martes, 10 de abril de 2012

UNA RATA MUERTA ENTRE LOS GERANIOS













































Escribe: Juan Carlos Serqueiros

UNA RATA MUERTA ENTRE LOS GERANIOS
(Solari)

Con un soplo vacío mi boca
es tarde en la noche y no puedo dormir,
silenciosa, mi risa está oscura,
domina mis labios, me obliga a mentir.
Nieblas cubren el parque
ponen un velo que quita vida y da ilusión.
Necesito de algún paraíso
que obligue a mi cuerpo a jugar con vos.
Aunque estoy atado a tus diabluras
sabés que siempre estoy a favor del adiós.
Perros como fantasmas
que nos rodean en la neblina al caminar.
La belleza es siempre temible
y se hace difícil poder soportar
cuando vas de un silencio a otro
cubriendo tus ojos con mi soledad.
Nubes que son sospechas
(mientras me llegan perfumes de la tempestad)
Las ves?

Un día que aún no terminó, un día "de aquellos", en fin, uno de "esos" días...
Iba a escuchar a Braulio López, el Olimareño, cantando a dúo con Julio Víctor González, el Zucará, interpretando esa hermosa canción a Rocha (¡cómo me gusta Rocha! ¿"dónde hay un mango, viejo Gómez", para poder volver a sus playas?): En tu imagen, esa que dice "Esperanza dura en el cazón / bota y pescador oliendo a sal / sueño bucanero del galeón / piel de lobo, duna y roquedal".
Pero, vaya uno a saber por qué, en un arrebato terminé por poner El perfume de la tempestad y por detenerme en el (para mí) mejor tema de ese ramillete sublime de doce canciones: Una rata muerta entre los geranios. 
Y dejo volar el pensamiento y reflexiono en hasta qué extremos lleva el Indio el mantener su coherencia... ¿Vieron que en TODOS los discos, tanto en los del tiempo en que los Redondos eran una feliz realidad que hacía un poco más soportable esta vida que al final de cuentas uno no pidió; como en los tres enteramente suyos, siempre, SIEMPRE, hay dos temas que Solari considera los principales, y mete uno como inicio y otro como final? Bueno, El perfume no es la excepción: arranca con Todos a los botes! y culmina con este... TEMÓN. 
Y en ese divague, se me ocurre un jueguito: voy a hacer de cuenta que soy el Indio, a ver qué tal funca eso que llaman empatía, a ver qué sale...: 
Estoy en mi casa, en Parque Leloir... no tuve un buen día y para colmo, estaba jugando con Bruno en el parque, y encontré una desagradable sorpresa: "una rata muerta entre los geranios"; así que mi humor no es de los mejores. "Silenciosa, mi risa está oscura", me digo en un oxímoron -que me empeño en que no suene como tal- de esos que de tanto en tanto se me ocurren y que seguramente después algún pavote de esos en cuyas manos quedó todo el sueño, escribirá en una pared, o que algún boludito de la luna de esos de bohemia trucha y conventillera, con fingido aire abstraído repetirá, tratando de enganchar una de esas tipas porno-nazi look. Suelto un bufido de bronca impaciente, "con un soplo vacío mi boca", no puedo conciliar el sueño, "es tarde en la noche y no puedo dormir". En la cama, a mi lado, Virginia me pregunta si estoy preocupado, o enojado. ¡Pobre, mi amor! No puedo, no quiero entristecerla con mis pensamientos negros ¿para qué? Así que miento: finjo alegría y le respondo que no, que no me pasa nada, y me fuerzo hasta dibujarme esa "risa que está oscura", que "domina mis labios" y que "me obliga a mentir".
Me levanto de la cama, paso por el dormitorio de Bruno y lo contemplo durmiendo, con ese tesoro de los inocentes que perderá más temprano que tarde. Salgo a dar un paseo por entre las "nieblas" que "cubren el parque" de mi casa, tendiendo sobre la noche un manto que me entristece aún más, exacerbando mi melancolía, "un velo que quita vida", pero que a la vez, me "da ilusión"; porque después de todo, como cierta vez me dijo el torito Chas-chás: "al morir crecemos más que todas las galaxias"; así que en una de esas...
Tengo que salir de este estado de ánimo, mejorar mi humor, "necesito de algún paraíso que obligue a mi cuerpo a jugar con vos", Bruno; porque aún cuando disfruto intensamente de la inocencia de tu niñez y lo gracioso de tus travesuras, "aunque estoy atado a tus diabluras"; soy consciente de que crecerás y de que llegado el momento, te irás, buscando tu propio camino; esa es la ley de la vida... y "sabés que siempre estoy a favor del adiós". 
Sigo mi nocturno, desvelado paseo por el parque y desde la sombras surgen mis ovejeros alemanes, acompañándome... esos "perros como fantasmas que nos rodean en la neblina al caminar".
¿Sabés, Bruno, hijo mío? "La belleza es siempre temible". Esa hermosura de tu niñez, digo. Yo quisiera estar todo el tiempo con vos, quisiera en este momento mismo no estar solo, vagando por el parque de casa, desaría que no estuvieses durmiendo y que caminaras a mi lado; porque "se hace difícil poder soportar cuando vas de un silencio a otro cubriendo tus ojos con mi soledad".
Oigo los truenos que preanuncian la tormenta, los relámpagos iluminan fugazmente las tinieblas. Alzo mis ojos al cielo y ahí están ellas, esas "nubes que son sospechas" (mientras me llegan perfumes de la tempestad)". Y vos, hijo mío "¿las ves" al igual que las veo yo? Son esas nubes, justamente esas, las que me pusieron así, en este estado de ánimo triste, melancólico, malhumorado. No fue la rata muerta que encontré entre los geranios, no, esa fue sólo la excusa para escribir esto; fueron esos nubarrones los que despertaron en mí la sospecha, el pensamiento, la certeza más bien diría, de que algún día ya no estaremos juntos, porque yo habré partido... la muerte y yo; o porque vos, hijo, habrás crecido y te habrás ido. Y eso, Bruno, eso es lo que huelo, eso es el perfume de la tempestad.
Y ahora que exorcicé eso que me tenía mal, llegó el fin de mi caminata por el parque de casa. Me voy a dormir, y seguro que ahora sí voy a poder conciliar el sueño. Chau.
Ah!, díganle al Juanca, ese tal Juan Carlos Serqueiros, el nabo que anda dando vueltas por ahí, intentando interpretaciones pedorras de mis letras, que eso que hace es una cadorcha. Y ustedes, dejen de gritar como si fueran trolas histéricas eso de "sólo les pido que se vuelvan a juntar" ¿Con quiénes quieren que me vuelva a juntar, con los que me cagaron? ¿No entienden que los Redondos fueron una enorme historia de amor? Y esa historia de amor se terminó. ¿O nunca experimentaron la desilusión y el desamor como corolarios de una traición? Si no hay amor que no haya nada entonces, alma mía ¡no vas a regatear!
"No me lloren, crezcan". Nada me gustaría más que un cambio que me deje afuera. Demuéstrenme que estaba equivocado cuando escribí que en manos de pavotes todo el sueño quedó.

