quien donó las tierras del pueblo y costeó de su peculio la construcción de la primera capilla en 1799). De ese modo, y apelando a perífrasis y sin mencionar a Lué en el texto de la ordenanza, los concejales esquinenses por ese año lograron compatibilizar (antojadizamente y traído por los pelos) lo que supusieron (equivocadamente, porque Santa Rita de la Esquina del río Corriente no se fundó a partir del establecimiento del curato por parte de Lué, sino que ese fue uno más de los tantos actos administrativos y organizacionales de su diócesis que produjo, porque un obispo es una autoridad eclesiástica; no civil o militar como para andar fundando ciudades) la verdad histórica, con su tirria hacia  quien creyeron fundador de su ciudad, sin que lo haya sido.
Manipular la historia, que le dicen, y encima; "guiados" por el desconocimiento de la misma. Tuvieron miedo de que efectivamente fuera Lué el fundador, y por eso terminaron quitándole el mérito a quien en estricta justicia debió haberse considerado como tal: Benito Lamela; otorgándole en cambio a éste un engañoso título de "precursor". Si yo fuese descendiente de aquel hombre, ya les habría arreado una buena chicoteada por politicastros imbéciles, ignorantes y mentirosos.
En fin...

-Juan Carlos Serqueiros-
___________________________________________________________________

REFERENCIAS

Actas del Cabildo de Buenos Aires, 1810. Biblioteca Nacional, Biblioteca Digital Trapalanda.
Furlong, Guillermo, La Revolución de Mayo: los sucesos, los hombres, las ideas. Club de Lectores, Buenos Aires, 1960.
Guillespie, Alexander: Buenos Aires y el interior. Observaciones reunidas durante una larga residencia, 1806-1807. Editorial El Elefante Blanco, Buenos Aires, 2000.
López, Vicente Fidel. Historia de la República Argentina t. III. Librería La Facultad, de Juan Roldán, Buenos Aires, 1911. 
Rosa, José María: Historia argentina, t2. Editor Juan C. Granda en Talleres Gráficos de Sebastián de Amorrortu e Hijos S. A., Buenos Aires, 1965.
Scenna, Miguel Angel: El caso del obispo envenenado, en revista Todo es Historia edición N° 32, Buenos Aires, diciembre de 1969.

sábado, 7 de enero de 2012

UN TAL BRIGITTE BARDOT























Escribe: Juan Carlos Serqueiros

UN TAL BRIGITTE BARDOT
(Beilinson-Solari)

Viejo Caryl Chessman,
viejo Caryl Chessman,
respira otra vez.
Ya llegó la hora, lubrica tus branquias,
respira otra vez.
¡Viejo Caryl Chessman! -gritaba enfurecido-
un tal Brigitte Bardot.
Si matamos el pájaro de dos tiros
si matamos el pájaro de dos tiros,
no es demasiado tarde si son dos tiros.
Si matamos el pájaro de dos tiros
¡no es demasiado tarde! -gritaba enfurecido-
un tal Brigitte Bardot.
Mano para hombres, mano para hombres
ayer se le dió.
mano para hombres, muy dura y pesada,
ayer se le dió.
¡Mano para Hombres ! -gritaba enfurecido-
un tal Brigitte Bardot.
Viejo Caryl Chessman...

Una de las más populares canciones de PR que, extrañamente, permaneció inédita. 
Todo redondo que se precie de tal, no puede haber dejado de cantar en tantos fogones de otras tantas misas, quizá entre churrito y quebracho (o birra, o fernando, dependiendo del gusto de cada quien), Un tal Brigitte Bardot.
Y por supuesto, todo redondo conoce además a qué se refiere la letra; pero por ahí, de pronto viene bien refrescar un recuerdo (emocionado recuerdo para el que suscribe, porque me remite a épocas ya pasadas y a vivencias que se atesoran en mi psique más que en mi memoria). 
Lo del título UN tal... y lo de la temática es bastante sencillo: se trata simplemente de un paralelismo entre Caryl Chessman, un ladrón injustamente condenado a muerte en la cámara de gas en EE.UU.; y la actriz francesa Brigitte Bardot
La "justicia" de dos estados americanos le había endosado (artificiosamente, con "confesiones" arrancadas mediante la tortura, según dijo Chessman) y agregado a sus robos; el delito de ataque sexual a mujeres (pese a que las que fueron atacadas no pudieron reconocer en él a su agresor), lo cual le valió la doble pena de muerte con que fue condenado y finalmente ejecutado en 1960, luego de... ¡doce años! De allí lo de los "dos tiros" mencionados  por el Indio en la canción: por los dos estados que condenaron a Chessman, y por la doble pena de muerte que le fue impuesta.
En cuanto a Brigitte Bardot, ella había intentado suicidarse con gas, al oponerse sus aristocráticos padres a su casamiento con Roger Vadim. 
Lo de "¡no es demasiado tarde", está referido a que -según se dijo- hubo un llamado telefónico a la cárcel para detener la ejecución de Chessman que, lamentablemente, sí llegó demasiado tarde, porque ya lo habían matado en la cámara de gas. En fin, "pequeños errores" que suele cometer la "justicia", ¿no?
Lástima que esos "pequeños errores", cuando está en vigencia esa aberración "humana" llamada pena de muerte... NO PUEDEN SUBSANARSE.

