domingo, 17 de septiembre de 2023

PAMPA ESCARLATA








































Escribe: Juan Carlos Serqueiros

El jueves 14 pmo. pdo. Gabriela y yo fuimos a ver la obra teatral "Pampa escarlata", de Julián Cnochaert. Un espectáculo MUY RECOMENDABLE o si lo prefiere dicho más apropiadamente: IMPERDIBLE.


Ambientada en la Inglaterra victoriana del siglo XIX, la trama gira en torno a Mildred Barren, una damisela aristocrática empeñada en convertirse en una pintora ilustre. Pero su maestro de pintura: Woodcock, que la denigra, la desprecia y no le ve talento alguno, le da un ultimátum: si en el transcurso de un mes ella no deja de pintar paisajes y bodegones insulsos; él no volverá a darle clases. Ante eso, Mildred cae en una profunda depresión, y entonces, para sustraerla de ese estado, su criada: Isidra, una chinita pampeana traída de Argentina, le da una pócima preparada a partir de su propio cuerpo, siguiendo una receta de sus ancestros ranqueles. A partir de allí, en Mildred se operará un sorprendente despertar creativo. Y no le cuento más para no espoilear.
Protagonizada por: Lucía Adúriz en el papel de Mildred, Pablo Bronstein en el rol de Woodcock, y Carolina Llargues encarnando a Isidra (todos en soberbias y magistrales actuaciones); la obra abarca: la sangre, la apropiación, la opresión, la revancha, y la dicotomía civilización o barbarie; aún cuando estas dos últimas se sitúan alternativamente ora en la mansión solariega en que vive Mildred, ora en la pampa argentina de donde procede Isidra.
Una obra para aplaudirla y ovacionarla.

-Juan Carlos Serqueiros-

jueves, 14 de septiembre de 2023

¿EXISTE LA NORMALIDAD?






















Escribe: Gabriela Borraccetti (*)

Expresado en palabras sencillas, el psicoanálisis considera que hay tres tipos de estructuras: Neurosis, Psicosis y Perversión. No existe la "normalidad" en tanto lo normal se deriva de la palabra "norma", y la norma proviene de una estadística.
Las estadísticas son las que miden lo que todos hacen: si la mayoría comiese pasto, lo “normal" o el parámetro de normalidad, sería comer pasto; por lo cual quienes coman zanahorias, carnes o brotes de soja, pasarían a ser a-normales.
Con este criterio se mantiene un modo básico de no endilgar el profesional, ni a su persona ni al paciente, la "clasificación" de normalidad, y por lo tanto; arrogarse la posibilidad de declarar omnímodo a su saber con respecto al de otro.
Los criterios generales para distinguir entre una u otra estructura se basan en el discurso y no en la apariencia de la persona, dado que la palabra es la que muestra si la ilación tiene coherencia, buscando en lo intra psíquico cuáles son los mecanismos que se activan para habilitar a la consciencia a registrar de forma más o menos cabal el mundo y las relaciones que tenemos con él.
Hay casos a los que se considera de mayor gravedad, en que directamente nuestro "archivo" inconsciente (que es lo "no visto", lo no registrado por la CONSCIENCIA), queda excluido de diferentes formas según los distintos mecanismos de defensa: la represión, la renegación y la forclusión. Deshabilitar estos mecanismos que impiden a la Consciencia expandirse, es el punto fundamental del psicoanalista que se guiará hacia el inconsciente a través del lenguaje.
Somos seres parlantes, y es en el discurso, palabras, gestos, toda forma de comunicación verbal y no verbal, donde se filtran las guías que nos llevan a determinar un diagnóstico y una forma de tratamiento.
Cuando vuelva a utilizar el término "normalidad", piense simplemente que normal es lo que todos hacen, y no una enfermedad.

Lic. Gabriela Borraccetti
Psicóloga Clínica
M. P.16814

* Gabriela Borraccetti (n. 1965, Vicente López, Buenos Aires), es licenciada en Psicología por la Universidad Argentina John F. Kennedy. De extensa trayectoria profesional, ejerce como psicóloga clínica especializada en el diagnóstico y tratamiento de la angustia, el estrés, los temas de la sexualidad y los conflictos derivados de situaciones familiares, de pareja y laborales. Es, además; poetisa, cuentista, artista plástica y astróloga. Para contactar con ella por consulta o terapia, enviar e-Mail a licgabrielaborraccetti@gmail.com o Whatsapp al +54 9 11 7629-9160.



