martes, 11 de abril de 2023

GUITARRA TRASNOCHADA

















































Escribe: Juan Carlos Serqueiros

Guitarra que por el mundo / con su fina aristocracia / pintó nuestra idiosincracia / como el pincel más fecundo. (Arsenio Aguirre, "Romance a la guitarra argentina")

En 1960, Los Fronterizos, con su formación más clásica: César Isella, Gerardo López, Eduardo Madeo y Juan Carlos Moreno, grabaron para el sello Philips el larga duración "Cordialmente", que trae, entre otras, esta zamba… descomunal: "Guitarra trasnochada".


La autoría de dicha pieza corresponde, en letra y música, a Arsenio Aguirre, quien la compuso en 1954, cuando trabajaba en Santiago de Chile, dando conciertos de guitarra en un teatro que estaba ubicado a pocas cuadras de la pensión en que vivía.
A Arsenio, nacido en Juncal pero rosarino hasta los tuétanos como quien esto escribe (no sé si usted sabe que los de Rosario no somos santafesinos; somos rosarinos), le ocurrió que cuando volvía caminando de madrugada esas cuadras que separaban el teatro de la pensión, silbaba una bella melodía que había brotado de su inspiración, y que minutos después, cuando llegaba a su cuarto, no conseguía recordar.
Hasta que una noche, la dueña de la pensión estaba despierta, esperando a su esposo, que era también músico; cuando llegó Arsenio y le comentó a aquella buena mujer el problema con esa melodía que tan elusiva se le demostraba al momento de recordarla. La señora le dijo: "Eso lo solucionamos ya mismo, espere"; fue a traerle una guitarra, y seguidamente, lo llevó a un cuarto desocupado, en el cual lo dejó a solas... y a oscuras.
Allí, en esa piecita, el músico pudo al fin fijar la melodía en su memoria e hilvanar los versos de lo que después, se convertiría en nuestro país en un resonante y trascendental éxito folclórico: "Guitarra trasnochada"; una notablemente bellísima viñeta musical que fue registrada en el disco por numerosos artistas.
A través de estos enlaces que pongo a continuación, puede usted, querido lector, escucharla en dos versiones magistrales: la de Los Fronterizos y la de Los Cantores de Quilla Huasi:

Enlace a Guitarra trasnochada por Los Fronterizos:

Enlace a Guitarra trasnochada por Los Cantores de Quilla Huasi:

Ah!, casi me olvido: metafóricamente, lo de "amiga, mi leal amiga" que se menciona en la letra, es un homenaje de Arsenio Aguirre a doña Julia Allú, la dueña de la pensión que le trajo aquella guitarra trasnochada.
Disfrútela y hasta la próxima.

-Juan Carlos Serqueiros-

lunes, 10 de abril de 2023

DE MI LUNA A TU BOCA







































DE MI LUNA A TU BOCA
(Poema de Gabriela Borraccetti)

Izo mis velas en la noche azul marina
Con dirección a los rayos de la luna
Buscando por norte una estrella
Que me lleve a la orilla de tu almohada
Tan cerca y silenciosa mi mirada
Será sólo un pálido reflejo
Sobre tus labios apenas abiertos
Por las olas de mi mar
Sediento de tus besos.

-Gabriela Borraccetti-

viernes, 7 de abril de 2023

EL FUEGO Y LAS FLORES




















Escribe: Gabriela Borraccetti (*)

Aletargada, subió las escaleras como pudo. Sus pulmones pedían un aire que no era exactamente de oxígeno. Pero nada, nada, era capaz de devolverle el aliento que sentía que iba perdiendo.
A los pies de la escalera, él le imploraba una vez más, pero ella ya no se detuvo. Tan sólo volteó la cabeza para mirarlo con la pena con que se mira a un campo de flores que hubiesen sido bellas, a no ser por los frecuentes incendios en la tierra de donde sus raíces tomaban el agua.
Con el corazón en su mano y sabiendo que nada podría hacer, esta vez siguió un rumbo ascendente, en donde se desprendió de todo lo que poseía, de todo cuanto era suyo, y dejando tendido su cuerpo sin darse cuenta, llegó tan lejos como queda el cielo.
Se trepó a una estrella y desde allí tuvo la suficiente perspectiva como para sentir en sus manos el latido. Vio el campo, vio las flores y se dio cuenta de que los incendios no eran más que fantasmas errados. Los escuchó, y pronto distinguió el grito de la palabra miedo.
Como un rayo, se elevó también el alarido de una ira añeja desprendiéndose de aquella pequeña que antaño, había tenido que refugiarse en los techos de su mente a causa de los incendios que a diario, veía a su alrededor.
Comprendió entonces que el fuego era su pasado, y sin necesidad de más meditaciones, decidió lanzarse rápidamente para llegar a abrir aquellos brazos de los que tan abatida se había despedido. Esos brazos que esa noche estaban cerrados, sosteniendo las manos sobre un rostro de lágrima y pidiendo un deseo: el de que ella volviera a su campo de flores.
En ese mismo instante, sin que oyese ningún ruido, él levantó la vista y comprendió el significado de las estrellas fugaces.

