miércoles, 1 de febrero de 2012

VAMOS LAS BANDAS























Escribe: Juan Carlos Serqueiros

Vamos las bandas
(Beilinson-Solari)

Y cuanto vale dormir tan custodiado
de expertos cínicos y botones dorados?
¿Y cuánto vale ser La Banda Nueva
y andar trepando radares militares?
¡Vamos las bandas, rajen del cielo!
¿Y cuánto vale tu estómago crispado
y tus narices temblando por el miedo?
¿Y cuánto vale todo lo registrado
si el sueño llega tan mal que te condena?
¡Vamos las bandas, rajen del cielo!
¿Y cuánto valen todas tus enfermeras
y tus temblores de moco super-caro?
¿Y cuánto valen satélites espías
y voluntades que creés haber sitiado?
¡Vamos las bandas, rajen del cielo!
¿Y cuánto valen tus ojos maquillados
y meditar con éter perfumado?
¿Y cuánto vale ser La Banda Nueva
y andar trepando radares militares?
¡Vamos las bandas, rajen del cielo!

El vertiginoso Vamos las bandas es un mensaje del Indio, una arenga, una (no tan sutil) bajada de línea (de las pocas que se ha permitido Solari) hacia su público, los redonditos de abajo.
No está dirigida a "las bandas" en el sentido de grupos de rock; sino a "las bandas" de los barrios, es decir, la gente, el público. Es un llamamiento a esa gente a que “rajen del cielo”, es decir, a no dejarse dominar por el temor a la inseguridad. Y de paso, un palo para la yuta (los “expertos cínicos de botones dorados”) y los milicos (“andar trepando radares militares”).
Lo de "tus ojos maquillados" se refiere a la moda banal de cambiarse el color de ojos con lentes de contacto, le está pegando a eso que considera una idiotez; y lo de "meditar con éter perfumado" es una reminiscencia de la época en que el Indio vivió en Brasil: el "éter perfumado" es el popular "lanzaperfume", un tubito, un sifoncito de vidrio lleno de éter mezclado con cloroformo y alguna fragancia. Se lo creó a principios del siglo XX para tirar en época de carnaval, como un artículo fino, y después se fue popularizando, sobre todo en Brasil donde su uso se masificó; hasta que en los 60 fue prohibido porque se convirtió en algo corriente darle otro uso: al aspirarlo, el éter mezclado con cloroformo da como un flash, un "viaje" cortito (claro, dada su volatilidad en contacto con el aire). Después vino el auge de darse un saque con eso mientras uno estaba fifando: al llegar al climax, darse con lanzaperfume era "lo más", era como "convertir" el orgasmo en éxtasis.  Una canción brasilera, muy conocida, de Rita Lee, versa sobre eso y se titula precisamente Lança-perfume.

¿DÓNDE ESTÁN LOS RESTOS DE PANCHO RAMÍREZ, LA DELFINA Y NORBERTA CALVENTO?

























Escribe: Juan Carlos Serqueiros

Los pormenores y las circunstancias de las relaciones sentimentales entre el general Francisco Pancho Ramírez y su prometida Norberta Calvento primero, entre el caudillo entrerriano y la Delfina luego y entre ambas mujeres después, son vastamente conocidos y no voy a referirme a esos aspectos. Mejor dejar tan “importante responsabilidad” como lo es espiar alcobas, oler calzones y braguetas y escarbar entre las miserias humanas y los chismes, a los pseudo historiadores empeñados en banalizar el pasado o a los miserables estilo Tinelli. Por mi parte, prefiero aportar humildemente a interrogantes tales como los que se plantean muchos argentinos y extranjeros que visitan una provincia tan rica en historia como lo es Entre Ríos, e inquieren en qué cementerios o iglesias pueden visitar las tumbas de distintos personajes históricos, como por ejemplo, los mencionados.
Lamentablemente, debo decir que es esta una pregunta que todo indica –hoy por hoy-, que quedará sin respuesta; al menos en lo que atañe a la ubicación de los restos del general Francisco Ramírez y de la Delfina.
Se sabe con certeza que inmediatamente después de muerto en las cercanías de Villa María de Río Seco (Córdoba), el 10 de julio de 1821, a Pancho Ramírez le cortaron la cabeza y luego de enarbolarla en una pica a modo de trofeo, fue cubierta con sal para conservarla algún tiempo y después envuelta en cuero de oveja para remitírsela como “presente” a Estanislao López. El cuerpo de Ramírez quedó en el lugar donde cayó y fue seguramente banquete para los caranchos. También se sabe que una vez recibida la cabeza por Estanislao López, éste dispuso, por medio de José Ramón Méndez, encargarle a su suegro, el doctor Manuel Rodríguez y Sarmiento (el mismo que actuó profesionalmente junto al doctor Cosme Argerich atendiendo a los heridos del combate de San Lorenzo), la tarea de embalsamarla, trabajo por el cual el doctor Rodríguez y Sarmiento pasaría al Cabildo de Santa Fe una factura por $ 42 (la cual se conserva de puño y letra de su emisor), según el siguiente detalle:


RELACIÓN DEL GASTO OCASIONADO PARA PRESERVAR DE CORRUPCIÓN LA CAVEZA DEL FINADO SUPREMO DE ENTRE RÍOSFRANCO. RAMÍREZ, EL QUE HE VERIFICADO POR MANDATO DELSOR. COMANDANTE DEL 2º ESCUADRÓN DE DRAGONES DE LAINDEPENDENCIA, DN. JOSÉ RAMÓN MÉNDEZ, GOBERNADOR SOBS-TITUTO DE ESTA PROVINCIA.



