martes, 28 de marzo de 2023

UNA VIVENCIA PERSONAL: EL CONGRESO NACIONAL DEL PARTIDO JUSTICIALISTA (4 DE AGOSTO DE 1973) Y LA PROCLAMACIÓN DE LA FÓRMULA PERÓN-PERÓN

 


Escribe: Juan Carlos Serqueiros


En política, no me cansaré de repetirlo, hay la necesidad de agotar todos los medios que conduzcan hacia la unidad y solidaridad de todos los argentinos. (Juan Domingo Perón, carta a Jorge Antonio del 01.06.1973)
 
Tuve la mil veces afortunada y feliz oportunidad de vivenciar los hechos que a continuación voy a narrar, gracias a la generosidad de uno de los protagonistas principalísimos de los mismos: el señor —o mejor expresado; SEÑOR, así, todo en mayúsculas— escribano Ferdinando Pedrini (o “Fernando” —Ferdinando es Fernando en italiano— o “el Flaco”, para los amigos), hombre de toda la confianza del general Perón, y a la sazón presidente del Bloque Justicialista de la Cámara de Diputados de la Nación (y después interventor en la provincia de Salta), quien tuvo la enorme deferencia —la cual nunca dejaré de agradecerle y por eso honro su memoria cada vez que tengo oportunidad de hacerlo— de distinguir y brindar su amistad —él, tan luego, que tenía una dilatada trayectoria al servicio del peronismo y que era, por derecho y merecimientos propios, una de las primeras figuras políticas del país— a un mocoso don nadie que aún no había cumplido 18 años como era yo por entonces (mocoso, muy a mi pesar y con casi 66 por el lomo, obviamente ya no lo soy; don nadie... eso sí lo sigo siendo).