ENLACE A LA CANCIÓN EN YOU TUBE: http://www.youtube.com/watch?v=6ZENS1VgkEA

-Juan Carlos Serqueiros-

PRESO EN MI CIUDAD























Escribe: Juan Carlos Serqueiros

Preso en mi ciudad
(Beilinson-Solari)

Una vez le hice el amor
a un drácula con tacones:
era un "pop" violento que guió
el gran estilo siniestro.
Ahora ya no llora...
¡Preso en mi ciudad!
Casi ya no llora,
¡atrapado en libertad!.
Practicamos tiro al pichón
y un test para ir al espacio
con mi delicioso campeón
y el rock como todo llanto
Ahora ya no llora...
¡Preso en mi ciudad!
Casi ya no llora,
¡atrapado en libertad!
Fue un esclavo sensible y chillón
y fácil para el gatillo
atrapó un beso bienhechor
con ojos al rojo vivo.
Ahora ya no llora
(casi ya no llora...)


El título alude a que el rock está, por esa época (los años 80), “aprisionado en su ciudad”. 

Hubo por entonces un súbito avance del pop sobre el rock a partir de la re instauración de la democracia en nuestro país en el año 1983. El rock (como cultura, en todos sus géneros y variantes) era en cierto modo un refugio (refugio culturalmente hablando, se entiende) de todos; contra la tiranía militar feroz e implacable que asolaba a la Argentina. Se consideraba como el último bastión de libertad que había en nuestro país, digamos. 
De pronto, al advenir la democracia en los 80, el rock, acostumbrado a "pelear", a resistir; se quedó de golpe sin tener contra quién “luchar”. Era como si el retorno a la democracia (a una democracia de fragilidad extrema, por otra parte) obrara como una especie de certeza de que la terrible noche de la tiranía no podía volver en modo alguno a darse. Un optimismo... excesivo, digamos, que puede tornarse en trampa; porque se puede perfectamente estar atrapado en libertad.
Para colmo de males, el alfonCinismo instaló la costumbre de patrocinar "festivales de rock", o sea "oficializó" el rock (con hipocresía, claro, para usarlo en su beneficio). Por eso el Indio escribe que el rock está "preso en mi ciudad, atrapado en libertad". Se da cuenta de la trampa que el sistema le está tendiendo al rock: al oficializarlo, el orden sistémico le quita su rebeldía, motor de todo. Tan genialmente perceptivo es Solari, que se dio cuenta de todo eso que se venía, mucho antes de que pase efectivamente, y por eso escribió esta letra.
Si uno se pone a pensar, aquel dogma redondo de "solos y de noche", no era simplemente un capricho solariano obedeciendo a una estrategia marketinera o a un impulso de superego o vedetismo como se lo quiere hacer aparecer en algunos ámbitos, al contrario; era su forma de defensa, era como decir "los Redondos no vamos a entrar en lo que seguramente van a entrar dentro de poco todas las demás bandas": eso de asociarse y convivir con el orden sistémico que se viene. Particularmente, creo que el Indio se dio cuenta de la situación que se iba a dar, en aquel famoso recital de Excursionistas en el 82, que fue la única excepción que hizo a la regla de "solos y de noche" y de la cual aún hoy se arrepiente (cuando después Poli firmó el contrato para actuar en el Miniestadio de Gimnasia y Esgrima La Plata, el Indio dijo "no", y no transó, no fue a cantar; y por eso ese día actuó Luca Prodan como cantante en los Redondos).
“Una vez le hice el amor / a un drácula con tacones: / era un 'pop' violento que guió / el gran estilo siniestro”: Recurre a una figura metafórica: se pone en la piel de una persona cualquiera a la que le gusta la música, de una persona que va acompañando las distintas alternativas que se producen en la movida musical; y esa persona decide inclinar su gusto musical ("una vez le hice el amor...") hacia el lado del pop. Lo de un “drácula con tacones” nos remite a la manera en que se vestían y maquillaban los poperos, a su look digamos; y porque asimila al pop con un vampiro que le “chupa la sangre” al rock, es decir, lo despoja en cierto modo de su esencia. El Indio lo muestra como calzado “con tacones”, otra vez: por el estilo, la indumentaria, y porque los tacones hacen aparecer como más alto de lo que en realidad es, a quien los usa. En ese momento el pop está “alto”, está en la cima (el orden sistémico lo favoreció), y tiene un “estilo siniestro”, porque su vida y su perdurabilidad se basan en el debilitamiento de la cultura rock, en su momentáneo “desconcierto”, en la caída de sus banderas e ideales. El pop "guió" a la gente hacia ese "estilo siniestro", es decir, una música descomprometida, vacía de contenido. Ese es el quid de la cuestión: no se trata de un problema de géneros ni de estilos musicales; sino de actitud frente al mundo. Por eso, ojo: no estoy "matando" al pop en su conjunto (Virus, por ejemplo, me encanta y me parece de una calidad superlativa); sino a determinadas expresiones del género
“Ahora ya no llora... / ¡Preso en mi ciudad! / Casi ya no llora, / ¡atrapado en libertad!”: El rock “ya no llora”, es decir, ha dejado de ser contestatario, rebelde. Está desorientado e inerme frente a ese avance del pop que parece arrollador. En esas circunstancias coyunturales, está el rock “preso en su ciudad”; por eso, paradojalmente -y aunque parezca un contrasentido- está “atrapado en libertad”. Excelente oxímoron del Indio, magistral.
“Practicamos tiro al pichón / y un test para ir al espacio / con mi delicioso campeón / y el rock como todo llanto”: El pop se presenta a sí mismo como “combativo”, como si fuera letal, mortal; pero en realidad no mata a nadie; se limita a tirarle a un blanco (“tiro al pichón”), y la tremenda difusión que el orden sistémico le da, lo sitúa en la cúspide en la venta de discos, en audiencia en las radios, en la tele, en todo... (“test para ir al espacio”, es decir, a lo más alto, “allá arriba”). Frente a esa situación, sólo queda como contestatario al sistema; el rock, el único que -aunque “adormecido”, como “atontado”, desorientado, medio “groggy”- sigue dándole “pelea” al sistema; por más que tenga que convivir con el “ganador” supuesto (“mi delicioso campeón”): el pop
“Fue un esclavo sensible y chillón / y fácil para el gatillo / atrapó un beso bienhechor / con ojos al rojo vivo. / Ahora ya no llora / (casi ya no llora...)”: Una reminiscencia hegeliana del Indio, de la dialéctica del amo y el esclavo. Durante muchísimo tiempo, en los años 60, 70 y principios de los 80, el rock en nuestro país tuvo que desenvolverse en un ámbito regido por tiranías militares. Eran años de feroz represión, y durante esos años, el rock no fue un “esclavo pasivo” frente a esa situación de fuerza; sino un “esclavo sensible y chillón”, es decir, se opuso a ese orden tiránico y despótico imperante; y a su modo -y con distintos matices y modalidades- algunos de sus cultores integraron o alentaron distintas corrientes combativas en los hechos (“fácil para el gatillo”). No obstante ello, al advenir la democracia, al rock en cierto modo, le costó identificar al “nuevo orden sistémico” contra el cual debía luchar. En esa “batalla”, la posta se la tomó el pop, que enseguida supo con quién debía identificarse en beneficio propio (“un beso bienhechor con ojos al rojo vivo”, refiriéndose irónicamente a la erupción de la onda “reviente” acompañando al pop, con drogas sintéticas, nuevas, ya no era el pito de un porro o tomarse una pepa, como una experiencia no ordinaria de vida, no; en los 80 era darse con crack o éxtasis hasta quedar con los “ojos al rojo vivo”). Entonces, en ese contexto, “ahora” –es decir en los 80, ya con la democracia instalada- el rock “ya no llora”, ya no combate, ya no se queja, ya no se opone a un orden sistémico, simplemente porque no acierta a identificar cuál es ese orden sistémico. Pero es al mismo tiempo una estrofa que termina esperanzadora, porque trascartón dice “(casi ya no llora)”; como expresando “guarda, no es que ya no llora del todo; aún hay alguien que sí llora”. Está dando a entender que aún en ese contexto desfavorable, -parafraseando a Hamlet- “no todo está podrido en Dinamarca”, no todo está perdido para el rock; todavía hay alguien que sí “llora”, que sigue luchando, como por ejemplo, los Redondos.

UN REGALO DE MI HIJA KUKI

Un regalo de mi hija Claudia "Kuki" Noelia, hecho con esas manitos de artista que adoro ¡Gracias, genia, orgullo de papá!

viernes, 6 de enero de 2012

A LAS 11:30 P.M.