Pesos 

Por doze pesos de estrato de Vino retificado.........................................12

Más diez pesos de Iodo alcarforado......................................................10
Por veinte pesos de mi trabajo personal por las operaciones que he ejecutado con la expresada caveza, como son la del Trépano y demás Cirúgicas cuyo valor es sumamente infimo como lo descontará cualesquiera Facultativo en el dicho Ramo..................................................................................................20
IMPORTA PESOS...............................................................................42
Por manera que según la Cuenta que precede asciende esta a la cantidad de quarenta y dos pesos y por ser asi firmo el presente documento en la Ciudad de Santa Fe a 23 de Julio de 1821.
Manuel Rodríguez


Luego, Estanislao López hizo colocar la cabeza embalsamada dentro de una jaula de metal, la cual dispuso fuera exhibida en la iglesia matriz de Santa Fe con una leyenda que rezaba: “Para perpetua memoria y escarmiento de otros que intenten oprimir a los bravos y libres santafecinos”. Aparentemente por protestas de la curia, López accedió a sacar de la iglesia matriz el macabro trofeo y mandó colgarlo de un gancho a la entrada del cabildo de Santa Fe (gancho ese que puede verse incluso hoy día). Se ha afirmado que López utilizó la cabeza embalsamada de Ramírez como pisapapeles durante cierto tiempo, hasta que por petición del obispo Amenábar, concedió que se le diera cristiana sepultura, lo cual se verificó, supuestamente, en la Iglesia de Nuestra Señora de la Merced, hoy denominada Iglesia de Nuestra Señora de los Milagros. En 1999 por iniciativa del gobierno entrerriano y con anuencia del santafesino, se decidió que se encaren los trabajos tendientes a dar con la cabeza del Supremo Entrerriano (título este que, dicho sea de paso, Ramírez jamás utilizó ni permitió que se lo llame de ese modo), tareas estas que aún se ejecutan.
En cuanto a La Delfina, se ignora prácticamente todo. Se desconoce su filiación, su nacionalidad (se la presume portuguesa, nacida en Brasil, en Río Grande do Sul, pero sin certeza ni documentación que respalde tal creencia, y hay también quienes afirman que era porteña; asimismo, sin prueba histórica alguna). Igualmente, se desconoce si Delfina era su nombre de pila, su apellido o una alusión a una condición nobiliaria. Asimismo, se ignoran sus rasgos físicos (salvo la especial característica de su hermosura, que le es atribuida unánimemente), es decir, si era alta o baja, rubia, morena o pelirroja, y el color de su tez. No hay retrato alguno de ella, ni tan siquiera un bosquejo. El general Anacleto Medina (por entonces oficial de Ramírez y si hemos de creerle a sus supuestas memorias, las cuales habrían sido dictadas a Gerónimo Machado, ya que él era analfabeto), puesto al frente de 58 soldados sobrevivientes de los sucesos del 10 de julio de 1821, logró conducirla de regreso a Arroyo de la China (antiguo nombre de Concepción del Uruguay), atravesando en penosísimo periplo (con alguna ayuda de Felipe Ibarra) Santiago del Estero y luego el Chaco y Corrientes, pudiendo arribar finalmente a Concepción, todos medios muertos de hambre y de sed luego de semejante odisea. 
La Delfina vivió dieciocho años más en Concepción del Uruguay, muriendo el 27 de junio de 1839. 
La partida de defunción, fechada el 28 de junio, consigna: “Sepulto con entierro rezado, el cadáver de María Delfina, portuguesa, soltera, no recibió sacramento alguno, de que doy fe. Agustín de Los Santos". Fue enterrada en el antiguo cementerio de Concepción del Uruguay, en terrenos sobre los cuales hoy día se yergue el barrio La Concepción (así llamado porque en él se sitúa la antigua iglesia de la Inmaculada Concepción, en el lugar que diera origen a la fundación de esa villa entrerriana), y si bien se tiene una idea aproximada del sitio; su tumba específica no ha podido hallarse. Por otra parte, y aunque se encarasen las tareas de exhumación de todos y cada uno de los restos enterrados en ese viejo cementerio; igualmente jamás podrían identificarse los de la Delfina, ya que al ignorarse por completo sus datos de filiación, no habría manera de realizar la identificación a través de la técnica del ADN, por no haber con quién compararlos genéticamente.
En lo que se refiere a Norberta Calvento, la novia de Pancho Ramírez a la que luego éste abandonaría y con la cual rompería de hecho su compromiso al conocer a la Delfina; murió también en Concepción del Uruguay, el 22 de noviembre de 1880. Según su fe de bautismo, Norberta había nacido en Arroyo de la China, el 4 de julio de 1790, por lo cual al momento de su muerte debía contar 90 años. Sin embargo, curiosamente, en su partida de defunción se lee: “En el día veintidós de noviembre del año mil ochocientos ochenta, fue sepultado en el cementerio de esta Parroquia de la Concepción del Uruguay, el cadáver de Norberta Calvento que murió en el día de hoy en esta Capital, de edad noventa y dos años. Falleció de congestión cerebral y recibió los Santos Sacramentos y por verdad yo lo firmo. Yo, el Cura Vicario encargado Genaro R. Pérez”. 
O sea que, o bien hubo un error del vicario que la enterró (lo que por mi parte, considero lo más factible que haya ocurrido) al consignar su edad al momento del fallecimiento; o bien (en mi modesta opinión, lo más improbable) fue bautizada dos años después de nacer.
Como quiera que fuese, de ese triángulo amoroso Pancho Ramírez – la Delfina – Norberta Calvento; de la única persona de la cual se sabe exactamente dónde están sus restos, es de esta última. Y ello ocurre sencillamente porque fue sepultada en el llamado “Nuevo Campo Santo”, inaugurado en 1856 por Urquiza y que sigue siendo en la actualidad, el cementerio de Concepción del Uruguay. Allí, en el panteón de la familia Calvento, descansa para siempre Norberta.