Producidas el 13 de julio las renuncias de Héctor J. Cámpora y Vicente Solano Lima, el partido Justicialista convocó a congreso nacional para definir la fórmula que presentaría en las elecciones a realizarse el 23 de setiembre. El congreso inauguró sus sesiones el 4 de agosto de 1973 en el Cervantes. Y me acuerdo muy bien de todo porque estuve, no adentro del teatro, pues no me dejaron entrar (y era lógico, por más bronca que me dé, ¿cómo me iban a permitir el acceso a un cónclave de semejante relevancia, si yo era un pendejo de 17 años al que no conocía ni el loro?). El Flaco Pedrini procuró que pudiera ingresar con él, pero… fue imposible.
Habíamos ido temprano, pasado el mediodía, así que recuerdo que nos metimos con el Colorado Nicolau (que ni siquiera era peronista —era comunista—; pero que era un tipazo y muy amigo del Flaco Pedrini quien, enterado de que el Colorado andaba en la malaria y con serios problemas de salud, le había dado conchabo como secretario suyo) a morfar algo en un bodegón de por ahí cerca, donde resultó —¡oh, grata sorpresa!— que hacían unos sanguches de pavita y morrones que ni siquiera los de la Richmond se les podían asemejar, “mirá lo que te digo”. Cada tanto, volvíamos al teatro y re intentábamos entrar, pero nos rebotaban otra vez, y así...
Al final, a eso de las 5 de la tarde (ya llegada esa hora, todavía no había empezado el congreso) nos tiramos un último lance a ver si entrábamos, pero… vuelta a rajarnos; así que nos sentamos en un bar cercano a esperarlo al Flaco.
Hacía un frío de puta madre, me acuerdo, y entonces, para combatir el tornillo, empezamos a escabiar copita tras copita de ginebra Bols en el bar, masticando bronca por no poder entrar. Y yo, que era (y soy) muy ansioso, a cada rato iba hasta las puertas del teatro a pispear y a preguntarles a los que entraban y salían qué onda. En eso, un ñato que estaba entre los oficiosos que departían con los pesutis que se hallaban de guardia en la puerta, me dijo: "Pibe, ¿por qué no te dejás de romper las pelotas y lo mirás por televisión?".
Yo no sabía (y el Colorado menos) que lo iban a transmitir por televisión al congreso —de hecho, es el día de hoy que continúo sin saberlo con certeza; más bien me hallo inclinado a inferir que no lo pasaron en vivo y en directo, sino que a lo sumo deben de haber emitido flashes informativos—, así que salimos del bar (que no tenía tele; en esa época era raro que los bares la tuvieran) y entramos a caminar buscando alguna casa de artículos para el hogar, de esas que exhiben en las vidrieras los televisores encendidos. Como a cinco cuadras encontramos una y nos pusimos a mirar, pero no sé si habrá sido que no estaban los televisores sintonizados en un canal que estuviera transmitiendo el acontecimiento, o qué carajo sería (y además; obviamente desde la vereda no podíamos escuchar nada); así que volvimos al bar, que estaba a media cuadra del Cervantes y nos sentamos otra vez a esperarlo al Flaco.
Pasaron... no sé... dos horas más o cosa así, y ya empezaba a oscurecer, cuando de repente... un movimiento de autos oficiales, patrulleros, etc. Ahí nos enteramos que había llegado Isabel al Cervantes. Recién pasada la nochecita terminó la cosa, apareció Ferdinando a buscarnos en el bar, y después fuimos a cenar los tres a El Hueso Perdido, una parrilla que quedaba (o queda, no sé si todavía existe) en Olivos y que al Flaco le gustaba mucho.
Y allí nos contó con lujo de detalles cómo había sido el congreso: que lo debía presidir Chojulio (Julio Romero, gobernador de Corrientes), pero que  éste había delegado la presidencia en José Humberto Martiarena, que la fórmula no se había votado nominalmente sino por aclamación, que la habían propuesto Norma Kennedy y Torcuato Fino (a la sazón, apoderado legal del Partido Justicialista), que luego se había designado una comitiva (en la que estuvieron el Flaco, Martiarena y Alberto Luis Rocamora) para que fuera a Gaspar Campos a buscar la respuesta del General, y que después de todo eso fue que había ido Isabelita al Cervantes (como vimos desde el bar el Colorado y yo) para manifestar la aceptación de su candidatura a vicepresidente. Trascartón, nos relató lo ocurrido cuando él llegó, pasadas las seis de la tarde, a Gaspar Campos 1065 en Vicente López y le comunicó al General que el congreso había resuelto por aclamación la fórmula Perón-Perón, a lo cual éste respondió: “¡Están locos!” (sic). Seguidamente, el General entró en consideraciones acerca de su estado de salud, y terminó por decirles que se tomaría un tiempo prudencial para meditar el asunto y que “oportunamente daría su respuesta” (sic).
Ya deglutidas las achuras y la carne (convenientemente trasegadas con viejo y noble tinto), Ferdinando ordenó café y whisky y siguió la conversación, pero a mí me dio la impresión de que más que dialogar con nosotros y enterarnos de cosas; él estaba en esos momentos y ya a esa altura de la noche, como ordenando sus pensamientos, digamos, así como quien procura encadenarlos, hablando en voz alta para sí mismo en medio de la nube de humo de los incontables Benson & Hedges que fumaba (y que compraba no por atados, sino por cartones)…
Y esa fue la parte más sustanciosa, porque nos contó que a fines del 72, el plan de Perón consistía en profundizar un acuerdo con Balbín —que gestionado a través de Jorge Daniel Paladino y desarrollado epistolarmente entre Buenos Aires y Madrid, ya existía desde 1970—, de modo de robustecer y fortalecer el gobierno de Cámpora (obviamente, el General descontaba un triunfo del FreJuLi en las elecciones del 11 de marzo, como efectivamente ocurrió); reservándose para sí el rol de una especie de canciller con la tarea de echar definitivamente las bases para la unidad iberoamericana a partir del eje Perón-Torrijos-Castro (remember aquella frase “el 2000 nos encontrará unidos o dominados” pronunciada en 1953).
Fue aquel relato de Ferdinando lo que me permitió develar algo que me planteaba a mí mismo como un interrogante que hasta allí no podía despejar: ¿por qué no se materializó el acuerdo en una fórmula Perón-Balbín ya para los comicios del 11 de marzo; en lugar de esperar hasta agosto para reflotarlo como posibilidad? Y comprendí que ordenando los hechos, con el nivel de detalle que el Flaco me había brindado, y descartando todo lo que fuera accesorio o emanase de mis propios preconceptos, tendría la respuesta a mi pregunta: pasó porque como contrapropuesta al GAN (Gran Acuerdo Nacional) que propugnaba Lanusse de modo de imponer como salida política (sic) una democracia formal pero acotada y condicionada en los hechos a la “fiscalización” del poder militar colocado en el rol de gendarme al servicio de los poderes fácticos del gorilismo; Perón tuvo que proceder en 1972 como el magistral ajedrecista político que era: unificó férreamente al sindicalismo tras la figura de José Ignacio Rucci instalada al frente de la CGT desde 1970, e hizo suyo el programa de concertación socioeconómica impulsado por la CGE de José Ber Gelbard, y con sus dos alfiles en fianchetto dio jaque mate al GAN. 