-Gabriela Borraccetti-

* Gabriela Borraccetti (n. 1965, Vicente López, Buenos Aires), es licenciada en Psicología por la Universidad Argentina John F. Kennedy. De extensa trayectoria profesional, ejerce como psicóloga clínica especializada en el diagnóstico y tratamiento de la angustia, el estrés, los temas de la sexualidad y los conflictos derivados de situaciones familiares, de pareja y laborales. Es, además; poetisa, cuentista y artista plástica.
Para contactar con ella por consulta psicológica o terapia psicoanalítica, enviar e-Mail a licgabrielaborraccetti@gmail.com o Whatsapp al +54 9 11 7629-9160.

jueves, 6 de abril de 2023

HERÓDOTO, PLATÓN, PLUTARCO Y EL CULO QUE VALÍA UN REINO O LAS APARENTES VENTAJAS DE LA INJUSTICIA




































Escribe: Juan Carlos Serqueiros

Yo siento que mi fe se tambalea, / que la gente mala, vive / ¡Dios! mejor que yo... (Enrique Santos Discépolo, "Tormenta")

La imagen que oficia de portada a este artículo, estimado lector, corresponde a un óleo sobre tela titulado "Candaules, rey de Lidia, mostrando su esposa a Giges".
En la pintura, desbordante de erotismo, vemos en un claroscuro típico del Barroco, a una mujer de espaldas, pletórica en la voluptuosidad de sus carnes desnudas, con la cabeza girada, una sensual y sugerente expresión en el rostro y la boca esbozando una enigmática sonrisa, como si se supiese observada; mientras detrás del cortinado, un hombre la espía arrobado y otro, situado tras éste, dirige su mirada al frente; y a la izquierda aparece un perrito que ha detectado la presencia del mirón.
Pintado entre 1646 y 1648, se trata de uno de los cuadros más famosos de Jacob Jordaens, nacido en Amberes el 19 de mayo de 1593 y muerto en dicha ciudad el 18 de octubre de 1678; un notable pintor flamenco muy influido por Rubens. Esta obra magistral, que ha inspirado a varios escritores y ha dado origen a la expresión candaulismo o voyeurismo, se inscribe perceptible e inequívocamente en el arte barroco y se ubica en el género de la pintura histórica y mitológica.
Pero veamos, ¿quiénes eran los personajes representados en el cuadro y en qué contexto se hallaban?
El reino de Lidia se situaba en la península de Anatolia, en la actual Turquía, y floreció entre 1185 a.C. y 546 a.C., año en que sucumbió ante los persas de Ciro II el Grande. En cuanto a Candaules, su esposa y Giges; Heródoto de Halicarnaso (c. 484 - 425 a.C.) y Platón (c. 427 - 347 a.C.), nos han ilustrado convenientemente acerca de ellos.


En el Logo 1: historia de Creso de su Historiae (acápites VII al XIV del Libro I: Clío de Los nueve libros de la Historia, en las edición, denominación y división alejandrinas de su obra), Heródoto nos cuenta que Candaules fue "el último soberano de la familia de los Heráclidas" (descendientes de Heracles -o sea, Hércules- y una esclava de Yárdano, progenitor de Ónfale) "que reinó en Sardes" (capital de Lidia). El Padre de la Historia nos lo describe como un monarca imprudente y "apasionado", juguete del destino "como que estaba decretada por el cielo su fatal ruina", que "perdió la corona y la vida por un capricho singular" al adoptar "una resolución a la verdad bien impertinente": orgulloso como estaba de poseer "la mujer más hermosa del mundo", decidió mostrarla desnuda a Giges, su "privado" (favorito), y pese a que éste le rogó que no hiciese tal cosa; Candaules insistió. A la noche lo llevó a su alcoba y lo obligó a contemplar a su mujer mientras se desvestía, sin percatarse ni uno ni otro que ésta había advertido que la espiaban. Avergonzada y ofendida, pues "entre casi todos los bárbaros" (es decir, quienes no eran griegos) "se tiene por grande infamia el que un hombre se deje ver desnudo, cuanto más una mujer", la reina decidió castigar la afrenta que le había inferido Candaules. Al día siguiente mandó llamar a Giges y le dio a elegir entre ser ejecutado por lo que se había prestado a hacer, o asesinar a Candaules, tomarla por esposa y reinar junto a ella. Puesto en semejante disyuntiva, Giges optó por el magnicidio y mató al rey, convirtiéndose en el nuevo soberano de Lidia, luego de ser confirmado (mediante cuantiosas ofrendas de oro y plata, agrega el perspicaz Heródoto) por el "oráculo de Delfos", después de un amago de guerra civil entre sus propios partidarios y los de Candaules, que estaban deseosos de vengar la muerte de este último. También cita Heródoto su fuente: el soldado y poeta Arquíloco de Paros en sus versos de métrica yámbica. Y termina el historiador relatando que "apoderado del mando este monarca" (Giges), "hizo una expedición contra Mileto, otra contra Esmirna, y otra contra Colofon, cuya última plaza tomó a viva fuerza; pero ya que en el largo espacio de treinta y ocho años que duró su reinado ninguna otra hazaña hizo de valor, contentos nosotros con lo que llevamos referido, lo dejaremos aquí".
Platón, por su parte, nos trae una versión distinta. En el libro II, acápites 359 y 360 de La República, narra un diálogo entre su hermano, Glaucón; y Sócrates, en el cual el primero intenta rebatir el postulado del segundo en el sentido de que todo hombre es intrínsecamente justo, trayendo a colación la historia de Giges. Según el relato platónico, éste era un pastor lidio que cierto día, tras un sismo que abrió una enorme grieta en la tierra, halló en el fondo de la misma un caballo de bronce con el cadáver de un gigante ("de talla al parecer más que humana") en su interior, "que no llevaba sobre sí más que una sortija de oro en la mano". Giges tomó el anillo y, descubriendo que el objeto tenía la propiedad de tornar invisible a quien lo llevase, lo utilizó para seducir a la reina y luego, con la ayuda de ésta, asesinar al monarca legítimo para erigirse en soberano él mismo.