-Juan Carlos Serqueiros-

UNA ORIGINAL INVITACIÓN A TROMPEARSE























Escribe: Juan Carlos Serqueiros

El 27 de julio de 1828, Juan Antonio Lavalleja le escribía a Fructuoso Rivera una carta que se conocería a través de la copia que su destinatario, con más que dudosísimas caballerosidad e hidalguía, hizo publicar en un periódico montevideano (el Semanario Mercantil, en su edición del 27 de setiembre de 1828) con la indisimulable intención de perjudicar ante el imaginario colectivo al remitente. Pero veamos ¿era ese el verdadero móvil que conducía a Rivera a incurrir en un acto semejante?
Leamos primero la carta, que si bien seguramente no introducirá mayores variantes en la opinión que cada uno de nosotros se haya formado acerca de estos dos personajes de nuestra historia; sí muy probablemente contribuirá a que comprendamos más acabadamente sus índoles:

Señor Don Fructuoso Rivera. Cerro Largo, julio 27 de 1828.

Mi estimado compadre: Ayer he escrito a usted por mano secreta, y ahora lo hago de mi puño para decirle las cuatro verdades del barquero. Esto es hablando como amigo, y como usted mejor que nadie me conoce, y lo que usted no conoce de mi, es porque no quiere, o porque no le trae cuenta. En esta confianza voy a hablarle con la franqueza que siempre me ha caracterizado. 
Usted no podrá negar que ha sido mi amigo y que yo lo he sido suyo, en el extremo que los dos hemos sido una misma persona. Los acontecimientos políticos en la época desde que los portugueses tomaron posesión de la provincia, usted ha visto de un modo distinto las cosas: si su política ha sido la de gambetearles a los portugueses, yo nunca he estado por ésta y sino díganlo los acontecimientos del año 22 y 23. 
Seguí con mi empeño adelante hasta el 25 que la emprendí. Usted es un testigo ocular de los acontecimientos ocurridos hasta mediados del 26. Los motivos que le dieron mérito a separarse o ausentarse de la provincia para la de Buenos Aires, los ignoro; yo he seguido constantemente trabajando por la libertad de la provincia, y tendré que hacerlo sea del modo que fuese. 
Usted recordará que a su propartida del Durazno para el Uruguay le supliqué no lo hiciera; y sordo a la justicia y amistad, tomó el partido que mejor le agradó o le convino: resultó que fue a Buenos Aires y de allí a Santa Fe: yo no quise saber más de usted y continué en la lucha de concluir con los portugueses, y le confieso compadre que me había propuesto de nunca jamás tomar la pluma para usted. Yo le hablo con esta franqueza, porque soy incapaz de marchar contra mis sentimientos ínterin ni estoy convencido de lo contrario, y como usted mejor que nadie me conoce, se lo pongo de manifiesto. Usted sabe que soy un diablo, pero usted es con uñas, patas y astas; y desgraciadamente de nuestras incomodidades resultan males de mucha gravedad a nuestra patria: nada sería que a usted o a mi nos llevase tipa y media de diablos, sino causáramos males a nuestras compatriotas, nuestros hijos, nuestras familias, y últimamente que seamos detestados por todos los hombres sensatos.
Le confieso como amigo que el mayor deseo que he tenido en este mundo ha sido el tener una entrevista con usted pero los dos solos en un cuarto a puerta cerrada, y que nos diéramos más trompadas que mentiras ha echado usted en esta vida, y después que saliéramos de amigos, y que mientras no estuviésemos convencidos de esta justicia, nos hicieran morir emparedados allí. 
Yo me alegro que haya j... bien en lo que ha rodado bien por esas provincias para que vea lo que es el mundo; y si algún día se ofrece otra, tenga más moderación y pulso en sus cosas. Yo lo he pasado primero que usted y se muy bien lo que es, C… 
Ya le he hablado a usted la verdad en un tono que usted dirá lo de siempre '"estas son las rabietas de mi compadre"; pero son verdades, que si fuera a hablar todo lo que debía no bastaría una resma de papel, si usted quiere volver a nuestra amistad antigua, yo le prometo bajo el nombre sagrado de amigo, que lo seré suyo, y en todas las circunstancias; y sino seremos bien hablantes. 
Acuérdese, C… los piojos que hemos muertos juntos por salvar nuestra patria. Recuerde la amistad; traiga a la memoria la noche de Arerunguá, -que Lavalleja era su amigo en los brazos de quien usted derramó lágrimas-. 
Tengamos más mundo, hemos padecido lo bastante y vamos a unir nuestros corazones, y que no se rían de nuestras miserias; y que otros disfruten de las glorias que hemos adquirido con nuestros esfuerzos en obsequio de la libertad de nuestra patria. 
Si usted conviene en esto, vamos a trabajar por conciliar todo, tanto entre amigos, como familias, y nosotros particularmente. En tanto le desea a usted toda felicidad su afectísimo compadre
Lavalleja
P.D. Mándeme una chinita linda, y le mandaré a su tuerta Juana la consabida.