martes, 12 de septiembre de 2023

UN SUBMARINO NORTEAMERICANO DE 1864




















Escribe: Juan Carlos Serqueiros

Conocer la historia y aprehenderla nos posibilita, entre otras cosas, distinguir entre nacionalidades consolidadas, que por ejemplo, se ocupan de recuperar un submarino perdido ciento treinta y seis años antes, de establecer las identidades de sus tripulantes, y de rendirles homenaje póstumo a éstos; y nacionalidades no consolidadas, que no se conmueven ni ante un submarino perdido hace seis años y no se inquietan con un “gobierno” que no se dignó ni siquiera a informarles quiénes lo tripulaban. Mire si no:
Durante la guerra civil estadounidense, norteños y sureños estuvieron empeñados en la construcción de submarinos. La mayoría de las experiencias resultaron fallidas, pero el 17 de febrero de 1864, un submarino (llamémoslo así, a pesar de que en esa época aún no se utilizaba dicha palabra) de la armada sureña logró hundir un buque norteño frente a la costa de Charleston.
Ese submarino se llamaba CSS H. L. Hunley, en honor de quien lo había desarrollado: el oficial de la marina confederada Horace Lawson Hunley (dicho sea de paso, se trató de un homenaje post mortem, ya que Hunley había muerto tras dos intentos infructuosos -más precisamente, durante el segundo de ellos- de hacer funcionar el semi sumergible que había concebido).
Estaba construido en hierro, tenía forma oblonga y exhibía sorprendentes detalles aerodinámicos (por ejemplo: hasta habían tenido el cuidado de esmerilar al máximo los remaches, casi al ras de las planchas de hierro, para que ofrecieran menos resistencia en el agua). Se movilizaba mediante tracción a sangre (a sangre humana: sus tripulantes daban vueltas a una manivela que hacía girar la hélice que lo propulsaba, esfuerzo físico que obligaba a que la tripulación se integrara con hombres muy fornidos y resistentes a la fatiga). Medía 12 m. de largo total y tenía (obviamente, dada la tecnología de la época) escasa autonomía de oxígeno en estado sumergido, y por tal razón sus inmersiones debían necesariamente ser muy cortas y a escasa profundidad (navegaba apenas por debajo de la superficie, semi sumergido, y en ese estado, afloraba del agua la torre con la escotilla, haciéndolo visible cuando se aproximaba a un barco enemigo; por lo cual los ataques debían realizarse de noche, de modo de dificultar su detección por parte de los vigías de los barcos que pretendía atacar, tal como puede apreciarse en la imagen que oficia de portada en este artículo). Cuando se sumergía, una simple vela de cera encendida en su interior, permitía a sus tripulantes evaluar qué cantidad de oxígeno les quedaba, antes que el pabilo de la vela se apagase por su falta y tuvieran necesariamente que arrojar el lastre para emerger, de modo de no morir por carencia de aire.
En la noche del 17 de febrero de 1864 (noche de luna llena), el CSS Hunley, perteneciente al ejército confederado, atacó, frente a la costa de Charleston, estado de Carolina del Sur, a un buque del ejército de la Unión, el SS Housatonic, que estaba a 4 millas de la costa, y logró hundirlo mediante el impacto de una mina que el submarino llevaba adosada a una larguísima pértiga situada en su trompa. Pero los efectos de la explosión de la mina, además de conseguir el hundimiento de la nave norteña; también provocaron el del Hunley, cuyos tripulantes perecieron todos.
En 1995, luego de estudios y rastreos con equipos altamente sofisticados y con la técnica del sonar, se logró ubicar al submarino hundido y casi totalmente enterrado en un fondo lodoso. Cinco años más tarde, luego de costosísimas y trabajosas operaciones, se logró extraerlo y subirlo a la superficie para luego trasladarlo a la ciudad de Charleston. Aquí el enlace al video de la operación de rescate del submarino:


Y preste atención a esto que se muestra en el video siguiente (y que a mí me encantó y llenó de envidia, dicho sea de paso). Es cuando ya extraído del lecho marino, lo llevan a puerto. Observe, amigo lector cómo se le rinde homenaje, con toda la gente uniformada de época... Igual que nosotros los argentinos con nuestros soldados de Malvinas, ¿no? Igualito. Mire, odio el imperialismo de los yanquis y el de sus "padres" los ingleses, pero ese "sano odio” no me impide admirarlos y hasta envidiarles el patriotismo que evidencian en cosas como esta. Y eso que aún no sabían que los esqueletos de los tripulantes estaban dentro; hasta ese momento, para ellos se trataba "solamente" de la recuperación de un submarino de la guerra civil. Si hubieran sabido que los restos de los tripulantes estaban a bordo, seguramente la recepción hubiera sido apoteótica: 