Pero Lanusse se demostró como un mal perdedor y vengó su estrepitosa derrota agregando, a la medida previamente impuesta en el sentido de que los candidatos debían obligatoriamente residir en el país desde antes del 25 de agosto y no podían ausentarse del mismo por más de 15 días, y aún eso, con aprobación previa del ministerio del Interior (que, “pequeño” detalle, ocupaba el radical balbinista Arturo Mor Roig, y ya que estamos; recordemos aquí aquella desgraciada y fantochesca frase de Lanusse “a Perón no le da el cuero para venir”); la estipulación de que las elecciones se celebrarían con el sistema de doble vuelta si ninguna fórmula lograra superar el 50% más uno de los votos. 
Y eso… sí que era un torpedo lanzado directamente a la línea de flotación, porque si bien la cláusula que virtualmente proscribía su candidatura no hizo mella en Perón —que como consigné antes, no tenía interés en ser nuevamente presidente, sino que aspiraba a un premio mucho mayor—; la posibilidad de un eventual balotaje, en la práctica imposibilitaba un acuerdo electoral con Balbín, ya que éste quedaba en una posición inmejorable para acceder a la presidencia si la fórmula del FreJuLi no conseguía el 50% más uno de los sufragios.
Así las cosas, no cabía pedirle al Chino que inmolara su candidatura en aras de un acuerdo, porque si ya de por sí le hubiese costado lo indecible hacerles tragar a los radicales el sapo del segundo lugar en una fórmula encabezada por Perón; de hecho le resultaría de todo punto de vista imposible conseguirlo si esa fórmula fuese Cámpora-Balbín. Ah, casi me olvido: de paso, queda despejada la incógnita (si alguno la tuviera) de las motivaciones que llevaron al Chino a saltar, el 19 de noviembre de 1972, el tapial de los fondos de Gaspar Campos 1065 para entrevistarse con el General: lo hizo porque, desconfiado, abrigaba la prevención de que Perón, al designar candidato a Cámpora, estuviese jugando a que Lanusse proscribiera también al Tío y le diera motivos para proclamar la abstención peronista y llamar al voto en blanco. Perón le aventó sus temores y le dio su palabra de que el peronismo concurriría a las elecciones.
Pero ahora (debiéndose entender por ahora, mediados de 1973, quiero significar) las cosas habían cambiado y no poco.
La izquierda peronista (que en la práctica, en la realidad efectiva, era peronista sólo en el discurso, porque tanto la conducción de Montoneros como así también la corriente clasista o de base referenciada en Rodolfo Ortega Peña y Eduardo Luis Duhalde, propugnaban que el peronismo era sólo un estadio previo, un mero precedente del “socialismo nacional” que lo trascendería, superando a un Perón que —sostenían— “no era revolucionario”.
Y si al General le venía dando disgusto tras disgusto la izquierda peronista, especialmente, la inaudita soberbia de la conducción de Montoneros, que auto erigida en vanguardia, proclamaba en público su voluntad de “no confrontación con el líder”, a la vez que puertas adentro lo mencionaba como “el viejo” (cuando no como “el viejo hijo de puta”) y no se privaba de boquear sin ambages acerca del “socialismo nacional” que una vez muerto Perón proyectaba instaurar mediante la convergencia cívico-militar, es decir, la “milicia popular” aunada con el ejército regular cuya comandancia en jefe era ejercida por el general “peruanista” Jorge Raúl Carcagno (aquel cantito de “No respetamos las botas / ni las vamo’ a respetar / hasta que no se las ponga / la milicia popular”, entonado al ritmo de la marcha “Avenida de las Camelias”, era más que elocuente al respecto); algo parecido —aunque por cierto que en menor medida, sin exteriorizaciones tan perceptibles y no traducido en violencia demencial— le ocurría a Balbín, que también venía jaqueado por la izquierda radical de la renovación alfonsinista.
Por otra parte, oportuno es recordar que el 24 de junio, esto es, apenas cuatro días después de los desgraciados sucesos de Ezeiza, el General visitó al Chino en el despacho de éste en el Congreso de la Nación. ¿Qué, tengo que creer que a un Perón profundamente conmovido, disgustado al extremo y que acababa de retornar definitivamente al país, se le ocurrió súbitamente visitar con premura a Balbín sólo para devolverle gentilezas y como si no tuviera otras muy graves motivaciones para proceder con semejante urgencia? No jodamos… 
La posibilidad concreta de una fórmula Perón-Balbín, aún sin que ninguno de los dos lo admitiera clara y derechamente; estaba ahí, implícita y latente.
Pero… el diablo metió la cola: el 26, el General sufrió una crisis cardíaca que para peor, se agravó dos días después. Quedó así imposibilitado (y además; con prohibición expresa y terminante de sus médicos, doctores Cossio y Taiana) para operar políticamente en un delicado asunto que sólo él podía llevar adelante. Y para cuando estuvo más o menos restablecido, ya no quedaba tiempo ni para acordar en lo externo con Balbín la sintonía fina de la cosa, ni tampoco para trasladar hacia adentro del movimiento la cuestión.
Así, en vísperas del congreso, las cartas ya estaban echadas. Había dos posturas: una, de la rama política, mayoritariamente proclive a la fórmula Perón-Balbín; y otra, de la rama sindical, inclinada por Perón-Isabel. Y desde luego, era impensable que los referentes principales de la rama política (Rocamora, Martiarena, Pedrini, Robledo, Luder, Romero, etc.), desataran un conflicto en torno a la cuestión, máxime; cuando no habían tenido oportunidad de abordar in extenso el tema con el General, en razón del estado de salud de éste, de modo que se limitaron, como vimos precedentemente, a ir hasta Gaspar Campos a informarle a Perón la proclamación de la fórmula hacia la cual se había inclinado el congreso.
De todas maneras (y esto es sólo inferencia mía, porque nadie, repito: NADIE, conoció ni conoce las razones que tuvo Perón para ello pues nunca las explicitó) sí debe de haber accedido a que fuera Isabelita al teatro y declarara por las suyas la decisión de aceptar su candidatura a vice. ¿O puede alguien imaginar seriamente que “se cortó sola” o que actuó “influenciada por el Brujo” (López Rega) o que “amenazó a Perón con abandonarlo y volverse a España” como citan irresponsablemente algunos? Por favor… 
Un par de semanas después, esto es, el 18 de agosto, Perón concurrió al congreso (que había pasado a cuarto intermedio) y aceptó su candidatura.
El 23 de setiembre de 1973, la fórmula Perón-Perón triunfó en los comicios obteniendo casi el 62% de los votos.

