domingo, 19 de mayo de 2013

UNA MITAD DEL PAÍS CONTRA LA OTRA. SEGUNDA PARTE: 50 A 48


Escribe: Juan Carlos Serqueiros
 
Los jacobinos de sotana pretenden gobernar a los pueblos con el hisopo y la hoguera en plena luz del siglo XIX. ¡Bárbaros! (Julio A. Roca, carta a Enrique Moreno de junio de 1884)

Le hablo a esta sociedad realmente adormecida; que no parece vinculada al pensamiento del mundo por el telégrafo, el diario, la revista y el libro. (Carlos Olivera, discurso en el Congreso de la Nación, 20 de agosto de 1902)

Si hay algo que debe escapar a la consideración de una asamblea política, es lo que se refiere a la legitimidad y al fundamento de las creencias de sus miembros. (Ernesto Padilla, discurso en el Congreso de la Nación, 23 de agosto de 1902)

¡Usted lo ha mamado! (Julio A. Roca a Ernesto Padilla, 23 de agosto de 1902)
 
Una de las tres veces en las que siendo presidente de la Nación Julio A. Roca la opinión de la ciudadanía argentina se dividió en dos porciones que sustentaban criterios diametralmente opuestos, fue en 1902, en oportunidad de tratarse en el Congreso el proyecto de ley de divorcio que en 1901 había presentado el legislador Carlos Olivera.
Éste había accedido a una banca de diputado nacional por la provincia de Buenos Aires, emergente de la lista presentada por el partido del gobierno en las elecciones legislativas del 11 de marzo de 1900, en las cuales el oficialismo había resultado triunfador por amplio margen derrotando a los "cívicos radicales" nucleados en la Unión Cívica Radical; y a los "cívicos nacionales", o sea, el mitrismo, bastante raleado y trabajosamente rejuntado en la Unión Cívica Nacional (o "unión cívica nació-mal" como jocosa e irónicamente se le decía por esa época al partido de los mitristas).
A Carlos Olivera (n. 1858)  lo precedían las mentas que sobre él corrían acerca de sus condiciones de brillante intelectual. Como periodista, se había formado y fogueado al lado de Láinez y de Sarmiento en El Diario, del primero; y en El Nacional, dirigido por el segundo. Políglota, había traducido a Poe del inglés para el diario La Nación; y fue en nuestro país uno de los precursores del género policial, con relatos como "Fantasmas" y "El hombre de la levita gris". Publicó dos libros: En la brecha, que fue editado en Buenos Aires en 1880 y en París en 1886; y La cuestión del divorcio, publicado en Buenos Aires en 1900. 
En lo político, Olivera formaba en el PAN roquista, pero ya antes había estado entre los intelectuales del círculo aúlico del burrito cordobés Juárez Celman; y muy especialmente cerca de los adherentes (y de hecho, él era uno de ellos, y de los más entusiastas) a la candidatura presidencial del mono Ramón José Cárcano. Tan de hecho era carcanista Olivera, que no sólo se contó entre los organizadores y concurrentes al banquete del 20 de agosto de 1889 en el que se proclamó a aquél; sino que también fue designado por el propio Cárcano como director del diario La Argentina, creado precisamente para apoyar por medio de la prensa su postulación a la jefatura del Estado.
Y a propósito de Cárcano, en algún momento deberé escribir algo acerca de esa figura histórica que los argentinos hemos soslayado, y que en 1926 fue nada menos que hombre de consulta de un joven e inquieto oficial llamado Juan Domingo Perón, quien lo consideraba un consumado estadista. Y en 1946, Cárcano fue uno de los primeros políticos en adherir a la postulación de Perón, todo tal cual el mismísimo Perón le contó a Enrique Pavón Pereyra, y tal como éste consignara en su célebre Conversaciones con Juan Domingo Perón (libro que dicho sea así como al pasar, muchos de los que se auto definen como peronistas pero evidencian un peronismo más que dudoso, harían muy bien en leer; por ahí, quién te dice, aprenden algo). Y se me ocurre que ya va siendo hora de que nos despojemos de esas malditas manías que tenemos de preconceptuar en función de los rótulos y de generalizar; porque son ambas muy malas costumbres y especialmente nocivas a la hora de tratar sobre nuestra historia. Digo, qué sé yo...
Bueno, disculpas por la digresión, pero me pareció importante mencionar todo eso; ya vuelvo a Olivera, no se impacienten. Era éste ardorosamente liberal, positivista, descreído, anticlerical y masón, esto último a punto tal, que fue la masonería la impulsora principal de su candidatura a diputado.
Algunos han afirmado que presentó su proyecto de ley de divorcio ni bien accedió a la Cámara en 1900, y que urgió con insistencia su tratamiento, reiterando el mismo en 1901. Eso es erróneo y no coincide con lo que está asentado en el Catálogo de expedientes legislativos del Archivo Histórico por la Subdirección de Archivo Parlamentario de la Cámara de Diputados, donde inequívocamente figura ingresado en 1901 el expediente 00006-D-1901 que consta de 20 folios, titulado Proyecto de Ley de Divorcio, autoría de Carlos Olivera y como comisión asesora, la de Legislación General. ¿Por qué, entonces, incurren en un "error" de detalle en algo que en definitiva no reviste mayor importancia (porque al fin de cuentas, si lo presentó en 1900 o en 1901, y si hubo de insistir o no; pareciera, a priori, carecer de relevancia)? ¡Ah!, no..., es que el "error" no es tan inocente ni la cuestión tan intrascendente. Con la ficción de un Olivera "rebelde" a los supuestos obstáculos que le habría opuesto el mandamás político (v. gr.: Roca), los simpatizantes de ciertas corrientes de pensamiento, esos que se han erigido en dueños de un progresismo que estiman les corresponde en propiedad exclusiva, logran "resolver la contradicción" que en sus mentes calenturientas les plantea la militancia de alguien a quien admiran y a quien ven como el summum del progreso (Olivera); junto a alguien a quien denostan y a quien ven solamente como a un réprobo (Roca). "Quieren el picho pero no las pulgas" (Indio Solari dixit). Pobres..., creen haber inventado la pólvora y se sienten muy ufanos con esas manipulaciones de que hacen objeto a la historia a fin de hacerla servir a sus propósitos. Mal que les pese, y para espanto de esa gente que busca barrer debajo de la alfombra aquello que reputa como basura; lo real y concreto es que Olivera era roquista, y para colmo, encima ("¡horror!", exclamarán), con antecedentes juaristas
El proyecto obtendría despacho en comisión el 2 de julio del año siguiente, pasando al recinto para su tratamiento, el cual comenzó en agosto.
Se barruntaba que se transformaría en ley, pues era notorio que existía en el seno del Congreso un amplio consenso para la aprobación del mismo. Habían sido públicas las opiniones en favor de la iniciativa por parte de la flor y nata del parlamentarismo vernáculo, y sin que influyeran en ello distinciones e intereses partidarios; porque los había de todos los colores políticos. Se manifestaron en favor, por ejemplo y entre otros: Nicasio Oroño, de antigua cercanía al mitrismo (ver en este ENLACE mi artículo al respecto); Belisario Roldán, también mitrista; Gregorio de Laferrere, autonomista independiente; Francisco Barroetaveña, radical bernardista; etc. Y hasta el mismísimo Carlos Pellegrini (que tiempo después cambiaría de opinión) había adelantado que cuando el proyecto llegase al Senado, votaría por la afirmativa.
Por otra parte, se oponían al proyecto la iglesia católica (desde luego); el diario La Nación (¡cuándo no!); las damas de la high society porteña (y las de los estratos más altos de las pacatas sociedades provincianas); y no pocos diputados de lo más variopinto en cuanto a pertenencia partidaria como por ejemplo: Damián Torino, Benjamín Victorica, Manuel J. Campos, Marco Avellaneda, Alberto Capdevila, etc.