A LAS 11:30 P.M.
(Poema de Juan Carlos Serqueiros)

A las 11:30 p.m.
Dos alitas emprenderán el vuelo
En la implacable odiosidad de un bondi
Que ya se me antoja cruel y despiadado
Desde la insoportable pedantería
Del cartel que marca su destino

A las 11:30 p.m.
Junto a esas alitas irán 
(pesados, tan pesados)
Mis miedos

Carga insensata que no alivian
Mis mejores deseos
Sí, esos, tan puros
Como el amor de papá

A las 11:30 p.m.
Andaré solo estos días venideros
(Poquitos pero muchos)
Y seguramente algún desdichado
Garpará el encono que ensombrece mi alma
(¿Quién dijo que la vida es justa?)

Miraré fijamente un celular
Que en su torpeza infinita
Se empeñará en no sonar
Ignorante por completo
De la montaña enorme de la pena
Y de la ansiedad que nublará mis sentidos

A las 11:30 p.m.
Te llevarás de mí los mejores sueños
Por estos días venideros
(Poquitos pero muchos)
Llegará al cenit la angustia
A las 11:30 p.m.
Y el ser sincero que habita en mí
Se trocará en la mendacidad
De sentirme feliz a pesar de

¿Sabés hijita? 
El amor es egoísta
Es posesivo
Nadie le enseñó a compartir

A las 11:30 p.m.
No te olvides de papá
Que quedará varado allí
En un andén vacío
A las 11:30 p.m.

Sin vos, por los días venideros
(Poquitos pero muchos)
Desde las 11:30 p.m.
Tendré estrujada el alma

-Juan Carlos Serqueiros-

jueves, 5 de enero de 2012

ROCK DE LAS ABEJAS





















Escribe: Juan Carlos Serqueiros

Rock de las abejas
(Beilinson-Solari)

Negro, esto es mucho más lindo
después de la clandestinidad.
Los ojitos tristes te sientan
y un buen par de tarros te vas a comprar.
Cuando te de den tu astillita
vas a putear y putear
con tanto tiempo inactivo
el ñamfi se te enfrió y sos un punto más.
Desde que fumás malvaloca
ni te acordás que fuiste un chabón,
al que mandó una pupila
acomodada en un celular.
Y va coreando la pobre,
déle carajo y putear,
te mandó a cafúa gritando.
el Super - Gordo - Super de Navidad. 