Es copia del original a que me remite.
Rivera

Entrando en materia, Lavalleja y Rivera habían sido, además de amigos; oficiales de Artigas y compadres entre sí. Cuando en 1817 Lavalleja se casó con Ana Monterroso, lo hizo por poder, dada la férrea oposición que sus padres (los de Lavalleja, quiero significar) hacían de esa boda a la cual reputaban como inconveniente, y su apoderado en esa oportunidad fue precisamente Rivera, que por entonces era su oficial superior, su jefe inmediato en la milicia. Caracteres disímiles: frontal, exaltado, gritón, extrovertido, audaz hasta la temeridad y a menudo ingenuo el uno (Lavalleja); taimado, ladino, astuto, calculador, pícaro, arrogante, insolente y hasta ofensivo muchas veces el otro (Rivera) y celos profesionales (parece que frecuentemente Lavalleja actuó hacia Rivera movido por esas emociones), no habían conseguido mellar del todo el aprecio que ambos se tenían, que siempre terminaba por imponerse y les permitía la prolongación de una amistosa camaradería, la cual continuaba a despecho de la sorda rivalidad que se incubaba en sus pechos, de los distintos procederes que ambos evidenciaban y de las distintas opiniones que sustentaban. Quizá ayudaba también al sostén del sentimiento fraterno entre esos dos hombres tan distintos y a la vez tan similares en algunas carencias -la intelectual era una de ellas, aunque más iletrado aún era Rivera (cuasi analfabeto que leía y escribía a duras penas y con enormes dificultades) que Lavalleja-, la condición común que detentaban de profundos conocedores de la geografía oriental y de las gentes de la campaña, considerados ambos extraordinarios baqueanos, tal como de Rivera lo dice Sarmiento en su Facundo. Como sea que haya sido, se las arreglaron para mantener una cordial relación hasta que el diablo metió la cola, en la forma de la invasión luso-brasilera a la Provincia Oriental, y allí todo se iría adonde Rivera (o el escribiente del periódico) no quisieron estipular lisa y llanamente, esto es, al carajo.
Lavalleja se mantuvo leal a Artigas y hasta caería prisionero de los luso-brasileros que lo recluyeron en Ilha das Cobras, frente a Río de Janeiro (prisión en la cual falleció su hijita Rosaura); mientras que Rivera comenzó a patentizar una cada vez más frecuente desobediencia a las órdenes del Protector, llegando en 1820 a pasarse a las filas del invasor portugués. 
No obstante ello, pareciera como que hubiese habido, quizá, algo así como una calculada intención en evidenciar una actitud colaboracionista hacia el enemigo por parte de Rivera; pero con miras a algo ulterior: sacudírselo de encima ("su política ha sido la de gambetearles a los portugueses", le escribe Lavalleja creyéndolo así). 
Y en obsequio a la verdad histórica, es menester decir también que, si bien Lavalleja se mantuvo firme junto a Artigas; mucho después de la caída de éste y ya estando el Jefe de los Orientales exiliado en el Paraguay del doctor Francia, le escribiría a Carlos de Alvear el 18 de junio de 1826 estas repudiables frases (que mucho mejor hubiera sido para su gloria póstuma abstenerse de volcar al papel) acerca de las tropas que comandaba: "no serán destinadas a renovar la funesta época del Caudillo Artigas... El que suscribe no puede menos que tomar en agravio personal un parangón que le degrada..."En fin, lo de siempre: las miserias que afloran en los hombres cuando se obra al calor de la pasión política desenfrenada y no se tiene una psique capaz del renunciamiento. 
Sin embargo, preciso es convenir en que la gaffe de Lavalleja en esa oportunidad, no es en modo alguno comparable a la de Rivera. Y es precisamente eso lo que le reprocha en el párrafo: "... y sino díganlo los acontecimientos del año 22 y 23. Seguí con mi empeño adelante hasta el 25 que la emprendí (Nota mía: Lavalleja se refiere aquí a la epopeya de Los Treinta y Tres Orientales). Usted es un testigo ocular de los acontecimientos ocurridos hasta mediados del 26 (Nota mía: Lavalleja tiene aquí la delicadeza para con Rivera -o, según se mire; la discreción- de usar el eufemismo 'usted es testigo ocular', en lugar de consignar explícitamente y en detalle las circunstancias de lo ocurrido desde y a partir del 29 de abril de 1825 a orillas del arroyo Monzón). Los motivos que le dieron mérito a separarse o ausentarse de la provincia para la de Buenos Aires, los ignoro; yo he seguido constantemente trabajando por la libertad de la provincia, y tendré que hacerlo sea del modo que fuese. Usted recordará que a su propartida del Durazno para el Uruguay le supliqué no lo hiciera; y sordo a la justicia y amistad, tomó el partido que mejor le agradó o le convino: resultó que fue a Buenos Aires y de allí a Santa Fe: yo no quise saber más de usted y continué en la lucha de concluir con los portugueses...". 
La carta de Lavalleja rezuma sinceridad y en ella reconoce las fallas de carácter que pueda tener: "usted sabe que soy un diablo", le escribe a Rivera, para a continuación espetarle un rotundo "pero usted es con uñas, patas y astas" (en lo cual por cierto, no le faltaba razón).
Seguidamente, lo invita a pelear a trompadas, encerrados ambos en un cuarto, para no salir sino hasta que hayan quedado completamente zanjadas las diferencias; lo cual viene a demostrar que, a pesar de todas las trastadas que se mandó Rivera; Lavalleja, si bien enojado; no llegaba a odiarlo, y por eso lo desafía a pelear a trompadas en lugar de retarlo a un duelo a muerte. Y por eso también, se empeña en arreglarse definitivamente con el antiguo amigo. Y de paso, nos permite entender hasta qué punto llegaba la ingenuidad de Lavalleja, porque suponer un cambio en un individuo como Rivera, sólo podía hacerlo un completo crédulo. Y debo decir asimismo que el candor de Lavalleja era tanto más sorprendente, cuanto que no ignoraba en modo alguno que el mote de "pardejón" le había sido endilgado a Rivera por Rosas, precisamente por ser como ciertas crías de mula que jamás se amansan y de las cuales siempre debe desconfiarse, so pena de recibir sus coces en el momento más impensado.
Y concluye Lavalleja, expresando en la más completa y despreocupada camaradería a quien le supone -errónea e ingenuamente- albergar iguales sentimientos que los que a él le animan, que si le manda alguna "chinita linda"; él le enviará asimismo a "su tuerta Juana la consabida", refiriéndose a alguna geisha criolla pródiga en dispensar sus favores sexuales, de los que el Pardejón ya había disfrutado antes, y de allí el uso del pronombre posesivo su que hace Lavalleja. 
Y en este punto quisiera detenerme unos instantes, para expresar mi desacuerdo con algunos historiadores que suponen que la publicación en la prensa que dispuso Rivera de esta carta, perseguía el propósito de opacar ante la gente la imagen de Lavalleja, exhibiendo su promiscuidad en materia de mujeres. Discrepo con ese criterio. Para mí, los móviles que guiaban al Pardejón, eran muy otros. Creo que lo que buscaba era, sabedor de la infamante condición de traidor que  se le achacaba; instalar en sus coetáneos la idea de que su adhesión al invasor luso-brasilero era sólo una máscara que ocultaba sus móviles de "abnegado patriota". Y Lavalleja, en su infinita ingenuidad, le dio (seguramente, sin quererlo) pie para ello.
Me gustaría terminar resaltando algo que está explícitamente indicado en la carta de Lavalleja: éste en modo alguno buscaba por entonces la independencia de la Banda Oriental, pretendiendo erigirla en un estado separado del resto de las provincias argentinas. Habrá notado usted, estimado lector, que escribe invariablemente "provincia" y "libertad de esta provincia", dejando en claro que no la concebía como un nacionalidad aparte de sus hermanas argentinas. Y que si después Lavalleja terminó por aceptar la independencia de su patria chica, ello se debió a que lo forzaron (a él y a otros orientales, o a la mayoría de ellos) las circunstancias.