Entretanto, el presidente Roca no exteriorizaba su parecer al respecto. Se lo sabía divorcista; pero fiel a su estilo, evitaba cuidadosamente expresar públicamente su adhesión o rechazo al proyecto (que al fin de cuentas, había sido presentado por uno de los suyos y que era alentado por muchos de sus partidarios; aunque también debe decirse que otros muchos que eran adherentes a su política, se contaban entre quienes se oponían al mismo); y se esperaba alguna de esas famosas medias palabras a las que tan afecto se mostró siempre el Zorro, y que bajo el disfraz de la ambigüedad, encerraban siempre una tajante definición; ora destinada a todo el mundo; ora circunscripta al círculo de la política.
Y la media palabra presidencial, al fin llegó..., no verbalizada; sino en la forma de un hecho que no le pasó desapercibido a nadie: Ni bien iniciado el 6 de agosto el tratamiento en el recinto, el diputado por Entre Ríos Pedro Coronado, propuso postergar para mejor oportunidad ("hasta que esa oportunidad se presente", dijo) un debate que según su criterio, resultaría inconducente ("una situación que a nada conduce", fueron las palabras que pronunció). Cuando saltó a cruzarlo Mariano de Vedia (que era como la voz de Roca en la Cámara de Diputados) habilitando la discusión, les quedó clara a todos la línea que bajaba el presidente: auspiciaba el tratamiento del asunto y propiciaba la aprobación del proyecto -porque Coronado (y los demás también) sabía que Roca sabía que los pro estaban en ese momento en posición de ventaja con respecto a los anti-; y al mismo tiempo, dejaba sentada su prescindencia en relación al debate. No estaba dispuesto a jugarse entero; si los divorcistas ganaban la votación (como todo lo hacía presagiar), mejor para ellos (y para él, que estaba a favor, obviamente); pero si la perdían, él aparecía como no teniendo nada que ver en la cuestión. El corto plazo demostraría lo atinado ("atinado" en cuanto a lo que era conveniente para la tranquilidad de su gobierno, quiero decir; no "atinado" en el sentido de emitir por mi parte juicio de valor sobre algo que ni comparto ni rechazo) de tan prudente actitud.
Una semana más tarde, el 13 de agosto, comenzó el debate. El espectáculo estuvo para alquilar balcones, tanto en el Congreso, como en la calle; porque las manifestaciones multitudinarias a favor y en contra se sucedieron.
En obsequio a la brevedad, no voy a abrumarles con detalles acerca de los discursos. Me limitaré a señalar entre los más relevantes, a los del diputado Francisco Borroetaveña, por la afirmativa; y del diputado monseñor Gregorio Ignacio Romero, por la negativa.
Y los que concitaron toda la expectativa, toda la atención, los que se constituyeron en el eje del debate, que fueron dos: el del autor del proyecto, diputado Carlos Olivera, por supuesto, a favor; y el del diputado por Tucumán Ernesto Padilla, en contra.
Ah, y una extraña paradoja, que inexplicablemente les ha pasado inadvertida (por lo menos, hasta donde alcanzan mis conocimientos) a quienes se ocuparon de historiar estos sucesos: el 20 de agosto de 1889, Olivera pronunciaba un encendido discurso en adhesión a la candidatura de Cárcano, incubada desde la voluntad del por entonces presidente Juárez Celman; y ese mismo día, Barroetaveña publicaba en el diario La Nación un artículo que lo haría famoso y al cual había titulado "¡Tu quoque, juventud! ¡En tropel al éxito!", en sentido totalmente opositor a Juárez Celman y a todo lo que él representaba. Trece años más tarde, las vueltas de la política reunían en defensa de un mismo proyecto legislativo, a quienes habían sustentado antaño posturas absolutamente antagónicas. Jugarretas del destino, que les dicen...
El discurso de Olivera apoyando su propio proyecto fue una pieza brillante de la oratoria, la declamación y la elocuencia. Con frases perfectamente cortadas y finísima retórica de lujo, se floreó exhibiendo una riqueza tal de conocimientos, que parecía abrevada en la fuente misma de la sabiduría; y un bagaje argumentativo que se mostraba como inagotable. Peroró con afectada erudición acerca del analfabetismo que le atribuía a Cristo, del oscurantismo eclesiástico, del poderío vaticano que pretendía perpetuar su tiranía retrógrada en nuestras tierras, de la tenebrosa Inquisición, del dios progreso; y hasta citó en su auxilio a Ibsen y su psicología del matrimonio. Fue largamente aplaudido y felicitado, pero a pesar de ello; no logró sumar una sola adhesión a las que de antemano tenía.
En cambio, el del bisoño diputado Padilla, su correligionario político y a la vez su oponente en esa emergencia, careció de efectismos e ironías, no apeló a las citas clásicas y eludió referirse a cualquier consideración de tipo religiosa; prefirió centrarse en lo objetivo y habló largamente de tradición, carácter nacional, patria y de cuidar la familia; palabras todas que invariablemente usan quienes desean sumar; que era precisamente lo que necesitaba Padilla en ese momento: captar voluntades.
Quienes estaban indecisos y fluctuaban entre las dos posturas, puestos a elegir entre escuchar horas y más horas a un Olivera que los abrumaba con consideraciones de orden filosófico y metafísico y que enamorado de su propio discurso como Narciso de su hermosura reflejada en el espejo de agua; u oir las frases rotundas, llanas, simples de Padilla; prefirieron lo segundo; lo cual se reflejó en sus gestos de asentimiento y en la cerrada ovación que coronó la exposición del tucumano.
Y llegó otra media palabra de Roca; otra vez, no verbalizada pero harto demostrativa: esa misma tardecita del 23 de agosto, al regresar Padilla desde el Congreso,  se encontró en su casa con un mensajero que portaba una esquela del presidente (comprovinciano suyo), invitándolo a reunirse con él en su despacho para expresarle sus felicitaciones y beneplácito. El Zorro lo recibió con un estentóreo "¡Usted lo ha mamado!", referido a la percepción evidenciada por Padilla, que había acertado a interpretar eficazmente lo que las circunstancias demandaban. 
El 4 de setiembre se votó el proyecto. Ganó la negativa por 50 a 48. Por dos votos de diferencia, la iniciativa había sido desechada. 
Olivera quiso buscar culpas en una súbita aparición de gripe, la cual les habría impedido concurrir a la Cámara a varios diputados que cayeron en cama y que según él, hubiesen votado por la afirmativa. Por mi parte, me inclino a suponer que de no haber existido esa última media palabra presidencial, quizá muchos de los que no fueron a votar por "estar en cama"; no se habrían "enfermado" tan inoportunamente.
Al año siguiente, Olivera volvería a presentar su proyecto, que no corrió mejor suerte. Y es que nunca segundas partes fueron buenas; la oportunidad dorada, ya había pasado.
Aquel 4 de setiembre de 1902, Ernesto Padilla y otros 49 diputados atrasaron el tren de la historia más de medio siglo; pero ello les fue posible porque el maquinista que conducía la locomotora, falló. Y ese, era Olivera. No es que ganó Padilla; sino que perdió Olivera. Y Roca siempre, siempre, jugó a ganador.
Habría que esperar 52 años, hasta 1954, en que Perón sancionaría la ley N° 14.394 que en su artículo 31 autorizaba el divorcio por primera vez en nuestro país (y que la estulticia del gorilismo de derecha y de izquierda, ridículamente atribuye al "enfrentamiento de Perón con la iglesia"). Ley esta que después sería derogada por el golpe militar de 1955, y entonces hubo que volver a armarse de paciencia hasta la promulgación,  en 1987, de la ley N° 23.515 que rige en la actualidad.

