miércoles, 4 de abril de 2012

LA MUERTE Y YO



Escribe: Juan Carlos Serqueiros

Cuando me preguntan qué son para mí Los Redondos, invariablemente contesto: una enorme historia de amor. (Marcelo Furtivo)

LA MUERTE Y YO
(Solari)

Cosa difícil de hacer
volver a la vida peces
y que así puedan nadar otra vez
en mi sopa de pescado.
La muerte y yo...
y siempre Dios contra todos.
Un pié en el tren
y otro en el andén, ardiendo...
Me he puesto grande, ya ves
sólo le pido a la vida que no me duela
y no estar aquí si cae más mierda del cielo.
Miro a mis pies y por distracción
recorto mis uñas secas, no son mías ya...
Te digo adiós para bromear -"que el Señor te rebendiga"-
No sirvo y nunca serví para tristes despedidas
Pobre mi amor! Bendito amor! Va saturando un pañuelo...
La larga sombra que ví es la de mi pasado
un paraíso de amor que viví en el corazón del infierno...
Y nunca más... (ella sigue allí)
ya nunca más tendré miedo... (luz crepuscular).
Cuando esa luz que crece en mí
sea la que domine el cielo...
Me va alumbrando la luz de los que no respiran...

¿Eh, cómo? ¿Que por qué puse esa frase de Marcelo Furtivo al comienzo? Ya va..., tenga mano, tallador; "todo en su medida y armoniosamente", decía cierto general... Mejor vayamos ordenadamente y empecemos como corresponde: por el principio; que para caos, ya hay demasiado con este cebollín que tengo por mollera.
Todos sabemos que Solari le dedicó El tesoro de los inocentes (Bingo Fuel) a su hijo Bruno, y que se tomó su buen tiempo para reaparecer a través de ese disco, el primero suyo luego de la disolución de Los Redo. Hay en el mismo, mucho de relato intimista, mucho del Carlos Solari persona, de carne, tendones, huesos y piel quiero decir; más allá del Indio poeta y rocker. Y este tema La muerte y yo no es la excepción, por lo contrario; casi todo el disco, salvo quizá un par, tres a lo sumo, de temas; es claramente evocador.
La cosa comienza con una afirmación enfática de su agnosticismo, devenido casi (o tal vez, sin "casi") en ateísmo, a través de una metáfora que es sencillamente genial: "Cosa difícil de hacer volver a la vida peces y que así puedan nadar otra vez en mi sopa de pescado". O sea, nada de "una vida mejor, después de la terrenal" ni cosa que se le asemeje; eso lo descarta, lo niega rotundamente.
Y ya entrando en materia ("La muerte y yo..."), reflexiona en lo inevitable de ese momento que a todos nos ha de llegar, porque sabido es que está así decretado de antemano; todos conocemos cómo termina la película "(Y siempre Dios contra todos").
Sigue una alusión a la fragilidad del hilo de la vida, que puede cortarse en el instante menos pensado, y es por eso que la nuestra discurre "con un pié en el tren", es decir, gastando vida en vivir (como lo dijo en "Ropa sucia": "Vivir sólo cuesta vida"); y "otro en el andén, ardiendo...", porque al fin de cuentas, nadie quiere morir "antes de que le toque" ¿no?
Luego entabla un diálogo (que más que eso, es un monólogo suyo) acerca de la muerte, con su mujer, Virginia: le dice que siente, en razón de su edad, la cercanía cada vez más próxima de la muerte ("Me he puesto grande, ya ves"), y expresa el deseo de que la parca llegue súbita y plácidamente; no después de un deterioro físico excesivo, doloroso, de enfermedades y sufrimientos, los cuales, lógicamente, no quiere para él ("sólo le pido a la vida que no me duela y no estar aquí si cae más mierda del cielo"). Y colijo que este "diálogo" suyo con Virginia, tiene que haber tenido lugar realmente; porque a ver... por más genio de toda genialidad que sea el Indio como poeta; nadie puede estar aludiendo metafóricamente a cortarse las uñas de los pies y al sentirlas "resecas", ponerse a pensar en la proximidad de la muerte, no jodamos... Esa conversación TUVO QUE HABER EXISTIDO, y nadie me lo saca del balero. Y como Virginia, a diferencia de él, sí cree en Dios; él tontea y trata de restarle solemnidad al momento, aludiendo en broma a la fe de ella ("Te digo adiós para bromear -'que el Señor te rebendiga'- No sirvo y nunca serví para tristes despedidas"); broma esta no obstante la cual, ella, apenada y triste, llora, enjugando sus lágrimas con un pañuelo ("Pobre mi amor! Bendito amor! Va saturando un pañuelo...").
Y viene la explicación del motivo que lo condujo a pensar en la proximidad de la muerte: la evocación del pasado. Cuando uno entra seguido a rememorar tiempos pretéritos, es señal de que se va haciendo viejo ("La larga sombra que vi es la de mi pasado"). Y aquí presten especial atención: Solari pone -refiriéndose obviamente a Los Redondos y todo lo que vivió en torno a ellos- "un paraíso de amor que viví en el corazón del infierno...". Noten lo certero, lo exactísimo de la definición que hizo Marcelo Furtivo respecto a qué eran Los Redondos: "una enorme historia de amor". Y es tal cual, y (por si a alguno le hiciera falta) ahí está la prueba, emanada del mismísimo Indio... ¿Se entiende ahora qué son Los Redondos para un redondo? Bueno, eso son...
Como broche final, una aseveración de parte de Solari de su ausencia de temor cuando llegue la muerte: "Y nunca más... (ella sigue allí) ya nunca más tendré miedo... (luz crepuscular)". ¿Y por qué no siente miedo? Sencillamente, por una extraña y paradojal analogía de un agnóstico anque ateo como el Indio; con alguien que sí está convencido de la fe que profesa. Así como no siente temor de morir alguien que cree en una vida celestial y mejor después de abandonar esta terrenal; lo mismo ocurre con quien está persuadido de que la única vida que hay y habrá, es esta que tenemos. Y por eso, una vez que esa vida acaba, el crecimiento es infinito ("Cuando esa luz que crece en mí sea la que domine el cielo..."); esa es, para quienes somos agnósticos, "la luz de los que no respiran".
Y listo, che, bingo para mí... decretaron asueto mis neuronas (que no son muchas ni especialmente brillantes, justo es reconocerlo). Me fuí... chauuuu.

