lunes, 19 de mayo de 2025

LAS CASAS NATALES DE ALBERDI Y MONTEAGUDO























Escribe: Juan Carlos Serqueiros

En la ciudad de Tucumán, en la calle que era indistintamente designada como del Cabildo y de San Francisco (9 de Julio en la actual nomenclatura) número 8 (hoy número 26), se situaba la casa en que nació Bernardo de Monteagudo. La misma ya no está, y en ese lugar hay… una pizzería.
Sobre la misma calle, unos pocos metros más atrás ("más atrás", en el sentido de circulación vehicular de esa arteria, me refiero), en la acera opuesta y casi en la esquina de 24 de Setiembre y 25 de Mayo (25 de Mayo y 9 de Julio son la misma calle, que cambia de nombre al intersectar con 24 de Setiembre), se alzaba la casa natal de Juan Bautista Alberdi. ¿Y sabés qué? Ya no está tampoco, y como ironía cruel del destino, en la actualidad, también hay allí… una pizzería.
Qué cosa, ¿no? Si hasta parece una burla de la historia. O mejor dicho; una burla a, la historia. 
Que lo parió, dijo Mendieta.

-Juan Carlos Serqueiros-


sábado, 17 de mayo de 2025

LAS PLATAFORMAS DIGITALES NO SON NEUTRAS



















Escribe: Gabriela Borraccetti 

Lo que ves y escuchas en YouTube, también puede eventualmente afectar tu salud mental. Por ejemplo: yo di con un canal (y como ese, muy probablemente habrá otros) que publica videos donde una supuesta IA “habla por sí sola” y anuncia un apocalipsis, encierros y el fin del mundo.
Aunque se presenta como ficción, el contenido es tan pero tan sugestivo y repetitivo, que puede generar ansiedad, paranoia e incluso brotes psicóticos en personas vulnerables.




Por supuesto, lo denuncié en YouTube, como corresponde, pero además; como psicóloga, me preocupa que este tipo de videos siga circulando sin regulación ni filtros éticos,. Y más aún me preocupa que los algoritmos que lo promueven estén diseñados por un puñado de personas que priorizan clics y rentabilidad y no salud mental ni verdad.
Recuerda, por favor: las plataformas digitales no son neutras en absoluto. Sus sistemas y sus IAs reflejan intereses comerciales y sesgos ideológicos.
Precisamente por eso, se impone como urgente abrir el debate: ¿Quién decide lo que vemos, sentimos y creemos?
Si el tema te inquieta tanto como a mí, entonces difundí y compartí esto. El silencio también es parte del problema.

