lunes, 13 de marzo de 2023

BUENOS AIRES LLUEVE




































Escribe: Juan Carlos Serqueiros

Buenos Aires llueve. A través de la vidriera del bar, el tipito contempla a la gente que corre buscando dónde guarecerse del chubasco.
Desde la mesa de al lado le llega, insoportable y chillona, atiplada hasta la exasperación, la voz de pito de un hombre que previsoramente le avisa a su mujer: "Llego en maso una horita, Gorda. Pedí unas empanadas y acostá a los chicos, que tengo buenas noticias: me dijo el gerente que el ascenso es para mí y que voy a ser el nuevo jefe de ventas. Sí… lo garqué al pelotudo ese de Aguirre… Sí… Sí… Naa… qué Costamagna… no existe ese, es un pancho, ya estaba borrado desde el vamos… Bueno, después te cuento, que me estoy quedando sin batería… Dale, Gorda, nos vemos en un ratito. Beso". En la de enfrente, un ñato cara de nada y colorado como chorizo ídem, corre el pocillo del café que se le heló en la espera, y le ladra por el celular a su novia, pareja o lo que fuere (que por los gritos del colorado, se deben haber enterado hasta en Tombuctú de que se llama Luciana): "¡Me dejaste de garpe! ¿En qué carajo andás, Luciana? ¿Me viste cara de gil o qué? ¿Eh? ¿Qué decís? ¿Cómo que ‘pará la moto’? No paro nada, me escuchás… ¡Una mierda paro! Oíme bien esto, Luciana… ¿Estás ahí? ¡Lucianaaa!". Y después, como para sí mismo: "Cortó la hija de puta…". Trascartón, levanta la vista y mira al tipito, como esperando su comprensión. O su solidaridad.
Hábilmente, gambeteando como el Hueso Houseman, éste esquiva la mirada del otro, como para no "contaminarse", mientras piensa que si la tal Luciana le estuviera metiendo los cuernos a ese energúmeno colorado-cara-de-nada; entonces habría que felicitarla, porque ¿a quién se le ocurre ponerse a gritar como un desaforado que la mina lo plantó y que (probablemente, ojalá) lo guampea? Y piensa también en el coso ese al que ascendieron, pero sobre todo; en su jefe que, calcula, debe ser un terrible idiota marca ACME, porque al fin de cuentas; qué otra cosa puede ser un fulano que asciende a nada menos que jefe de ventas a un tipejo con tal voz de pito que parece una trola histérica. Por favor…
El tipito mira la hora: ya pasa de las 20. Todavía no escampó. Si deja de llover, va a patear Lavalle hasta El Palacio de la Papa Frita para embuchar unos escalopes de esos que hacen ahí y que lo deliran. O tal vez se zambulla en la prisa inútil de un tacho y corra hasta Pompeya a morfarse unas empanadas y escuchar unos tangos en el bar El Chino. O de última, quizá recale su osamenta en algún local de Las Cañitas, a ver qué aventura puede depararle esta noche de jueves. Total…
Decididamente, no tiene ganas de meterse en la confortable suite de hotel cinco estrellas que aloja al ejecutivo importante que es.
Sigue lloviendo. El boludo recién ascendido de la voz de pito se fue. Y también el colorado estentóreo y cornudo. Su mesa la ocupa ahora una morocha, largamente cincuentona, que mira al tipito apreciativa, invitadora, sugerente y prometedora. Él la mira a su vez y repara en sus pilchas —ostentosamente caras, sin duda alguna—, en la belleza de su rostro fino y aristocrático, y en que carga unas exuberantes tetas que se dejan adivinar bajo el profundo escote (¡ay! ese Edipo que lo va a terminar matando uno de estos días). "Y si agarro viaje con su convite a garchar…", esboza como intención, para seguidamente descartarla al toque. "Una rota y un descosido no hacen precisamente lo que diríamos un buen combo", concluye. 
Llama al mozo, pide otro ristretto y otro Bacardi dorado —ya va por la tercera vuelta, mientras reitera que no quiere hielo ("hay que ser ordinario como inodoro 'e porlan para ponerle hielo al fiel y viejo ron", piensa), mientras rezonga una feroz puteada contra la absurda prohibición de fumar en lugares cerrados. "Tenés que cortarla con el escabio y el faso", le reprochan sus eternas promesas incumplidas a pura mentira. 
Afuera, la ciudad sigue llorando su cargante letanía en copiosas lágrimas de plata que son como una melange de río, puerto, obelisco, semáforo, asfalto, bandoneón y rock.
Buenos Aires llueve. Y llueve la soledad del tipito (no soledad en tanto carencia de compañía; sino soledad en serio, de verdad y sin grupo, absoluta, inmaterial; soledad del alma que no ha aprendido a valorar la compañía del sí mismo, bah). 
Buenos Aires llueve. Y llueve su tristeza (congénita). Verne escribió que los italianos nacen músicos así como nacen ingenieros los yanquis y metafísicos los alemanes. Y el tipito masculla para sí que al bueno de Julito se le olvidó agregar que los argentinos nacen tristes.
Llama al mozo, paga, se levanta sin volverse para mirar a la cincuentona de enormes tetas, lo cual lo pone tan orgulloso como un yonqui que lleva una semana sin drogarse y al fin sale, resuelta, osada y valientemente al aguacero.  
Buenos Aires llueve. Y llueve también sobre eso que él llama su puta anhedonia.