8 comentarios:

  1. Me encantó!. Más allá de las creencias, es una experiencia humana arquetípica, en la que todos vemos la larga sombra a causa de que el sol, se está ocultando; ese momento en que la máxima vitalidad del día, cae en el crepúsculo iluminando lo pasado o todos los momentos pasados. Ya alguna vez, al mirar al cielo y a su mujer dijo: "..y mientras tanto el sol se muere", con lo cual, de algo estoy casi segura: que cada vez que ve al sol, a su mujer, y a su pasado, hace de su poesía algo brillante!.

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  2. No estoy en mi mejor momento, así que lo haré breve, creo que este tema tiene orígen en alguna "no muy buena noticia", a la que termina ironizando para evitar el dolor que produce la venida del dolor real, tuvo una buena vida, llegó a la cima de lo que se propuso, lo hizo coherentemente, resistiendo a la tentación del sponsoreo y con el tiempo fue dando pistas leves, en otros temas, que andaban cerca de lo mismo.

    Quién haya leído la Obra de Jean Lartéguy le va a resultar más simple entender conceptualmente la obra del Indio, no porque Larteguy escriba cosas como las que escribe el Indio, sino que a partir de un libro, por ej: "Los Centuriones, "Los Pretorianos" o "Los Mercenarios", por citar solo algunos, de una basta obra, en cada libro, una vez escrito, toma un hecho referido en el mismo y lo explora, hasta convertirlo en un nuevo libro, es decir, una permanente búsqueda y estudio de un hecho relevante, escrito como secundario en uno de sus libros, con lo cual, como las ramas de un árbol, para entenderlo, hay que "desmenuzarlo"

    Aún así, creo que la frase que define el tema, una suma de poesía y callado dolor define conceptualmente que ve, le pasa y por los alrededores de quienes fueron parte de su historia que es: "me va alumbrando la luz, de los que no respiran"

    Y tomando como referencia a Larteguy, espero que despedida no sea "Adiós a Saigón" (chinitos de tiendas progres, sin amor......)

    Me dijo mi diabetólogo el otro día, en la consulta, de que manera pensaba llenar el vacío que según mis términos, el no es del palo, veía venir y no se lo pude contestar, se me llenaron los ojos de lágrimas.........

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    1. Uff!!! Menos mal que (contrariando mi habitualidad, Gabriela me acusa siempre de ser inveterado adepto al Ilvem) leí varias veces y minuciosamente lo que escribiste; porque las dos primeras, interpreté para el orto (me refiero SÓLO a la frase final) y me pegué un cagazo de aquellos, y no es cuestión de cagarse... que no hay quien limpie jejeje
      Sí, coincido en todo, el tema debe de haberse originado en alguna "no muy buena" noticia que recibió, inmediatamente se fue a hablarlo con Virginia y bueno, tuvo lugar así el episodio que se narra. Precisamente por eso puse lo de "nadie me saca de la cabeza lo de que esa conversación existió realmente". Cosas como esas, que yo creo que nos llegan por empatía, deben tener que ver con nuestra condición de redondos; de otra manera; no se explican (por lo menos para mí).

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    2. Juank nadie se muere en la víspera, es de tristeza, de lo que escribí, aunque Carla de Prensa Casa Rock, me dió un respiro, me dijo que la nota al Indio en la revista Mavirock, fué hecha el año pasado, con lo cual, parecería ser que no fue Tandil, el final que sentí, gracias a Dios.

      Un abrazo

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    3. Sí, me dí cuenta después, al releer con atención. Hablando de otra cosa dentro de la misma: no leí a Larteguy, buena oportunidad para empezar a hacerlo...
      Hoy hubiera sido una buena oportunidad, porque ando con una acidez de puta madre y me pasé toda la tarde tirado en la cama leyendo; pero no tenía nada de Larteguy; el sábado voy a comprar algo. Abrazo

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    4. Si vás a leer a Larteguy, hacelo con "Adiós a Saigón", el resto de su bibliografía fue consumida por el tiempo

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  3. Hace cuatro años decían que este tema tuvo origen a partir de una 'no muy buena noticia'. Y el Indio cuatro años después confirma que una enfermedad le viene pisando los talones.

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  4. Hola Juan, soy nuevo en el foro, y me encanta!
    Necesito saber dos cosas, primero que no llegue a comprender lo ultimo.
    "Una vez que esa vida acaba, el crecimiento es infinito"
    Capaz por que no comprendí algo, no se.
    Segundo, ¿Podría ser que en la actualidad tenga mas sentido estas obras maestras? un abrazo grande, genio.

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