Lic. Gabriela Borraccetti
Psicóloga Clínica
M. N. 16814

jueves, 15 de mayo de 2025

MÁSCARAS











































Escribe: Juan Carlos Serqueiros

El escritor, periodista y guionista cubano Leonardo Padura (n. La Habana, 1955), es el autor de una serie de novelas protagonizadas por el personaje literario teniente Mario Conde: un policía que no halla explicación acerca de por qué lo es (ya que su vocación —no tornada aún en realidad tangible— es la de ser escritor), honestísimo, melancólico, desengañado y escéptico, fumador empedernido y que bebe cantidades industriales de ron y cerveza.
Mario Conde (a quien sus amigos y conocidos llaman “El Conde”) es la “excusa” de Padura para trasladar al libro su propia visión —ferozmente crítica, por cierto— acerca de la sociedad cubana actual, en tanto nos pinta un país distópico que agoniza entre el caos, la corrupción, la molicie, la miseria y el atraso.
“Máscaras” es la tercera novela de la tetralogía Las cuatro estaciones, escrita por Padura entre 1991 y 1998 (dicho sea de paso, hoy por hoy la saga Mario Conde ya lleva diez entregas, la última de ellas editada en 2022).
Yo había leído las dos primeras: “Pasado perfecto” (ed. 1991) y “Vientos de Cuaresma” (ed. 1994), y en rigor de verdad, debo decir que no me conmovieron. Ojo: no estoy afirmando que no me gustaron ni que me parecieron malas; sino simplemente que no me atraparon, sólo eso. Así que había relegado al bueno de Padura a ese rincón en que uno suele archivar los libros destinados a ser leídos en algún momento (que generalmente, ¡ay!, nunca llega).
Pero hete aquí que días pasados, mientras escuchaba “Habrá consecuencias” por El Destape, me di con que Ari Lijalad citaba a Padura entre los autores de novela policial que habían creado personajes literarios caracterizados por su afición a la buena gastronomía, entre los cuales mencionaba también al Comisario Montalbano de Andrea Camilleri (lo cual efectivamente, se da en el caso del policía italiano; pero difícilmente pueda aplicarse también al de Mario Conde, quien limitado a deglutir los sancochos —eso sí: muy apetitosos— que le prepara Josefina, la madre de su entrañable amigo el Flaco Carlos, se encuentra tan distante de la haute cuisine como La Habana lo está de París). Igual, más allá de ese detalle; lo cierto es que el comentario de Ari Lijalad me condujo a darle a Leonardo Padura otra oportunidad de cautivarme, porque a ver: ¿y si al fin de cuentas resultara que yo, obnubilado por el método ILVEM de lectura rápida que cargo como un estigma desde que tenía 12 años, no me hubiese percatado de que El Conde es en realidad un refinado gourmet? Así las cosas, me puse a leer “Máscaras”, y esta vez sí que Padura me pegó fuerte. No es buena; es MUY BUENA, de verdad.
¿La trama? Te cuento: en el parque El Bosque, de La Habana, un 6 de agosto, día en que la iglesia católica celebra la transfiguración de Jesús, es hallado el cadáver de un travesti que ha sido estrangulado con un lazo de seda roja. Esa “mujer sin los beneficios de la naturaleza”, como la define textualmente Padura, a quien luego de asesinarla le han metido dos monedas por el culo, resulta ser Alexis Arayán, hijo de un diplomático del gobierno cubano, y obviamente, dada la importancia y notoriedad del encumbrado funcionario, la policía espera resolver el caso a la brevedad y con el menor escándalo posible. Por ello el Viejo, su jefe, llama a Mario Conde (que a todo esto, debido a una sanción disciplinaria, se encuentra sujeto a investigación interna y cumpliendo funciones meramente administrativas) y le encarga la investigación. En el transcurso de la misma, el teniente deberá vencer sus propios prejuicios y alternar con un excéntrico, refinado, cultísimo e inteligente artista y escritor homosexual: el Marqués, quien lo acompañará en un trip por los entresijos de un sórdido submundo de nihilistas conversos al marxismo y marxistas convertidos en mierda (sic), entre los deslucidos pretiles que vienen a ser mudos testigos de la otrora bellísima arquitectura de La Habana hoy poco menos que en ruinas, en procura de despejar la verdad sobre el asesinato del travesti. Allí reemplazará sus forzosos hábitos masturbatorios, con el placer obtenido al sumergirse en la negritud del vello púbico y enredarse en las acrobacias sexuales de Poly, una culito de gorrión sin nido (sic) y libérrima pintora posmoderna que con increíble maestría lo satisface con todos sus orificios. El desenlace es impactante, porque el Conde no se conforma sólo con la resolución formal del caso y su rehabilitación como policía; sino que su búsqueda es mucho más ambiciosa…
En suma, una ácida viñeta de Padura, magistralmente escrita, sobre un régimen marxista que se evidencia como represor del homosexualismo ostensible y otras conductas socialmente reprobables (sic), continuador de la homofobia que arranca con la llegada de los españoles a los que les pareció cochino y bárbaro lo que hacían nuestros inditos sodomitas (sic). No te prives de leerla, te aseguro que esta novela vale la pena.

-Juan Carlos Serqueiros-

martes, 13 de mayo de 2025

SUEÑOS DE DIVÁN























Escribe: Gabriela Borraccetti 

Estaba feliz por haber comenzado análisis, pero esta vez había que enfrentar una situación que sin duda cambiaría de modo inexorable la relación entre ella y su analista: había soñado un encuentro sexual con él, y si bien en las imágenes no aparecían escenas de sexo explícito; el final del guion onírico se veía coronado con el acolchado del diván lo suficientemente arrugado, revuelto, como para testimoniar que el encuentro se había dado en el mismísimo consultorio.
Ella finalizó el relato de su sueño, y a sus espaldas lo escuchó decir: 
—Levántate.
Sobre sus mejillas corrió una especie de hormigueo que no la dejó pensar, y en un segundo (como ese que describen aquellos que estuvieron al borde de la muerte), imaginó tanto la posibilidad de tener que terminar su relación como paciente, como la de ser abrazada en señal de aceptación. Temblorosa, se puso de pie, y él volvió a indicarle:
—Observa el diván. ¿Cómo está el acolchado?
Repentinamente, ella comprendió que la imagen que tenía delante era idéntica a la del sueño, y sin embargo; el desconcierto no la dejó pronunciar palabra.
Lo miró como escrutando algo más, y él agregó:
—Si hubiésemos tenido sexo, ya no tendrías la necesidad de enfrentarte con tu angustia. Pareciera que el diván no te hace tan feliz. Hasta la próxima sesión.
Y allí, en ese instante, ella supo que la relación en efecto había cambiado inexorablemente: de ahora en más, él se convertiría en su analista.

Más artículos en www.psicoastrologuia.com

Gabriela Borraccetti
Psicóloga Clínica
M. N. 16814

domingo, 11 de mayo de 2025

11 DE MAYO, DÍA DEL HIMNO NACIONAL ARGENTINO



























Escribe: Juan Carlos Serqueiros

"El himno de mi patria es el más hermoso del mundo". Si habremos leído / escuchado afirmar eso, ¿no? Cientos de veces, seguramente.
Y no deja de ser un lugar común, una frase hecha, como tantas otras, porque a ver: ¿para cuál nación su himno no será “el más hermoso del mundo"? Para nosotros es el nuestro, para los franceses La Marsellesa, para los ingleses God Save The Queen, para los alemanes Das Lied der Deutschen y así...
Para mí también, claro, nuestro Himno Nacional es el más hermoso del mundo; pero no lo sostengo sólo por patriotismo, por pertenencia a la nacionalidad argentina y por la excelsa calidad lírico musical (reconocida en todo el orbe, por otra parte) de sus estrofas y de su melodía, sino además (y fundamentalmente); porque en él se expresa la gloria de nuestra nación: haber cortado las cadenas del despotismo para liberarnos nosotros y los pueblos hermanos; para luego dejarlos dueños de sus destinos. Jamás sojuzgaron nuestros ejércitos a pueblo alguno de la tierra, y sólo fueron emisarios de la libertad. Si hasta tuvimos la generosidad de suprimir las estrofas que pudieran resultar "ofensivas" a los descendientes de los tiranos que nos oprimían.
Y todo eso... no es poco ¿o cuántas naciones pueden enorgullecerse de ello? ¡Argentinos, feliz Día del Himno Nacional!