Una vez que lograron extraer el Hunley del sitio donde estaba hundido, lo trasladaron a un complejo en Charleston, a fin de iniciar las tareas de preservación de la nave. Cuando limpiaron el submarino y lograron abrir la escotilla para acceder a su interior, se encontraron con los esqueletos de sus ocho tripulantes, ¡todos y cada uno de ellos "sentados" en sus puestos! Pese a los estudios y esfuerzos realizados, no pudo determinarse cuál fue la causa de su muerte, es decir, si los mató la onda expansiva de la mina que hundió el barco enemigo (lo más probable) o la falta de oxígeno (recordemos que la nave sólo podía permanecer sumergida totalmente muy pocos minutos, ya que no contaba con sistema de aire) o, si una vez hundido el submarino por la onda expansiva de la explosión de la mina, sus tripulantes decidieron abrir una válvula para que el mismo se llene de agua, de manera de morir rápidamente ahogados en lugar de perecer más lentamente por falta de oxígeno. Sea cual hubiera sido la causa de la muerte, lo real y concreto es que los ocho se mantuvieron en sus puestos, sentados, hasta morir. Y así se encontraron sus esqueletos ciento treinta y seis años después.
Luego de una minuciosa y exhaustiva investigación en la documentación de la época (registros y crónicas del ejército confederado) pudo determinarse con exactitud que la tripulación del CSS Hunley estaba integrada por: George Dixon (teniente), que estaba al mando del submarino; Arnold Becker; J. F. (se ignoran los nombres a los que correspondían estas iniciales) Carlsen; Frank Collins; James Wicks; Joseph Ridgaway; Lumpkin (se ignora su nombre de pila) y Miller (ídem). Y después, a partir de los cráneos de los ocho tripulantes, un equipo de forenses y antropólogos reconstruyó sus características faciales, y así se pudieron establecer con bastante aproximación cómo eran los rostros que en vida tendrían, y así, construyeron los mismos en material sintético.
Ya se había entonces logrado hasta allí: ubicar el sitio donde estaba hundido el submarino, extraerlo, quitarle el óxido que lo cubría y preservarlo para el futuro, encontrar los restos de sus tripulantes, identificar sus filiaciones personales y sus rangos, es decir; una tarea titánica y altamente eficaz, en tiempo record. Pero faltaba aún la cereza del postre: el equipo de investigadores pudo además determinar cuál de los ocho esqueletos correspondía a quien comandaba el submarino, es decir, el teniente George Dixon. Pudieron hacerlo merced a la investigación llevada a cabo por los historiadores del equipo, ayudados por una circunstancia fortuita: el hallazgo de una moneda de oro de 20 dólares que se encontraba junto a uno de los esqueletos. Hasta allí, se suponía que el hallado en el puesto individual (que seguramente sería el de mando), era el que debía pertenecer a quien comandaba el submarino, pero ¿cómo afirmarlo con certeza, con rigor histórico y más allá de toda duda? Se buscó afanosamente en los registros y crónicas militares, se recurrió a testimonios de antiguos pobladores de Charleston descendientes de combatientes de la guerra civil, y por fin; se tuvo acceso a una historia familiar transmitida de generación en generación y asentada incluso en diarios personales: Cuando estalló la guerra civil entre norte y sur, George Dixon fue de los primeros en enrolarse en el ejército confederado. Su novia y prometida, Queenie Bennet, le obsequió a Dixon a modo de amuleto, una moneda de oro de 20 dólares para que la suerte lo acompañase en la guerra. Esa moneda fue precisamente la que se encontró junto a su esqueleto. Pero la moneda tenía aún más historia para develar: dos años antes de participar en la acción naval que condujo a la voladura del buque unionista, George Dixon había tomado parte en la batalla de Shiloh, que tuvo lugar el 6 de abril de 1862. En esa lid salvó su vida de milagro gracias a la moneda que le había obsequiado su novia: una bala norteña, destinada a perforarle el pecho, resultó frenada por la moneda que llevaba en un bolsillo interior de su uniforme, junto al corazón. Al día siguiente a la batalla, Dixon hizo grabar por un joyero, en la cara en que estaban el águila norteamericana y el valor de 20 dólares, una inscripción que decía: April 6th 1862 My life Preserver G.E.D., recordando el hecho que salvó su vida. Todo esto está perfectamente documentado en las crónicas de la Guerra de Secesión, y esos datos fueron los que posibilitaron individualizar cuál de los ocho esqueletos era el de Dixon. Posteriormente, una vez que fueron ubicados descendientes suyos, mediante los estudios de ADN pudo confirmarse que efectivamente, los restos mortales eran de Dixon. La moneda se encuentra también exhibida en el museo dedicado al CSS Hunley, conserva la inscripción que le hizo tallar Dixon en 1862, y en ella puede apreciarse el impacto de la bala.
En 2004 se inhumaron en el cementerio de Charleston, con honores militares de guerra, los restos de los ocho tripulantes del CSS Hunley en una ceremonia con masiva concurrencia de público, designada como el Último Funeral Confederado.
Todavía en la actualidad, científicos, historiadores y forenses norteamericanos continúan trabajando, tanto en completar los datos que faltan sobre algunos de los tripulantes del Hunley, como así también en identificar qué esqueleto corresponde a cada uno de ellos, a través de la técnica de ADN, comparando el de los restos con los que se extraigan de eventuales descendientes que se vayan localizando.
A continuación, le dejo otros dos videos:



Reitero: odio el imperialismo, pero pensemos aunque sea un instante: ¿no será la manera de liberarnos de su yugo tomar buena nota del nacionalismo que tienen los países que lo ejercen? No aliento a que copiemos nada, porque no me guía ninguna emulación servil, al contrario; pero ¡carajo!, ¿no va siendo hora de destinar recursos y esfuerzos al estudio EN SERIO de nuestro pasado, tal como lo hacen todas las naciones del mundo? No, perdón, me corrijo: todas… no; sino sólo las que tienen arraigado el concepto de ser tales.
Digo, por ejemplo, ¿cuántos argentinos saben que producida la Revolución de Mayo, la Junta encaró la construcción de un submarino para atacar los barcos realistas que estaban en Montevideo, a instancias de un norteamericano: Samuel William Taber, que ni bien llegado a Buenos Aires se puso al servicio del gobierno? ¿Cuántos historiadores hicieron el esfuerzo de investigar eso? Pocos, poquísimos. ¿Qué recursos se destinaron a ubicar y tratar de extraer de las aguas la embarcación construida por Taber que se supone hundida en la Ensenada de Barragán? Ninguno.
Otra: hará unos quince años o cosa así, viajaba desde Córdoba hacia Tucumán, y se me ocurrió entrar al paraje de Barranca Yaco para mostrarle a mi hija menor el sitio en que había sido asesinado Facundo Quiroga. ¿Cómo cree usted que estaba el lugar? Imagine lo peor y acertará: abandonado por completo, tapado por los yuyos, mugre, papeles, botellas, latas y desechos por todo el sitio, hasta excrementos y preservativos.
Y de esas tengo mil, pero mejor no sigo, porque me va a sangrar la úlcera.
¿No sería hora de que nos decidiéramos de una buena vez a inculcar en nuestros niños y jóvenes la afición a y el interés por, nuestra historia, de modo de conocer exhaustivamente nuestro pasado? (lo cual nos llevará de suyo a saber por qué tenemos el presente que tenemos, y de paso; el mejor modo de encarar nuestro futuro como nación). Ya transcurridos dos siglos desde nuestra independencia, ¿por qué no empezamos a ocuparnos de lo que importa: nuestra historia? ¿Será mucho pedir, me cago en nuestra desidia?
Quien ignora de dónde viene, difícilmente tenga claro a dónde quiere ir.

-Juan Carlos Serqueiros-

domingo, 10 de septiembre de 2023

ALEGRÍAS Y DOLORES, BLANCOS Y NEGROS, LUCES Y SOMBRAS




























Escribe: Gabriela Borraccetti *

Tiempo atrás, en astrología se hablaba de planetas benéficos y maléficos. Entre los últimos, Plutón y Saturno parecían ser en el panteón planetario, respectivamente el sátiro y el diablo, cuyo contacto esperábamos poder sortear sin sucumbir a alguna maldición que se reflejara en una desgracia.
Actualmente, con los aportes de la psicoastrología, se tradujo el accionar de estas fuerzas a los procesos críticos y de aprendizaje que se llevan a cabo por vía del dolor y del esfuerzo.
En definitiva, el primero nos limita incitándonos a superarnos, y el segundo nos lleva a los infiernos para renacernos. Aprendemos de las crisis (Plutón) y llegamos a ser meritorios (Saturno), gracias a los momentos en que no podemos ver de otro tono que no sea el gris o de otro color que no sea el negro.
No obstante, poder enunciar de un modo diferente lo que antes se veía como pura desgracia; nos habilita a aceptar que la vida es una maestra que tiene distintas formas de enseñarnos a crecer: por la vía de la alegría; pero también (y más profundamente aún), por vía del dolor.
Como siempre, la existencia discurre entre blancos y negros, entre luces y sombras... y por ello, sería irreal pensar en un eterno paraíso cuando estamos hechos no sólo de bellezas y armonías, sino también de límites y pasiones.