-Juan Carlos Serqueiros-

jueves, 23 de marzo de 2023

EL TÍO JACK


















Escribe: Juan Carlos Serqueiros

En setiembre y diciembre del pasado año 2022, tuvimos oportunidad de escuchar lo último del Indio con su “nueva” banda: El Mister y Los Marsupiales Extintos (el entrecomillado en “nueva” obedece a que entre Los Marsupiales hay integrantes de Los Fundamentalistas del Aire Acondicionado): en setiembre se estrenaron, en El Destape Radio, “De las ventajas de caminar dormido” y “Ken Kesey”; y en diciembre, este tremendo temazo: “El tío Jack”.

EL TÍO JACK
(Solari)

El tío Jack
dejó un bello tutorial
viví tu memoria
asombrate
Deja que tu mente
te encuentre

Si logras que no roben tu alma
quizás puedas volver
a dormir por el mundo
en tu sliping bag y soñar
Y soñar…

El tío Jack, vagabundo del Dharma fue
Llevaba el cerebro en alerta
emotiva
sin moderación
El tío Jack

El tío Jack
dejó un bello tutorial
viví tu memoria
asombrate
Deja que tu mente
te encuentre

Si logras que no roben tu alma
quizás puedas volver
a dormir por el mundo
en tu sliping bag y soñar
Y soñar…

Y llegados a este punto, mis queridos putes, debo confesar que al principio, cuando procuré analizar la lírica siguiendo el método que invariablemente utilizo: leer la poesía en simultáneo a escuchar la melodía y el canto, creí que hablaba del gran escritor Jack London, tanto por el empleo del Jack (entendido como hipocorístico del nombre John); como por eso de “dejó un bello tutorial” (que atribuí a la intención solariana de ensalzar su obra literaria), y sobre todo; por lo de “dormir por el mundo en tu sliping bag” (sic), creyendo que el Indio, con ese... casi inglés —la grafía correcta es sleeping bag, o sea, bolsa de dormir— no exento de cierta ironía, como en "Momo Sampler", pretendía aludir a la condición de viajero impenitente que había en London.
Pero después, cuando llegué a lo de "vagabundo del Dharma fue", comprendí que se refería a Jack Kerouac, uno de los máximos exponentes de la Generación Beat, expresando admiración por su extraordinario genio creativo (“Llevaba el cerebro en alerta emotiva sin moderación”), y citando en la letra su etapa de interés por el budismo y escritura (1957) de su novela “The Dharma Bums” ("Los vagabundos del Dharma"), editada el año siguiente, esto es, en 1958.
En suma, se trata de un homenaje que Solari le rinde a Kerouac en la forma de una hermosísima e hipnótica canción, con voz, loops y samples a cargo de El Mister, y con la magistral guitarra de Conrado Marsupial (Gaspar Benegas). 
¿La disfrutamos juntos? Dale:


-Juan Carlos Serqueiros-

martes, 21 de marzo de 2023

DERRUMBANDO EL MITO DE LOS LIBROS ESCOLARES "NAZIS" DEL PERONISMO

 


Escribe: Juan Carlos Serqueiros

Ya bastantes problemas tengo con los vivos como para tener que ocuparme, además; de las historias de los muertos. (Juan Domingo Perón)

Allá por principios de la década de 1950, esto era comprendido por niños de siete años: la sidra y el pan dulce navideños, lejos de ser un regalo peronista; eran un recuerdo, la presencia de Perón y Evita sentados a la mesa de todos los argentinos, tal como se enuncia en este libro de lectura para primer grado que se usaba por entonces en las escuelas.



Uno podría ir más allá y adentrarse en otras significaciones, esas que emergen de la meditación sesuda y reposada, de las percepciones del hemisferio derecho del cerebro, de los dictados del corazón y de la conmoción espiritual reveladora, como por ejemplo; que en esa sidra y ese pan dulce estaban representados Perón y Evita como padre y madre de sus hijos de toda la nación, o poner de relieve el aspecto litúrgico y el simbolismo profundamente nacional-cristiano que hay en ello.



Y también uno podría tratar de explicarle todo eso a un gorila, pero para qué... sería ocioso. No lo entendería, porque es imposible comprender lo que no se ama, lo que se repudia desde la soberbia, lo que se niega desde el desprecio por la otredad. 
Ocurre que el gorila promedio es intrínsecamente bruto e ignorante (quiero decir, independientemente de las muchas o pocas lecturas que tenga en su haber, porque sabido es que se puede ser intelectual y a la vez; bruto e ignorante, y más aún: los argentinos tenemos en ese aspecto una larga lista de malos ejemplos, por desgracia). Y consecuentemente, es esclavo perpetuo de los odios que anidan en su alma, surgidos del manantial al parecer inagotable de sus prejuicios, que vienen así a ser la cerrazón para sus entendederas. El gorilismo es, en síntesis, una patología de la psique, al igual que lo son la xenofobia y el racismo. 
Entre muchos otros elementos, de los libros de lectura para escuela primaria en tiempos del primer peronismo surge la respuesta al interrogante del porqué del odio gorila. 
En esos textos, todo estaba tan claro, que hasta los niños podían comprender lo que en cambio; a los gorilas les estuvo —y les sigue estando— vedado entender debido a sus preconceptos. 
Pero cuidado, menester es reconocerlo: la incomprensión no se agota en los antiperonistas, eh; a muchos que presumen de peronistas y pasan por tales, también se les escapó la tortuga. Y al igual que les ocurre a los gorilas; esos tampoco entienden.
En primer lugar está la afirmación —insostenible en tanto sofisma miserable— de que a través de "esos libros nazis" se "sometían las mentes de los niños a fuerza de imbuir en ellas ideas fascistas" y una ristra de delirios por el estilo. 
Ello ocurre porque se parte del prejuicio de identificar caprichosamente a como dé lugar, al peronismo con regímenes totalitarios; lo cual es un absurdo desmentido por toda la evidencia que surge de los hechos históricos y de los documentos. 
Encima, y para colmo; se obvia la consideración de tiempo, lugar y circunstancias, así como no se repara en que lo que se estaba produciendo por entonces era una revolución; revolución en paz, sin ríos de sangre, pero revolución de todos modos. Esto es, se estaban agregando a los preexistentes desde Mayo de 1810 y Julio de 1816, valores que hasta mediados del siglo XX no estaban reconocidos como tales, y es más; ni siquiera había consciencia generalizada de que existían. Se estaba fundando otra Argentina, una nueva; pero sin violencia ni remoción de los cimientos de la vieja, es decir, se estaba construyendo, ampliando e integrando.