-Juan Carlos Serqueiros-


sábado, 10 de mayo de 2025

EL FLOREO DEL TANO BERLINGIERI























Escribe: Juan Carlos Serqueiros

Todas las versiones de "Quejas de bandoneón", el maravilloso tango de Juan de Dios Filiberto, grabadas por la orquesta de ese genio único e irrepetible que fue el Gordo Aníbal Troilo, son en esencia prácticamente idénticas entre sí (sobre todo, porque es archisabido que Pichuco le daba al lápiz sin asco a la hora de tachar los arreglos que sus orquestadores le proponían, desechando la mayoría de ellos y dando su aprobación sólo a unos pocos).
Pero entre ellas (que son cinco, todas con arreglos del Gato Astor Piazzolla), hay una que se distingue por un pequeñísimo detalle que hasta donde me es dable saber, ha pasado extrañamente inadvertido: la registrada el día 16 de diciembre de 1958 para el sello Odeon, disco 52496, matriz 23722, en la que el extraordinario pianista Osvaldo Berlingieri, en el minuto 1:53, introduce un breve, fugacísimo "adorno", un "arabesco", un "firulete" (yo le digo arpegiado; algunos me han dicho que se llama glissando o glissé, e ignoro si será cierto, porque no sé música) ejecutado pasando rápidamente el pulgar sobre tres teclas, que al ejecutar ese tango no lo hicieron ninguno de sus otros pianistas a saber: Goñi, Basso, Figari, Manzi y Colángelo.
Escuchala cliqueando en este enlace:


Después, hacé la comparación con las otras versiones del mismo tema interpretadas por Troilo con los demás pianistas que tuvo: tanto las dos restantes que grabó (27.09.1944 para RCA Victor, disco 60-0560-A, con José Basso al piano; y otra en fecha no precisada de 1952 para el sello TK, disco S5100, matriz 126, con Carlos Figari), como así también las que lo tocó en vivo y están reproducidas en YouTube (la de 1972 en el teatro Colón y la de 1974 para la película “Esta es mi Argentina” dirigida por Leo Fleider con guion de Cátulo Castillo, ambas con José Colángelo al piano):





Y así podrás comprobar que aquella licencia interpretativa que se permitió Berlingieri, quedó acotada a la versión en la cual el pianista es él mismo.
¡Hasta la próxima!

-Juan Carlos Serqueiros-

Imagen de portada: Elisa Semino, El alma está en orsai, acuarela, contemporáneo.


martes, 6 de mayo de 2025

CREER O REVENTAR


CREER O REVENTAR
(Poema de Gabriela Borraccetti)

Un perro que mira con tristeza
Animales encerrados en bolsas selladas
Como si fueran juguetes
Políticos fogoneados por intereses espurios
Poderosos que nos roban a diario
Ricos que se cagan en pobres
Pobres que intentan trabajar
Pobres que no trabajan ni quieren
Ricos que no lo hicieron jamás
Sangre derramada por sangre
Por violencia
Por odio
Por carencia
Por prejuicios
Por necedad
Y nosotros mirando tras el vidrio
Sin saber si creer
O reventar.

-Gabriela Borraccetti-

Imagen de portada: Jesús Colomina Orgaz

domingo, 4 de mayo de 2025

LA BESTIA POP














Escribe: Juan Carlos Serqueiros

LA BESTIA POP
(Beilinson - Solari)

Mi héroe es la gran bestia pop
que enciende en sueños la vigilia
y antes que cuente diez dormirá
A brillar mi amor
vamos a brillar mi amor
Mi amigo está groggy sin destilar
pero yo sé que hay caballos
que se mueren potros sin galopar
Voy a bailar el rock del rico Luna Park
y atomizar la butaca y brillar
como mi héroe la gran bestia pop