Como podemos apreciar, los dos relatos, aún siendo disímiles entre sí, tanto en lo narrativo como en cuanto a lo metodológico y al propósito al cual cada uno se orienta y persigue (objetivo y puramente histórico en Heródoto y metafórico e idealista en Platón); guardan una coincidencia básica y más que bien notable: en ambos, Giges es un asesino que usurpa el poder, ya sea instigado por o con la complicidad de, la reina.
¿Cuál de los dos se acerca más a eso tan elusivo e inasible que se ha dado en llamar verdad histórica me pregunta usted, querido lector? El servidor que esto escribe opina que ambos, a su modo, escribieron su verdad, tan relativa como cualquier otra. Aunque si se me obliga a optar, me inclino por Platón, paradojalmente, porque éste no era historiador. Es que ¿sabe?, infiero como más probable que Giges haya sido sustancialmente tal como lo pinta el aristocrático ateniense, un tosco (aunque hábil, ambicioso, osado y eficaz, qué duda cabe) pastor; antes que el cortesano favorito del monarca de un pueblo bárbaro de la Época Arcaica que nos refiere el inquieto y viajado Heródoto. Además, es precisamente éste quien cita el hecho de que los lidios reglamentaron la prostitución de sus mujeres: "todas las hijas de los lidios venden su honor ganándose su dote con la prostitución voluntaria, hasta tanto se casan con un determinado marido, que cada cual por sí misma se busca", escribe; lo cual por cierto dista mucho de ser congruente con el presunto pudor agraviado de una reina que se ve espiada en su desnudez.
Y al fin de cuentas, el bueno de Heródoto fue quien escribió en su magnum opus: "Me veo en el deber de referir lo que se me cuenta, pero no a creérmelo todo a rajatabla; esta afirmación es aplicable a la totalidad de mi obra".
Tengo para mí esta hipótesis que me parece la más plausible: Giges y la reina, en connivencia y convertidos en amantes, con la ayuda de aliados extranjeros (la cual refiere Plutarco en el libro IV.21 Cuestiones griegas de su Moralia) y pagadas a precio de oro las prescindencia y conformidad griegas en el asunto (adicionalmente, hubo después en Lidia un acelerado proceso de helenización impulsado por Giges); planearon y ejecutaron el asesinato de Candaules para beneficiarse luego con los goces materiales de un larguísimo reinado.
Y sea como haya sido, siempre será un regalo extático para el espíritu contemplar la belleza sublime del cuadro de Jordaens; así como también será un regalo para el intelecto el pensar y repensar (ejercicio este cada vez más desacostumbrado, por lo visto) la historia de la humanidad a partir de lo que nos han transmitido Heródoto, Platón y Plutarco, entre otros. Lo cual de ninguna manera es poco, creo.
¡Hasta la próxima!

-Juan Carlos Serqueiros-

miércoles, 5 de abril de 2023

FANTASMA





































FANTASMA
(Poema de Gabriela Borraccetti) *

Allí donde deposite la mirada
Con tus túnicas de tiempo
Nutriéndote quizá de siglos
Con el peso en centurias
Apareces en tinieblas
Cargado sobre mi espalda
Presumiendo de invisible
Señuelo de lo indeleble
Recuerdo de amargo olvido
Urgente como un segundo
De la mano ilusionista
Me harás ver tus texturas
Hasta que un día me canse
Ver delante en la escena
Este mito de Astrea
Señalando con el dedo
Y te atravesaré con la espada
Hecha luz de mi consciencia
Y veré como te deshaces
De tus miles de disfraces
Para dejar de trazar
Los círculos en mi tiempo
Y desterrar los retornos
De un exiguo monstruo arcaico
Yo estaré lejos
Y tú también desterrado
Morirá tu fantasma
Mi esencia será presencia.