(Continuará esta serie UNA MITAD DEL PAÍS CONTRA LA OTRA)
 

viernes, 17 de mayo de 2013

UNA MITAD DEL PAÍS CONTRA LA OTRA. PRIMERA PARTE: INTRODUCCIÓN











































Escribe: Juan Carlos Serqueiros


Mi nombre político ha de tener de zorro y de león. (Julio A. Roca)

¡Yo he de ser presidente y no ha de arder la República! (Julio A. Roca)

Sellaremos con sangre y fundaremos con el sable esta nacionalidad argentina. (Julio A. Roca)

La enunciación partidaria del roquismo, esto es, la sigla PAN (Partido Autonomista Nacional), se había conformado originalmente por medio del sencillo trámite de combinar una entelequia como lo era ese entramado artificioso y ligado con engrudo, alfileres, clips y banditas elásticas (suponiendo que estos dos últimos adminículos existieran por esa época, lo cual ignoro si es así o no) llamado Partido Nacional (Sarmiento y su "hechura sucesoria", es decir, Avellaneda); con la expresión más cruda -y nunca mejor aplicado el término, ya que sus integrantes y exponentes eran exactamente eso: los crudos; así llamados porque "no habían sido cocidos en la olla de Urquiza" (remember "Juvenilia", de Miguel Cané)- del porteñismo a ultranza, con el aporte adicional de figuras procedentes del viejo tronco del rosismo y algún sustento popular en los elementos del lumpenaje excluído como factor político, expulsado a los arrabales de Buenos Aires y usado como carne de comicio: el Partido Autonomista, de Adolfo Alsina.
La mano ducha y experta en componendas y camándulas de don Adolfo había llevado a sentar en el sillón de la presidencia de la Nación, primero a Sarmiento y después a Avellaneda; y se aprestaba a hacer otro presidente más, sólo que esta vez, sería él mismo; y para ello había urdido eso de Partido Autonomista Nacional, para enfrentar al que era reputado como "enemigo común": el mitrismo. Pero ocurrió que Alsina, repentinamente... se murió, y entonces, quien capitalizaría todo eso a su favor, sería Julio A. Roca.
En sustancia, el PAN fue la alianza entre la aristocracia porteña y las provincianas, impuesta en todo el país por el ejército de línea, al influjo poderoso del zorro Roca, que exhibía una brillante carrera militar y era un político tan hábil y astuto como Alsina; pero infinitamente más perspicaz e inteligente que éste.
En sus manos, el PAN se convirtió en una formidable, eficacísima y aceitada máquina electoralista que lo llevaría a ser la figura rectora de la política nacional durante 25 años, y a la presidencia de la Nación no ya en una; sino en dos oportunidades (1880-1886 y 1898-1904).
Si bien no fue popular (lo cual le estaba vedado por su pecado original: esa índole irremisiblemente aristocrática), el PAN, con Roca, superó el estadio de la mera formulación programática para adquirir ribetes de movimiento. Y eso fue lo que le trajo aparejada su característica más distintiva: la heterogeneidad.
No es que careciera de "contenido ideológico"; a eso lo tenía (o por lo menos, sus referentes principales creían -cosa que en muchos casos no era así ni siquiera remotamente- tenerlo): el positivismo spenceriano; pero en él convivían (con armonía más declamada que ejercida) el liberalismo y el conservadurismo, en aras de una deidad común: el tan cacareado progreso.
Eso explica las contradicciones y prescindencias (siempre aparentes y jamás reales) del roquismo. El zorro era un político nato y nunca fue hombre de privilegiar lo dogmático por sobre lo conveniente ("conveniente" según su criterio e intereses, desde luego).
A lo largo de sus dos períodos presidenciales, hubo tres oportunidades en las cuales la acción de gobierno de Roca, sea por sí mismo o (más frecuentemente esto último) por interpósitas personas (a las que mandaba al frente de modo de no aparecer él como propugnador), hubo de provocar que la opinión publica se dividiese en dos porciones más o menos equivalentes en cuanto al número: quienes estaban a favor, por un lado; y los que se oponían, por el otro, a determinadas iniciativas presidenciales.
Y es eso lo que me propongo abordar en los siguientes artículos, los cuales espero resulten de vuestros agrado e interés. Amén.

(Continuará)

miércoles, 17 de abril de 2013

UN GRINGO MACANUDO, CHE






































Escribe: Juan Carlos Serqueiros

Our solemn asseveration that, under the administration of Governor Rosas, never has edition in any part of the world, been more unshackled than we have been... (Thomas George Love)

Thomas George Love fue un inglés a quien el azar de la vida trajo a nuestro país, tierra esta a la que aprendió a querer y en la cual se afincó.
Nacido en Londres en 1792, llegó a Buenos Aires en 1820 para dedicarse al comercio. La ciudad lo cautivó al extremo de embelesarlo, a punto tal; que se lo considera el autor de un libro editado en Londres en 1825 bajo el pseudónimo An Englishman (Un inglés) y titulado: A Five Years' Residence in Buenos Ayres, during the years 1820 to 1825, publicado aquí como Cinco años en Buenos Aires, 1820-1825.