-Juan Carlos Serqueiros-

Imagen: Mario Eduardo Aguilera Merlo, “Buenos Aires llueve”, óleo sobre tabla, contemporáneo.



domingo, 12 de marzo de 2023

CUANDO CANJEAMOS DOLOR POR ACEPTACIÓN




















Escribe: Gabriela Borraccetti *

Nos cruzamos cientos de veces por día con un fárrago de información que no pasa de ser eso: pequeñas esquelas o copetes que pretenden dar una respuesta sencilla a problemas que llevamos enclavados en lo profundo de nuestra oscuridad.
Solemos buscar palabras mágicas que nos hagan comprender en un segundo aquello que nos ha estado doliendo por mucho tiempo o que reconocemos como una reacción común en nosotros ante la dificultad, las elecciones amorosas, el espejo, los fracasos o las reiteradas vivencias de desamor, sensación de fracaso, etc.
Lo cierto es que pretendemos (y nos forzamos a ello) querer con poco y profundizar en mucho. Suponer que podemos salir mágicamente de cosas que nos devuelven al dolor tomando atajos o con la lectura de un libro de autoayuda (muchos de ellos best sellers al tope de las ventas), es ser simplemente niños de pensamiento infantil y mágico que suponen la existencia de un Papá Noel que con un regalo, una frase o 300 páginas, solucionará una vida que llevó años construir tal como está.
Pues bien, si usted ha llegado aquí a leer estas páginas, será porque sabe en su fuero interno que debe entrar a él, a hablar con su dolor de estómago, con sus malestares cotidianos, con su insomnio, con sus infecciones y con aquellos lugares que afectados, reclaman por alguna imposibilidad en el movimiento o en la expresión normal de su anatomía y autonomía.
Seguramente una disfonía podrá relacionarse a un grito desenfrenado que no ha dado, y un dolor de garganta podrá parecerse mucho a alguna piedra que ha intentado tragar para que otro lo siga tragando a usted. Quizá precise entablar una larga conversación con su corazón roto o con su orgullo herido si es que escucha el verdadero significado de un infarto o un dolor de pecho, o pueda reconocer que ser fuerte no siempre es igual a "no tener sangre en las venas" o poner un tapón en su circulación. Quién sabe si ese pus en la vesícula no ha estado gritando desde hace mucho que usted es demasiado rígido y ha formado rocas dentro suyo antes de expulsar sus pensamientos más duros, entendiendo que también el colesterol le está avisando en sordina que precisa alivianar una carga afectiva que no lo deja circular en libertad.
Solemos asociar los dientes con la agresividad, y quienes los pierden se han tenido que masticar el dolor del abandono y la impotencia de no poder defenderse, y que se caiga uno, se rompa o duela, seguramente tocará algún punto de autoafirmación que no podemos sacar a flote.
En fin, puedo darle un millón de recetas simples que pueden orientarle cuando algo en el cuerpo grita, pero debajo de este recetario de 2+2 existen ramificaciones que desconocemos, esas que van mucho más allá de estas simples descripciones, y que hunden sus raíces en algo de lo cual, y aunque parezca mentira, obtenemos un beneficio: el de no tener que cambiar.
No son pocas las veces que atinamos a descifrar de un modo simplista lo que nos sucede tan solo para quedarnos en la superficie, pero el resultado sigue siendo un displacer y una incomodidad que no se van leyendo, ni informándonos, sino auscultando aquello que tiene un significado tan único y personal como su vida. Si cree que puede hallar en un libro la respuesta a lo que le sucede, no pierda tiempo. A lo sumo, esto puede ser orientativo, pero no existen para el ser humano remedios genéricos para el alma.
Diría que tampoco existen genéricos para el cuerpo, pero esto es para otro artículo y aquí la intención es, al menos, ponerlo a resguardo de errores mayores que puede cometer con usted mismo.
Si algo le sucede, le duele o le aqueja en lo físico, en lo psíquico, en lo espiritual, en el alma o en los vínculos, pruebe con no querer escapar, pruebe con enfrentar, pruebe con ir al encuentro de alguien que desde el fondo grita: ¡quiero salir! PRUEBE CON IR A SU ENCUENTRO, porque es la única forma de no canjear dolor por la aceptación de los demás, dolor por statu quo, dolor por inercia, dolor por no ser quien uno realmente es.

Lic. Gabriela Borraccetti
Psicóloga Clínica
M. P. 16814

* Gabriela Borraccetti (n. 1965, Vicente López, Buenos Aires), es licenciada en Psicología por la Universidad Argentina John F. Kennedy. De extensa trayectoria profesional, ejerce como psicóloga clínica especializada en el diagnóstico y tratamiento de la angustia, el estrés, los temas de la sexualidad y los conflictos derivados de situaciones familiares, de pareja y laborales. Es, además; poetisa, cuentista y artista plástica.
Para contactar con ella por consulta psicológica o terapia psicoanalítica, enviar e-Mail a licgabrielaborraccetti@gmail.com o Whatsapp al +54 9 11 7629-9160.

sábado, 11 de marzo de 2023

DETRÁS DEL CUADRO: EL OTOÑO DEL SEXO


































Escribe: Juan Carlos Serqueiros

No soy experto en arte ni mucho menos, pero no conozco otra/o artista que haya acertado a ilustrar el sexo en el matrimonio mejor que como lo hace la artista ucraniana Irina Garshina en este cuadro.
Muy probablemente, el hombre y la mujer que aparecen representados en la pintura hayan experimentado durante su noviazgo todo lo que de sórdido, febril, improvisado, sucio y en fin; placentero, tiene el sexo previo a la convivencia. Sexo que hoy por hoy —y ya transcurridos unos cuantos años desde que se casaron— a ambos se les ha reducido ¡ay! a un polvo extra rápido echado a las apuradas en el living y sin siquiera sacarse la ropa. 
Como vemos, el chabón, recién llegado a su casa —ya sea volviendo del laburo o de donde fuere—, se quita sólo el saco y la corbata, se baja a medias los pantalones y, tras sacarle a su esposa la blusa; procede a levantarle la pollera y penetrarla por detrás. Nada hay de solazarse y calentarse viendo y acariciando el cuerpo de ella, y mucho menos hay de juego amoroso erótico previo; el tipo está garchando con los ojos cerrados, privándose del goce de mirar tanto las exuberantes tetas que se adivinan bajo el corpiño, como el notoriamente opulento culo de su mujer, todo lo cual nos indica a las claras que a su excitación, él la trajo desde el exterior y viene motivada por alguien o algo que vio afuera y que le despertó la urgencia del deseo. 
Por su parte, la mujer exhibe una expresión harto elocuente del desinterés y el hastío que siente, y de la resignación con que se obliga a asumir la cosa: mientras su marido la coge; ella está hojeando una revista (y nunca mejor que en esas circunstancias cabe la consabida y re manida expresión débito conyugal). Evidentemente y sin duda, que el marido se la esté garchando, a ella la excita tanto como el precio del tomate en el mercado de Tombuctú. Faltaría sólo un globito con el texto: "¿Acabaste ya? Dale, che, apurate, que tengo un pollo asándose en el horno". 
Cual silentes testigos asisten a la escena: el felino de la casa (que no necesita ser "un gato de porcelana / pa' que no maúlle al amor" como en Corrientes 348, porque apoliya totalmente ajeno a la acción de los humanos); una foto enmarcada de la noche de bodas, un piano cerrado significando el archivo definitivo de los sueños (de ella o de él, no sabemos a cuál de los dos pertenece) de convertirse en un/a extraordinario/a pianista; la máquina de coser de ella utilizada como un improvisado perchero para su blusa; y el tirano implacable del tiempo, ese terrible hijo de puta, que aparece simbolizado en el reloj despertador. 
Y a través del ventanal, se distingue en el parque el paisaje otoñal, y a un empleado municipal que está barriendo las hojas caídas de los árboles, tan muertas como el erotismo que alguna vez, hace mucho, ardió en esa pareja. 
¿Hacer el amor? ¡Minga va a ser eso "hacer el amor"! "Dan ganas de balearse en un rincón", reza el tango de Homero Expósito. O, como canta el Indio Solari, "Caldos de Venus que / son como agua bendita / y un par de rounds de amor / con la tele encendida".