La característica principal de este tema es su ambigüedad. Todas las frases sugieren algo difuso, tienen un sentido y pintan un contexto, pero lo hacen a partir de sugerencias, alusiones y atisbos; no son definiciones concretas.
La canción está dedicada a un barra brava, ya fallecido, de Gimnasia y Esgrima La Plata: José Luis Torres (a) el Negro José Luis, pero su letra no trata específicamente acerca de él; sino que es una especie de enunciado sobre ciertos aspectos del pop y del rock como espectáculo.
Un párrafo aparte merece el solo de saxo de Willy Crook, ese fraseo musical pegadizo que todos hemos silbado alguna vez, ¿no? Los bobos de siempre, esos que no tienen historia redonda sobre sus espaldas y que constantemente creen haber descubierto el agujero del mate, han llevado su atrevimiento al extremo de sostener que Solari y Beilinson plagiaron esa melodía, la cual atribuyen a Maurice Jarre, autor de la banda de sonido de la película "Lawrence de Arabia" (1962). La verdad está tan distante de ese delirio como lo está La Quiaca de Tombuctú, porque lo cierto es que esa música, uno de cuyos fragmentos ejecuta Willy en "La bestia pop", nació en la década de 1920 (en 1928 y en Yanquilandia, para los amantes de la precisión), y es la de una canción titulada "Softly, as in a Morning Sunrise", compuesta por Sigmund Romberg sobre una letra autoría de Oscar Hammerstein II para la comedia musical titulada The New Moon. La hicieron en ritmo de tango, en razón de la temática que aborda: el lamento por un amor truncado. Al año siguiente, esto es, 1929; el sello Victor la editó en disco, interpretada en tiempo de fox trot por Nat Shilkret y The Victor Orchestra con vocalización a cargo de Franklyn Baur. Por su parte, Oscar Hammerstein recién la haría grabar en 1947, a gran orquesta. 
Desde que esa canción fue creada, muchos artistas la han tocado, cantado o ambas cosas, en los más diversos géneros y estilos. Particularmente, estoy inclinado a suponer que el Indio, Skay, o ambos, tomaron ese fraseo musical que en la edición original de Gulp hace el saxo de Willy Crook, de la versión de John Coltrane o quizá de la de Chet Baker, chi lo sa... 
A continuación, les dejo algunos enlaces:





Volviendo a la poesía, Solari sitúa la acción en el Luna Park, porque era allí donde se realizaban en los 80 los shows poperos más convocantes.
En la primera frase, “mi héroe es la gran bestia pop”, se sitúa en el lugar de alguien perteneciente al público, que asiste a un recital de pop-rock, toma como referente a un músico o banda determinada y lo hace su "héroe", cayendo en eso de llevar al extremo de la idolatría la admiración por un artista. 
También, y así como al pasar, hay una suerte de crítica -y a la vez de celebración (como señaló el propio Indio, la ambigüedad tiene en este tema un rol principalísmo)- a los jefes de las barras bravas futboleras (en este caso puntual, al Negro José Luis), y a la adhesión que despiertan entre quienes los siguen, tomándolos como héroes.
“Que enciende en sueños la vigilia / y antes que cuente diez dormirá”: Es una alusión mordaz, irónica, a lo fugaz del éxito de algunas bandas. El Indio juega con una aparente contradicción, que en realidad no es tal: ese músico o banda que se convierte en el "héroe" del espectador, le provoca una suerte de vigilia (vigilia: estar en vela, desvelado, sin sueño); pero esa ilusión, esa expectativa que le despierta la música de su "héroe", es efímera; pronto el espectador se convencerá de que su "héroe" no es tan héroe, no es tan "estrella" como creyó, y se hartará de él, se "dormirá antes que cuente diez", es decir, se aburrirá rápidamente, se desilusionará. Lo de "antes que cuente diez" es una sutileza de Solari, porque el escenario donde sitúa la acción es el Luna Park, cuyo objeto es el espectáculo del box, entonces, usa una frase alusiva a un knock out: el conteo hasta diez cuando cae un púgil. Y hay de paso, flotando en la metáfora, una alusión a las condiciones de excelente peleador que evidenciaba el Negro José Luis.
“A brillar mi amor / vamos a brillar mi amor”: Ambas frases del estribillo denotan -y hasta ponen de manifiesto más aún- la ambigüedad de la letra: critica algo y al mismo tiempo lo celebra.
“Mi amigo está groggy sin destilar / pero yo sé que hay caballos / que se mueren potros sin galopar”: Tremendo palazo solariano a las estrellas del pop y del rock que se suben a la fama y aprovechan los placeres derivados de la misma: minas, drogas, limosinas, etc. El tipo está "groggy sin destilar", es decir, está aturdido por la celebridad que súbitamente ganó, y en ese contexto, sólo atina a abusar de las cosas a las que tiene acceso por su fama (en este caso puntual: la falopa y el alcohol). Pero su éxito es sólo aparente; no va a ser trascendente, no va a durar mucho, porque se trata de una "estrella" de la música, pero de efímero suceso. Es como un caballo que morirá potro sin llegar a galopar nunca, y lo compara con un flash de droga de mala calidad y una bebida alcohólica mal destilada. "Caballo" se le dice a una droga en particular: la heroína, y los "caballos que se mueren potros sin galopar" son dosis de heroína berreta, que no producen el efecto buscado, no llegan a provocarle un "viaje" al que la consume. Y otra vez tenemos aquí una metáfora de doble significación, ya que hay el recuerdo de un suceso que le aconteció en una cancha al Negro José Luis: cierta vez, dado vuelta por la falopa y el alcohol, se cayó de cabeza sobre un escalón de cemento, y así, groggy como había quedado luego del tremendo porrazo que se dio; se incorporó como si nada le hubiese pasado.
“Voy a bailar el rock del rico Luna Park / y atomizar la butaca y brillar / como mi héroe la gran bestia pop”: El Indio vuelve a situarse en el lugar del espectador que concurre al recital. Ese espectador se identifica con la estrella del pop a la que admira, a la que considera su héroe, y en su imaginación, se cree capaz de cometer sus mismos excesos: si su estrella se droga; él también lo hace, y si su héroe rompe la guitarra en el escenario; él también es capaz de atomizar la butaca, es decir, de romper todo (recordemos que eran constantes los destrozos producidos por el público en el Luna Park). 