-Gabriela Borraccetti-

martes, 4 de abril de 2023

IGNACIO ZULOAGA. EL DESNUDO DE UN MILLÓN DE EUROS


Escribe: Juan Carlos Serqueiros

Contrastes en todos los sentidos. Visiones extrañas, personales. Atreverse, atreverse, atreverse. Dibujar, dibujar, dibujar. Estilo, estilo, estilo (bajo todos los estilos). (Ignacio Zuloaga)

En 2012 la casa Sotheby’s  de Londres sacó a subasta el cuadro La Oterito en el camerino, del pintor vasco español Ignacio Zuloaga. La obra, perteneciente a coleccionistas privados (descendientes del artista), se remata sobre una estimación que oscila entre  las 500 y 700 mil libras esterlinas, con lo cual el precio efectivo de venta rondaría el millón de euros.
Se trata de un óleo sobre lienzo de 176 x 120 cm, en el cual se representa desnuda en su camerino a la bailaora y cupletista española Eulalia Franco, apodada la Bella Oterito de modo de hacerla aparecer ante el imaginario público de la época como la "sucesora" y "superadora" de la célebre bailarina, cantante y cortesana -también española- Agustina "Carolina" Otero Iglesias, conocida como la Bella Otero (aunque según las crónicas de la época, había entre ellas y a favor de esta última, más o menos la misma distancia que media entre mis modestas entendederas y la genialidad de Leonardo Da Vinci).
En el catálogo de Sotheby's se consigna que el cuadro fue pintado en París en el año 1936, se da una descripción general de la obra, se puntualizan en ella ciertos detalles y desde éstos y determinados datos biográficos del pintor; se elucubra toda una interpretación de la misma, en la que el "gancho" publicitario resulta ser una supuesta relación adulterina entre el artista y la modelo, affaire este que, según Sotheby's, estaría "claramente aludido en el rojo clavel que Eulalia sostiene en su mano derecha, así como lo sugiere la propia presencia del artista en el retrato en la pared más allá, haciendo referencia a Zuloaga con el atuendo taurino de su juventud" (sic).
Y como Sotheby's así lo refirió, todo el mundo lo dio por cierto, como si su catálogo se tratase de la verdad revelada. Y tal como suele ocurrir, muchos, además de repetir hasta el hartazgo lo de la "relación ilícita" entre Zuloaga y la Oterito; fueron más allá en la fantasía, llegando a afirmar que la exposición del cuadro "fue motivo de un gran escándalo", que "en los Estados Unidos no podían verlo sin ruborizarse", etc. 
Si bien no somos expertos en arte ni usted (probablemente), estimado lector, ni yo (con toda certeza); sí podemos percibir por nosotros mismos, sin necesidad de que Sotheby's ni nadie venga a "explicarnos" nada, qué se representa en el cuadro. Y también somos capaces de "mirarlo" con ambos hemisferios del cerebro, ¿no? Veamos:
La Oterito se halla en una pose que desborda voluptuosidad, sentada sobre su vestido español ante el tocador, pero mirando no hacia allí; sino hacia quien contemple la escena, insinuante y provocadora, "vestida" tan sólo con una corta chaqueta de torero. Luce el peinado que siempre usó (según todas las fotografías suyas que hay): el cabello partido con raya al medio, en su mano derecha sostiene un clavel rojo, su cabeza está adornada con flores, al estilo gitano español, y exhibe zapatos rojos de tacón. Ella se ve parcialmente reflejada en el espejo que está encima del tocador, lo cual es una referencia de Zuloaga a uno de los grandes artistas que lo influyeron: Velázquez, quien en su Venus del espejo utiliza el mismo recurso pictórico. Detrás de la Oterito, en un claroscuro maravilloso, se ve un cuadro en el que aparece un hombre vestido de torero, quien no es otro que el propio Zuloaga (la tauromaquia era su gran afición y él mismo era un consumado lidiador); lo cual nos trae reminiscencias goyescas (Goya fue otra de sus influencias). Es una obra sublime en su magnificencia y de ella parecen surgir, esplendentes en su desnuda belleza, todo el gracejo, todo el donaire y toda la sensualidad de la mujer española. Zuloaga pintó el cuadro a partir de un boceto al carbón, el cual se conserva en el Museo de Bellas Artes de Córdoba (Andalucía):
 