-Juan Carlos Serqueiros-

Imagen: Irina Garshina, "Otoño", óleo sobre tela, 2008.



miércoles, 8 de marzo de 2023

MUJER


















MUJER
(Poema de Gabriela Borraccetti) *

Las bellezas de este mundo
Crecen en tu corazón,
Se gestan en tu vientre,
Florecen en tu seno,
Se cobijan en tus brazos,
Se amasan en tus manos,
Se escuchan de tus labios,
Se duermen en tu piel,
Irradian tu calor…

Así es la misma vida,
Principio femenino
Que te hermana con la tierra
Que encuentra en ti un espejo
Y que manifiesta su luz
Con cada generosa respuesta.

A pesar de todo,
A pesar de todos...
Siempre íntegra:
Mujer.

-Gabriela Borraccetti-

* Gabriela Borraccetti (n. 1965, Vicente López, Buenos Aires), es licenciada en Psicología por la Universidad Argentina John F. Kennedy. De extensa trayectoria profesional, ejerce como psicóloga clínica especializada en el diagnóstico y tratamiento de la angustia, el estrés, los temas de la sexualidad y los conflictos derivados de situaciones familiares, de pareja y laborales. Es, además; poetisa, cuentista y artista plástica. 
Para contactar con ella por consulta psicológica o terapia psicoanalítica, enviar e-Mail a licgabrielaborraccetti@gmail.com o Whatsapp al +54 9 11 7629-9160.


martes, 7 de marzo de 2023

ANIMARSE A SER UNO MISMO























Escribe: Gabriela Borraccetti *

Cuando aún en el silencio y la soledad nos sentimos atormentados y perseguidos por los problemas, es probable que estemos pensando como lo haría alguien más, que estemos sintiendo lo que sentiría un Otro o que estemos creyendo en lo que se nos ha enseñado a creer.
Eso a lo que llamamos identidad, es un cementerio de identificaciones, llenas de "te parecés a...", "sos como...", o "verás cuánta razón tengo en...". Plagados de fantasmas y designios ajenos, creemos ser nosotros mismos, cuando en verdad, estamos lejos de conocer la mismidad.
Animarse a ser uno mismo es estar dispuesto a romper esos espejos que nos impiden ver quiénes somos en realidad.

Lic. Gabriela Borraccetti
Psicóloga Clínica
M. P. 16814

* Gabriela Borraccetti (n. 1965, Vicente López, Buenos Aires), es licenciada en Psicología por la Universidad Argentina John F. Kennedy. De extensa trayectoria profesional, ejerce como psicóloga clínica especializada en el diagnóstico y tratamiento de la angustia, el estrés, los temas de la sexualidad y los conflictos derivados de situaciones familiares, de pareja y laborales. Es, además; poetisa, cuentista y artista plástica.
Para contactar con ella por consulta psicológica o terapia psicoanalítica, enviar e-Mail a licgabrielaborraccetti@gmail.com o Whatsappal +54 9 11 7629-9160.


viernes, 3 de marzo de 2023

TIEMPO Y SILENCIO





















TIEMPO Y SILENCIO
(Poema de Juan Carlos Serqueiros)

En las arenas del tiempo
Grabé tu nombre y el mío,
Para que juntos los llevaran
Las leonadas aguas del río.

Después le pedí al cielo
Que por una vez me escuchara,
Implorando quedé dormido
Y hasta soñé que soñaba.

De tu imagen se desprendía
Un aura como de hada
Y yo… silente, extasiado,
Toda el alma te adivinaba.

Dulcemente, el agua besó la orilla;
La arena se dejó envolver
Y nuestros nombres se fundieron
En el manso atardecer.

Era el río de la vida
En un tiempo primordial
Aquel en que nuestros sueños
Se pudieron encontrar.


-Juan Carlos Serqueiros-

martes, 21 de febrero de 2023

LIC. GABRIELA BORRACCETTI. TERAPIA ON-LINE

































Me llamo Gabriela Borraccetti y soy licenciada en Psicología por la Universidad John F. Kennedy. Con una muy extensa trayectoria profesional, ejerzo como psicóloga clínica especializada en el diagnóstico y tratamiento de la angustia, el estrés, los temas de la sexualidad, y los conflictos derivados de situaciones familiares, de pareja y laborales.
Soy argentina, nací, me formé y resido en Buenos Aires, pero también he vivido en otras ciudades, y el hecho de tener, al momento de mudarme de sitio, varios pacientes presenciales que deseaban seguir el tratamiento conmigo, me condujo a proseguir con mi trabajo a través de videoconferencia. Soy, pues, pionera en dicha modalidad de atención, la cual en breve lapso demostró ser ampliamente efectiva y exitosa.
El consultorio virtual ofrece varias ventajas a saber:

1. El confort de tu hogar

2. Evitar traslados y viajes

3. Un ambiente terapéutico idéntico al de consultorio presencial

4. Una calidad de atención que no se altera en absoluto por ser on line; al contrario (nadie se modifica por estar detrás de una pantalla, salvo que se confunda pantalla con careta).