Gabriela Borraccetti
Psicóloga Clínica
M. P. 16814

* Gabriela Borraccetti (n. 1965, Vicente López, Buenos Aires), es licenciada en Psicología por la Universidad Argentina John F. Kennedy. De extensa trayectoria profesional, ejerce como psicóloga clínica especializada en el diagnóstico y tratamiento de la angustia, el estrés, los temas de la sexualidad y los conflictos derivados de situaciones familiares, de pareja y laborales. Es, además; poetisa, cuentista, artista plástica y astróloga. Para contactar con ella por consulta o terapia, enviar e-Mail a licgabrielaborraccetti@gmail.com o Whatsapp al +54 9 11 7629-9160.


jueves, 7 de septiembre de 2023

ENEMIGOS ÍNTIMOS























Escribe: Juan Carlos Serqueiros

No digo que Sáenz Peña sea un mal candidato; pero no es mi amigo personal ni pertenece al partido. (Julio A. Roca)

Roca es el anfitrión perenne en el festín de la decadencia. (Roque Sáenz Peña)

Fracasado que fue el intento de impedir la candidatura presidencial de Manuel Quintana proclamada el 12 de octubre de 1903 en la llamada "convención de notables" convocada a instancias de Julio A. Roca para decidir la renovación presidencial en 1904 (en que terminaba su propio período) con el propósito de frustrar a como diese lugar y sin parar en medios la postulación de Carlos Pellegrini; el íntimo amigo y socio de este último: Roque Sáenz Peña, organizó, en el elegante Café de París, situado en la calle Cangallo (actual Teniente General Juan Domingo Perón) entre San Martín y Florida, un banquete de desagravio.
En dicho evento, Sáenz Peña pronunció un durísimo discurso en el cual, con frases ingeniosas e hirientes como sables de filo, contrafilo y punta, condenaba acre y severamente la actitud de Roca. Lo acusaba de haber "concebido una presidencia sin partido (en alusión a un futuro mandato de Manuel Quintana, quien en efecto, carecía de partido político y a quien Roca esperaba manejar a su antojo —predicción esa de Sáenz Peña que no se cumpliría, en cabal demostración de que lo de profetizar no se constituía en la más destacable de sus aptitudes—) para ejercer desde afuera el gobierno caudillesco". Y finalizaba: "El triunfo estaba asegurado para nuestra agrupación, lo afirmo bajo mi palabra, pero ante las cifras reveladoras del triunfo (se refería a la candidatura de Pellegrini, obstaculizada, como cité antes), el señor general Roca desnudó a un candidato (Felipe Yofre, ministro del Zorro) y vistió al otro (Quintana) con los ropajes del muerto". (sic)
No sería esa la primera ni la última vez que Sáenz Peña cruzara fuerte a Roca; ya mucho tiempo atrás le había zampado un lapidario "es un napoleón de azúcar rubia", por el postre así llamado.
Y no era para menos; porque hay que tener en cuenta que once años antes, esto es, en 1892, Roca (en sociedad con Mitre —y dicho sea de paso, también anduvo Pellegrini en el enjuague—) había "matado" la candidatura modernista de Roque Sáenz Peña, levantando la del padre de éste, don Luis.
Así las cosas, entre aquellos dos hombres había existido hasta allí una larga la lista de desinteligencias y desencuentros, cuyo origen venía de los tiempos de la presidencia de Juárez Celman. El general Julio A. Roca y el doctor Roque Sáenz Peña no eran meramente adversarios políticos; eran directamente enemigos. Y además; enconados.
En el Zorro se resumía, para Sáenz Peña (quien había sido, paradojalmente, subsecretario de Relaciones Exteriores en la primera presidencia de aquél), todo aquello que de nocivo, corrupto, vergonzante y repudiable podía encontrarse y aún imaginarse en la política vernácula. Veía en Roca al réprobo, al caudillo, al (según sus propias palabras) "dictador oscuro que ha oprimido como el otro (refiriéndose a Juan Manuel de Rosas), por más años; aunque con menos sangre, pero con más concupiscencia".
En tanto que para Roca, hombre pragmático, reservado y cínico; Sáenz Peña era el ícono de todo aquello que en materia de política reputaba de pueril, ingenuo, inconducente, ineficaz y más aún; pernicioso: el idealismo "excesivo", el romanticismo. Veía en él a un "porteño carente de instinto político".
No es objeto de este opúsculo intentar establecer cuál de los dos estaba más acertado en cuanto se refiere a las opiniones sobre el otro, o si lo estaban ambos o ninguno, ni tampoco hasta qué punto eran justas o injustas las imputaciones que se hacían recíprocamente; pero sí, en obsequio a la verdad histórica, diré que Sáenz Peña no medía a todos con la misma vara, pues toleraba en otros, especialmente en su íntimo amigo y socio, Carlos Pellegrini, aquellas mismas cosas que condenaba en Roca. Y diré también que éste, por su parte, tampoco se privó de incurrir en una inconsecuencia idéntica a la que le achacaba a Sáenz Peña, toda vez que no sostuvo el proyecto de unificación de la deuda externa que él mismo había alentado. La verdad es que ni Roca era el caudillo venal que suponía Sáenz Peña; ni éste era el romántico carente de astucia y de voluntad que se figuraba el Zorro.
Fueron presidencias trascendentales las de los dos, a punto tal, que esta Argentina nuestra está marcada con la impronta que dejaron a sus pasos por la primera magistratura de la Nación. Y ambos a su turno, prestaron al país señaladísimos servicios: Roca fue el creador del Estado moderno, y merced a sus iniciativas se lograron: la ocupación real y efectiva de todo el territorio nacional, la ley de Educación Común y la de Registro Civil; y a Sáenz Peña debemos: la ley de Sufragio Universal que transformó el sistema político y electoral, la de Fomento de los Territorios Nacionales y la reserva exclusiva para la administración estatal de la explotación petrolera.
Pero lo que me interesa poner de manifiesto en este breve artículo, es que cada vez que así lo demandó el provecho del país, estos dos ilustres argentinos tuvieron la grandeza de hacer a un lado sus profundas, abismales, diferencias, y de subordinar cualquier oportunismo político a los intereses supremos de la Nación. Veamos si no:
A mediados de 1912, Sáenz Peña, por entonces presidente de la República, designó a Roca ministro plenipotenciario ante el Brasil, en el marco del convenio al que se había arribado con dicho país para limitar ambas naciones la adquisición de nuevos acorazados, luego de superar una etapa especialmente difícil y de gran tensión en las relaciones bilaterales. Así, no trepidaron, el uno en llamar a su mayor enemigo político para encomendarle una muy alta misión; y el otro, en aceptar y cumplirla porque así lo requería el deber para con la patria.
Y cuando en 1913 Sáenz Peña, ya muy aquejado de la enfermedad que lo llevaría a la tumba, pidió al Congreso licencia por tiempo indeterminado; Roca, en un gesto que enaltecerá por siempre su memoria, pidió a los senadores y diputados que respondían a su orientación política que la concedieran, destacándose incluso el discurso en tal sentido de su propio hijo, Julito, a la sazón, diputado por Córdoba.
El 9 de agosto de 1914 falleció el presidente Roque Sáenz Peña, y en sus funerales, que se realizaron el 11, uno de los que llevaban los cordones de la cureña que transportaba el féretro, era el general Roca. No terminaría ese fatídico año sin que muriera también éste, apenas dos meses después, el 19 de octubre. La República Argentina perdía, en aquellos aciagos momentos, dos estadistas de enorme dimensión.
En esta hora de la vida nacional tan escuálida de valores y ejemplos en la política, tan carente de heroísmos como abundante en cobardías, tan plena de miserias y egoísmos como vacía de virtuosismos y generosidades; figuras históricas insignes como la del general Julio A. Roca y la del doctor Roque Sáenz Peña deberían servirnos para tratar de mover a los hombres y mujeres públicos del hoy a que al menos intentaran reflejarse en los espejos del ayer.
Amén.