ENLACE A LA CANCIÓN EN YOU TUBE: http://www.youtube.com/watch?v=mOixi6Xt9N8

-Juan Carlos Serqueiros-

viernes, 6 de abril de 2012

LA REPÚBLICA DEL TUCUMÁN: TIC TAC EFÍMERO























Escribe: Juan Carlos Serqueiros

Yo quería a Tucumán como a la tierra de mi nacimiento, pero han sido aquí tan ingratos conmigo, que he determinado irme a morir a Buenos Aires; pues mi enfermedad se agrava cada día más. (Manuel Belgrano)

San Martín había reservado para el Ejército del Perú (que estaba nuevamente al mando de Belgrano) un papel fundamental en la expulsión definitiva de los realistas: pedía que se concentrase en Tucumán, engrosase y equipase, destinando sólo alguna tropa del mismo para apoyar a Güemes; para que luego, una vez liberado Chile; marchara por tierra hacia Lima, de modo de converger con las fuerzas a su mando, que se dirigirían también hacia ese punto, pero por mar.
Pese a ello, el Directorio, desechando la atinada opinión de San Martín; utilizó al ejército de línea para "cuidar" al Congreso de Tucumán (que no estaba amenazado por nadie; salvo por los fantasmas que el propio Congreso -con algunas pocas y honrosísimas excepciones, como por ejemplo, los diputados por Córdoba- veía en el artiguismo) y combatir... seguramente a los realistas, ¿y a quién, si no?, pensarán ustedes..., no; ¡al federalismo!
Los enfrentamientos entre los directoriales y el artiguismo, y la traicionera conducta observada por los primeros, que desembocó en el dislate producido por el Congreso de Tucumán -aunque ahora, "de Buenos Aires", adonde se había trasladado y donde re inauguró sus sesiones el 12 de mayo de 1817- de dictar la constitución centralista de 1819; sembraron en las provincias más inquietud aún de la que hasta allí había.
A todo esto, el Directorio (Pueyrredón) seguía con las tratativas tendientes a coronar como rey del Río de la Plata al príncipe de Luca, negociaciones estas que estaban tan avanzadas, que ya el Congreso se aprestaba a modificar aquellos pocos, poquísimos  artículos de la constitución que había proyectado, que obstasen a una monarquía.
Paradojalmente vino a salvarnos... Fernando VII, el mariquita que bordaba; porque no se le ocurrió mejor idea que ponerse de acuerdo con el rey de Portugal, Brasil y Algarve, Juan VI, para mandar a estas tierras una expedición española de 20.000 soldados que desembarcarían en Montevideo y desde allí aniquilarían la Revolución Americana. Ante eso, Pueyrredón ordenó a San Martín y Belgrano que trasladasen sus ejércitos a Buenos Aires. Éstos lograron convencerlo de que debía primar la unidad como único modo de combatir a los realistas, pero ellos (don José y don Manuel, digo) estaban lejos; mientras que el poder real (la oligarquía que a través de la logia todo lo manejaba y controlaba, Directorio y Congreso incluidos) estaba cerca, así que no le fue difícil "hacer volver al redil" a Pueyrredón, "explicándole" que ni bien estuviese concluida la tratativa del príncipe de Luca, las tropas francesas de Luis XVIII "arreglarían todo el entuerto"; entonces Pueyrredón en lugar de prestar oídos a San Martín y Belgrano, debía reafirmarse en el convencimiento de que el enemigo no eran los realistas españoles; sino los "feroces anarquistas", es decir, el artiguismo.
Pueyrredón obedeció prestamente a la logia y reiteró a San Martín la orden de llevar el ejército a Buenos Aires, y éste, harto ya, por toda respuesta le mandó su renuncia. Pueyrredón se quedó con las patas en el aire: si confirmaba en el mando a San Martín y se allanaba a sus opiniones, se echaba encima a la logia, o sea, al poder; y si le aceptaba la renuncia, el prestigio generalizado del Libertador lo arrastraría hasta hacerlo papilla. Así que optó por "la más fácil", por una solución a lo Pilato: se lavó las manos, renunció al cargo de Director, y la logia lo reemplazó por Rondeau, que intentó quedar bien con tirios y troyanos (falsamente, pues él también era partidario de la coronación de un príncipe extranjero y de liquidar al federalismo). Urgido, Rondeau reiteró a San Martín y Belgrano la orden de conducir los ejércitos a Buenos Aires. Belgrano, ya por entonces gravemente enfermo, delegó el mando del suyo en el general Francisco Fernández de la Cruz y se fue de regreso a Tucumán, y San Martín reunió a sus oficiales en Rancagua y les puso sobre el tapete su decisión de desobedecer la orden emanada del Directorio, produciéndose allí la adhesión unánime de éstos al criterio de su jefe, todo lo cual se registró debidamente en el documento conocido como Acta de Rancagua.
Es en ese contexto en el que se formó la República Federal (?) del Tucumán.
Por la noche del 11 de noviembre de 1819, una guarnición del Ejército Auxiliar del Perú, que había quedado en Tucumán al mando del coronel Domingo Arévalo en el campamento de La Ciudadela, se sublevó conducida por Abrahán González -que actuaba según instrucciones de Bernabé Aráoz-, deponiendo al gobernador intendente Mota Botello (directorial), convocando a un cabildo abierto que elegiría gobernador a Bernabé Aráoz (instigador, ideólogo y propulsor del fragote) y apresando a Mota Botello, a Arévalo y a... ¡Belgrano! Lo aberrante que hubiese representado la prisión con grillos, como se pretendió hacerlo, del general Belgrano, no llegó a consumarse debido a la decidida acción del doctor Redhead, médico personal de Güemes a quien éste había enviado a Tucumán para asistir en su enfermedad al glorioso vencedor de Tucumán y Salta, al héroe máximo de nuestra Independencia. Fue el doctor Redhead quien, indignado, impidió con firmeza que Abrahán González y sus secuaces perpetraran semejante atrocidad.
El 14 de noviembre, el cabildo tucumano procedió a designar a Bernabé Aráoz gobernador de la provincia, pero eso sí: prudentes (¿o temerosos?), los cabildantes no lo eligieron gobernador autónomo respecto a cualquier otro poder; sino que consignaron que lo era mientras la dirección suprema de la Nación (o sea, el Directorio) nombrase otro gobernador o se dignase aprobar la elección.
Una vez caído el Directorio (Rondeau) luego de producida la batalla de Cepeda en la cual las tropas de Estanislao López y Francisco Ramírez descalabraron completamente al ejército directorial, Bernabé Aráoz se consideró de hecho desligado del poder central y se dedicó a dar forma a su ambición: la República Federal del Tucumán.
La jurisdicción de la gobernación del Tucumán, con capital en la ciudad homónima, alcanzaba por entonces a los cabildos de tres ciudades cabeceras: San Miguel de Tucumán, Santiago del Estero y San Fernando del Valle de Catamarca, en función de lo cual Bernabé Aráoz circuló invitaciones a los cabildos de Santiago y Catamarca para que enviasen a Tucumán dos diputados cada una a fin de dictar una constitución (constitución esta que, obviamente, no iba a dejar librada a la "creatividad" e "iniciativa" de los diputados convocados a tal fin, no; Aráoz la tenía in mente y no era otra que la misma que había concebido el Congreso "de Tucumán" trasladado a Buenos Aires, adaptada -en la imaginación de Aráoz- a la "realidad tucumana" de por entonces tal como él la entendía). Santiago del Estero no mandó diputados, Catamarca envió los dos suyos: José Antonio Olmos y Pedro Acuña, pero poco después uno de ellos (Acuña) se retiró; quedando en consecuencia ese "congreso" reducido a tres miembros (los dos de Tucumán -José Serapión de Arteaga y Pedro Miguel Aráoz- y el que había quedado de Catamarca, Olmos), los cuales proclamarían en setiembre de 1820 la Constitución para la República Federal del Tucumán.