Si necesitas atender aquellas cosas que les duelen a tu alma, atraviesas una crisis, o deseas salir de algún padecimiento, mejorar tu calidad de vida, dejar de vivir angustiado, trabajar con tus problemas en lugar de negarlos, tratar dificultades sexuales, de pareja, de relaciones en general, o simplemente no sabes hacia dónde dirigir tus pasos para estar contento de caminar sobre tus pies; has llegado al lugar adecuado y no hay más que probar esta forma moderna de hacer terapia, para confirmar que la internet no sólo es redes sociales, entretenimiento y diversión, sino que también puede ser una gran herramienta para el autodescubrimiento.
Los aparatos no tienen personalidad ni nos dirigen. Nosotros imprimimos nuestro sello a todo lo que hacemos, y poco importa si estamos a 3 metros o a 5.000 kilómetros. En mi consulta puede pasar de todo; menos que te vayas igual a como llegaste. Y ten por seguro que te irás sintiendo mejor, porque el click que haces en tu computador, también lo harás en tu mente.
Para contactarme, puedes enviarme un e-Mail a licgabrielaborraccetti@gmail.com o un Whatsapp al +54 9 11 7629-9160, e intercambiaremos preguntas e información.
Y una vez que hayas decidido comenzar tu terapia on line, será preciso que abras una cuenta en Skype (o si usas Whatsapp y lo prefieres de ese modo, también podemos hacerlo por videollamada) y disponer de una PC de escritorio con cámara y parlantes, o una notebook o laptop, o una tablet, o un teléfono celular inteligente o SmartPhone, o un IPod, o cualquier elemento que admita conexión a internet. De ese modo, estaremos a un click de empezar.
Necesitarás tan sólo reservarte por una hora la habitación de tu hogar que más tranquilidad brinde, para disponerse a cerrar, por ese lapso, el ruido externo e ingresar en el territorio interno.
Por lo demás, lo que sigue es idéntico al modo presencial: acordaremos un día, un horario y un honorario, todo lo cual pasará a ser el “espacio” en que poder trabajar a partir del alma sin preocupaciones por el tráfico, los embotellamientos, los medios de transporte público, etc.
Y por supuesto, además de la modalidad on line hasta aquí enunciada y explicitada; continúo ejerciendo en mi consultorio atendiendo de forma presencial, de manera que si lo prefieres, puedes solicitar tu turno por cualquiera de los conductos precedentemente consignados: e-Mail o Whatsapp.
El pago de mis honorarios se abona: por depósito en o transferencia a, mi cuenta bancaria, si vives en Argentina; o por giro en Western Union o similares si vives en otro país.
Por una cuestión de calidad de atención y de excelencia profesional, no trabajo con obras sociales ni empresas de salud prepaga, ya que las limitaciones emergentes de los requisitos que imponen a sus afiliados y clientes, causan que las derivaciones no se realicen hacia el profesional más apto para el paciente; sino al psicólogo que les posibilite evitarse el costo de una terapia profunda. Cuando se trata con el inconsciente, no hay velocidad que pueda imprimirse al psiquismo, y cada paciente tiene un tiempo, una forma y un latido especial a respetar. Eso (sólo eso y ninguna otra cosa) es lo que va a graduar la duración del tratamiento.
Obviamente, cada pago que realices contará con la correspondiente factura, la cual recibirás por e-Mail, para que llegado el caso, la presentes ante tu obra social o empresa de salud prepaga, de manera que puedas acceder al reembolso total o parcial que dichas instituciones eventualmente reconozcan a sus afiliados y clientes.

Lic. Gabriela Borraccetti
Psicóloga Clínica
M. P. 16814

Whatsapp: +54 9 11 7629-9160

BALADA PARA EL QUE CASI LLEGA TARDE
























BALADA PARA EL QUE CASI LLEGA TARDE
(Poema de Juan Carlos Serqueiros)

Te di mi pasado
De algún triunfo pasajero
Y a los fracasos habituado
Te di mi presente
De temblores y de miedos
Disfrazados de coraje
Te di mi futuro
Todo, sin reservas
Ni salida de emergencia
(Soy tan poco previsor)
Te di mi alma
De puertas y ventanas abiertas
Sin persianas y sin rejas
Sin baúles cerrados
Sin secretos guardados
Te di mi mundo
Ese tan poquito, casi nada
Hecho de sueños de cartón
Unidos con plasticola
Clips y banditas elásticas
Te di mi amor sin tiempo
Bordado con palabras
Todas hechas de silencio
Te di mi amniótica tristeza
(Esa que siempre me acompaña)
Y un océano de lágrimas
Durante siglos no lloradas
Y aunque a pesar de correr tanto
Siempre a todo llegué tarde
(Puto signo de mi sino)
Me concediste el milagro
Inefable de tu amor
Quizá por eso tu dios
(Ese en el que no creo
Ni dejo de creer)
Habrá dispuesto que un abril
Al menos por una vez…
No fuera tarde para mí.


-Juan Carlos Serqueiros-


sábado, 18 de febrero de 2023

APRENDER A ACEPTARNOS




































Escribe: Gabriela Borraccetti *

Algunas veces, para sentirnos seguros, necesitamos confirmar nuestros mitos básicos, aunque estos contengan guiones negativos enterrados en el fondo de la psique.
Es por ello que a pesar de proponernos el triunfo; tropezamos siempre con la misma piedra, y quien ha temido al ridículo, a perder, al desamor, al olvido, al abandono, etc; verá en cualquier momento difícil de su vida un destino escrito en piedra con el nombre de "fracaso".
Lo que domina desde las sombras, se ha vuelto inconsciente, intentando evitar con ello asumir algo que es lo que verdaderamente nos condena al dolor: el temor a ser quienes somos sin necesitar de aprobación externa.
Quien decida entonces trabajar para dejar las máscaras valientes e indoloras de lado, tendrá abierta la puerta para aceptarse con luces y sombras, no aspirando a ser infalible, sino tan sólo humano y perfectible.