ENLACE A LA CANCIÓN EN YOU TUBE

-Juan Carlos Serqueiros-


viernes, 2 de mayo de 2025

DECISIÓN INTERIOR













































Escribe: Gabriela Borraccetti 

Mayormente, las actitudes que asumimos ante los problemas son similares a las que tenemos frente a un muro: lo pasamos por arriba, o buscamos la puerta aunque nos lleve tiempo, o lo atravesamos dejando un agujero.
Saltarlo no enseña nada, pues puede ocurrir que sea demasiado alto y no sepamos cómo superarlo.
Atravesarlo dejando un agujero nos llena de fuerza, pero nos instala la creencia de que sólo podemos cambiar una vez que hemos juntado toda la bronca y el hastío para erupcionar como un volcán.
Y encontrar la puerta, que parece ser lo más sensato, es muchas veces una distracción que nos evade buscando afuera o en otros un salvoconducto que nos evite una crisis.
El picaporte de cualquier puerta se llama decisión interior y siempre está dentro de nosotros.

Lic. Gabriela Borraccetti
Psicóloga Clínica
M. N. 16814

lunes, 28 de abril de 2025

EL DEBATE












Escribe: Juan Carlos Serqueiros

Toda la movida que se produjo en torno al auspicioso acontecimiento que significa la obra teatral escrita y dirigida por Manuel González Gil y protagonizada por Pepe Monje y Gabriel Rovito: "El debate" (dicho sea de paso, te la recomiendo enfáticamente, es muy pero muy buena), vino a recordarme (innecesariamente, porque siempre lo tengo presente) mi puta suerte.
Aquel martes 13 de febrero de 1973 (yo no había cumplido aún 17 años) vimos con mi padre en el viejo televisor a válvulas comprado de segunda mano (al que había que encender un rato antes hasta que se calentara y empezara a emitir imágenes), en el programa "Las dos campanas", el debate entre José Ignacio Rucci y Agustín Tosco.
Como buen peroncho (porque lo soy incluso previamente a nacer: lo soy desde la panza de mi vieja), mis simpatías obviamente estaban con Rucci (lo cual no implica desconocer los altos méritos que deben atribuirse a un dirigente de la talla del Gringo Tosco).


Pero más allá de eso, ocurría y ocurre que, además de peronista; soy hincha del Globo, y en aquel debate, la vida me puso "en contra" de Tosco (que era de Huracán) y del lado de Rucci (que era de San Lorenzo). ¿Podés imaginar una desgracia mayor a esa de que en una pugna entre un quemero y un cuervo, yo tuviera que tomar partido por el segundo?
Me caigo en un pajar y seguro que me clavo la aguja, y si meto la mano en un balde lleno de conchas, seguro que saco una pija. Que lo re parió...
Aunque bien pensada la cosa (Borges dixit), a veces, no sólo la vida te da sorpresas (Rubén Blades dixit); sino que también te da revancha, y esta vez, a mí me dio las dos: el nieto de José Ignacio Rucci (hijo de su hija Claudia), Thiago Salischiker Rucci, hizo las inferiores en Huracán y actualmente juega en la reserva.


En fin... por una vez, al menos, y muchísimos años después del debate; sonó un tiro para el lado de la justicia y hay un Rucci situado donde corresponde: la Quema.
Más allá de las chicanas, no perdamos nunca de vista que Huracán-San Lorenzo es el clásico de barrio más importante del fútbol argentino, y que en cada familia quemera y/o cuerva, lo común, lo frecuente, es que el padre, la madre; el abuelo, la abuela; las hijas, los hijos; las nietas y los nietos, estén mezclados como hinchas de uno u otro. Pero sobre todo, recordemos siempre que sólo somos rivales deportivos; NO enemigos.

-Juan Carlos Serqueiros-


sábado, 26 de abril de 2025

COLA DE PAJA






















Escribe: Gabriela Borraccetti 

Hay quienes se definen a sí mismos como democráticos, tolerantes, amplios, entendidos... y sin embargo; se demuestran incapaces de poner en perspectiva una diferencia que, en cambio; gustan de profundizar aporreando tu procedencia o burlándose de tu dios.
Gente que se dice amiga y que cuestiona tus ideas y tu acento; hasta que un buen día sale corriendo horrorizada al verte sosteniendo una ristra de ajos, creyendo que estás espantando a Drácula, en lugar de pensar que simplemente acabas de volver de la verdulería.
Pero claro, ciertas paranoias provienen de la cola de paja... o quizá de pensar que el otro se les parece en lo retorcido.