  
Vamos ahora a lo de la fecha. Consigné más arriba que Sotheby's la sitúa en 1936, lo cual es coincidente con lo especificado por el historiador Enrique Lafuente Ferrari en su libro La vida y el arte de Ignacio Zuloaga. Por otra parte, el dato fue suministrado a la casa de remates por los propietarios del cuadro, los cuales al ser descendientes directos del artista, lo sacaron del propio registro de éste; entonces ¿cómo no creerlo? La cuestión del tiempo agrega una pregunta a lo de la supuesta "relación ilícita" entre el pintor y la modelo: ¿cuándo pasó eso? Si fue pintado en 1936, el affaire, si es que existió, tiene que haber tenido lugar mucho antes; pues por entonces Zuloaga (n. 1870) era un hombre de 66 años; y Eulalia Franco (n. 1890) tenía 46.
Dicho sea de paso, la datación también es relevante por cuanto si el cuadro es de 1936 (y parece seguro que lo es, según vimos), entonces no fue pintado en París como consigna Sotheby's; pues ese año (inicio de la guerra civil española), el artista decidió quedarse definitivamente en España y ya no viajó a Francia. A menos, claro, que a sus muchas aptitudes, Zuloaga les agregase la de la bilocación, lo cual sinceramente (sabrá Ud. disculpar mi escepticismo), no me parece que sea el caso.
Por el lado de la Oterito, ella viajó por primera vez a París en 1902 cuando contaba sólo 12 años, en compañía de Matías Turrión, su maestro y pareja de baile, con quien terminó casándose en 1909. Después de lograr una buena posición económica de resultas de sus giras por toda Europa y Sudamérica (actuó dos veces en nuestro país: en 1906 y 1910), se retiró en 1920.
¿Coincidieron en algún tiempo en París Zuloaga y la Oterito? Es muy probable que así haya sido; el artista tenía allí un atelier desde 1906 y pasaba en la ciudad luz prolongados períodos, y para la bailaora, París se constituyó en el centro de sus más resonantes éxitos. ¿Mantuvieron una relación pasional en cuyo transcurso ella posó desnuda para el pintor? Y... es posible, pero ya no tan probable. Por lo pronto, no hay otro desnudo de la Oterito que no sea el pintado por Zuloaga, ni tampoco hay fotografías de ella desnuda, ni tan siquiera las hay en que aparezca con escasa ropa. Por otra parte, no existe registro, ni en la prensa parisina ni en la madrileña, de mención alguna de un "escándalo amoroso" en el que estuviesen involucrados ni Zuloaga ni la Oterito. En realidad, si hubo o no una relación pasional entre ellos es irrelevante, en tanto ninguno de los dos representó una influencia notable en la vida y la carrera del otro; lo que sí importa saber es si ella posó para él, o si el artista hizo el boceto y luego el cuadro en base a un proceso distinto, como por ejemplo; a partir de fotografías de ella y relatos publicados en la prensa en los cuales se describía su figura.
Particularmente, estoy inclinado a inferir algo que no es ni lo uno ni lo otro: entre 1907 y 1908 (período que fue de intensa bohemia para la Oterito), ella y el artista se conocieron en París y tuvieron una fugaz liaison passionnée, y después, a casi tres décadas de aquello, Zuloaga hizo, a partir de sus recuerdos y en una etapa de balances y cambios en su vida; primero el boceto al carbón y luego pintó el cuadro.




Se me dirá: "Pero ¿y la interpretacion de Sotheby's?". Mire, si de interpretaciones se trata, se me ocurren varias, como por ejemplo, esta: La Oterito en el camerino es un cuadro en el que el artista, con porfiada insistencia vasca, a la vez que homenajea a Velázquez y Goya; exalta su españolidad. Eligió pintar a la bailaora desnuda no por el recuerdo de los placeres carnales que aquella breve y volcánica relación le evocaba; sino como realce de la sensualidad arquetípica de la mujer española que había encandilado con su danza.
Es una obra de la cual la hispanidad surge portentosa, y el pintor expresa en ella el nacionalismo que se le había exacerbado por entonces, con trazos y pinceladas de una fuerza descomunal, de manera de cumplir aquel viejo anhelo que enunciara con estas sus propias palabras: "Sueño con la fuerza en la pintura. Me gustaría hacerla a puñetazos, pero sólida (puñetazos y dulzuras en algunos sitios)". Y el cuadro es, ni más ni menos eso: puñetazos y dulzuras.
Ah, antes que me olvide: el clavel rojo en la mano derecha de la Oterito no creo que sea, como dicen los de Sotheby´s, indicativo de la relación pasional e íntima entre artista y modelo; sino que más bien me parece que está puesto allí como un símbolo: ocurre ("pequeño" detalle) que el clavel rojo es tradicionalmente considerado como flor nacional de España.
Ladren lo que ladren los demás (Solari dixit).