-Juan Carlos Serqueiros-


domingo, 29 de enero de 2012

LAVI-RAP























Escribe: Juan Carlos Serqueiros

Lavi-Rap
(Beilinson – Solari)

El Morta, Huesito y Mr. Ed.
van a saltar otra vez sin red.
Se enrollan, se baten, se agitan y mojan
en lavi - rap.
Al comprar el "pajarito",
debieron preguntar, tal vez,
cuánto costaba la linda jaula
del lavi - rap.
Onambólicos asteroides
tragan y esperan para enjuagar
al todopedoroso dios
del lavi - rap.
Sólo saben llorar por minas y por guita
(no más bohemia, todo es chusmear),
y tener todo clarito
en lavi - rap.
Si el "pajarito" da una buena
van al Tortoni o al Castelar
y suman un buen baño turco
al lavi - rap.
El último show no murió casi nadie
se fue vacío el furgón de los fiambres
Cubrieron la mierda de azúcar negra
en el lavi - rap.

Un título sumamente sugestivo, ¿no?, que instantáneamente nos remite a pensar en la famosa cadena “Lave-Rap”, de lavado automático de ropas. “Lavi-Rap”, le pone el Indio, para sugerir la limpieza de algo, pero sin incurrir en la copia textual de la marca registrada. ¿Quizá para evitarse un reclamo legal, o será otro el motivo de la alteración? Vaya uno a saber… Igual, mucho no interesa; lo que sí es importante, es la imagen que construimos a través de esa asociación de ideas: la de lavar y enjuagar algo.
Tenemos tres personajes: “El Morta”, “Huesito” y “Míster Ed”, de los cuales sólo tenemos data (posterior a la creación de este tema incluido en Lobo Suelto / Cordero Atado) fidedigna (tan fidedigna, que es de boca del propio Indio) de uno de ellos: el “Morta”, que según nos cuenta el Indio a propósito de “Morta punto com”, tema incluído en Momo Sampler; es un tipo “que no se cuece en un hervor”, que “antes tenía un papeo interesante” y que “tiene un tío en Nueva Jersey”. De “Huesito” y “Míster Ed” nada sabemos, salvo que “Míster Ed” era una famosa serie televisiva de los 60 y 70, protagonizada justamente por Míster Ed, que era un caballo que… hablaba! Quizá el apodo del amigo o conocido del Indio, se deba a algún parecido o analogía con el Míster Ed de la tele, no sé... En cuanto al otro fulano, "Huesito", tal vez sea por lo flaco, o porque le guste timbear a los dados; tampoco sé...

La cuestión es que estos tres ñatos, sea cual fuere el metier al que se dedican (que puede ser una actividad delictiva -lo que me parece más probable-, como por ejemplo  traficar drogas y lavar guita negra), o también puede ser que sin incurrir necesariamente en el delito; sea asimismo un negocio non sancto, no legítimo, que repugna a la conciencia de quien lo realiza, pero que a la vez, no está penado por la ley), decidieron nuevamente (“otra vez”, dice el Indio) correr un riesgo considerable (“van a saltar… sin red”).
Trascartón, viene una imagen sumamente descriptiva de la acción de lavar algo en una lavadora automática (“se enrollan, se baten, se agitan y mojan en lavi-rap”), aludiendo a que a los tipos los lavan ¿Y, por qué los lavan? Y…, puede ser que en el “lavi-rap” laven la guita negra que ingresa producto del narcotráfico que ejercen “El Morta”, “Huesito” y “Míster Ed”,  y también puede ser que los laven, como una forma metafórica de describir lo de "lavar" sus conciencias…, no se sabe; lo que sí es seguro, es que algo lavan. Lo primero que uno piensa cuando se habla de lavado y que no esté específicamente dirigido a lavado de ropa; es el lavado de guita negra, es decir, procedente de algo ilegal; a mí se me ocurre que la significación es doble, es decir que están blanqueando, haciendo legal algo ilegítimo; y a la vez, que lavan sus conciencias atormentadas, preocupadas por el riesgo que corren; pero es sólo una presunción, un presentimiento mío.