Lic. Gabriela Borraccetti
Psicóloga Clínica
M. N. 16814

jueves, 24 de abril de 2025

MARGO


















































Escribe: Juan Carlos Serqueiros

El impresionismo invadió todas las formas de expresión, no hay motivo para que la letra del tango sea una excepción. (Homero Expósito)

Homero Mimo Expósito (1918-1987) no es meramente un autor que alcanzó la excelencia en el empleo de la metáfora, ni un punto muy alto —uno más entre otros similares o iguales, quiero decir— a la hora de evidenciar el poder de síntesis que se tenga. No, es mucho más que eso; es lisa y llanamente la sublimación de la metáfora, es LA metáfora (a modo de ejemplo: Trenzas de color de mate amargo, escribe en “Trenzas” como genial sinestesia). Expósito es, entre nosotros los argentinos, la canonización misma de la poética inscripta en el impresionismo.
Y es también el súmmum en cuanto a capacidad de concentrar algo enunciado previamente, ya sea en un texto universalmente celebérrimo [Y yo pienso en la hormiga y la cigarra: / —meta guitarra / que yo laburo— (“Polos”), en alusión a la fábula atribuida a Esopo y recreada por La Fontaine y Samaniego], o instalado definitivamente en el imaginario colectivo [Como un desnudo de vidriera (“Afiches”), alegórico de lo promiscuo]; acertando a acotarlo a la brevedad de unos pocos vocablos que reunidos, condensen, por ejemplo, la representación fidedigna de un alma devastada por la pérdida o ausencia de la persona amada o por el hartazgo de vivir [Por eso grito mi dolor desesperado / como hincado en las ternuras del pasado (“Óyeme”); Ventanal, y esta pena que envenena, / ya cansado de vivir y de esperar (“Sexto piso”) y Se me gastaron las sonrisas de luchar (“Afiches”)], o la traducción en palabras de la pintura de un paisaje [Un arrabal con casas / que reflejan su dolor de lata (“Farol”)].
Su poesía es intrínsecamente elegíaca en tanto verso libre (es decir, no sujeto a ninguna métrica determinada) que aborda temáticas decididamente tristes y de relato invariablemente pesaroso. Expósito fue tan pero tan grandioso, que los argentinos hubimos de esperar cuatro décadas para que ¡al fin! apareciera en nuestro universo cultural un poeta que pueda equipararlo, o al menos; asemejársele: Carlos Indio Solari.
Dicho sea de paso, hay, entrambos artistas, coincidencias notables, como por ejemplo, en la búsqueda obsesiva de la perfección en sus obras, en una ubicación política de izquierda —a la americana en el caso del Indio, más a la europea en el del Mimo— pero apartidista, y en una misma postura asumida frente a la bohemia. Mire si no:

Nunca milité en ningún partido, pero me considero un auténtico liberal, y por consiguiente tachado, muchas veces, como zurdo. (Expósito)

Mi guía fueron los escritores de la izquierda americana, quienes me acercaron a otros autores… Yo tengo un estilo, pero no es neutral, es de izquierda. Independientemente de que coincida o no en su articulado con la manera de ver la izquierda de los demás, pero el estilo nunca es neutral. (Solari)

Me acostaba diariamente a las 9, 10 de la mañana. Allí andaba yo con el "Indio" Galván, Francini, Stamponi, Contursi... Parábamos en El Ciervo, de Callao y Corrientes, en el bar Suárez, en el Tropezón… La bohemia murió en la década del 50 y debe haber ocurrido en todo el mundo, nunca más la vi. Ni acá ni en los países de Europa que visité. Éramos un enjambre de vagos que nos encontrábamos a las cuatro de la mañana. El tiempo entonces corría muy lento. La nuestra era una ciudad poblada día y noche, de horario eterno. Para mí, la bohemia hoy empieza muy temprano, a las 4 de la mañana cuando me levanto, me siento al piano y toco lo que estaba soñando. (Expósito)

Abandoné la bohemia cuando me dejó de gustar. Había empezado todo un chusmerío que ya no era la bohemia que yo reconocía, donde cantábamos embriagados todos juntos… Me empezó a joder que después de una noche de caravana iba a estar un día tumbado al pedo… Me levanto muy temprano, a las cinco de la mañana, leo alguna cosita que ha quedado por ahí dando vueltas… puedo pintar, grabar, escribir, hacer música, tengo la suerte de poder hacer lo que quiero en cada momento. (Solari)

Perdón por la digresión, mejor retorno al objeto principal de este opúsculo:

MARGO
(Homero Expósito, 1945)

Margo ha vuelto a la ciudad
con el tango más amargo,
su cansancio fue tan largo
que el cansancio pudo más.
Varias noches el ayer
se hizo grillo hasta la aurora,
pero nunca como ahora
tanto y tanto hasta volver.
¿Qué pretende? ¿A dónde va
con el tango más amargo?
¡Si ha llorado tanto Margo
que dan ganas de llorar!

Ayer pensó que hoy... y hoy no es posible...
La vida puede más que la esperanza...
París
era oscura y cantaba su tango feliz,
sin saber, pobrecita
que el viejo París
se alimenta con el breve
fin brutal de la magnolia
entre la nieve...
Después
otra vez Buenos Aires
y Margo otra vez
sin canción y sin fe...

Hoy me hablaron de rodar
y yo dije a las alturas:
Margo siempre fue más pura
que la luna sobre el mar.
Ella tuvo que llorar
sin un llanto lo que llora,
pero nunca como ahora
sin un llanto hasta sangrar.
Los amigos que no están
son el son del tango amargo...
¡Si ha llorado tanto Margo
que dan ganas de llorar!