Un inédito, una de las canciones que quedó afuera de Oktubre. En principio iba a estar incluida en el disco, y después el Indio decidió que no "pegaba" con el concepto general del mismo (y por mi parte, opino que estuvo acertado, porque la verdad, nada que ver). Lo cual, por supuesto, no invalida que sea un muy buen tema.
Lo de "abejas" en el título, es porque se trata de una letra referida a un ñato que termina de salir de la cárcel, habiendo integrado antes una banda que cometió algún delito a raíz del cual fue en cana. El Indio apela a una metáfora de doble significación, para asimilar una cárcel, con todas sus ventanas enrejadas; a un panal de abejas. Y también para indicar lo arduo, lo trabajoso (abejas como ejemplo de laboriosidad y empeño) que fue para la banda planear el delito, cometerlo, ¿y todo para qué? Para que el chabón termine preso.
“Negro, esto es mucho más lindo / después de la clandestinidad”: Le está diciendo al que acaba de salir de la gayola ( cuyo nombre no cita; le dice "negro", así como podría decirle "flaco", "bolu", "man" o lo que fuere), que "esto es mucho más lindo después de la clandestinidad". Con lo de "esto", se refiere al contexto general del país (la letra es de 1986). Le relata al recién salido de la prisión, que antes, con la tiranía cívico-militar 76-83, era más duro que ahora (tomando como "ahora" a 1986) con la democracia; y simultáneamente, está significando que a pesar de "esto" -o sea, de la inflación del gobierno de Alfonsín (remember "Plan Austral", Sourruille, Brodherson, Machinea y demás lamentables personajes alfoncínicos por el estilo), la ineficacia generalizada de ese gobierno, etc.-, siempre va a ser mejor estar "afuera", es decir, en libertad; que en "la clandestinidad".
“Los ojitos tristes te sientan / y un buen par de tarros te vas a comprar”: Esa mirada tristona que tiene el que acaba de salir de la cárcel (obvio, con todas las que debe haber pasado ahí adentro de la tumba), le "sienta", es decir, le "queda bien", lo hace más "atractivo"; como queriéndole decir que el hecho de haber estado en cana, le va a dar un aura especial de valor o de atracción ante otros. Y que seguramente se va a comprar un "buen par de tarros" (un par de zapatos de buena calidad).
“Cuando te de den tu astillita / vas a putear y putear / con tanto tiempo inactivo / el ñamfi se te enfrió y sos un punto más”: En esta estrofa, vemos cómo todo lo que le dice en la anterior tenía un sentido irónico, ya que pasa a batirle la justa: en primer lugar le avisa que su "astillita" (o sea, su parte en el botín del delito que haya cometido y por el cual fue en cana), que la tenían guardada sus cómplices para dársela cuando saliera; va a estar afectada por la inflación y devaluación de la moneda, y en consecuencia, van a ser chirolas ahora, no le va a alcanzar para un carajo; con lo cual lógicamente el pobre chabón que termina de salir de la cárcel, sufre la primera decepción y va a empezar a las puteadas. Trascartón, le dice que el "ñamfi" (o sea "ñam" como onomatopeya de la acción de comer y "fi" como apócope de fifar, coger) "se le enfrió". O sea, con tanto tiempo que pasó en cana, ya ni se acuerda de lo que era una comida decente, y mucho menos, de cómo era trincarse una mina. Y que ahora "sos un punto más", o sea, tiene que empezar de cero, ya no es el piola, el rana que era antes de caer preso; ahora es un cualquiera, y le va a costar mucho obtener reconocimiento, y mucho más todavía; le va a costar poder ganarse una mina.
“Desde que fumás malvaloca / ni te acordás que fuiste un chabón, / al que mandó una pupila acomodada en un celular”: Se está refiriendo a alguna droga que el chabón que estaba en cana aprendió a fumar (ej: crack, hachís, etc.), y que lo hizo olvidar que fue un "chabón" (chabón, en lunfardo, significa persona recién ingresada a la prisión, preso nuevo en una cárcel). Al tipito que estuvo en cana, lo "mandó" a la cárcel (o sea lo delató, lo batió), en un "celular" (el vehículo que usa la yuta para llevar presa a la gente y para trasladar los presos), una "pupila" (pupila: mujer que trabaja full time en un prostíbulo, que está pupila en un quilombo). Esa mina, la pupila, es una "acomodada", es decir, es una trola que transó con la yuta para poder ejercer la prostitución sin que la persigan, a cambio de alguna "contraprestación" a la policía, como por ejemplo, buchonear.
“Y va coreando la pobre, / déle carajo y putear, / te mandó a cafúa gritando / el super - gordo - super de Navidad”: La trola que lo delató, también está a las puteadas. Ella lo "mandó a cafúa", es decir, lo mandó en cana al tipo, basada en la promesa de una recompensa por parte de la yuta; pero la policía la cagó a la mina y no le dio nada. Ella supuso que se sacaba el premio mayor de la lotería ("el Super-Gordo-Super de Navidad") delatándolo al tipo, y al final se quedó sin nada; con lo cual todos perdieron: el chabón, porque fue en cana; y la trola, porque lo botoneó al pedo, sin beneficiarse en nada. 

Y en fin, la vida continúa…

ENLACE A LA CANCIÓN EN YOU TUBE: http://www.youtube.com/watch?v=SQR1_SDYIIc

-Juan Carlos Serqueiros-

miércoles, 4 de enero de 2012

Y MIENTRAS TANTO EL SOL SE MUERE...



Escribe: Juan Carlos Serqueiros

A GABRIELA, CON AMOR
No tengo la facultad de poder engendrar una lírica tan extraordinariamente hermosa como la del Indio (que se la envidio con esa envidia sana que es la admiración). Por eso, al no estar dotado del don de escribir algo de tanta belleza como este poema que el Indio ofrendó a su mujer; te dedico estos renglones, con todo el amor que puedo dar.


Y MIENTRAS TANTO EL SOL SE MUERE...
(Solari)

Todavía no usé mi milagro de hoy
(qué corta es la vida, mi amor!)
No voy a buscar más consuelos tontos
si pasa algo malo esta vez- 
Te voy a buscar
en la oscuridad.
Yo no sé si pueda volver a encontrarte, amor
si dios no me quiere en tu eternidad
Sueño con que duermo, no lleno mi tumba aún
y un poquito tarde esta vez se va a hacer...
Y mientras tanto el sol se muere
y no parece importarnos...
Mientras te quiero el sol se apaga
y si Dios queda en nada o no existe
te amaré mucho más.
Te voy a encontrar
en la oscuridad.
Algún día, pronto, una de mis vidas
va a intentar matarme y lo va a lograr
Como será andar solito allá en la muerte?
Ay! mi amor... ya sin vos... sin tu sueño...
Yo no sabría echarte de menos
(soy un ladrón que robó dolor)
y si te pierdo camino a casa
ya te dije esto antes... linda mía
... te voy a encontrar
Te voy a buscar
y te voy a encontrar...