Se trata de un librito que se compone de ocho capítulos, muy entretenido e interesante en tanto refleja una mirada no contaminada por nuestras disensiones intestinas ni causada por ningún móvil espurio, de un extranjero sobre Buenos Aires, su arquitectura, economía, cultura, usos y costumbres, paseos, diversiones y entretenimientos, política, legislación, comercio, la belleza de sus mujeres, etc. Ha sido recientemente reeditado en Argentina, de modo que es de muy fácil consecución. Si bien no hay documentación que respalde más allá de toda duda la aseveración de que la autoría es de Love; mucho menos la hay para refutarla. Paul Groussac y Rafael Alberto Arrieta entre otros, afirman que le pertenece a Love; como así también la tradición transmitida oralmente de generación en generación entre la colectividad inglesa en Buenos Aires, el estilo literario se corresponde con el que empleaba Love, y en el libro se consigna inequívocamente: "Cuando yo desembarqué, en octubre de 1820", lo cual concuerda con el mes y año en que llegó Love a Buenos Aires. Es decir, camina como pato, tiene plumas y hace cua cua, ergo; es un pato. Todo indica que An Englishman era Thomas George Love, y a menos que aparezcan nuevos elementos que lleven a inferir que no sea así; puede darse por agotado el tema.
Love no podía apellidarse de otro modo: romántico y enamoradizo, moría por las mujeres. Tanto le gustaban y tanto las amaba, a todas, que para no pertenecer a ninguna; permaneció irreductiblemente soltero. Si por una elemental cuestión étnica no puede catalogárselo como un latin lover; sí puede decirse sin dudas que fue un british lover. Seductor nato, el hombre siempre andaba a la conquista de algún corazón femenino. Literalmente, las porteñas al gringo, lo daban vuelta.
Cité precedentemente que se dedicaba al comercio, y en efecto, así fue. Pero no se trataba lo suyo de una casa, una firma, un establecimiento que giraba bajo tal o cual razón social; sino que fue más bien una especie de director general del consorcio conformado en los hechos por el grupo de los comerciantes ingleses. Hoy lo definiríamos como alguien que era el CEO, el que ejercía el management, digamos.
Filántropo y deportista entusiasta, su natural bonhomía, la simpatía que emanaba de su persona, la proverbial honradez con la que invariablemente procedía, la vasta cultura que poseía y la confianza que inspiraba; llevaron a que desde el puesto clave de secretario de la British Commercial Rooms (Sala del Comercio Británico) que detentaba, se convirtiera en una personalidad relevante en la sociedad porteña.
Parece haber sido un buen administrador de intereses ajenos y un eficaz generador de beneficios para terceros; a la vez que un mediocre tutor y procurador de los fondos suyos, según se desprende de las constantes tribulaciones financieras que hubo de pasar. Digamos, un más que eficaz gerente del comercio de otros; pero no muy hábil a la hora de ejercerlo por cuenta e interés propios.
En 1826, Love fundó un periódico semanal en idioma inglés, que a la postre resultaría el emprendimiento por el cual sería recordado por la posteridad: el British Packet and Argentine News (Paquete Británico y Noticias Argentinas), que salía los sábados y que estaba dirigido a la colectividad británica, con noticias locales e internacionales y por supuesto; toda la información atinente al comercio.
Al principio, el British Packet no incluía artículos vinculados con la política local (posiblemente porque si bien era Love quien lo había creado y quien escribía en él y lo dirigía; el periódico era propiedad de la Sala Comercial y ésta debe de haber querido -con buen criterio- abstenerse de expresar opinión editorial al respecto); pero a fines de 1828 (ya era Love el propietario) al producirse el golpe de Lavalle del 1 de diciembre de 1828, que derrocó a Dorrego; el British Packet (y la prensa en general, y la población, y...) debió soportar una más que difícil situación, ya que hasta fue cerrado y no poco debe de haber tenido que ver con ello el pormenorizado detalle de los funerales de Dorrego que hizo el periódico en su edición del 26 de diciembre, y que obviamente, tiene que haber exasperado al autor material del magnicidio y también a los instigadores del mismo, es decir: Lavalle, Varela, del Carril, etc. -justamente, por esos días, del Carril escribió, refiriéndose a los honores fúnebres, en carta a Lavalle: "(...) mucha gentuza a las honras de Dorrego (...)"-. Así las cosas, no es de extrañar que a partir de todo eso, surgiera un Love enrolado decididamente entre quienes propugnaban la ascensión al gobierno del único hombre que se mostraba capaz de garantizar el orden: Juan Manuel de Rosas.
Se ha afirmado que Love no figuraba como editor responsable del British Packet debido a que se negó a sacar carta de ciudadanía argentina, prefiriendo en cambio; recurrir a terceros que se prestaran a aparecer en ese carácter. No deja de ser cierto, pero así expresado, sin el imprescindible agregado del contexto; resulta ser esa una verdad a medias. Veamos:
El 1 de febrero de 1832, Rosas emitió un decreto por medio del cual se establecían ciertas limitaciones y restricciones a la libertad de imprenta, como por ejemplo la obligatoriedad de consignar en la publicación el nombre y apellido del editor responsable de la misma, y la de asumir éste, en caso de ser extranjero, la ciudadanía argentina renunciando a la nacionalidad de origen. Los historiadores antirrosistas, con su habitual costumbre de medir con distinta vara, lo atribuyen a la condición de "tirano" de Rosas. Absolutamente inexacto. El decreto estaba motivado en: a) lo estipulado en el artículo 6 del Pacto Federal; b) los excesos intolerables en que había incurrido la prensa durante el período iniciado en el golpe de Lavalle del 1 de diciembre de 1828; y c) el espionaje extranjero; y así tal cual lo expresaba Rosas en carta a Quiroga del 28 del mismo mes y año:

(...) He tirado en estos días un decreto sobre uso de la libertad de imprenta. Me ha movido a hacerlo la necesidad de dar cumplimiento exacto al artículo 6° del tratado de los Gobiernos; también el deber de cruzar los manejos de los Unitarios Decembristas; asimismo la conveniencia de contener la influencia de los extranjeros al menos en una gran parte. Además ya que no puedan al todo desarmarse las logias secretas, el decreto no podrá menos que dar el resultado de debilitarlas; así como nos pone en guarda contra los espías y revolucionarios enviados ocultamente a los pueblos de América, no sólo por los españoles, sino también por los que no lo son (...). (sic)