Lic. Gabriela Borraccetti
Psicóloga Clínica
M. N. 16814

* Gabriela Borraccetti (n. 1965, Vicente López, Buenos Aires), es licenciada en Psicología por la Universidad Argentina John F. Kennedy. De extensa trayectoria profesional, ejerce como psicóloga clínica especializada en el diagnóstico y tratamiento de la angustia, el estrés, los temas de la sexualidad y los conflictos derivados de situaciones familiares, de pareja y laborales. Es, además; poetisa, cuentista y artista plástica.
Para contactar con ella por consulta psicológica o terapia psicoanalítica, enviar e-Mail a licgabrielaborraccetti@gmail.com. o Whatsapp al +54 9 11 7629-9160.

lunes, 13 de febrero de 2023

ACERCA DE LOS MISERABLES Y EL TRATAMIENTO DE LA HISTORIA EN LAS REDES SOCIALES
























Escribe: Juan Carlos Serqueiros

“Murga purga” es el track n° 7 de Momo Sampler (2000), último disco de Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota. Se trata de una de esas canciones que —en las propias palabras del Indio Solari— “son viejas venganzas” y cuya letra remite a un tipo que “es eso que se le reprocha: un alcahuete, un chivato” (sic).
Me acordé de esa canción, y me vino como anillo al dedo para saborear el gustito de “viejas venganzas”, y paralela y principalmente; referirme a una cuestión que siempre me ha inquietado: la narración de la historia en lo que se ha dado en llamar redes sociales.
Mi página Esa Vieja Cultura Frita nació con el propósito de abordar principalmente dos temáticas, que son las únicas sobre las que puedo tratar con algún grado más o menos aceptable de conocimiento que justifique y legitime la posibilidad de emitir opinión (y perdón por la inmodestia): la lírica del Indio Solari y la historia.
Uno procura, al escribir, que lo que termina entregando a sus lectores no sea un "lugar común", un refrito más de los tantos que indigestan en las librerías y en internet; sino que se trate de algo que no encuentren ya previa y abundantemente descripto y detallado en libros o en la web. O sea, uno no se resigna a ocupar el lugar de mero divulgador o de loro repetidor (que ya demasiados hay y constituyen una plaga); sino que va por el premio mayor, esto es, investigar, analizar, en suma; aportar, crear. Y precisamente por eso, elegí “Esa Vieja Cultura Frita” como nombre para la página, de modo de apelar a la ironía para significar, a través de esa frase solariana (en la que adrede, cambié el original “esta” por “esa”), que en mi website nadie iba a encontrarse con nada que fuese un refrito.
Por supuesto, como señaló Borges, uno escribe para que lo lean, no para cosechar aplausos, acuerdos obsequiosos, plácemes, premios, elogios, "me gusta" y felicitaciones; sino para que lo lean, más allá de que los lectores estén o no de acuerdo con lo que uno escribió, les haya gustado o no lo que leyeron, y/o los mueva ora a asentir, ora a criticar. Claro que uno escribe desde uno y por uno, pero en esencia; el motor es escribir para que lo lean los demás ¿o para qué lo haría, si no? Y siempre, SIEMPRE, la mayor satisfacción que uno puede obtener es el reconocimiento a su honestidad intelectual. No hay likes ni felicitaciones que puedan no ya superar; sino tan siquiera suplir en parte eso.
Seguramente, mis primeros contactos en las redes sociales, esos que desde 2010 tengo y conservo, recordarán aquellas tenidas virtuales que manteníamos, a veces hasta bien entrada la madrugada, charlando de historia (y también de música, literatura y poesía) en nuestros propios perfiles y en grupos o páginas. En fin... épocas en que Facebook era... no sé... otra cosa, infinitamente más amigable, distendida y entretenida de lo que es hoy; porque el de aquel entonces era, básicamente, un sitio virtual para re encontrarse con personas con las que uno había perdido contacto, y para socializar.
Aunque claro, como en la vida real, la virtualidad también cobijaba (y cobija, por desgracia —lo cual se ve cada vez más agravado por la impunidad que representa no tener que poner físicamente la caripela, estar tête à tête y mirar a los ojos—), "gente" poco recomendable, digamos, portadora de envidia, rollos y mambos de toda laya, manipuladora, mentirosa, falsa, con perfiles truchos, narcisista, y con una larga serie de "virtudes".
Por citar algunos ejemplares de entre esa gentuza, me acuerdo de un ñato que en su página la iba de historiador: un chantapufi de cuarta cuyas iniciales eran daniel balmaceda —amigote y ladero del saltimbanqui paNcho o'donnell, el sucesivamente radical, menemista, delaruista, kirchnerista, macrista y sabrá dios qué carajo será hoy por hoy, quien calzaba los mismos puntos y que lo bautizó "imprescindible cartonero de la historia" (?)