Asistiremos a un Solari que incursiona en la astrotanatología. Para el título, apela a una metáfora que alude a un fenómeno cósmico incontrastable y comprobado: todas las estrellas (incluido el sol, obviamente), a la larga se "mueren", desaparecen. Podrán pasar millones y millones de años, pero en algún momento, también el sol, centro de nuestro sistema planetario, se apagará. Y cuando eso suceda, todo vestigio de vida en nuestro planeta (y en el resto de los que giran alrededor suyo, suponiendo que haya algún tipo de vida en ellos) morirá con él.
A partir de allí, y comparadas con los millones y millones de años que tendrá la vida del sol; nuestras pobres existencias de humanos mortales, tan cortas y efímeras, son una nada, algo casi imperceptible e irrelevante para el universo. Como que nuestras vidas "no existen", diríamos...
Pese a ello, el amor que el Indio siente por su mujer, Virginia -la canción está dedicada a ella, según declaró él mismo y tal como reza el arte gráfico del disco Porco Rex, en el cual puede leerse: "con excepción de 'Y mientras tanto el sol se muere' que es una canción de amor para Viruta" (y Viruta es Virginia, desde ya)-; perdurará durante toda su vida y se extenderá aún después de ella. Esa es la idea central de la canción.
"Todavía no usé mi milagro de hoy  / (qué corta es la vida, mi amor!)": Es muy probable que el Indio haya compuesto la letra a la mañana muy temprano, apenas iniciado el día (son reiteradas sus referencias a que se acuesta temprano por las noches y se levanta muy temprano por las mañanas, y es en esos momentos en que se inspira y se larga a componer). De allí la cita "todavía no usé mi milagro de hoy", refiriéndose a que el "milagro" del nuevo día, está apenas iniciado, aún no lo "usó".
"No voy a buscar más consuelos tontos / si pasa algo malo esta vez. / Te voy a buscar / en la oscuridad": Si algún hecho funesto le acontece durante lo que le quede de vida; no va a "buscar más consuelos tontos", es decir, no va a buscar refugio en el alcohol o en las drogas, ni muchísimo menos en alguna otra mujer, al contrario; se limitará a enfrentar lo que sea le depare el destino, junto a Virginia.
"Yo no sé si pueda volver a encontrarte, amor / si dios no me quiere en tu eternidad": El Indio oscila entre el agnosticismo y el ateísmo, y últimamente empezó a definirse como ateo, por lo tanto; no cree en una vida mejor, celestial, como la que nos proponen las distintas religiones luego de que muramos y abandonemos esta vida terrenal. De allí que descrea que luego de muerto, pueda volver a encontrarse con Virginia en otra dimensión, más allá de la muerte. Y por eso también, la frase de que "dios" -así en minúsculas como lo escribe el Indio-, no lo quiere en "tu eternidad" (con lo del pronombre posesivo tu, se dirige a Virginia, refiriéndose a la eternidad de ella, graficando así que ella, a diferencia del Indio; sí cree en una vida eterna luego de la muerte.
"Sueño con que duermo, no lleno mi tumba aún / y un poquito tarde ésta vez se va a hacer…": Se imagina el fin de su vida, la llegada de la muerte, y eso se le representa como un sueño del que ya no va a despertar, el sueño definitivo digamos. Ya se siente preparado para cuando llegue el momento de morir, de dormirse definitivamente, de "llenar su tumba"; pero también siente que ese momento, si bien cada vez más cercano a medida que transcurren sus años, todavía tardará algo en llegar; por eso "un poquito tarde esta vez se va a hacer".
"Y mientras tanto el sol se muere / y no parece importarnos… / Mientras te quiero el sol se apaga / y si dios queda en nada o no existe / te amaré mucho más. / Te voy a encontrar / en la oscuridad": En esta estrofa profundiza el concepto que resume en el título: algún día el sol dejará de brillar, se extinguirá; pero pasarán tantos millones de años para que eso ocurra, que esa circunstancia no tiene relevancia alguna para nuestras vidas terrenales ¿Qué nos importa que el sol se muera algún día si ese día está tan lejano que nosotros no estaremos para verlo? De allí lo de "y no parece importarnos". Es tan inconmensurable el amor que siente por Virginia, que se imagina a sí mismo buscándola y encontrándola en la eternidad, exista dios o no exista; para el caso, a Solari le da lo mismo; su amor por Virginia vencerá la temporalidad y traspasará cualquier límite, aún el de la extinción del sol, será eterno.
"Algún día, pronto, una de mis vidas / va a intentar matarme y lo va a lograr": Está expresando la idea de la reencarnación. Luego de extinguida su vida terrenal ("algún día, pronto"), se imagina viviendo reencarnado en algo, una planta, otra persona o lo que sea; por eso lo de "una de mis vidas", aludiendo a que quizá haya otras maneras de vida, ya no celestiales ni de almas; sino vidas tangibles, reencarnado en algo.
"Como será andar solito allá en la muerte? / Ay! mi amor…ya sin vos…sin tu sueño…": Otra vez la duda maldita de todo agnóstico (y lo de "maldita" lo digo por las mías, ya que también soy agnóstico), de todo aquel que no tiene el don de la fe en una vida mejor después de la vida terrenal. Se pregunta qué habrá después de morir; si es que habrá algo o, si por lo contrario; estará "solito allá en la muerte".
"Yo no sabría echarte de menos / (soy un ladrón que robó dolor)": Sublime la lírica del Indio en esta frase. En muchas -o en casi todas- las canciones de amor, está la referencia al extrañamiento del ser querido, a que uno no podrá vivir sin la persona que ama; pero nadie -o por lo menos nadie que yo haya leído- lo expresó tan justa y gráficamente como Solari en la metáfora "yo no sabría echarte de menos", aludiendo a que no podría vivir sin ella, nada tendría sentido para él sin Virginia.
"y si te pierdo camino a casa / ya te dije esto antes…linda mía / …te voy a encontrar / te voy a buscar  / y te voy a encontrar…": Reafirmación de su convencimiento de que pase lo que pase, aún después de muerto, exista dios o no, su amor por Virginia vencerá todo; la va a buscar y la va a encontrar, en la dimensión que sea y en la forma que fuere.