Los solemnes y pomposos títulos y tratamientos que se les otorgaron a las autoridades prescriptas por esa constitución eran tan ridículamente pretenciosos y exagerados, que aún hoy mueven a risa: el "poder legislativo" estaba integrado por cuatro -sí, leyeron bien: CUATRO- diputados: uno por Tucumán, otro por Santiago del Estero y otro por Catamarca; más uno que era eclesiástico y designado por el poder ejecutivo, que debían ser llamados "Alteza" y a los que distinguiría de los comunes mortales una gran medalla de oro que llevarían colgada al cuello acreditando su "jerarquía". El poder ejecutivo lo ejercía un funcionario que recibía el tratamiento de "Presidente Supremo", que por supuesto, no era otro que Bernabé Aráoz. Y el poder judicial lo conformaban los cabildos, ahora devenidos en "Cortes de Justicia", pasando en adelante los cabildantes, de simples regidores y alcaldes; a ser "Ministros de Justicia". Se estableció una moneda propia (tan feble que Juan B. Terán escribió al respecto: "de ley tan baja, que caída en el mayor demérito, perturbó por varios años los cambios, provocando las mas desesperadas medidas y las mayores angustias de ingenio en los estadistas de la época para conjurar las protestas y los daños producidos por la emigración de la moneda buena") y hasta una bandera para la novel "República", dice la tradición oral que azul y roja, a bandas horizontales. Eso sí, lo que no movía a risa, sino a llanto, eran las exorbitantes remuneraciones que los señores estos se auto-asignaban, por ej: el "Presidente Supremo", Bernabé Aráoz, pese a su importante fortuna personal, se había fijado un "modesto sueldo" de ¡4.000 pesos anuales! (sobre un presupuesto total para la República del Tucumán estipulado en 20.000). Y para "consolar" al destituído Mota Botello (al cual mantuvo preso hasta después de la caída del Directorio, por las dudas nomás, por si las moscas), el "generoso" (con plata del erario, claro) don Bernabé lo nombró teniente de gobernador en Catamarca, por supuesto, con su correspondiente sueldo.
Y ya es hora de ocuparnos de Bernabé Aráoz, ¿quién era y qué representaba? Dueño de un incalculable patrimonio, provenía de una de las más linajudas familias tucumanas. Apoyó la Revolución desde sus inicios y tuvo destacada participación en las batallas de Tucumán y Salta, así como también puso todo su concurso para la realización del Congreso de Tucumán. Era decidido y corajudo, capaz de enfrentar las más variadas contingencias con astucia y con un arrojo no exento de prudencia a la vez, y se proclamaba fervoroso partidario de la independencia. Su prestigio arrastraba huestes en su provincia y gozaba de la adhesión mayoritaria de sus paisanos. No se plegó al federalismo, por lo contrario; se mantuvo dentro del esquema directorial. Y no debemos ver  en la denominación de federal para la República del Tucumán creada a su influjo y capricho, la voluntad de segregar a su provincia del resto de sus hermanas ("unida sí con las demás que componen la Nación Americana del Sur", dice inequívocamente y sin dejar ningún lugar a dudas el texto de su constitución); ni tampoco una conversión suya a un federalismo autóctono que jamás sintió ni del quiso formar parte ni encarnar de manera alguna. La República del Tucumán la formó con el objetivo, además de servir a su ambición personal; de sustraer a la provincia de los efectos de la segura caída del Directorio (que se avizoraba como inminente y que en efecto ocurrió), y como prevención de que sobreviniera sobre ella la "anarquía", es decir, el artiguismo. Lo importante para él era asegurarse el predominio suyo y de su clase en la provincia, y de paso, si era posible, en todo el norte. Y después... bueno, se vería qué pasaba, cómo venía el baraje y qué cartas ligaba en el juego...
Bernabé Aráoz no era de esos engolados, petimetres, nariz pa' arriba, pagados de sus "luces", engreídos y extranjerizantes, no; el hombre era criollazo y patriota; si bien de un patrotismo, digamos... elástico (tan elástico, que entre otras cosas, le permitía vender mulas a los realistas); pero siendo un aristócrata, no atinó a quedarse en eso, asumiendo las responsabilidades y obligaciones que su origen, posición económica y condición social le imponían en favor de su tierra y su gente. Por los motivos que fuesen, degeneró en oligarca. Y desbarrancó.
También en algunas ocasiones, dejó que sus mezquindades, ambiciones personales y miserias humanas, primasen por sobre su flexible patriotismo, y en otras; se dejó influir por intereses sectoriales, haciéndole incurrir en venganzas surgidas de rencores y envidias de las que no supo -o tal vez no quiso- desprenderse; a pesar de la extrema frialdad de carácter que le adjudicaban (entre otros, Paz). Siendo él gobernador de Tucumán en 1816 y estando el general Belgrano en esa ciudad al mando del Ejército del Perú, se produjeron entre ellos no pocos roces. Bernabé Aráoz era un mandón, estaba en "su" ciudad, de la cual se consideraba dueño, amo y señor, y a menudo se resistía a lo que él entendía como "imposiciones inaceptables" de Belgrano; quien por su parte, le achacaba al otro no poner todo el esfuerzo que debiera en pos de suministrar más recursos al ejército, manejos poco claros en la caja del mismo y ser dispendioso en exceso en materia de sueldos hacia algunos de los de su misma clase social. Las continuas quejas de Belgrano al Directorio (Pueyrredón), condujeron a éste a remover del gobierno a Bernabé Aráoz, reemplazándolo, al culminar su período, por Mota Botello (el mismo al que Aráoz haría derrocar y encarcelar en noviembre de 1819, como consigné precedentemente). También tuvo conflictos con Güemes, quien le reprochaba desidia y mora en ayudarlo en la desesperada y heroica resistencia que con sus gauchos oponía a los realistas.
La República del Tucumán tendría una brevísima duración (como dice el Indio Solari: "el tic no alcanza a tac... luces efímeras"): proclamada el 22 de marzo de 1820, sancionada su constitución el 18 de setiembre del mismo año (y jurada el 24 de ese mes, coincidentemente con el 8º Aniversario de la Batalla de Tucumán), culminaría su existencia con el derrocamiento de Aráoz por parte de aquel mismo personaje que él instigó a sublevarse en beneficio suyo: Abrahán González (no hay peor astilla que la del mismo palo, dicen), el 28 de agosto de 1821.
Al día siguiente, el 29, la República del Tucumán había dejado de ser. Santiago del Estero se separó de Tucumán proclamando su autonomía el 27 de abril de 1820; Catamarca, por su parte, haría lo propio en 1821. Abrahán González terminó sus días alejado de la política, trabajando un campo en Buenos Aires. Bernabé Aráoz conseguiría volver al gobierno de su provincia intermitentemente, hasta ser derrocado por el yerno de Diego Aráoz (pariente suyo y mortal enemigo): Javier López, quien ordenó su fusilamiento en Trancas, el 24 de marzo de 1824.
En apretada síntesis, ese fue el hombre a quien la "historia oficial" tucumana, tributaria a su vez de la "historia oficial" argentina, fogoneada desde el diario La Gaceta (así como la otra lo es desde La Nación) reputa como su prócer máximo.
No es para nada injusto resaltar los innegables méritos de Aráoz como héroe de la independencia, por lo contrario; está muy bien que se lo haga. Pero lo que sí es tendencioso e inexacto, es considerarlo el mayor exponente de "las luces y el progreso" incurriendo para ello en la mentira de clasificarlo como federal, y en relegar y ningunear a figuras históricas también señeras y de indisputable relevancia como por ejemplo, la de Celedonio Gutiérrez (a quien sin dudas debido a su rosismo, la tilinguería tucumana prefiere ignorar, a punto tal que sólo una apartada y cuasi ignota calleja lleva su nombre), y sobre todo; la del general Alejandro Heredia, por lo menos tanto o más aún héroe de la independencia que Aráoz, y que fuera cobarde y arteramente asesinado por planeamiento e instigación de otro a quien también la oligarquía tucumana, en vez de clasificarlo como corresponde en función de los hechos luctuosos que produjo: un magnicida; lo considera un "mártir" y un "prócer": Marco Avellaneda.
¡Ay, mi querida Tucumán! Mucho daño te causan quienes ocultan a tus hijos tu verdadera, rica y heroica historia.