—, que en verdad, era un detective de alcoba, un chimentero de las celebridades del pasado, sabía de historia lo mismo que yo de física cuántica, y  cuando lo apretabas un cachito con una pregunta o una exigencia de precisiones, o le señalabas un error, huía como laucha y era más escurridizo que anguila en balde 'e mocos. Asimismo, otro que parecía propiamente una suricata: jorge pautasso, un tipejo despreciable, ridículo, acomplejado, con veleidades de cheronca, menos calle que Venecia y menos noche que verano antártico, machirulo recalcitrante, facho, con alma de milico frustrado, chismoso, difamador, envidioso, ortiba (baste con citar que una vez que publiqué un mail de un artista amigo mío en el que me anunciaba que lo iban a nombrar personalidad distinguida de la cultura de Buenos Aires y me invitaba al acto; este fantoche al que me refiero se atrevió a preguntarme, a través de un comentario público, si mi amigo “seguía siendo falopero o si se había curado de su adicción” —huelga aclarar que le exigí que pidiera perdón ipso pucho y borrara ese “comentario”, porque si no, lo iba a re cagar a trompadas, cosa que obviamente, el muy cobarde se apresuró a hacer, porque el miedo no es zonzo—), y plagiador serial: seleccionaba y copiaba artículos enteros escritos por otros, y después los pegaba y los subía a su perfil o página atribuyéndose la autoría. Otro gusano infecto era federico andahazi, uno que se definía como "psicólogo, escritor e historiador", cuando en realidad; se trataba de un repugnante gorila, adorador fanático de Onán (pajero, le dirían en mi barrio), huele braguetas compulsivo, inveterado lame calzones y consuetudinario catador de tampones y toallitas higiénicas, que le tenía un odio cerval al peronismo y que me bloqueó de puro gonca, porque lo invité a pelear por un inmundo librejo altamente ofensivo y chusma que había escrito nada menos que sobre uno de los Padres de la Patria: el general Belgrano. Otro deleznable sujeto, apellidado bleynat y cuyo nombre de pila olvidé, era uno que cuando leía un artículo escrito y publicado por mí, ponía un par de hipócritas frases de compromiso “felicitándome”, y trascartón me largaba un rosario de recomendaciones acerca de evitar el uso de lo que él llamaba “descalificaciones”, "malas palabras", y pretendía darme clases de lo que él entendía como "moral cristiana". Y de otra que bien baila: araceli bellotta, una ameba impresentable, trepadora, fiera como apretarse los huevos con una morsa, cuyo mayor “mérito” era chuparle las medias a Cristina Kirchner y pretender equipararla a Evita, y que aprovechando su condición de influyente funcionaria pública (nada menos que directora de museos históricos era la muy desfachatada, caradura y sinvergüenza), me denunció en Facebook y en Google. Y de otro mamarracho llamado hernán brienza, un otrora furioso anti kirchnerista cuando escribía para la revisteja Noticias (puaj) después devenido en ultra cristinista, a quien el Estado le garpó, ya sea directa o indirectamente a través de una recua de burdéganos que se arrogaba ser “revisionista” nucleada en un instituto al que bauticé “prostituto revisionista borrego”, la edición de libros que son, siendo generoso, ilegibles.
Pero mejor la corto acá con toda esa escoria... para que seguir acordándome de aberrantes especímenes... Todas esas lacras que cité son, en síntesis, una “bola de mierda”, tal como la que magistral y certeramente define el Indio Solari en la canción que mencioné al principio.
Con el tiempo, me fui percatando de que en este nuestro bendito país, las personas verdaderamente interesadas en la historia (que no es otra cosa que la política del pasado) son las menos; la inmensa mayoría sólo recurre a la historia (o mejor dicho, a lo que llama erróneamente "historia" creyendo que lo es) para perpetuar odios pretéritos y/o para apropiarse de las figuras históricas obstinándose en asimilarlas a las de la política del presente para hacerlas aparecer como si hubiesen sido “ancestros ideológicos” de lo que representan o dicen representar las de la actualidad. Y que en general, quienes se meten un cachito más, integrándose (o buscando integrarse a como dé lugar) a academias e institutos, lo que persiguen no es la verdad histórica sino acceder a un carguito que les otorgue alguna notoriedad, alguna figuración, algún beneficio, algún privilegio o alguna prebenda.
Por eso, hoy por hoy, leo a poquísimos historiadores (me sobran los dedos de una mano para contarlos) y dentro de esos poquísimos, principalmente a mi amigo Carlos Pistelli (que nadie entiende cómo hago para soportarlo, que tiene un tenebroso pasado radical alfonsinista, y que es un incurable panegirista de contrabandistas de cueros y salteadores de caminos como Artigas, de gauchos ladrones de vacas como Estanislao López y de borrachines maníaco depresivos como Leandro Alem; pero que también es ¡dios sea loado! un tipo íntegro e intelectualmente honesto a rajatabla, y con quien nos cagamos de risa y nos chicaneamos (en un sano marco compinche y humorístico, claro, porque con Salvador Ferla aprendimos que a la historia hay que tomarla con drama y humor) criticando él a Perón y yo a Yrigoyen.
Y también por eso, quienes siguen mi página Esa Vieja Cultura Frita, notaron que a partir de 2015 mermó considerablemente la publicación de artículos de historia (de hecho, el último —brevísimo— lo subí en octubre del año pasado), y muchos lectores me han enviado mensajes extrañándose de ello. Así que aprovecho esta especie de “vieja venganza” que es a la vez descarga y exorcismo, digamos, para avisarles a quienes me preguntaron (independientemente de que por supuesto, les respondí a uno por uno, como debe ser), y de paso a todos los que me pregunten en lo sucesivo, que ese criterio seguirá vigente en la página: publicaciones de artículos de psicología y poemas de Gabriela (que dicho sea de paso, casi siempre superan en cantidad de visitas y lecturas a mis propias publicaciones); artículos de literatura, música, y poemas míos; el clásico de EVCF: la lírica del Indio Solari; y alguna que otra cosita de actualidad que merezca interés; mientras que mis artículos de historia continuarán reducidos a la excepcionalidad que yo juzgue oportuna.
Un apretado abrazo a todos.