-Juan Carlos Serqueiros-

miércoles, 6 de septiembre de 2023

DESPUÉS DE TODOS LOS "ISMOS" Y SISMOS



















Escribe: Gabriela Borraccetti (*)

Hay "chistes" que corren por internet y terminan "aguados" por la protesta de mujeres que, al ver en una página “graciosa” el dibujo de un hombre abriéndose el sobretodo, con la pelvis inclinada hacia adelante frente a una señora horrorizada y al lado de una leyenda que dice "vení a vernos, que te mostramos todo", que lejos de hacer reír; mueven a la indignación.
En lugar de sumarse al show del “ingenio”, el “festejo” y la “chanza”; esas mujeres levantan una queja, explican su desaprobación y tiran por la borda el clima festivo del resto, que se toma revancha por ese acto “irrespetuoso” de poner el grito en el cielo. Unos las insultan, otros las destratan, otros las mandan al psicólogo, otros defienden al autor del post, otros las descalifican, otros se burlan de ellas, y de vez en cuando alguno, allá a las cansadas, intenta entender… aunque no entienda, pero al menos; procura.
La reflexión es: ¿acaso puede una mujer reírse de lo que le viene pasando en un tren o un subte desde que asomó su cabeza al mundo? ¿Puede quedar impávida ante esos tipos que la acosaron desde pibita diciéndole obscenidades o mostrándole los genitales en plena calle? Y si es madre, ¿puede vivir tranquila al ver a su niña frente a la pantalla de una computadora? ¿Puede ella quedarse como si nada cada vez que su hija sale del hogar aunque sea a comprar un caramelo? ¿Puede alguien tener el corazón en paz a sabiendas de que si antes esto sucedía, ahora, como si fuera poco; puede costar la vida?
Pero para los hombres (que no han tenido que sufrir el ser acosados y bombardeados a groserías acerca de su cuerpo, franeleados en el transporte de pasajeros ni han sentido jamás en su cuerpo el friegue de los genitales de nadie), eso es "sólo un chiste".
Para quien lo vivió o vio alguna vez (todas nos hemos encontrado con algún pajero de esa calaña), sabemos muy bien del terror que causa, y de la impotencia y la indefensión que se siente. Y es obvio que quien más presente lo tiene, es la mujer, que por lo visto, sigue bastante sola el camino que le toca transitar. 
Mientras el hombre considera la calle como un espacio común, la mujer lo transita en medio de una balacera de agravios a los que se llamó "piropos", donde su cuerpo fue objeto de observación, calificación y guarangada, y junto con ello, aprendió que el hombre podía avasallarla y tratarla como a una cosa, una inferior, un objeto. 
Y lo más terrible es haber tenido que llegar a este extremo para pedir por favor que no nos maten ni nos maltraten. 
En muchos casos, aún no somos conscientes de hasta qué grado esta sociedad nos ha condenado al lugar de la falta. De hecho, "ellos tienen lo que nosotras no". Así es el tema del poder en un psiquismo falocéntrico.
Muy lentamente iremos encontrando nuestro lugar: después del feminismo, después del machismo y después de tantos sismos e ismos que quizá nos dejen arribar al territorio de lo femenino.