-Juan Carlos Serqueiros-  

sábado, 1 de abril de 2023

DESNUDOS EN LAS REDES SOCIALES






















Escribe: Gabriela Borraccetti

Si usted es una de esas personas que creen que internet es un simulacro de la vida, entonces lea lo siguiente.
Primeramente, observe su propia conducta on line: ¿Es demostrativo cuando algo le gusta? ¿O sólo lo mira, se ríe, llora, aprende y pasa de largo? ¿Intenta establecer contacto con los demás, lee los comentarios de la gente sobre un tema e interactúa con ella, lee y se lo guarda para juzgar usted, o le importa nada la opinión del semejante? Si una página le gusta, ¿comparte sus artículos? Si un artículo le gustó, ¿coloca una señal de su agrado? Si quiere consultar con un profesional, ¿lo saluda antes de tirarle el problema por la cabeza? ¿Le pregunta cuáles son sus honorarios o cree que es un favor que alguien le debe? Si lee algo que no le gusta, ¿puede opinar sobre ello sin agredir? ¿Siente envidia por la creatividad de otros? ¿Es solidario? ¿Comparte campañas? ¿Abre su muro o lo cierra con candado? ¿Usa listas de restricción para que no lo vean algunos contactos? ¿Anda a la caza de si Fulano o Mengana está en línea o no? ¿Escribe indirectas o cosas dedicadas sin haber hablado antes con el/la interesado/a?
Y usted, ¿cree que eso nadie lo ve ni lo percibe? Se equivoca, le aseguro que se equivoca. A pesar de que mucho se dice acerca de que la vida virtual no es la real; esos gestos dejan al desnudo personalidades de todo tipo: el que teme exponerse, el que tiene un ego mortal, el que se esconde, el que se resguarda, el que está incómodo con su imagen o su saber, el que teme expresarse, el que teme a la crítica, el que desea sobresalir, el fanfarrón, el que de verdad sabe, el que googlea para hacerse el que sabe, el que hurga, el que contesta tonterías por no parecer bobo, el que se siente inadecuado, el que está como en su casa, el inocente, el niño que juega, el que miente, el inteligente, el creativo, el rebelde al cuete, el eterno disconforme, el bicho bueno, el bicho rastrero, el egoísta, el aprovechador, el manguero, el tilingo, el chupamedias, el ladrón, el egocéntrico...
Recuerde: nuestros gestos y gustos, incluso los que deseamos ocultar, se ven aún más cuando creemos que lo que único que nos hace visibles o invisibles es la fotito del perfil en las redes. La mejor manera de no entrar en conflicto con nuestra propia desnudez, es aceptar quiénes somos.
Asimismo, no hay que perder de vista que una casa, un país, una madre, una cuna, un refugio, un lugar donde poder colocar nuestras cosas o nuestros pedacitos de vida, no es un sitio público como lo es una red social. Y además; no deberían parecerse lo más mínimo. Hay que tener sumo cuidado con las ventanas que abrimos, ya que por detrás de los cristales virtuales aparece gente mal intencionada de la que ni imaginamos las problemáticas varias que arrastra.
Están las personas que nos envidian, aunque nosotros consideremos que no somos envidiables en ningún sentido. El chismorreo, el narcisismo, los escraches, las venganzas, el exhibicionismo, los deseos de superioridad disimulada, los sesgos encubiertos y varios “deportes” y características humanas de camuflaje, pueden ser malinterpretados por nuestros procesadores y retorcidos hasta puntos insospechados.
No olvide que hasta al más vivo se le escapa la tortuga cuando no anda bien o pasa por un momento crítico. Generalmente caemos como víctimas en manos de los que temen, de los que son inseguros y precisan afirmarse serruchando a otro en vez de tener fuerza propia.
Así que estando en Facebook, sabiendo que sus ex trabajadores (y también los de toda otra red o proveedor de correos electrónicos y demás servicios), no nos regalan nada y nos toman por cobayos para vendernos desde calzones hasta guerras y gobiernos, tendríamos que cuidarnos mucho de contar los sobrevalorados “me gusta”, los "amigos” y todo lo que sea un supuesto atributo de nuestro brillo personal.
No obstante, los que más desean sobresalir, simulan ser especialmente carismáticos, escondiendo que, como mínimo, son problemas latentes. Algunas veces, uno confunde tolerancia con falta de criterio y de discernimiento para saber de quién quiere rodearse, y los deja pasar a su círculo. Y tras que estas redes son una "casa" llena de desconocidos llamados “amigos”, podemos confundir, confundirnos, engañarnos y ser calumniados por no responder a lo que otro esperaba de nosotros.
Ni hablar de los intercambios entre tipejos miserables que no dan la cara y se vanaglorian de alguna foto o algún video sugiriendo o enseñando una teta o un culo que por ahí les fueron mostrados por hambre o bajo promesa de cubrir una carencia. O de arpías que consiguen enganchar algún infeliz al que luego extorsionar emocional cuando no materialmente. También están quienes en nombre de una personalidad ultra mega potente, se consideran con derecho a señalar todo el tiempo a los demás y hacen gala de una libertad muy mal entendida por donde se la mire, llamándola "frontalidad". Agresividad asegurada y complejos infantiles sin resolver, pueden desatar reacciones imprevisibles ya sea para un incauto o un necesitado.
Mire, si alguien no le gusta, no busque razones; mejor encuentre sus intuiciones. Y si usted juega al juego y pierde, sepa que quienes lo señalen serán quienes aún no fueron descubiertos en sus miserias y/o en sus puntos flacos.
Aquí no hay santos; hay mucha basura debajo de la alfombra. Mucha más de la que usted conoce dentro de lugares más cerrados e íntimos.
Y una red, finalmente, es una trampa llena de agujeros que usted no ve.