Luego viene una suerte de “y…, ahora jódanse, lo hubieran pensado antes”. Está insinuando que antes de dedicarse a alguna actividad no legítima –no importa si es delinquir o si orillan la delincuencia sin tocarla o ni siquiera eso; lo que importa es que el negocio en el que están, no es legítimo, por lo menos moralmente legítimo- (“al comprar el pajarito”), tendrían que haber pensado (“debieron preguntar, tal vez”) en si valía la pena correr los riesgos que están corriendo. Ahora están embretados en eso y no pueden (o no quieren o no ven la forma de) salir del “negocio” porque están metidos en esa jaula de la cual no pueden escapar..., ya es tarde para eso (“cuánto costaba la linda jaula del lavi-rap”).
Y tenemos un neologismo solariano de pura cepa, de esos con los que de vez en cuando el Indio nos sorprende y nos deja con la boca abierta: “onambólicos asteroides”. Son “asteroides”, porque los tres fulanos no llegan a ser astros del todo; son astros menores, de escasa significación y relevancia, son sólo peones en el ajedrez del que tiene la batuta; que no es otro que el tipo que dirige la organización que integran -“el todopedoroso dios del lavi-rap”- (p
one "todopedoroso" en lugar de todopoderoso, de modo que suene fonéticamente parecido, para referirse a un "dios" pedorro, lo cual "refuerza" con el uso de minúsculas, para marcar que no habla de la deidad, de la divinidad; sino del ñato que es el jefe de una organización non sancta). Y son “onambólicos”, porque son unos “pajeros simbólicos”; o sea grandes pajeros, LOS pajeros, digamos; construyendo un neologismo, es decir una palabra que hasta allí no existía en el léxico, a partir de la referencia a Onan (onam), el personaje bíblico que simboliza la masturbación, la auto satisfacción sexual, unida al apócope de lo que tiene que ver con un ícono, con un símbolo (bólicos = forma apocopada de simbólicos).
Y a continuación, una “pista más firme”: el Indio nos dice que el trío ese anduvo alguna vez en la bohemia, con lo cual es fácil inferir que no sólo “El Morta”, sino también “Huesito” y “Míster Ed”, deben haber sido compañeros suyos de noches de “naufragio”, es decir, de bohemia creativa. Pero ahora, eso que antes era bohemia, se convirtió en un conventillo y en un careteo ("no más bohemia, todo es chusmear"), y por eso el Indio se alejó de ese ambiente que le repugna, no quiere estar ahí; mientras que otros sí continúan en él (“sólo saben llorar por minas y por guita"), porque no importa si le vendieron el alma al diablo, total… después todo se lava ("y tener todo clarito en lavi-rap”).
Y si cazan un buen billete (“si el ‘pajarito’ da una buena” -y hablando de eso, ya es hora de ocuparme del “pajarito”, un poquito de paciencia, che, ya voy, aguanten-), disfrutan de la buena vida, de la paquetería de tomarse un buen café en el Tortoni (con lo cual de paso, no se alejan del todo de eso que ellos siguen tomando por “bohemia”) y de darse un baño turco en el spa del Hotel Castelar, que los desintoxique, complementando el lavado de conciencias (y de guita) que antes se hicieron en el lavi-rap (“van al Tortoni o al Castelar y suman un buen baño turco al lavi-rap”). ¿Y qué joraca será el “pajarito”? ¿No será por casualidad un avión en el cual trafican drogas?... hum…
En la última transa que hicieron (“el último show”), les salió todo bien, no tuvieron que lamentar pérdidas (“no murió casi nadie, se fue vacío el furgón de los fiambres”), pero eso no significa que siempre vaya a ser así; por eso el Indio escribe “CASI nadie”, como diciéndoles “OK, HOY no murió nadie, pero ¿y mañana?... Ojo, eh, guarda”. Y por supuesto, tampoco significa que por el solo hecho de que les haya salido bien, eso legitime la transa que se están mandando; simplemente lo que hicieron fue tapar la cagada, sólo eso (“cubrieron la mierda de azúcar negra en el lavi – rap”).

Por otra parte, tengo una mente bastante retorcida, tanto, que me llevó a flashear con que la tríada El Morta, Huesito y Míster Ed en algún punto pueda ser asimilable a ellos mismos, a los Redo. Pero claro, seguramente me indujeron a ello los cabernet sauvignon que me había zampado. O no...

ENLACE A LA CANCIÓN EN YOU TUBE: http://www.youtube.com/watch?v=eauYr135HWY

-Juan Carlos Serqueiros-

jueves, 26 de enero de 2012

¡ES HORA DE LEVANTARSE, QUERIDO! (¿DORMISTE BIEN?)






















Escribe: Juan Carlos Serqueiros

¡ES HORA DE LEVANTARSE, QUERIDO! (¿DORMISTE BIEN?)
(Beilinson - Solari) 

Soñaste angelitos muy profesionales
que iban al grano jugando a los gangsters.
Dormís colgado en la rama
que soldaste con primor
y el carozo del asunto es tu temor,
es sólo tu temor que es tan puro
y tan elegante
sentado en tu dedo muy almibarado.
¡A vivir que son dos días!
(descolgalos del laurel)
Nadie quiere tu secreto más que vos...
nadie más que vos.
Tenés la licencia para envenenarnos,
pensás con audacia consejos muy agrios.
Un caníbal desdentado
enseñando a masticar,
tu negocio es muy difícil de explicar
y fácil de enseñar
fácil de enseñar
si dormiste bien.