Lic. Gabriela Borraccetti
Psicóloga Clínica
M. P. 16814

* Gabriela Borraccetti (n. 1965, Vicente López, Buenos Aires), es licenciada en Psicología por la Universidad Argentina John F. Kennedy. De extensa trayectoria profesional, ejerce como psicóloga clínica especializada en el diagnóstico y tratamiento de la angustia, el estrés, los temas de la sexualidad y los conflictos derivados de situaciones familiares, de pareja y laborales. Es, además; poetisa, cuentista, artista plástica y astróloga. Para contactar con ella por consulta o terapia, enviar e-Mail a licgabrielaborraccetti@gmail.com o Whatsapp al +54 9 11 7629-9160.



jueves, 31 de agosto de 2023

LLUVIA Y SERENATA



















LLUVIA Y SERENATA
(Poema de Gabriela Borraccetti) *

Canta un grillo en mi ventana
Mientras del cielo se descuelgan
Hilos plateados de lluvia.

Despacio, se cierran algunas flores,
Pero otras se van abriendo
A la pecosa cara de la luna.

Inspirado por ella,
En el cristal de mi ventana
Me sigue obsequiando el grillo
Con esa, su serenata.

Enciendo algún pensamiento
Y quedo al fin en silencio,
Para acunarme en el cuenco
Que luminoso flota en el cielo.

Canta un grillo
Que no oye la lluvia
Y vuela un hombre
Que no escucha su duda.

-Gabriela Borraccetti-

* Gabriela Borraccetti (n. 1965, Vicente López, Buenos Aires), es licenciada en Psicología por la Universidad Argentina John F. Kennedy. De extensa trayectoria profesional, ejerce como psicóloga clínica especializada en el diagnóstico y tratamiento de la angustia, el estrés, los temas de la sexualidad y los conflictos derivados de situaciones familiares, de pareja y laborales. Es, además; poetisa, cuentista, artista plástica y astróloga. Para contactar con ella por consulta o terapia, enviar e-Mail a licgabrielaborraccetti@gmail.com o Whatsapp al +54 9 11 7629-9160.


miércoles, 30 de agosto de 2023

UN CUADRO MAGNÍFICO Y CONMOVEDOR
























Escribe: Juan Carlos Serqueiros

En esta obra de Daniel Santoro, titulada “Evita protege al niño peronista”, ejecutada en 2002 con técnica óleo, acrílico y dorado a la hoja, el artista nos pinta una Evita “sencilla”, despojada absolutamente del glamour de los vestidos de Jamandreu o de Dior, como así también de sus joyas; al tiempo que la sitúa en una dimensión, digamos… mítica, incluso con aura (asimilada al sol incaico de nuestra bandera), como inmersa en un universo onírico, cobijando y protegiendo a eso que para el Estado Peronista de Bienestar, se constituye en lo único que ha de ser privilegiado: la niñez, es decir, la corporización en el presente de lo que será el ciudadano argentino del futuro.
Es un cuadro sin dudas magistral en tanto en él se significa el cambio de destino que Evita concede a un niño pobre al igualarlo, equipararlo, al de un niño rico. Si los bíblicos magos de Oriente citados en el evangelio según San Mateo, guiados por la estrella de Belén llevaron al Niño Jesús su ofrenda de oro, incienso y mirra; esa Evita Protectora dispone que el niño peronista duerma en una cama de oro, con sábanas pulquérrimas de una blancura inmaculada, en una habitación que en magnificencia nada tiene para envidiarle a la de un palacio, mientras ella se dispone a arroparlo con un manto celestial estrellado. ¿Puede alguien imaginar una riqueza tan inconmensurable?
En contraste con todo eso, por detrás de la ventana aparece, contemplando la escena, una figura icónicamente opuesta a la de Evita: la de la escritora Victoria Ocampo, representada con sus anteojos negros de armazón blanco y sosteniendo libros, los cuales confrontados a las alpargatas blancas que se muestran en primer plano junto a la cama de oro del niño peronista, remite a aquello de “alpargatas sí, libros no”, esgrimido como respuesta contestataria a la concepción elitista de quienes se consideraban a sí mismos como depositarios en exclusiva de la cultura, haciendo gala de su desprecio por lo popular y masivo.
Me encantan todos los cuadros de Santoro, pero este en especial, conmueve mis sentidos y me labura planos altísimos de la psique.

-Juan Carlos Serqueiros-

domingo, 27 de agosto de 2023

ELECCIONES




































Escribe: Gabriela Borraccetti *

Hay cosas en la vida que parecieran no ser comparables, pero haremos el intento de dejar una imagen gráfica respecto del proceso que llevas a cabo cuando buscas algo que haga más satisfactoria tu jornada.
Por ejemplo, cuando eliges un libro: en el primer instante, miras la tapa, la contratapa, y si puedes, ojeas el prólogo. Quizá, si tienes un poco más de tiempo, buscas en la solapa algo que te dé indicios sobre su autor. Y con un poco de intuición, compras el ejemplar y te lo llevas a tu casa.
Con la tranquilidad que sólo encuentras en tu rincón preferido, como si fuese un ritual sagrado, vas descubriendo el mundo que desde la portada se abre ante tus ojos, y con la mirada expectante y feliz como la de un niño, lees los primeros renglones.
Por lo general, desde el comienzo sabes si te va a gustar aquella aventura, aquel relato, aquel estilo; y como si fuese una pareja que durará hasta el final de la lectura, llevas contigo el libro a donde sea que vayas.
Cuando elijas estar con alguien, puedes recordar los pasos que llevaste para elegir tu libro: presta atención a la primera impresión, siéntete dispuesta/o a disfrutar de la aventura del descubrimiento, y por sobre todo, no la/o elijas para toda la vida. La búsqueda de lo duradero suele tender trampas que provienen del miedo, contaminándolo todo con los fantasmas del temor, del fracaso y del aburrimiento; y ya sabes que a nadie le gustaría una de esas lecturas reiteradas de “siempre lo mismo”, que terminan abandonando el proceso por la mitad.
Por último, y como para diferenciar un objeto, de un ser que escribe sus propios renglones y libretos, tienes que tener presente que, a diferencia del libro; una persona no tiene una sola lectura sino miles, y si la primera que hiciste te ha gustado, es posible que intentes reiterarla una y otra vez, buscando esos significados que sólo se abren a quien sabe que ha encontrado una fuente de disfrute y significado.
Si este fuera el caso, es casi seguro que te encuentras frente a uno de esos seres que terminan siendo de cabecera y para toda la vida, pues alguien se convierte en importante para nosotros, no cuando pensamos en cuánto va a durar; sino cuando hallamos un ser significativo.