Lic. Gabriela Borraccetti
Psicóloga Clínica
M. P. 16814

Imagen: Marco Melgrati, “Perfiles muy abiertos”, ilustración, contemporáneo.

miércoles, 29 de marzo de 2023

BOTELLA AL MAR





















Escribe: Gabriela Borraccetti 

Era una mujer muy terrenal. Sabía exactamente para qué servían cada uno de sus cinco sentidos y tenía la capacidad de venerarlos como madre natura manda sin ningún otro dios.
Llevaba en sus ojos el verde lluvioso de la selva y en su piel el rocío sobre los pétalos cuando florecen; estiraba, cual si fuese un árbol, sus brazos hacia el sol, y día a día comprobaba que el cielo de algún conocimiento se hacía asequible a sus pupilas. Nunca pudo utilizar como arma el perfume de sus flores, porque jamás reconoció como algo milagroso y supremo lo que la naturaleza le había brindado, según pensaba, tan sólo como vehículo para poder apoyar sus pies sobre la tierra y tener acceso al frío, al calor y a las caricias.
Amaba jugar con el viento furioso, y en señal de desafío, soltaba sus cabellos para darle la cara, mientras en contra de todo lo que fuese definición y opinión ajena, abría los ojos clavándolos de frente al sol justo cuando éste llegaba al cenit.
Quizá, tan sólo quizá, por confundir el desparpajo terrenal con lo exótico, ninguno se atrevió a “ganarla” desde el llano, y fueron muchos los que creyeron que un buen mercader, un rey o un gobernante, eran atributos más valiosos que ser cabal e íntegramente hombre.
Sin embargo, ella jamás se vendió; no fue un adorno ni una joya ni un símbolo de poder. Detestó con todas sus fuerzas los insultos de quienes pretendieron “honrarla” y supo que había estado mirando la vida con ojos demasiado inocentes, creyendo que el valor de las personas era superior a cualquier otro atributo, y que su género, erróneamente llamado débil, era digno de ser considerado par.
Despiadado e inclemente, el tiempo fue pasando; su primavera se volvió verano, y el verano la llevó al otoño llegando a la puerta del invierno infierno. Miró hacia atrás y vio una larga cadena de semillas perdidas, de pétalos y rocíos desperdigados y de gestos rebeldes, fuera del modelo estándar tan dócil, tan ficticiamente independiente, tan disimuladamente ambicioso y tan desconectado de la fragilidad y de la ternura; que como símbolo de última oportunidad, decidió emprender el camino con una valija llena de dolor y de amor sin dar, en la que puso una, sólo una, muda de esperanza.
Llegó a una cueva en la mitad de una montaña, y desde allí volvió al viejo y abandonado hábito de escribir. Tomó su mejor poesía, la introdujo en una botella y la arrojó al mar, como quien apuesta la vuelta en un juego de azar.
Un día, el retorno tuvo lugar, y dentro de la botella, se leía este mensaje: “Existo”.

Lic. Gabriela Borraccetti
Psicóloga Clínica
M. N. 16814

martes, 28 de marzo de 2023

HURACÁN, CON H DE HONOR Y DE HUMILDAD























Escribe: Juan Carlos Serqueiros

En Buenos Aires, el 25 de Mayo de 1903, en la casa de Tomás Jeansalle ubicada en la calle Ventana 859 del barrio de Nueva Pompeya, un grupo de alumnos del Colegio Luppi fundó un club. 
La tradición oral nos trae la famosa anécdota del librero italiano Richino (probablemente Riccino, antes de arribar a nuestro país), a quien le fuera encargado el primer sello, que por aplicación del idioma original de aquel inmigrante de la itálica península, rezaba “Uracán”; y la existencia de una propaganda gráfica que aludía a algún producto cuya marca era “El Huracán”, lo cual provocó que se trocara el planeado apelativo de “Verde Esperanza y No pierde”; por el de “Club El Huracán”, más acorde con los magros bolsillos de aquellos visionarios fundadores que sólo habían podido juntar entre todos $ 2,50 para la confección del sello.
Eso según algunos; pero en un reportaje que en 1934 le hizo la revista El Gráfico, Tomás Jeansalle afirmó que se propusieron dos nombres para el club que nacía: Defensores de Villa Crespo y Verde Esperanza, los cuales fueron descartados, el primero, porque no tenía nada que ver con el barrio de aquellos emprendedores muchachos; y el segundo, porque les pareció "demasiado poético", "demasiado lindo para un club de fútbol" (sic).