E incluso, esa no violencia, ese optar por el tiempo en lugar de la efusión de sangre, se llevó hasta el punto de la observancia estricta del rechazo a la tentación de apropiarse del relato histórico para reemplazarlo por otro hecho a su antojo y según sus designios. Lejos de ello, la revolución en paz de Perón presupuso poner especial empeño en no intervenir en las antinomias que a la hora de interpretar el pasado se venían dando en nuestro país, principalmente a partir de la década de 1930.
Así, el peronismo se aisló de la pugna entre invención y re-invención del pretérito argentino, es decir; se situó por encima de los juicios históricos que emitían tanto la tradición liberal como la revisionista, procurando cuidadosamente evitar la utilización de la historia para convertirla en justificación de aquel presente y en nervio motor e instrumento político que sirviesen para la construcción de poder.
De allí que a los héroes del panteón nacional, los patres por excelencia: Belgrano y San Martín, se los representara, en un forzoso resumen de sus glorias: al adalid de la Independencia, como creador del símbolo patrio; y al Libertador, como artífice principalísimo de la emancipación, respectivamente, estando asociados, en el libro escolar, a Perón (un Perón que, al igual que ellos, tampoco provenía de la politiquería partidista, sino que surgía del fondo mismo de la argentinidad para recuperar la soberanía, implantar la justicia social, instaurar el reinado de valores como el trabajo, la responsabilidad y el estudio, declarar solemnemente la independencia económica e identificar como principal sujeto político y objeto de los desvelos del gobierno a las masas populares ya integradas definitivamente a la vida nacional), llamado a ser, junto a Evita, los constructores de una nueva Argentina y los exponentes arquetípicos de una síntesis superadora de la tesis liberal mitro-lopizta y su antítesis revisionista rosi-caudillista.








Y el cuadro se completaba mediante la inserción de la figura de Sarmiento, simbolizándose en ella al educador por antonomasia.


Y por supuesto, había en esos libros un refuerzo notorio, marcado, del concepto de soberanía nacional.





Tenemos entonces hasta aquí, que en aquellos libros escolares hubo sin dudas una resignificación del mensaje patriótico que se transmitía a los niños, a través de incluir en él a las figuras de Perón y de Evita como emblemas y hacedores efectivos de las nuevas conquistas sociales y políticas que venían a acompañar y complementar a las de la epopeya nacional prefijadas en el mito fundacional argentino.




¿Implicó eso la peronización de sus contenidos? Y... si así quieren llamarlo, sí; pero cuidado con las acepciones: sí peronización en el sentido de representar al justicialismo como filosofía de vida argentina, como ideología nacional equidistante del liberalismo y el socialismo extranjeros y superadora de tales concepciones; pero de ninguna manera peronización como herramienta electoralista. Ojo al piojo.
Por otra parte y sin perjuicio de lo precedentemente enunciado, también debo decir, en obsequio a la verdad histórica, que hubo en 1951, durante un brevísimo lapso de cinco meses y circunscripta sólo a la provincia de Buenos Aires, una excepción a esa política de no intervención oficial en el campo del debate acerca del relato histórico que se había adoptado y que explicité antes. En esa única oportunidad, el 31 de marzo, el Ministerio de Educación de dicha provincia (gobernaba por entonces Domingo Mercante) autorizó y recomendó —no a través de un decreto del ministro del ramo, Julio César Avanza (que provenía de FORJA); sino mediante una resolución de la Dirección General de Enseñanza (ex Consejo Nacional de Educación)—, para los contenidos curriculares de cuarto, quinto y sexto grado, una especie de manual escrito por Edgard Pierotti que llevaba por título Cursillo de Historia Argentina.


Consistía en una obra que ya se había publicado años antes en fascículos en un matutino nacionalista ultracatólico y pro nazi: el diario Crisol (1932-1944), y que en forma de libro se editaba ahora (ahora en 1951, quiero decir) en dos tomos impresos en blanco y negro. El primero se compone de 183 páginas conteniendo: un prólogo dedicado a los docentes, una síntesis de la historia universal, y el proceso que va desde la Revolución de Mayo de 1810 hasta la Declaración de Independencia en 1816, ilustrado con 27 mapas. El segundo volumen tiene 157 páginas en las cuales se incluyen: parte de un mensaje del gobernador Mercante referido a la educación y el cristianismo, 14 mapas, 2 imágenes (una del daguerrotipo de San Martín en la ancianidad y una ilustración en la cual se representa a un gaucho), y el cuerpo principal del texto, que abarca la historia argentina transcurrida entre 1820 y 1951. 
El Cursillo se sitúa decidida e inequívocamente en el campo revisionista y su contenido rezuma romanismo, hispanismo, catolicismo, antiliberalismo y antisemitismo. Hay en él una marcada exaltación de la figura histórica de Rosas, a la par que un juicio decididamente adverso hasta la descalificación y la condena explícita —con denostación incluida— respecto de las de Moreno, Rivadavia, Mitre y Sarmiento. Llamativamente —dada la época, pretendo significar—, no hay dedicación de ditirambos al peronismo; tan sólo una mención acotada a dieciocho renglones en el último capítulo del segundo tomo, resaltando algunas acciones que Pierotti estima como que "la historia está obligada a señalar". Más aún, no sólo no hay juicio de valor positivo; sino que el autor va más allá, estipulando taxativamente que "un texto escolar no puede juzgar la obra del gobierno contemporáneo, tarea que corresponde al futuro", e incluso consigna que eso queda "librado al criterio de cada cual y a la posteridad".
Los partidos opositores al peronismo (en especial, el radicalismo y el socialismo), la DAIA y la prensa (principalmente el diario La Nación), criticaron duramente el Cursillo, fustigaron severamente a su autor, cuestionaron su aprobación y solicitaron su desautorización por parte del ministerio. Del debate en la legislatura provincial bonaerense, surge que de ninguna manera había en el seno del bloque peronista (mayoritario) uniformidad de criterios en torno al asunto. A punto tal eso fue así, que un diputado justicialista expresó tajantemente que prescindía de consideraciones históricas "que no nos competen", fueron sus palabras; y otro de la misma bancada aseveró: "no estoy con el revisionismo ni con ninguna otra tendencia". O sea que de postura homogénea en cuanto al tema, nada, pero nada de nada. Perón, que conjeturablemente no había participado en absoluto en la cuestión, debe de haberle bajado línea a Mercante y a su vez, éste a Avanza; porque desde el ministerio se eliminó directamente el libro de la nómina de textos aprobados, a tan sólo cinco meses de su edición.
Entiendo como muy pertinente destacar que, a diferencia del Cursillo de Historia Argentina de Pierotti, en el cual como consigné antes, no se hacía apología del peronismo; en los otros textos más usuales y difundidos, como por ejemplo, el Manual Estrada (Editorial Estrada, 1953) y el Curso de Historia Argentina de José Astolfi (Editorial Kapelusz, 1951), no se hacía rosismo, pero sí se elogiaban, y profusamente, además; las innovaciones y transformaciones llevadas a cabo por Perón.