-Juan Carlos Serqueiros-

martes, 3 de enero de 2012

BLUES DE LA LIBERTAD






















Escribe: Juan Carlos Serqueiros


Blues de la libertad
(Beilinson - Solari)

Mi amor, la libertad es fiebre,
es oración, fastidio y buena suerte
que está invitando a zozobrar.
Otra vulgaridad social igual,
siempre igual, todo igual, todo lo mismo...
Mi amor, la libertad no es fantástica,
no es tormenta mental que da el prestigio loco;
es mar gruesa y oscuridad,
y el chasquido que quiere proteger
ese grito que no es todo el grito.
Mi amor, la libertad es fanática;
ha visto tanto hermano muerto,
tanto amigo enloquecido,
que ya no puede soportar
la pendejada de que todo es igual,
siempre igual, todo igual, todo lo mismo...

Se refiere a la libertad, obviamente, pero no como un concepto abstracto; sino más bien a la búsqueda de la libertad, -la individual, se entiende- y aplicada en distintos contextos, además.
"Mi amor, la libertad es fiebre, / es oración, fastidio y buena suerte": Trata de transmitirle a alguien imaginario o real, a una interlocutora con la cual está hablando sobre el asunto y a la que llama "mi amor", su propio concepto de lo que es la libertad y de lo que cuesta ganarla. La búsqueda de la libertad, la lucha por conseguirla, es una especie de motor, una búsqueda insistente, febril ("es fiebre"), que debe necesariamente declamarse siempre, aún en la soledad o en la intimidad, y anhelarse fervientemente, como un rezo ("es oración"); estamos oprimidos cuando no la tenemos y es complicado de obtenerla, no es fácil lograrla ("es fastidio"); y que en ocasiones, su obtención hasta puede depender de lo aleatorio, como aludiendo a que también puede ocurrir que por más que uno luche por alcanzar la libertad, termine por fracasar en el intento; en cambio, si el azar acompaña, puede ayudar mucho ("y buena suerte")
"que está invitando a zozobrar.": La búsqueda de la libertad es un camino peligroso, es navegar en un mar riesgoso, y la lucha por obtenerla nos lleva a afrontar esos riesgos, nos "invita" a correr el albur de eventualmente hundirnos, naufragar ("zozobrar") en el intento.
"Otra vulgaridad social igual, / siempre igual, todo igual, todo lo mismo...": Se asombra de un contraste, de una contradicción del ser humano, y reniega de eso; le da bronca y hartazgo ("siempre igual, todo igual, todo lo mismo..."). Supuestamente, la búsqueda incesante de la libertad, debería ser inherente al ser humano, algo intrínseco, y sin embargo; observa (y le da bronca que sea así) que no lo es. Que por lo contrario, la mayoría de la gente ("otra vulgaridad social igual") se conforma con una libertad ilusoria, con una apariencia de la misma. Y esa libertad trucha no lo conforma, porque entiende a la libertad como la plena disposición de su albedrío, sin condicionamientos. Pero también entiende (y de ahí la bronca que vomita el Indio implícitamente en la frase) que el resignarse a una libertad ilusoria, no absoluta, es también una forma de ejercer la libertad, por lo menos, la libertad de elegir la opción de no luchar por la libertad absoluta; ese contrasentido lo jode, lo harta, y no puede hacer nada para cambiar eso, porque es algo inherente a lo existencial, es así y siempre será así, "siempre igual".
"Mi amor, la libertad no es fantástica,": Le dice que la libertad no es un concepto abstracto, perteneciente al reino de la fantasía, a lo irreal ("no es fantástica"); que por lo contrario, es algo bien real.
"no es tormenta mental que da el prestigio loco": le reitera que la libertad no es un concepto abstracto que está en la mente y en la nebulosa de los sueños ("no es tormenta mental"); no es meramente algo que se busca tratando de obtener autoridad o brillo per se ("prestigio loco"); sino que la lucha por conquistar nuestra libertad, nos ennoblece, nos honra, pero no a todos; sino sólo a quienes luchan por algo más que el "prestigio loco";