-Juan Carlos Serqueiros- 

EL MITO DE BUENOS AIRES VS. EL INTERIOR

Deliran, divagan (o mienten directamente, algunos) quienes hablan en historia del "enfrentamiento entre Buenos Aires y el interior".
No hubo tal cosa. Lo que hubo fueron enfrentamientos entre las oligarquías, tanto de Buenos Aires como de las provincias; contra los pueblos, sean estos de donde fueren, incluido el de Buenos Aires, que fue tan víctima como sus hermanos "del interior".

-Juan Carlos Serqueiros-


miércoles, 4 de abril de 2012

LA MUERTE Y YO


Escribe: Juan Carlos Serqueiros

LA MUERTE Y YO
(Solari)

Cosa difícil de hacer
volver a la vida peces
y que así puedan nadar otra vez
en mi sopa de pescado.
La muerte y yo...
y siempre Dios contra todos.
Un pié en el tren
y otro en el andén, ardiendo...
Me he puesto grande, ya ves
sólo le pido a la vida que no me duela
y no estar aquí si cae más mierda del cielo.
Miro a mis pies y por distracción
recorto mis uñas secas, no son mías ya...
Te digo adiós para bromear -"que el Señor te rebendiga"-
No sirvo y nunca serví para tristes despedidas
Pobre mi amor! Bendito amor! Va saturando un pañuelo...
La larga sombra que ví es la de mi pasado
un paraíso de amor que viví en el corazón del infierno...
Y nunca más... (ella sigue allí)
ya nunca más tendré miedo... (luz crepuscular).
Cuando esa luz que crece en mí
sea la que domine el cielo...
Me va alumbrando la luz de los que no respiran...

Vayamos ordenadamente y empecemos como corresponde: por el principio; que para caos, ya demasiado hay con este cebollín que tengo por mollera.
Todos sabemos que Solari le dedicó El tesoro de los inocentes (Bingo Fuel) a su hijo Bruno, y que se tomó su buen tiempo para reaparecer a través de ese disco, el primero suyo luego de la disolución de los Redondos. 
Hay, en el mismo, mucho de relato intimista, mucho del Carlos Solari persona, de carne, tendones, huesos y piel quiero decir; más allá del Indio poeta y rocker. Y este tema La muerte y yo no es la excepción, por lo contrario; casi todo el disco, salvo quizá un par de temas, o tres, a lo sumo; es claramente evocador.
La cosa comienza con una afirmación enfática de su agnosticismo, a través de una metáfora que es sencillamente genial: "Cosa difícil de hacer volver a la vida peces y que así puedan nadar otra vez en mi sopa de pescado". O sea, nada de "una vida mejor, después de la terrenal" ni cosa que se le asemeje; eso lo descarta de plano, lo niega rotundamente.
Y ya entrando en materia ("La muerte y yo..."), reflexiona en lo inevitable de ese momento que a todos nos ha de llegar, porque sabido es que está así decretado de antemano; todos conocemos cómo termina la película "(Y siempre Dios contra todos").
Sigue una alusión a la fragilidad del hilo de la vida, que puede cortarse en el instante menos pensado, y es por eso que la nuestra discurre "con un pié en el tren", es decir, gastando vida en vivir (como dijo en Ropa sucia: "Vivir sólo cuesta vida"); y "otro en el andén, ardiendo...", porque al fin de cuentas, nadie quiere morir "antes de que le toque" ¿no?
Luego entabla un diálogo (que más que eso, es un monólogo suyo) acerca de la muerte, con su mujer, Virginia: le dice que siente, en razón de su edad, la cercanía cada vez más próxima de la muerte ("Me he puesto grande, ya ves"), y expresa el deseo de que la parca llegue súbita y plácidamente; no después de un deterioro físico excesivo, doloroso, de enfermedades y sufrimientos, los cuales, lógicamente, no quiere para él ("sólo le pido a la vida que no me duela y no estar aquí si cae más mierda del cielo"). Y colijo que este "diálogo" suyo con Virginia, tiene que haber tenido lugar realmente; porque a ver... por más genio de toda genialidad que sea el Indio como poeta; nadie puede estar aludiendo metafóricamente a cortarse las uñas de los pies y al sentirlas "resecas", ponerse a pensar en la proximidad de la muerte, no jodamos... Esa conversación TUVO QUE HABER EXISTIDO, y nadie me lo saca del balero. Y como Virginia, a diferencia de él, sí cree en Dios; él tontea y trata de restarle solemnidad al momento, aludiendo en broma a la fe de ella ("Te digo adiós para bromear -'que el Señor te rebendiga'- No sirvo y nunca serví para tristes despedidas"); broma esta no obstante la cual, ella, apenada y triste, llora, enjugando sus lágrimas con un pañuelo ("Pobre mi amor! Bendito amor! Va saturando un pañuelo...").
Y viene la explicación del motivo que lo condujo a pensar en la proximidad de la muerte: la evocación del pasado. Cuando uno entra seguido a rememorar tiempos pretéritos, es señal de que se va haciendo viejo ("La larga sombra que vi es la de mi pasado"). Y aquí presten especial atención: Solari pone -refiriéndose obviamente a Los Redondos y todo lo que vivió en torno a ellos- "un paraíso de amor que viví en el corazón del infierno...". Noten lo certero, lo exactísimo de la definición que hizo Marcelo Furtivo respecto a qué eran los Redondos: "una enorme historia de amor". Y es tal cual, y (por si a alguno le hiciera falta) ahí está la prueba, emanada del mismísimo Indio... ¿Se entiende ahora qué son los Redondos para un redondo? Bueno, eso son...
Como broche final, una aseveración de parte de Solari de su ausencia de temor cuando llegue la muerte: "Y nunca más... (ella sigue allí) ya nunca más tendré miedo... (luz crepuscular)". ¿Y por qué no siente miedo? Sencillamente, por una extraña y paradojal analogía de un agnóstico como el Indio; con alguien que sí está convencido de la fe que profesa. Así como no siente temor de morir alguien que cree en una vida celestial y mejor después de abandonar esta terrenal; lo mismo ocurre con quien está persuadido de que la única vida que hay y habrá, es esta que tenemos. Y por eso, una vez que esa vida acaba, el crecimiento es infinito ("Cuando esa luz que crece en mí sea la que domine el cielo..."); esa es, para quienes somos agnósticos, "la luz de los que no respiran".
Y listo, che, bingo para mí... decretaron asueto mis neuronas (que no son muchas ni especialmente brillantes, justo es reconocerlo). Me fui... chau.