Siendo como era, fervoroso rosista, Love  no estaba ni remotamente comprendido (ni tampoco el British Packet) en los propósitos que perseguía el decreto, pero observador puntilloso de la ley, se atuvo a la misma, y conociendo perfectamente que un pedido de excepción de su parte colocaría al Restaurador en el incómodo deber de tener que denegárselo; se abstuvo cuidadosamente de gestionarlo. Pero no fue por eso que Love no se hizo argentino, que no renegó de su ciudadanía inglesa; sino simplemente porque a esa nacionalidad pertenecía y así quiso mantenerse. Nació inglés y murió como tal porque amaba a su país y no quiso para sí la hipocresía de aparentar un sentimiento patriótico hacia nuestra nación que no sentía. Love se consideraba un buen amigo de la Argentina, y en efecto lo fue. Y con eso le bastó para demostrar en lo tangible, un apego a esta tierra y su gente que inclusive superó y con creces, al de muchos de los nacidos en ella.
El British Packet fue un periódico netamente rosista, pero más allá de ello; fue resueltamente pro argentino y se mostró invariablemente como un firme defensor de los derechos de nuestro país frente a la agresión de Francia con su bloqueo, y fue aún más allá: en el conflicto con la entente anglofrancesa, Love, aún siendo inglés; deploró y criticó acerbamente la errónea política de su país y puso de manifiesto desde el British lo injusto del ataque de su propia nación hacia la nuestra. Y entiendo menester destacar que su periódico no recibía por parte del gobierno de Rosas subvención alguna, ni figuró nunca en la lista de "fondos de reptiles" que el Restaurador destinaba a sobornar periodistas extranjeros para que apoyasen a la Confederación Argentina en la cuestión con Inglaterra y Francia. Y no sólo eso, sino que además; Love rechazó el ofrecimiento oficial que se le hizo de adquirirle una cantidad extraordinaria de ejemplares del British sosteniendo la postura argentina, para enviarla al exterior. Y es que el gringo don Jorge (así se refería a él afectuosamente Rosas, que le profesaba gran estima y consideración), en tanto auténtico y verdadero gentleman; hacía un culto de la estricta observancia del fair play.
Su apoyo a la causa de la Confederación Argentina habría de costarle caro a Love. Los ataques contra su periódico y hasta contra su persona que desde Montevideo se le hacían a través de la prensa que respondía a los intereses del gobierno intruso del pardejón Rivera y los unitarios argentinos emigrados, alentada y solventada por la firma comercial Lafone & Cía. a la que se le habían cedido los derechos aduaneros del puerto oriental, serían feroces y harían no poca mellla en su ánimo y en su físico. Su espíritu romántico e idealista no pudo soportar el tremendo impacto de la maledicencia y el agravio: súbitamente enfermó de gravedad, muriendo el 28 de noviembre de 1845. Fue sepultado el 30, en el cementerio protestante de la calle de la Victoria (la actual Hipólito Yrigoyen). 
Debe de haber en la perinola del destino una cara "todos pierden"; porque ese 28 de noviembre la sociedad porteña perdió a uno de sus más conspicuos integrantes, el gobierno de Rosas perdió a un firme sostenedor, la Confederación Argentina perdió a un buen amigo del país y la Humanidad perdió a una buena persona.
Vaya uno a saber en qué dimensión estará flotando el alma del gringo Love, pero tengo para mí que en la que fuere; de seguro andará su alta y desgarbada figura por la Alameda, galanteando a alguna bella porteña de esas que hacían latir más fuerte su enamoradizo corazón. Amén.

-Juan Carlos Serqueiros-
_________________________________________________________

REFERENCIAS

AGN. Archivo Rosas.
BN. Publicaciones periódicas. The British Packet.
Montes-Bradely II, Saul M. Dissident Cemeteries in Buenos Aires vol. II (1821-1855). Thomas Osgood Bradley Foundation, Virginia, 2012.
"Un inglés" (pseudónimo atribuido a Thomas George Love). Cinco años en Buenos Aires. 1820-1825. Hyspamérica, Buenos Aires, 1986.

martes, 2 de abril de 2013

EL MAPA DE PIRI REIS Y EL REINO DE LA FANTASÍA







































Escribe: Juan Carlos Serqueiros

Este mapa ha sido dibujado por Piri Ibn Ají Mehmed, conocido como el sobrino de Kemal Reis, en Gelibolu, en el mes de muharrem del año 919. En este siglo no hay un mapa como éste en posesión de nadie. (Piri Reis)