Ante todo -nobleza obliga- debo confesar que di muchas vueltas antes de decidirme a subir esta “interpretación” (que no es tal, porque en realidad, no hay nada que interpretar).
En principio, me parecía (y me sigue pareciendo) que “interpretar” una letra del Indio que cuenta algo que es archisabido a partir de que él mismo lo hizo público; es como estafar a los demás y -lo que es aún peor- estafarse uno mismo. También reputo como ocioso ponerse a escribir sobre algo que no tiene ningún misterio y que no admite segundas interpretaciones, desde que el propio autor denuncia a quién está dirigido el palazo. Y por último, por esa vieja práctica a la que tan afectos solemos ser todos, aunque tratemos de “ser buenos” y procuremos no caer en ella: la de negarnos a otorgarle mayor relevancia a quien sentimos que no la tiene (como en este caso, no la tiene el destinatario de la piña).
Pero pudo más la invariable atracción que siento hacia todo lo que escribe Solari, porque “dónde ha de ir el buey que no are”, ¿no?, y porque al final, aún siendo un misil dirigido a un blanco determinado; la lírica esta bien puede aplicarse no sólo a ese blanco determinado, sino también a quienes incurren en las mismas prácticas perversas que él (el “blanco” digo, que es de carne y hueso y tiene nombre y apellido). Y entonces, acá estamos, qué sé yo...
La historieta es bien conocida: un tal Carlos Polimeni, oscuro periodista presumiblemente “especializado en rock” (?) y que en una época parece ser que estaba cercano a la banda y hasta tenía acceso a camarines, no tuvo mejor ocurrencia que escribir, en 1989, en el suplemento del periodicucho para el que trabajaba (Sur), un artículo que tituló (se rompió el marulo eh, para mí que desde ese momento llegó al término de su creatividad) “El silencio es salud”, en el cual criticaba una tardía (según él) decisión de los Redondos de tocar en Obras, después que (otra vez, según él; vaya uno a saber de dónde lo habrá sacado) debido a un “homenaje a su supuesta coherencia” (sic) de la banda (que obviamente, Polimeni entendía errada), se habían negado hasta allí a hacerlo, condenando (en la opinión de Polimeni), al público redondo a sufrir las “malas condiciones de seguridad” (sic) de los demás sitios donde hasta allí los Redondos habían tocado.
La bronca del Indio ante eso, fue apoteótica, y públicamente, desde el escenario, obsequió a Polimeni con un rotundo: “periodista yuppie, advenedizo y genuflexo, Carlitos del Sur, me cago en tu puta boca”.
Aún no escarmentado (lo cual viene a desmentir aquello de que “el que se quema con leche ve la vaca y llora”), Polimeni, haciendo después causa común con su amigote Quiquito Symns, siguió boqueando sandeces, criticando a la misma banda que antes (cuando tenía acceso a camarines), había cubierto de elogios, principalmente a partir del desgraciado suceso de la muerte de Walter Bulacio, y hasta llegó a afirmar que el Indio había sido profesor de gimnasia en el Colegio Militar.
Hasta que, harto de soportarlo, Solari creyó llegado el momento de ocuparse debidamente de Polimeni, y en la misa de presentación de Lobo Suelto / Cordero Atado, le zampó este tema “Es hora de levantarse, querido! ¿Dormiste bien?”, con dedicatoria incluida, desde el escenario del Palacio Ducó: “Bueno, este tema personalmente quiero dedicárselo… hay un gran perejil que está jodiendo desde una página… desde Página/12, me ha jodido desde hace mucho tiempo. Pretende que un tipo como yo, que la única gimnasia que he hecho es destapar botellas (no me jacto de ello), haya sido profesor de gimnasia en el Colegio Militar. Carlitos no jodas, ya tenés un lugar en el cielo de los nabos”.
La letra es tan contundente como las que acostumbra dedicar Solari a quienes osan joderlo, como por ejemplo la de Blues de la artillería, en la cual destroza prolijamente a Symns: comienza desde el título preguntándole a Polimeni por su conciencia (“¿dormiste bien?”),  continúa tratándolo de nene de mamá (“tu temor”), de no entender de qué va la cosa (“soñaste angelitos muy profesionales… jugando a los gangsters”), le lanza una advertencia (“nadie quiere tu secreto más que vos”), le enrostra el uso irresponsable de su capacidad para hacer daño abusando de su condición de periodista (“tenés la licencia para envenenarnos”), desprecia los “consejos” encubiertos en su crítica (“pensás con audacia consejos muy agrios”), le niega idoneidad y aptitud profesionales (“un caníbal desdentado enseñando a masticar”), y lo remata refiriéndose a los móviles presumiblemente non sanctos del otro (“tu negocio es muy difícil de explicar”).
Después de semejante filípica, a Polimeni, “mágicamente”, se le terminaron las ganas de joder. 
En fin…

miércoles, 25 de enero de 2012

LA MURGA DE LA VIRGENCITA


Escribe: Juan Carlos Serqueiros

LA MURGA DE LA VIRGENCITA
(Beilinson – Solari)

Marita lo hace por la guita
con los bomberos del cuartel
Su barrio es tan inclemente
y su comparsa siempre es cruel.
Sueña con que su rollo sea
película de amores suaves.
La murga de la virgencita
ese aguijón picante y miel.
Se tambalea en sus tacones
no tiene nada que perder...
Nunca pudo comer del queso
sin que la trampera la aplaste.
Los coches van y vienen
y su ilusión fulana
se empolva la nariz
muerde el labio y va otra vez
para ahogar arcadas gusto a menta
junto con sus bostezos.
Sus chulos son legión
de "cucharangos" que hacen temblar
de miedo su boquita.
Ay! Ay! mi virgencita.
Se maquilla la piel
para el Túnel de amor
y también para su Tren fantasma
(con la boquita seca)
Será el propio buen Dios
quién toca así el tambor
y que ahuyenta su clientela
y la aflije con tristezas.
Pilchitas de poliester
y santidad de virgen.
Milagro más, milagro menos
otra polilla en busca de la luz.
La murga de esa virgencita
que no quiere besar a nadie...