-Juan Carlos Serqueiros-

viernes, 30 de marzo de 2012

GRICEL. UNA HISTORIA DE AMORES TURBULENTOS























Escribe: Juan Carlos Serqueiros

Susana Gricel Viganó había nacido en Buenos Aires en 1920, en el seno de una familia de ascendencia franco-alemana, trasladándose luego -llevada por sus padres, obviamente- de muy niña a Guaminí (los pagos de mi viejo), y posteriormente, a Capilla del Monte, en Córdoba.
Antes de cumplir 15 años, recibió una invitación de Gori Muñoz (pseudónimo artístico de quien fuera en la vida real Elena Gorizia Vattuone), hermana de Nilda Elvira Vattuone, esa extraordinaria cantante que conocemos como Nelly Omar y que tiempo después, se convertiría en la esposa del insigne poeta (¡de pie todo el mundo para aplaudir a este genio, hincha de Huracán, por supuesto!) Julián Centeya (Amleto Vergiati, en la cédula de identidad), para pasar unos días en Buenos Aires. Y allá fue Gricel, acompañada por su madre. 
Cierto día, las hermanas Omar llevaron a Gricel a Radio Stentor, y le presentaron a un locutor llamado José María Contursi, que era hijo del archifamoso Pascual Contursi, y ya por entonces, él mismo un reconocido poeta.


La hermosura de la bellísima Gricel y la pinta y labia de Contursi, se flecharon mutuamente; pero había varios impedimentos para ese romance en ciernes: Contursi era casado, le llevaba a la adolescente Gricel nueve años y... ella debía volver a Capilla del Monte. No obstante, José María comenzó a escribirle, y se inició así una relación amorosa epistolar (Alicia Contursi, hija de José María, contaría en un reportaje muchos años después, que ella vio una foto de su padre, dedicada a Gricel, que databa de 1935). 
Luego, por prescripción médica debido a una afección intestinal según algunos y a un problema bronquial según otros, ya sea verdadera o inventada como excusa la enfermedad; Contursi viajó a reponerse a las sierras cordobesas. Y ¿a dónde imaginan ustedes que se dirigió precisamente? ¡Sí!, a Capilla del Monte, a encontrarse con "su" Gricel. Casi cinco años duró esa relación.
Pero circa 1940, Contursi, culposo, decidió volver a su hogar en Buenos Aires. Gricel quedó estragada, y él también, destrozado. Pero de ambos, ella sería la más fuerte, superando aquel amor contrariado; mientras que Contursi se hundiría cada vez más en su dipsomanía, volviéndose su vida un infierno de alcohol. Nunca dejó de escribirle a Gricel, y sus cartas, llenas de dolor, expresaban los tormentos que sufría. 
Los vaivenes de aquel amor inspiraron las letras de sus tangos más notables: En esta tarde gris (para mí, un himno), Quiero verte una vez más, Sin lágrimas, Cristal, Tabaco, Garras, Esas cosas del corazón y por supuesto, Gricel, que dice:

GRICEL
Tango (1942)
Letra: José María Contursi - Música: Mariano Mores

No debí pensar jamás
en lograr tu corazón
y sin embargo te busqué
hasta que un día te encontré
y con mis besos te aturdí
sin importarme que eras buena...
Tu ilusión fue de cristal,
se rompió cuando partí
pues nunca, nunca más volví…
¡Qué amarga fue tu pena!
No te olvides de mí,
de tu Gricel,
me dijiste al besar
el Cristo aquel
y hoy que vivo enloquecido
porque no te olvidé
ni te acuerdas de mí...
¡Gricel! ¡Gricel!
Me faltó después tu voz
y el calor de tu mirar
y como un loco te busqué
pero ya nunca te encontré
y en otros besos me aturdí…
¡Mi vida toda fue un engaño!
¿Qué será, Gricel, de mí?
Se cumplió la ley de Dios
porque sus culpas ya pagó
quien te hizo tanto daño.