Nadie pintó tan magistralmente como lo hace Expósito en esta su monumental “Margo”, la desilusión y la desesperanza que sobrevienen a la afanosa, desesperada y finalmente infructuosa, búsqueda del amor soñado e idealizado; y al desarraigo en que se incurrió al encarar la aventura (desventura) de dirigirse a tierras extrañas en pos de él. Y máxime, si quien sufre por ello es mujer (Y a más, mujer…, nos dice Luis Landriscina en su sentido poema “Maestra de campo”), y Mañana partirá mi tren / a la estación del olvido. / Un largo trajinar / por vías de dolor, / ansiando mi pronto arribo, nos sacude Andrés Clifford en su bellísimamente triste balada rock “Estación del olvido”).
En 1943, esto es, dos años antes de concebir “Margo”, Expósito ya había encarado el tema en otra sublime viñeta: “Percal”, narrando poéticamente el periplo de aquella piba quinceañera: la de tenías quince abriles / anhelos de sufrir y amar, / de ir al centro, triunfar / y olvidar el percal, que en procura de conquistar el centro, pira de su casa y de su barrio para después, ya perdida la juventud; terminar llorando porque el único anhelo que se le ha cumplido es el de sufrir. Todo lo cual se agrava al verter sobre la herida un chorro de vinagre en forma de brutal certeza: la de saber que al final / no olvidaste el percal. Pero desde luego, eso en modo alguno implica que “Margo” sea una especie de remake ni de segunda parte de “Percal”.
La cosa no arranca por el principio, sino por el final. Desde el vamos, el autor nos pone frente al aquí y ahora de Margo, para recién después, en las estrofas siguientes, pasar a contarnos sus cuitas.
Margo es en sí misma una apuesta al amor, ese que no pudo encontrar en el país; por ello decide emigrar para buscarlo en tierras lejanas: una cantante de tango recién retornada desde París a la ciudad (Buenos Aires). Vuelve decepcionada, angustiada, agobiada, frustrada, hastiada y desesperanzada. Y en la agonía de esperar por el amor, su canción se ha tornado acerba, más agria que antes, cuando se marchó (“Margo ha vuelto a la ciudad / con el tango más amargo, / su cansancio fue tan largo / que el cansancio pudo más”).
Y trascartón, Mimo nos obsequia con una metáfora exquisita. Muchas veces Margo fue presa del insomnio que la tuvo hasta el alba sin poder conciliar el sueño, pero no a causa de un sonido como por ejemplo, el estridular de un grillo; sino por la nostalgia y el desasosiego que la acuciaban en su extrañamiento (“Varias noches el ayer / se hizo grillo hasta la aurora, / pero nunca como ahora / tanto y tanto hasta volver”).
Y a continuación, el yo poético narrador, se pregunta: ¿Qué pretende? ¿A dónde va / con el tango más amargo?, para enseguida concluir: ¡Si ha llorado tanto Margo / que dan ganas de llorar! Interrogantes sin respuesta posible y que además, en realidad no están puestos para exigirla; sino que son simplemente el pie para exteriorizar el sentimiento compasivo enunciado inmediatamente después. Equivale a un “Adónde irá con su tango más triste que nunca la pobre Margo…”. ¿Se acuerda de esa verdadera joya que es “Domingo de agua”, de Osiris Rodríguez Castillos, en que se menciona a un peón de campo que en un domingo lluvioso no tiene novia que visitar ni —aunque la tuviera— tampoco caballo en el que ir a verla?: “Total… si vaya a’nde vaya / el triste nunca halla paz… / Conque más vale que llueva / me gusta oír garugar”? Bueno, es eso mismo.
Seguidamente, Expósito deja una sentencia que parece provenir de la expertise, y trae para Margo una suerte de obligada resignación, un cuasi fatalismo al estilo del popular “qué le vas a hacer… es así”: (“Ayer pensó que hoy… / y hoy no es posible… / la vida puede más que la esperanza…”). Es tal cual, la esperanza no sirve para nada que no sea detenernos estérilmente; lo que motoriza es el deseo. Y esa es la gran tragedia de Margo: esperar; en vez de desear.
Llegados a este punto, mi querido lector (y disculpe el atrevimiento, pero convendrá conmigo en que la circunstancia no sólo lo justifica, sino que incluso lo amerita), me animo a pedirle que preste especial atención a esto, porque lo de Mimo aquí es directamente de antología: conocedor profundo de París (tanto así, que la curtió por años: “Después me fui a París y aquello lo sentí como algo mío, al punto que ya me conocía todos los boliches”, manifestó en un reportaje), sabía perfectamente que la llamada ciudad luz no siempre es tan luminosa como generalmente se le atribuye ser (por constituir, en aquellas épocas, el faro cultural de occidente), y que mirada en detalle; también puede advertirse lo tenebroso de sus sombras (la visión romanticona sobre la tan mentada bohemia parisina es sesgada y el relato que pinta ya edulcorada y despojada de miserias, la relación entre artista y vida bohemia, es puro mito). Asimismo, había visto (y admirado, claro) la magnificencia de sus magnolios en floración. Y hombre de vasta erudición al fin, sabía que la flor del magnolio no tiene pétalos protegidos por sépalos como sí los tienen otras flores; la magnolia está conformada por indefensos tépalos que al menor roce o contacto, ennegrecen, ajándose su belleza y muriendo. En fin… digamos que París, minga de ciudad luz, puede ser oscura y amenazar con devorarse a la pobre y vulnerable Margo tal como la nevada a una magnolia (“París / era oscura y cantaba su tango feliz, / sin saber, pobrecita / que el viejo París / se alimenta con el breve / fin brutal de la magnolia / entre la nieve...”).