-Juan Carlos Serqueiros-


viernes, 3 de febrero de 2023

HACER EL AMOR, TENER SEXO, Y UNA SOCIEDAD EN LLAMAS CON RESPONSABILIDADES COMPARTIDAS



















Escribe: Gabriela Borraccetti *

A diario mueren mujeres en todos los países a manos de novios, amantes, maridos, encuentros ocasionales, etc. Y las mujeres pedimos al Estado, a la pareja, al esposo o al hombre con quien estamos, que nos trate bien. Sin embargo; todos ellos son los causantes de guerras, desguaces y violencia. Las armas no las empuñan las mujeres, pero aún así; tenemos que ir un poco hacia atrás y hacernos cargo de nuestras mentiras, esas cuyos efectos creímos piadosos, pero son ahora devastadores.
Este estado de cosas, no nació de un "brote" de locura, ni está aislado de un contexto mundial en el que para vivir, hay que ser prácticamente de hierro, feroz y descarnado al punto de ver muertos en televisión y poder seguir comiendo. Nació de aplaudir la crueldad con la que se trató todo lo femenino, suave y fértil.
Esta es una cultura violenta que amenaza a todo el globo, porque ha creado un estado de total falta de compasión, ternura, protección, cariño y empatía. La gente es arrancada de sus trabajos, hambreada, pisoteada en sus derechos, contada como si fueran cuentas de un collar y puestas en una planilla Excel en forma de números y estadísticas, igual que el hombre que contabiliza las mujeres con las que tuvo sexo.
Se arman guerras por un pozo de petróleo y se mete cianuro en la tierra para sacar millonarias ganancias para dos o tres, como se sacan las entrañas de un bicho por puro placer de un par de enfermos o se despellejan animales porque a algunos les place ponerse su piel o adoran ver cómo se quema su pelaje.
Todo lo que sea receptivo como la tierra, bello como la naturaleza, paciente como una mujer que espera un hijo, cuenco que recibe la vida, cuenca de un río que corre con el agua que riega y fertiliza para que todo crezca, está en peligro de extinción.
Pero… ¿cómo llegamos ahí? Creando / criando / procreando / participando / alimentando / aplaudiendo, una cultura llena de agresividad. Para empezar, nosotras nos plantamos por fuera de nuestra sensibilidad y natural tendencia a proteger a todo lo que está creciendo, hasta desprotegernos a nosotras mismas. Nos transformamos en fingidoras profesionales de orgasmos y placer para hacerlos sentir bien, en objetos sexuales y atractivos para cazarlos / casarlos. Con eso, pensábamos atraerlos para formar un hogar. Creíamos que dándoles lo que tanto querían, nos iban a amar. "Se van con otra si no lo hacés", y “más vale que les des bien de ‘comer’ en casa para que no te meta los cuernos” (cosa que les dejó creer que el apetito sexual era nuestra necesidad natural y no nuestro temor a que nos dejen por otra).
Es que en el fondo, nosotras sabíamos que así como no teníamos tantas ganas de ir a la cama sobre todo después del año de convivir, teníamos claro que afuera había otra que soñaba con tener un hombre en casa y estaría dispuesta a la misma treta con tal de no ser “la soltera”.


El problema es que para ellos fue haciéndose un trofeo (como vemos ahora, provisorio), pero para nosotras fue el comienzo del auto-engaño que hoy recogemos con dolor. Para ambos fue la mentira de disfrazar al sexo con amor, porque mientras los hombres reclaman lo primero; las mujeres nos quejamos por lo segundo.
Nos hemos dejado confundir, hemos sido inconscientes, hemos mentido y nos hemos mentido, sin tomar dimensión aún de cuánto hacemos hoy en nuestra contra.
Son miles de mujeres las que aplauden mensajes misóginos y eso es alarmante. Tenemos lavado el cerebro, nos han educado por décadas bajo preceptos falsos de lo que es ser mujer mientras el hombre aún no cree que se ha deglutido una cantidad alucinante de orgasmos fingidos por mujeres que no eran ninfómanas, sino desesperadas de afecto y compañía. Nos hicieron creer que amor era igual a sexo, por eso había que casarse con el que te hubiera desvirgado. Es como decir que sólo te podés comer un chocolate a partir del día en que decidís obligarte a comértelo todos los días. Pero la obligación es el antídoto del placer.
Aún no tenemos la más mínima consciencia de que fingirles los orgasmos alimentaba su ego. Llegamos a hacerles creer que ellos eran la causa de nuestra felicidad: "estar bien cogidas" era hasta un remedio para nuestra histeria (algo que por otra parte; salió de la mala e incompleta interpretación del “psicoanálisis en chancletas” que irresponsablemente se difunde por la web a nombre de Freud.
Alimentando el mito del poder mágico que su miembro viril tenía sobre nosotras, se nos fue la mano sin entender ahora las consecuencias. Ellos fijaron su importancia y poder en el tamaño (de sus penes, de sus posesiones, de su crueldad), en cantidad de polvos al hilo (quitando importancia al ser humano que tenían enfrente y dándole a lo sumo un número, un puntaje), en cuántas "minas" se habían volteado (tal como se hacen los balances contables), y cuál era más cruel que el otro en tomarlas y descartarlas como a objetos. “Fulano se las hace al brochet”, “Mengano la partió como a un queso”…
Esto ¿remite / remitía al amor? ¿Ver a alguien como una "comida", como un corazón desangrado? ¿O me van a contar que hablar amorosamente de alguien es decir que el tipo “se las enhebra" o que ellas "se mean de a chorritos por el campeón sexual" o que "tiene la pija de oro"?
Todo dicho popular guarda sabiduría. Tenemos que revisarlos, porque estos son unos de los pocos monumentos recopilados en este artículo para definir al falocentrismo a través de los cuales, entre machos, se felicitaban por el fruto de sus hazañas y cacerías. La cantidad, el dominio el poder y el distingo que creaba ser el "poronga", era el sello de ser un verdadero hombre. Ni siquiera un animal hace eso, pero bueh... aquí estamos. Tratando de mostrarles que su crudeza no nos causa felicidad.
Tenemos una ardua tarea: enfrentar un mundo en guerra, una forma de economía relacionada a la escalada del poder y el dominio, una forma de vivir egoísta y sin compasión, llenas de sangre en noticieros que se miran a la hora de comer o mirando a un jubilado que llora porque no tiene para comprar una fruta, como si todo eso fuera algo normal. Nosotras participamos de este juego por no ser conscientes de que nos comportamos como cosas. Seguimos mirando a Tinelli y aceptando que información es ver programas insulsos y banales, y novelas pedorras. Nosotras somos las que les damos rating a las telenovelas del hombre rico que seduce a la sirvienta, rescata a la pobre mujer desdichada, cura la ceguera de una condenada a la oscuridad o hasta le devuelve la memoria o la vida con un beso. ¡Dios nos libre!
Pero algunas de nosotras empezamos a entender que no tenemos dueño, nos ponemos la pollera no para que la corten sino porque se nos canta. Y si pesamos 100 kilos, también usamos calzas.
Nos costó mucho sufrimiento y desdén empezar a quitarnos el lavaje de cerebro. Y nos costó (y nos cuesta) sobre todo, entender que tener sexo NO ES HACER EL AMOR. Se hace el amor cuando nadie es objeto de nadie, nadie le finge nada a nadie, nadie es tan animal con el otro como para castigarlo cuando no tiene ganas.
Podemos cogernos a medio mundo, pero hay que tener en claro que el AMOR no viene por ese lado. El sexo es UNA ATRACCIÓN HORMONAL, que encima; hoy está en entredicho. Paradojalmente, la libertad sexual puede requerir que cerremos las piernas antes que un loco enfermo nos mate si no queremos acostarnos con él. Y si antes las abuelas te decían que no hagas nada antes del casamiento, hoy la cosa pasaría por no hacer nada a cambio de nada; de droga, de cariño, de promesas…
Recuerda que amor no es sexo. Que no se canjea. Que no se finge. Es difícil ser libre de cualquier cosa, incluso sexualmente, cuando somos esclavos de un sistema que se basa en la crueldad sobre todo lo que es tierno.