ENLACE A "GRICEL" EN YOU TUBE: http://www.youtube.com/watch?v=aMOkbXsqqXM&feature=related

En 1955, Contursi enviudó. En 1949, Gricel se casó en Capilla del Monte con un señor que se llamaba Jorge Camba, viajante de comercio él, unión esta de la cual nació una hija: Susana Jorgelina Camba.
En uno de sus viajes a la provincia del Chaco, Camba se enamoró de una señora, Vilma Rabez, que también era casada, y ella le correspondió; originándose de ese modo un drama pasional que pudo haber terminado en tragedia, ya que el marido de Vilma, un señor apellidado Mandrile; le disparó un tiro a Camba, alojándose la bala en uno de sus pulmones. Salvó su vida de milagro, pero obviamente, su matrimonio con Gricel quedó deshecho a partir de allí, y en adelante; él formó pareja con Vilma, residiendo ambos en la ciudad de Resistencia.
Después, algunos dicen en 1962, y otros -como por ejemplo Alicia, la hija de Contursi- en 1961; Gricel, anoticiada -se cree que por el bandoneonista Ciriaco Ortiz- de que José María estaba totalmente entregado al alcohol, fue a Buenos Aires, lo buscó, y luego de un tiempo transcurrido entre viajes ora de uno a Capilla del Monte, ora de otra a Buenos Aires para verse, lo llevó con ella a su pueblo. 
De allí en más, ya nunca se separarían. Se casaron en 1967, sólo por iglesia (recordar aquí que la ley de divorcio, promulgada por Perón, había sido derogada por los golpistas del 55). 
A todo esto, también la pareja formada por Jorge Camba y Vilma Rabez se había consolidado.
Y llegó el momento de decir por qué conozco yo toda esta historia: ocurre que ellos eran tíos míos, tíos postizos, sí; pero tíos al fin. ¿Vieron que entre nosotros los argentinos, es costumbre llamar tíos a quienes tienen una relación tan estrecha con nuestros padres, que pasan muchos momentos en nuestra casa o viceversa? Bueno, esa era exactamente la situación; había tanta amistad y era tanto el tiempo que pasaban Jorge Camba y Vilma Rabez en mi casa paterna y tan frecuentes las visitas familiares a la casa de ellos; que para mí fueron siempre tío Jorge y tía Vilma. 
Mis sentimientos hacia mi tío Jorge eran encontrados: por una parte, yo ansiaba, buscaba, afanosamente su compañía, porque el tipo tenía una conversación amena, atrapante, ingeniosa, y hacía gala de un finísimo humor; pero por otra -y debo reconocerlo-; yo le tenía algo de bronca, bronca "cariñosa" si se quiere, pero de todos modos, bronca, porque el chabón, de historia sabía un paquete, la tenía re clara; y el pendejo creído, petulante y presuntuoso que era yo por entonces, sencillamente no podía admitir mansamente tal cosa. A más, él tenía una cualidad que yo no poseía: una prodigiosa memoria, la cual le permitía, entre otras cosas, citar la fecha exacta en que había sido fundada tal ciudad, quién lo había hecho, en qué día, mes y año había tenido lugar tal batalla, quiénes la habían protagonizado, las tropas de cada bando, etc. ¿Cómo podía yo licuar esa enorme ventaja que él tenía? No, imposible, era dar demasiado handicap...
Y para colmo, él sabía de música... y mucho. Recuerdo aquellos mediodías en que me iba a los piques para asistir a las juntadas de mi viejo y sus amigos (entre los cuales estaba, obviamente, mi tío Jorge), al bar donde se encontraban para el sacrosanto vermucito, amenizado con jugosas charlas y anécdotas que yo escuchaba extasiado. Allí estaban mi tío Renato (un groso, un gran hombre), el Gallego Suñé, el Gringo Bonetto; ocasionalmente caían el Flaco Pernía y su inseparable ladero (del cual nunca supe su nombre, uno al que le decían La Vieja porque era igualito a la vieja del juego del sapo); Palermo, que vendía guitarras y tocaba la viola como los dioses; alguno de los Fonda, ora Augusto, que era un bacanazo, esnifaba de la buena y siempre tenía a su lado alguna fémina -por lo general, actriz- que rajaba la tierra; o el otro, Alfredo, un señor con mayúsculas, siempre con su escudero a la zaga, el Negrito Aldo, que hablaba al vesre; a veces iba Mariscal, el famoso escultor; en alguna ocasión, cayó el discípulo del gran Marechal: el poeta José María Castiñeira de Dios, que escribió Réquiem para Juan Domingo Perón...
Generacionalmente, soy del palo del rock, y ellos, mucho mayores que yo, eran todos tangueros. Así las cosas, el conflicto entre opiniones lírico - musicales era inevitable. Me acuerdo de una tenida de aquellas, en la cual yo defendía encarnizadamente lo que los de mi generación llamábamos música progresiva: Los Gatos, Manal, Almendra, Vox Dei, Arco Iris, etc., y uno de los viejos, violinista eximio el hombre, y que tenía una orquesta típica, dale que te dale con el tango; y en eso salta mi tío Jorge y me dice: "¿Vos leíste la nota a Enrique Cadícamo y Litto Nebbia juntos en la revista tal del mes tal? Leela, que ahí vas a saber, por fin, lo que es eso de 'música progresiva'. Toda la buena música es progresiva, nene, independientemente del género".
Directo al mentón, me noqueó. Mascando lo que yo creía la humillación de la derrota en público y con toda la rabia concentrada, lo odié, en ese momento lo odié... Y sin embargo, buscaba cada vez más su compañía, sus charlas... ¡Cuántas veces me habrá relatado, y de primera mano, la historia de este tango Gricel y la de sus protagonistas, él incluido! 
Allá por el 70 o 71, vacacionamos en Córdoba y fuimos con mis padres hasta la casa de Gricel y Catunga en Capilla del Monte, a llevarle a José María saludos y recuerdos de no sé qué amigo en común que tenían con mi viejo; así que en esa oportunidad los conocí a ambos, siendo yo un adolescente de 14 o 15 años. Estuvimos algunas horas allí, y es curioso, pero mientras las imágenes de sus fisonomías se me tornan borrosas; sí tengo nítido el recuerdo de detalles tales como que mi viejo y Contursi se trataron de usted, que mi mamá y Gricel se tutearon enseguida, que ésta -porque mi vieja le comentó que habíamos ido sin reservar previamente alojamiento-; nos dio la referencia de una casa que podíamos alquilar en La Falda (que era donde nos dirigiríamos), a cuyos dueños conocía. En fin, los caminos siempre laberínticos de la memoria...
Pasó el tiempo, crecí, la vida me fue llevando por otros caminos y perdí el contacto con mi tío Jorge...
Mucho después, me enteré de que la hecatombe nacional producida por el Gran Depredador, el ladrón y cipayo califa de Anillaco en los 90, lo había conducido a perder su nivel de vida y que se había visto obligado a irse con mi tía Vilma a Villa Allende, Córdoba, a vivir en la casa de la hija que él había tenido con Gricel: Susana Jorgelina Camba. Y pegado a la casa de Susana, donde habían recalado Jorge Camba y Vilma Rabez... ¡vivía por entonces Gricel! Las vueltas de la vida, ¿no? 
José María Contursi murió en 1972, dejándole a Gricel en legado un porcentaje de sus derechos de autor. Ella falleció en 1994. Mi tío, Jorge Camba dejó de existir en 1996. Al morir, todavía llevaba alojada en un pulmón aquella bala que los matasanos no pudieron o no supieron extraerle. En cuanto a mi tía Vilma, pude enterarme que vive en Reconquista, llevando orgullosa sus ochenta y pico de años, y que al presente integra aún el Coro Municipal de la Tercera Juventud de esa ciudad, del cual además; es su abanderada. Ella es una de las personas que más sabe, quizá la que más sepa, acerca de tango; una verdadera enciclopedia en eso.
Ya ni me acuerdo por qué y para qué les conté todo esto... Será que me puse evocador y melancólico por algo, no lo sé... Pero bueno, ya está hecho. Vaya mi emocionado recuerdo para los protagonistas de esta historia de amor y de vida.
Y colorín colorado, este cuento ha terminado.