Lic. Gabriela Borraccetti
Psicóloga Clínica
M- P. 16814

* Gabriela Borraccetti (n. 1965, Vicente López, Buenos Aires), es licenciada en Psicología por la Universidad Argentina John F. Kennedy. De extensa trayectoria profesional, ejerce como psicóloga clínica especializada en el diagnóstico y tratamiento de la angustia, el estrés, los temas de la sexualidad y los conflictos derivados de situaciones familiares, de pareja y laborales. Es, además; poetisa, cuentista, artista plástica y astróloga. Para contactar con ella por consulta o terapia, enviar e-mail a licgabrielaborraccetti@gmail.com o whatsapp al +54 9 11 7629-9160.




viernes, 25 de agosto de 2023

LA GNOSIS, LA IGLESIA Y EL AGNOSTICISMO























Escribe: Juan Carlos Serqueiros

Puesto que la Totalidad buscó a Aquel del que habían salido, y la Totalidad estaba dentro de Él, el Incomprensible, el Impensable, que está sobre todo pensamiento, ignorar al Padre produjo angustia y terror. (Valentinus de Alejandría, Evangelio de la Verdad, I. Surgimiento de la ignorancia. Frustración de la búsqueda y creación ilusoria)

Una vez rebatidos los valentinianos, todo el resto de los herejes queda también derrocado. (Irenaeus de Lyon, Adversus haereses, Libro II, 5.4. Refutación de otras teorías)