Así las cosas, arrasada por una pena existencial, Margo resuelve abandonar París y volver a Buenos Aires (“Después / otra vez Buenos Aires”). Esta Margo del regreso, tan distinta de aquella otra que recientemente llegada a París cantaba su tango feliz, sólo puede interpretar ahora tangos con letras hondamente tristes (después de todo, mi querido amigo, no debemos perder de vista que el tango no suele ser precisamente para la celebración jubilosa, sino para llorar lo perdido); por eso Margo está sin canción. Y descreída ya del amor al que había apostado todo lo mejor de sí, se ha convertido, en su honda decepción, en una Margo “sin fe” (“sin canción y sin fe…”).
Alguien —probablemente un metiche santurrón de esos que la van de moralistas y pontifican sobre la vida de los demás— arriesga un comentario… desafortunado y estúpido, digamos, atribuyendo el penar de Margo a la circunstancia de haber ella “rodado” (“Hoy me hablaron de rodar”). Cuántas veces habremos escuchado tangos en cuyas letras se menciona eso de rodar ¿no? Pero nadie conoce tanto a Margo como quien la creó; por eso el hablante lírico de la poesía le zampa al chismoso que emitió ese juicio a la ligera —y de paso, como alter ego de Expósito, también a cualquier otro… poco avisado, que malinterprete su poética coincidiendo con el pavote— su respuesta: “Y yo dije a las alturas: / Margo siempre fue más pura / que la luna sobre el mar”. Y seguidamente describe el horror del atroz sufrimiento por el que ella atraviesa y que soporta estoicamente sin que pueda tan siquiera dejarlo fluir en lágrimas (“Ella tuvo que llorar / sin un llanto lo que llora, / pero nunca como ahora / sin un llanto hasta sangrar”).
Y un cierre de aquellos, en el que vemos a Expósito florearse con su magistral dominio del lenguaje y con su inmensa capacidad para el manejo de los recursos de la lírica. Primero, urdiendo una metáfora que resulta estéticamente la más adecuada para pintar, poéticamente, la soledad de esa Margo del aquí y ahora, ya sin los amigos que antes, en otros tiempos, supo tener: “los amigos que no están”; y segundo, apelando a la polisemia al utilizar vocablos homógrafos, es decir, palabras que se escriben igual pero no significan lo mismo: “son el son del tango amargo...” donde emplea son, del verbo “ser”; y son como indicador de sonoridad. ¡Humille, Mimo! Dígame usted, querido lector, si no es directamente para imprimirlo, enmarcarlo y colgarlo en el living. Pero ojo al piojo: no es que Expósito esté alardeando, eh; ocurre que esos en apariencia lujos literarios, no son tal cosa sino que sencillamente entrañan la única manera de resolver perfecta y bellamente esos versos. Si en el mundo del tango Gardel es la perfección del canto y Troilo la perfección de la melodía (que lo son, sin dudas), Expósito es la perfección de la poesía.
Y para coronar esa obra maravillosa que es “Margo”, Mimo recurre a los mismos versos finales de la primera estrofa: “¡Si ha llorado tanto Margo / que dan ganas de llorar!”. Y es que esa metáfora es única e irremplazable, en tanto encierra toda la conmiseración, toda la compasión y toda la empatía.
El poema “Margo” fue musicalizado por Armando Pontier (1917 - 1983, Armando Punturero en el documento de identidad), compositor extraordinario y gran bandoneonista quien, zarateño como Expósito e integrante, junto a él; a Enrique Mario Francini y a Héctor Stamponi, de aquella runfla noctámbula, creativa e innovadora que provenía de esa ciudad y aledaños, acertó a ponerle la melodía justa a los versos de Mimo (aún cuando estos, al ser leídos, resuenan en los sentidos con musicalidad propia). Después de todo, no hay decreto alguno que nos sujete a la obligatoriedad de circunscribir nuestro goce al disfrute de la lectura de la poesía en estado puro, quiero decir, despojada de acompañamiento melódico - armónico - vocal; para privarnos así del placer de escucharla cantada, enriquecida y realzada con los elementos que le agrega la música.
Muchos cantantes han interpretado “Margo” y hay versiones de altísimo mérito y calidad superlativa, como por ejemplo y entre otras, la del Tano Alberto Marino con Aníbal Troilo y la del querido y siempre recordado Negro Rubén Juárez con Raúl Garello; pero la que más extasía mis sentidos es la de Julio Sosa con Amando Pontier, grabada en 1959. Es gloria de titanes, palabra.
Lo invito a que la escuchemos juntos, con una copa de noble y viejo tinto al alcance de la mano (y mejor todavía si es cabernet sauvignon):


Deleitémonos, pues. ¡Salud y hasta la próxima!

-Juan Carlos Serqueiros-