Lic. Gabriela Borraccetti
Psicóloga Clínica
M. P. 16814

* Gabriela Borraccetti (n. 1965, Vicente López, Buenos Aires), es licenciada en Psicología por la Universidad Argentina John F. Kennedy. De extensa trayectoria profesional, ejerce como psicóloga clínica especializada en el diagnóstico y tratamiento de la angustia, el estrés, los temas de la sexualidad y los conflictos derivados de situaciones familiares, de pareja y laborales. Es, además; poetisa, cuentista y artista plástica.
Para contactar con ella por consulta psicológica o terapia psicoanalítica, enviar e-Mail a licgabrielaborraccetti@gmail.com o Whtasapp al +54 9 11 7629-9160.



miércoles, 25 de enero de 2023

EL ANUBIS DE JOANNA KARPOWICZ







































Escribe: Juan Carlos Serqueiros

La imagen de la portada corresponde al cuadro de Joanna Karpowicz, "Anubis ze szczęśliwym pudełkiem (Anubis con Cajita Feliz)", acrílico sobre tela, 2014.
La artista (polaca ella) ha tomado para su personaje principal la figura de esta deidad egipcia: un cánido que es el guardián de las tumbas y además; es quien guía al inframundo las almas de los muertos.
¿Es Anubis el Señor de la Muerte, entonces? En todo caso, lo es; pero también de la vida. Vida y muerte son estadios que se presuponen mutuamente: todo lo que vive, muere. La cuestión es: ¿"muere" para "vivir" eternamente en otra dimensión o lo que fuere? Y... qué sé yo... no puedo responder esa pregunta porque se trata de algo que ignoro (y por eso, precisamente, soy agnóstico). De todos modos, si hay otra vida más allá de la muerte; el que nos va a enseñar el camino que conduce a ella, es Anubis. Y él es, asimismo, aunque no lo veamos; quien nos acompaña también en esta vida.. terrenal, digamos... O al menos, así nos lo muestra Joanna Karpowicz en sus obras.
Como canta el Indio Solari en Ropa sucia, "vivir sólo cuesta vida". Es decir, uno pasa la vida pagándola de a puchitos con cachos de esa misma vida: cada día vivido es uno que habrá que descontar del total de ellos que vaya a tener la existencia. El Indio dice una obviedad ironizándola, como si estuviera enunciando: "vivir no es difícil; lo único que tenés que hacer es gastarte la vida en eso".
Por ello, Joanna Karpowicz en su serie Anubis, nos lo presenta en las más variadas circunstancias y en los sitios más impensados. Puede estar jugando con unos niños en el parque, junto a David Bowie fumando, en el cine viendo una película mientras deglute pochoclo, en un restaurante, citado con una bella mujer; en el burlesque asistiendo a un strip tease, junto a unos motoqueros en un negocio del rubro, guiando a una niña en la calle en medio de una tormenta de nieve, viajando en un tren mientras lee a Frost, recolectando hongos en el bosque, personificando al conserje de un hotel (que la artista designa con el nombre de Panorama y que muchos han asociado con la novela El resplandor, de Stephen King y la película del mismo nombre, de Stanley Kubrick), contemplando a la L. A. Woman de la canción de los Doors, en un dojo para budismo zen y artes marciales, y en fin; donde menos lo imaginemos. 








Es que Anubis vendría a ser algo así como las pilas Eveready, viste, "siempre estará" (perdón por el chiste fácil; no pude evitarlo).  
En este caso en particular, la artista nos lo pinta con una "cajita feliz", ese engañoso fetiche marketinero de la cadena de... digamos, siendo buenos, "comida rápida" (una tremenda bazofia, en realidad) McDonald's.
Acerca de esta obra suya en particular, la propia Joanna Karpowicz (que en general, es tan reacia a la hora de explicar la significación de sus cuadros como el Indio Solari a explicar la de su poesía), expresa:
La cultura de FMCG (nota mía: FMCG es una sigla que en inglés significa Fast Moving Consumer Goods, es decir, bienes de consumo de alta rotación) aumenta la tristeza de Anubis. Siente que nos priva de dignidad. Nos quita la alegría de la variedad. Y reemplaza muchas otras alegrías de la vida con un minuto de experiencia de "punto de felicidad". No seas más flojo, hazte un sándwich. Están solos. Llegarás cinco minutos tarde? ¿Y qué?
P. D. "Junto con las hamburguesas y papas fritas, McDonald's contribuirá a la alfabetización de los niños. La franquicia de comida rápida está lista para comenzar a ofrecer libros como premio en la Cajita Feliz, en lugar de juguetes baratos, al menos en el Reino Unido", dice (la revista) Time.
Me pregunto, ¿qué tipo de libros serán? ¿Dulce y fácil de tragar o con un grano de sal? Bueno, eso es el Reino Unido, experimentando. El resto de Europa -y también EE. UU.- sigue comprando "cajitas felices" para obtener un juguete barato que podría producirse en una de las fábricas como esas, del documental Santa's Workshop.
¿Lo querés más clarito? Y… entonces echale agua.
No sé cómo impactará en tus sentidos este cuadro, pero a mí, al menos; me conmueve. Te digo aún más: me parece sencillamente ma-gis-tral.

-Juan Carlos Serqueiros-