No obstante ello, el gorilismo centró siempre su ataque en el Cursillo, en el que, reitero, no se peronizaba; mientras jamás dijo ni pío sobre el Manual Estrada ni sobre el Curso de Astolfi en los que sí se peronizaba. Si allí no reside LA incoherencia; entonces la incoherencia ¿dónde está?
Otro suceso histórico que el gorilismo ha logrado instalar en vastos segmentos del imaginario colectivo como emblemático y paradigmático de los "propósitos indubitables de nazificar peronizando" ejerciendo "el autoritarismo desembozado propio del gobierno dictatorial y totalitario de esa segunda tiranía" que se empeña en atribuirle al peronismo, es la sanción, el 17 de julio de 1952, de la ley nacional n° 14.126 en la cual se dispuso que "en todos los establecimientos de enseñanza primaria, secundaria, normal, especial, técnica y superior, y en las escuelas de orientación profesional dependientes del Ministerio de Educación de la Nación, se hará conocer el libro La razón de mi vida, del que es autora la señora Eva Perón, jefa espiritual de la Nación" (sic). Además, se lo prescribió como texto obligatorio de lectura para quinto y sexto grados.


Si el objeto que se proponía el gobierno con eso, hubiese sido el que pertinazmente continúa adjudicándole el tilingaje re editor en nuestros días de aquel medio pelo tan magistralmente enunciado y descripto por Jauretche; no hubiera precisado para ello agregar un nuevo texto escolar. Pero tan obcecados son en su estulticia y tan impermeables se demuestran a todo análisis honesto y desprejuiciado del contexto en que se produjeron los sucesos históricos, que se empecinan en no tomar en cuenta que se estaba ante un proceso revolucionario cual lo fue el primer peronismo —y en su estupidez soslayan hasta lo que es obvio: no se puede hacer una tortilla sin romper algunos huevos (Maximilien Robespierre dixit)—, y entonces hacen como que no ven que la ley se sancionó tan sólo nueve días antes de la muerte física de Evita, y descartan por completo la consideración del hecho de que el propio Perón manifestó que el gobierno no quería maestros que hicieran política partidaria, lo cual además; desalentó expresa y aún enérgicamente. Asimismo, "olvidan" que Perón y Evita habían sido elevados al procerato en vida, con lo cual ¿qué tenía de "repudiable" que estuvieran en los textos escolares? ¿O acaso no se había hecho lo propio con Mitre en los albores del siglo XX, antes de fallecer éste en 1906? Aunque claro, el gorilismo exacerba su odio y tilda de "nazi" si se trata de peronismo; pero si es mitrismo, ah, entonces está bien. Es decir, si el erigido en prócer en vida es Mitre, estamos ante un "ejemplo de civismo puro del pueblo soberano"; pero si el favorecido es Perón, entonces es obra del "aluvión zoólogico", de las "turbas soliviantadas", de los "entresijos de la sociedad", de "esos negros de mierda". ¡Hipócritas! 
Así, cualquier babieca o cualquier piruja, puede darse el lujo de afirmar sin atisbo de pudor: "Mi abuelo me contó las que pasó durante la tiranía peronista. Imaginate, hasta lo obligaban a leer La razón de mi vida en la escuela; nazismo puro era aquello". ¡Y lo dicen convencidos de que esa es la verdad revelada! 
Permítame, querido lector, abusar de su indulgencia sólo un instante más para enunciar esto: si miraran el pasado no con los ojos ciegos bien abiertos (Solari dixit); sino con los ojos del corazón, y se despojaran de todo prejuicio, notarían que hay en el libro "Evita" para primer grado la aceptación de un hecho que sólo Sarmiento percibió y escribió en su genial "Facundo": la parte en la cual narra cómo se emocionó y rompió en llanto ante la escena de un estanciero que reza el rosario con su familia y le pide a Dios lluvia y fecundidad para los campos y paz para la patria, todo lo cual, confiesa, lo conmovió hasta remitirlo a los tiempos bíblicos (son sus propias palabras). Pero enseguida, Sarmiento acalla a su corazón y (lamentable y deplorablemente, en mi opinión) afirma, desde su racionalidad fría, que eso no es religión; sino "supersticiones groseras".



El "Evita" de primer grado supera esa dicotomía, se pone por encima de ella, y sin necesidad de cambiar el relato histórico ni denostar a Sarmiento; representa, en esa sidra y ese pan dulce, la corporización cristiana en la hostia y el cáliz. Viene así a unir, a integrar; no a romper ni a reemplazar. 
Hasta aquí, pues, la verdad histórica, o por lo menos; mi verdad histórica, tan honestamente narrada como me fue posible y dable hacerlo. Puede ser que algunos la acepten, ojalá... 
No, perdón, me expresé mal: no pasa por aceptar; pasa por comprender.
Después de todo, quien quiera oír, que oiga.