Continúa en Momo Sampler, esa “orgía de baja fidelidad”, el desfile de murgas, es decir, de personajes característicos de esa vergonzante sociedad argentina del 2000. Un carnaval donde reina la impostura, donde todos están travestidos y donde nadie parece ser lo que en realidad es.
En este caso, la protagonista es una prostituta pobre, de condición social baja; no es un yiro caro y finoli, sino una pobre mujer que vive en uno de esos barrios “desangelados” (“su barrio es tan inclemente”), a quien las circunstancias de su vida y la miseria en que está inmersa, la llevan a ejercer eso que algunos llaman “el oficio más antiguo del mundo” (de lo cual, dicho sea de paso, nunca logré saber el porqué, ¿cómo carajo saben los que lo afirman, que es “el oficio más antiguo del mundo? ¿qué mierda tienen, la máquina del tiempo, como para saber cuál es la ocupación más vieja desde los albores de la humanidad?).
Pero esta prostituta no es una prostituta cualquiera, no; es una que nos despierta instantáneamente sentimientos de ternura y de compasión por la vida que lleva. De movida, porque su nombre es, sugestivamente, María (“Marita” la llama el Indio, utilizando el diminutivo con el propósito de acentuar lo desvalido, lo indefenso del personaje). Y también porque a pesar de hacer la calle, María es, como la Virgen María; una “virgencita”. O sea, Marita es una prostituta, pero en la impostura; mientras en la realidad es una mujer pura, una “virgencita” por su alma incontaminada, a pesar de estar hundida en el fango de la marginalidad y verse obligada a ejercer de puta.
El “rollo” de Marita, o sea su sueño más anhelado, es que llegue el amor a su vida (“sueña con que su rollo sea”), vivir un amor verdadero, con un hombre bueno que la saque de ese infierno en que vive (“película de amores suaves”).
Nunca pudo disfrutar de nada, dejando en el camino su vida a jirones (“nunca pudo comer del queso sin que la trampera la aplaste”).
Y en ese yirar y yirar que son sus noches, esperando clientes (“los coches van y vienen”), esporádicamente consigue hacer alguna “francesa”, algún pete, alguna fellatio; y termina comiéndose una pastilla o un caramelo de menta, para quitarse de la boca el gusto a semen que le provoca naúseas (“para ahogar arcadas gusto a menta”).
En esa existencia miserable que lleva, Marita tuvo varios cafiolos (“sus chulos son legión”) que la explotan, obligándola a ejercer la prostitución en su beneficio; so pretexto de “protegerla”. Tipos que, como todo cafisho, son “cucharangos”, es decir, de baja estofa, deleznables, ordinarios y brutales. Esos fiolos, esos chulos, siempre la cagaron a palos; y por eso Marita les teme (“hacen temblar de miedo su boquita”).
Y tenemos también una metáfora muy sugestiva: la de “Se maquilla la piel / para el Túnel de amor / y también para su Tren fantasma / (con la boquita seca)", en la cual el Indio alude a los mejores sueños y a las peores pesadillas de Marita, ilustrándolos con una mención a dos atracciones de los parques de diversiones para niños que hasta hace algunos cuantos años, aún existían (en el interior de nuestro país, todavía quedan algunos): “El túnel del amor” y “El tren fantasma”. Esas atracciones consistían en unos carritos que corrían sobre unos rieles en el caso del "tren fantasma", y de unos botecitos que iban sobre un arroyuelo artificial en el caso del "túnel del amor". Y si entrabas al “túnel del amor”, a jugar con alguna amiguita a ser novios, entonces entrabas a algo donde el ambiente era mágico, apacible, romántico, plácido, todo te daba la idea del amor; y si entrabas al “tren fantasma”, el carrito corría vertiginosamente, se sacudía amenazando echarte fuera, te aparecían monstruos horrendos, un verdugo amagaba cortarte la cabeza con un hacha, todo era horripilante, de modo de asustarte. Sí... los sueños de Marita, discurren por el “túnel del amor”; pero la vida, la realidad de su pobre vida, la acusa la pesadilla del “tren fantasma”…
No obstante esa vida de mierda que lleva, Marita soporta todo estoicamente, y se resigna pensando que será Dios quien la castiga “tocando el tambor” que le espanta esos clientes que tanto busca, de modo de poder ganarse unos pocos pesos.
Ella viste pobre, modestamente, con ropas de las más baratas y ordinarias (“pilchitas de poliéster”), que delatan su “santidad de virgen”; porque Marita, si bien en la impostura de la apariencia es una puta; en la realidad su corazón no está enviciado, corrupto.
Y al final, Marita es sólo una más entre tantas mujeres que se han visto obligadas a vender sexo por unas chirolas, y que al igual que ella, sueñan con un amor bueno que las salve, que las “redima” (como si el infierno que soportan, no fuese bastante, me cago en el mundo); por eso Marita es “otra polilla en busca de la luz”.
Y es una virgencita que “no quiere besar a nadie”, porque quiere mantener su boca virgen de besos, para entregársela a ese con el que sueña,  a ese de película romántica que la sacará del barro y la miseria, a ese amor que, ¡pobre!, nunca le llegará… ¿O quizá sí?


-Juan Carlos Serqueiros-