El hecho de que tengamos en este nuestro bendito país superproducción de chantapufis, no necesariamente implica que estos sean un invento argentino. Y ni siquiera significa que sean patrimonio exclusivo (y para nada enorgullecedor) de nuestra fauna local.
En efecto, los pignas, lanatas, o'donnells, terragnos, chumbitas, brienzas, feinmanns, romeros y demás especímenes de similar laya, si bien autóctonos (por desgracia); son meros chantas de cabotaje digamos, simples émulos de los chantas con vuelo internacional estilo Charles Berlitz o Erich von Däniken. Y son tan diferentes en cuanto a envergadura los primeros de los segundos, como nuestro vernáculo yacaré de un cocodrilo del Ganges o del Nilo. Y ¿cómo se mide esa envergadura? Muy sencillo: por la cantidad de libros y videos que venden, la cual es directamente proporcional al número de crédulos (¿giles?) que embaucan. Los chantas que supimos conseguir por estas tierras, se dedican a depredar nuestra historia argentina; mientras que los chantas con vuelo internacional, actúan en un coto de caza mucho más amplio: la historia universal.
Berlitz, von Däniken y una larga lista de etcéteras esparcidos por todo el orbe -Dios los cría y editoriales pseudo científicas (además de Discovery Channel, Nat Geo y The History Channel) los amontonan- se dedicaron (muy lucrativamente para ellos, por cierto, y con empeño digno de mejor causa) a meterle en la marota a la gente el supuesto origen extraterrestre y/o debido a pretéritas civilizaciones perdidas que habrían sido mucho más avanzadas que la nuestra (eso, aceptando que a la nuestra pueda llamársela "civilización" y reputarla de "avanzada", lo cual para mí; teniendo en cuenta que siguen proliferando el hambre, la miseria, las pestes y las guerras es, por lo menos, discutible) de las Pirámides de Gizeh, de las Líneas de Nazca, de la Atlántida (si es que en verdad existió y no se trató sólo de una metáfora del bueno de Platón), de un imaginario Triángulo de las Bermudas, y hasta de las agujas de tejer al crochet de mi abuelita Angela...
Así, le atribuyen al archifamoso mapa de Piri Reis la inclusión nada menos que de la cordillera de los Andes y la Antártida como era antes de ser cubierta por los hielos; en función de lo cual sostienen (en un divague que llega al paroxismo) que necesariamente debió ser trazado desde el aire, y como en el siglo XVI no había aviones; entonces la obvia inferencia sería que el mapa es obra de alienígenas que lo hicieron desde una nave espacial, o bien gentes de una desarrolladísima cultura hoy perdida que habría florecido hace aproximadamente entre 10.000 y 12.000 años y que tenía la capacidad de desplazarse por el espacio aéreo.
A ver, dejemos Chantalandia, en el delirante Reino de la Fantasía, bajemos mejor a nuestra vieja y sacudida Tierra y examinemos el asunto; o "veámoslo un poco con tus ojos" (Solari dixit):
Piri Reis -en realidad, el hombre se llamó a sí mismo como Piri, hijo de Mehmed (algunos historiadores turcos afirman que se llamaba Muhiddin Piri y otros Ahmet, hijo de Hajji Mehmed), y Re'is significa Almirante; con lo cual escribir Piri Reis equivale a escribir Almirante Piri- fue un marino, militar, historiador, geógrafo y cartógrafo turco que nació en Gelibolu (Galípoli) entre 1465 y 1470, y murió en El Cairo en 1553. Durante muchos años navegó con su tío Kemal Piri como pirata por el Mediterráneo y después, incorporado oficialmente a la armada otomana, participó en las campañas navales turcas a Córcega, Sicilia, Cerdeña, Francia, Venecia (a cuya finalización fue nombrado almirante)  y Egipto. En 1513 produjo lo que cuatro siglos y medio más tarde lo volvería tan célebre como lo había sido en su propio tiempo: el mapamundi que hoy conocemos como mapa de Piri Reis. En 1521 terminó de escribir su notabilísimo libro Kitab-i-Bahriye (Sobre la Navegación), un atlas en el cual condensaba toda la información histórica y geográfica disponible en la época para la navegación, y consignaba tanto los conocimientos que había adquirido él mismo, como los descubrimientos y adelantos de los españoles y portugueses en la materia; el cual presentó solemnemente al por entonces nuevo califa del Imperio Otomano, Süleyman I (al que los occidentales conocemos como Solimán el Magnífico). Kitab-i-Bahriye está dividido en 230 capítulos, 21 de los cuales están escritos en verso; y los otros 209 en prosa.
Trasladémonos al siglo XX. A fines de 1929, Halil Edhem, director de Museos de Turquía, descubrió en el palacio Topkapi, que era la antigua residencia de los emperadores otomanos y que en ese tiempo se había transformado en museo; el mapamundi que Piri había confeccionado en 1513; o dicho más apropiadamente, un fragmento del mismo de 90 x 65 cm; el resto se había perdido en la noche de los tiempos. La parte que se había hallado contenía la representación de la Península Ibérica, la porción occidental del Africa, el Caribe y el oriente de Suramérica.
El mapa de Piri Reis es en sí mismo y más allá de sus merecimientos (innegables) y de la exactitud geográfica e histórica (que sin duda, calificaríamos de escasa hoy por hoy; pero ello es más que razonable, habida cuenta de la época de la que data), una auténtica obra de arte. Se trata de un pergamino, ya que está trazado sobre cuero de gacela, compuesto según la modalidad de los portulanos o "cartas de marear", es decir, con un reticulado cuyas líneas no indicaban longitug y latitud, sino los rumbos de la rosa de los vientos, hecho a nueve colores,  ilustrado con bellas imágenes  y con anotaciones marginales a la izquierda en las cuales Piri, como si hubiera tenido la facultad de predecir a sus historiadores, consignó, además de particularidades de los distintos sitios; las fuentes de las que se valió: veinte cartas y ocho Mappae Mundi de su época (entre los cuales había uno de Columbus,o sea, Colón).
Pasado el furor inicial del descubrimiento del mapa de Piri Reis el asunto cayó en el olvido; hasta que a mediados de la década de 1950, un militar turco envió una copia a los Estados Unidos para que la estudien y analicen, y allí entraron a tallar dos norteamericanos: el capitán Arlington Mallery, un delirante que presumía de arqueólogo; y Charles Hapgood, un profesor de historia. Ellos fueron quienes elucubraron el mito de que el mapa tenía "tal exactitud" que venía a demostrar que "había sido trazado desde el aire",  que en él estaban representadas "la Antártida sin hielo y la cordillera de los Andes", y unas cuantas sandeces más; leyenda esta que después sería "perfeccionada" por Berlitz, von Däniken y otros cuantos por el estilo, para utilizarla en beneficio propio ($).
Todo eso es una patraña gigantesca que no resiste análisis serio alguno. La presunta exactitud del mapa no es tal, al contrario; el mismo registra errores groseros (propios de la época en que fue dibujado, eh; para nada debe tomarse el señalamiento de fallas en el mapa como un cargo tendiente a desmerecer la obra de Piri). En algún vericueto de sus delirios se les deben haber perdido tres ceros, porque la "Antártida sin hielo" a la que aluden no es de hace "doce mil años" como afirman, sino de hace por lo menos doce millones de años, durante la época geológica del mioceno, período Neógeno de la era Cenozoica. La "cordillera de los Andes" que los farsantes sostienen que aparece en el mapa de Piri Reis, no son montañas, sino -"pequeña" diferencia- islas; la porción suramericana dibujada es la oriental, porque no aparece el Océano Pacífico, "detalle insignificante" este que no podía haberle pasado inadvertido a un cartógrafo genial como Piri, y que no obstante ello, los chantas hacen de cuenta que no lo ven. ¿Qué, la cordillera de los Andes por un misterioso fenómeno geológico se trasladó del oeste al este y no nos percatamos de ello? Por favor... Y el animal representado en una de las imágenes, que para ellos es una "llama"; vaya uno a saber lo que es, pero una llama seguro que no; ya que el que dibujó Piri tiene cuernos. Pero claro, seguramente debe ser que uno ni se dió cuenta de que las llamas desarrollaron cornamenta. En fin... 
El tratamiento irresponsable y con un criterio exclusivamente mercantilista encubierto bajo la apariencia de un interés científico, llevó a que se perdieran de foco aspectos interesantísimos del documento; los cuales debieran ser objeto de serias y profundas atención e investigación. Por citar sólo algunos ejemplos: las anotaciones marginales de Piri abundan en detalles referidos a cómo llegó Colón a "Antilla, que está en la parte en la que se pone el sol" (es decir, lo que después se llamaría América, por Amerigho Vespucci), guiado por "un libro que cayó en sus manos", en el que "aparecía, al final del Mar del Oeste, que existían costas e islas y toda clase de metales y piedras preciosas". El libro que dice Piri que "cayó en las manos" de Colón, era, como ya se habrán percatado ustedes, la Biblia; con el versículo de Isaías que dice: "Palomas en tan arrebatado vuelo como cuando van a sus palomares; así los ya salvados arrojarán las saetas de su predicación en las islas más apartadas y traerán en retorno el oro y la plata"; algo que fue muy bien tratado por un perspicaz José María Rosa y a lo que -extrañamente- por lo general no se le presta mucha atención. Es notable (y señal inequívoca de un celoso entendimiento al que nada se le escapaba) que Piri -en tanto otomano, enemigo de los españoles y por ende, de la epopeya colombina- no haya cedido al prejuicio que debiera de haberlo guiado a la descalificación y por lo contrario; haya preferido privilegiar la verdad histórica. Lo cual de paso, viene a situarlo en un sitial destacado de la geopolítica. También menciona Piri a un personaje que llama Sanvolrandan, que no es otro que San Brandan o Samborombóm, aquel monje que los portugueses hacen suyo y que da nombre a nuestra Bahía de Samborombón.
En fin, el límite que me impone la imprescindible brevedad de un artículo me inhibe a la hora de abundar en detalles jugosísimos que se desprenden del examen minucioso y sin preconceptos del documento, pero en el caso de que sientan despertado su interés; hagan el ejercicio de analizarlo concienzudamente. Garantizo que se van a sorprender.
En cuanto a Piri, diré que ya largamente octogenario, volvió a comandar como almirante, la armada turca en guerra contra Portugal por Egipto. Murió, como lo indica un documento papal recientemente hallado en los archivos vaticanos, decapitado en 1553 por orden del pasha de El Cairo por habérsele imputado traición según algunos historiadores, y cobardía según otros; al ordenar a su mermada flota el levantamiento del sitio otomano al puerto de Ormuz.
Los chantas que so pretexto de "historiarlo", lo tergiversaron escandalosamente lucrando con la invención de una sarta de estupideces; corrieron (y corren) mejor suerte que él. 

-Juan Carlos Serqueiros-

domingo, 17 de marzo de 2013

VINO MARIANI



















Escribe: Juan Carlos Serqueiros


DEDICATORIA
De un extraterrestre a otro, ese, mi hermano de un redondo planeta hecho de ricota y perdido en ignorada galaxia, habitado por hembras que no son dulces, no; donde mi dios no juega dados y no es todo lo que reluce; donde a Nueva Roma se viaja en toxi-taxi; donde armar algún puto full cuesta lo mismo que el boleto a Finisterre; donde un chancho puede comer jamón; donde garchan las virgencitas; donde Rulo y Lupus se juegan al truco la caja de los truenos; donde ella baila con todos; donde una divina T.V. führer te jode con el espejismo de pasarte las noticias de ayer; donde flacas gimnastas de América y secas austeras soviéticas te dan un poco de amor francés; donde manejar una vieja pick-up puede hacer que terminen por ponerte una etiqueta negra en el dedo gordo del pie; y donde un angelito que está frito, borracho con patero de la costa, y un antiguo amor que acarrea sangría en termos de telgopor, te traen los diarios que vas a leer en un baño turco: Marcelo Furtivo.
A él le dedico esta noche en el ghetto, que es la primera... y la última.