-Juan Carlos Serqueiros-
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REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS Y DOCUMENTALES

Albornoz de Videla, Graciela. a) Evita. Libro de Lectura para Primer Grado Inferior, Editorial Luis Lasserre, Buenos Aires, 1953. 
                                            b)  Justicialismo. Libro de Lectura para Cuarto Grado. Editorial Estrada, Buenos Aires, 1953.                                    
Astolfi, José C. Curso de Historia Argentina, Editorial Kapelusz, Buenos Aires, 1951.
Boletín Oficial de la República Argentina. Ley 14126/1952
Cámara de Diputados de la Provincia de Buenos Aires. Diario de Sesiones Período Legislativo 1951 t. I.
Cámara de Senadores de la Provincia de Buenos Aires. Diario de Sesiones Período Legislativo 1951.
De García, Luisa F. Patria Justa. Libro de Lectura para Tercer Grado, Editorial Kapelusz, Buenos Aires, 1953.
De Silveira, María A. Forjando la Patria. Libro de Lectura para Tercer Grado, Editorial Kapelusz, Buenos Aires, 1954.
Diario La Nación. Ediciones de fechas 07.06 y 14.06, 1951
Gutiérrez Bueno, Ángela. Privilegiados. Libro de Lectura Inicial, Editorial Kapelusz, Buenos Aires, 1954.
Manual Estrada IV Grado, Estrada Editores, Buenos Aires, 1953.
Perón, Eva. La razón de mi vida, Editores Peuser, Buenos Aires, 1951.
Pierotti, Edgar, Cursillo de Historia Argentina, Editorial Martín Fierro, Buenos Aires, 1951.



domingo, 19 de marzo de 2023

LOS GOBIERNOS Y LA MANIPULACIÓN DEL PASADO





























Escribe: Juan Carlos Serqueiros

Quien controla el pasado controla el futuro. Quien controla el presente controla el pasado. (George Orwell)

Ningún gobierno, sea del signo partidario que fuere, sustente la ideología que sustente y propugne los postulados que propugne, bajo ninguna circunstancia ni con ningún pretexto ni excusa, debe albergar el propósito ni arrogarse la potestad de manipular la historia a su antojo, estableciendo una visión maniquea de la misma con "buenos" de un lado y "malos" del otro; sean quienes fueren los supuestos "buenos" y "malos".
La enseñanza de la historia en la educación pública en todos sus niveles, debe limitarse a la narración veraz de los hechos y circunstancias fehacientemente comprobados, y a partir de ello, a fomentar el interés de los alumnos por leer distintos autores, investigar todas las fuentes disponibles, inducir sus propios raciocinios, extraer sus propias conclusiones y formar su propia opinión.
Basta de la dicotomía historia "oficial" vs. "revisionista"; pues como dijo Arnold Toynbee en su visita a nuestro país: "¿Cómo? ¿Tienen ustedes una corriente histórica revisionista? Qué extraño... si la historia es por naturaleza revisionista". Entonces hubo que explicarle al ilustre visitante que eso era consecuencia de que habíamos tenido antes un relato histórico impuesto como oficial, y que de resultas de ello; debió venir una reacción revisionista (que también macaneó bastante, dicho sea de paso, tal como habían macaneado antes los otros). El bueno de Toynbee sacudía la cabeza y no entendía nada... Y claro, cómo iba a entender que se mintiera adrede en algo tan fundamental como el pasado... Impensable. "Es tan chiflado y obnubilado que puede ser..." (Indio Solari dixit).
Para este gobierno y para todos los que de aquí en más le sucedan, sean quienes fueren los que los encabecen y dirijan: Basta de manipular el pasado. Basta de historia falsa y amañada en un sentido u otro. Basta de "buenos" y "malos". Basta de organismos oficiales como academias e institutos burocráticos, prebendarios y parasitarios mamando de la teta del Estado; sólo el CONICET y ya; los demás, que se financien solos, si pueden, o desaparezcan en buena hora.
Dejen a los argentinos libres para que puedan comprender su pasado y llegar a la síntesis de su historia.

-Juan Carlos Serqueiros-

sábado, 18 de marzo de 2023

DEPLORO





























DEPLORO…
(Poema de Juan Carlos Serqueiros)

El trinar de pájaros en el jazmín del balcón
Porque arrulla tus silentes elocuencias
(Si me es permitido el oxímoron, Georgie)
Secretas, sólo a mí develadas
El fárrago urbano de escapes y bocinas
Fate y Bridgestone chillonas
Y amabilidades puteadas
Porque distrae mis sentidos en odioso intento
De sumirme en una cotidianeidad
Que rechazo airado
(Retribuiré gentilezas a mi vez, advierto)
La perentoria campanilla del teléfono
Que insiste en suscribirme a no entendí qué
Y desabrida, maleducadamente, respondo
“No moleste”, con un chasquido seco
(Nadie me acusará de cortés)
El aroma del amancay, que quiere impregnarlo todo
Pretendiendo, celoso (y en vano)
Prevalecer sobre el olor de tu piel
Milenaria memoria de la noche de los tiempos
Que quiero esnifar en incurable adicción
La tenacidad de un amigo que me reclama
Presencias que no puedo darle
Porque me he vuelto tacaño
(Olvidando pretéritas generosidades)
Con la fortuna de un tiempo indispensable
Que emplearé sólo amándote
Curado y limpio
Cenizas de horas fenecidas, nocturnales
(Dispendiosamente irresponsable)
Renacer ambicioso en pos del premio mayor
Implacable
¡Hágase mi voluntad!
O al pie de su rosa, muera el grillo.

