miércoles, 17 de abril de 2013

UN GRINGO MACANUDO, CHE








































Escribe: Juan Carlos Serqueiros

"I think any city with the same population of Buenos Aires also boast lovely women alike." (Thomas George Love)

"If then we were asked what should be done with a free press, we would answer: leave her alone..." (Thomas George Love)
"Our solemn asseveration that, under the administration of Governor Rosas, never has edition in any part of the world, been more unshackled than we have been..." (Thomas George Love)

Thomas George Love fue un inglés a quien el azar de la vida trajo a nuestro país, tierra esta a la que aprendió a querer y en la cual se afincó.
Nacido en Londres en 1792, llegó a Buenos Aires en 1820 para dedicarse al comercio. La ciudad lo cautivó al extremo de embelesarlo, a punto tal; que se lo considera el autor de un libro editado en Londres en 1825 bajo el pseudónimo An Englishman (Un inglés) y titulado: A Five Years' Residence in Buenos Ayres, during the years 1820 to 1825, publicado aquí como Cinco años en Buenos Aires, 1820-1825.



Se trata de un librito que se compone de 8 capítulos, muy entretenido e interesante en tanto refleja una mirada no contaminada por nuestras disensiones intestinas ni causada por ningún móvil espurio, de un extranjero sobre Buenos Aires, su arquitectura, economía, cultura, usos y costumbres, paseos, diversiones y entretenimientos, política, legislación, comercio, la belleza de sus mujeres, etc. Ha sido recientemente reeditado en Argentina, de modo que es de muy fácil consecución. Si bien no hay documentación que respalde más allá de toda duda la aseveración de que la autoría es de Love; mucho menos la hay para refutarla. Paul Groussac y Rafael Alberto Arrieta entre otros, afirman que le pertenece a Love; como así también la tradición transmitida oralmente de generación en generación entre la colectividad inglesa en Buenos Aires, el estilo literario se corresponde con el que empleaba Love, y en el libro se consigna inequívocamente: "Cuando yo desembarqué, en octubre de 1820"; lo cual concuerda con el mes y año en que llegó Love a Buenos Aires. Es decir, camina como pato, tiene plumas y hace cua cua, ergo; es un pato. Todo indica que An Englishman era Thomas George Love, y a menos que aparezcan nuevos elementos que lleven a inferir que no sea así; puede darse por agotado el tema.
Love no podía apellidarse de otro modo: romántico y enamoradizo, moría por las mujeres. Tanto le gustaban y tanto las amaba, a todas, que para no pertenecer a ninguna; permaneció irreductiblemente soltero. Si por una elemental cuestión étnica no puede catalogárselo como un latin lover; sí puede decirse sin dudas que fue un british lover. Seductor nato, el hombre siempre andaba a la conquista de algún corazón femenino; literalmente, las porteñas al gringo, lo daban vuelta.
Cité precedentemente que se dedicaba al comercio, y en efecto, así fue. Pero no se trataba lo suyo de una casa, una firma, un establecimiento que giraba bajo tal o cual razón social; sino que fue más bien una especie de director general del consorcio conformado en los hechos por el grupo de los comerciantes ingleses. Hoy lo definiríamos como alguien que era el CEO, el que ejercía el management, digamos.
Filántropo y deportista entusiasta, su natural bonhomía, la simpatía que emanaba de su persona, la proverbial honradez con la que invariablemente procedía, la vasta cultura que poseía y la confianza que inspiraba; llevaron a que desde el puesto clave de secretario de la British Commercial Rooms (Sala del Comercio Británico) que detentaba, se convirtiera en una personalidad relevante en la sociedad porteña.
Parece haber sido un buen administrador de intereses ajenos y un eficaz generador de beneficios para terceros, a la vez que un mediocre tutor y procurador de los fondos suyos; según se desprende de las constantes tribulaciones financieras que hubo de pasar. Digamos, un más que eficaz gerente del comercio de otros; pero no muy hábil a la hora de ejercerlo por cuenta e interés propios.
En 1826, Love fundó un periódico semanal en idioma inglés, que a la postre resultaría el emprendimiento por el cual sería recordado por la posteridad: el British Packet and Argentine News (Paquete Británico y Noticias Argentinas), que salía los sábados y que estaba dirigido a la colectividad británica, con noticias locales e internacionales y por supuesto; toda la información atinente al comercio.
Al principio, el British Packet no incluía artículos vinculados con la política local (posiblemente porque si bien era Love quien lo había creado y quien escribía en él y lo dirigía; el periódico era propiedad de la Sala Comercial y ésta debe de haber querido -con buen criterio- abstenerse de expresar opinión editorial al respecto); pero a fines de 1828 (ya era Love el propietario) al producirse el golpe de Lavalle del 1 de diciembre de 1828, que derrocó a Dorrego; el British Packet (y la prensa en general, y la población, y...) debió soportar una más que difícil situación; ya que hasta fue cerrado, y no poco debe de haber tenido que ver con ello el pormenorizado detalle de los funerales de Dorrego que hizo el periódico en su edición del 26 de diciembre, y que obviamente, tiene que haber exasperado al autor material del magnicidio y también a los instigadores del mismo, es decir: Lavalle, Varela, del Carril, etc. -justamente, por esos días, del Carril escribió, refiriéndose a los honores fúnebres, en carta a Lavalle: "(...) mucha gentuza a las honras de Dorrego (...)"-. Así las cosas, no es de extrañar que a partir de todo eso, surgiera un Love enrolado decididamente entre quienes propugnaban la ascensión al gobierno del único hombre que se mostraba capaz de garantizar el orden: Juan Manuel de Rosas.
Se ha afirmado que Love no figuraba como editor responsable del British Packet debido a que se negó a sacar carta de ciudadanía argentina, prefiriendo en cambio; recurrir a terceros que se prestaran a aparecer en ese carácter. No deja de ser cierto, pero así expresado, sin el imprescindible agregado del contexto; resulta ser esa una verdad a medias. Veamos:
El 1 de febrero de 1832, Rosas emitió un decreto por medio del cual se establecían ciertas limitaciones y restricciones a la libertad de imprenta, como por ejemplo la obligatoriedad de consignar en la publicación el nombre y apellido del editor responsable de la misma, y la de asumir éste, en caso de ser extranjero, la ciudadanía argentina renunciando a la nacionalidad de origen. Los historiadores antirrosistas, con su habitual costumbre de medir con distinta vara, lo atribuyen a la condición de "tirano" de Rosas. Absolutamente inexacto. El decreto estaba motivado en: a) lo estipulado en el artículo 6 del Pacto Federal; b) los excesos intolerables en que había incurrido la prensa durante el período iniciado en el golpe de Lavalle del 1 de diciembre de 1828; y c) el espionaje extranjero; y así tal cual lo expresaba Rosas en carta a Quiroga del 28 del mismo mes y año:

"(...) He tirado en estos días un decreto sobre uso de la libertad de imprenta. Me ha movido a hacerlo la necesidad de dar cumplimiento exacto al artículo 6° del tratado de los Gobiernos; también el deber de cruzar los manejos de los Unitarios Decembristas; asimismo la conveniencia de contener la influencia de los extranjeros al menos en una gran parte. Además ya que no puedan al todo desarmarse las logias secretas, el decreto no podrá menos que dar el resultado de debilitarlas; así como nos pone en guarda contra los espías y revolucionarios enviados ocultamente a los pueblos de América, no sólo por los españoles, sino también por los que no lo son (...)" (sic)

Siendo como era, fervoroso rosista, Love  no estaba ni remotamente comprendido (ni tampoco el British Packet) en los propósitos que perseguía el decreto, pero observador puntilloso de la ley, se atuvo a la misma, y conociendo perfectamente que un pedido de excepción de su parte colocaría al Restaurador en el incómodo deber de tener que denegárselo; se abstuvo cuidadosamente de gestionarlo. Pero no fue por eso que Love no se hizo argentino, que no renegó de su ciudadanía inglesa; sino simplemente porque a esa nacionalidad pertenecía y así quiso mantenerse. Nació inglés y murió como tal porque amaba a su país y no quiso para sí la hipocresía de aparentar un sentimiento patriótico hacia nuestra nación que no sentía. Love se consideraba un buen amigo de la Argentina, y en efecto lo fue. Y con eso le bastó para demostrar en lo tangible, un apego a esta tierra y su gente que inclusive superó y con creces, al de muchos de los nacidos en ella.
El British Packet fue un periódico netamente rosista, pero más allá de ello; fue resueltamente pro argentino y se mostró invariablemente como un firme defensor de los derechos de nuestro país frente a la agresión de Francia con su bloqueo, y fue aún más allá: en el conflicto con la entente anglofrancesa, Love, aún siendo inglés; deploró y criticó acerbamente la errónea política de su país y puso de manifiesto desde el British lo injusto del ataque de su propia nación hacia la nuestra. Y entiendo menester destacar que su periódico no recibía por parte del gobierno de Rosas subvención alguna, ni figuró nunca en la lista de "fondos de reptiles" que el Restaurador destinaba a sobornar periodistas extranjeros para que apoyasen a la Confederación Argentina en la cuestión con Inglaterra y Francia. Y no sólo eso, sino que además; Love rechazó el ofrecimiento oficial que se le hizo de adquirirle una cantidad extraordinaria de ejemplares del British sosteniendo la postura argentina, para enviarla al exterior. Y es que el gringo don Jorge (así se refería a él afectuosamente Rosas, que le profesaba gran estima y consideración), en tanto auténtico y verdadero gentleman; hacía un culto de la estricta observancia del fair play.
Su apoyo a la causa de la Confederación Argentina habría de costarle caro a Love. Los ataques contra su periódico y hasta contra su persona que desde Montevideo se le hacían a través de la prensa que respondía a los intereses del gobierno intruso del pardejón Rivera y los unitarios argentinos emigrados, alentada y solventada por la firma comercial Lafone & Cía. a la que se le habían cedido los derechos aduaneros del puerto oriental, serían feroces y harían no poca mellla en su ánimo y en su físico. Su espíritu romántico e idealista no pudo soportar el tremendo impacto de la maledicencia y el agravio: súbitamente enfermó de gravedad, muriendo el 28 de noviembre de 1845. Fue sepultado el 30, en el cementerio protestante de la calle de la Victoria (la actual Hipólito Yrigoyen). 
Debe de haber en la perinola del destino una cara "todos pierden"; porque ese 28 de noviembre la sociedad porteña perdió a uno de sus más conspicuos integrantes, el gobierno de Rosas perdió a un firme sostenedor, la Confederación Argentina perdió a un buen amigo del país y la Humanidad perdió a una buena persona.
Vaya uno a saber en qué dimensión estará flotando el alma del gringo Love, pero tengo para mí que en la que fuere; de seguro andará su alta y desgarbada figura por la Alameda, galanteando a alguna bella porteña de esas que hacían latir más fuerte su enamoradizo corazón. Amén.

-Juan Carlos Serqueiros- 

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