-Juan Carlos Serqueiros-




miércoles, 28 de marzo de 2012

CANCIÓN PARA UN GOLDFISH


Escribe: Juan Carlos Serqueiros

CANCIÓN PARA UN GOLDFISH
(Solari)

¡Check in-out!
¡Así, siempre, como entrás… salís!
¡Check in-Check out!
¡Con portazos en la habitación!
Aunque nunca quieras irte así
¡Ooh! ¡Ooh!
Soy el primero en reir cuando desaparecés
Siempre vas debajo de la mesa a jugar…
¡Check in-out!
El milagro va a suceder…
¡Check in-Check out!
Bajo mi mesa va a suceder
Y así como entrás… ¡Salís!
¡Ooh! ¡Ooh!
Si mis minutos parecen siglos cuando te vas
Es porque al quedarme solo veo toda mi idiotez
¡Check in-out!
Lloriqueando… pero vas por más
¡Check in-Check out!
Lametones y sexo pistón
Y derrumbes sobre un edredón
¡Ooh! ¡Ooh!
¡Check in-out!
Gimoteando te desmoronás
¡Check in-Check out!
Y juntás las piezas del collar
(Ni una queja hasta reprochar)
¡Ooh! ¡Ooh!
Yo nunca ví reir así…
Me rasco la papa y no puedo recordar
¡Check in-out!
¡Así, siempre, como entrás… salís!
¡Check in-Check out!
¡Con portazos en la habitación!
¡Ooh! ¡Ooh!
¡Check in-out!
Dulce-amargo… justo para vos
Y un feroz jadeo para mi.
¡Me gusta así! ¡Te gusta así!
¡Hay check-out!
Dulce… suave…

Este es un tema que en lugar de formar parte de El Tesoro de los Inocentes (Bingo Fuel); bien podría haber estado incluido en el disco que le siguió: Porco Rex, ya que Solari, en la nota que le concedió al pasquín La Nación, de fecha 02.12.2007, dijo que estaba compuesto por "trece canciones de amor para dealers", ironizando sobre la devaluación, la pauperización, del amor.
Pero bueno, no fue así, y el inescrutable dios Indio resolvió meterlo en El Tesoro. ¿Y quién se lo va a discutir, vos?... porque lo que es yo; ni en pedo.
Un goldfish, pez dorado o carpa dorada, es un pez "de acuario", de la familia de los carassius. Solari "bautiza" así al tipo que protagoniza la letra, porque lo pinta como un pescado, es decir, un nabo, un boludito. Pero como el ñato carga su buena guita, que usa para comprar lo que entiende por amor; entonces es un pescado, pero eso sí... dorado. Vendría a ser algo así como uno de los "nenes de oro" que el Indio pinta en Nuotatori Professionisti ¿te acordás?
El "goldfish" paga por sexo. Se aloja en un hotel ("check in - check out",  pone el Indio, aludiendo a la expresión utilizada para el registro de ingreso y egreso de pasajeros en un hotel), en una de cuyas habitaciones espera a una trola (siempre la misma), de la cual está "enamorado". Y está implícito en la letra que la mina también siente algo por el chabón, más allá de la guita, porque cuando el "numerito" termina; ella lamenta tener que irse, se va dando un portazo ("¡Con portazos en la habitación! Aunque nunca quieras irte así"). Por supuesto, lo que ella siente por el tipito, dista mucho de ser amor; al fin de cuentas, la mina está en el negocio y el chabón es consciente de eso, pero con todo y aún no teniendo nada que ver con un sentimiento amoroso; ella algo por él siente, no lo considera sólo un "cliente más".
Que el tipo tiene cierto nivel económico nos lo indica el hecho de que en el hotel, opta por una habitación de categoría, una suite o algo parecido; ya que el Indio menciona el detalle de la mesa, mueble este que en una habitación común, es impensable, olvidate...
El jueguito al que juegan, parece ser siempre el mismo: la mina entra a la habitación y "desaparece" metiéndose debajo de la mesa para hacerle una fellatio, un pete, al ñato ("Soy el primero en reír cuando desaparecés. Siempre vas debajo de la mesa a jugar"). Él eyacula ("El milagro va a suceder... bajo mi mesa va a suceder"), y cuando acaba, ambos empiezan otra etapa del jueguito: ella finge que se apronta para irse y el tipo se hace el rollo de la pena que siente al marcharse ella ("Si mis minutos parecen siglos cuando te vas / Es porque al quedarme solo veo toda mi idiotez"), entonces ella representa estar triste por tener que abandonarlo, y llora, y él la "consuela", y enroscados en ese mambo; ambos se calientan otra vez ("Lloriqueando... pero vas por más"). Nuevamente excitados, llega el turno de él para practicarle sexo oral a la mina: le hace un cunnilingus ("lametones"), y trascartón, entra a fifársela con tutti ("sexo pistón"). Luego, continúan haciéndolo  sobre el edredón ("y derrumbes sobre un edredón... gimoteando te desmoronás".
Y Solari introduce aquí otra sutil alusión a la calidad de la habitación que eligió el chaboncito, porque un edredón dista mucho de ser el simple cubrecama común que se utiliza en las habitaciones de menor costo).
¿Y ahí terminó la fiesta? No, para nada; porque ahora viene otro round de la escena que montan el tipo y la nami: él tironea de un collar que ella lleva puesto, las cuentas del mismo ruedan por el suelo, y cuando ella se agacha a recogerlas, una por una... no es difícil imaginar lo que hace él, ¿no? Hay un más que sugerente, yo diría explícito "Y juntás las piezas del collar (Ni una queja hasta reprochar)". Vuelven ambos a llegar al orgasmo ("¡Ooh! ¡Ooh!"), y entonces sí; ahora la mina se va, esta vez, en serio, y por supuesto, dando un portazo.
Y el tipo se queda pensando, y no puede acordarse de ninguna mina que lo haya hecho sentir lo que esta ("Me rasco la papa y no puedo recordar"), y satisfecho consigo mismo, se empeña en convencerse de que ella experimenta el mismo grado de goce que él ("Dulce-amargo… justo para vos / Y un feroz jadeo para mí. / ¡Me gusta así! ¡Te gusta así!").
Se siente un winner, y sobre todo, con la "ventaja" de que "hay check-out", es decir, que una vez conseguido el placer; la mina se va, y él se queda "tranquilo", disfrutando del recuerdo del placer obtenido, sin "necesidad" de "soportarla" después.
En fin, hay de todo en la vida, es así, quelevachache.