-Juan Carlos Serqueiros-

PERSONALIDADES NARCISISTAS






































Escribe: Gabriela Borraccetti

El narcisismo es esa parte nuestra que se mira en el espejo de otro. La envidia genera tensión; la respuesta positiva y agradable, atracción. El narcisista dice: "Amo en ti lo que veo de mí. Y el día que no lo vea más, me desenamoro". Por eso, para enamorarse primero hay que desenamorarse. Lo real yace tras la máscara de un narcisismo lleno de omnipotencia, perfecciones e infantilismo. (Lic. Gabriela Borraccetti)

Las personas narcisistas jamás se interesan por lo que hacen los demás, pueden demostrar alegría sólo cuando los otros se fijan en ellos y, como si fuesen bebés, no ven a su alrededor nada que no sea su propio reflejo.
Viven preocupadas por su imagen (lo cual resulta ser un trabajo realmente agotador), intentando obtener de los demás todo tipo de adulación y aplauso, y estallando en llanto, pataleo o protesta, cuando no se le permite seguir en la infantil condición de facilitarle absolutamente todo.
Son personas que buscan la mirada del mundo y su "obediencia" para sentirse realmente importantes, y es por ello que en lugar de ser fuertes; son dependientes de todo lo que otro pueda hacer, decir o incluso pensar de ellos. Parecen soberbios y autosuficientes, y debajo de una máscara de "autoconfianza", llora un niño con rudimentos poco maduros para cohesionar y desplegar una identidad balanceada.
Su típica huida de situaciones que no es capaz de elaborar, puede tender tras de él un halo de "seguridad" de la que carece, sufriendo internamente muchos desaires por no haber conseguido el fin que se había propuesto.
El respeto, como parte de la aceptación y reconocimiento del borde que delimita su mundo-identidad-espacio, del mundo del otro, es sumamente voluble, y es por ello que le cuesta aceptar las diferencias y los límites normales en el intercambio vincular en las relaciones yo-tú. Por lo general, los traspasa una y otra vez, reclamando siempre que nadie atraviese el propio; siendo que el propio suele tener un tamaño exacerbado por pertenecer más al producto de su fantasía, que al registro de eso que llamamos realidad. Igual que un neonato, no distinguen "adentro" de "afuera", y es por tal motivo que no son capaces de registrar que ellos mismos no son la totalidad, ni dioses, ni el infinito mundo; y que su espacio no abarca la infinitud ni el espacio del otro.
El normal desarrollo de la personalidad adulta, necesita reconocer una falta fundamental; aquello que nos hace incompletos, en contraposición a la omnipotencia del bebé que cree que él y el mundo son exactamente lo mismo.
La superación del pensamiento mágico y la omnipotencia son los pasos normales que comienzan a darse a partir de que reconocemos que no todos serán incondicionales con nosotros en la vida; y si no se puede salir de ese útero nutricio que todo lo brinda y de todo nos protege, veremos enemigos sembrados por todos lados, tan sólo porque esperamos que el otro sea un espejo de nosotros y no un individuo con sus propios deseos, y por qué no, con sus propios límites.

Lic. Gabriela Borraccetti
Psicóloga Clínica
M. P. 16814

Imagen: Derek Boshier, “The Culture of Narcissim”, óleo sobre tela, contemporáneo.

viernes, 17 de marzo de 2023

CIERTA CLASE DE JUSTICIA













































Escribe: Juan Carlos Serqueiros

Cuando la puerta se abrió, Venetia regresó al presente. Miró su reloj. Habían transcurrido casi dos horas. ¿Realmente hacía tanto tiempo que el jurado se había retirado para deliberar? Su ayudante trató de controlar su nerviosismo.
—El jurado ha vuelto.
—¿Para una consulta?
—No. Ya tienen el veredicto.
(P. D. James, "Cierta clase de justicia")

Una gran novela —¿y cuál de las escritas por ella no lo es?— de P. D. (Phillys Dorothy) James (n. Oxford, 1920): "Cierta clase de justicia".
En realidad, el título en el inglés original, es "A Certain Justice"; con lo cual la traducción lineal al castellano sería "Una cierta justicia". Sin embargo, para la edición en Argentina se optó por el que indiqué precedentemente. Y que por cierto, me parece más apropiado; creo que esa traducción expresa mejor que la literal, la significación que quiso darle la autora.
La novela pertenece a la saga Adam Dalgliesh, un comandante de la policía inglesa que se distingue por el elevadísimo grado de eficiencia profesional que evidencia, y que además; escribe poesía.
Venetia Aldridge es una brillante abogada penalista, que termina de cerrar un resonante juicio en el que ha logrado la absolución de un joven que estaba acusado de asesinar a su tía, sumando así otro eslabón a su hasta allí ya muy dilatada cadena de éxitos. Pero a pesar del renombre ganado merced a los logros en su carrera y de la fortuna en dinero que éstos le han posibilitado obtener; Venetia no ha conseguido en su vida privada el mismo éxito que alcanzó en el ámbito profesional: tiene una hija que la odia, un matrimonio fracasado concluido en divorcio y un amante que acaba de abandonarla. Poco después del caso que se constituyó en una nueva victoria suya en los estrados judiciales; es encontrada en su propio despacho, asesinada de una puñalada en el corazón asestada con un curioso abrecartas hecho a semejanza de una espada. Adam Dalgliesh y sus colaboradores: los detectives inspectores Piers Tarrant y Kate Miskin, deberán encarar una prolija y exhaustiva investigación, que culminará, como siempre, con el esclarecimiento del crimen.
La muy bien lograda trama, sin fisuras ni golpes bajos para el lector, el sesudo análisis de los perfiles psicológicos de los personajes y el estilo ameno y atrapante de P. D. James, convierten a "Cierta clase de justicia" en una extraordinaria novela.
En síntesis, otra perla de quien se ha ganado más que merecidamente el apodo de Dama del crimen.

-Juan Carlos Serqueiros-