CHAGASAU 
A los patéticos viajantes compañeros de esta ruta que vamos a andar hoy: todos los trips, hasta el que lleva a Reputalandia, tienen un final en el que creemos que la línea se cortó. Yo sé que la estación esta, la de Vino Mariani, tiene que ser la New York de mi Flight 956.
No nací para que ningún boludito de la luna sea el ladrón de mi cerebro. Si cualquier idiotonto que no sabe hacer un cero con el culo porque hasta eso tiene cuadrado, puede chorear impunemente y abrir sitios en la web a los que llevar lo que se afanó; para qué entonces, seguir perdiendo el tiempo... Ya no hay más propina, no, no! Caníbal de opereta, pedazo de pendejón. Por lo visto, nunca hay terreno sagrado y Dios no está en los detalles de hoy; así que... esto es to-to-todo, amigos!
Decido darle vacaciones a mi corazón..., el zumba se va, bye bye! En manos de pavotes todo el sueño quedó. Llorarás con un ojo y con el otro te reirás.
No sirvo y nunca serví para tristes despedidas; así que simplemente, un enorme ¡gracias! y ¡Adieu! ¡Bye bye! ¡Aufwiedersehen!

-Juanca-

VINO MARIANI
(Solari)

Vas a invitar a los notables
y a las celebridades underground
van a sonar aplausos para todos hoy
Oh-Oh-Oh!
Tu pulgar va aprobando en el bar
que atenderá un amigo fiel
vas meneando tu cabeza con satisfacción (OK!)
si en las mesas estelares nada falta
Oh-Oh-Oh!
Un lugar allí y una oferta más
(no vas a bromear con eso)
lucirás la risa más ingenua sin dudar
tu corazón vacilará la noche de hoy
Oh-Oh-Oh!
Tipas y cronistas muy mal pagos
y unos "pelusas" cuidando el jardín
toda la gran oferta de un fino anfitrión
Oh-Oh-Oh!
Luces y el mejor DJ atronador
y premios en un escenario
el culo que valés es tu secreto una vez más
total no es más que el mundo de plateas de hoy
Oh-Oh-Oh!