"es mar gruesa y oscuridad,": La búsqueda de la libertad nos lleva a navegar por la "mar gruesa", es decir, por caminos intrincados, riesgosos, peligrosos, aventurados; y atreverse a encarar esa mar gruesa, puede significarnos navegar en las tinieblas, en el mare tenebrarum, es decir, lo tenebroso ("oscuridad").
"y el chasquido que quiere proteger / ese grito que no es todo el grito.": Metáfora que nos trae varios significados y reminiscencias. Se refiere a que en la búsqueda de la libertad, podemos tener fracasos temporarios; porque después de todo, la libertad se obtiene y después hay que cuidarla, y si no se la cuida, se la puede perder. Podemos eventualmente caer en que un "amo" o un "tirano", representado por algo o alguien, nos haga obedecerlo con un "chasquido", nos quiera "proteger ese grito", es decir, ahogar nuestro "grito de libertad", nos coarte de algún modo. También con lo del “chasquido que quiere proteger ese grito que no es todo el grito” está aludiendo a los miedos que nos asaltan en esa búsqueda de la libertad, miedos a los riesgos que corramos en esa búsqueda, y que paradójicamente son miedos que también sirven para protegernos, para no pasarnos de rosca al asumirlos, y que tal vez nos lleven a atemperar un poco nuestra búsqueda de la libertad; pero no a renunciar del todo a ella. Pero no debemos olvidar que además "ese grito no es todo el grito", es decir que si perdimos eventualmente la libertad en alguna circunstancia; bien podemos luchar por recobrarla, podemos pegar otro grito libertario. También nos está diciendo que no hay un solo camino a la libertad; hay muchos caminos que conducen a ella, muchos "gritos".
"Mi amor, la libertad es fanática; / ha visto tanto hermano muerto, / tanto amigo enloquecido, / que ya no puede soportar / la pendejada de que todo es igual, / siempre igual, todo igual, todo lo mismo...": En ese cansancio, en ese hartazgo que "ya no puede soportar", de la estupidez ("la pendejada") de que todo sea igual ("todo es igual"); ha visto mucha gente perder la razón y hasta inmolarse, dar la vida ("tanto hermano muerto", "tanto amigo enloquecido") en ese perseguir la libertad. Y esa búsqueda afanosa de la libertad, la hicieron fanáticamente ("la libertad es fanática"), es decir, una búsqueda que los llevó a recorrer -tal vez equivocadamente o no, no lo juzga- caminos de intransigencia sin límites, de ferviente exaltación. Quizá y sólo quizá, también esté en esta estrofa, de paso, refiriéndose a la libertad no ya individual; sino a la libertad en un contexto sociopolítico, aludiendo a nuestro pasado más reciente (tomemos en cuenta que es una letra que compuso a fines de los 70 / principios de los 80) de tiranía militar y desaparecidos. Y en ese orden de ideas, tal vez también esté aludiendo con lo de "la libertad es fanática" y lo de "tanto hermano muerto" a que la gente que desapareció, murió en esa etapa terrible de nuestro país, buscaba fanáticamente la libertad; y él comprenda eso y recuerde a esa gente con emoción.

ÍNDOLE


































ÍNDOLE 
(Poema de Juan Carlos Serqueiros)

Cuando el sol se hunda en el río
Cuando titilen los astros
Yo estaré en mi cenit
Después, al romper el alba
Estaré en mi nadir.


Como aquel guerrero
Que Christiane concibió
Reposaré en tu seno
Para encenderme de nuevo
Quemándome en vos
Otra vez
Y otra vez...

Una integral de noches
Con rostros de piedra
Con risas de plástico
Doradas con Bacardi

Y salpicadas de besos mentidos.

No busco redención
¡Oh, no!
Ni hay porqué
Yo sólo fui
Lo que fui.


-Juan Carlos Serqueiros-

Imagen de portada: Philip Gladstone, "Not for Nothing (No por nada)", acrílico sobre tela, 2007