ENLACE CANCIÓN PARA UN GOLDFISH EN YOU TUBE 

-Juan Carlos Serqueiros-

sábado, 24 de marzo de 2012

AMNESIA


Escribe: Juan Carlos Serqueiros

Nota: Dudé muchísimo antes de subir esto, y previo a hacerlo, pedí el consejo de dos personas cuya opinión valoro en alto grado: Gabriela, mi esposa; y Marcelo Furtivo.
El motivo de que estuviera dubitativo al respecto, era que al ponerle de mi parte mucho amor a este website; no quiero en modo alguno que se bastardee tinellizándose miserablemente, o que se vea convertido en el programa de Rial. Acá, en cuanto de mí dependa, no tendrán cabida los puteríos y chusmajes; odio el conventillo. Y como vamos a abordar una cuestión espinosa y que de grato no tiene nada; me tomo el atrevimiento de pedirles a todos que no caigamos en el chisme, que antes de poner los dedos en el teclado, pensemos si lo que vamos a escribir como opinión, sirve, y si surge desde el equilibrio entre cerebro y corazón.
De ningún modo pretendo que nadie se abstenga de opinar lo que se le ocurra, este es un ámbito de libertad y pueden escribir lo que se les antoje; lo único que pido es que se evite cuidadosamente caer en el chisme.
Gracias a todos.


AMNESIA
(Solari)

Su amnesia está bajo un aguacero hoy
y así hace del pichicho un profeta cruel.
Vuelcan su jugo allí y luego se van
la piba ésa, él y un atún.
Un agujero allí de un año
ningún recuerdo... nada... nada.
No actúa por amor ni por esplendor
se raja al culeódromo a recordar.
Se va a fumar allí el purete mejor
y va a matar el tiempo así...
Mareos que dan gran jaleo
(modales que son malas mañas).
Ningún recuerdo... nada... nada.
Escamas que (¡al fin!) huyen de su piel
lágrimas que le muerden el corazón.
Van a ver quién se come a quién esta vez
la piba ésa, él y un atún.

Un tema en cuya letra el Indio está refiriéndose a sus ex socios Skay y Poli y a las circunstancias del preciso momento de la ruptura del "contrato de amistad" (Solari dixit) que había entre ellos, y que significó, además; la disolución de la banda.
El título es, desde el vamos, si no un misil; sí por lo menos una afirmación de que una o más personas que han sido caras a los sentimientos de otra, dejan caer en el olvido y en el desdén determinadas demandas que esa otra efectuó en cierto momento, quizá no deteniéndose a pensar que la ignorancia que hicieron del reclamo efectuado y reiterado, pudiera provocar un quiebre del cual no haya después retorno posible.
Luego de un comienzo en el cual alude a la "amnesia" de Skay, amnesia esta que se ve agravada por un "aguacero" que borra a su paso cualquier rastro de recuerdos ("su amnesia está bajo un aguacero hoy"), viene la primera patadita: "y así hace del pichicho un profeta cruel". Y obviamente, el "pichicho" es él, el propio Indio (remember aquello de "quieren el picho pero no sus pulgas"), a quien Skay pretendió responsabilizar (sutil y encubiertamente) por la ruptura, alegando que había "diferencias musicales y artísticas" primero, y una serie de excusas pavotas después; al Indio, convirtiéndolo así en "un profeta cruel". 
Sigue con el relato -hecho metáfora- del encuentro que mantuvieron y que terminaría abruptamente con todo -según contara Solari mucho tiempo después-, al insistir él sobre su reclamo de copias del material fílmico que estaba "en guarda" (otra vez, Indio dixit) en la casa de la pareja en Palermo, y negarse a ello con excusas pueriles Skay y Poli. Estos dos últimos son los que largan su veneno y se retiran ("vuelcan su jugo allí y se van") y a los que se representa en la letra como "la piba ésa" y "un atún" (o sea, un pescado, un tonto). Tengo para mí que lo de "atún", además de a Skay; se aplica también, elípticamente, a alguien a quien no se menciona en la letra, pero que de todos modos tiene presencia implícita, está ahí. No sé muy bien por qué, pero me hacen ruido estas iniciales: C. Q.
Continúa la cosa con una afirmación solariana de lo que le dejó la actitud de de sus ex socios ("un agujero allí de un año / ningún recuerdo... nada... nada"), y trascartón, una inferencia de las motivaciones que habrían guiado a Skay a obrar así: el egoísmo y la falta de empatía para con él ("no actúa por amor ni por esplendor"), y de lo que hizo luego de la ruptura producida, o sea, rajarse a su casa ("culeódromo" pone el Indio, significando que allí lo culearon, lo cogieron, lo jodieron) para fumarse allí "el mejor purete" (ya sea que esto deba tomarse literalmente como fumarse un habano, un puro; o que esté aplicado en sentido figurado para referirse a un porro), a boludear, dejar que discurra intrascendentemente el tiempo ("y va a matar el tiempo así...") y tratar de enterrar unos recuerdos que le traerá -en forma no precisamente grata- su conciencia.
Y viene un reproche: como consecuencia de "mareos que dan gran jaleo", es decir, al marearse con envidias, Skay adquirió "modales que dan malas mañas", o sea, privilegió otras cosas, en desmedro de los afectos y hasta de los intereses del Indio, guardándose el material fílmico para sí. Es una clarísima alusión a que cuando nos sentimos traicionados por alguien (como en este caso se siente el Indio por los otros dos), tendemos inmediatamente a pensar en cuánto tiempo hará que el que nos defraudó nos venía garcando ¿no? Y es, si se quiere, natural y lógico que uno se pregunte eso.
Pero pese a la traición de que fue objeto, el Indio en cierto modo prefiere que haya sido así, que al otro se le haya caído la careta, esas "escamas que (¡al fin!) huyen de su piel", y él pueda verlo ahora tal como es: alguien que dejó que primara un interés propio muy mal entendido por sobre una amistad entrañable de veinticinco años.
Y termina de vomitar su bronca y decepción con una manifestación de su ego, lo cual es la esperable reacción de alguien que se sabe a sí mismo superior a quienes le han escamoteado algo que también le pertenecía. Ahora van a poder comprobar "la piba ésa" y el "atún", Poli y Skay, a quién le va a ir mejor ("van a ver quién se come a quién esta vez / la piba ésa, él y un atún..").
Y creo, me parece, que los hechos demostraron fehaciente y rotundamente a quién le va mejor.... ¿O no?

ENLACE A LA CANCIÓN EN YOU TUBE: http://www.youtube.com/watch?v=mQutOFTO3_g

-Juan Carlos Serqueiros-