El perfume de la tempestad no es un disco. Bah... sí, es un disco, pero lo que quiero significar es que no es solamente un disco; sino que es "arte siglo XXI", es decir, una obra que conjuga en un mismo packaging distintas disciplinas: poesía, música y arte gráfico.
Dr. Saturno ya nos "alertaba" sobre el hartazgo que sentía Solari. Producida la disolución de la banda, el Indio inició un proceso creativo con un proyecto sumamente ambicioso que trasciende lo estrictamente musical para abarcar, además; otras manifestaciones artísticas. En ese orden de sus ideas, el arte gráfico pasa a ser parte integrante de la obra, no ya como el mero viejo y cansado arte de tapa; sino concebido como íntimamente concatenado con el resto, es decir, con lo lírico, con lo musical y hasta con el "envoltorio", todo configurando un novedoso formato de unicidad estética.
A punto tal es así, que es imposible afirmar que se ha entendido El perfume de la tempestad si previamente no se comprendió eso.
En ese contexto, no podía estar ausente la alusión a ese mundo pretendidamente visible y audible en el cual la fantasía, los deseos y la realidad (inducidos deseos aquellos y engañosa realidad esta, mejor expresado) se confunden peligrosamente: el publicitario. Y para eso, nada mejor que traer al escenario al amigo Angelo Mariani: un fulano que fue un verdadero tigre a la hora de promocionar lo suyo, tanto, que así como Peter Drucker es considerado el gurú del marketing moderno; Angelo Mariani es, sin quizá, el gurú de la publicidad moderna. Este ñato Mariani era un francés (corso el quía) nacido en el pueblo de Pero-Casavecchie en 1838, que laburaba en París —oh la la, París!— como aprendiz de boticario en una afamada farmacia que contaba a varios famosos de la época entre su clientela. Un día de 1868, una célebre actriz cayó a la farmacia diciendo que necesitaba algo que le "infundiera ánimo", y Mariani le elaboró un tonificante preparado a base de vino tinto (en aquel entonces, muchos de los remedios eran recetados para que fuesen diluidos en vino, de modo de atenuar el mal sabor) y hojas de coca. Fue una pegada. A partir de la rápida aceptación que tuvo su vino de coca, al cual "bautizó" con su propio apellido, Mariani se independizó y llegó a amasar una considerable fortuna. El secreto de su éxito económico residió no sólo en sus aptitudes para la ciencia farmacológica (aún está en discusión si él sabía de las propiedades de la coca, o si las conoció por habérselas dicho su primo Charles Fauvel, que era un prestigioso otorrinolaringólogo que la utilizaba en sus pacientes); sino en su extraordinaria habilidad comercial: diseñó un envase exclusivo para su producto: el frasco de vin Mariani que lo distinguía, hizo confeccionar afiches con refinados diseños artísticos de los más cotizados publicistas, organizaba tenidas de haute cuisine en selectos restaurantes a las cuales invitaba a las celebridades, y sobre todo; ponía especial énfasis en enviarles muestras gratis a personalidades famosas de todo el mundo, cuyos comentarios utilizaba  luego como propaganda en sus catálogos, con lo cual fue nada menos que un precursor en eso que hoy llamamos feed back with the customer. Así, llegó a tener una cartera de clientes entre los que estaban:, por ejemplo y entre otros: el shah de Persia, Sigmund Freud, Jules Verne, la reina Victoria, Émile Gautier, José Martí, Sarah Bernhardt, Thomas Alva Edison, Alexandre Dumas, el papa León XIII, Charles Gounod, Robert Louis Stevenson, Herbert George Wells, el rey Alfonso XIII, los hermanos Lumiére, Émile Zola, Louis Bleriot, Arthur Conan Doyle, Henrik Ibsen, y siguen las firmas... En síntesis —e independientemente de sus virtudes y defectos—; un capo Mariani a la hora de promocionar su tónico.
Y por eso lo recuerda Solari en el título: le saca el polvo que sobre su memoria acumuló la noche de los tiempos y lo trae hasta el aquí y ahora, para presentarle a ese tipito Mariani del siglo XIX un alter ego suyo; pero del siglo XXI. De eso se trata Vino Mariani
Tenemos entonces a alguien que elabora y vende —con gran suceso y éxito económico— un producto determinado, y que puede ser —el tipito, digo—, lo que a cada uno se le ocurra imaginar que sea: el CEO de una compañía discográfica, el cerebro mandamás de una corporación de biotecnología, el dueño de un multimedios, un politicastro, el director de una multinacional, etc.. Por mi parte, en ese multiple choice me incliné a inferir que el chabón en cuestión no es otro que... el inefable Patricio Rey.
Sí, tengo para mí que se trata de él, quien, al igual que antes, en su tiempo, lo hacía Mariani; va a "invitar a los notables", es decir, a esas personalidades relevantes y famosas, a una festichola de aquellas en la cual les va a sobar —y bien sobado, por cierto— el lomo, adulándolos y alimentándoles aún más sus ya de por sí infatuados egos, anunciando a toda voz su "estelar" presencia y pidiendo para ellos el cerrado aplauso de aquellos otros invitados que no son tan famosos; pero que sí están chochos y orgullosos de estar ahí y de sentir que pertenecen a ese círculo selecto ("van a sonar aplausos para todos hoy").
Y trascartón nomás, se viene una metáfora monumental, de finísima ironía solariana; porque nos dice que al evento, también van a asistir como invitadas aquellas "celebridades del underground". Genial el oxímoron, porque es indicativo tanto de la tremenda intuición del que organiza la fiesta, al anticiparse al conocimiento de quiénes de los que están hoy en el underground se harán famosos después; como de la tilinguería de los invitados para los cuales esos artistas que están en el underground son ya, hoy por hoy, ahora mismo, "celebridades". Para ellos, claro... Es un poco como ciertos grupejos "selectos" que estaban entre el primer público de Los Redondos, iconizados en la minita aquella a la que le decían "Mariposa Pontiac", ¿te acordás? Bueno, eso.
Por enésima vez: El perfume de la tempestad es autorreferencial. Todo en él está ligado a Solari, a sus amigos, ex amigos y no tan amigos; a sus fobias y miedos, a su familia, a sus vivencias, a sus creencias y a su falta de creencia... Y Vino Mariani no constituye una excepción a esa regla, por lo contrario; en alguna medida (buena medida, diría) el Indio es un poco Mariani, porque en definitiva, al igual que el franchute aquel; también Solari puede diseñar un envase exclusivo para su producto y también puede ilustrar lujosamente su catálogo.
Y si él, por puro pudor nomás, no se atreve a eso de montar un pantagruélico evento en el cual "captar y fidelizar clientes"; su patrón, Patricio Rey, sí es perfectamente capaz de hacerlo, ¿por qué no? Es Patricio quien inspecciona el bar y lo aprueba levantando su pulgar, ese bar que "atenderá un amigo fiel", es decir, alguien digno de toda la confianza como para encargarle la tarea de satisfacer el caprichito de todos y cada uno de los invitados, dándoles lo que se les ocurra pedir además de los tragos; hasta cierto polvito blanco, si cuadra; o compañía femenina de esas "tipas", o quizá una condescendiente, elogiosa nota de alguno de esos periodistas ("cronistas"), que después de todo, también para eso fue oportuna y convenientemente invitado a la fiesta ¿o para qué más?
Es asimismo Patricio quien controla que nada falte en el vip ("las mesas estelares"), que esté atenta y en sus puestos la gente para la seguridad del lugar ("unos pelusas cuidando el jardín"), que la música y la iluminación ("luces y el mejor DJ atronador") estén perfectas y funcionen eficazmente, que los premios a entregar estén convenientemente dispuestos ("premios en el escenario"), y es, en fin, el que se da cuenta del detalle de que a uno de los invitados hay que ubicarlo en el vip ("un lugar allí"), de manera de captarlo como cliente ("una oferta más"); porque al final de cuentas, che, esto es una fiesta, sí, pero de laburo, de conveniencia, y como es sabido, donde se come, no se caga ("no vas a bromear con eso").
Y a la hora de elegir los lugares en los que sentar a cierta parejita feliz, Patricio será todavía capaz de esbozar "la risa más ingenua" y su corazón "vacilará la noche de hoy". ¡Minga su risa será ingenua y su corazón vacilará! Él sabe perfectamente cómo fueron las cosas; pero bueh, la vida sigue y the show must to go on...
Dicen que el francés se llevó a la tumba el secreto de la fórmula de su vin Mariani. Macanas. El "secreto" de su éxito no estaba sólo en la receta (que por lo demás, era simplemente un litro de tinto de Burdeos y hojas de coca que entregasen entre 150 y 300 mg de cocaína); sino en los métodos que usó para propagandizar su producto. Eso era lo que valía ("el culo que valés es tu secreto"). Y entonces ahora ("una vez más"), se utiliza, por parte de Patricio una de las herramientas publicitarias a las que en su momento apeló Mariani: una fiesta con celebridades invitadas. Porque después de todo, lo que fue eficaz una vez y hace tiempo; bien puede serlo ahora también, ¿no? Y, sí... "total, no es más que el mundo de plateas de hoy". De plateas vip, claro, obvio, ¿o creías que a los camerinos te iban a invitar a vos?
Y como El perfume de la tempestad no es sólo un disco, lo metafórico no se agota en la poesía, en la lírica; sino que está también en el arte. ¿Te fijaste en la ilustración de Vino Mariani? ¿No? Harías bien en contemplarla minuciosamente. Mirá:

¿Qué percibís en lo que ves? De fondo está la tempestad, simbolizada en los rayos; al frente, en primer plano, lo tenemos a Patricio Rey con lentes oscuros, una gorra Nike, una campera o un buzo Adidas y levantando los dos pulgares en señal de conformidad, dando el OK. Atrás de todo, aparecen jets privados, en clara alegoría de las celebridades, de esos invitados vip que llegan a la festichola provenientes de todo el mundo. Y en el medio, detrás de Patricio, la imagen de una mujer. ¿Y qué mujer? Pues Marilyn Monroe, de ella se trata, como podés apreciar mejor al principio de todo en la ilustración que armé yo y que encabeza este artículo.
Pero no es una imagen cualquiera de Marilyn Monroe, no; es una imagen, una en particular, y cuya inclusión en el arte del Indio tiene un por qué: es que se trata, esa estampa, de un ícono publicitario por excelencia. ¿Cómo? Sí, así como lo escribí.
Ocurre que el 1 de julio de 1962, Marilyn había hecho una sesión de fotos para el fotógrafo George Barris, en las que aparecía en las playas de Santa Mónica, "vestida" tan sólo con un grueso suéter de lana tejido artesanalmente en Guadalupita, México. Un mes más tarde, el 6 de agosto, Marilyn moría en circunstancias poco claras. Y lógicamente, las imágenes de esa su última sesión de fotos, fueron muy difundidas.
Tanto, que a partir de ahí, los suéters artesanales de Guadalupita tejidos por Juan Martínez Nava (el diseño había sido de su hermana, Rosario), adquirieron súbitamente una impensada fama. Todo el mundo quería tener el suéter de Marilyn.
Igualito a lo que había pasado con el vin Mariani: si en los afiches aparecían el rey de España, la reina de Inglaterra, el zar de Rusia, el shah de Persia, el papa, actores y actrices, escritores y científicos tomándolo; y bueno, pues entonces, había que tomarlo, ¡qué joder!   
Y hasta aquí viajamos juntos por esta ruta solariana, ojalá lo hayas disfrutado; yo me bajo acá.
Que el éxito te acompañe siempre y tengas una buena vida. Chau.

-Juan Carlos Serqueiros-