“En el principio Dios creó el cielo y la tierra”. Esa frase bíblica atribuyendo la Creación a un Dios único, omnisciente y omnipotente, constituye el basamento en que descansa la tradición judeocristiana hecha religión, o mejor dicho; religiones.
Sin embargo, no siempre fue o se creyó así. Habían, desde la más remota antigüedad, quienes pensaban que sólo la creación del mundo material era obra de una deidad, el Demiurgo; por encima de la cual se hallaba la verdadera Divinidad, origen de todo, el Ser Supremo, incognoscible, caracterizado por una pronunciada dualidad y que reinaba sobre el auténtico Universo, el espiritual; constituyendo así el otro universo, el exterior, el material; tan sólo una apariencia engañosa. A ese sistema filosófico místico, hermético, esotérico, reservado sólo a aquellos que estaban iniciados en él; es a lo que los griegos llamaron Gnosis, es decir, etimológicamente, LA sabiduría, EL conocimiento.
En apretadísima síntesis (y quédese tranquilo usted, mi querido lector, pues no voy a abrumarle —no es mi intención, y además; no estoy ni por asomo formado, versado y preparado para ello—) con abundancia de detalles acerca de Pléroma, Kénoma, Eones, Pneumas, Hylis, Ogdóada, Hebdómada, Arcontes y demás etcéteras-, digamos que los gnósticos perseguían el Conocimiento Absoluto (Gnosis) que habría de asegurarles la vida eterna, a través del estudio de la ciencia de las cosas divinas.
El más notable de entre los gnósticos fue Valentinus de Alejandría, quien vivió en el siglo II y concibió, desde el sincretismo, un sistema místico filosófico que concatenaba elementos tomados de las mitologías egipcia, griega y persa; los pitagóricos; el platonismo; el judaísmo y el primer cristianismo, expresando una cosmovisión en la que súbitamente, todo parecía adquirir un prístino sentido. De manera sucinta, digamos que Valentinus explicaba la contradicción entre la coexistencia del Ser Supremo y la del Mal, atribuyendo la de este último en el mundo, a la imperfección del Demiurgo, que por soberbia y envidia e imitando mal al Theos agnostos, había creado tres clases de seres humanos: los materiales o hylicos, irremisiblemente condenados a la muerte eterna; los psíquicos o animales, que podían salvarse a través de la Gnosis; y los espirituales o pneumáticos, que por serlo intrínsecamente, estaban salvados de antemano.
A Valentinus salió a cruzarlo Irenaeus de Lyon, san Ireneo, quien vivió entre los siglos II y III, y escribió circa 180 una obra a la que tituló Adversus haereses ("Contra los herejes") en cinco Libros. En el primero de ellos, Ireneaus detalla qué es lo que pretende atacar y cuáles son las doctrinas que se propone refutar; lo cual efectivamente, hace en el segundo; el Libro III lo dedica a demostrar (desde su óptica, claro), lo que él entiende por basamentos de la fe cristiana, la tradición apostólica, la unicidad de Dios, y la Verdad (que atribuye a lo escrito en la Biblia, en los evangelios, que limita a los cuatro que después serían establecidos como canónicos: Mateo, Marcos, Lucas y Juan); en el Libro IV se empeña en establecer la unidad y coherencia entre el Antiguo Testamento y los cuatro evangelios citados; y en el Libro V fundamenta su escatología milenarista.
La confrontación entre Valentinus e Irenaeus fue en sustancia la de un filósofo versado en teología, contra un teólogo versado en filosofía; el contraste entre alguien que profesaba una fe surgida desde lo racional (esa que emerge de lo que hoy por hoy y a partir de Leibniz llamamos teodicea); y alguien a quien sostenía e impelía la otra fe, la religiosa per se. Valentinus tildaba de "ciega" a esa fe que poseían quienes pensaban como Irenaeus, por estar fundada en un creer que no le bastaba como soporte y al que reputaba como cándido; mientras que para Irenaeus la fe estaba en la aceptación de que la verdad revelada residía en las Escrituras y los apóstoles, y lo que no se encuadraba en eso, era pura herejía y blasfemia. Posturas tan encontradas tenían necesariamente que chocar. Y por supuesto, chocaron nomás.
La "pelea" la "ganó" Irenaeus, pero póstumamente, más de un siglo después. Sin embargo, Valentinus tendría "revancha", aunque también póstumamente, y mucho más tardía; porque hubo de esperar hasta el siglo XVIII para que se descubriera su Pistis Sophia, y hasta el XX para que volviera a la luz su Evangelio de la verdad, que estaba entre los manuscritos coptos hallados en Nag Hammadi, Egipto.
El debate entre la fe, las ideas y convicciones de estos dos hombres geniales continúa hasta nuestros días; bien que desvirtuado por un crecido número de chantapufis de uno y otro "bando", que sólo buscan acercar agua a sus molinos, algunos por intereses creados y otros, simplemente por prejuicios y estulticia.
Así por ejemplo, la iglesia de Roma no puede negar la manipulación de que hizo objeto a los textos bíblicos; la cual es fácilmente comprobable y basta la simple comparación del Nuevo Testamento de una Biblia de la actualidad, con el Nuevo Testamento de la Biblia llamada “de Sinaí” descubierta en 1859 en el monasterio de Santa Catalina al pie del Monte Sinaí, que data del siglo IV, se halla en el Museo Británico de Londres y que la ex URSS de Stalin vendió a Inglaterra en 1933 por la suma de 100.000 libras; para notar que los textos de hoy, contienen casi 15.000 variaciones (la mayor parte de las cuales son agregados, de modo de hacer coincidir los evangelios con los preceptos eclesiásticos); con respecto a los contenidos en el códice sinaítico. Tampoco tiene la iglesia vaticana manera alguna de torcer las palabras que en marzo de 2007 fueron vertidas por el papa Benedicto XVI refiriéndose a Ireneo, atribuyéndole a éste ser un mártir, cuando no hay, no ya una prueba de que ello fuera cierto, sino tan siquiera un indicio de tal cosa; y ser "el campeón de la lucha contra las herejías" (sic). Y desde ya, no se privó el bueno de Benedicto (¡justo él!) en esa oportunidad, de definir al gnosticismo como la "amenaza" de un "cristianismo de élite, intelectualista" (sic). Pero claro, se entiende, el papa Benedicto XVI es el mismo que cuando era el cardenal Ratzinger, dijo en 1990: "En la época de Galileo la Iglesia fue mucho más fiel a la razón que el propio Galileo. El proceso contra Galileo fue razonable y justo" (sic). En fin...
Pero también es cierto que por "la vereda de enfrente" las cosas no estaban ni están mejor; al contrario. El gnosticismo, lejos de consolidarse, fue paulatinamente desgranándose en una serie de sectas, las cuales han ido degenerando en grupúsculos que las más de las veces son orientados y dirigidos por impresentables, y fogoneados por mercachifles que hacen increíbles mescolanzas metiendo en un caldero la Gnosis; con la risible (y desde lo estrictamente literario, pésima) novela El código Da Vinci, los rollos del Mar Muerto, ciertos programejos televisivos pseudo científicos emitidos por Discovery Channel, Nat Geo o History Channel, los templarios, los cátaros y un montón de etcéteras más, como si algo tuviesen que ver entre sí el tocino y la velocidad de la luz.
En resumen, no es legítimo desde el punto de vista histórico, equiparar a Irenaeus, que fue sin dudas un gran teólogo; con el oscurantismo y el fanatismo en que habría de caer la iglesia de Roma con los horrores perpetrados por el flagelo de la tenebrosa Inquisición, la quema de "brujas", las persecuciones a moros, judíos y protestantes, y los intentos por frenar los avances de la ciencia so pretexto de que contrariaban el dogma religioso. Así como también es ilícito desde la perspectiva histórica, meter en la misma bolsa a un extraordinario filósofo como Valentinus (¡tan luego a él, que propiciaba —a mi juicio, erróneamente la renuncia a los goces de la carne!), junto con otros que desde la metafísica gnóstica, interpretaron que si la salvación estaba asegurada desde la consecución de la sabiduría; entonces eso los autorizaba a perder toda ponderación ética, y así se entregaron a bajas pasiones y excesos de todo tipo, aún los más aberrantes y hasta cayeron en la amoralidad misma, como por ejemplo, Marcos el Mago, o más acá en el tiempo, Aleister Crowley (sí, ese mismo, el que aparece en la tapa del disco “The Sgt. Pepper's Lonely Hearts Club Band”, de los Beatles).
Particularmente, no he hallado en la gnosis de Valentinus las respuestas que satisfagan los interrogantes que me he planteado siempre, ni tampoco encontré en el dogmatismo apostólico de Irenaeus solución para mi absoluta carencia de fe religiosa; lo cual por supuesto, no me inhibió para leer a uno y otro con sumo placer, ni para enriquecerme intelectual y espiritualmente con ambos.
Consecuentemente, sigo "militando" (por desgracia y muy a mi pesar) entre los millones de personas que, como pobres e insignificantes seres humanos arrojados azarosamente y sin consulta previa sobre un planeta perdido en la infinitud del Universo, optamos por refugiar nuestra propia ignorancia en el agnosticismo, esto es; en la ausencia de conocimiento, en el no sé.
Y en eso andamos... ¿Andamos? Y... qué sé yo si en verdad andamos... pero bueh, eso espero, por lo menos.

-Juan Carlos Serqueiros-