El emblema oficial del Club Atlético Huracán es el universalmente conocido globo rojo sobre fondo blanco. Ahora bien, ¿cómo y cuándo se adoptó dicho símbolo y cuáles fueron los motivos que condujeron a ello? La respuesta a estos interrogantes no es por cierto tarea sencilla, ya que la noche de los tiempos y los humildes orígenes de la Institución (la grandeza va siempre aparejada a la humildad) tiende un inexorable manto que torna nebulosos los recuerdos, y además; es escasa la documentación con que se cuenta.
Las primeras actas del Club hacen referencia a su fundación el 25 de Mayo de 1903 y a su reorganización el 1º de Noviembre de 1908, y estipulan que utilizará camiseta blanca con el distintivo del globo “Huracán”. Y ahí ya tenemos el primer enredo en la riquísima historia quemera, ya que del aerostato bautizado con el nombre “Huracán” propiamente dicho, no se tenía conocimiento en 1908 y muchísimo menos en 1903, por la sencilla razón de que fue introducido en nuestro país por el ingeniero Jorge Newbery recién en 1909. No obstante ello; debemos tomar en cuenta que en la Navidad de 1907 se realizó en nuestro país la primera ascensión en globo, efectuada en el “Pampero” tripulado en esa ocasión por Jorge Newbery y Aarón Anchorena, globo ese que posteriormente, el 17 de octubre de 1908 condujera a su trágico destino al doctor Eduardo Newbery y al sargento Eduardo Romero al precipitarse en las aguas del Océano Atlántico.
En 1909 Jorge Newbery importó de Francia el globo que denominaría “Huracán”, con el cual realizaría, el 27 de diciembre de ese año, la proeza de surcar por aire tres países: Argentina, Uruguay y Brasil, hecho este que les merecería posteriormente a los iniciadores del Club, la intención —traducida luego en una carta dirigida a Newbery— de hacer la analogía entre dicha hazaña y el logro deportivo alcanzado por Huracán de conquistar, en 1912 y 1913, los campeonatos de 3º y 2º divisiones, que posibilitaron su arribo en 1914 a la ansiada 1º división.
Por otra parte, en 1911 se produjo en el seno del Club, la designación de Jorge Newbery —a la sazón, Director de Alumbrado de la Municipalidad de Buenos Aires— como Primer Presidente Honorario, en agradecimiento al mecenazgo con el que quiso honrarnos, al influir para que el municipio cediera a nuestro Club los terrenos ubicados en la actual avenida Almafuerte (antes calle Arena), sitio este en que se erigió nuestra primera cancha, y por contribuir pecuniariamente desde su generoso bolsillo para los esforzados sostenimiento y desarrollo de nuestra amada Institución.


Debe tomarse en consideración, además; que cabe dentro de lo muy probable que lo que tenemos como primeras actas del Club haya sido formalmente escrito algunos años posteriores a la fundación —manteniéndose hasta ese momento las “actas”, ya sea en la memoria de los protagonistas, ya sea en apuntes ocasionales—, pues si recordamos que aquellos pioneros sólo disponían de $ 2,50 para un sello de goma; es bastante lógico inferir que la compra de un artículo por esa época tan costoso como un Libro de Actas, estaba bastante más allá del alcance de su modesta economía.
En función de lo hasta aquí enunciado, puede apreciarse cuán difícil resulta establecer con certeza cuándo y bajo qué circunstancias se tomó efectivamente la decisión de adoptar el globo como distintivo. 
La particular interpretación de quien esto escribe, es que debe de haber sido circa 1910, como forma de homenajear a una personalidad tan relevante como Jorge Newbery (quien previamente había expresado su conformidad para la adopción del símbolo por parte del Club), que contribuía económicamente al sostén institucional y que tanta trascendencia había logrado con su memorable hazaña de unir tres países en el vuelo de su gallardo aeróstato; estableciéndose así para imperecedera memoria de las sucesivas generaciones quemeras, la correspondencia entre el globo “Huracán” de Newbery, y el nombre que para el club por imperio de las limitaciones económicas había sugerido el librero Richino, ya sea por verlo en un cartel publicitario que tenía en su negocio o por ocurrencia del momento.














Sea como haya sido la cosa, y más allá de mitos y leyendas; lo real y concreto es que el globo rojo sobre campo blanco (“heráldica suburbana”, en la genial y prolífica pluma del inmortal poeta Homero Manzi —conspicuo y fanático huracanense—), es la característica distintiva de nuestro Huracán, que lucen orgullosamente nuestros deportistas de todas las disciplinas, que está tatuado en el alma de los miles y miles de quemeros repartidos en el mundo, y que hoy vemos reproducido en decenas de clubes homónimos distribuidos por la extensa geografía patria y del exterior; clubes estos fundados y desarrollados al influjo de su inmanente grandeza.


¡Huracán!, con H de Honor y de Humildad.

-Juan Carlos Serqueiros-